Agotamiento psicológico, cuando la gota colma el vaso

El agotamiento psicológico nos debilita física y mentalmente. Es una dimensión que surge como resultado de los “demasiados”: demasiadas decisiones, demasiados pensamientos intrusivos, demasiado trabajo, obligaciones, interrupciones, ansiedades… A su vez, es también el reflejo de muchos “pocos”: poco tiempo de calidad para uno mismo, pocas horas de sueño, poca calma interior…

Todos hemos experimentado alguna vez esta sensación, este desgaste a todos los niveles. Es importante tener en cuenta que un cerebro fatigado, agotado psicológicamente, trabaja y responde a los estímulos de otro modo. Así, y como dato curioso, el neurocientífico Matthew Walker pudo demostrar a nivel de laboratorio que las personas mentalmente cansadas tienen una percepción más negativa de su realidad y además, son mucho más sensibles a nivel emocional.

A veces simplemente te cansas, te quedas agotado y sin fuerzas en ese rincón solitario del desánimo donde todo pierde su razón de ser, su brillo, su espontaneidad…

Por otro lado, un aspecto que a veces nos lleva a errores es llegar a pensar que ese agotamiento psicológico se debe, en esencia, a una acumulación fatídica de errores, de malas decisiones, fracasos o decepciones. No es cierto. La mayor parte de las veces el cansancio es el resultado directo de un volumen desmesurado de tareas y actividades que asumimos sin percibir que nos superan.

Todos hemos oído aquello de que la percepción de nuestra realidad depende a veces de cómo vemos el vaso, si medio lleno o medio vacío. Sin embargo, y en relación al presente tema, podríamos formular la pregunta de otro modo: y tú… ¿cuánta cantidad de agua podrías soportar si tuvieras esa taza en la mano? A veces, basta solo una gota más para colmar el vaso y llegar al límite de nuestras fuerzas.

Agotamiento psicológico, un problema demasiado común

Carlos se siente satisfecho con su vida, de hecho, no podría pedir más. Es diseñador gráfico, le gusta su trabajo, tiene una pareja a la que adora y además acaba de ser padre. Todo lo que le rodea es satisfactorio, no hay ningún problema importante en su vida; sin embargo, cada día nota que le cuesta más tomar decisiones, su humor es más taciturno, no puede concentrarse e incluso tiene problemas para conciliar el sueño.

Se siente incapaz de entender qué le ocurre. Todo va bien, de hecho debería sentirse más feliz que nunca; sin embargo, en su mente hay una especie de sensor que le indica que “algo falla, que algo va mal”. Si tuviéramos un observador externo en esta historia nos podría explicar varias cosas que le servirían de ayuda a nuestro protagonista.

Una de ellas es que Carlos tiene la sensación de que están ocurriendo demasiadas cosas a la vez en su vida: un ascenso, nuevos proyectos profesionales y clientes a los que satisfacer, un hijo, una hipoteca, la consolidación de una etapa personal donde desea (se exige) que todo sea “perfecto”… Todo ello da forma a una constelación donde “muchos pocos” hacen un “demasiado” en su cabeza, poniendo en peligro su capacidad de control. Su agotamiento mental es evidente, además de desgastante. Veamos a continuación cómo impacta en nosotros la fatiga mental.

Signos y consecuencias del agotamiento psicológico

  • Fatiga física y pérdida de energía. La sensación de agotamiento llega a veces a tal nivel que es común levantarnos por la mañana teniendo la firme convicción de que no vamos a poder con nuestra jornada.

  • Insomnio. Al principio es común sufrir súbitos despertares por la noche, pero más tarde podemos experimentar serias dificultades para conciliar el sueño.

  • Pérdidas de memoria. Según un artículo publicado en la revista “The Journal of Forensic Psychiatry & Psychology”, el agotamiento psicológico suele producir una alteración cognitiva llamada “efecto de desinformación”. Es ese donde confundimos datos, donde evocamos la información de forma incorrecta, mezclando imágenes, personas, situaciones

  • Entre los síntomas físicos es común experimentar palpitaciones, problemas digestivos, cefaleas, pérdida del hambre o un aumento excesivo del apetito…

  • A nivel emocional es muy característico el sentirnos más sensibles, a la vez que apáticos, irritables y pesimistas.

  • Asimismo, otra característica común es la anhedonia, es decir, incapacidad de sentir placer, de disfrutar de las cosas tanto como antes, ya no nos ilusionamos, la vida se vuelve más gris y el mundo se queda suspendido en un horizonte lejano donde solo escuchamos su rumor desde la distancia…

“El sueño es un buen colchón para el cansancio” -Juan Rulfo-

Cómo afrontar el agotamiento psicológico

Decía Eric Hoffer que el peor cansancio llega por el trabajo no realizado. Es una gran verdad. En ocasiones el auténtico agotamiento se conforma por todo aquello que queremos hacer y no hacemos. Por todos esos objetivos cotidianos que nos proponemos y que nos sobrepasan, a los que no llegamos, los que quedan frustrados porque nuestro nivel de exigencia es muy alto o las presiones del entorno, desmesuradas.

Al final sucede, la gota colma el vaso y el vaso ya pesa en exceso. Es entonces cuando todo se nos va de las manos. Así, lo que deberíamos hacer en estos casos y antes de nada, es tomar conciencia de lo que nos está sucediendo. El agotamiento psicológico está ahí y debemos evitar que la “criatura” se haga más grande, más oscura y opresiva. Reflexionemos por tanto en las siguientes dimensiones, en esos pasos que deberíamos poner en práctica después.

3 permisos que debes darte para escampar las nubes de la fatiga mental

  • Date permiso para reencontrarte. Puede parecer irónico, pero el agotamiento psicológico tiende a aprisionarnos en las capas de las preocupaciones, las auto-exigencias, presiones, deberes y ansiedades hasta el punto de olvidarnos de nosotros mismos. Date permiso para reencontrarte y para ello, nada mejor que disfrutar de una hora al día donde reducir al máximo todo estímulo (fuera sonidos, fuera luces artificiales…). Hallemos un entorno tranquilo donde limitarnos a “ser y a estar”.

  • Date permiso para priorizar. Este es sin duda un punto esencial. Recuerda qué es prioritario para ti, qué es lo que te identifica, lo que amas, lo que hace feliz. Lo demás será secundario y no merecerá semejante inversión emocional y personal por tu parte.

  • Date permiso para ser menos exigente. El día tiene 24 horas y la vida, lo queramos o no, tiene una cuota limitada. Aprendamos a ser realistas, a aprovechar el tiempo sin ponernos presiones, listones altos o el deseo de que todo sea perfecto. A veces, basta con que todo sea igual que ayer, con su equilibrio humilde y tranquilo.

Para concluir, sabemos que nuestra realidad es cada vez más demandante, que a veces queremos llegar a todos y a todo; sin embargo, no está de más recordar una idea. Estamos hechos de piel, de carne, de corazón y tendones psicológicos que deben nutrirse también de tiempo de calidad, de descanso, calma y ocio. Aprendamos a priorizarnos, a cuidarnos como merecemos….

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Mindfulness” o cómo equilibrar cuerpo y mente

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¡Los tiempos cambian! Hospitales y terapias naturales van de la mano

El Hospital Sant Rafael de Barcelona ha creado una Unidad de Terapias Naturales que ayuda a los pacientes con tratamientos eficaces. Y no es el único.

