El castigo de la indiferencia

La indiferencia es una forma de agresión psicológica.

Es convertir a alguien en invisible, es anularlo emocionalmente y vetar su necesidad de conexión social para llevarlo a un limbo de auténtico vacío y sufrimiento. Dicha práctica, como ya sabemos, abunda en exceso en muchos de nuestros contextos: la vemos en escuelas, en relaciones de pareja, familia e incluso entre grupos de amigos.

Falta de comunicación, evitación, hacer el vacío de forma expresa, frialdad de trato… Podríamos dar mil ejemplos sobre cómo se lleva a cabo la práctica de la indiferencia, y sin embargo, el efecto siempre es el mismo: dolor y sufrimiento. El dolor de ese niño que sentado en un rincón del patio, ve como es ignorado por el resto de sus compañeros. Y el sufrimiento también de esa pareja que de un día para otro, percibe cómo su ser amado deja de mostrar la correspondencia emocional de antes.

Lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia. Lo contrario de la belleza no es la fealdad, es la indiferencia. A su vez, lo contrario de la fe no es herejía, es la indiferencia. Y lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia entre la vida y la muerte. -Elie Wiesel-

Nadie está preparado para habitar en ese vacío social donde los demás pasan a través nuestro como si fuéramos una entidad sin forma. Nuestras emociones, nuestras necesidades y la propia presencia están ahí y demandan atención, ansían afecto, respeto… ser visibles para el resto del mundo. ¿Cómo afrontar esas situaciones?

La indiferencia, la invisibilidad social y el dolor emocional

La definición de la indiferencia es a simple vista bastante sencilla: denota falta de interés, de preocupación e incluso falta de sentimiento. Ahora bien, más allá de las definiciones de diccionario están las implicaciones psicológicas. Están, por así decirlo, esos universos personales donde hay ciertas palabras con más relevancia que otras. El término “indiferencia”, por ejemplo, es sin duda uno de los más traumáticos.

Así, hay quien no duda en decir que lo opuesto a la vida no es la muerte sino la falta de preocupación, y ese vacío absoluto de sentimientos que dan forma cómo no, a la indiferencia. No podemos olvidar que nuestros cerebros son el resultado de una evolución, ahí donde la conexión social y la pertenencia a un grupo nos han hecho sobrevivir y avanzar como especie.

Interaccionar, comunicar, ser aceptado, valorado y apreciado nos sitúa en el mundo. Esos procesos tan básicos desde un punto de vista relacional nos hace visibles no solo para nuestro entorno, sino también para nosotros mismos. Es así como conformamos nuestra autoestima, así como damos forma también a nuestra identidad. Que nos falten esos nutrientes genera serias secuelas, implicaciones que es necesario conocer. Veámoslos.

La indiferencia genera una fuerte tensión mental

Las personas necesitamos “leer” en los demás aquello que significamos para ellos. Necesitamos certezas y no dudas. Ansiamos refuerzos, gestos de aprecio, miradas que acogen, sonrisas que comparten complicidades y emociones positivas… Todo ello da forma a esa comunicación no verbal donde quedan incrustadas esas emociones que nos gusta percibir en los nuestros a diario. El no verlas, el percibir solo una actitud fría, provoca ansiedad, estrés, y tensión mental.

Confusión

La indiferencia genera a su vez otro tipo de dinámica desgastante, a saber, se rompe un mecanismo básico en la conciencia humana: el mecanismo de acción y reacción. Cada vez que actuamos de una cierta manera, esperamos que la otra persona reaccione en consecuencia.

Si bien a veces esta reacción no es la que esperábamos, resulta muy difícil de comprender la ausencia total de ella. La comunicación se vuelve imposible y el intento por interactuar se hace forzado y desgasta. Todo ello nos confunde y nos sume en un estado de preocupación y sufrimiento.

Da origen a una autoestima baja

Al no obtener ningún tipo de respuesta, de refuerzo por parte de las otras personas, se corta cualquier retroalimentación que podamos tener. En las etapas de formación de la personalidad, esto puede repercutir gravemente en la autoimagen. Es probable que aquella persona que ha recibido indiferencia en estas etapas, llegue a creer que no vale la pena interactuar con ella, dando lugar a una fuerte inseguridad.

¿Cómo reaccionar frente a alguien que me trata con indiferencia?

Las personas, como seres sociales que somos y dotados a su vez de unas necesidades emocionales, aspiramos a establecer una relación de constante interacción con nuestros seres queridos: familia, amigos, pareja… Si en un momento dado empezamos a percibir silencios, vacíos, frialdad y despreocupación, nuestro cerebro (y en concreto nuestra amígdala) entrará en pánico. Nos avisará de una amenaza, de un miedo profundo y evidente: el de percibir que ya no somos amados, apreciados.

Lo más razonable en estas situaciones es entender qué sucede. Esa desconexión emocional siempre tiene un origen y como tal debe ser aclarado para que poder actuar en consecuencia. Si hay un problema lo afrontaremos, si hay un malentendido lo solucionaremos, si hay desamor lo asumiremos e intentaremos avanzar. Porque si hay algo que queda claro es que nadie merece vivir en la indiferencia, ninguna persona debe sentirse invisible en ningún escenario social, ya sea en su propio hogar, en su trabajo, etc.

Asimismo, hay un aspecto que es necesario considerar. La indiferencia largamente proyectada sobre alguien en concreto o sobre un colectivo es una forma de maltrato. Aún más, en un estudio llevado a cabo en la Universidad de California se demostró que este tipo de dinámica basada en la exclusión y en la despreocupación, genera dolor y angustia. Es un sufrimiento que trasciende nuestras emociones para llegar también a nuestro cuerpo.

Que hablen de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen. -Oscar Wilde-

El último recurso: alejarse

Si luchar por esa relación, si invertir más tiempo y esfuerzo en esa o esas personas nos trae el mismo resultado, lo más sano será alejarnos. Si percibes que esas consecuencias perjudiciales (agotamiento, baja autoestima…) ya se están “instalando” en ti, es urgente que renuncies a tener una relación cercana con esas personas y busques proximidad con otros, para quienes sí seas importante.

Intégrate en grupos donde seas escuchado y se valore tu forma de serRomper con una relación de indiferencia te dará una nueva perspectiva del mundo y potenciará tu desarrollo.

*Si lo desea, puede leer el artículo: “Dejar de hablar a alguien como castigo” 

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¿Por qué tengo miedo al compromiso?

Algunas personas experimentan tanto temor a comprometerse emocionalmente con otra y comenzar a tener una relación que incluso aunque digan que lo desean, pueden no darse cuenta de que en realidad lo están evadiendo. Es decir, quieren y expresan su deseo por tener una relación con alguien, sin embargo cuando tienen la oportunidad de tenerla algo pasa que terminan por no hacerlo, dicen no tener el suficiente tiempo para ello, entre otras cosas que lo único que hace es alejarlos cada vez más de conseguir lo que se supone que quieren.

