Carta de una mujer al Cuerpo que la contiene

Querido cuerpo:

¡Gracias!

Gracias por contenerme desde el momento en que decidí venir a esta gran aventura, porque sin ti nada de esto hubiera sido posible.

No recuerdo si te elegí, eso dicen, pero lo cierto es que no importa demasiado porque, desde el minuto uno, fuiste el continente perfecto, sin rendirte al acto traumático de abandonar el que entonces era tu medio natural, luchando desde el primer momento por la vida, para permitirme ser, estar, para gritarle a la vida: ¡Estoy lista!

Gracias por hacer tu parte de forma silenciosa, por encargarte de mantenerlo todo a punto, sin darte importancia, como si nada. 

Gracias por hacerme respirar aún en los momentos en que no había ganas, por realizar ese proceso alquímico de convertir lo que respiro, lo que como, lo que bebo en combustible para vivir.

Gracias por tus avisos, por tu dolor cuando erraba en forma de síntoma físico, por tu palpitar deprisa cuando me encontraba de frente con el amor, por tu sed cuando olvidaba hidratarme.

No siempre tuvimos una relación fácil (la ingratitud de la juventud, supongo). Y es que esos ojos que funcionaban tan bien (gracias también por ello), te miraban sin verte.

Perdona a mi joven ego por pensar que nunca eras demasiado perfecto. Que podría ser más bella, más delgada, más lisa… Perdona por sentir que no eras merecedor de las caricias. Perdona por culparte de no recibir un amor cuando ni yo misma me amaba. Perdón por esconderte y maltratarte, por los excesos, por los maquillajes…

Y mientras tanto, tú seguías sin fallarme, funcionando a pleno rendimiento, estirándote para dar cabida a la mujer que se estaba formando, preparándote por si, en mi libre albedrío, decidía prestarte para albergar otro cuerpo que un día contuviera otro ser.

Y a veces también te odiaba por ello, cada 28 días, pero tú seguías sin rendirte, seguías siendo igual de eficaz, seguías conteniéndome y permitiéndome vivir. ¡Gracias de nuevo!

Y con el tiempo descubrí que el problema no eras tú, sino yo.

Que era yo la que no estaba cumpliendo con mi misión, que tú eras perfecto y que era en otro lugar donde debía buscar el motivo de mi insatisfacción. Que castigarte, juzgarte, encerrarte no era sino la proyección de lo que estaba haciendo con mi alma, con mi esencia.
Que la ceguera, la ingratitud de estar viva, de tener la capacidad de amar y ser amada, de tocar y ser tocada, de maravillarme con las diferencias y de ser la diferencia, me estaba haciendo equivocarme. Que no estaba mirando en la dirección adecuada con esos ojos que tan bien veían.

Y hoy, que tan gastados funcionan menos bien, he aprendido a mirar, me he reconciliado con lo que soy. Y puedo verte mejor. Y ya no estás tan terso. Y ya muestras alguna cana. Y aparecen en ti las huellas de la vida, las marcas de cuando ambos contuvimos otra vida, las marcas de cuando decidía someterte a rigurosas dietas para acabar atiborrándote de alimentos que en poco ayudaban para tu buen funcionamiento, y que aún así tú conseguías procesar. Y ya no me parecen feas, y ya no me parecen desmerecedoras de amor; todo lo contrario.

Ahora te amo y me amo, amo el tándem que constituimos. Y sé que no es tarde. Sé que nuestra reconciliación es para siempre.

Empiezo a poner consciencia en ti: En la parte interna, en cada órgano que trabaja para que cada día pueda disfrutar de la vida, para que pueda crear mi vida. En la piel, no importa cuan bronceada esté, ni cuan lisa, ni cuan luminosa, porque sigue permitiéndome sentir las caricias, el sol, el viento, el calor y el frío; porque sigue siendo vehículo del amor. En mis sentidos, que me permiten deleitarme con aromas, saborear todo aquello que tú convertirás en combustible, dejarme llevar por la música o por el sonido del mar, ver la belleza que se esconde detrás de todo lo que me rodea, incluso detrás de mis propios ojos cuando miran la imagen en el espejo. En mis manos que me permiten escribirte, ganarme el sustento, acariciar a los que amo, acariciarme a mí. En mis piernas que me llevan, que me sustentan que me anclan a la tierra.