Las terapias naturales se consideran a menudo como complementarias, puesto que, cuando la salud se resiente, no es necesario elegir drásticamente entre uno y otro tipo de medicina. Lo más apropiado –y menos angustioso para el paciente– es tomar lo mejor de cada una y optar por una medicina integrativa, más holística y personalizada.

Ante esta incuestionable evidencia, cada vez más hospitales públicos y privados ofrecen a sus pacientes la posibilidad de recibir –paralelamente a sus tratamientos convencionales– unas terapias menos agresivas, especialmente solicitadas en enfermedades crónicas, en pacientes oncológicos y en el tratamiento del dolor.

La tendencia es tan abrumadora que incluso centros de atención primaria como el CAP Can Bou de Castelldefels no han dudado en sumar servicios de acupuntura, osteopatía y yoga.

Los hospitales se abren a las terapias naturales e implican a los pacientes

Conscientes de que las terapias naturales dan más autonomía a las personas porque enseñan recursos para prevenir y para vivir más saludablemente, el Hospital Sant Rafael (Barcelona) ha creado recientemente una Unidad de Terapias Naturales, dirigida por las doctoras Ana Aleson y Montserrat González.

Su objetivo es ampliar el abanico de terapias en el marco de la medicina con menor iatrogenia, es decir, con menos efectos secundarios. Y con herramientas accesibles a los pacientes para que puedan aplicarlas en su día a día, incluso en sus casas (envolturas, baños de pies, arcilla…).

Dentro de la dinámica de un gran hospital, esta unidad “ofrece un servicio de calidad centrado en la aplicación de estímulos naturales que activan la capacidad de curación del organismo”, según las doctoras Aleson y González.

“Entre estos estímulos tenemos alimentos saludables, plantas medicinales, agua, etc., con los que se busca promover una mejora integral de la persona. Es un servicio de prevención y de sanación que se basa en los principios de la medicina natural”, continúan.

Mejorar la alimentación es mejorar la salud

Cada vez hay más enfermedades relacionadas con una mala alimentación, muy pobre en los nutritientes necesarios para afrontar el día a día.

En la consulta de Alimentación Natural del Sant Rafael se reconduce al paciente hacia hábitos saludables, con consumo de productos frescos, locales, de temporada y sin sustancias químicas tóxicas.

En ocasiones indican dietas depurativas o adaptadas a la edad, las intolerancias o la enfermedad del paciente.

Con la ayuda de la fitoterapia

La larga experiencia de las doctoras les permite emplear eficazmente las plantas medicinales. Son unas herramientas poderosas y por ello deben ser prescritas por profesionales que conozcan bien sus propiedades e interacciones con medicamentos.

El agua también cura

Han recuperado también técnicas sencillas de hidroterapia que permiten a los pacientes sacar el máximo beneficio de las propiedades del agua.

Aún existen más terapias valiosas en el hospital

Con la terapia del orden se recupera el reloj biológico que nos mantiene en equilibro y que el estrés descontrola con facilidad. El “cupping” activa puntos energéticos mediante ventosas.

Cupping

La terapia refleja estimula puntos locales que repercuten sobre un órgano o tejido más alejado. Y la terapia neural se usa en tratamientos contra el dolor.

“También ofrecemos recursos a enfermos crónicos polimedicados, a personas con intolerancias medicamentosas (hepatopatías, alergias…) o con dolor, con el fin de mejorar en lo posible su calidad de vida”, explican las responsables médicas de esta novedosa unidad terapéutica.

Otros hospitales que apuestan por las terapias naturales

Hospitales San Roque (Gran Canaria) 
En su Unidad de Medicina Integrativa prescriben yoga, nutrición, acupuntura o masaje.

Hospital Puerta de Hierro (Madrid)
En la Unidad de Oncología se facilita que los pacientes que lo deseen reciban reiki (imposición energética de manos).

Consorcio Sanitario de Terrassa
Cuenta con una Unidad Integrativa para oncología donde se ofrece acupuntura y terapias bioenergéticas.

Hospital Virgen de las Nieves de Granada
Este hospital público cuenta con tres salas de tratamiento con acupuntura para los pacientes que no responden a fármacos.

*Si lo desea, puede leer la publicación: Beneficios del Reiki como terapia para enfermedades “crónicas” 

“Mindfulness” o cómo equilibrar cuerpo y mente

Este método consiste en fijar la atención en la respiración y en las emociones para alcanzar un estado de relajación y autocontrol. Esta práctica, que debe ser asumida como un hábito, está cada vez más extendida y aporta beneficios en el plano físico y psíquico.

Sentarse y respirar de forma pausada y profunda, enfocando toda la atención en este sencillo acto. El simple hecho de respirar calmadamente y dirigir voluntariamente este recurso, llamado atención, actúa como una señal para que el sistema nervioso interprete que no hay amenazas acechando, con lo que rápidamente sale de la simpatía (la respuesta de lucha o huida) y entra en parasimpatía (respuesta de relajación o modo de crecimiento psicobiológico)”. De esta forma Jorge Benito, cofundador y director de Mindful Science, explica en qué consiste este método, “que cada vez más profesionales del sector clínico los recomiendan”, afirma.

Para notar sus beneficios y que éstos se mantengan, esta práctica debe realizarse a diario y contemplarse como un hábito.

Según este experto, el mindfulness es una práctica mente-cuerpo, que aporta beneficios a nivel fisiológico y cognitivo. “Esta práctica restaura el equilibrio nervioso y crea un estado de coherencia cruzada entre el cerebro y el corazón. Esto propicia que los órganos puedan dedicar tiempo y energía a procesos como la digestión, la autocuración y la regeneración celular, mientras que el cerebro, al no sentirse amenazado, estresado y ansioso, libera una amplia gama de recursos cognitivos, tales como la planificación cognitiva compleja, la resolución de problemas y la toma de decisiones, utilizando la corteza prefrontal, nuestra evolución cerebral más reciente. Además, el mindfulness reduce los procesos de inflamación, precursora de multitud de enfermedades”.

Diversas técnicas

Hay diversas técnicas que pueden emplearse en una sesión de mindfulness y que se fundamentan en ejercicios de meditación, aporta Amparo Pérez Das, secretaria adjunta de la Asociación Española de Mindfulness y Compasión. Así, menciona tres técnicas: la meditación focal o basada en anclajes, en la que “la atención se centra en un evento que sucede en el presente (nuestras sensaciones físicas –respiración y todo lo que percibimos con los sentidos– y los contenidos de la propia mente); la conciencia sin elección o campo abierto, “que se basa en observar todos los contenidos mentales sin focalizarlo en uno concreto, con la pretensión de no reaccionar ante ellos y no intervenir para aprender a no ser tan reactivos y modular las respuestas ante los estímulos y situaciones”, y la última es el desarrollo de prácticas generativas, que consiste en activar determinados estados mentales como la bondad, la alegría, la compasión y la ecuanimidad”.

Sobre la respiración, Benito especifica que es fundamental “hacerlo pausadamente, poniendo toda la atención en el aire fresco que entra y el cálido que sale”. Y añade:“Solemos respirar a un ritmo medio de doce ciclos por minuto y esta respiración acelerada es una clara señal de amenaza para el sistema nervioso. Reducir este ritmo respiratorio a cinco ciclos por minuto propicia que el sistema nervioso regrese a la parasimpatía, así que este primer paso es fundamental”.