Esto hace que ellos mismos confirmen una y otra vez que “el amor no es para ellos” y se sientan inconformes con esta situación que “no pueden cambiar”. Pero, ¿por qué tengo miedo al compromiso? Si te está ocurriendo esto y temes comprometerte con alguien, puedes estar padeciendo o teniendo algunos de los síntomas de lo que en psicología llamamos filofobia. 

¿QUÉ ES LA FILOFOBIA?

La filofobia es un trastorno que implica una alteración del estado de ánimo en donde la persona que lo padece muestra un miedo intenso a comprometerse sentimentalmente con alguien, este temor en situaciones más graves puede hacer que la persona llegue a experimentar reacciones físicas y emocionales como taquicardia, mareos, náuseas, ataques de pánico, entre otra serie de reacciones sumamente molestas y negativas.

¿CÓMO SABER SI TENGO MIEDO AL COMPROMISO?

Existen una serie de cosas que una persona con miedo al compromiso hace para evadir tener pareja y comprometerse. Incluso puede pasar que la tenga pero que no se comprometa con ella. A continuación te daré a conocer algunos casos en donde se puede percibir claramente el miedo al compromiso en las personas.

  • Tienden a tener amores platónicos y a enamorarse de personas con las que es casi imposible tener una relación. Por ejemplo personas que se enamoran de alguna figura pública, personajes famosos e incluso aquellas que siempre se enamoran de personas que están muy lejos de ellas porque viven en otro país e incluso en otro continente. 

  • Si están en una relación, cuando sienten que cada vez se vuelve más cercana e íntima, comienza inconscientemente a crear problemas e incluso a inventarlos con tal de generar discusiones y que esa o la otra parte decida terminar la relación.

  • Se meten de lleno en una o más áreas de su vida y dejan totalmente de lado el área afectiva. Por ejemplo, personas que tienen trabajos que les consumen muchas horas y dicen no tener tiempo para nada más o personas que se dedican exclusivamente a salir con los amigos y dicen no tener interés por tener una relación de pareja porque prefieren su vida de solteros. 

  • Pueden llegar a establecer una relación de pareja con otra persona totalmente distinta a ellos y finalmente deciden terminar la relación por falta de afinidad. 

  • A pesar de que conocen más personas, desde el principio que comienzan a salir con ellas, les encuentran algún defecto o creen encontrarlo y esto lo agarran de pretexto para no continuar conociendo más a fondo a esa persona.

  • Cuando notan que la otra persona quiere tener más cercanía con ellos y volver más íntima la relación, comienzan a alejarse.

¿Te suena familiar alguna de estas situaciones? ¡Identifica cual es la que mejor se adapta a ti!

¿CUÁLES SON LAS CAUSAS DE LA FILOFOBIA O MIEDO AL COMPROMISO?

Existen muchas razones por las cuales una persona puede padecer de este tipo de trastorno como lo es la filofobia. Por lo que si te estás preguntando continuamente por qué tengo miedo al compromiso, es necesario que hagas una reflexión y profundices un poco acerca de donde proviene este temor que te aleja cada vez más de lo que deseas como es el comprometerte con alguien. Algunas de las causas más comunes son las siguientes:

  • Haber sido herido previamente, ya sea porque te hayas enamorado de una persona que no sentía lo mismo por ti y tuviste una mala experiencia con ella o porque hayas estado en una o más relaciones en donde lo hayas pasado mal por haber recibido algún tipo de maltrato, entre otras cosas.

  • Miedo a perder tu libertad e independencia.

  • Cuando los padres tenían una muy mala relación entre ellos. 

  • Temor a ser abandonado por la otra persona o rechazado desde un primer momento.

  • Miedo a sentirte presionado e incluso asfixiado estando en una relación.

  • No sentirte merecedor(a) de tener una relación más estable y formal con alguien, debido a que tienes una autoestima muy baja.

  • Dejarse influenciar por la sociedad que promueve mucho la individualidad.

¿Te sentiste identificado(a) con alguna de estas razones?, ¿tienes claro o más o menos tienes una idea de donde se origina ese temor?

CONSECUENCIAS QUE PUEDE TRAER EL MIEDO AL COMPROMISO

La consecuencia principal que puede traer para una persona el temor al compromiso es más que nada que puede afectar directamente a su desarrollo personal y emocional. ¿Por qué puede afectar el temor al compromiso al desarrollo personal y emocional? Esto es debido a que para que las personas continuemos creciendo y desarrollándonos personal y emocionalmente es necesario que tengamos nuevas experiencias y que vayamos aprendiendo de ellas.

Al no dejarnos vivir y experimentar un sentimiento tan grande y profundo como es el amor, estamos limitándonos y no nos permitimos disfrutar ni aprender más ya que las relaciones de pareja también nos ayudan a madurar emocionalmente. Por otro lado también se corre el riesgo de aislarse cada vez más de las demás personas al no querer formar vínculos más cercanos.

¿CÓMO SUPERAR EL MIEDO AL COMPROMISO EMOCIONAL?

Si te preguntas una y otra vez por qué tengo miedo al compromiso y te gustaría realmente poder superarlo, los siguientes consejos pueden ayudarte a lograrlo. 

  • Identifica y acepta que tienes miedo al compromiso. Como vimos al inicio de este artículo, en muchas ocasiones es difícil reconocer que realmente lo que se tiene es miedo al amor o a comprometerse emocionalmente con alguien, es por ello que a modo de mecanismo de defensa utilizamos diferentes pretextos como que no tenemos tiempo para el amor, nos enamoramos de imposibles, no encontramos a la persona ideal, etc. Por lo que es necesario que primero que nada logres reconocer cual es el mecanismo de defensa que utilizas más habitualmente y aceptes que lo que tienes es miedo al amor.

  • Identifica el origen del problema. Haz una reflexión acerca del origen de tu problema, para ello puedes apoyarte en el apartado anterior en donde explico cuales son las causas de la filofobia o miedo al amor. Puedes también ayudarte haciéndote preguntas como: “¿qué es lo peor que puede pasar si me comprometo emocionalmente con alguien?”, “¿me siento amado(a) lo suficiente?”, “¿cómo me siento cuando estoy en una relación de pareja?”, etc.

  • Identifica y cambia tus actitudes. Identifica que tipo de actitudes estás adoptando que te están alejando de lo que deseas y que aumentan cada vez más tu miedo al amor o al compromiso. Una vez que las tengas claras, anota de que manera podrías modificarlas para que dejen de limitarte. Por ejemplo, en caso de que tu mecanismo de defensa sea el encontrarle defectos desde la primera cita a una persona que apenas estás conociendo, reconoce que todos tenemos defectos y virtudes y que en una primera cita no puedes conocer bien a alguien. Por lo que si hay algo que te gusta de la otra persona, date la oportunidad de seguirla conociendo.

