Causas emocionales de la ludopatía: adicción al juego

La ludopatía, llamada también ludomanía o jugador compulsivo, consiste en una incontrolable necesidad de jugar juegos de azar, afectando el comportamiento del jugador de forma negativa y no productiva. 

Se trata de una adicción al juego que es motivo de muchas peleas, discusiones, descuido del hogar, despilfarro del dinero, desatención personal y social (alimentación, relaciones familiares, sexo, salud, etc…), etcétera, provocando divorcios y otras consecuencias severas. Esta afección se ha relacionado con adicciones como el alcoholismo o drogadicción.

Un jugador compulsivo tiene todo su enfoque en el juego. Sin duda, la distracción es muy fuerte y, como toda adicción, incontrolable. Muchos pensarían que este impulso es una cuestión que implica meramente una necesidad de ganar dinero, pero parece que va más allá, es decir, que el jugador compulsivo juega muchas veces por el sólo placer de estar jugando, y no se es capaz de parar.

El jugador compulsivo es atrapado, entonces, por una actitud impulsiva e incontrolable para aceptar riesgos, pierde consciencia progresivamente de la realidad y comienza a actuar contra su propia razón y sentido común para obtener, constantemente y de forma ansiosa, el dinero para jugar, el cual escapa de sus manos rápidamente.

¿Por qué se padece está adicción?

Como toda adicción, lo más probable es que el jugador compulsivo experimente un dolor emocional severo, puede ser un dolor de rechazo, de no adaptación, de incomprensión, de falta de amor. Al resistirse muchas veces a buscar ayuda profesional o al no tener una orientación adecuada que le ayude a entender sus emociones, encontrará una forma de escaparse ya sea a través del alcohol, las drogas u otros placeres pasajeros como el juego compulsivo.

Las adicciones son formas en que el individuo trata de menguar un dolor emocional fuerte por medio de un supuesto placer. Un jugador compulsivo sin duda intenta atenuar y apartar su inconformidad, soledad, ira o rebeldía con estos momentos de distracción, en donde la carga de adrenalina sube tanto que en verdad hace “olvidarse” al jugador de todo lo demás. El descuido de su salud, de sus relaciones y demás sólo refleja la evasiva a su mismo dolor.

Sin embargo, es inútil apartar el dolor por este alejamiento sino que se engrandece, por lo que en el jugador va aumentando la necesidad de jugar y jugar y jugar. Es por eso que en muchos casos esta adicción va acompañada también de alcohol, de drogas, sexo y todas las evasivas posibles. Los estados emocionales del afectado tienden a ser indiscutiblemente depresivos, y esto lo expresan de muchas formas, con rebeldía, mal carácter, se sienten afectados o víctimas constantemente por lo que les rodean y agreden o se agreden a si mismos, llegando en muchos casos a la violencia. Estos comportamientos los hace ir cayendo cada vez más en un estado de soledad o aislamiento que los hace necesitar más de estímulos externos para aislar su dolor.

Síntomas:

• Sentir ansiedad o desesperación de conseguir más dinero para jugar.
• Necesidad de apostar cantidades cada vez más grandes de dinero.
• Sensación de soledad, frustración y/o dolor después de jugar.
• Haber intentado jugar menos muchas veces, sin conseguirlo.
• Mentir sobre la cantidad de tiempo o dinero gastada en el juego.
• Cometer acciones no legales para conseguir dinero para el juego. 
• Desatención y/o pérdida del trabajo, relaciones, estudios debido al juego.

¿Qué se puede hacer?

Las causas que llevan a una persona a esta adicción pueden venir desde mucho tiempo atrás: en especial, la falta de cultura emocional para que el individuo vaya entendiendo y madurando los sentimientos de frustración, dolor, depresión y todas esas experiencias en la vida que pueden resultarle intolerantes y que más tarde le condicionan a escaparse de lo que siente.
Lo ideal es consultar con un profesional en el caso y llevar al afectado directamente con él. Sin embargo, la posible resistencia de la persona a ser ayudada resulta muchas veces un gran impedimento. En este caso es importante que las personas que rodean al jugador compulsivo eviten sentirse culpables, decaídas o desesperadas por el comportamiento de éste. En realidad estas actitudes no ayudan en nada y lo único que harán es aumentar un ambiente de tensión y depresión. Lo mejor es no permitir que uno hunda a todos.

Sin embargo, cuando hay disposición del afectado a ayudarse, se puede no sólo buscar ayuda profesional, sino seguir estos consejos a medida que sean posibles.

Si tú eres un jugador compulsivo y ya no quieres serlo, puedes seguir estos consejos:

1. Debes de estar muy consciente de tu situación y no negarla ni rechazarla, sino admitirla. No la veas como algo malo o reprobado, y no te castigues por jugar sin control. Admite lo que haces, simplemente.

2. Haz el esfuerzo por realizar una actividad física al menos una hora al día, corre, ve al gimnasio, nada y anda en bici, lo que sea, aunque después te vayas a jugar. Díte a ti mismo: no iré a jugar si no cumplo con esta sesión de ejercicio. Esto, además de oxigenar tu cerebro y vigorizarlo, te ayudará a ir educando tu mente. 

3. Busca lecturas que te hagan comprender mejor lo que sientes y que te hagan profundizar más acerca de todos los talentos que tienes.

4. Busca alguna clase de música, de baile, de algún otro idioma o de alguna actividad que te distraiga, te guste y te mantenga ocupado creativamente. Al principio quizá no sientas muchas ganas, hay que hacer mucho esfuerzo para vencer una adicción, cierto, pero al comenzar a relacionarte en un nuevo ambiente poco a poco irá cambiando tu perspectiva emocional. No te decimos que nunca más juegues, porque el jugar es algo muy interesante y la emoción de ganar también. Pero recuerda que el juego se acaba donde empieza la dependencia…

5. Hay muchas terapias alternativas que te pueden ayudar y apoyar, como las Flores de Bach, el reiki, la fitoterapia y la bioenergética. La medicina natural es ideal para ayudarte no solo a sentirte mejor y bajar tu ansiedad, estrés, e impulsividad, sino a entender y madurar tu energía emocional, la cual está íntimamente relacionada con la adicción al juego.

“Toda adicción surge de una negativa inconsciente a enfrentar el dolor y salir de él. Toda adicción comienza con dolor y termina con dolor. No importa a qué sustancia sea usted adicto: alcohol, comida, drogas legales o ilegales, o a una persona, usted está usando algo o a alguien para ocultar su dolor” (Eckhart Tolle)

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Taller online gratuito de Atención Plena o Mindfulness: 4 vídeos explicativos y 7 audios guiados

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Dejar de hablar a alguien como castigo

El silencio a veces cumple la función de castigo. Dejar de hablar a alguien es una salida a la que muchas personas acuden para “expresar” su enojo, su inconformidad o sus reproches.

¿Cómo de eficaz es este método para superar un problema o lograr que alguien cambie? ¿Qué significa la decisión de evitar las palabras cuando hay un rencor que arde?

Establecer un diálogo con alguien no es fácil, en especial si hay un conflicto que no parece tener vías de solución. Pero si en lugar de abordar el tema directamente lo que se hace es dejar de hablar al otro, lo único que se logra es introducir una tensión adicional. A la disputa no resuelta se suma un limbo que puede llegar a ser una verdadera incubadora de veneno.

“Habla para que yo te conozca” -Sócrates-

Muchos, sin embargo, en el fondo no tienen interés en resolver el conflicto mediante el diálogo. Lo que desean es que el otro se someta a su propio punto de vista. Entonces utilizan el silencio como castigo, para que el otro se doblegue. Finalmente se trata de una actitud infantil y lo peor es que no resuelve nada. Eso sí, proporciona una gratificación egoísta.