Tiempo mínimo recomendado

El cofundador de Mindful Science comenta que “con sólo tres minutos de práctica, el cuerpo ya activa la parasimpatía, pero se recomienda un mínimo de diez”. No obstante, destaca que no importa tanto la duración de la sesión como la continuidad. “Los ensayos clínicos apuntan a que ocho semanas es el tiempo ideal para conseguir los beneficios; ahora bien, si dejamos de practicar, volvemos a donde estábamos”. Tanto Pérez Das como Benito coinciden en señalar que el mindfulness es un estilo de vida y hay que enfocarlo como un hábito. Asimismo, Pérez Das advierte de que no se puede recurrir a esta práctica como “la solución a un problema puntual sino que es una filosofía de vida y un entrenamiento de fondo de la mente”. También subraya que no se se puede calificar “como terapia, aunque tenga efectos terapéuticos y no sustituye a ningún tratamiento médico, psiquiátrico o psicológico, por ello no se puede vender como una solución milagrosa”.

Ambos expertos defienden que existen muchos estudios que avalan la eficacia del mindfulness y mencionan referentes internacionales como Herbert Benson, fundador del Benson-Henry Institute for Mind-Body Medicine, adherido al Hospital General de Massachussets, y Sara Lazar y David Creswell, de la Universidad Carnegie Mellon, en Pensilvania”. Asimismo, Benito adelanta que desde su centro están desarrollando una tecnología de biofeedback que codifica y analiza diversas señales fisiológicas derivadas de la práctica de mindfulness.

El cuerpo nos informa claramente de nuestras emociones

Para Quim Vincent, osteópata y psiconeuroinmunólogo, un síntoma no debería ser nuestro enemigo, sino un aliado que avisa de que algo no funciona bien. Por eso es importante escuchar al cuerpo y estar atentos a lo que nos dice. 

Escuchar al cuerpo es primordial para Quim Vicent, acostumbrado como osteópata a escuchar a sus pacientes con las manos. “Cuanto menos escuchemos a nuestro cuerpo, cuanto más rápido ignoremos la orden de parar, más graves serán las consecuencias y más difícil la reparación”, advierte.

Ahora acaba de publicar “Aprende a escuchar tu cuerpo” (RBA Libros, sello Integral). Su lectura, amena y asequible para todos los públicos, ayuda a prestar más atención a los mensajes que nos manda nuestro cuerpo. También enseña a entender mejor por qué padecemos algunas enfermedades o disfunciones.

Quim Vicent o el arte de escuchar al cuerpo

Quim Vicent es osteópata, neuropsicoinmunólogo y posturólogo, además de director de la clínica de medicina integrativa Arvila Magna.

Desde la perspectiva de la medicina integrativa y la escucha activa del cuerpo, nos da pautas de cómo identificar, prevenir y aliviar los síntomas que afectan a nuestro bienestar.

¿No sabemos escuchar a nuestro cuerpo?
–No sabemos escuchar… en general. Todos vamos con ideas preconcebidas.

Por necesidades económicas, materiales, etc. vivimos de una forma que se escapa mucho de la forma biológica en la que deberíamos vivir, muy alejada de una forma de vivir natural y esto conlleva muchísimo estrés.

¿De qué hablamos cuando hablamos de estrés?
–Cuando decimos estrés–que a veces parece una excusa médica–, nos referimos a lo que sucede cuando nos levantamos a las 7h de la mañana, para vestir a nuestros hijos y llegar al colegio y al despacho, revisar los mails… y todas las preocupaciones que se nos acumulan.

Con el estrés continuado se produce un cambio bioquímico. Esto significa, por ejemplo, que vas a fabricar menos jugo gástrico en el estómago. A partir de ahí, la vitamina B12 igual no la podrás absorber y, si no la absorbes, una fase del hígado, la metilación, no se produce, y esto hará que tengas más estrés y ansiedad.

Esta es una reacción entre miles, pero hablamos de una respuesta integral.

¿Y cómo analizas tú esas respuestas en la consulta?
–Los pacientes necesitan ser escuchados, pero no solamente ser escuchados, necesitan saber que son entendidos. Hay una escucha primera que es con los oídos y otra que es a través de las manos.

La primera visita no debería durar menos de una hora, hay que conocer la historia de vida de la persona: eso es fundamental. Después, su cuerpo nos hablará. Hay que escuchar su cuerpo a través de nuestras manos. También nos dice muchísimas cosas cómo es su postura, la mirada…

Creo que nos perdemos una gran oportunidad, si no estamos atentos y sin juicios. Parece fácil, pero no lo es tanto.

“La atención es algo que no deberíamos perder en nada de lo que hacemos. Cada vez que nos lavamos las manos, por ejemplo ¿estamos pendientes del agua que cae… de esta sensación o de lo que hay que hacer 3 minutos después?”

En el libro hablas de que la poca atención que prestamos a la respiración…
–¿Somos conscientes de cómo respiramos? ¿Tomamos conciencia de cómo lo hacemos? Muchas veces es solo un mínimo recorrido, cuando la respiración tendría que ser amplia.

Cada hora del día, habría que hacer una pausa para realizar una respiración profunda y tomar conciencia de ella. Simplemente con eso, nuestra vida podría cambiar. Aunque sea complicado el día a día que tenemos en las ciudades, hay que buscar tiempo para salir a la naturaleza y respirar bien.

En otro momento dices que “cuando aparece el dolor de espalda hay que preguntarse también sobre la propia vida”. ¿Asumimos sufrir dolores de espalda como normal?
–Tener una lumbalgia parece que sea normal. Pero no, no debería doler la espalda. Cada cosa tiene su significado.

Como terapeutas no podemos decir que todo es emoción, eso sería muy fácil. Todo el mundo tiene una mochila emocional, pero hay que preguntarse: ‘”¿es mi emoción la que predomina?” Si la emoción predomina –esa pregunta debemos averiguarla como profesionales–, es la causa que hay que tratar.

Hay que abrir esa puerta y hacer reflexionar al paciente sobre qué le tiene atrapado, por qué su energía cada vez es menor, por qué le pesa… El cuerpo nos informa claramente de nuestras emociones. También la forma de los dientes: si están superpuestos, la forma, la distancia de los dientes

Insistes en la importancia de la boca en las patologías…
–Antes de dedicarme a la medicina integradora, cuando acabé mis estudios de osteopatía, conocí al Doctor Michel Stephan, que hablaba de la importancia de la boca en todas las patologías. La osteopatía no es más que un estudio de la integridad del cuerpo.

Michel Stephan me dijo que lo más importante es conocer el origen de cualquier disfunción y dónde la boca puede tener algo que ver. He visto a muchos pacientes con hernias discales cuyo digestivo funcionaba mal, pacientes cuyas menstruaciones tampoco estaban reguladas, con muchos focos de infección en la boca…

Por eso, ese gran puzzle que llamamos cuerpo humano es, en el fondo simple, una coherencia clara.

“Actuamos como si el síntoma fuera el peligro. Pero el síntoma es un aviso que nos da el cuerpo sobre una disfunción.”

Háblanos de la relación entre la hernia discal y alimentación.
–En muchas hernias discales, simplemente rehabilitando el intestino, la sintomatología discal desaparece…

Primero, hay que mirar la gravedad, si la hernia de disco está afectando al canal medular o no. Siempre que no sea una urgencia médica, se estudia la posición. Si estamos muy cerrados, eso conlleva una tensión a nivel del digestivo, tenemos más ansiedad, problemas para digerir las proteínas…

Pero no podemos afirmar que la hernia discal venga por esto solo. Ha habido un conjunto de cosas, sean digestivas, estructurales… que han llevado a esta hernia. La medicina integrativa pone en orden todos estos conceptos…

Yo, en casos de hernia discal, intento modificar los hábitos alimentarios y busco interferencias en la boca, la salud intestinal y la parte postural.

