¿Pueden trabajar juntas la medicina convencional y la natural?

¿Son el yoga, el ayuno o la meditación métodos eficaces para curar? El médico berlinés asegura que sí y nos explica por qué.

Frente a las expresiones de escepticismo de la mayoría, el médico Andreas Michaelsen, internista y cardiólogo, asegura que la medicina natural es una ciencia. Él toma la tensión, pide análisis o aconseja una cirugía. Pero, al mismo tiempo, no duda en prescribir hidroterapia, acupuntura o yoga. “Por supuesto, no niego la eficacia de la medicina convencional. De hecho, los diagnósticos debe hacerlos esta medicina, pero el problema es que no sabe curar las dolencias crónicas, porque no trata a los pacientes como un todo”Colaborar: esta es la palabra que este médico repite constantemente cuando se refiere a ambas disciplinas.

Michaelsen ejerce en el Hospital Universitario La Charité de Berlin, donde es, además, profesor de Naturopatía Clínica y colabora con otros médicos a la hora de definir el tratamiento de un paciente. “Al principio, también en Alemania hubo un gran rechazo a las medicinas naturales. Hoy hay 50.000 naturópatas ejerciendo de forma oficial y la naturopatía está reconocida por la Seguridad Social y la mayoría de los seguros médicos”, asegura.

Hidroterapia, ejercicio físico, yoga, acupuntura, ayurveda, ayuno o meditación son las vías que, según Michaelsen, sirven para reequilibrar mente y cuerpo. Su libro “Curar con la fuerza de la naturaleza” (Planeta) es un best-seller en Alemania. En él repasa todos los métodos de la medicina natural y expone por qué tienen una base científica. Le preguntamos por las claves de estos tratamientos… y las dudas que provocan.

Usted es médico. Es sorprendente que diga que la naturopatía es una ciencia. ¿En que se basa para afirmarlo?

Además de sustentarse en la experiencia, hay investigaciones y datos que lo confirman, pero no se toman en consideración. Para los médicos es difícil de aceptar, porque es más sencillo prescribir fármacos. Eso está muy bien, yo también prescribo esos tratamientos, pero recomiendo además cambiar la alimentación o combatir el estrés. Para hacerlo, hay que dedicar más tiempo a cada paciente.

El problema es que hay muchos charlatanes, muy peligrosos. ¿Cómo nos podemos defender de ellos?

Yo recomendaría, como en mi país, Alemania, o en Estados Unidos, que la naturopatía vuelva a las universidades y se creen cátedras, y que así entre en los hospitales para colaborar con la medicina convencional. Y, luego hay dos reglas para reconocer a un charlatán: cuando promete curar todo y cuando cobra cada vez más caros sus tratamientos.

¿Por qué la gente busca cada vez más las medicinas alternativas?

Porque la medicina convencional ha llegado a sus límites. Tiene mucho éxito en las dolencias de urgencia, como un infarto o una operación por un cáncer, pero la gente padece cada vez más enfermedades crónicas y la medicina convencional no sabe cómo enfrentarse a ellas. Ahí es donde la naturopatía tiene su espacio.

“La medicina convencional ha llegado a sus límites, no sabe enfrentarse a dolencias crónicas”

¿Y por qué hay cada vez más enfermedades crónicas?

Nuestros genes son muy viejos, se modifican cada 100.000 años. Y nuestra vida ha cambiado de forma radical en los últimos 500. No vivimos como quieren nuestros genes.

¿En qué consiste el sistema mente-cuerpo del que habla en su libro?

Sabemos que, a través del cerebro, podemos sanar el cuerpo. La meditación es eficaz en muchas enfermedades. Eso es a lo que llamo conexión mente-cuerpo. El ser humano es un sistema complejo, por eso es un error tratarlo de forma fragmentada. Tanto la medicina natural como la convencional deben trabajar unidas. Por ejemplo, en el caso de los dolores de espalda, la ortopedia junto al yoga funcionan mejor que la cirugía.

