Nunca permitas que nadie, absolutamente nadie, perturbe tu paz y tu libertad

Cada vez que permites que alguien te maltrate, ya sea física, verbal o emocionalmente, estás permitiendo que perturbe tu paz y tu libertad, y por tanto, no aprendes la lección y ésta se repetirá, una y otra vez, con distintos escenarios y personas.

Nunca perturbes la paz y la libertad de otra persona, animal, la naturaleza, la madre Tierra, etc… Todo está vivo, y todo debe ser respetado.

Mientras perturbes la paz y libertad de otro ser sintiente, estás generando sufrimiento y karma, que se te devolverá en su momento; experimentarás el mismo sufrimiento que generaste, como ley de equilibrio y consecuencia.

El amor incondicional no se trata de decir a todo que Sí…  No se trata de permitir todo… No se trata de que los demás perturben tu paz y tu libertad y tú no les pares los pies o te alejes de ellos… El amor incondicional te enseña a saber decir “NO” cuando alguien está perturbando tu libertad.

Busca siempre tu equilibrio… aprende a saber decir “NO” y a alejarte de todo aquello y de todos aquellos que no te respetan y que actúan manipulándote para que seas su esclavo.

Por otro lado, aprende a respetar la opinión de los demás, sobretodo de tus seres queridos… No quieras que ellos sean como tú quieres, y no quieras que hagan lo que tú deseas; respeta su paz, su libertad, y la vida te respetará a ti.

Recuerda: aquél que no se respeta a sí mismo, no sabe respetar a los demás y permite que no le respeten.

¡Empieza por ti!

  • Fuente: Camino al Despertar

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Vampiros energéticos

Personas que no aportan nada ¿Cuándo dejarlas marchar?

“Cuando el amor aprieta, es que no es de tu talla”

Esta frase, que leí en algún lugar, se me ha quedado impresa porque recurre a un símil particularmente esclarecedor. Cuando vamos a la tienda y nos probamos un par de zapatos o un vestido, si nos queda chico, pedimos una talla mayor, nos damos cuenta inmediatamente de que no está hecho a nuestra medida y debemos cambiar. Sin embargo, lo que resolvemos en cuestión de segundos en una tienda puede llevarnos años cuando se trata de las relaciones interpersonales. Y es que normalmente nos aferramos a las personas y a las experiencias que hemos vivido con ellas, aunque nos hagan daño o ya no nos aporten nada gratificante.

A veces nos resistimos a aceptar que hay relaciones que están heridas de muerte y prolongar su agonía solo implica hacerse daño innecesariamente, es como hurgar en la herida para provocar más dolor. Cuando una persona no nos aporta nada, lo mejor es dejarla marchar. De esta forma ambos podremos pasar página con mayor rapidez y mirar al futuro.

Las señales que indican que una relación ha llegado a su fin

-Los intereses han cambiado. A veces conocemos a personas en determinadas etapas de nuestra vida, personas con las cuales conectamos inmediatamente pues descubrimos gustos e intereses comunes. Sin embargo, con el paso del tiempo todos cambiamos y no es difícil que desarrollemos intereses distintos que nos alejen. Cuando sentimos que “nada es lo mismo”, ha llegado el momento de replantearnos el sentido de la relación, sobre todo si la otra parte ya ha decidido que la separación es el mejor camino.

-Los acuerdos son una misión imposible. Hay relaciones en las que cada una de las partes quieren cosas diferentes por lo que llegar a un acuerdo es casi imposible. En estos casos lo usual es que las discusiones sienten casa, se convierten en pan cotidiano y terminan afectando el equilibrio psicológico de todos los implicados. Cuando en vez de disfrutar del tiempo que pasamos con el otro, lo empleamos en discutir, ha llegado la hora de dejar ir esa relación pues aporta más cosas negativas que positivas.

-La confianza se ha esfumado. En cualquier tipo de relación, ya sea de pareja o de amistad, la confianza y la sinceridad son pilares fundamentales. Cuando se deja de confiar en el otro se comienza a desarrollar una relación basada en las dudas, la incertidumbre y el recelo. Este tipo de relación no es beneficiosa para nadie y, a la larga, si la confianza no se recupera, solo provocará dolor ya que es probable que ambas partes se hagan daño.

-El peso de la relación recae sobre una persona. Cuando sientes que eres el único que lucha para que la relación funcione, que llevas todos los problemas sobre tu espalda porque la otra persona no pone de su parte, ha llegado el momento de poner punto final. Una relación solo es satisfactoria cuando ambas partes están comprometidas y dispuestas a cambiar o a trabajar para solucionar las dificultades. Si solo una persona arrastra con el peso de los problemas, es porque el otro ha perdido el interés y eso significa que no tiene sentido seguir luchando por algo que ya no existe.

¿Por qué nos aferramos a este tipo de relaciones?

-Nostalgia. En muchas ocasiones nos aferramos a una relación simplemente porque hemos vivido buenos momentos y, cuando los recordamos, nos invade la nostalgia, un sentimiento que nos da la falsa sensación de seguridad. Simplemente preferimos mantenernos atados al pasado en vez de mirar al futuro.