¿Cuál es tu relación con la medicina tradicional?
–Por suerte, cada vez más traumatólogos entienden las intervenciones de la columna como la última opción y recomiendan visitar a un osteópata experto.

Es un sistema donde deberíamos complementarnos. Mi clínica está llena de médicos. Somos un equipo. Unos sin otros no funcionamos. Somos defensores de un trabajo multidisciplinar, todo forma parte de un estilo de vida, una filosofía de tratamiento.

A la consulta vienen hasta niños que me derivan pediatras, en procesos de ortodoncia, para acompañamiento postural…

Como especialista en neonatología, ¿cómo tendría que ser el momento del parto?
–En otros países hay un osteópata en la sala de partos, es una figura obligatoria. Es cierto que los partos instrumentados han salvado muchas vidas, pero los fórceps que tiran de la cabeza al niño pueden conllevar unas tensiones a nivel del cráneo que a veces derivan en consecuencias posteriores. Unas veces son inmediatas, pero a veces no: futuras escoliosis, problemas digestivos…

Otro tema son la cesáreas. Una cosa es que sea necesaria, pero por el hecho de que nuestro ginecólogo ese día no nos pueda atender, programar una, es otra película… Con la cesárea, al no pasar por el canal vaginal de la madre, el bebé tendrá falta de 2 bífidobacterias importantes: el lactobacilus y el bifidobacterium. Son importantísimos para el sistema inmunitario del bebé. Si carecen de ellas, estos niños muy probablemente tendrán muchas infecciones: otitis, bronquitis, etc.

Y si un niño es separado de la madre en el momento de nacer, porque ha necesitado ir a una incubadora, etc. tiene también un vacío emocional.  Es un proceso a seguir, puede afectar, más o menos, pero vale la pena tenerlo en cuenta para poder revisarlo.

¿Todo el mundo debería pasar por la consulta de un osteópata?
–Tenemos poca información: desde la forma de comer, la forma de pensar de vivir, de cuidar nuestro cuerpo. Y cuando carecemos de información, muchas veces no hacemos ciertos actos.

“Yo sé que cuando se me enciende la luz de alerta del coche, tengo que llevarlo al mecánico, no tapar la luz. ¿Por qué, entonces, cuando me duele la lumbar, voy dejándolo pasar?”

Yo creo que nos queremos poco. En el ser humano hay un egoísmo que es necesario con la salud. Hay que estar bien para poder dar amor a los demás, una medicina básica en nuestros días…

Así que ¿hay que ir a un osteópata? No lo sé, pero hay que cuidar la salud. Si uno dice, “yo voy a hacer una escapada a la montaña”, para mí ya es una forma de osteopatía, un contacto con la naturaleza. O a quien le guste meditar, o hacer un ayuno… Dedicarnos a nosotros mismos.

¿Qué recomendaciones serían básicas?
–No tengo recetas mágicas, porque cada persona es diferente. Depende del estilo de vida. Me interesan las prioridades de cada paciente… Porque en una persona obsesiva –que hay muchas–, si lo transportamos al mundo bioquímico, igual lo es porque no está metilando bien… No le puedo exigir que haga o no ciertas cosas, porque le va a costar mucho.

Otras personas no van a hacer un cambio alimentario radical, porque sabes que les vas a provocar más estrés que beneficio. No les voy a dar una pauta alimentaria igual que al paciente anterior… Igual les recomiendo hacer una respiración.

“Si conseguimos pequeñas motivaciones que provoquen grandes cambios, el paciente se va a motivar cada vez más. Si le pongo tareas muy difíciles, se va a desmotivar y no va a ver ningún cambio.”

Hay que adaptarse y entender muy bien al paciente que tienes delante. A veces, haciendo el camino más fácil es cuando llegas a la mejor resolución. Quizá esa sea la parte más difícil, ver qué podemos hacer con pequeñas dosis para que haya un cambio en su salud.

*Les recomiendo especialmente la Conferencia del Doctor Francisco Moya “La armonía de las emociones”

Logre que casi todo le importe un pimiento

No se trata de ser indiferente a todo. Pero en la vida hay que decidir qué guerras merece la pena librar para despreocuparnos de lo demás.

Cuando entramos en conflicto con alguien o con el mundo en general, consumimos buena parte de nuestra energía con enfados, pensamientos negativos, réplicas y contrarréplicas. Ser reactivos, además de agotarnos, nos coloca siempre en desventaja, ya que entonces no decidimos nuestras acciones: vamos a remolque de los acontecimientos, tratando de defendernos y justificarnos, buscando que los demás corrijan su actitud, se disculpen o hagan aquello que nosotros haríamos en su lugar. Algo que nunca se producirá, ya que nadie está en el lugar de nadie.

Contra todo este sufrimiento mental innecesario, el bloguero Mark Manson nos formula la siguiente pregunta: “¿Y si lográramos que todo nos importara un pimiento?”. Este tejano, de 33 años, empezó escribiendo para sí mismo artículos que reflejaban su visión de la vida. La conclusión a la que llegaba es que prácticamente nada de lo que nos preocupa merece la atención que le dedicamos. Podemos resumir su filosofía en estos cinco puntos:

-Los marrones, decepciones y pequeñas catástrofes estarán siempre presentes en nuestro día a día. Forman parte de la existencia. Acéptelo.

-La felicidad reside en que no te importen demasiado. Es decir, cuanto menos te afecten mentalmente los conflictos cotidianos, más libre y satisfecho estarás.

-Ponerse siempre a prueba e intentar demostrar a los demás lo fuerte que somos nos conduce a la infelicidad.

-Dado que vivir consiste en resolver problemas, seleccione al menos los que merezcan la pena.

-El enfrentamiento es necesario. Hay cosas en nuestra vida que necesitan romperse para luego recomponerse y ser mejores.

El blog de este millennial desenfadado y a menudo irreverente empezó a cosechar millones de seguidores. Al final Manson acabó publicando el best seller titulado El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda (editorial HarpersCollins). La clave del libro es el adverbio “casi”: a menos que una persona esté hundida en una apatía depresiva, es imposible que todo lo que le suceda le resulte igual. En sus propias palabras: “Aquí tenemos una verdad escurridiza sobre la vida.

No existe eso de que todo nos importe una mierda. Algo debe importarte (…) La pregunta entonces es: ¿qué debe importarme? ¿Cómo seleccionamos? ¿Y cómo puede importarnos una mierda lo que, a fin de cuentas, no importa?”.

Las decepciones, los marrones y pequeñas catástrofes forman parte de la existencia. Acéptelo

A lo largo de una sola jornada interactuamos con mucha gente, se producen roces y malentendidos, pero depende de cada persona separar el grano de la paja, ya que nuestro espacio mental es limitado. Si nos dejamos arrastrar por asuntos secundarios, estaremos perdiendo un tiempo y energía preciosos para lo que sí es relevante. Lo que es verdaderamente prioritario solo lo puede saber el propio individuo, pero sí podemos identificar muchos distractores que nos absorben las fuerzas y que no merecen el tiempo que les dedicamos. Por ejemplo:

—La opinión de los demás: no podemos influir en la forma en la que nos ven los otros y, en el fondo, tampoco importa una m***** (como diría Manson). Lo que sí tiene valor es la opinión que tengamos de nosotros mismos.