  • Vive el aquí y ahora. Deja de pensar en que es lo que puede pasar si…. y/o deja de torturarte por el pasado. Ten en cuenta que lo único que tienes seguro es el ahora por lo que ni el pasado debe de determinarte ni el futuro preocuparte y angustiarte. Si es lo que deseas, atrévete a dar el paso y permítete conocer e intimar con otra persona, disfrutar y aprende de cada experiencia y saborea cada momento de tu vida.

  • Terapia psicológica. Si el miedo al amor o al compromiso emocional es demasiado intenso y llega a tal grado que te provoca reacciones físicas y emocionales molestas o simplemente te gustaría recibir ayuda y orientación de un profesional, es recomendable acudir a terapia psicológica para que el profesional se encargue de analizar tu situación individual a fondo y pueda ofrecerte la terapia que más se adecue a tus necesidades.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El encuentro más íntimo no es el sexual, es el desnudo emocional” 

¿Se puede ser feliz después de haber vivido una infancia traumática?

No todo el mundo ha tenido una infancia feliz. Por desgracia, algunas personas además tuvieron que pasar por experiencias difíciles y, a veces, desbordantes que de algún modo, les dejaron una profunda huella en su interior capaz de impregnar diversas áreas de su vida. En la niñez se tejen parte de los hilos de nuestra vida psicológica. Por ello, cabe preguntarnos ¿Se puede ser feliz después de haber vivido una infancia traumática?

No es una apreciación, sino un hecho verificado. Es muy difícil ser feliz tras haber vivido una infancia traumática, pero no imposible. Esto se debe a que durante los primeros años de vida somos particularmente susceptibles a nivel emocional. Como hemos dicho, las vivencias dejan una huella profunda. Tanto lo positivo como lo negativo imprime un sello indeleble en nuestras vidas.

“La verdadera patria del hombre es la infancia” -Rainer María Rilke-

El niño es un ser altamente vulnerable. Depende de los adultos y del entorno primario en el que se encuentre. No cuenta con los recursos físicos, ni psicológicos para comprender y tramitar lo que vive. Fácilmente lo sobredimensiona, o lo distorsiona, llegando a sentirse triste o superado por las circunstancias.

Los efectos de una infancia traumática

Las diferentes formas de abuso o de maltrato infantil dejan una impronta que tiene consecuencias a largo plazo. En eso no podemos engañarnos. Sin embargo, esto no quiere decir que no sea posible ser feliz después de haber vivido una infancia traumática. Lo que sí implica es realizar un gran trabajo adicional para lograrlo.

Los traumas de la niñez se convierten en dificultades para vivir en paz durante la vida adulta. El amor propio queda lesionado y también la confianza en uno mismo. A veces resulta casi imposible amar, o dejar que nos amen. Incluso es posible que ni siquiera resulte posible expresar los sentimientos o sentir a nivel consciente el dolor.

También es usual que se desarrolle una sensación de malestar, de desilusión o de tristeza. Con este telón de fondo, resulta difícil construir y sostener una actitud positiva. Ahora bien, contra todo eso hay que luchar para ser feliz después de haber vivido una infancia traumática.

¿Cómo ser feliz después de haber vivido una infancia traumática?

Es posible que esas huellas del pasado no desaparezcan del todo. Lo bueno es que realizando un trabajo adecuado es posible ser feliz, pese al eco de esos sufrimientos de la niñez, que difícilmente tendrán un total consuelo. De hecho, superar ese pasado doloroso es algo que suele dar como resultado personas más evolucionadas, sensibles y constructivas.

Hay algunas acciones clave para lograr ser feliz después de haber vivido una infancia traumática. Son las siguientes:

  • Informarte sobre los efectos del trauma. Ayuda mucho que te informes, a través de fuentes serias, sobre la naturaleza y las consecuencias de los traumas infantiles. Toda esa información te aporta claridad y te ayuda a comprender lo que sientes.

  • Cuídate y protégete. Es muy usual que quien tuvo una infancia difícil tienda a restar importancia al autocuidado y la autoprotección. No permitas que esto suceda. Cuídate tanto física, como psicológica y socialmente. Trátate como alguien que necesita protección.

  • Cultiva las buenas amistades. Llevar una impronta traumática con frecuencia conduce al aislamiento y a la dificultad para relacionarte con los demás. Lucha contra esto. Cultiva las amistades y otórgales un lugar importante en tu vida. No te aísles.

  • Aléjate de las personas que te hacen daño. No debes ser tolerante con quienes te hagan sentir mal o te generen sentimientos negativos hacia ti mismo. En cuanto alguien así se presente en tu vida, aléjate.

  • Reconoce y reinterpreta tu pasado. Evitar pensar en lo que te sucedió no te ayuda a que eso se diluya. Todo lo contrario. Lo mejor es repasar todo lo ocurrido desde una actitud de aceptación y comprensión.

Superar el pasado

En los casos de traumas infantiles es recomendable que se busque ayuda profesional. Por más fuertes e inteligentes que seamos, nada sustituye el efecto de una buena terapia. El contar con el apoyo profesional de un tercero facilita ese camino hacia la comprensión y el equilibrio interior.

El haber pasado por una infancia difícil da lugar a una perspectiva diferente frente a la vida. Esto puede ser una deficiencia o un plus. Todo depende de la manera de abordarlo y gestionarlo. 

No es fácil encontrar la motivación necesaria para emprender la tarea de reparar un pasado doloroso. Sin embargo, vale la pena hacerlo porque de ello se deriva crecer a nivel personal para alcanzar el bienestar.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Tu niño herido y tus relaciones de pareja” 

Carta de una niña Cristal a la Humanidad

La luz, los sonidos fuertes, la comida, los químicos, los malos pensamientos, la mala “vibra”… Mi cuerpo ya no soporta ninguna de estas cosas… Médicos, psicólogos, psiquiatras… ninguno tiene una respuesta para mí.