-Miedo. Dejar ir a una persona que ha estado a nuestro lado durante mucho tiempo puede ser aterrador por lo que en ocasiones preferimos a “un malo conocido que a un bueno por conocer”. La creencia de que el futuro es incierto o de que no encontraremos a otra persona nos genera tal desasosiego que preferimos mantener el estado actual de las cosas.

-Hábito. Las relaciones que se han mantenido durante años han ido construyendo a su alrededor una serie de hábitos que han echado raíces. Abandonar estas costumbres y apostar por el cambio puede dar pereza y por eso, a veces preferimos quedarnos en nuestra zona de confort, al lado de una persona que en realidad ya no nos aporta nada.

-Esperanza. Detrás de la esperanza casi siempre se encuentra el amor, muchas personas se aferran a relaciones heridas de muerte simplemente porque tienen la esperanza de que el otro cambie. Sin embargo, recuerda que tampoco se le pueden pedir peras al olmo.

Dejar ir: Un proceso liberador

Cuando en una relación se llega al punto en el cual esta no nos reporta prácticamente nada positivo sino que se ha convertido en una carga de tensión, negatividad y problemas, lo mejor es dejar que esa persona se marche.

Al contrario de lo que muchos piensan, cuando ponemos ese dejar ir en la balanza, no suele ser doloroso sino liberador. Después de meses de discusiones, desencanto y estrés, poner punto final es un alivio. Por supuesto, eso no significa que sea sencillo y mucho menos fácil pero en muchas ocasiones es la única solución para poder continuar adelante.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Vampiros energéticos

El mundo pertenece a quien se atreve -Charles Chaplin-

¡Vive!

Ya perdoné errores casi imperdonables.

Trate de sustituir personas insustituibles,

de olvidar personas inolvidables.

Ya hice cosas por impulso.

Ya me decepcioné con algunas personas,

mas también yo decepcioné a alguien.

Ya abracé para proteger.

Ya me reí cuando no podía.

Ya hice amigos eternos.

Ya amé y fui amado pero también fui rechazado.

Ya fui amado y no supe amar.

Ya grité y salté de felicidad.

Ya viví de amor e hice juramentos eternos,

pero también los he roto y muchos.

Ya lloré escuchando música y viendo fotos.

Ya llamé sólo para escuchar una voz.

Ya me enamoré por una sonrisa.

Ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia y…

Tuve miedo de perder a alguien especial

y terminé perdiéndolo

¡pero sobreviví!

¡y todavía vivo!

No paso por la vida

y tú tampoco deberías sólo pasar… ¡Vive!

Bueno es ir a la lucha con determinación

abrazar la vida y vivir con pasión.

Perder con clase y vencer con osadía,

porque el mundo pertenece a quien se atreve

y la vida es mucho más para ser insignificante.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Después de algún tiempo, aprenderás

Cada persona libra su propia batalla

Lo cierto es que cada persona libra su propia batalla interna (algunos hasta la III Guerra Mundial). Una batalla de las que muchas veces desconocemos los detalles más importantes porque éstos solo están registrados en la mente de la persona que la libra. Por otro lado, una persona con buena o mala intención, rara vez es consciente de lo dañina que puede llegar a ser para los demás y para ella misma.

Esta inconsciencia se vuelve frecuente por una razón ajena a la intención: nuestra mente es como una locomotora que crea pensamientos sin pausa, de una forma frenética y vertiginosa. Da vueltas a todo, elabora hipótesis de lo que sucede a nuestro alrededor, hace suposiciones, crea nuevas ideas y conceptos, piensa y vuelve a pensar, anticipa lo peor y emite juicios sobre otros… Y también sobre nosotros mismos. Claro.

Ese incesante martilleo nos tortura, nos daña y como recuerdo nos deja basura mental. Los científicos afirman que tenemos más de 60000 pensamientos al día. Se estima que muchos de estos pensamientos (el 80% aproximadamente) en la mayoría de personas son negativos, tóxicos, disfuncionales…

Actuamos en automático gran parte del tiempo. Así, estamos extremadamente influenciados por nuestras creencias; convicciones que se formaron en nuestra tierna infancia y se arraigan a través de nuestras experiencias. Algunas de estas creencias están en nuestro subconsciente, y de esas creencias nacen nuestros pensamientos y juicios más inmediatos.

La mente y sus engaños

Si algunas de tus creencias son erróneas o enfermizas, muchos de tus pensamientos y juicios también lo serán. Constantemente estamos juzgando, nos juzgamos a nosotros mismos y a los demás. Pero lo cierto es que la consecuencia más frecuente es el sufrimiento. Nuestra mente emite juicios para protegernos, por propia supervivencia, pero esto no quiere decir que en última instancia estos juicios secunden el propósito para el que fueron “convocados”.

Pensamos que el otro tiene el mismo punto de vista que nosotros y en parte por eso sufrimos tanto. Pero no, cada uno percibe la vida con unas gafas diferentes y lo que para mí significa una cosa, para ti probablemente signifique otra. Y en esa mentira de creer que todos deberían de tener nuestro punto de vista (el nuestro por supuesto), nos atrevemos a juzgar al otro. Incluso a nosotros mismos, olvidando la falacia que encierra juzgar el pasado desde el futuro, conociendo las consecuencias de una acción que entonces no eran seguras, solo probables. Al igual que algunas otras.