—Las afrentas y calamidades: el daño que hayamos sufrido por parte de terceros no debería ocupar nuestro espacio mental, más allá de la decisión de tomar distancia. Hay que dejar ir lo que no aporta novedad ni valor a nuestra vida.

—Los pronósticos: la ansiedad que nos produce pensar sobre el futuro nos amarga la existencia. Como dice el poema de Constantino Cavafis Esperando a los bárbaros, mientras se teme la llegada de todos los males, nadie hace lo que tiene que hacer. ¿Y si dejamos de inventar excusas y nos ponemos a trabajar en lo que sí depende de nosotros? Terminaremos respondiendo a la segunda pregunta de Manson: ¿Y cómo puede importarnos una mierda lo que, a fin de cuentas, no importa? Pues siendo consciente de que hay que saber tirar de la cadena, desactivar las cuestiones accesorias. El psicoterapeuta estadounidense Richard Carlson nos plantea una pregunta que nos puede ayudar: “¿Tendrá esto trascendencia dentro de un año?”. Si la respuesta es negativa, es una tontería dedicarle un minuto más.

La clave del bienestar es dejar de sentirse víctima de los acontecimientos para decidir, momento a momento, lo que queremos que sean los elementos relevantes de nuestra vida. 

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Terapias Neurocientíficas: el bienestar está en tu cerebro” 

Somatizaciones: cómo escuchar cuerpo y mente

Distintas dolencias son el resultado de cómo nuestro cuerpo reacciona al malestar cotidiano.

Hubo una época en la que todo mi cuerpo gritaba de dolor, todas mis articulaciones, músculos, tendones, vísceras… todo me dolía a rabiar. No había una sola zona que no se quejara; esta fibromialgia llegó a tal nivel que incluso al levantarme tenía que aguantarme en la pared porque mis rodillas no me sostenían en pie debido a tanto dolor y debilidad…, por suerte y debido a todo un proceso de crecimiento personal, de cambiar creencias y soltar situaciones vitales negativas para mí, esa fase forma parte del pasado y es un mero recuerdo.

Siempre he tenido una gran facilidad para sentir en el cuerpo aquello que me sucede, tanto lo bueno, como lo malo o estresante, de somatizar los eventos que me acontecen. Lo malo en forma de contracturas, dolores de cabeza, lumbalgias, problemas digestivos… y lo bueno en una mayor capacidad respiratoria, expansión, relax y bienestar… (D. Saphiro 2002).

La relación entre el cuerpo, la mente y las emociones

Actualmente está universalmente aceptada la relación existente entre el cuerpo, la mente y las emociones. En el cuerpo se incrustan los mensajes de nuestro mundo emocional, somatizamos lo que sentimos (Jung 1935, W.Reich 1949, Baker 1967, Lowen 1974). De hecho, existen numerosas investigaciones que ponen de manifiesto la relación que existe entre las situaciones estresantes y su vinculación con los estados psicológicos negativos, y su consecuente influencia en la respuesta inmunológica y propioceptiva (Dr. Levine 1997, 2010).

La palabra psico-somático se refiere a que la Psique, la mente, afecta al Soma, al cuerpo; es decir, que la tensión mental influye en el estado de los tejidos corporales, de los músculos, de los órganos, de la piel, del tejido fascial… generando dolor, inflamación, lesiones, enfermedades…

Hablar de enfermedades psicosomáticas NO significa que lo que se esté padeciendo no sea real, ni que sea inventado, de hecho, las experiencias vitales generan una tensión tal que, con el tiempo, acaban causando dolor físico o lesiones orgánicas: úlceras de estómago, acidez, dolores de cabeza, lumbalgias, alteraciones intestinales, alteraciones de piel, fibromialgia… (Tobón, Vinaccia y Sandín 2004; Dra.Maiteikova 2011).

Todas ellas lesiones que deben ser debidamente atendidas y tratadas, pero además se vuelve necesario intervenir psicológicamente, para que esa tensión, ese estrés no siga afectando o dañando al cuerpo, ni desencadene una enfermedad.

¿Cómo sucede esto? ¿Por qué la tensión se va al cuerpo?

De bebés, antes de ser capaces de verbalizar lo que nos sucede, antes de ser capaces de dominar el lenguaje, utilizamos todo el cuerpo para expresar el dolor, la rabia, la angustia y también la alegría, la sorpresa, el miedo… Las madres (y padres) hacen una lectura de esas emociones y enmarcan con palabras lo que le ocurre a su bebé. La somatización es la primera forma de comunicación que aparece en el principio de nuestras vidas.

Como las emociones todavía no pueden ser elaboradas psíquicamente, son trasladadas al cuerpo en forma de llanto, alteraciones en la respiración y en el ritmo cardíaco, convulsiones, inquietud… El lenguaje irá poniendo límites a esa angustia y construirá nuestro psiquismo, enriqueciendo nuestro repertorio emocional básico.

¿Cómo podemos dejar de somatizar?

Ser flexibles ante los cambios y los imprevistos, implica cierto nivel de creatividad, de adaptación y de aceptación. Ser conscientes de que no podemos controlarlo todo nos permite sobreponernos y afrontar con mayor fortaleza y entereza los reveses de la vida sin generar esa lucha interna que termina en dolores y molestias físicas.

Puesto que se manifiesta en el cuerpo aquello que no podemos asumir, es necesario poner palabras a todas aquellas emociones que vamos sintiendo, todas aquellas experiencias que vamos viviendo.

Escuchar a nuestro cuerpo es fundamental para comprender cómo nos afectan las situaciones que vivimos, lo que sentimos y cómo recolocarnos frente a ellas.

En los años ‘60, el psicoerapeuta y Dr. en Psicología y Filosofía por la universidad de Chicago Eugene Gendling, discípulo de Carl Rogers, investigó cuál era el motivo que explicaba el éxito de una terapia, y encontró que aquellas personas que se detenían a observar y explicaban desde una sensación interna lo que sentían físicamente ante una situación o una indicación, eran los que conseguían cambios significativos en terapia y conseguían adaptarse adecuadamente a los imprevistos de la vida.

A esta sensación interna Gendling la denominó “sensación sentida” (felt sense) y se trata de una sensación holística, difusa y vaga, que se siente generalmente en la zona del estómago, garganta o incluso en todo el cuerpo, con ciertos componentes emocionales, que, al prestarle atención nos permite aclarar lo que nos ocurre ante un hecho, evento o posibilidad.

Esta técnica, denominada “Focusing”, es eficaz para reducir el estrés, tomar decisiones, o incluso como una forma de conseguir cambios conductuales saludables, sintiendo lo que se es capaz de asumir en cada momento, lo cual nos permitirá un mayor grado de compromiso con nosotros mismos…

“El cambio ocurre cuando podemos sentir más en nuestros cuerpos de lo que podemos solamente entender por medio del conocimiento racional.”

*Les recomiendo especialmente la Conferencia del Doctor Francisco Moya “La armonía de las emociones”

El cerebro te protege de tus recuerdos traumáticos

El novelista norteamericano Richard Matheson insinuó una vez que “el nacimiento implica el trauma de la incomprensión”. ¿Querría decir este hombre que el mero hecho de nacer ya implica el primero de nuestros recuerdos traumáticos?

Sea como fuere, tú, al igual que yo, no recuerdas el momento de tu nacimiento. Algo normal, de la misma forma que no te acuerdas de tus primeros años de vida. Sin embargo, seguro que hay otros episodios que, por el hecho de ser traumáticos, tampoco aparecen como accesibles en tu memoria. Son de ellos de los que vamos a hablar.