Y en esta consciencia no cabe otra cosa que la gratitud, la disculpa por los años de maltrato, el compromiso de cuidarte como tú lo llevas haciendo tantos años, más allá de la forma.

Se abre una nueva etapa, porque juntos en Amor, la vida se nos ofrece y la vamos a saborear.

  • Desconozco a la autora
  • Fuente: Reconexión Ancestral (Facebook)

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Cartas de drenaje para soltar emociones

Eres bella cuando te muestras imperfecta

Te vistes con ropa bonita y a la moda, te peinas, haces dieta para adelgazar, utilizas cremas para disimular tus imperfecciones, tacones para parecer más alta, maquillaje para resaltar tu belleza. Pero lo realmente bello es lo que hay debajo de todo eso, eres tú, en tu infinita imperfección y belleza de mujer. Eres bella cuando te muestras imperfecta.

¿Quién decide lo que es bello? Nadie puede imponerte lo que significa la belleza, si eres bella o no, por eso debes apreciar quién eres y que esa belleza que tienes la reflejes en todos los aspectos de tu vida, de tu existencia.

La perfección es agotadora

Si pensamos en todas las operaciones de cirugía estética, todos los tratamientos para no envejecer, parece que rechazamos la vejez, lo roto, lo imperfecto. La sociedad de consumo actual, de mujeres altas, delgadas, perfectas, ha dejado atrás otros valores, la esencia de lo femenino, de la belleza de una mujer real.

Agota pensar todo el tiempo en cómo estar guapa, cómo satisfacer ese ideal de belleza que se nos impone desde pequeñas, que vemos en la televisión, en las revistas… Intentamos alcanzar un ideal que es imposible, que no es realidad, que nos impide ver lo bellas que ya somos.

La belleza y la fuerza de la imperfección

Los japoneses reparan la cerámica rota con un adhesivo fuerte y polvo de oro, de esa forma ensalzan la imperfección en lugar de tratar de esconderla. Se piensa que cuando algo sufre un daño y se rompe, tiene una historia que contar, que lo hace más bello. Ese arte tradicional se denomina Kintsugi.

Si trasladamos esa idea a lo humano, deberíamos aprender a apreciar lo imperfecto, lo envejecido, con toda su sabiduría y con toda su fuerza. Deberíamos aprender a aceptarnos tal y como somos, sin tratar de impedir el paso del tiempo, que nos hace bellos, sabios y fuertes.

Muestra tu fragilidad

Se considera que una persona perfecta no tiene derecho a llorar, a fracasar, a tener un cuerpo que no cumple los cánones de belleza, a mostrarse vulnerable, a tener miedo. ¿Qué clase de felicidad puede sentir una persona así? Es fundamental aprender a mostrar nuestra fragilidad. Lo que nos hace sentir frágiles es lo que nos puede acercar a los demás.

Podremos sentir miedo a mostrar nuestra vulnerabilidad, pero si no lo hacemos, no seremos nosotros mimos, no aprenderemos a mostrarnos tal y como somos. Pueden hacernos daño, pero es un riesgo que deberemos asumir para poder vivir de acuerdo a nuestra identidad.

La belleza imperfecta

Poco a poco empieza a abrirse camino la idea de que lo bello no es una modelo muy delgada y muy joven, lo bello es lo real, lo imperfecto, lo que deja ver el paso del tiempo. Se intenta hacer prevalecer valores como la autoestima, el sentirse bien y el ser diferente.