En los dos casos no son los demás los que te hacen sufrir. En el primero son las propias expectativas que tienes sobre esas personas las que te hacen sufrir. Esperamos que los demás sean como nosotros deseamos y nos volvemos incapaces de aceptarlos como realmente son. Ese es el principio y el final de la batalla, al mismo tiempo.

Paradójicamente, cuando dejas de juzgar y machacar a los demás, también dejas de juzgarte y machacarte a ti mismo, porque la forma con la que juzgamos también suele ser el modo con en el que nos juzgamos.

La aceptación y el amor lo curan todo

Cuando aceptas tu esencia (incluidas todas tus sombras), comienzas a ver con ternura las sombras de los demás. Cuando creemos que alguien nos ataca, en el fondo puede que ese alguien esté librando su propia batalla interna. Lo hacen desde la inconsciencia, desde sus heridas emocionales y sus estrategias de supervivencia aprendidas en la niñez, cuando se sentían profundamente heridas en su búsqueda de amor y aceptación. A veces, muchas veces, todo ello les lleva a actuar así.

Por eso, cuando creas que alguien te ataca, recuerda que es probable que no sea un ataque consciente, sino una sombra que tú imaginas o que el otro proyecta sin intención, al menos sin esa intención.

“El amor aumenta a medida que el juicio decrece”

Hemos de aceptar cuando otras personas no se comportan como a nosotros nos gustaría, cuando nos nos cuidan de la manera que deseamos pero lo hacen de otra. Estamos aquí para amar antes que juzgar, para sentir antes que razonar. Así, si alguien dibuja un círculo para excluirte, dibuja tú uno más grande para incluirle.

Recuerda que el amor aumenta a medida que el juicio se hace flexible, compasivo y piadoso. El amor nos da felicidad, el juicio estricto nos aporta sufrimiento. No entiendas el amor incondicional como algo que se puede quitar como un refuerzo o un castigo: el amor incondicional está por encima de eso.

¿Víctima o responsable de la batalla?

Si dejamos de juzgar y empezamos a mirar con el corazón, nuestro sufrimiento empezará a desaparecer. O eliges ser víctima o eliges ser responsable. La víctima justifica, miente, culpabiliza, se queja y se rinde. El responsable asume que lo que tiene en su vida no se debe a las circunstancias externas, sino que lo ha creado él mismo y él mismo es el único que puede cambiar su realidad.

La vida te va a proveer de experiencias para que abras los ojos, pero es decisión tuya ser víctima o responsable. Y el que no aprende de su propia historia, la vida lo condena a que se repitan sus errores. Serán experiencias diferentes en sus formas, pero igual en su fondo.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Tu mente es tu karma

Sentir distancia es algo más que estar lejos

A veces la distancia no se mide en kilómetros, a veces la distancia no es cuestión de lejanía corporal sino de almas.

Puedo estar cerca y sentirte lejos, puedo estar tocándote y a pesar de eso sentir que no estás a mi lado. La distancia es una enemiga en cualquier relación, va creando puentes cada vez más difíciles de cruzar y sobre todo va quitando las ganas de querer atravesarlos.

Los puentes los construimos cada uno, por ello tendremos la misma responsabilidad al hacerlos que al quitarlos.

No es cuestión de verse todos los días, no es cuestión de necesitar el contacto permanente con el otro para estar cerca, sino de la conexión y complicidad para crear la magia de no necesitar estar cerca para sentirse unidos. El sentimiento que es consecuencia de esto, pero a la vez puede ser causa, es el echar de menos. Pero ¿echamos realmente de menos a la persona?

“Te echo de menos y el menos no concuerda con el sentimiento, porque para ser sinceros el echarte de menos no me cabe en el pecho, tu ausencia me recorre el cuerpo y cada rincón de la casa huele a ti, no es que te eche de menos, es que te echo de más” -Alejandro Separza-

Echar de menos recuerdos es sentir que añoramos una parte del camino que recorrimos. Una porción que ahora forma parte de nosotros en nuestra mente, pero echar de menos a personas es querer permanecer y que no acabe ese trayecto recorrido. Así, cuando se echa en falta a una persona se lucha por permanecer juntos.

Relaciones a distancia

Las relaciones con kilómetros de distancia de por medio dificultan el intercambio, con independencia de que sean amorosas, de amistad o familiares. Por ello tendremos que hacer un esfuerzo “extra” para acortar el camino y acercar las almas. Las ganas y la pasión que ocurren tras un tiempo sin verse puede ser un punto a favor, aprovechar al máximo cada segundo en el que se está juntos ayudará a crear más lazos y reforzar las uniones.

Pareja dándose un abrazo

El permanecer lejos y tener únicamente la oportunidad de conversar, sin el contacto físico, es todo un reto para la comunicación y la intimidad dentro de las relaciones, tal y como lo demuestra el estudio realizado por la investigadora Crystal Jiang de la universidad de Hong Kong y el profesor Jeffrey Hancock de la Universidad Cornell (EEUU). Así, trabajar las relaciones a distancia es una labor de cada uno (lo que no significa que cada uno tenga que hacer esta labor por separado), habrá que esforzarse por hacer que aunque pase el tiempo el volver a juntarse sea como que cada día se ha permanecido allí, quizás no físicamente pero sí mentalmente.