Experiencias y recuerdos traumáticos

Las experiencias vividas, especialmente durante la niñez, influyen poderosamente en nuestro desarrollo. En el caso de las vivencias negativas, el impacto puede ser tremendo. Muchos de estas experiencias, una vez pasan a ser episodios vividos y recuerdos, podrán permanecer en nuestra mente con una intensidad enorme. Es decir, la huella emocional que dejan es muy poderosa.

Episodios de abusos emocionales o físicos por parte de personas cercanas, por ejemplo, dejan poderosas secuelas psicológicas. En ese caso, el cerebro muchas veces tiende a “sentirse culpable”, y precisamente parece que es ese mecanismo el que también se encarga de protegernos de los recuerdos más traumáticos.

Bloqueando recuerdos

La Psicóloga clínica Lidia García Asensi establece un curioso paralelismo entre un cerebro y un ordenador. Es decir, nuestro cerebro actuaría procesando información en forma de carpetas, que son organizadas y almacenadas. Sin embargo, si llega un recuerdo que sobrepasa su capacidad, se guarda en forma de experiencia vivida en una red de memoria distinta de la habitual.

¿Qué quiere decir la psicóloga con este paralelismo? Que ante los recuerdos traumáticos que nuestro cerebro es incapaz o no quiere procesar, porque han sido capaces de alterarnos a un elevado nivel fisiológico y emocional, son aislados y apartados para que no generen emociones demasiado intensas y difícilmente soportables.

En este sentido, sabemos que las experiencias muy dañinas y traumáticas son capaces de alterar el equilibrio químico del cerebro. Se producen cuando un suceso es de difícil manejo y no somos capaces de comprenderlo, por lo tanto, su aceptación y procesado es altamente complejo.

¿Es positivo este bloqueo?

Podemos considerar que este bloqueo cerebral tiene una parte positiva, ya que nos protege de traumas y experiencias complicadas. Sin embargo, tenemos que apuntar que no siempre es así, especialmente a largo plazo, puesto que “apartar” no es olvidar por completo ni impedir que una experiencia nos influya. Hablamos de un hecho real sin procesar, es decir, un episodio importante al que no le hemos dado sentido y al que no hemos integrado de una manera positiva y coherente en nuestra biografía particular.

O sea, que es posible que posteriormente se presente un “estímulo disparador” en forma de nueva situación o experiencia que provoque que ese recuerdo vuelva a la luz. Se produce de forma inconsciente, pero cualquier pequeñez, por insignificante que parezca, podría reactivarlo y hacernos sentir como en el momento del trauma.

Es cierto que la mayor parte de recuerdos acaban por olvidarse. Sin embargo, los referentes a experiencias demasiado intensas jamás se olvidan, solo permanecen apartados y sin procesar, como dormidos, anestesiados. Esto provoca que, al no estar contextualizados y enfrentados, si vuelven a aparecer, el daño pueda ser muy grande ya que pueden hacer que nos sintamos a la vez muy mal y terriblemente desorientados.

Pros y contras de la protección cerebral ante los recuerdos traumáticos

Como hemos visto, esta protección automática de nuestro cerebro nos puede ayudar o perjudicar. Tiene sus pros y sus contras, aunque siempre será mejor hacer frente a un hecho traumático y superarlo. Sin embargo, no es posible si no se recuerda, como es lógico.

Por un lado, el cerebro nos libera del sufrimiento que supone ese recuerdo traumático. Así, las consecuencias incómodas quedarán de alguna manera amortiguadas en nuestro día a día.

“Una vez que el trauma está bajo control, el miedo es de poca utilidad y disminuye” -Martin Seligman- 

No obstante, podría haber momentos en que una persona sienta cierto malestar sin saber a qué obedezca. Puede ser que haya algún recuerdo oculto que el cerebro ha escondido, pero sigue influyendo en nuestro estado emocional. 

No es para nada sencillo detectar este tipo de traumas, ya que muchos están muy bien escondidos, disociados y hasta bloqueados. Pero es básico trabajar en las experiencias pasadas, ya que, de lo contrario, podríamos sentirnos inundados por emociones de las que desconocemos el origen, y por lo tanto, muy complicadas de regular.

*Nota de edición: lo expuesto en este artículo responde a un modelo de funcionamiento de la memoria que se adapta bien a muchos casos; sin embargo, es necesaria más investigación para descartar otras hipótesis paralelas -que intentan explicar también estos fenómenos-.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Mindfulness” o cómo equilibrar cuerpo y mente.

Los 4 dones de las personas altamente sensibles (PAS)

Cuando uno se ve en minoría frente a la gran mayoría, la primera sensación es sentir desventaja y miedo. ¿Por qué percibo las cosas de un modo diferente? ¿Por qué sufro más que el resto? ¿Por qué encuentro alivio en mi propia soledad? ¿Por qué observo y siento cosas que los demás suelen pasar por alto? Quizás formes parte de las personas altamente sensibles (PAS).

Ser parte de eso 20% de la población que se reconoce a sí misma como una persona altamente sensible (PAS) no es una desventaja, ni te etiqueta como “diferente”. Es muy posible que a lo largo de tu vida, y en especial durante tu infancia, fueras muy consciente de esa distancia emocional, y de como en ocasiones, tenías la sensación de vivir en una especie de burbuja de extrañeza y soledad.

La alta sensibilidad es un don, una herramienta que te permite poder profundizar y empatizar más con las cosas. Pocas personas tienen la capacidad de llegar a este punto de aprendizaje vital.

Fue Elaine N. Aron quien a principios de los 90, ahondando en la personalidad introvertida, detalló con minuciosidad los rasgos de una nueva dimensión no descrita hasta entonces, y que reflejaba una realidad social: la de las personas altamente sensibles, reflexivas, empáticas y a la vez, reactivas emocionalmente.

Si es tu caso, si te sientes identificado/a con esos rasgos que la Doctora Aron nos dejó en su libro “The Highly Sensitive Person”, es importante que te convenzas también de que la alta sensibilidad no es un motivo para sentirte extraño o diferente. Al contrario, debes sentirte afortunado por contar con estos 4 dones.

1. El don del conocimiento emocional

Ya desde la infancia, el niño con alta sensibilidad va a percibir aspectos en su día a día que le van a ofrecer una mezcla de angustia, contradicción y fascinante curiosidad. Sus ojos captarán aspectos que ni los adultos tienen en cuenta.

Esa mueca de frustración en sus maestros, la expresión de preocupación en su madre Serán capaces de percibir cosas que otros niños no ven, y ello, les enseñará desde muy pequeños que la vida es a veces difícil y contradictoria. Verán el mundo con la mirada de niño que se abre tempranamente al mundo de las emociones sin saber aún que las guía, que las hace vibrar o qué afila el sufrimiento adulto.

Niño caminando con un gato y un globo cerca de la luna

El conocimiento de las emociones es una arma de callado poder. Nos acerca más a las personas para entenderlas, pero a su vez, también nos hace más vulnerables al dolor.

La sensibilidad es como una luz que resplandece, pero a su vez, nos hace más vulnerables al comportamiento de los demás, a las mentiras piadosas, a los desengaños, a las ironías… ¡Es que todo te lo coges a la tremenda! te dirán a menudo, ¡Es que eres muy sensible! te comentarán otros. Y así es, pero eres lo que eres. Un don exige una alta responsabilidad, tu conocimiento sobre las emociones te exige también saber protegerte. Saber cuidarte.