Usted también critica modas como la intolerancia al gluten autodiagnosticada…

Sí, muchas personas leen algo y ya piensan que son alérgicos. Y la industria fabrica productos supuestamente contra esas alergias y la gente los consume. Hay un efecto placebo claro y mucho marketing.

Todas las técnicas que usa la naturopatía se asientan sobre la idea de que hay que adaptarnos al ritmo de las estaciones y las horas de descanso. Concibe al paciente como un todo y la curación como una recuperación del equilibrio entre cuerpo y la mente.

Técnicas de naturopatía

  • Hidroterapia: Según la naturopatía, mejora la depresión y activa el sistema inmune. Cada mañana, después de tomar una ducha caliente, hay que aplicarse un chorro de agua fría por todo el cuerpo, y luego uno caliente.

  • Ayuno: Esta disciplina afirma que es beneficioso contra las infecciones y la fiebre. Lo mejor es hacerlo parcial, con dos comidas vegetarianas (por la mañana y por la noche). Y el completo una vez al año.

  • Yoga: Junto a la atención plena (mindfulness), el yoga mejora el estrés y proporciona energía a nuestro organismo.

  • Ayurveda: Viene del indio y significa vida (ayur) y saber (veda). Cura usando más de 1.000 hierbas y especias. Según la naturopatía, es eficaz para tratar el reuma y la artrosis.

  • Meditación: Como el yoga, facilita el equilibrio mente-cuerpo. Lo ideal es meditar a diario unos 30 minutos.

Fuente: Elena Castelló mujerhoy.com

*Si lo desea, puede leer la publicación: Terapias Neurocientíficas: “El bienestar está en tu cerebro”

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10 Consejos para aprender a decir “no” sin sentirte culpable

¿Qué induce a la gente a decir que sí? ¿Por qué es tan difícil decir que no?

  • Halago. La gente que quiere que les des un sí intentará convencerte para que aceptes su petición mediante halagos. Los halagos no son malos en sí, pero debes saber ver cuándo estos halagos son interesados y cuándo no.

  • Presión. En muchas ocasiones dices que sí porque te sientes presionado por compañeros de trabajos, amigos o familiares. No es fácil decir que no ante una intimidación. Por eso es tan importante ser asertivo y guardar la calma sin precipitarte en la decisión que tomes y, sobre todo, que esta decisión sea una decisión tomada libremente.

  • Queja. La queja es un recurso muy utilizado por las personas para que accedas a decir que sí a sus peticiones. Ten cuidado cuando, después de una queja, la persona te pide que hagas algo por ella. Hay que ser consciente de la queja y de su sinceridad y gravedad. Una buena manera de lidiar con la queja de alguien es ser empático, es decir, escuchar al otro sin necesidad de darle una respuesta.

  • Culpa. Seguramente el sentimiento de culpa es una de las razones más potentes por las que la gente dice sí cuando quería decir que no.

¿Por qué a la gente le cuesta tanto decir que no?

Lo cierto es que no existe una única respuesta. Aquí van cuatro posibles razones:

Estas cuatro razones seguramente sean las cuatro razones más poderosas por las que a la gente le cuesta tanto decir que no. Pero saber decir que no es necesario para forjar también tu propia identidad frente a los demás. Para construir esta fuerte identidad que te permitirá decir que no en determinadas situaciones, aquí tienes algunas pautas que te serán de utilidad y que puedes llevar a la práctica en el momento en que debas tomar una decisión:

1. Sé asertivo. La asertividad consiste en encontrar el equilibrio entre la agresividad y la pasividad. Siendo asertivo se consigue ser rotundo cuando se toma una decisión como la de decir que no a otra persona.

2. Se empático, no simpático. No hay que confundir la empatía con la simpatía. Mientras que la empatía se centra en escuchar al otro, la simpatía tiende a responder al otro. Y con frecuencia esa respuesta tiende a ser que sí porque al querer ser simpáticos lo que se tiende es que obtener la aprobación del otro.