¿Enfermedad?¿ Locura? ¿Mañas? ¡Quién sabe, fragilidad quizás!…

Tengo hace un tiempo una sensación de querer volver a casa, de que ya todo terminó y quiero volver a casa, y es una pregunta frecuente… ¿Si quiero volver a casa, entonces dónde estoy?…

¿Acaso ésta no es mi casa?… No se a dónde quiero ir, sólo se que quiero ir a casa con mis hermanos, con mi familia. Pero: ¿Y mi familia y mis hermanos, acaso ellos no son mi familia, no son mis hermanos?…

¡Sólo sé que quiero volver a casa, pero no sé cómo!…

Es como un sueño, del cual no puedo despertar. Veo todos los días de mi vida, desde que nací, esa mañana de verano cálida y dulce…

Veo cómo se dañan entre ustedes, veo las injusticias que permiten, veo sus verdaderos rostros detrás de sus ojos… Y me pregunto: ¿Por qué fingen ser lo que no son?… ¿Por qué están encerrados en su interior?…¡Tristes, enojados, simples y sensibles!…

¿Por qué se lastiman a ustedes mismos?… ¿Por qué quieren restringirse, privarse de Ser lo que son?…

Seres Humanos. ¡Bellos, sensibles y perfectos seres humanos!…

Mírense, sólo mírense a los ojos, vean sus almas… Déjense ver por los demás… ¿A qué le tienen miedo?…

¡Todos estamos hechos de lo mismo, nadie es más fuerte que otro, nadie es mejor, porque todos somos excelentes!… ¡Son seres maravillosos, con una inteligencia enorme, con cualidades asombrosas, seres llenos de Luz, que iluminan este mundo con Amor!…

¡Yo no veo sus personajes, yo veo sus almas, ese es mi Don!…

Y ¡tienen almas hermosas, llenas de Luz, llenas de Amor, de pureza, almas cristalinas, bellas!… Pero cuando veo sus personajes, son totalmente diferentes a sus almas.

Sus personajes son fríos, indiferentes, mediocres, vacíos… Veo día a día, sus obras de teatro, donde lo único que hacen es mentir, lastimar, juzgar

Veo sus películas de terror, donde matan a sus hermanos, donde se pelean por un trozo de oro, un pedazo de territorio, un líquido negro… ¡Que no vale ni la milésima parte de lo que valen ustedes!…

Veo injusticias, veo hambre, veo día a día que envenenan a sus hermanos.

Lloré muchas veces por ustedes, y pedí muchas veces por ustedes: ¡Traté de ayudarlos pero siguen lastimándose… siguen lastimándome!…

Yo estoy acá para ayudarlos, estoy acá para sanarlos, vine a trabajar por ustedes… para eso nací y ese es mi Destino y mi Misión.

¡Soy sensible, todo lo que ustedes sienten yo lo siento, todo lo que ustedes piensan yo lo siento, todo lo que le hacen a mi Madre Naturaleza, yo lo siento!…

Solo quiero que despierten, que miren por un segundo a su alrededor… ¡Sólo vean… árboles, montañas, lagos, bosques, cielo, tierra, ríos, mares, animales, sol, luna, hij@s, niñ@s, herman@s, amig@s… Amor, Paz, Armonía, Salud, Belleza!…

¡Dios les regalo un jardín, el Jardín del Edén!… Siempre estuvo con ustedes, no hace falta morir, no hace falta ir al cielo, porque el cielo está en la tierra desde el primer día en que apareció la primera señal de vida.

No busquen afuera, no busquen en otro plano. El paraíso que buscan, estuvo siempre en la tierra, sólo observen… observen el amanecer, dejen que el viento acaricie sus rostros, que el agua refresque y limpie sus almas, dejen al fuego regalarles su calor…

Dejen a la luna iluminar sus noches de Amor, muévanse al ritmo de la naturaleza, bailen al compás de sus sonidos, de su música.

¡Sean libres, dejen salir a sus almas, dejen que los domine por completo, Sean la Luz que vinieron a Ser, sean el Amor que son, sean, sólo sean!…

¡Son maravillosos, son la perfección que tanto buscan, son la felicidad que tanto anhelan, son Amor, son la razón de mi Existir!…

¡Gracias por leerme, gracias por comprenderme, y muchas más, por Despertar tu Conciencia!…

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Mindfulness” o cómo equilibrar cuerpo y mente.

Los 4 dones de las personas altamente sensibles (PAS)

Cuando uno se ve en minoría frente a la gran mayoría, la primera sensación es sentir desventaja y miedo. ¿Por qué percibo las cosas de un modo diferente? ¿Por qué sufro más que el resto? ¿Por qué encuentro alivio en mi propia soledad? ¿Por qué observo y siento cosas que los demás suelen pasar por alto? Quizás formes parte de las personas altamente sensibles (PAS).

Ser parte de eso 20% de la población que se reconoce a sí misma como una persona altamente sensible (PAS) no es una desventaja, ni te etiqueta como “diferente”. Es muy posible que a lo largo de tu vida, y en especial durante tu infancia, fueras muy consciente de esa distancia emocional, y de como en ocasiones, tenías la sensación de vivir en una especie de burbuja de extrañeza y soledad.

La alta sensibilidad es un don, una herramienta que te permite poder profundizar y empatizar más con las cosas. Pocas personas tienen la capacidad de llegar a este punto de aprendizaje vital.

Fue Elaine N. Aron quien a principios de los 90, ahondando en la personalidad introvertida, detalló con minuciosidad los rasgos de una nueva dimensión no descrita hasta entonces, y que reflejaba una realidad social: la de las personas altamente sensibles, reflexivas, empáticas y a la vez, reactivas emocionalmente.

Si es tu caso, si te sientes identificado/a con esos rasgos que la Doctora Aron nos dejó en su libro “The Highly Sensitive Person”, es importante que te convenzas también de que la alta sensibilidad no es un motivo para sentirte extraño o diferente. Al contrario, debes sentirte afortunado por contar con estos 4 dones.

1. El don del conocimiento emocional

Ya desde la infancia, el niño con alta sensibilidad va a percibir aspectos en su día a día que le van a ofrecer una mezcla de angustia, contradicción y fascinante curiosidad. Sus ojos captarán aspectos que ni los adultos tienen en cuenta.

Esa mueca de frustración en sus maestros, la expresión de preocupación en su madre Serán capaces de percibir cosas que otros niños no ven, y ello, les enseñará desde muy pequeños que la vida es a veces difícil y contradictoria. Verán el mundo con la mirada de niño que se abre tempranamente al mundo de las emociones sin saber aún que las guía, que las hace vibrar o qué afila el sufrimiento adulto.

Niño caminando con un gato y un globo cerca de la luna

El conocimiento de las emociones es una arma de callado poder. Nos acerca más a las personas para entenderlas, pero a su vez, también nos hace más vulnerables al dolor.

La sensibilidad es como una luz que resplandece, pero a su vez, nos hace más vulnerables al comportamiento de los demás, a las mentiras piadosas, a los desengaños, a las ironías… ¡Es que todo te lo coges a la tremenda! te dirán a menudo, ¡Es que eres muy sensible! te comentarán otros. Y así es, pero eres lo que eres. Un don exige una alta responsabilidad, tu conocimiento sobre las emociones te exige también saber protegerte. Saber cuidarte.

2. El don de disfrutar de la soledad

Las personas altamente sensibles encuentran cierto placer en sus instantes de soledad. Son rincones que buscan con anhelo para llevar a cabo sus tareas, sus aficiones. Son personas creativas que disfrutan de la música, de la lectura Y aunque ello no quita de que disfruten también de la compañía de otros, es en soledad cuando más satisfacción encuentran.