LAS RAZONES PARA CASTIGAR CON EL SILENCIO

Hay todo tipo de argumentos para defender la idea de que dejar de hablar a alguien es válido. En el fondo, lo que se busca es castigo. Que entienda que hay un reproche en esa ausencia de palabras. Pero, ¿por qué no decirlo, sino tramitarlo a través del silencio?

Estas son las principales razones que esgrimen aquellos que optan por esta medida:

  • Es mejor dejar de hablar a una persona que participar de una discusión en la que se intercambien insultos.

  • Esa persona no me escucha. Por más que le pido que cambie, no me hace caso. Entonces, es mejor no decir nada porque, ¿para qué?

  • Tiene que disculparse conmigo por lo que me hizo (o me dijo, o no hizo, o no dijo). Hasta que no lo haga, voy a dejar de hablar.

  • Para qué hablar si siempre llegamos al mismo punto. Mejor dejar de hablar para ver si entiende que no voy a ceder.

En todos los casos se afirma que el silencio es la mejor opción para tramitar el conflicto. Por una razón u otra, la palabra se ha mostrado ineficaz. Se acude entonces a la decisión de dejar de hablar a alguien para que esto sea asumido como un castigo y, en consecuencia, el otro reconsidere su actitud.

DEJAR DE HABLAR A ALGUIEN ES AGRESIVO

Un silencio puede tener multitud de significados. Algunos de ellos son realmente violentos. Dejar de hablar a alguien es asumir una actitud pasivo-agresiva. Esto quiere decir que se está violentando al otro, pero de manera implícita. La mayoría de las veces este tipo de actitudes son tanto o más nocivas que la agresión directa, y lo son porque el silencio se convierte en un vacío que es susceptible de cualquier tipo de interpretación.

Para quien deja de hablar a alguien hay razones claras. También hay una expectativa clara frente a lo que esta situación debe traer como desenlace. Pero, a quienes acuden a estos recursos habría que preguntarles: ¿estás seguro de que el otro comprende realmente el significado de tu silencio? ¿Jurarías que la mejor manera de lograr que cambie, o haga lo que tú quieres que haga, es atacándolo con la falta de diálogo?

El silencio alarga distancias. Y la distancia no suele ser un buen aliado para la comprensión o para restaurar lazos rotos o dañados. Por el contrario, contribuye a ahondar las diferencias.

Por otro lado, dejar de hablar a alguien puede funcionar momentáneamente. Se impone el castigo y el otro reacciona: vuelve para disculparse, prometerte cambios o hacer lo que tú quieres. Sin embargo, a largo plazo también termina incubando pequeños rencores que pueden crecer. El silencio rara vez resuelve el conflicto de fondo o da paso a su resolución, solo lo encubre.

LAS SANAS FUNCIONES DEL SILENCIO

Es cierto que a veces es mejor callar. Cuando estamos muy exaltados, por ejemplo. La ira hace que exageremos y nos preocupemos más por herir al otro que por expresar realmente lo que pensamos o sentimos. En esas condiciones nada mejor que dejar de hablar mientras recuperamos la compostura. Bajo esas circunstancias, se trata de una decisión inteligente.

En cambio, dejar de hablar para castigar o propiciar que otra persona “se rinda” como hemos dicho es raro que traiga buenos resultados.

A veces nos enfrentamos al reto de expresar nuestra ira o nuestro enfado, pero sin herir al otro. La salida no está en dejar de hablar, sino en buscar y encontrar los medios para tender puentes hacia la comprensión. La ausencia de palabras puede hacer que el otro ceda, lo que no significa que el conflicto desaparezca. Por otro lado, también puede pasar que el otro no lo haga y que lo que en un principio era un copo de nieve se trasforme en una bola.

Quizás lo necesario sea buscar mejores condiciones para conversar. También una forma diferente de expresar nuestra inconformidad. Cambiar el espacio rutinario por otro más cálido y amable a veces contribuye a que la comunicación se renueve.

Hablar desde el corazón, siempre remitiéndote a lo que tú sientes y no lo a lo que supones que siente el otro es una fórmula que no suele fallar. Inténtalo.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Lo que no decimos enferma

Lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia

La indiferencia llega a una relación de pareja de forma pausada pero implacable.

Es un silencio amargo donde habita la incertidumbre, la añoranza de lo que antes era cotidiano y cómplice, y que ahora nos falta. Porque lo contrario del amor no es el odio, sino ese sentimiento capaz de rompernos en mil fragmentos llamado indiferencia.

Las relaciones “mueren” por muchas razones, lo sabemos y no hay duda de que todas suponen una alta carga de sufrimiento para la que nadie está preparado. No obstante, podríamos decir que es precisamente ese vacío, esa actitud pasiva y fría de la otra persona respecto a nosotros lo que suele generar mayor desesperación y ansiedad.

El amor suele tener tres enemigos: la indiferencia, que nos quita el aliento poco a poco, la indecisión que nos impide avanzar, y la desilusión que lo termina todo casi al instante.

Cada uno de nosotros podemos reaccionar de un modo ante ante un rechazo o una traición, pero…¿Cómo afrontar el vacío emocional de la indiferencia? No es fácil, de ahí, que siempre se intente encontrar una razón, un porqué a ese distanciamiento afectivo. Aunque en realidad no siempre hay un motivo para el desamor, en ocasiones, simplemente, se apaga, se ahoga como un sol crepuscular que queda sin aliento…

La indiferencia ocasiona serios efectos secundarios

La salud de una pareja, como todo organismo vivo y necesitado de alimento vital, necesita reforzar su estructura, su relación. Todo ello se consigue mediante esos rituales cotidianos, orlados de complicidad, en los que se inscriben los gestos que nos conectan, las palabras que nos refuerzan, las caricias que nos reconocen y espacios comunes habitados por una necesitada cercanía física y emocional.

Ahora bien, en ocasiones, casi sin saber por qué, hacemos uso del silencio o de la no intervención delegando en el otro para que haga, diga y actúe. Empezamos a dar por sentados los sentimientos e incluso las respuestas a preguntas que ya no formulamos. Poco a poco, se priorizan pequeñas cosas y se descuidan grandes aspectos.

Si hemos de hablar de un experto en materia de relaciones afectivas es casi inevitable no nombrar a John Gottman y su teoría de los “4 jinetes del apocalipsis”, sobre las razones que llevan a una pareja hacia el abismo del distanciamiento.

No te extrañará saber que entre estos pilares, además de las críticas, el desprecio y la actitud defensiva, esté también “la indiferencia”, esa conducta evasiva que mira hacia otro lado, y que crea grandes abismos de incertezas. Todo ello, todo este vacío emocional y frialdad afectiva genera serias consecuencias del “indiferente” al “indiferenciado” que debemos conocer.

Consecuencias psicológicas de la indiferencia

Pero, ¿cuáles son entonces, las consecuencias a nivel psicológico de la indiferencia?

  • La actitud indiferente de nuestra pareja genera, por encima de todo, desconcierto y miedo. El amor entre dos personas necesita de la seguridad de unos afectos y unas costumbres con las cuales sustentar el propio vínculo.

  • Cuando nuestras expectativas sobre ese vínculo dejan de cumplirse, aparece la incertidumbre y el desasosiego. Dos dimensiones ante las que nuestro cerebro va a reaccionar con estrés y ansiedad emocional.

  • Cuando dejamos de recibir esa retroalimentación emocional, ese intercambio sutil y perfecto donde las respuestas del otro nos reafirmaban y fortalecían, quedamos como “paralizados”. Nos mantenemos a la espera, aguardando a que cambie la situación, algo tan agotador como destructivo

  • Si cometemos el error de interpretar la indiferencia como algo que “nosotros mismos hemos generado”, perdemos aún más el control de la situación. Nuestra autoestima decae y derivamos en un estado de indefensión muy peligroso.