3. Acepta que no puedes con todo. Si no eres capaz de decir que no, puede que llegue un punto en que acabes viviendo la vida que han elegido los demás en lugar de la tuya. Lo que sucede es que decir que sí a todo provoca que tu vida pase a un segundo plano, es decir, dediques buena parte de tu tiempo a satisfacer los deseos y las necesidades de los demás poniéndote a ti en segundo lugar. De lo que se trata es de establecer prioridades y ser consciente de que la ayuda que quieras dar sea una decisión propia y tomada libremente. Se puede ser solidario y cooperador sin necesidad de decir que sí a todo el mundo.

4. Sé rotundo sin ser agresivo. Tan importante es decir que no como la manera en que dices que no. De lo que se trata es de decir que no de una forma clara, calmada y nada agresiva. Hay que decir no una vez y solamente no.

5. Evita usar la expresión “es que” después de un no. Es importante que seas breves a la hora de responder que no a una petición. Para decir que no basta con un simple no. Me explico. En ocasiones, al sentirte culpable por decir que no, después de decir no a una petición introduces la expresión “es qué”. Por ejemplo: No, es que no tengo tiempo. Cuando introduces la expresión “es que” lo único que haces es mostrar inseguridad y tu No pierde toda la fuerza que que tenía al principio.

6. Entrena el no. Si sabes de antemano que te cuesta decir que no, entonces es necesario que practiques por tu cuenta y te entrenes para decir no a las personas. Basta con que te pongas frente a un espejo y repitas frases como: Lo siento, no lo haré. De lo que se trata es de que visualices posibles situaciones en las que sabes que la gente te preguntará algo que sabes que la respuesta debe ser no.

7. No tengas miedo. Una decisión nunca debería tener ningún tipo de coacción. Pero bien sabes que la coacción, directa o indirecta, está presente en muchas de las peticiones que te hacen. La gente acostumbra decir que sí porque tiene miedo a perder su trabajo, a perder amigos, a perder el favoritismo de un padre o una madre frente a sus hermanos… Decir que sí por miedo es ir perdiendo paulatinamente tu autoconfianza y tu autoestima. Saber decir que no es, de alguna forma, aprender a renunciar a algo y esa renuncia siempre irá acompañada de incertidumbre, una incertidumbre que debes evitar que se transforme en miedo.

8. Mantén un lenguaje corporal firme. No sólo hay que saber decir que no de palabra. También es importante saber decir que no con tu lenguaje corporal. ¿Cómo hacerlo? Aquí van algunas pautas:

  • Mira a los ojos de la persona a la que le dices que no.

  • Mantén los brazos y las manos firmes.

  • No juegues con pendientes, collares, relojes, pulseras…

  • No cruces tus brazos sobre el pecho.

9. Discúlpate sólo lo necesario. No es malo disculparte tras decir que no, pero esta disculpa debe estar proporciona a la negativa que ababas de dar. Se puede dar una disculpa sin dejar de ser asertivo. De lo que se trata es de que la disculpa no sea desmesurada porque esto lo que hace es debilitar el no que has dado. Aquí van algunos ejemplos de disculpas moderadas.

  • Lamentablemente la respuesta es no.

  • Siento tener que decir que no a tu propuesta.

10. Procura que el no sea un no cerrado, sin opciones. Me explico. Si ya es difícil decir que no una vez a alguien, imagínate tener que decirlo varias veces. Esto sucede cuando el no que das es un no abierto, es decir, un no que deja una puerta abierta a un posible sí más adelante. Pueden darse casos en que un no abierto sea necesario y quiero dejar claro no es algo que vea como negativo. Lo que quiero darte a entender es que cuando la decisión de tu no es firme, debe ser una opción cerrada para ti y para quien recibe tu no. Aquí te dejo algunas respuestas que dejan un no abierto.

  • Creo que no.

  • Me parece que no.

  • Seguramente no.

  • De momento no.