Aprovechar las oportunidades que se nos brindan

Cada vez es más normal conocer parejas que viven separadas, familias que han tenido que distanciarse o amigos que ya no viven en la misma ciudad. Dejar que la distancia ejerza sus fuerzas, darnos por vencidos y perder el contacto no es una de las opciones que tenemos que tener presentes.

Habrá que mejorar la comunicación, aprovechando todas las oportunidades que disponemos para acortar kilómetros, vídeollamadas, contacto inmediato por mensajes, etc. La tecnología avanza a pasos agigantados puede convertirse en una gran aliada para sentirnos cerca incluso cuando estamos lejos.

La confianza en el otro nos va a dar la oportunidad de permanecer serenos ante las adversidades, y va a constituir un gran punto de apoyo para saber esperar y valorar aquello con lo que contamos. Las ganas de abrazar a otro después de un tiempo, de idealizar y desear permanecer con la persona lejana, lo bonito de echar de menos cuando se está lejos, son cosas que a veces perdemos en el día a día y para la que la distancia nos puede abrir la consciencia.

“No olvides cuidarla por si mañana en vez de verla te toca imaginarla” -Gabriel García Marquez-

pareja de la mano separándose

Aprovechemos el tiempo y la cercanía y trabajemos por acercar cada día las almas cuando la distancia sea la protagonista en nuestros sentimientos. Además, intentemos ponerle una fecha de caducidad a esta distancia porque siempre, siempre se vive mejor con una esperanza concreta.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El encuentro más íntimo no es el sexual, es el desnudo emocional

Sonidos curativos que sanan tu cuerpo y emociones

¡Tu Fuente de Energía Positiva!

El Hombre y el Sonido

Desde tiempos antiguos el ser humano se ha interesado en las propiedades curativas del sonido y lo ha usado con fines rituales y terapéuticos. Éste interés se ha dado en todos los lugares y culturas del mundo.

En oriente se ha usado la recitación de mantras para curar o cambiar diversas situaciones, en México los Marakames (o chamanes) Wixárika o Huichol cantan para mover energías estancadas y en el Budismo tibetano se pronuncian las “sílabas semilla” (como el famoso OM) para conectar con la presencia espiritual de cada una.

budismo

Históricamente, uno de los grandes estudiosos del efecto del sonido sobre el cuerpo fue Pitágoras, quien investigó las reacciones que generaban ciertos acordes y armónicos sobre el organismo humano.

A partir de sus resultados elaboró ciertas secuencias sonoras que llevaban a las personas a cambiar su conducta y a sanar sus emociones. Con ellas logró inducir el sueño, contrarrestar el enojo y combatir los miedos de quienes les oían, entre otras cosas.

musica 1

Las Frecuencias de Solfeggio

El origen de la antigua Escala de Solfeggio puede rastrearse al Himno a San Juan el Bautista (Ut queant laxis). El himno tenía la particularidad de que cada oración comenzaba con la misma sílaba que la nota en la que se cantaba y por ésta resonancia matemática se creía que las frecuencias eran capaces de inspirar al hombre a ser más divino o a acercar al hombre con su “creador”.

Las frecuencias de Solfeggio componen la antigua escala musical de 6 tonos (Ut-Re-Mi-Fa-Sol-La), Ut luego pasó a llamarse Do, que se usaba para componer música sagrada, incluyendo los hermosos y bien conocidos Cantos Gregorianos.

cantar

Se cree que estos cantos y sus tonos especiales podían impartir Bendiciones espirituales cuando se cantaban en armonía. Cada tono de Solfeggio comprende una frecuencia que tiene el poder de equilibrar tu energía y de mantener tu cuerpo, mente y espíritu en perfecta armonía.

Pero los cantos y las frecuencias de los monjes Gregorianos fueron perdidas con el paso del tiempo y la humanidad parecía haberlas olvidado.

Hasta que apareció el Dr. Joseph Puleo, un médico naturópata y uno de los líderes mundiales en medicina herbárea, quien comenzó a investigar las frecuencias Solfeggio a mediados de los 70’s. Éste hombre nos acercó nuevamente a la creencia de que las vibraciones sonoras tenían un efecto importante sobre el comportamiento no sólo de nuestro cuerpo, sino también de nuestra mente y espíritu y abrió todo una nueva área en el campo de las terapias de sanación.

Las Terapias Sonoras en la Actualidad

musica portada 2

Hoy en día existen muchas teorías que avalan las propiedades medicinales de la música y el sonido. Ciertos estudios neurocientíficos que señalan los beneficios que la música aporta a nuestro cerebro y cuerpo, como por ejemplo reducir el estrés y fortalecer el sistema inmunológico.