Pero es complicado hacer cambiar lo que se entiende por belleza, sobre todo porque la belleza es subjetiva, para cada uno de nosotros significa una cosa diferente. La belleza es imperfecta, es natural, no se tapa ni intenta ser lo que no es, no oculta los signos del envejecimiento, sino que aprecia su sabiduría y su historia y las muestra al mundo.

MUESTRA TU IMPERFECCIÓN Y APRENDE A SER BELLA

Por eso, tu belleza se ve cuando te muestras tal cual eres, cuando tu naturalidad sale a la luz, cuando no te escondes, cuando lloras y ríes, cuando tienes miedo y lo demuestras, cuando te sientes vulnerable y dejas que los demás lo vean, cuando te arriesgas a amar y a abrir tu corazón, cuando eres bella.

¿Hay algo más bonito que mostrarnos tal y como somos? Nos enseñan a escondernos, a maquillarnos, a taparnos, pero es necesario salir ahí fuera, desplegar nuestras alas y volar, porque mostrar la belleza real, es un acto de valentía. 

“Aprendí que la valentía no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre el miedo. El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo” -Nelson Mandela- 

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Quédate con aquellas personas que puedes ser tú en toda tu esencia” 

El Proyecto Sentido de nuestra vida, diferentes tipos de partos e hijos

Para trabajar el Proyecto Sentido vamos a ver que le ocurre a la madre, desde el momento de la concepción, sus problemáticas, sus emociones; porque el bebé va a grabar en su inconsciente todo lo que la mamá vive emocionalmente, … Sigue leyendo

Causas emocionales de la delgadez y anorexia

Delgadez- AnorexiaUn cuerpo demasiado delgado o un cuerpo demasiado gordo indican un bloqueo emocional y mental.

La persona muy delgada, en general, se rechaza, se siente pequeña en comparación con los demás y tiene miedo de ser rechazada. A menudo quiere desparecer. Es del tipo apagado y delicado con los demás. Este temor al rechazo a menudo le hace actuar de manera contraria a sus necesidades e incluso le impide pasar a la acción. También es posible que dependa de los demás para sentirse alguien y que tenga la impresión de no recibir suficiente atención o cuidados.

Está en una situación de carencia afectiva.

Si sufres delgadez desde tu infancia, ello indica que desarrollaste desde muy pequeño una creencia al rechazo o al abandono, incluso es posible que esta creencia haya surgido antes de tu nacimiento porque uno de tus progenitores no quería tener un hijo o no quería un hijo de tu sexo. Es importante que compruebes si tus padres realmente te rechazaron o si lo que rechazaban era la situación que vivían en el momento de tu nacimiento. Aún cuando hayas sido rechazado realmente, o no se hayan ocupado lo suficiente de ti, debes saber que una persona que rechaza a otra está expresando sus límites. Actúa así porque los rebasaría si lo hiciera de otra forma. En ese momento no ve otra solución. Debes comenzar a creer que tienes todo lo necesario para hacer tu vida por ti mismo y que la ausencia o el rechazo de los demás es una experiencia que viviste. A ti te toca decidir si quieres seguir viviendo esta experiencia en la aceptación o no. Tu elección, así como sus consecuencias, son responsabilidad tuya.

La anorexia está caracterizada por un rechazo completo de la vida. Es la desgana total por todo lo que vivo en mí y que puede entrar en mi cuerpo feo para alimentarlo. Este sentimiento puede incluso transformarse en odio.