  • No, pero…

Saber decir que no. A modo de conclusión.

Saber decir que no sin que te sientas culpable es una forma inmejorable de reafirmar tu propio yo y tu autoestima. Diciendo que no al otro estás demostrando que tienes personalidad y criterio. Y todo ello sin sentirte culpable por la decisión que has tomado. Acabaré con una cita que me ha gustado mucho a cerca de la importancia no sólo de decir que no, sino también de saber decir que sí. Es una cita de Adam Grant que reza así:

Decir que no te libera para poder decir que sí cuando más importa.

*Si lo desea, puede leer el artículo: “No mendigues la atención de nadie y muchos menos amor

Terapias neurocientíficas: el bienestar está en tu cerebro

¿Cómo los últimos descubrimientos en Neurociencia pueden ayudarte a superar el estrés, la tristeza y la ansiedad? Analizamos sus beneficios y sus resultados.

Nos levantamos, encendemos el móvil y vemos 15 whatsapp, 12 notificaciones del facebook y 10 correos. Así es como empezamos el día la gran mayoría de las personas: con estrés y tensión. Vivimos en un mundo en el que cada vez nos cuesta más ser felices y gozar de un bienestar mental, físico y emocional.

¿Cómo es posible que con todos los avances tecnológicos parezca que vamos a peor?

¿Qué son las Terapias Neurocientíficas?

La respuesta está en nuestro cerebro. Estamos entrando en una era de grandes cambios y para nuestro cerebro esto supone un gran reto. Hemos de actualizar nuestra versión 1.0 a la 2.0. Diríamos que en el campo de la Psicoterapia aún estamos un poco desactualizados. Si en el ámbito de la comunicación disponemos del correo electrónico o las videoconferencias, ¿cuál es el equivalente en el caso de la Psicología clínica?

La respuesta son las Terapias Neurocientíficas o de Reprocesamiento. En esta sociedad de cambios continuos y donde se apremia la búsqueda de soluciones rápidas y efectivas, estas terapias que provienen de las Neurociencias están dando una muy buena respuesta.

Cada vez sabemos más sobre el cerebrosobre el porqué de muchas de nuestras dificultades y trastornos, de dónde provienen nuestras conductas y hábitos. Este saber lo estamos aplicando a las sesiones psicoterapéuticas.

Rompiendo con la imagen del psicólogo freudiano y del diván, ahora disponemos de un nuevo cuerpo de terapias que podrían ser la versión 2.0 de la Psicología.

Estas terapias trabajan con una serie de técnicas y metodologías que nos permiten poder liberar emociones, sensaciones corporales y el malestar que el paciente sufre. Con el añadido de que son rápidas y efectivas, porque trabajan con los últimos avances científicos.

Ya no hace falta estar en consulta años y años. Podemos acelerar el proceso, ayudando a que las personas que lo deseen puedan superar aquella problemática que han ido soportando durante años.

¿Cómo funcionan?

La metodología más conocida dentro de estas terapias es la del EMDR (“Desensibilización y reprocesamiento a través de los movimientos oculares”).

Esta terapia está reconocida por la OMS (Organización Mundial de la Salud) como una práctica de uso preferente ante eventos traumáticos como por ejemplo: conflictos bélicos, catástrofes naturales o atentados terroristas.

Además, se utiliza en diferentes hospitales de España como es el caso del Hospital Clínico de Barcelona, en la Unidad de Agresiones Sexuales.

El EMDR funciona porque emula los movimientos que hacemos durante la fase REM del sueño. Cada noche cuando dormimos pasamos por una fase de sueño profundo donde movemos los ojos de manera muy rápida.

También es el momento cuando soñamos de manera más vívida e intensa. Con esta metodología, el Psicólogo pide al paciente que, con los ojos abiertos, siga sus dedos en horizontal, mientras piensa en una situación o recuerdo que sea doloroso.

Lo que sucede en el cerebro de la persona es que la amígdala o la zona que gestiona nuestras emociones se relaja. Esto ayuda a que todo el organismo pueda desestresarse y finalmente, la situación o el recuerdo pierda intensidad.