Siendo que los líquidos son particularmente receptivos a las ondas sonoras y aproximadamente un 60% del cuerpo humano está compuesto por líquidos, el mundo científico ha incorporado la idea de que los sonidos pueden utilizarse como frecuencias vibratorias de curación.  De hecho, la frecuencia de 528 Hz es precisamente utilizada por genetistas hoy en día para reparar daños en el ADN humano.

terapia

Actualmente ya se están comenzando a establecer cada vez más centros de terapia de sanación sonora, donde se utilizan sonidos específicos pueden aliviar síntomas específicos del cuerpo o de la psique.

Escucha Las Frecuencias de Solfeggio y Otras Frecuencias Sanadoras

A continuación te presentamos una lista de frecuencias y sus posibles efectos sanadores:

174 – Hz Alivia el dolor físico y la falta de energía.

Este analgésico natural sirve para eliminar el dolor físico y la falta de energía. Ayuda al correcto funcionamiento de los órganos.

285Hz –  Ayuda a que las células y tejidos vuelvan a su estado original.

Influye sobre los campos energéticos para que manden la señal de reestructurar cualquier tejido u órgano dañado.

337Hz – Estabiliza la circulación sanguínea.

396Hz – Sirve para deshacerse del miedo y la culpa.

Es la primera nota de la escala de Solfeggio (Ut). Sirve para deshacerse del miedo y la culpa.

417 Hz – Se utiliza para liberarse del campo negativo

Es la segunda nota de la escala de Solfeggio (Re).

528Hz – Es considerada la frecuencia de transformación y milagros

Es la tercera nota de la escala de Solfeggio (Mi). Utilizada en la medicina para la reparación del ADN.

625Hz – Ayuda al funcionamiento del hígado.

639Hz – Es la frecuencia del amor y la unidad.

Es la cuarta nota de la escala de Solfeggio (Fa). Equilibra la capacidad de relacionarte con otros y fortalece el autoestima.

741Hz –  Es la frecuencia de la intuición y la iluminación.

Es la quinta nota de la escala de Solfeggio (Sol). En el plano físico limpia las células.

764Hz – Normaliza el sistema nervioso.

852Hz – Se utiliza para la visión y la conciencia espirituales.

Es la sexta y última nota de la escala de Solfeggio (La). Favorece la intuición.

963Hz – Activa la glándula pineal.

¡Escucha, disfruta y comparte con otros que se podrían beneficiar de los sonidos curativos!

 *Si lo desea, puede leer la publicación: “SOLO RESPIRA: un precioso cortometraje que ayuda a niños y adultos a manejar sus emociones

Los niños expresan nuestros conflictos

Una de las primeras preguntas que uno se hace cuando empieza a descubrir la Biodescodificación es ¿Qué pasa con las enfermedades o síntomas que padecen los niños? ¿también ellos tienen conflictos inconscientes? y la respuesta nunca es fácil… claro que tienen conflictos inconscientes, pero no de la misma forma que nosotros, son conflictos que nacen de sus necesidades no satisfechas que cuando son muy pequeños son necesidades tan básicas como comer, dormir y el afecto en forma de contacto físico y a medida que vamos creciendo las necesidades se van volviendo más complejas…

Cada vez tenemos más información respecto a lo que sienten y lo que viven los niños en cada edad, y  hay muchos autores que estan de acuerdo en el hecho de que a nivel emocional, la madre y el niño están totalmente conectados desde la concepción hasta que el niño tiene 7 años, incluso hay autores como Laura Gutman que sostienen que los niños hasta los 3 años experimentan una fusión emocional con la madre, comparten con ella todo su campo emocional, así el niño vive como suyas las emociones de la madre porque en este momento, todavía no puede distinguir entre unas y otras…

En Biodescodificación sabemos que existe un periodo al que llamamos Proyecto Sentido, que va desde la concepción hasta los 3 años, donde se graban multitud de programas que vamos a desarrollar a lo largo de nuestra vida se graban programas de si somos deseados o no desados, se graba toda la información de la situación de la pareja o de la familia en ese momento, todas las emociones de la madre, sus conflictos, sus dudas, se graban las situaciones sociales o históricas del lugar donde estamos, toda la información del embarazo, también información sobre como hemos llegado al mundo, como se ha recibido al bebé y todas y cada una de las experiencias propias del niño y de la madre durante este tiempo.

Hasta los siete años, los niños son una auténtica esponja emocional, porque como todavía no tienen el neocórtex totalmente desarrollado, son especialmente sensibles a las emociones, que son el lenguaje que les es propio y además las perciben de forma limpia, sin contaminación racional alguna.

Y así es como los niños, a través de las enfermedades y síntomas que padecen, nos están reflejando nuestros propios conflictos inconscientes, como el más amoroso de nuestros espejos: un niño que tiene a menudo dolor de barriga puede estar expresando una dificultad de la madre para digerir algo que le está ocurriendo, o un niño que se enferma de bronquitis o que tiene asma habitualmente está denunciando un ambiente tóxico en casa y dificultades de relación en su entorno más cercano o un niño con otitis frecuentes está expresando una irritación de la madre por escuchar algo que no quiere oír…