2. El don de disfrutar de la soledad

Las personas altamente sensibles encuentran cierto placer en sus instantes de soledad. Son rincones que buscan con anhelo para llevar a cabo sus tareas, sus aficiones. Son personas creativas que disfrutan de la música, de la lectura Y aunque ello no quita de que disfruten también de la compañía de otros, es en soledad cuando más satisfacción encuentran.

Mujer sujetando una jaula mientras libera sus pájaros

Las personas altamente sensibles no temen a la soledad. Son esos instantes en que pueden conectar más íntimamente con ellos mismos, con sus pensamientos, libres de apegos, lazos y miradas ajenas.

3. El don de una existencia desde el corazón

Mujer con violín y los brazos abiertos

A la hora de hablar de las personas altamente sensibles, se les asocia a menudo al sufrimiento. A su tendencia a las depresiones, a la tristeza, a sentirse vulnerables frente a los estímulos externos, frente al comportamiento de la gente. No obstante, hay algo que el resto no sabe: pocas emociones se viven con tanta intensidad como el amar y ser amado

Y no hablamos solo de relaciones afectivas, la amistad, el cariño cotidiano, o el sencillo acto de experimentar la belleza de un cuadro, de un paisaje o de una melodía, es para las personas altamente sensibles una vivencia intensa. Enraizada en el propio corazón.

La alta sensibilidad es vivir desde el corazón. Nadie vive más intensamente el amor, nadie se deleita más con los pequeños gestos cotidianos, con la amistad, con el cariño…

4. El don del crecimiento interior

La alta sensibilidad no se cura. Uno viene al mundo con ello, con esa particularidad, con ese don que ya se puede ver claramente desde que un niño es bien pequeño. Sus preguntas, su intuición, su tendencia perfeccionista, su umbral al dolor físico, sus molestias ante luces o olores fuertes, su vulnerabilidad emocional…

No es fácil vivir con este don. No obstante, una vez uno reconoce lo que es y lo que nos puede aportar, llega el momento en que debemos aprender a gestionar muchos de esos detalles. No debes dejar que las emociones negativas te desborden en ciertos momentos.

Mujer volando entre estrellas

Debes aprender también que los demás, van a otro ritmo, que no tienen tu umbral emocional. Que no vivirán ciertas cosas con tu misma intensidad, no obstante, ello no significa, por ejemplo, que te quieran menos. Respétalos, entiéndelos. Entiéndete a ti.

Una vez hayas descubierto tu propio ser y tus facultades, encuentra tu equilibrio y fomenta tu crecimiento personal. Eres único y vives desde el corazón. Anda en paz, anda en seguridad, y sé feliz.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Mindfulness” o cómo equilibrar cuerpo y mente.

¿Pueden trabajar juntas la medicina convencional y la natural?

¿Son el yoga, el ayuno o la meditación métodos eficaces para curar? El médico berlinés asegura que sí y nos explica por qué.

Frente a las expresiones de escepticismo de la mayoría, el médico Andreas Michaelsen, internista y cardiólogo, asegura que la medicina natural es una ciencia. Él toma la tensión, pide análisis o aconseja una cirugía. Pero, al mismo tiempo, no duda en prescribir hidroterapia, acupuntura o yoga. “Por supuesto, no niego la eficacia de la medicina convencional. De hecho, los diagnósticos debe hacerlos esta medicina, pero el problema es que no sabe curar las dolencias crónicas, porque no trata a los pacientes como un todo”Colaborar: esta es la palabra que este médico repite constantemente cuando se refiere a ambas disciplinas.

Michaelsen ejerce en el Hospital Universitario La Charité de Berlin, donde es, además, profesor de Naturopatía Clínica y colabora con otros médicos a la hora de definir el tratamiento de un paciente. “Al principio, también en Alemania hubo un gran rechazo a las medicinas naturales. Hoy hay 50.000 naturópatas ejerciendo de forma oficial y la naturopatía está reconocida por la Seguridad Social y la mayoría de los seguros médicos”, asegura.

Hidroterapia, ejercicio físico, yoga, acupuntura, ayurveda, ayuno o meditación son las vías que, según Michaelsen, sirven para reequilibrar mente y cuerpo. Su libro “Curar con la fuerza de la naturaleza” (Planeta) es un best-seller en Alemania. En él repasa todos los métodos de la medicina natural y expone por qué tienen una base científica. Le preguntamos por las claves de estos tratamientos… y las dudas que provocan.

Usted es médico. Es sorprendente que diga que la naturopatía es una ciencia. ¿En que se basa para afirmarlo?

Además de sustentarse en la experiencia, hay investigaciones y datos que lo confirman, pero no se toman en consideración. Para los médicos es difícil de aceptar, porque es más sencillo prescribir fármacos. Eso está muy bien, yo también prescribo esos tratamientos, pero recomiendo además cambiar la alimentación o combatir el estrés. Para hacerlo, hay que dedicar más tiempo a cada paciente.

El problema es que hay muchos charlatanes, muy peligrosos. ¿Cómo nos podemos defender de ellos?

Yo recomendaría, como en mi país, Alemania, o en Estados Unidos, que la naturopatía vuelva a las universidades y se creen cátedras, y que así entre en los hospitales para colaborar con la medicina convencional. Y, luego hay dos reglas para reconocer a un charlatán: cuando promete curar todo y cuando cobra cada vez más caros sus tratamientos.

¿Por qué la gente busca cada vez más las medicinas alternativas?

Porque la medicina convencional ha llegado a sus límites. Tiene mucho éxito en las dolencias de urgencia, como un infarto o una operación por un cáncer, pero la gente padece cada vez más enfermedades crónicas y la medicina convencional no sabe cómo enfrentarse a ellas. Ahí es donde la naturopatía tiene su espacio.

“La medicina convencional ha llegado a sus límites, no sabe enfrentarse a dolencias crónicas”

¿Y por qué hay cada vez más enfermedades crónicas?

Nuestros genes son muy viejos, se modifican cada 100.000 años. Y nuestra vida ha cambiado de forma radical en los últimos 500. No vivimos como quieren nuestros genes.

¿En qué consiste el sistema mente-cuerpo del que habla en su libro?

Sabemos que, a través del cerebro, podemos sanar el cuerpo. La meditación es eficaz en muchas enfermedades. Eso es a lo que llamo conexión mente-cuerpo. El ser humano es un sistema complejo, por eso es un error tratarlo de forma fragmentada. Tanto la medicina natural como la convencional deben trabajar unidas. Por ejemplo, en el caso de los dolores de espalda, la ortopedia junto al yoga funcionan mejor que la cirugía.

Usted también critica modas como la intolerancia al gluten autodiagnosticada…

Sí, muchas personas leen algo y ya piensan que son alérgicos. Y la industria fabrica productos supuestamente contra esas alergias y la gente los consume. Hay un efecto placebo claro y mucho marketing.

Todas las técnicas que usa la naturopatía se asientan sobre la idea de que hay que adaptarnos al ritmo de las estaciones y las horas de descanso. Concibe al paciente como un todo y la curación como una recuperación del equilibrio entre cuerpo y la mente.

Técnicas de naturopatía

  • Hidroterapia: Según la naturopatía, mejora la depresión y activa el sistema inmune. Cada mañana, después de tomar una ducha caliente, hay que aplicarse un chorro de agua fría por todo el cuerpo, y luego uno caliente.

  • Ayuno: Esta disciplina afirma que es beneficioso contra las infecciones y la fiebre. Lo mejor es hacerlo parcial, con dos comidas vegetarianas (por la mañana y por la noche). Y el completo una vez al año.