Ejemplo de práctica del EMDR

Con el EMDR no borramos los recuerdos, lo que permiten es que la persona pueda contemplar la misma situación con la consecuente liberación de sus emociones, sensaciones corporales de malestar y sin los pensamientos negativos asociados. Es como ver una película de miedo, sintiéndose uno de lo más tranquilo o relajado. El resultado: ya no la interpretamos como una película de miedo, con lo cual la podemos tolerar y superar.

Según la Dra, Francine Shapiro, creadora de esta metodología, los recuerdos que vivimos se almacenan asociándose entre sí, de tal manera que nuestras vivencias del pasado pueden estar influyendo en lo que nos ocurre en el presente. Por ejemplo alguien que tiene miedo a los espacios cerrados, como el subirse a un ascensor, puede deberse a que en el pasado vivió una experiencia traumática vinculada. Estos recuerdos son accesibles y con este movimiento ocular rápido se pueden liberar. El resultado es que la persona aunque hayan pasado muchos años, puede sentir que aquella herida, al fin está cerrada y superada.

Potenciales beneficios para la salud

Estas terapias se pueden usar efectivamente con trastornos vinculados al estrés, ansiedad, depresión, fobias, trastornos de personalidad o para la superación de duelos, para poner algunos ejemplos. Son técnicas que utilizan el más reciente saber sobre nuestro cerebro y sobre nuestra mente, de aquí que parezca miraculosas. En realidad lo que nos están demostrando es la gran capacidad que tiene nuestro cerebro para aportarnos salud, bienestar y felicidad.

Nosotros tenemos en nuestro interior la capacidad de sanarnos y de poder curar nuestras heridas, tanto del presente, del pasado, como también de nuestros miedos y ansiedades futuras.

La ciencia nos está ofreciendo un regalo en forma de conocimiento práctico del cual todos nos podemos beneficiar, ya seamos niños, adultos o ancianos. La flexibilidad y la plasticidad del cerebro superan todas nuestras expectativas pudiendo éste moldearse para poder hacernos sentir un mayor bienestar.

Que no nos asusten los frenéticos cambios que estamos viviendo porque éstos a la vez nos están aportando soluciones a nuestros problemas y dificultades.

Referencias bibliográficas

  • Organización Mundial de la Salud,. (2017). La OMS publica unas directrices sobre la atención de salud mental tras los eventos traumáticos. Recuperado de: who.int/es
  • Shapiro, F., (2014). EMDR: EYE MOVEMENT DESENSITIZATION AND REPROCESSING. DESENSIBILI ZACION Y REPROCESAMIENTO POR MEDIO DE MOVIMIENTO OCULAR. Ciudad de México.: Pax México.

Autores

  • Ana Farré y Oriol Lugo son Psicólogos, expertos en Terapias Neurocientíficas. Además son investigadores en la facultad de Psicología de la Universidad Ramon Llull – Blanquerna. Son co-directores del OWL INSTITUTE, centro pionero en España en el trabajo y estudio de las Terapias Neurocientíficas.
  • Fuente: mentesana.es

*Si lo desea, puede leer la publicación: La conexión intestino cerebro es poderosa -Doctor Emeran Mayer-

La sangría emocional de ayudar a quien no quiere ser ayudado

A casi todos nos han educado para hacer lo posible, y lo imposible, por ayudar a los demás. Es un concepto que tenemos profundamente arraigado y que, sin duda alguna, es muy loable. Sin embargo, a veces en el acto de ayudar a los demás podemos practicarnos una sangría emocional que termine drenando nuestra energía y arrase con nuestro equilibrio psicológico.

Todos los psicólogos sabemos que no se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado. Por eso, en algunos casos el primer objetivo de la terapia psicológica es lograr que la persona comprenda que tiene un problema y que necesita ayuda. Ese es el punto de partida para poder trabajar porque sin un compromiso personal, el cambio interior es prácticamente imposible. Lo mismo pasa en la vida cotidiana. Solo podemos ayudar cuando la otra persona acepta nuestra ayuda. 