Dejando atrás la culpa, si queremos ayudar a nuestros hijos pequeños a que estén más sanos, si queremos evitarles sufrimiento, ocupémonos de nosotros mismos, tomemos conciencia de nuestras emociones, expresemos como nos sentimos, hablemos, busquemos ayuda… pero sobretodo no hagamos como que no pasa nada, porque ellos, los niños, perciben desde su inocencia muchísimo más de lo que nos parece y están dispuestos a mostrárnoslo incansablemente… así que acojamos la oportunidad que nos da la vida para crecer y hacernos cargo de nosotros mismos. Y sería fantástico aprovechar para expresarles como nos sentimos, para que ellos puedan distinguir lo que no es suyo y empezar a poner palabras a las emociones que están sintiendo…

A veces ocurre que trabajando con la mamá no encontramos nada relacionado con este malestar del niño… entonces es muy habitual que los niños estén expresando un conflicto del clan, de hecho siempre que un niño nace con una enfermedad congénita es algo que obviamente no es suyo, y va a ser muy útil hacer el estudio del árbol genealógico, para tratar de entender que está reparando este niño con esta enfermedad y así poder liberar al niño y al clan.

Todo lo que le ocurre al padre también va a influir al niño, pero de otra forma, de hecho el niño lo va a sentir pero a través de la madre y con las emociones de la madre, por lo que hemos dicho de la conexión… Es decir que si por ejemplo el papá se queda sin empleo y la mamá no se siente preocupada porque confía en que va a encontrar algo pronto, no le da importancia porque son cosas que pasan y piensa que de alguna forma van a salir de esta… aunque el padre se sienta muy frustrado o tenga miedo a la escasez o se sienta deprimido el niño no va a sentir estas emociones como si fueran suyas, y  en cambio si la mamá lo vive con angustia y sufrimiento, el niño va a vivir esa angustia como propia y puede que la exprese a través del cuerpo, que es la via más directa para que los niños expresen las emociones que no pueden comprender.

Así como la mamá va a ser el punto de referencia desde la concepción hasta los 7 años, el papá va a ser clave desde los 7 a los 14 años, época importante para incorporar aprendizajes que tienen que ver con los límites, las consecuencias de nuestras acciones en los demás, las normas, la autoridad, la sociabilidad… pero esto ya es otro tema porque a partir de los 7 años, el niño ya empieza a expresar sus propios conflictos y justamente la figura del padre a partir de esta edad ayuda a diluir esta fusión con la madre, permite que el niño sea más autónomo y que se empiece a regular por el mismo.

  • Autora: Mónica Calderón.- Psicóloga colegiada 13308 del COPC, Master en psicoterapia cognitivo social, acompañante en biodescodificación, practitioner PNL, experta en autoestima, facilitadora de grupos terapéuticos y de crecimiento personal, terapeuta y formadora en EMPO (escuela de psico-osteopatía orgánica) y escritora por placer. biodiana.com

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El rechazo es la herida emocional más profunda

Carta de Jorge Bucay a su hija Claudia

Antes de morir, hija mía, quisiera estar seguro de haberte enseñado…
A disfrutar del amor, a confiar en tus fuerzas, a enfrentar tus miedos, a entusiasmarte con la vida, a pedir ayuda cuando la necesites, a permitir que te ayuden cuando sufras, a tomar tus propias decisiones.

Quisiera estar seguro, hija mía, de haberte enseñado…
A decir o callar según tu conveniencia, a quedarte con el crédito por tus logros, a superar la adicción a ser aprobada por los demás, a no absorber las responsabilidades de todos.

Quisiera estar seguro, hija mía, que aprendiste…
A ser consciente de tus sentimientos, a no perseguir el aplauso sino tu satisfacción, a dar porque quieres y no porque crees que es tu obligación, a exigir que se te pague adecuadamente por tu trabajo.

Antes de morir, hija mía, quisiera saber…
Que aceptas tus limitaciones sin enojo, que no impones tu criterio ni permites que te impongan el de otros, que dices que solo cuando quieres y dices que NO sin culpa, que eres capaz de vivir en el presente, que aceptas el cambio y que revisas tus creencias, que llenas primero tu copa y solo después la de los demás.

Antes de morir, hija mía, quisiera estar seguro de haberte enseñado…
A planear tu futuro pero no a vivir en él, a valorar tu intuición, a celebrar la diferencia entre los sexos, a tratar y exigir ser tratada con respeto, a desarrollar relaciones más sanas y de apoyo mutuo donde la comprensión y el perdón sean prioritarios.

Antes de morir, hija mía, quisiera saber…
Que aprendiste a aceptarte como eres, que no miras atrás para ver quién te sigue, que eres capaz de crecer aprendiendo de los desencuentros y de los fracasos, que te permites reír a carcajadas por la calle sin ninguna razón.

Antes de morir, hija mía, quisiera estar seguro de haberte enseñado…
A no idolatrar a nadie, y a mí, que soy tu padre… menos que a nadie.

  • Autor: Jorge Bucay

*Si lo desea, puede leer la publicación: “GRATIS Reto de Mindfulness: 7 audios guiados y 4 vídeos explicativos

Ocúpate del reino del corazón y lo demás te llegará

Claudio Naranjo, médico y doctor en Educación

Tengo 79 años. Nací en Valparaíso (Chile) y vivo viajando. Soy psiquiatra. Estoy viudo y tuve un hijo que falleció. Ojalá los políticos hubiesen sido educados amorosamente. No creo en la competencia entre religiones. Soy divulgador del eneagrama, un mapa de la personalidad.