Existen varios símbolos de vida: el agua, el alimento, el aspecto materno (madre), el amor, el lado femenino. Es el deseo ardiente e inconsciente de escapar de la vida, de odiarse y de rechazarse porque vivo el miedo extremo de abrirme a la maravillosa vida alrededor mío. Vivo desánimo a tal punto que me pregunto lo que podría ayudarme. Tengo el deseo inconsciente de “desaparecer” para molestar lo menos posible a mi entorno. Me rechazo pues permanentemente. La anorexia y la obesidad vienen de un sentimiento profundo insatisfecho de amor y de afecto, aunque las dos enfermedades toman físicamente caminos divergentes. Varios trastornos de la alimentación descansan sobre la relación madre– hijo en la cual existe o existió un conflicto. Además, se trata muy a menudo de una contrariedad en cuanto a mi territorio que tengo la sensación de no tener, de perder o bien de que no me lo respetan. Este territorio puede estar constituido tanto por mis posesiones físicas (vestidos, juguetes, coche, casa, etc.) como de mis posesiones no físicas (mis derechos, mis adquiridos, mis necesidades, etc.) o de las personas que me rodean (mi padre, mi madre, mis amigos, mi marido, etc.) Vivo una contrariedad que es reciente con relación a alguien o a algo que no puedo evitar y que no digiero. Aunque la anorexia se halle más frecuentemente en la adolescencia, ésta existe también en el bebé y en el niño joven. Si me pongo en el lugar del bebé, si me doy cuenta que el rechazo de la comida puede derivar de un contacto perturbado entre mi madre y yo: puede ser la privación del pecho materno y del cálido ambiente físico que deberían acompañar la toma de la leche, el modo artificial de alimentación, dosificada y demasiado rígida en su aplicación, la sobre o sub-alimentación impuesta por respeto a una curva de peso ideal con desprecio de ciertos ritmos alimentarios individuales cambiantes. Puedo reaccionar a esto por un rechazo progresivo de alimentarme, vómitos, pérdida de peso, trastornos del sueño, caprichos alimentarios, etc.

Es importante que yo, como madre, respete los gustos, los ritmos propios del niño y que deje de querer ser la madre perfecta y súper -protectora. Si soy un niño un poco más mayor y que manifiesto anorexia, suele ser más atenuada y se caracteriza por un “pequeño apetito”, siendo un pequeño comedor que detesta la tarea de las comidas, con caprichos alimentarios, con rehúso obstinado de ciertos alimentos, acabando rara vez mi plato, vomitando frecuentemente y masticando sin fin el mismo bocado. A esta edad, la mesa y sus imperativos sociales juegan un papel importante, porque las comidas son una reunión familiar bajo la autoridad de los padres en la cual pueden brotar reacciones y conflictos.

La anorexia es fundamentalmente mi necesidad de colmar un vacío interior de alimento afectivo.

Necesito amor y aceptación incondicional de mi madre interior.

La anorexia, contrariamente a la obesidad, es el intento de hacer morir de hambre mi vacío interior para hacerlo tan pequeño que desaparecerá y que ya no pedirá nada en absoluto. Es uno de los motivos por los cuales sigo viéndome gordo (fijación mental sobre la gordura) incluso si soy delgado y esbelto. Dicho de otro modo, sigo viendo mis necesidades afectivas y emocionales muy grandes y me siento vencido por ellas. La anorexia puede también aproximarse a un sentimiento de estar reñido con la vida como con mi madre, símbolo materno que me empuja a pesar de todo hacía el deseo de independencia y de individualidad. Es la razón por la cual rechazo el alimento al mismo tiempo que a mi madre, porque siempre tuve la sensación de sentir únicamente su poderoso control materno en mi juventud. Vivo pues el sentimiento de estar fuera de mi propio control con relación a los acontecimientos e intento de un modo exagerado recuperar el control. “No me gusta el modo en que mi madre me ama y la detesto por esto”. “Quiero seguir siendo una muchacha o un muchacho porque quiero acercarme lo más posible a una forma de “pureza” física e interior”. (Es durante la pubertad que suele manifestarse la anorexia). Es una búsqueda absoluta de juventud. Como muchacha o muchacho, rechazo las fases sexuales correspondientes a mi edad, así que cualquier intento de intimidad sexual, descubrimiento y abandono hacía una eventual pareja (ausencia de madurez) son casi inútiles. Si vivo todo esto de un modo profundo, frecuentemente esto está vinculado a un profundo traumatismo sexual pasado, a un abuso o a una inseguridad afectiva. Esta experiencia favoreció el hecho que se instale en mi cuerpo físico la desesperación y “cerré la puerta a mis deseos físicos, espirituales y emocionales“. Aceptar gradualmente mi feminidad o mi lado intuitivo y emotivo en el muchacho es esencialmente la primera cosa por hacer para resolver mi estado anoréxico. Uso la manera que quiero,¡pero debo hacerla!