Ya no siento dolor, ahora mi corazón está más yermo que nunca porque se ha resignado. Ahora solo siento indiferencia, que es la falta más absoluta y desoladora de sentimientos.

Cómo hacer frente al vacío emocional

Como suele decirse, la indiferencia mata, y aunque muchos la definan como una actitud pasiva que se abre paso poco a poco en una relación de pareja, en realidad, no es del todo cierto. El vacío emocional es un enemigo muy activo que debe identificarse de forma temprana para evitar que se instale y deshaga para siempre ese vínculo, esa unión con la persona que amamos, o bien con nosotros mismos al perder nuestra autoestima.

  • Una relación de pareja se mantiene siempre y cuando exista satisfacción personal a la vez que reciprocidad. Si nos sentimos bien, seremos capaces de invertir en el otro porque damos lo mismo que recibimos.

  • En el momento en que ese círculo armónico de reciprocidad se rompe, afecta de inmediato a la calidad del compromiso, a nuestra pasión y nuestra intimidad.

  • En una pareja, con uno solo que sea indiferente basta, y la indiferencia se intuye, se palpa y se sufre. De nada vale esperar a que las cosas mejoren, de nada vale hacernos falsas esperanzas. Hay que actuar.

En ocasiones, basta con hacer pequeños cambios, llegar a acuerdos para romper esa rutina en la que caen las relaciones de vez en cuando. Cualquier esfuerzo por salvar la relación es poco. No obstante, si somos plenamente conscientes de que no hay amor o que esa situación trae más sufrimiento que felicidad, será necesario poner distancia.

No merece la pena ser cautivos del desamor, de los sueños truncados de dos extraños que lo dieron todo y que al final, ese todo quedó en nada. La indiferencia duele y desconcierta, pero la cura el tiempo siempre y cuando seamos valientes para alejarnos cuando toca, cuando aún somos capaces de recordar que debemos cuidar de nosotros mismos.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Sentir distancia es algo más que estar lejos

5 hábitos mentales que te impiden pensar con claridad

Te propongo que hagas un ejercicio muy sencillo antes de empezar a leer este artículo. Ponte de pie y comienza a caminar contando hacia atrás, comenzando por 1.000 y restando siete cada vez, por ejemplo, 1.000, 993, 986… Llegado a cierto punto, dejarás de caminar, probablemente muy pronto. Esto se debe a que tu cerebro tiene que trabajar demasiado sacando las cuentas como para poder indicarle a tus piernas hacia dónde ir.

De hecho, el cerebro funciona de manera parecida al procesador de un ordenador: tiene una capacidad limitada de procesamiento, o lo que es lo mismo, nuestros recursos cognitivos son finitos en un momento dado. Cualquier tarea intelectual o emocional que ocupe demasiado “espacio” terminará afectando nuestra capacidad para concentrarnos, resolver problemas, ser creativos o incluso recordar. Como resultado, nuestro cociente intelectual se reduce, al menos temporalmente, hasta que no liberemos esos recursos.

Las zancadillas mentales más comunes

La mayoría de las tareas que realizamos comúnmente no tienen un impacto significativo en nuestra capacidad para pensar y tomar decisiones pero existen algunos hábitos mentales que consumen cantidades tan grandes de recursos que afectan nuestra capacidad para pensar con claridad. Lo interesante es que la mayoría de las personas no son conscientes de que estos hábitos psicológicos son tan perjudiciales, por lo que siguen alimentándolos y sumiéndose en una espiral descendente.

1. Rumiar las ideas negativas

Cuando nos enfrentamos a un hecho negativo, es comprensible que no logremos borrarlo de un plumazo y dejarlo atrás. De hecho, en algunas ocasiones, mantenerlo activo en nuestra mente buscando soluciones imaginarias nos ayuda a liberar la tensión y tiene un poder catártico. Sin embargo, cuando esto se convierte en un hábito y no logras deshacerte de esas ideas negativas, terminarás angustiándote y tanto tu salud emocional como física se resentirán. Cuando repites en tu mente continuamente los acontecimientos perturbadores, frustrantes o angustiantes, tu capacidad para concentrarte, pensar y tomar buenas decisiones disminuirá considerablemente porque es como si usarás un prisma negativo para verlo todo, el cual ofusca la visión equilibrada y global del mundo.

2. Culpabilidad no resuelta

Todos nos sentimos culpables de vez en cuando por algo que creemos hemos hecho mal, o que no hemos hecho como hubiéramos deseado. Sin embargo, cuando la sensación de culpa no nos abandona, se convierte en una distracción cognitiva que perjudica seriamente nuestro funcionamiento y termina haciéndonos mucho daño desde el punto de vista emocional. Cuando te sientes culpable tu autoestima baja, desarrollas una autoimagen negativa y no serás capaz de aprovechar las buenas oportunidades porque crees que no las mereces. Por tanto, alimentar esa sensación de culpa te hará sentirte muy miserable y te sumergirá en un ciclo de negatividad.

3. Quejas ineficaces

La mayoría de las personas tienden a compartir sus frustraciones con los más cercanos. A veces quejarse tiene un poder catártico, nos permite liberar el enfado y la frustración para seguir adelante más ligeros de peso. No obstante, cuando las quejas se convierten en la norma, cuando solo te fijas en las cosas negativas de lo que sucede, te pierdes la otra parte del panorama y corres el riesgo de tomar decisiones sesgadas. Recuerda que quejarse siempre implica elegir la parte más negativa y centrarse en la limitación. Además, las quejas actúan como auténticos vampiros energéticos que terminan drenando tu energía, por lo que no es extraño que diferentes estudios hayan dictaminado que las quejas son un veneno para tu cerebro.

4. Críticas constantes

Todos criticamos en algún que otro momento, las críticas provienen de nuestra tendencia a la comparación y no siempre son negativas. Sin embargo, si te conviertes en una persona extremadamente crítica que no se siente satisfecha con nada, ni siquiera consigo misma, terminarás asumiendo una actitud hipervigilante, siempre estuvieras a la caza de los errores ajenos o propios. Obviamente, vivir en ese estado te pasará una elevada factura a nivel cognitivo y emocional.

5. Preocupación inútil

Cuando tenemos un problema, es normal que éste ocupe nuestra mente mientras intentamos encontrar una solución. No obstante, si en vez de buscar las posibles soluciones te preocupas constantemente, incluso por dificultades que ni siquiera existen todavía, te convertirás en la típica persona que tiene problemas para cada solución. La preocupación mantendrá tu mente constantemente distraída, buscando dificultades en todas partes. Cuando estás preocupado tu mente desplaza todo lo demás, ya que considerará que no es importante, y te enfocará solo en las preocupaciones, lo cual generará un elevado nivel de ansiedad y angustia.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “GRATIS Reto de Mindfulness: 7 audios guiados y 4 vídeos explicativos

Yo veo al niño que llora en cada paciente *Luigi Cancrini- psiquiatra-

luigi-cancrini78 años. Romano. Casado dos veces, 5 hijos y 4 nietas. Fui ministro con el PCI en la sombra. La política no debe ser una profesión, porque la distancia con la vida de la gente es enorme. Temo el populismo: delegar en otro tu suerte. Los humanos somos naturalmente buenos, los traumas nos vuelven malos.

No llores solo

Profesor de Psiquiatría y Psicoterapia de La Sapienza (Roma), fundó en los años setenta una de las escuelas de psicoterapia más importantes en Italia, el Centro de Estudios de Terapia Familiar y Relacional, que preside. Ha recibido importantes premios por su labor. Hace 20 años que vive consagrado a los niños maltratados y abandonados, convencido de que revertir su sensación de abandono es construir una sociedad mejor. Se trata de que nadie llore solo. Integrar es su palabra. Luchó y consiguió integrar a los enfermos psiquiátricos eliminando los manicomios; y por el derecho a curarse de los drogadictos, despenalizar las adicciones. Ha dado una conferencia en el Centro Internacional de Psicología Hestia Barcelona.