¿Qué es el eneagrama?

Una herramienta de autoconocimiento, la más completa.

¿En qué consiste?

Es un mapa de las nueve pasiones que conforman tu personalidad: te ayuda a conocerlas, y así identificar cuál de ellas te domina.

¿Cuáles son esas nueve pasiones?

Ira, orgullo, vanidad, envidia, avaricia, cobardía, gula, lujuria y pereza.

Suenan a los pecados capitales.

Los griegos ya enumeraron casi todas esas pasiones, llamadas luego pecados por el cristianismo, y que son a su vez los nueve eneatipos del eneagrama.

¿Y una de esas pasiones me domina?

Siempre hay una dominante sobre las demás: identifica cuál es la tuya, y así podrás trabajarte para equilibrarla con las demás.

¿Con qué fin?

Dejar de actuar reactivamente, con automatismos, como una máquina: ante cada situación serás capaz de actuar con conciencia.

¿Cuál es su pasión dominante?

La avaricia.

¿Sí?

He temido siempre quedarme sin nada: temeroso de la precariedad de mis recursos, me ha costado invertir en mis capacidades, he desconfiado de mí… Y eso me ha dejado en el filo del vivir, una vida por vivir.

¿No ha podido dominar esa avaricia?

Ya sí, pero ha sido difícil. Ya lo dijo Churchill: “El hombre se tropieza con la verdad… pero se levanta y sigue su camino.

¿De dónde proviene el eneagrama?

De un esoterismo cristiano de Asia Central, que divulgó por Europa una especie de Sócrates ruso de principios del siglo XX, Gurdjieff. Y de él lo aprendió Óscar Ichazo, que me lo enseñó en el desierto de Arica.

¿Cómo fue usted a parar al desierto?

Era 1970, y yo pasaba el peor momento de mi vida… Y me retiré durante seis meses.

¿Qué le había sucedido?

Mi segunda esposa tuvo un accidente de automóvil y murió mi hijo de once años.

Sobreponerse debió de ser duro…

Yo tenía 37 años y me tendía en su camita y pasaba horas y horas llorando. Un día entendí que era llanto por lo que no había podido quererle. Sentí su presencia y dejé de llorar.

¿Y qué aprendió en el desierto?

Yo era médico psiquiatra. Vi que la medicina farmacológica abordaba síntomas, pero no la raíz del problema del paciente: la dejé para ejercer como psicoterapeuta.

¿Es muy malo que mande una pasión?

Lo malo es que en ese caso tu vida será más pequeña, automatizada, dilapidarás energías pudiendo vivir más plenamente.

¿Qué automatismo le hizo ser médico?

A los seis años vi la luna llena y le pregunté a mi madre qué era eso. Me dijo que era un cuerpo celeste, como lo eran las estrellas, los planetas…, y me habló de la gravedad… y experimenté un intenso placer ante ese vislumbre de conocimiento… Y ya busqué repetir ese gozo, y eso me llevó a la ciencia.

Pero luego dejó la ciencia.

Cuando sentí que la filosofía y la psicología afrontaban mejor el dolor de la infelicidad.

¿Cuál ha sido su momento más feliz?

A los 20 años tuve una relación erótica con una conocida de 40 años, y sentí tanta alegría… ¡El mundo era bello! Sentí la alegría normal del vivir, y ahí fui consciente de que yo no había estado vivo hasta entonces.

¿Ha llegado a conocerse perfectamente a sí mismo?

En el centro de la cebolla, si vas quitando capas y capas, no hay semilla, ¡no hay nada!

¿Qué significa esto?

Que lo único que hay son los demás. Antes yo me recluía en mi torre de marfil, pero hoy veo los problemas del mundo…

¿Cuáles son?

Todos derivan de una estructura patriarcal profunda, de modo que todos se diluirían si educásemos a los niños de otra manera.

¿Cómo, exactamente?

Integrando intelecto, cuerpo, emociones y espíritu, para ser más amorosos, más libres: más sabios. Pero para eso es decisivo primero que eduquemos a los educadores.

¿Tenemos una educación no amorosa?

Demasiado intelectual, institucional, individualista, patriarcal y poco humanística. Nuestra sociedad sigue siendo machista y depredadora. Ya decía Cicerón: “Cada senador es sabio… pero el Senado es un idiota”.

¿Solución?

Integrar intelecto, amor e instinto, nuestros tres cerebros. Abrazarlos a los tres de verdad: por ahora, el intelecto ha eclipsado el amor y ha demonizado el instinto.

¿Debo dejarme llevar por mi instinto?

Si te arrastra, no eres libre: se trata de aliarte con tu instinto.

¿Qué pasión domina hoy al mundo?

La vanidad. Se expresa en la pulsión por el éxito económico, la supremacía tecnológica, la confusión entre valor y precio…

¿Hacia dónde se encamina el mundo?

Muchos son los llamados… pero muchos son también los sordos. Hay una pulsión de transformación cierta, pero pasa por encender la luz y ver en tu propia oscuridad.

Y si lograse encenderla, ¿qué veré?