  • Yoga: Junto a la atención plena (mindfulness), el yoga mejora el estrés y proporciona energía a nuestro organismo.

  • Ayurveda: Viene del indio y significa vida (ayur) y saber (veda). Cura usando más de 1.000 hierbas y especias. Según la naturopatía, es eficaz para tratar el reuma y la artrosis.

  • Meditación: Como el yoga, facilita el equilibrio mente-cuerpo. Lo ideal es meditar a diario unos 30 minutos.

Fuente: Elena Castelló mujerhoy.com

*Si lo desea, puede leer la publicación: Terapias Neurocientíficas: “El bienestar está en tu cerebro”

10 Consejos para aprender a decir “NO” sin sentirte culpable

¿Qué induce a la gente a decir que sí? ¿Por qué es tan difícil decir que no?

  • Halago. La gente que quiere que les des un sí intentará convencerte para que aceptes su petición mediante halagos. Los halagos no son malos en sí, pero debes saber ver cuándo estos halagos son interesados y cuándo no.

  • Presión. En muchas ocasiones dices que sí porque te sientes presionado por compañeros de trabajos, amigos o familiares. No es fácil decir que no ante una intimidación. Por eso es tan importante ser asertivo y guardar la calma sin precipitarte en la decisión que tomes y, sobre todo, que esta decisión sea una decisión tomada libremente.

  • Queja. La queja es un recurso muy utilizado por las personas para que accedas a decir que sí a sus peticiones. Ten cuidado cuando, después de una queja, la persona te pide que hagas algo por ella. Hay que ser consciente de la queja y de su sinceridad y gravedad. Una buena manera de lidiar con la queja de alguien es ser empático, es decir, escuchar al otro sin necesidad de darle una respuesta.

  • Culpa. Seguramente el sentimiento de culpa es una de las razones más potentes por las que la gente dice sí cuando quería decir que no.

¿Por qué a la gente le cuesta tanto decir que no?

Lo cierto es que no existe una única respuesta. Aquí van cuatro posibles razones:

Estas cuatro razones seguramente sean las cuatro razones más poderosas por las que a la gente le cuesta tanto decir que no. Pero saber decir que no es necesario para forjar también tu propia identidad frente a los demás. Para construir esta fuerte identidad que te permitirá decir que no en determinadas situaciones, aquí tienes algunas pautas que te serán de utilidad y que puedes llevar a la práctica en el momento en que debas tomar una decisión:

1. Sé asertivo. La asertividad consiste en encontrar el equilibrio entre la agresividad y la pasividad. Siendo asertivo se consigue ser rotundo cuando se toma una decisión como la de decir que no a otra persona.

2. Se empático, no simpático. No hay que confundir la empatía con la simpatía. Mientras que la empatía se centra en escuchar al otro, la simpatía tiende a responder al otro. Y con frecuencia esa respuesta tiende a ser que sí porque al querer ser simpáticos lo que se tiende es que obtener la aprobación del otro.

3. Acepta que no puedes con todo. Si no eres capaz de decir que no, puede que llegue un punto en que acabes viviendo la vida que han elegido los demás en lugar de la tuya. Lo que sucede es que decir que sí a todo provoca que tu vida pase a un segundo plano, es decir, dediques buena parte de tu tiempo a satisfacer los deseos y las necesidades de los demás poniéndote a ti en segundo lugar. De lo que se trata es de establecer prioridades y ser consciente de que la ayuda que quieras dar sea una decisión propia y tomada libremente. Se puede ser solidario y cooperador sin necesidad de decir que sí a todo el mundo.

4. Sé rotundo sin ser agresivo. Tan importante es decir que no como la manera en que dices que no. De lo que se trata es de decir que no de una forma clara, calmada y nada agresiva. Hay que decir no una vez y solamente no.

5. Evita usar la expresión “es que” después de un no. Es importante que seas breves a la hora de responder que no a una petición. Para decir que no basta con un simple no. Me explico. En ocasiones, al sentirte culpable por decir que no, después de decir no a una petición introduces la expresión “es que”. Por ejemplo: No, es que no tengo tiempo. Cuando introduces la expresión “es que” lo único que haces es mostrar inseguridad y tu No pierde toda la fuerza que que tenía al principio.

6. Entrena el NO. Si sabes de antemano que te cuesta decir que no, entonces es necesario que practiques por tu cuenta y te entrenes para decir no a las personas. Basta con que te pongas frente a un espejo y repitas frases como: Lo siento, no lo haré. De lo que se trata es de que visualices posibles situaciones en las que sabes que la gente te preguntará algo que sabes que la respuesta debe ser no.

7. No tengas miedo. Una decisión nunca debería tener ningún tipo de coacción. Pero bien sabes que la coacción, directa o indirecta, está presente en muchas de las peticiones que te hacen. La gente acostumbra decir que sí porque tiene miedo a perder su trabajo, a perder amigos, a perder el favoritismo de un padre o una madre frente a sus hermanos… Decir que sí por miedo es ir perdiendo paulatinamente tu autoconfianza y tu autoestima. Saber decir que no es, de alguna forma, aprender a renunciar a algo y esa renuncia siempre irá acompañada de incertidumbre, una incertidumbre que debes evitar que se transforme en miedo.

8. Mantén un lenguaje corporal firme. No sólo hay que saber decir que no de palabra. También es importante saber decir que no con tu lenguaje corporal. ¿Cómo hacerlo? Aquí van algunas pautas:

  • Mira a los ojos de la persona a la que le dices que no.

  • Mantén los brazos y las manos firmes.

  • No juegues con pendientes, collares, relojes, pulseras…

  • No cruces tus brazos sobre el pecho.

9. Discúlpate sólo lo necesario. No es malo disculparte tras decir que no, pero esta disculpa debe estar proporciona a la negativa que ababas de dar. Se puede dar una disculpa sin dejar de ser asertivo. De lo que se trata es de que la disculpa no sea desmesurada porque esto lo que hace es debilitar el no que has dado. Aquí van algunos ejemplos de disculpas moderadas.

  • Lamentablemente la respuesta es no.

  • Siento tener que decir que no a tu propuesta.

10. Procura que el no sea un no cerrado, sin opciones. Me explico. Si ya es difícil decir que no una vez a alguien, imagínate tener que decirlo varias veces. Esto sucede cuando el no que das es un no abierto, es decir, un no que deja una puerta abierta a un posible sí más adelante. Pueden darse casos en que un no abierto sea necesario y quiero dejar claro no es algo que vea como negativo. Lo que quiero darte a entender es que cuando la decisión de tu no es firme, debe ser una opción cerrada para ti y para quien recibe tu no. Aquí te dejo algunas respuestas que dejan un no abierto.

  • Creo que no.

  • Me parece que no.

  • Seguramente no.

  • De momento no.

  • No, pero…

Saber decir que no. A modo de conclusión.

Saber decir que no sin que te sientas culpable es una forma inmejorable de reafirmar tu propio yo y tu autoestima. Diciendo que no al otro estás demostrando que tienes personalidad y criterio. Y todo ello sin sentirte culpable por la decisión que has tomado. Acabaré con una cita que me ha gustado mucho a cerca de la importancia no sólo de decir que no, sino también de saber decir que sí. Es una cita de Adam Grant que reza así:

Decir que NO te libera para poder decir que sí cuando más importa.

*Si lo desea, puede leer el artículo: “No mendigues la atención de nadie y mucho menos amor