¿Cree que nacemos buenos?

Sí, lo creo. Lo natural es estar bien dispuesto para los otros. El hombre es naturalmente sociable, decía Marx.

…Y un lobo para el hombre, decía Hobbes.

Mi experiencia me ha convencido de que el humano se convierte en un lobo para los otros cuando tiene dificultades en su infancia.

Usted lo investiga desde los años setenta.

En esa década fundé el Centro de Estudios de Terapia Familiar y Relacional y desde hace veinte años dirijo el Centro de Ayuda al Niño Maltratado del Ayuntamiento de Roma.

¿Todo se remonta a la infancia?

El cuidado en la infancia es fundamental para su salud mental futura. No hay suficiente atención para los niños que sufren, y este es también un problema político.

¿El antisocial se hace en la infancia?

Sí, en la infancia se consolida el núcleo de patología que se transformará en trastorno de personalidad. La mayoría de los drogadictos sufren trastorno límite de personalidad, la causa de las adicciones es la infelicidad, el desequilibrio. Al niño que roba no se le pasa con la edad: si no se atiende en la infancia, será un ladrón.

¿Propone una atención psicoterapéutica pública y de calidad para la infancia?

Sí, porque si no se interviene durante la infancia tendremos muchos psicópatas, drogadictos, personas con trastorno alimentario y toda la muestra de patologías imaginables. Pero si conseguimos intervenir en la infancia, podemos cambiar el mundo.

Suena a utopía.

La política tiene que dar recursos y los profesionales tienen que aprender cómo tratar a estos niños. Las universidades no enseñan a trabajar con niños que sufren descuido y maltrato. Nuestro conocimiento científico es muy superior a lo que aplicamos, no ha llegado ni a la cultura ni a los servicios.

Los niños viven sometidos a imágenes de violencia, ¿cómo les afecta?

Las fábulas y los cuentos han sido siempre muy violentos. Blancanieves, La Cenicienta… hablan de maltrato. El niño está acostumbrado a que haya peligros, pero que se puedan superar siendo fuerte y contando con el amor de alguien.

¿Esa es la solución?, ¿el amor?

Sí, en las fábulas y en la vida. Yo veo al niño que llora en cada paciente. Hitler, Stalin y Franco eran niños que lloraban, todos con historias familiares terribles. El maltrato y el descuido de los niños producen monstruos muy dañinos si el niño es inteligente y tiene fuerza personal.

Esos dictadores ¿habrían tenido solución si los hubieran tratado de adultos?

Es difícil, pero una validación de salud mental antes de presentarse como presidente sería interesante.

Pese a todo, usted es optimista.

Mis primeros recuerdos son de bombardeos. He pasado miedo, pero he tenido unos padres que me han protegido con su afecto. Eso te ancla en la esperanza y la confianza en la vida. Te lleva a creer que el futuro puede ser mejor y que en gran medida depende de cómo lo hagas tú.

¿Eso es lo que pretende dar a los niños?

Sé que si hay inseguridad en la imagen que un niño tiene de su madre, en cómo la siente, hay un punto de ruptura en la persona.

¿Y es así en todas las culturas?

Sí, lo he constatado trabajando con familias de todo el mundo. Los vínculos son la trama de la vida: soy el resultado de mis vínculos. Si el vínculo familiar se rompe demasiado pronto, hay consecuencias: la herida que me produce es un condicionante de mi futuro.

Es frecuente.

Sí, pero no es necesario. Hay que poner mucha atención en los primeros años de vida. El problema no son las peleas de los padres (si no son violentas), se puede pelear y cuidar del hijo. El problema es el abandono y el maltrato.

¿Y si falta el padre?

La madre puede darle lo que necesita. Hay muchas combinaciones. Pero si el dolor es excesivo y lo afronta en solitario, es destructivo. Si el niño está conectado con otros y puede ponerle palabras, es una experiencia de crecimiento; y eso es algo que debemos aprender: compartir y aceptar el dolor como oportunidad de crecer.

¿Cómo conseguir que exprese su dolor?

Estando en silencio a su lado, esperando: tiempo y presencia.

Decir que todo se define de los 0 a los 3 años es una condena.

Hay que volver atrás en la experiencia de abandono cuanto antes mejor. La adolescencia, cuando esos problemas se manifiestan, es un buen momento, no es una condena, sólo es más difícil. Sería más inteligente intervenir antes.

Esa es su lucha.

El niño que ha sido abandonado tiene el sentimiento de no valer nada y hay que ayudarle a reconstruir su historia.

¿Cómo?

Es impresionante ver cómo quien pensaba que le habían abandonado puede cambiar su actitud frente a sí mismo y la vida cuando entiende que no podían cuidarle, que el hecho de que le confiaran a otros también es un acto de amor.

La oportunidad de otro punto de vista.

Es la imagen interna de su madre biológica lo que cambia, y eso cambia su armonía de vida. Yo lo he visto tantas veces… he visto cómo una reconstrucción clara, limpia, puede cambiar la organización psíquica de la persona.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Lo que no decimos enferma

Los ojos y sus conflictos emocionales (Descodificación Biológica)

ojo universoSe dice que los ojos son el espejo del alma, entonces… ¿Qué dicen mis ojos en relación a mis problemas…?

LOS OJOS Y SUS CONFLICTOS

Representan mi capacidad de ver, y cuando tengo problemas con ellos significa que hay algo que no quiero ver o que quiero ver y no veo, ya sea en nosotros o en la vida, pasada, presente o futura.

¿Qué he visto o estoy viendo que no quiero ver? ¿Qué quiero ver y no veo? ¿Niegas algo que sucede en tu presente? ¿Qué es lo que no quieres enfrentar? ¿Tienes miedo de contemplar el presente o el futuro? Si pudieras ver con claridad, ¿qué verías que ahora no ves? ¿Puedo ver lo que estoy haciéndome a mí mismo?

EL OJO IZQUIERDO (En una persona diestra):

Tiene relación con la imagen que tengo o que doy, de mí mismo. Dirige el movimiento, mira a los enemigos, mira a lo lejos para disparar, es el ojo que me defiende del peligro, el que me avisa de alguna amenaza cerca.

EL OJO DERECHO (En una persona diestra):

Tiene relación con mis colaterales. Memoriza, compara los rostros conocidos y desconocidos, mira a mis amigos, está relacionado con mis padres, mis hijos, mis prójimos, mis amigos, mi identidad, representa el reconocimiento que doy a los demás, es el ojo que demuestra mis afectos.

¿Qué conflicto emocional estoy viviendo?

Si yo presento algún problema en alguno de mis ojos, significa que no quiero ver algún conflicto relacionado con el ojo correspondiente (o quiero ver algo que no veo). Puede ser un problema presente (ver de cerca) o bien un problema a futuro (ver de lejos). Soy una persona muy aprehensiva y muchas cosas me hacen sentir miedo.

Resentir:
No quiero ver más allá, no quiero pensar en el futuro. No quiero ver lo que realmente estoy viviendo. Prefiero ver hacia otro lado.

¿Cuál es la emoción biológica oculta?
Representan la capacidad de ver con claridad: el pasado, el presente y el futuro.

¿Cómo libero esa emoción biológica?
Acepto que la vida es como es y negándome a verlo no ganaré nada. Vivo en coherencia con alegría. Amo todo lo que me ocurre, sea bueno o malo (Ya que en realidad no sabemos qué será mejor para nosotros). Acepto que de mí depende sanar mis ojos.

Conflictos de las diferentes partes del ojo:

  • RETINA: “No quiero imprimir lo que he visto”

  • LENTES (Cristalino): Miedo en la nuca, la presa perseguida.