Sabrás que todo es pulsátil, que todo late… Si buscas el yo, acabarás topándote con la ausencia de yo: lo transformador es sentir el Ser. Si eso sucede, tendrás días peores o mejores… pero recordarás el sabor del Ser.

¿Un consejo definitivo?

Ocúpate del reino del corazón, y el resto te llegará por añadidura.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “GRATIS Reto de Mindfulness: 7 audios guiados y 4 vídeos explicativos

El rechazo es la herida emocional más profunda

Hay heridas que no se ven pero que pueden arraigarse profundamente en nuestra alma y convivir con nosotros el resto de nuestros días.

Son las heridas emocionales, las huellas de los problemas vividos en la infancia y que determinan en ocasiones como será nuestra calidad de vida cuando seamos adultos.

Una de las heridas emocionales más profundas es la del rechazo porque quien la padece se siente rechazado en su interior, interpretando todo lo que sucede a su alrededor a través del filtro de su herida, sintiéndose rechazado en ocasiones aunque no lo sea.

Origen de la herida emocional del rechazo

Rechazar significa resistir, despreciar o denegar, lo que podemos traducir en “no querer” algo o a alguien.

Esta herida nace del rechazo de los padres hacia su hijo o en ocasiones, del sentirse rechazado por los progenitores, sin haber intención por parte de éstos.

Ante las primeras vivencias de rechazo se comenzará a crear una máscara para protegerse de este sentimiento tan desgarrador que va ligado a la infravaloración de uno mismo y que se caracteriza por una personalidad huidiza según las investigaciones llevadas a cabo por Lise Bourbeau. Así la primera reacción de la persona que se siente rechazada será huir por lo que no es raro que siendo niños se inventen un mundo imaginario.

En los casos de sobreprotección, más allá de la faceta superficial enmascarada de amor, el niño se percibirá como rechazado pues no es aceptado como es. El mensaje que le llega es que sus capacidades no son válidas y por eso tienen que protegerlo.

Cómo es la persona que tiene la herida del rechazo

A partir de las heridas emocionales sufridas en la infancia se conforma una parte de nuestra personalidad. Por ello, la persona que padece la herida del rechazo se caracteriza por infravalorarse y buscar la perfección a toda costa. Esta situación la llevará a una búsqueda constante del reconocimiento de los otros que le costará saciar.

Según Lisa Bourbeau, será con el progenitor del mismo sexo con el que más presente se hará esta herida y ante el que la búsqueda de amor y reconocimiento será más intensa, siendo muy sensible a cualquier comentario que proceda de él.

Las palabras “nada”, “inexistente” o “desaparecer” formarán parte su vocabulario habitual, confirmando la creencia y sensación del rechazo que tiene tan impregnada. De este modo, es normal que prefiera la soledad porque si recibe mucha atención habrá más posibilidades de ser despreciada. Si tiene que compartir experiencias con más gente, intentará pasar de puntillas, bajo el caparazón que se contruye, apenas sin hablar y si lo hace, tan solo será para infundirse valor a si misma.

Además, vive en una ambivalencia constante porque cuando es elegida no se lo cree y se rechaza a sí misma e incluso llega a sabotear la situación y cuando no lo es, se siente rechazada por los demás. Con el paso del tiempo, la persona que padece la herida del rechazo y no la sana, puede volverse rencorosa y llegar al odio, fruto del intenso sufrimiento vivido.

A mayor profundidad de la herida del rechazo, mayor probabilidad hay de ser rechazada o rechazar a los demás. 

Sanar la herida emocional de rechazo

El origen de cualquier herida emocional proviene de la incapacidad de perdonar aquello que nos hacemos o nos hacen los demás.

Cuanto más profunda sea la herida del rechazo, mayor será el rechazo hacia si mismo o hacia los demás, el cual puede ocultarse tras la vergüenza. Además, habrá mayor tendencia a la huida, pero ésta tan solo es una máscara para protegerse del sufrimiento generado por esta herida.

La herida del rechazo se sana prestando especial atención a la autoestima, comenzando a valorarse y reconocerse por si mismo sin necesitar la aprobación de los demás. Para ello:

  • Un paso fundamental es aceptar la herida como parte de uno mismo para poder liberar todos los sentimientos atrapados. Si negamos la presencia de nuestro sufrimiento no podremos trabajar para sanarlo.

  • Una vez aceptada, el siguiente paso sería perdonar para liberarse del pasado. En primer lugar a nosotros mismos por el trato que nos damos y en segundo lugar a los demás, porque las personas que nos han herido probablemente también padezcan algún profundo dolor o una experiencia hiriente.

  • Comenzar a cuidarse con amor y priorizarse. Prestarnos atención y darnos el amor y el valor que merecemos es una necesidad emocional imprescindible para seguir creciendo.

Aunque no podemos borrar el sufrimiento vivido en el pasado, siempre podemos aliviar nuestras heridas y ayudar a que cicatricen para que su dolor desaparezca o al menos se alivie. Porque de acuerdo con lo que dijo Nelson Mandela de alguna manera somos capitanes de nuestra alma.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El Proyecto Sentido de nuestra vida, diferentes tipos de partos e hijos