Mujer sujetando una jaula mientras libera sus pájaros

Las personas altamente sensibles no temen a la soledad. Son esos instantes en que pueden conectar más íntimamente con ellos mismos, con sus pensamientos, libres de apegos, lazos y miradas ajenas.

3. El don de una existencia desde el corazón

Mujer con violín y los brazos abiertos

A la hora de hablar de las personas altamente sensibles, se les asocia a menudo al sufrimiento. A su tendencia a las depresiones, a la tristeza, a sentirse vulnerables frente a los estímulos externos, frente al comportamiento de la gente. No obstante, hay algo que el resto no sabe: pocas emociones se viven con tanta intensidad como el amar y ser amado

Y no hablamos solo de relaciones afectivas, la amistad, el cariño cotidiano, o el sencillo acto de experimentar la belleza de un cuadro, de un paisaje o de una melodía, es para las personas altamente sensibles una vivencia intensa. Enraizada en el propio corazón.

La alta sensibilidad es vivir desde el corazón. Nadie vive más intensamente el amor, nadie se deleita más con los pequeños gestos cotidianos, con la amistad, con el cariño…

4. El don del crecimiento interior

La alta sensibilidad no se cura. Uno viene al mundo con ello, con esa particularidad, con ese don que ya se puede ver claramente desde que un niño es bien pequeño. Sus preguntas, su intuición, su tendencia perfeccionista, su umbral al dolor físico, sus molestias ante luces o olores fuertes, su vulnerabilidad emocional…

No es fácil vivir con este don. No obstante, una vez uno reconoce lo que es y lo que nos puede aportar, llega el momento en que debemos aprender a gestionar muchos de esos detalles. No debes dejar que las emociones negativas te desborden en ciertos momentos.

Mujer volando entre estrellas

Debes aprender también que los demás, van a otro ritmo, que no tienen tu umbral emocional. Que no vivirán ciertas cosas con tu misma intensidad, no obstante, ello no significa, por ejemplo, que te quieran menos. Respétalos, entiéndelos. Entiéndete a ti.

Una vez hayas descubierto tu propio ser y tus facultades, encuentra tu equilibrio y fomenta tu crecimiento personal. Eres único y vives desde el corazón. Anda en paz, anda en seguridad, y sé feliz.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Mindfulness” o cómo equilibrar cuerpo y mente.

10 Consejos para aprender a decir “NO” sin sentirte culpable

¿Qué induce a la gente a decir que sí? ¿Por qué es tan difícil decir que no?

  • Halago. La gente que quiere que les des un sí intentará convencerte para que aceptes su petición mediante halagos. Los halagos no son malos en sí, pero debes saber ver cuándo estos halagos son interesados y cuándo no.

  • Presión. En muchas ocasiones dices que sí porque te sientes presionado por compañeros de trabajos, amigos o familiares. No es fácil decir que no ante una intimidación. Por eso es tan importante ser asertivo y guardar la calma sin precipitarte en la decisión que tomes y, sobre todo, que esta decisión sea una decisión tomada libremente.

  • Queja. La queja es un recurso muy utilizado por las personas para que accedas a decir que sí a sus peticiones. Ten cuidado cuando, después de una queja, la persona te pide que hagas algo por ella. Hay que ser consciente de la queja y de su sinceridad y gravedad. Una buena manera de lidiar con la queja de alguien es ser empático, es decir, escuchar al otro sin necesidad de darle una respuesta.

  • Culpa. Seguramente el sentimiento de culpa es una de las razones más potentes por las que la gente dice sí cuando quería decir que no.

¿Por qué a la gente le cuesta tanto decir que no?

Lo cierto es que no existe una única respuesta. Aquí van cuatro posibles razones:

Estas cuatro razones seguramente sean las cuatro razones más poderosas por las que a la gente le cuesta tanto decir que no. Pero saber decir que no es necesario para forjar también tu propia identidad frente a los demás. Para construir esta fuerte identidad que te permitirá decir que no en determinadas situaciones, aquí tienes algunas pautas que te serán de utilidad y que puedes llevar a la práctica en el momento en que debas tomar una decisión:

1. Sé asertivo. La asertividad consiste en encontrar el equilibrio entre la agresividad y la pasividad. Siendo asertivo se consigue ser rotundo cuando se toma una decisión como la de decir que no a otra persona.

2. Se empático, no simpático. No hay que confundir la empatía con la simpatía. Mientras que la empatía se centra en escuchar al otro, la simpatía tiende a responder al otro. Y con frecuencia esa respuesta tiende a ser que sí porque al querer ser simpáticos lo que se tiende es que obtener la aprobación del otro.

3. Acepta que no puedes con todo. Si no eres capaz de decir que no, puede que llegue un punto en que acabes viviendo la vida que han elegido los demás en lugar de la tuya. Lo que sucede es que decir que sí a todo provoca que tu vida pase a un segundo plano, es decir, dediques buena parte de tu tiempo a satisfacer los deseos y las necesidades de los demás poniéndote a ti en segundo lugar. De lo que se trata es de establecer prioridades y ser consciente de que la ayuda que quieras dar sea una decisión propia y tomada libremente. Se puede ser solidario y cooperador sin necesidad de decir que sí a todo el mundo.

4. Sé rotundo sin ser agresivo. Tan importante es decir que no como la manera en que dices que no. De lo que se trata es de decir que no de una forma clara, calmada y nada agresiva. Hay que decir no una vez y solamente no.

5. Evita usar la expresión “es que” después de un no. Es importante que seas breves a la hora de responder que no a una petición. Para decir que no basta con un simple no. Me explico. En ocasiones, al sentirte culpable por decir que no, después de decir no a una petición introduces la expresión “es que”. Por ejemplo: No, es que no tengo tiempo. Cuando introduces la expresión “es que” lo único que haces es mostrar inseguridad y tu No pierde toda la fuerza que que tenía al principio.

6. Entrena el NO. Si sabes de antemano que te cuesta decir que no, entonces es necesario que practiques por tu cuenta y te entrenes para decir no a las personas. Basta con que te pongas frente a un espejo y repitas frases como: Lo siento, no lo haré. De lo que se trata es de que visualices posibles situaciones en las que sabes que la gente te preguntará algo que sabes que la respuesta debe ser no.

7. No tengas miedo. Una decisión nunca debería tener ningún tipo de coacción. Pero bien sabes que la coacción, directa o indirecta, está presente en muchas de las peticiones que te hacen. La gente acostumbra decir que sí porque tiene miedo a perder su trabajo, a perder amigos, a perder el favoritismo de un padre o una madre frente a sus hermanos… Decir que sí por miedo es ir perdiendo paulatinamente tu autoconfianza y tu autoestima. Saber decir que no es, de alguna forma, aprender a renunciar a algo y esa renuncia siempre irá acompañada de incertidumbre, una incertidumbre que debes evitar que se transforme en miedo.