  • CÓRNEA: Función de protección y enfoque “He perdido contacto visual con…” En fase de estrés se produce úlcera y en fase de recuperación hay inflamación.

  • CUERPO VÍTREO: Su función es amortiguar ante traumas. Da forma al ojo.

  • CONDUCTOS LACRIMALES (úlcera): “Querer ser/no ser visto”.  “No poder asimilar/confiar en uno mismo”.

  • PÁRPADO: Motricidad. “No podemos ver sin ser vistos” Afecciones de los ojos.

  • IRRITACIÓN: Algo de lo que veo me irrita. El mundo que veo a mí alrededor me irrita. Deseo no ver esta situación que me molesta.

  • QUERATITIS: Estoy muy molesto, tengo rabia por algo que vi.

  • SEQUEDAD: Veo a todos con furia, porque no son como quiero que sean, porque no hacen lo que quiero que hagan. Me niego rotundamente a ver con amor. Prefiero morirme que perdonar. Estoy despechado y dolido.

  • ORZUELO: He visto algo sucio. Vi algo que me dio rabia. Sólo me gusta ver cosas que me interesan.

Es momento de que seas consciente de que nada cambiará en tu vida, aunque rehúses ver la verdad cerrando los ojos. En lugar de creer que puedes perder a alguien o a algo, sería más sensato que le hicieras frente a la situación y la arreglaras. Si eres del tipo de persona que crees que viéndolo todo no tendrás derecho a equivocarte, debes saber que esta creencia no es buena para ti. No hay experiencias sin errores y no hay evolución sin experiencias.

Se dice que los ojos son el espejo del alma.

Esto significa que cualquier problema en ellos es un mensaje que te indica que no vas en la dirección necesaria para que tu alma realice tu plan de vida. Debes aceptar la idea de que no es normal ni hereditario tener una vista que disminuya. Si utilizas a menudo una de las expresiones antes citada, observa el miedo que te invade en el momento de utilizarla, y descubrirás qué creencia está afectando tus ojos.

PRINCIPALES PROBLEMAS OCULARES

  • DALTONISMO: No poder/querer ver un color por estrés. Ejemplo: asocio el rojo con la sangre, la muerte, los comunistas… algo que no quiero ver o me causa estrés.

  • GLAUCOMA: Quiero acercar hacia mí una cosa. Lo he perdido por poco.

  • PRESBICIA (Cristalino): No quiero ver lo que tengo delante. Rechazo acomodarme.

  • CATARATAS: No quiero ver lo que hay delante de mi. Miedo por la espalda. No acomodarme.

ASTIGMATISMO: “Quiero transformar una parte de la realidad”.

Este problema ocular es ocasionado por una variación en la curvatura de la superficie del ojo, lo que da como resultado una visión distorsionada de los objetos cercanos.

El astigmatismo revela problemas entre la vida interior y la vida social. Este problema lo experimenta la persona que no ve las cosas de la misma manera que los demás. Tiene dificultad para ver las cosas de manera objetiva. El hecho de que su manera de pensar no esté de acuerdo con el entorno le ocasiona conflictos interiores. Le cuesta más trabajo aceptar un cambio proveniente de otro que uno surgido de sí mismo. Le resulta difícil ver que un cambio es adecuado y positivo si éste le es impuesto por otra persona. Sin embargo, si este cambio es idea suya, se adaptará sin problemas. Suele ser una persona que se siente herida con mucha facilidad.

¿Qué conflicto emocional estoy viviendo?

Si yo presento astigmatismo, significa que estoy viviendo un conflicto de ira permanente.

  • Conflicto de miedo a aceptarme tal como soy.

  • No me acepto tal cual soy.

  • Soy una persona curiosa y con una gran necesidad de saberlo, verlo y conocerlo todo.

 Resentir:

“Busco respuestas en el exterior y no en el interior”. “Quiero transformar una parte de la realidad”. “Quiero reconocer mi belleza o lo bueno que soy”. “Quiero liberarme de mis padres”. “Me gustaría que mi realidad fuera diferente”. “Quiero esconder algo (personalidad, sentimientos…)”. “Solo puedo contar conmigo”. “No acepto del todo cómo soy”. “Rechazo ver mi realidad”. “Mi imagen ideal está lejos de la realidad, prefiero no ver los detalles”.

Ejemplo: A mi madre todos la ven como increíble, amable, amorosa, perfecta, pero yo no quiero parecerme a ella, quiero ser diferente, quiero a mi madre pero a la vez la detesto. Todo esto me lleva un sentimiento de autosuficiencia, de “yo puedo sin ella, yo puedo solo”. Por lo tanto, sólo puedo contar conmigo mismo.

¿Cuál es la emoción biológica oculta?: Problemas con el «yo». Temor a verse realmente.

MIOPÍA: “El peligro está cerca y viene por detrás. Alguien lo sabe” “No quiero ver lo que está lejos” “Miro de cerca para que algo no se me escape. Se me escapó por poco”

Ejemplo: Alguien a quien engañaron por la letra pequeña de un contrato.

Es una anomalía visual en la cual, el ojo es incapaz de enfocar objetos lejanos. El ojo miope tiene la vista corta. Sólo ve con claridad los objetos cercanos y percibe con dificultad los lejanos.

¿Qué conflicto emocional estoy viviendo?

  • Vivo con temor a un peligro que se acerca (real o simbólico, da igual que haya sido en el pasado o Transgeneracional).

  • Suelo ser una persona que si bien confía en su futuro, tiene el pensamiento permanente de que algo malo puede suceder o venir a cambiar mi felicidad y tranquilidad, mi presente, del que sí disfruto.

Resentir:

“Tengo que ver bien de cerca, el peligro está cerca, viene por detrás” “Debo tener buen ojo”. “Pensar a futuro me molesta”. “No soporto que alguien querido se haya ido lejos”. “No quiero ver lo que viene”. “Huyo de lo que podría pasar”.

Cuando se presenta la miopía, que usualmente es durante la adolescencia o la juventud, puede deberse básicamente a dos hechos concretos: Me siento en peligro por alguna circunstancia que me rodea. No quiero ver (aceptar, tolerar, comprender) lo que está más lejos.

¿Cuál es la emoción biológica oculta?

  • Miedo al peligro que viene de cerca, pero no veo, viene cuando menos me lo espere.

  • Miedo al futuro, a crecer, a las responsabilidades, a tomar decisiones.

HIPERMETROPÍA: “El peligro está lejos (espacio o tiempo)” “No quiero ver lo que está cerca de mi”
La hipermetropía es un trastorno ocular. El hipermétrope sólo distingue los objetos a una distancia anormalmente grande porque los rayos luminosos paralelos se cruzan en la parte trasera de la retina.

La persona que sufre este trastorno visual tiene miedo de ver de cerca lo que sucede en su vida. Quiere tomarse bastante tiempo para reflexionar antes de intentar algo. También tiene dificultad para ver todos los detalles de una situación dada porque no confía en poder manejarlos.

El mensaje que te envían tus ojos por medio de este trastorno es que ha llegado el momento de que te acerques a la gente y a las situaciones sin miedo de no poder controlar lo que ocurra. Tus miedos te impiden vivir muchas experiencias que podrían ser enriquecedoras. Ves pasar la vida en lugar de vivirla realmente.

QUERATOCONO: Alteración de la curvatura de la córnea.

He  vivido un conflicto en el cual yo he deseado o he logrado realmente que las personas a mi alrededor no vean lo que hay en mi interior. No quiero que vean que soy débil, flojo, enojón, vulnerable, amable, duro, etc. Intento que no me vean tal cual soy y me la vivo fingiendo ser quien no soy.

Resentir:

“No quiero que los otros vean lo que hay en mi interior”. “No debe verse desde el exterior lo que hay en el interior”.