Acepto cierta intimidad sexual, femenina e incluso materna (debo aprender a amar a mi madre). Aprendo a amar a mi cuerpo y a amar a los demás. Voy lentamente porque es una situación delicada en la cual debo abrirme al amor y a la belleza del universo. Pido ayuda, si es necesario. Y sobre todo me mantengo abierto a lo que me depara la vida! Aceptación y amor incondicional serán altamente apreciados. Hago actividades (deportivas u otras), si posible. He aquí un paréntesis interesante. Como persona anoréxica, puedo tener la impresión de encontrarme interiormente como cogida dentro de unos “anillos = pequeños anos” (ano-réxico) como si estuviera en el interior de varios “aros tipo ‘hula-hup’” que me aíslan del resto del mundo mientras se va intensificando mi sentimiento de limitación frente a la vida. Me mantengo abierto a cualquier otro signo de este tipo.

Me visualizo liberándome de estos aros diciéndoles “GRACIAS por la toma de consciencia que me ayudaron a hacer pero sabiendo que, ahora, ya no son necesarios. Visualizo también esta imagen: con cada inspiración, más luz está entrando en mí para llenar mi sentimiento de vacío interior.

  • Diccionario de Biodescodificación
  • El Gran Diccionario De Las Dolencias Y Enfermedades- Jacques Martel-

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Depresión y trauma: *Lo que no sabes (y deberías saber)

Causas emocionales de la obesidad

obesidadDesde el punto de vista simbólico, las personas que engordan, en realidad lo que hacen es “protegerse” de los demás, o de algún tipo de situación o trauma instaurado en su cabeza.

En la obesidad no se acumula masa ósea, ni muscular, ni se agranda ningún órgano, ni se llena ninguna cavidad de aires malignos. Lo único que se acumula bajo la capa de la piel es una cantidad de grasa (energía estancada) que no se va a usar y se retiene una cantidad de líquido (emociones tóxicas), que el organismo no puede eliminar.

Las células del cuerpo de una persona obesa, obedecen una orden de acumular grasa, y como sea, de no soltarla, “no quemarla”. Centrándonos en la grasa, ésta podría considerarse como un elemento comodín que el cuerpo, obediente como marinero a las órdenes del patrón, el inconsciente, las sitúa estratégicamente con distintas intenciones, tantas como obesos.

Tres ejemplos:

1.- En el abdomen, para defenderse de ser adulto. Tomamos forma de bebé barrigón. Puede que el árbol ataque a los niños cuando “espigan”. En el abdomen también, para simular un embarazo. El árbol genealógico te acepta como madre, no como mujer.

2.- En las caderas y muslos para ocultar el talento creativo y la libertad de expresión artística. El árbol asignó a otra persona este territorio, o hay una prohibición total al desarrollo libidinal, en beneficio de otro de los egos, por ejemplo el intelectual o el material.

3.- En todo el cuerpo a consecuencia de un abuso sexual. Puede provocar que asociemos “la belleza” con “la agresión”. Es decir, si soy bella soy blanco de agresiones sexuales, por lo tanto engordo y de ese modo nadie me mirará, ni me deseará sexualmente. Es una forma de defensa para estar a salvo.

Desde la perspectiva de Naska Groppaglio, la obesidad, así como la delgadez, las jorobas, etc. se utilizan para integrarse en el “clan familiar. Cuando no hay suficiente espacio en familias con muchos hijos, cuando uno nace no deseado, del sexo opuesto al esperado, es posible que el cerebro más primitivo encuentre estrategias de supervivencia que responden a estos patrones.