8. Mantén un lenguaje corporal firme. No sólo hay que saber decir que no de palabra. También es importante saber decir que no con tu lenguaje corporal. ¿Cómo hacerlo? Aquí van algunas pautas:

  • Mira a los ojos de la persona a la que le dices que no.

  • Mantén los brazos y las manos firmes.

  • No juegues con pendientes, collares, relojes, pulseras…

  • No cruces tus brazos sobre el pecho.

9. Discúlpate sólo lo necesario. No es malo disculparte tras decir que no, pero esta disculpa debe estar proporciona a la negativa que ababas de dar. Se puede dar una disculpa sin dejar de ser asertivo. De lo que se trata es de que la disculpa no sea desmesurada porque esto lo que hace es debilitar el no que has dado. Aquí van algunos ejemplos de disculpas moderadas.

  • Lamentablemente la respuesta es no.

  • Siento tener que decir que no a tu propuesta.

10. Procura que el no sea un no cerrado, sin opciones. Me explico. Si ya es difícil decir que no una vez a alguien, imagínate tener que decirlo varias veces. Esto sucede cuando el no que das es un no abierto, es decir, un no que deja una puerta abierta a un posible sí más adelante. Pueden darse casos en que un no abierto sea necesario y quiero dejar claro no es algo que vea como negativo. Lo que quiero darte a entender es que cuando la decisión de tu no es firme, debe ser una opción cerrada para ti y para quien recibe tu no. Aquí te dejo algunas respuestas que dejan un no abierto.

  • Creo que no.

  • Me parece que no.

  • Seguramente no.

  • De momento no.

  • No, pero…

Saber decir que no. A modo de conclusión.

Saber decir que no sin que te sientas culpable es una forma inmejorable de reafirmar tu propio yo y tu autoestima. Diciendo que no al otro estás demostrando que tienes personalidad y criterio. Y todo ello sin sentirte culpable por la decisión que has tomado. Acabaré con una cita que me ha gustado mucho a cerca de la importancia no sólo de decir que no, sino también de saber decir que sí. Es una cita de Adam Grant que reza así:

Decir que NO te libera para poder decir que sí cuando más importa.

*Si lo desea, puede leer el artículo: “No mendigues la atención de nadie y mucho menos amor

Cómo amar -Jeff Foster-

“No puedo vivir sin ti”.
“Me completas”.
“Sin ti soy nada”.
“Nunca me abandones”.

Te vendieron una hermosa mentira acerca del amor.

Y en tu inocencia, compraste la mentira, la tomaste como verdad. Porque todos a tu alrededor estaban haciendo lo mismo, y querías encajar, y estabas tan asustado/a de estar solo/a, ya que nunca te habías sumergido en la dicha oceánica de tu propia soledad y hallado seguridad ahí.

Nadie vendrá a salvarte, ves. Ningún príncipe montado a caballo. Ninguna Julieta. Ninguna madre sustituta. Ninguna “Persona Especial”. Ningún mesías que se llevará tu dolor, tus sentimientos de vacío, esa sensación de separación y abandono que está contigo desde que eras joven. Nadie será capaz de sentir y metabolizar tus sentimientos por ti. Nadie puede vivir y morir por ti. Nadie tiene el poder de distraerte permanentemente. Nadie puede ser dueño de o pertenecer a alguien.

Tu otra mitad, tu compleción, no está fuera de ti, ves, sino profundamente dentro de ti. Vive como tu mismísima presencia, arde como el Sol interior.

Tantas personas están buscando al amor. O están intentando aferrarse a un amor que parece estarse deslizando entre sus dedos. O sienten que han perdido el amor y tratan de recuperarlo, escapando de sentimientos incómodos de síndrome de abstinencia, adormeciéndose con más sueños, corriendo cada vez más lejos de sí mismos, en búsqueda de algo que nunca alcanzarán, aún soñando con su “Persona Especial” que los completará, que les otorgará una vida de seguridad psicológica, que será la madre o padre perfectos que nunca tuvieron en la Tierra.

Por supuesto, eso no es amor. Eso es miedo, un escape urgente de la soledad.

Si puedes encontrarlo o perderlo, si puedes estar “en” o “fuera de” él, si se te puede regalar o quitar, si tienes que pelear por él, rogar por él, manipularte a ti mismo/a o a otros para obtenerlo, si sientes que te has hecho merecedor/a de él, si duele, entonces es la versión mental del amor. Es la mentira. Ya que si amas, estás presente. Eso es todo.

Si amas a alguien, estás presente con ellos. Tan presente con ellos como lo estás contigo mismo. Tan presente como el Sol en el cielo, a pesar de las nubes, las tormentas, el clima siempre cambiante.

No confundas amor con deseo, entonces. El deseo viene y se va. Arde brillantemente, o la llama se extingue. Pero el deseo no es consistente, como el amor.

No confundas amor con atracción. La atracción es hermosa, pero viene y va, se alza y cae como las olas en el océano, cambia con las estaciones, días, horas, momentos. No es siempre-presente, como el amor.

No confundas amor con sentimientos cálidos y agradables, incluso sentimientos de estar enamorado/a. Los sentimientos agradables se convierten en dolorosos tan rápido. El amor no es placer ni dolor, no es éxtasis ni duelo; es el campo que perdura, incluso cuando la felicidad se desvanece en la desesperación.

No confundas al amor con la urgencia de poseer a alguien o de ser poseído/a. El amor no es encaprichamiento. El amor no es obsesivo ni compulsivo. El amor no se apega. El amor no posee nada; no tiene peso ni forma. El amor no dice “Te necesito para mi felicidad, mi contento, mi vida”, no, el amor es sinónimo de la libertad, de un corazón abierto, de la voluntad para sentir cada sentimiento, pensar cada pensamiento.

El mito más peligroso es que otra persona puede “hacerte” feliz. No, no. La felicidad, la verdadera felicidad, la clase de felicidad que no puede ser comprada ni vendida o pulcramente empaquetada, es idéntica a tu propia presencia, la cual nadie te puede dar, y nadie te puede arrebatar. Si buscas a otros para ser feliz, siempre dependerás de ellos, siempre tendrás miedo de perderlos, y temerás y el resentimiento retumbará por debajo de tu “amor”. Te adaptarás para complacerlos, adormecerás tus pensamientos y sentimientos, cerrarás tus ojos a la verdad y vivirás en fantasía y esperanza. Te harás a ti mismo/a infeliz para ganar su amor, mantenerlos cerca, controlarlos. Te harás infeliz a ti mismo/a tratando de hacerlos felices a ellos…o forzándote a ti mismo/a a ser feliz. Eso no es amor, es adicción a una persona. Es miedo enmascarado como “romance”. Es la mentira.