Regalar gafas a quien no quiere ver 

Ayudar a quien no quiere ser ayudado es como regalar gafas a quien no quiere ver. Simplemente no las usará. Es probable que ni siquiera valore nuestra ayuda y el esfuerzo o tiempo que hemos invertido e incluso puede llegar a molestarse considerando nuestros gestos como una intromisión en su intimidad.

¿Significa que debemos tirar la toalla cuando nos damos cuenta que una persona se está causando daño? ¡No! 

 Sin embargo, debemos ser conscientes de que nuestra ayuda tiene límites, unos límites que a menudo pone la otra persona. Debemos aprender que no por mucho aconsejar, aprende el otro más temprano y que la ayuda que podemos brindar está limitada a la ayuda que el otro esté dispuesto a aceptar. 

Es importante comprender que cuando alguien está atravesando una situación difícil, puede ser aterrador reconocerlo, por lo que quizá necesite un poco de tiempo para procesar emocional y racionalmente lo que le sucede. Solo después puede decidir pedir ayuda. Por tanto, a veces hay que darle tiempo para que mire dentro de sí, comprenda lo que le está pasando y pida apoyo

Aunque a nosotros nos resulte evidente el problema y su solución, para la otra persona puede no ser tan claro. Por eso, en ocasiones brindar ayuda significa violentar el ritmo de curación emocional y, mientras lo hacemos, nos sumimos en un proceso desgastante para nosotros que no tiene mucho sentido. 

La actitud correcta para “ayudar” de verdad

Cuando una persona que está en problemas rechaza tu ayuda, puedes sentirte enojado, frustrado o impotente. No obstante, debes comprender que esos sentimientos no le ayudarán a esa persona y tampoco a ti. Se trata de afrontar la situación con una actitud diferente, y para ello tendrás que:

-Asumir que cada quien debe aprender de sus errores y superar sus obstáculos. Debemos dejar de actuar como padres sobreprotectores. Debemos comprender que cada quien debe aprender sus propias lecciones de sus errores. Por mucho que queramos a algunas personas, no podemos llevar siempre su “carga” ni solucionar los problemas en su lugar porque el crecimiento se produce precisamente cuando se superan los obstáculos que la vida nos pone delante.

-Dejar de pensar que las cosas se deben hacer de una manera precisa. En muchas ocasiones, esa tendencia a ayudar nace de la creencia de que la otra persona está haciendo las cosas “mal”, lo cual se debe a que creemos saber cómo se hacen “bien”. En realidad, cada quien debe encontrar su manera de solucionar los problemas y desarrollar su estilo de afrontamiento. No existe una única forma de hacer las cosas, por lo que antes de brindar tu ayuda, debes cerciorarte de que te has desprendido de esa creencia pues de lo contrario es probable que quieras imponer tu opinión o punto de vista, algo que no suele ser bien recibido y hace que el otro se ponga a la defensiva

¿Qué puedes hacer? 

-No presiones. Cuando una persona no está preparada psicológicamente para buscar o aceptar ayuda, el hecho de presionarla puede tener el efecto opuesto al que pretendes, haciendo que se encierre en sí mismo y se aleje de ti. Por tanto, el primer paso es no presionar.

-Mantente disponible. La mejor manera de apoyar a una persona que no quiere ser ayudada, es mantenerse a su lado para cuando necesite hablar o decida buscar ayuda. Debemos tener en cuenta que todos deben pasar por una serie de etapas cuando sufren heridas emocionales y hay etapas en las que solo es necesario un hombro amigo.

-Infórmate. Lo que ha sido mejor para ti, podría no ser una buena solución para esa persona a quien quieres ayudar. Por tanto, es importante informarse en profundidad sobre el problema. También es conveniente animar a esa persona a hablar sobre el asunto para que comprendas su perspectiva. Los mejores consejos provienen de la empatía, si aconsejas desde tu lugar y punto de vista, tus soluciones podrían ser perfectamente inútiles.