¿Qué conflicto emocional estoy viviendo?

  • Miedo a ser como soy por miedo a ser rechazado.

  • Miedo a mostrar mis debilidades.

  • Incapacidad de revelar mis sentimientos.

  • Obsesión por ocultar algo de mi personalidad.

¿Cuál es la emoción biológica oculta?: Miedo. Inseguridad.

CONJUNTIVITIS: Conjuntivitis es la inflamación de la capa conjuntiva, membrana mucosa que recubre el interior de los párpados y que se extiende a la parte anterior del globo ocular.

¿Qué conflicto emocional estoy viviendo?

Si yo presento conjuntivitis, quiere decir que estoy viviendo o he vivido un conflicto emocional, gracias al cual he dejado de ver algo o a alguien importante para mí. Me he separado de ver algo o a alguien que me interesaba.

Resentir:

“Sólo veo aquello que me gusta”. “Ya no veo a la persona que amo”. “Ya nadie me protege de lo que veo”. La conjuntivitis está muy relacionada con actitudes de enfado y frustración con lo que se ve en la vida.

¿Cuál es la emoción biológica oculta?

Rabia y frustración por lo que se ve en la vida, molestia o dolor por dejar de ver algo o a alguien.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “SOLO RESPIRA: un precioso cortometraje que ayuda a niños y adultos a manejar sus emociones

Las quejas son un veneno para tu cerebro

las-quejas¿Por qué las personas se quejan?

Sin duda, no es para torturar a los demás con su negatividad, como muchos podrían pensar. La mayoría de las personas se quejan porque al exteriorizar sus emociones y pensamientos se sienten mejor, o al menos eso creen.

Sin embargo, la ciencia señala que en realidad andan desencaminadas. Quejarnos no nos hace bien, expresar esa negatividad puede hacer que nos sintamos peor. Ventilar las emociones puede parecer una buena idea pero a la larga no lo es, tanto para la persona que se queja como para quien le escucha.

El problema se encuentra en el cerebro. Quejarse altera nuestras redes neuronales y puede tener serias repercusiones para nuestra salud mental. De hecho, algunos neurocientíficos han llegado a afirmar que las quejas pueden matarnos, literalmente.

Las quejas consolidan las sinapsis de la negatividad

Ahora mismo en nuestro cerebro se están produciendo muchísimas sinapsis. Cuando pensamos en algo, una neurona libera una serie de neurotransmisores, a través de los cuales se comunica con otra neurona y establece una especie de puente a través del cual pasa una señal eléctrica. De esta forma se transmite la información en el cerebro.

Lo interesante es que cada vez que se produce una sinapsis, ese camino se consolida. De esta forma se crean auténticas autopistas neuronales en nuestro cerebro, las cuales nos permiten, por ejemplo, conducir de manera automática o caminar sin tener que pensar en cómo movemos los pies.

Estos circuitos no son estáticos, en función de la práctica pueden cambiar, debilitarse o consolidarse. Obviamente, mientras más sólida sea esa conexión, más rápido se transmitirá la información y más eficientes seremos realizando esa actividad.

El problema es que cuando nos quejamos y nos llenamos de pensamientos negativos, estaremos potenciando precisamente esas redes neuronales, alimentando la negatividad que da lugar a la depresión. Mientras más nos quejemos, más negro veremos el mundo, porque son precisamente esos caminos neuronales los que estamos potenciando, en detrimento de otros, mucho más positivos y beneficiosos para nuestra salud emocional.

De hecho, investigadores de la Universidad de Yale han apreciado que en las personas sometidas a un gran estrés o que padecen depresión, ocurre una desregulación de las sinapsis y se produce una atrofia neuronal. En el cerebro de estas personas aumenta la producción de un factor de transcripción denominado GATA1, que disminuye el tamaño, las proyecciones y la complejidad de las dendritas, las cuales son esenciales para transmitir los mensajes de una neurona a otra.

Eres el reflejo de quienes te rodean

Las quejas no solo afectan las conexiones neuronales de la persona que se lamenta sino también de quienes están a su alrededor. De hecho, es probable que después de haber escuchado a un amigo quejarse durante varias horas, te sientas como si te hubiesen drenado, como si te hubieran robado la energía. Es probable que en ese momento también tengas una visión un poco más pesimista del mundo.

Esto se debe a que nuestro cerebro está programado para la empatía. Las neuronas espejo se encargan de que podamos experimentar las mismas sensaciones que la persona que tenemos delante, ya sea alegría, tristeza o ira. Nuestro cerebro intenta imaginar qué siente y piensa esa persona, para poder actuar en consecuencia y modular nuestro comportamiento.

En esos casos, la empatía se convierte en un arma de doble filo que blandimos contra nosotros mismos ya que cuando escuchamos a una persona lamentarse, en nuestro cerebro se liberarán los mismos neurotransmisores que en el suyo. De esta forma, terminamos siendo prisioneros de sus quejas.

El cerebro, un puesto de mando que controla el cuerpo

Las quejas consolidan las sinapsis “negativas” en el cerebro y éstas tienen un gran impacto en nuestra salud. Cuando alimentamos la tristeza, el resentimiento, la rabia, el odio y la ira, todas esas emociones se reflejan en nuestro cuerpo. De hecho, hace poco un grupo de investigadores de la Universidad de Aalto realizaron un mapa corporal de las emociones, en el cual se puede apreciar cómo éstas se reflejan en zonas específicas.

Además, no debemos olvidar que detrás de esos sentimientos y emociones negativas suele esconderse el cortisol, un neurotransmisor que también actúa como hormona cuyos niveles elevados se han vinculado con un sistema inmunitario deprimido, el aumento de la presión arterial y un mayor riesgo de desarrollar enfermedades como el cáncer y los trastornos cardiovasculares. El cortisol también daña la memoria, aumenta el riesgo de sufrir depresión y ansiedad y, por supuesto, acorta la esperanza de vida.

No hay leones vegetarianos

Vale aclarar que no se trata de que no podamos quejarnos ni de que tengamos que reprimir nuestras emociones y sentimientos. De hecho, en algunas ocasiones quejarse puede ser extremadamente liberador. Sin embargo, debemos asegurarnos de que no se convierta en un hábito y, sobre todo, de que a las palabras le sigan las acciones.

Por eso, la próxima vez que acuda una queja a tu mente, recuerda que “los leones no son vegetarianos”. Esto significa que, por mucho que te quejes, no van a cambiar su dieta. Si quieres cambiar algo y no convertirte en su cena, será mejor que busques otras estrategias.

El Universo es caótico, a veces pasan cosas malas e impredecibles sobre las que no tenemos ningún control. Podemos sentarnos a lamentarnos o, al contrario, podemos asumir una actitud proactiva y preguntarnos qué podemos hacer para lidiar de la mejor manera posible con los problemas y, de ser posible, aprender de ellos.

“La decisión está en nuestras manos”

*Si lo desea, puede leer la publicación: “GRATIS Reto de Mindfulness: 4 vídeos explicativos y 7 audios guiados

Cuando el perdón no cicatriza las heridas del abuso sexual

abuso-sexualA menudo, suele decirse que no hay peor herida que la que deja la vivencia de una guerra. Sin embargo, las cicatrices que inflige el abuso sexual son muy semejantes, ahí donde el perdón no siempre ayuda ni cauteriza. Sobre todo, si no existe una ayuda efectiva por parte de la justicia, ni apoyo social y emocional del entorno más cercano.

Un hecho muy común en materia de abuso infantil y juvenil es que las víctimas tardan mucho en denunciar los hechos. Pueden pasar varios años, décadas incluso. Cuando logran dar el paso para hallar por fin esa necesitada paz interior, se encuentran muchas barreras, dificultades e incluso cierto rechazo estructural: “¿Y ahora para qué, después de tanto tiempo?, ¿qué espera sacar con ello?”