Pero debajo de cada adicción está el anhelo por un hogar, por una Madre en el sentido más profundo de la palabra. Encuentra el sentido más profundo de hogar dentro de ti. Haz de tu cuerpo tu hogar, tu aliento, tu vientre cuando se eleva y cae en el momento presente. Encuentra tu base en la sensación de estar vivo/a. Y en ese lugar de presencia, pasa tiempo con otros que te nutran, que te ayuden a sentirte vivo/a, que empaticen contigo y puedan validar tus valiosos sentimientos. Cuando no estás tratando de ganar amor, cuando no estás huyendo de tus sentimientos incómodos, puedes darte el lujo de amar y ser amado/a realmente.

Invita a otros a tu campo de amor; déjalos quedarse, déjalos irse, inclínate ante su camino y camina el tuyo con valentía. Pero no compres por un momento la mentira de que la salvación yace en cualquier parte excepto en el corazón mismo de tu exquisita presencia, el lugar donde no hay nada que salvar. El lugar donde tocas la vida, y eres tocado/a de vuelta, momento a momento.

Porque tú eres el Elegido, tu propio y más grande amante, compañero/a, amigo/a, gurú y Madre.

Entonces puedes decirte a ti mismo/a:

“No puedo vivir sin ti”.
“Me completas”.
“Sin ti soy nada”.
“Nunca me abandones”.

  • Autor: Jeff Foster

*Si lo desea, puede leer la publicación: “En este momento, amigo, en este momento“-Jeff Foster-

Los beneficios físicos, psicológicos y sociales de la risoterapia

Puede dar la sensación de que el uso de la risa, el humor y las emociones positivas como agentes terapéuticos sea una invención actual, sin embargo hay numerosos testimonios de su uso con objetivos medicinales y de mejora de la salud en diversas culturas a lo largo de toda la historia de la humanidad.

El primer dato del que se tiene constancia hace referencia al antiguo imperio chino en el que hace más de 4.000 años ya había lugares habilitados para que las personas se reunieran a reír como medio de equilibrar su salud.

Aunque el uso de la risa y sus aledaños con fines terapéuticos ha estado presente a lo largo de toda la historia, ha sido a partir de la década de los 70 cuando ha comenzado a despertar el interés de la comunidad científica occidental y cuando han proliferado investigaciones y estudios de todo tipo en torno a esta saludable cuestión. En la actualidad son incontables los trabajos que abordan los beneficios de las emociones positivas, del humor y de la risa en los diferentes aspectos de la salud humana.

Es interesante destacar que a nivel práctico toda esa sabiduría popular en torno a la risa ha campado a sus anchas libremente durante miles de años por la población del planeta, sólo que es ahora cuando se le ha otorgado el respaldo oficial desde la ciencia, y gracias a ese soporte se ha impulsado el desarrollo y difusión, especialmente en la sociedad occidental, de la risoterapia tal y como la conocemos hoy en día.

Antes de pasar a inventariar las propiedades saludables que poseen la risa y el humor recogidas en las publicaciones especializadas, comenzaremos señalando los beneficios subjetivos que manifiestan las personas al respecto. Tras experimentar la carcajada durante varios minutos todas las personas sienten un estado de ánimo positivo y elevado, una actitud vital optimista, sensación de relajación global, cierto cansancio, frecuentemente molestias en los músculos abdominales, los del rostro o los del cuello como consecuencia de su contracción y ejercitación intensificada, y una mayor cercanía y simpatía hacia las personas con las que se ha compartido la risa.

Más allá de los efectos inmediatos que la risa tiene en quienes la experimentan, la participación en sesiones de risoterapia genera es espectro más amplio y profundo de consecuencias positivas y deja una estela de testimonios del tipo: “Desde que hago risoterapia soy más optimista y positivo, me tomo las cosas de otra manera y ya no le doy importancia a hechos a los que antes sí se la daba, este taller me da vida, me siento mucho mejor, siento que soy verdaderamente yo mismo durante la sesión, me siento más seguro y tengo menos vergüenza, me está sirviendo para superar mi depresión, vine con dolor a la sesión y ahora no me molesta nada, en el grupo hay muchísima unión y tenemos una relación muy próxima y especial, ahora me río más en mi vida cotidiana, etc”.

Los efectos que se han nombrado hasta aquí han sido corroborados y explicados por los estudios realizados. A continuación se resumen todos los beneficios que se concluyen de las investigaciones y trabajos en torno a la risa y el humor.

Los principales beneficios físicos de la risa son:

  • Relaja al organismo.

  • Favorece al corazón y al sistema circulatorio.

  • Mejora la función respiratoria y aumenta la oxigenación.

  • Favorece al sistema inmunológico.

  • Tiene efecto analgésico debido a la liberación de endorfinas.

Los principales beneficios psicológicos y sociales de la risa y el humor son:

  • Reduce la ansiedad y el estrés.

  • Alivia los síntomas de la depresión.

  • Distrae de preocupaciones y corta los pensamientos negativos.

  • Refuerza la autoestima.

  • Ayuda a afrontar positivamente los problemas cotidianos.

  • Potencia las capacidades intelectuales.

  • Permite estrechar relaciones, aumentar la confianza y reforzar los sentimientos de pertenencia, proximidad, amistad y amor. Predisponen a la cooperación y la solidaridad.

  • Facilita la comunicación entre las personas.

  • Ayuda a prevenir conflictos y hacen disminuir los niveles de agresividad.

Estas copiosas ganancias son observables en todo tipo de edades y colectivos, no obstante el grupo social para el que más indicada está la práctica de la risoterapia es el de personas mayores.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “SOLO RESPIRA: un precioso cortometraje que ayuda a niños y adultos a manejar sus emociones” 

La negatividad es contagiosa: Rodéate de personas que saquen lo mejor de ti

Tanto las actitudes como los estados de ánimo resultan ser contagiosos, y más aún cuando permanecemos expuestos a ellos durante mucho tiempo. 

Gran parte de la responsabilidad depende de las neuronas espejo o cubelli, fundamentales para la empatía y para poder ponernos en el lugar de los demás. Esta habilidad es positiva, pero también tiene un impacto negativo, porque podemos propagar fácilmente la negatividad de quienes nos rodean.

La negatividad genera más negatividad

Aunque no siempre estamos dispuestos a admitirlo, un estudio realizado por la Universidad de Indiana ha revelado que las opiniones de los demás nos afectan e influyen en nuestro comportamiento. Estos psicólogos han encontrado que las opiniones negativas tienen un mayor impacto y generan un cambio de actitud en comparación con las opiniones positivas.

En el experimento, los participantes examinaron varios productos. Luego compartieron sus opiniones con los demás, tanto positivas como negativas. Los investigadores encontraron que las opiniones negativas influenciaron las actitudes de los participantes hacia los productos, haciéndolos sentir aún peor. Y lo peor es que aquellos que anteriormente tenían una actitud positiva eran los más susceptibles a la influencia de las opiniones negativas de los demás.