También hay personas que establecen su prioridad en el ahorro, en no gastar ni un centavo. Son las personas que no invierten, sólo acumulan. La obesidad podría ser un síntoma de esa disposición, del miedo a que le falte. Como un seguro a todo riesgo, donde la grasa es “el seguro”.

Detrás de la obesidad también puede haber una madre dominante, posesiva, que ejercía un control estricto sobre su alimentación, sus pensamientos, sus sentimientos y su creatividad. En este sentido, la obesidad representa una oposición inconsciente a la autoridad materna que abusó de nosotros.
Un ejemplo puede aclararlo: Una niña empezó a engordar para que su madre la quisiera y se preocupara de ella como de su abuela que había enfermado y ahora estaba en su casa robándole toda la atención.

Alejandro Jodorowsky dice que cuando uno sufre un abuso, eso se sigue repitiendo. Hay que eliminar de la mente el símbolo del abuso y romper la fijación con un acto psicomágico. En este caso le recetó que comprara tantos kilos de huesos para perros como los que ella tenía en estos momentos de sobrepeso. Llevar toda esa carga en una carretilla hasta el cementerio donde estaba enterrada su abuela y decirle: “abuelita, estos kilos son tuyos, no son míos, me libero de esta carga” También debería llevar miel para endulzar y que no fuera un acto hostil.

Noticias relacionadas con la obesidad

Una noticia apunta que el estómago puede actuar como un “segundo cerebro”. Se ha descubierto toda una red neuronal de entorno a cien millones de neuronas en el conducto intestinal. De esta manera, lo que se conoce como “sentimiento intestinal es el nudo en el estómago que todos conocemos. A riesgo de equivocarnos, podemos pensar que en este rudimentario “cerebro” el hambre de amor, de atención y de ternura lo satisfacemos con exceso de alimento.

Otra noticia habla de una especie de “interruptor biológico” de la obesidad, que ofrece la posibilidad de manipular la presencia o ausencia de grasa en zonas anatómicamente estratégicas del cuerpo. Ese interruptor se activa sobre todo por el estrés crónico. Este hallazgo explicaría porqué hay personas que durante sus vacaciones, pese a los habituales excesos del verano, pueden llegar a perder peso al alejarse temporalmente de sus presiones y preocupaciones cotidianas.

La última de las noticias que vamos a comentar es una especie de programación enferma” que advierte que pronto habrá una epidemia de cáncer de estómago en los países desarrollados, según han alertado expertos en esta patología. Para estos expertos, la causa de este incremento podría tener relación con la obesidad.
Sería interesante y sobre todo positivo, complementar lo que los especialistas médicos aconsejan respecto a dietas y ejercicios para sanar la obesidad, con una mirada diferente a la misma, entendiendo la obesidad como un mensaje que el cuerpo nos manda para sanar lo que hay en su raíz.

Debemos preguntarnos:

-¿Qué sentido metafórico tiene acumular la grasa o el líquido en este lugar de mi cuerpo?
-¿Qué es lo que en realidad acumulo y para qué?
-¿Por qué no dejo fluir la energía y las emociones?
-¿Qué oculto tras la grasa?
-¿A quién o a qué me parezco con esta imagen?
-¿He sido visto por mis padres?
-¿He tenido suficiente espacio para crecer entre mis hermanos?
-¿Estoy alimentando mi falta de amor con exceso de comida? 

  • Fuente: Dr. Salomon Sellam (Es considerado uno de los máximos expertos en Medicina Psicosomática, campo al que ha dedicado varios libros de ensayo, donde propone una visión psicosomática de la enfermedad y analiza los factores psíquicos que pueden estar en el origen de cada patología. “La enfermedad es una situación de la vida cotidiana en la que un acontecimiento brusco, inesperado, que nos toma por sorpresa, nos desestabiliza totalmente”.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Relación entre la enfermedad y los secretos familiares