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produjo dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento” -Victor Frankl-

No podemos olvidar tampoco que toda víctima de abuso sexual debe pasar por un delicado duelo en el que pueda integrar en su historia vital lo que le ha sucedido. Ese trauma. Sin embargo, deben darse ciertos procesos previos en su entorno para facilitar este avance. Se necesita apoyo, reconocimiento y justicia. Sin embargo, algo que se da con demasiada frecuencia es que las propios organismos sociales no se ajustan a estas necesidades.

Tanto es así, que hay muchas denuncias por abuso sexual que acaban prescribiendo. Las resoluciones pueden tardar años en dictar resolución, hasta el punto de que el delito prescriba. En otros casos, muchas víctimas que sufrieron abuso en su infancia suelen atreverse a dar el paso en la madurez. Para entonces, la justicia ve estos actos delictivos como prescritos. Se procede al silencio legal dejando a la persona en completo desamparo.

Son situaciones realmente complejas. Estos hombres y mujeres no pueden cerrar esa etapa de sufrimiento. Esta infancia perdida. Ni aún menos dar el paso hacia el perdón.

El abuso sexual: los agresores habitan en los entornos más cercanos

Según la “Asociación para el tratamiento del abuso y el maltrato en la infancia” de Bilbao (España) gran parte de las personas que han sufrido abusos en la infancia nunca llegan a denunciar los hechos. Si esto es así, es por un hecho muy concreto. En el 90% de los casos los agresores están en el propio seno familiar, en el propio entorno de “confianza” de la víctima.

Denunciar supone, en muchos casos, crear un impacto, romper un equilibrio. Significa, además, tener que afrontar unas consecuencias imprevisibles. Si además tenemos en cuenta que muchos de estos abusos se dan en niños o adolescentes, la capacidad de reacción es más limitada y dramática. Como madres, como padres, es vital atender el comportamiento de nuestros hijos para intuir cualquier señal que pueda indicar un abuso.

Otro de los escenarios en los que ocurren abusos con una frecuencia notable es en los propios centros escolares. Maestros, profesores o entrenadores deportivos suelen ser también los responsables de que muchos niños y niñas sean ahora adultos rotos, personas fragmentadas que deben hacer frente a diversos problemas psicológicos.

Secuelas que les impiden poder vivir con dignidad. Su día a día está marcado por un solo propósito: sanar una infancia perdida. Cauterizar heridas.

Tal y como hemos señalado al inicio, muchos de estos dramas jamás obtendrán justicia. Hasta hace solo unas décadas ir a denunciar al pederasta suponía en muchos casos “no ser creído”, ser acusado. En la actualidad, volver a denunciar aquello que ocurrió hace 15 o 20 años es, en ocasiones, reabrir una herida que se curó mal con unas esperanzas inciertas de que la justicia sea realmente justa.

Los únicos delitos que no prescriben son los de “lesa humanidad y de genocidio, de terrorismo“. Se necesita por tanto, una reforma que proteja y dé justicia a las víctimas y no a los abusadores.

¿Estoy en mi derecho de no perdonar al abusador?

Estamos en nuestro pleno derecho a perdonar o no a quien una vez, nos hizo daño. Ahora bien, la experiencia clínica nos dice que es recomendable. Supone, ante todo, sanar emocionalmente y cortar el vínculo del dolor. Sin embargo, el perdón solo puede darse en la última fase del duelo. Si la víctima no ha efectuado ese camino interno, complejo y desgarrador, difícilmente podrá efectuarse esta desvinculación, esta necesitada liberación del sufrimiento.

El abuso en la infancia y la dificultad de ofrecer el perdón

Sufrir abuso en la infancia supone:

  • Experimentar abusos sexuales en la infancia supone una devastación total. Se interrumpe la construcción de nuestra identidad, de nuestra autoestima, se arrancan las raíces de una vida y en ocasiones, hasta la confianza hacia los adultos.

  • Este trauma genera alteraciones a nivel cerebral, produciendo déficits de atención, hiperactividad, depresión nerviosa…

  • Más tarde, a las alteraciones de sueño le pueden seguir los desórdenes alimenticios, así como secuelas emocionales, sociales y sexuales.

  • En caso de no recibir atención psicológica de forma temprana, esa fragmentación interna nos acompañará de por vida.

Nadie puede ofrecer el perdón en estas condiciones. Hay que poner cada pieza en su lugar para que una vez en pie, seamos capaces de mirarnos al espejo con coraje. Solo entonces, y una vez superado el duelo, tendremos los mecanismos para decidir si queremos o no ofrecer el perdón. Estamos en nuestro pleno derecho.

  • Cabe señalar una vez más que perdonar siempre será recomendable en estos procesos. No obstante, hay que tener en cuenta que perdonar no es ignorar el daño causado. Perdonar tampoco significa olvidar. Ni aún menos que el agresor quede exime del acto cometido.

El perdón es cortar el hilo del sufrimiento para cerrar una etapa. Es actuar con resiliencia para recordarnos que, efectivamente, merecemos ser felices y no víctimas eternas de alguien que eligió hacernos daño.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “5 Tácticas de abuso emocional que suelen pasar inadvertidas

Cómo protegernos de las personas tóxicas

protegerse-personas-toxicasHay muchas clases de personas tóxicas: envidiosas, celosas, posesivas, pesimistas, autoritarias, manipuladoras, etc. con las que tenemos que convivir cada día en el trabajo, en el grupo de amigos o en la familia.

En nosotros, en nuestra actitud y en saber la forma de lidiar con ellos está el secreto para que no nos influyan negativamente. Dejar que invadan nuestro pensamiento y no nos dejen respirar o dejar que nos provoquen malestar es algo que si queremos, podemos evitar.

Aprende a protegerte de las personas tóxicas.

“Muchas veces permitimos entrar en nuestro círculo más íntimo a los chismosos, a los envidiosos, a gente autoritaria, a los psicópatas, a los orgullosos, a los mediocres, en fin, a gente tóxica, a personas equivocadas que permanentemente evalúan lo que decimos y lo que hacemos, o lo que no decimos y no hacemos.” (Bernardo Stamateas)

Sentimientos provocados por las personas tóxicas

Que mal me siento a su lado. Me hace sentir incómoda, no soy yo misma. Siempre le veo una mirada de recelo. Si comento el más mínimo triunfo en mi vida, aunque sea de pasada y sin grandes aspavientos la noto celosa, incómoda, molesta.

Siento que no se alegra de nada de lo que me ocurre. Pienso que siempre vive en una especie de competición como los niños pequeños cuando dicen… “y yo más”. Y yo… me estoy dejando contagiar.

La verdad es que me siento profundamente aliviada cuando ella no está. Soy yo misma, me siento alegre, no tengo que ocultar como soy, ni las cosas buenas que hoy me han sucedido. Entonces ¿Cómo lo hago?

Ella no es positiva para mí, pero ciertos vínculos en común nos unen y no es tan fácil alejarme de su presencia. De un modo u otro siempre está presente en mi vida. Creo que incluso me estoy obsesionando con esta situación.

Este es el relato de una persona que mantiene una relación con alguien que es tóxico para ella. El temor, la inseguridad, el malestar, la impotencia o la tristeza son emociones inducidas por personas tóxicas.

En general, las personas que se dejan influir por personas tóxicas o que conviven con algunas de ellas pueden ser invadidas por una especie de sensación de agobio, impulso y malestar desbordante cuando están con ellas… Incluso, pueden llegar a crear cierta dependencia

“Deja ir a personas que solo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un cubo para echar su basura, procura que no sea en tu mente” (Dalai Lama)

Cómo dejar que no nos influyan las personas tóxicas

  • Deja de concederle tanta importancia. Las personas tóxicas están ahí, de acuerdo, pero, ¿te vas a permitir que te amarguen el rato de diversión? Cuando te des cuenta de que interiormente no te afecta, que manejas la situación, te sentirás feliz contigo mismo.