Además, cuando la gente tenía la oportunidad de interactuar cara a cara con aquellos que tenían estas opiniones negativas, era más probable que fortalecieran su actitud negativa y se apreciaba una polarización aún mayor. Este experimento lanza un mensaje claro: la negatividad genera más negatividad.

La tristeza se propaga como un virus

Los Psicólogos de la Universidad de Harvard han analizado el vínculo entre los estados emocionales y los modelos relacionales. No tuvieron en cuenta las emociones espontáneas o compartidas que a menudo experimentamos cuando compartimos las mismas experiencias con otras personas, sino que se centró en el impacto de los cambios emocionales que afectan los estados afectivos de las personas más cercanas a nosotros.

Han descubierto así que existe un patrón de propagación”, como para los virus, y que las fuentes de contagio son mayores en el caso de la tristeza que la felicidad. En otras palabras, cada amigo feliz aumenta nuestras posibilidades de ser felices en un 11%, pero solo necesitamos un amigo triste para duplicar nuestras posibilidades de ser infelices.

Estos Psicólogos concluyen que las emociones negativas son como la gripe: cuantos más amigos tengas que padezcan gripe, mayores serán las probabilidades de infectarse, lo mismo se aplica a la tristeza y la desesperación.

También la hostilidad y el mal humor son contagiosos

Rápidamente percibimos el mal humor y la hostilidad, y tan pronto como lo hacemos, algo cambia en nuestro cerebro, cambia nuestra forma de percibir el mundo. Interpretamos las interacciones más groseramente, y esto nos hará asumir la misma actitud que terminará difundiéndose.

Esto fue demostrado por Psicólogos de la Universidad de Florida que pidieron a un grupo de personas que asistieran a una reunión con un compañero asignado al azar. Descubrieron que aquellos que habían estado expuestos a actitudes groseras eran más propensos a ser groseros con su próxima pareja. Y lo interesante es que esta actitud podría durar toda una semana.

En un segundo momento, pidieron a los participantes que identificaran las palabras en una serie de letras confusas. Vieron de esta manera que aquellos que habían sido expuestos a una actitud grosera eran más propensos a encontrar palabras relacionadas con emociones negativas. Esto muestra que las interacciones que mantenemos actúan como un filtro, por lo que si estamos expuestos a interacciones negativas, tenderemos a analizar todo desde un punto de vista más negativo y eso es exactamente lo que veremos.

Rodéate de personas que sacan lo mejor de ti

Incluso si no lo queremos, los estados de ánimo de las personas que nos rodean pueden terminar teniendo un gran impacto en nuestras emociones y actitudes. Es por eso que es importante tener mucho cuidado al elegir a quién dejamos ingresar en nuestro círculo íntimo.

Estar constantemente expuestos al mal humor y la negatividad terminará presentando una factura para pagar, por lo que es crucial estar rodeado de personas que puedan sacar lo mejor de nosotros. Por supuesto, también tenemos que asegurarnos de convertirnos en personas con quienes los demás puedan percibir una energía positiva.

La buena noticia es que cuando somos conscientes del hecho de que existe un contagio emocional, podemos actuar como equilibradores de jugadores al alentar a los demás a centrarse en el lado más positivo de las cosas. Es cierto que las emociones positivas son mucho menos contagiosas, pero sigue siendo el mejor regalo que podemos hacerle a alguien cuando está pasando por un mal momento.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Quédate con aquellas personas que puedes ser tú en toda tu esencia

Escoge a tus amigos con cuidado porque tu cerebro terminará pareciéndose al suyo, según la Neurociencia

Con nuestros amigos, no solo compartimos los buenos y los malos momentos. El escritor Robert Louis Stevenson afirmó “Un amigo es una imagen que tienes de ti mismo”, y según las Neurociencias no andaba muy desacertado ya que al parecer compartimos muchísimo más de lo que podíamos pensar con nuestros amigos: nuestras respuestas neuronales.  

Un estudio realizado en la Universidad de Dartmouth revela que podemos percibir el mundo de la misma manera que nuestros amigos ya que tenemos respuestas neuronales similares ante los estímulos. Estos neurocientíficos descubrieron que pueden predecir con qué personas podríamos mantener una buena relación de amistad o detectar quiénes son nuestros amigos más íntimos simplemente observando cómo responden nuestros cerebros a unos vídeos.

Dime quiénes son tus amigos y te diré cómo piensas 

Se trata de un estudio pionero dirigido a examinar las conexiones de la actividad neuronal de las personas dentro de su red social en el mundo real. En el experimento analizaron a casi 280 personas y sus amistades, tanto las más íntimas como los vínculos sociales más lejanos. Todos vieron una serie de vídeos mientras registraban su actividad neuronal en un escáner funcional de imágenes por resonancia magnética (fMRI).

Los vídeos abarcaban una gran variedad de temas y géneros, desde política hasta ciencia, comedia y música, de manera que desataran una gran variedad de respuestas. Los vídeos se presentaron en el mismo orden y luego los neurocientíficos compararon las respuestas neuronales para determinar el grado de diferencia o semejanza.

Descubrieron que los amigos íntimos tenían los patrones de actividad neuronal más similares, seguidos por los amigos de los amigos. Por tanto, tan solo viendo sus respuestas neuronales, podían señalar la intensidad del vínculo que nos une con otra persona.

Vale aclarar que las respuestas neuronales a estímulos dinámicos naturales, como los vídeos, son una ventana a los procesos de pensamiento espontáneos de las personas a medida que se van desarrollando. Estos resultados sugieren que los amigos procesan el mundo que les rodea de manera muy similar.

Curiosamente, la similitud de la respuesta neuronal entre los amigos era aún más parecida en las regiones cerebrales involucradas en la respuesta emocional, la capacidad de atención y el pensamiento reflexivo.

Ver el mundo a través de los ojos de los demás 

En realidad, no es tan extraño ya que somos seres sociales que nos conectamos continuamente con los demás. Debemos apropiarnos de la “Teoría de la Mente” de otra persona si queremos mantener una relación satisfactoria a largo plazo. Eso significa que, a la larga, después de mucho tiempo de relación, nuestras respuestas neuronales terminan pareciéndose a las suyas ya que aprendemos a ver el mundo a través de sus ojos.

Obviamente, se trata de una experiencia recíproca ya que nosotros también influimos en su manera de ver el mundo. Tampoco podemos olvidar que, dado que elegimos a nuestros amigos, es muchísimo más probable que seleccionemos a personas con las cuales tenemos puntos y formas de pensar común, por lo que las coincidencias en la manera de procesar la información aumentan. 

*Si lo desea, puede leer la publicación: “La negativad es contagiosa: Rodéate de personas que saquen lo mejor de ti