  • Aléjate cantando bajito. ¿De qué sirven las peleas o “quemarte” hablando de esa persona a los demás? Olvídala sin más; haz tu vida, aléjate cantando bajito  siempre que puedas y deséale lo mejor.

  • Acostúmbrate a vivir con ellas. Siempre no podrás alejarte de estas personas. Están en tu familia, en tu grupo de amigos, en el trabajo. Están ahí y ¿qué? tú ve a lo tuyo, no entres en polémicas ni pretendas caerles en gracia. Que diga lo que quiera, que haga lo que quiera… mientras tanto, tú, acércate a la gente buena que no olvides que también la hay en tu entorno.

  • Sé cauteloso con ellas. No le cuentes tus secretos, tus cosas, para eso ya están las personas que se alegran por ti, que te animan, que te quieren.

  • No hables de ella cuando no está. Cuanto más hables de ella, más tiempo estará instalada en tu cabeza, en tu espacio y en tu tiempo. ¿Crees que merece la pena?

  • Perdónala. ¿Sabes los beneficios que tiene para uno mismo perdonar a los demás? Perdónala, es muy posible que terminen algunos de tus dolores de cabeza o de estómago. Muchas de nuestras preocupaciones se somatizan, ¿no crees que es hora de mirar por ti y por tu salud?, ¿no crees que te estás perjudicando tontamente?.

  • Practica la meditación y otras formas de liberación. Medita, camina, escucha música, son poderosas armas que liberan a nuestra mente de pensamientos negativos.

  • Analiza lo que te provocan las personas tóxicas y trata de cambiarlo. ¿Ira, recelo, odio, temor? Sé tu propio psicólogo, reconoce tus sentimientos y no te los permitas más. Al final el que está sufriendo y pasándolo mal eres tú, ¿no te das cuenta?

Cuando realmente sientas que las personas tóxicas ya no te afectan, conseguirás estar realmente contento contigo mismo y eso… es lo que realmente importa… La capacidad de estar con uno mismo a pesar de las circunstancias…

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Quédate con aquellas personas con las que puedes ser tú en toda tu esencia

¿Qué hago cuando el bloqueo emocional me impide avanzar?

que-hagoTodos hemos sufrido un bloqueo emocional en algún momento. Esa sensación en la que sentimos que tenemos una barrera que nos impide afrontar nuevos retos.

La inseguridad es una de las manifestaciones más evidentes de que estamos ante un bloqueo que nos está retrasando en el cumplimiento de nuestros objetivos.

Piensa en un atasco cuando vas en coche. Tienes prisa, pero de repente te encuentras sin poder avanzar por mucho que lo desees. Así es un bloqueo emocional.

Este tipo de bloqueo no siempre afecta a todos los ámbitos de nuestra vida. Es decir, podemos sufrir un bloqueo con respecto a nuestro trabajo, pero no en el ámbito personal o sentimental. También puede suceder todo lo contrario, que al intentar establecer una relación sentimental estable nos encontremos atascados.

La inseguridad hace entonces acto de presencia y provoca que no encontremos ese empleo que realmente nos haga felices, puede que nos convirtamos en personas conformistas. Si el bloqueo se sucede con respecto a tus relaciones, la inseguridad provocará que no te muestres cómo eres. Te pondrás una máscara que te haga sentir seguro, una máscara que en vez de protegerte tapará el verdadero problema.

¿Por qué tengo un bloqueo emocional?

Muchos de los bloqueos emocionales tienen que ver con nuestra autoestima o con experiencias que han provocado que actuemos de determinada manera. Es decir, imagínate que has pasado por relaciones amorosas tormentosas. Esto ha desencadenado una serie de actitudes con respecto a las personas que te gustan: ahora te cuesta confiar, te sientes poco seguro y tienes miedo a que te vuelvan a hacer daño.

El miedo y la falta de seguridad en nosotros mismos, en nuestras capacidades, puede desencadenar un bloqueo emocional del que no sepamos salir. De esta manera, empezaremos a sentir vergüenza por hablar en público, un gran miedo al rechazo, el pesimismo nos invadirá, experimentaremos la envidia y los celos, juzgaremos a los demás, etc.

El bloqueo emocional provocará que afloren nuestras emociones y sentimientos más negativos, que aún nos bloquearán más impidiéndonos avanzar. Aunque quizás todos ellos se encuentren influenciados por nuestro entorno, que puede actuar como un agente de concentración y como catalizador al mismo tiempo. ¿Qué queremos decir con esto?

Soy una persona dotada de sentimientos y emociones, esos que pueden provocar que me estanque y no salga de mi zona de confort.

Imaginemos que te sientes muy insegura en tu trabajo. Tu bloqueo emocional te impide lograr tus objetivos, pero algo en tu entorno está favoreciendo a esto. Posiblemente la competitividad entre los trabajadores puede ser una de estas causas. El hecho de que te evalúen constantemente o de que te hayan llamado la atención de manera reciente también pueden ser causas que acentúen este bloqueo.

Ponte en movimiento para desbloquearte

Quizás ahora mismo pienses que es muy difícil, por no decir imposible salir de un bloqueo emocional. Pero estás completamente equivocado. Tan solo necesitas ponerte en movimiento, en acción. Todos los pensamientos inseguros que te rondan provocan que te quedes parado. Tú puedes llevarles la contraria, empezando a caminar hacia adelante.

Piensa en todas esas preguntas que rondan por tu mente en tu día a día. “¿Para qué voy a ir si posiblemente no me contraten?”, “soy un fracaso, jamás conseguiré lo que tanto quiero”, “creo que no le voy a gustar”, “si me muestro tal y como soy creerá que soy estúpido”, “me voy a equivocar y todos se reirán de mí”, “los otros son mucho mejores que yo”

¿Verdad que en alguna ocasión alguno de estos pensamientos ha pasado por tu mente? La única opción que tienes es actuar como cuando tienes miedo a recibir un no como respuesta. Aceptar la negativa, pero “probar” a ver si puedes conseguir un “sí”. ¿Qué tienes que perder?

Haz lo contrario a la inercia que han creado tus emociones. ¿Tienes miedo a quedar en ridículo en esa exposición? Si no la haces, nunca podrás demostrarte que no estabas en lo cierto. A veces resulta muy positivo autoconvencernos de que somos lo que nos gustaría ser. Por ejemplo, “me gusta hablar en público” o “no tengo miedo al ridículo”.

Un bloqueo emocional puede ayudarnos a pensar mejor las cosas, a tomarnos nuestro tiempo. Pero, si dura demasiado, es necesario ponerle remedio.

¿Qué ocurre si el bloqueo emocional se encuentra en tus relaciones? Piensa en que si sufres un rechazo es que tal vez no sea la persona idónea para ti, que aventurarte a expresar lo que sientes ha sido una increíble práctica para eliminar tus miedos… Intenta ver siempre el lado positivo a todo lo que te ocurra. Créeme, siempre lo tiene.

Tener un bloqueo emocional es normal y esto nos sirve para ponernos a prueba y hacer lo que nuestras emociones nos están diciendo que ¡no, no lo hagas! Aunque, si las escuchamos mejor, sabremos que lo que en realidad nos están diciendo es que superemos nuestras inseguridades y nuestros miedos.

Que nos impulsemos gracias a ellas. A veces, no solo es positivo sentirnos bien y cómodos. En ocasiones, debemos salir de nuestro confort y arriesgarnos aunque tengamos miedo y los escalofríos recorran nuestro cuerpo.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “13 consejos para cuando la vida se nos pone difícil