– Establece límites. En algunos casos, una persona en problemas puede caer en una espiral de autodestrucción y, si no tienes cuidado, puede arrastrarte consigo. Por eso, es importante que establezcas unos límites ya que debes proteger tu equilibrio emocional si realmente quieres ayudar al otro. La budista Pema Chodron dijo que “trabajamos en nosotros mismos para ayudar a los demás, pero también ayudamos a los demás para trabajar en nosotros mismos”, lo cual significa que el acto de ayudar a resolver un problema también nos involucra emocionalmente, por lo que tendremos que decidir cómo afrontarlo de la mejor manera posible.

*Si lo desea, puede leer la publicación: ¿Por qué la gente no se cura?

Podemos enfermar a través de los pensamientos y la imaginación *Suzanne O’Sullivan-neuróloga-

¡Y también curarnos! Aunque no siempre es fácil. A veces los patrones que nos enferman se han establecido en la infancia y son difíciles de superar.

Suzanne O’Sullivan es neuróloga especialista en trastornos psicosomáticos y autora de libro “Todo está en tu cabeza” (Ariel).

¿Por qué centrar su carrera como neuróloga en las enfermedades psicosomáticas?

Inicialmente, cuando obtuve la titulación, no tenía ningún interés en ellas. Pero poco después descubrí que una enorme proporción de mis pacientes que padecían convulsiones no tenían epilepsia, sino convulsiones disociativas. Me di cuenta de la gravedad de lo psicosomático, y de lo mal que nosotros, los médicos, lo gestionamos. Después de años viendo cómo muchas vidas acababan devastadas, me he dado cuenta de que las dolencias psicosomáticas a menudo son las más destructivas.

¿Cómo las trata?

Lo que encuentro más útil es saber el desarrollo de la dolencia desde su mismo origen. Después de diez años de padecer un trastorno crónico, cada nuevo síntoma que aparece suele ser el resultado directo de las intervenciones médicas y de la hospitalización. Pero cuanto más descubro acerca de la dolencia original, mejor puedo entender todo el proceso. Siempre les pido a mis pacientes que me cuenten todo lo que puedan acerca de los días previos a caer enfermos. Ahí es donde están todas las pistas.

¿Se atrevería a dar un consejo a nuestros lectores?¿Cómo pueden tener algún indicio de que su enfermedad es psicosomática?

Es imposible que uno mismo detecte sus propios síntomas psicosomáticos cuando surgen por primera vez, así que les recomendaría que fueran a ver a un médico. Pero si no les escucha adecuadamente, que se sientan libres de buscar a otro: esto es lo que yo haría.

¿Y cuando ya has buscado más de una ayuda médica?

Un día u otro has de ser capaz de aceptarla si te parece razonable. Lamentablemente, cuantos más médicos veas y cuantas más pruebas te hagas, parecerá que los síntomas empeoran. Tendrás mayores probabilidades de que alguien encuentre cambios nimios en las pruebas o los análisis, y eso solo añadirá más preocupación. Recuerda que un médico no siempre tendrá un diagnóstico para cada síntoma: la ambigüedad forma parte de la medicina y es saludable aceptarlo.

¿Y si has visto a muchos médicos y todos te dicen que no tienes nada?

Entonces considera los factores psicológicos por muy extraño que te parezca. Cuanto antes se diagnostican los trastornos psicosomáticos, antes desaparecen.

¿Qué sentido tiene que la medicina separe “mente” y “cuerpo”?

Hay demasiado dualismo en la medicina. En la mayoría de los países esto ha evolucionado de manera que la psiquiatría y las especialidades médicas cada vez se han separado más. La mayoría de las enfermedades orgánicas tienen un impacto psicológico, pero el apoyo psicológico no siempre está disponible.

¿Qué opina de la separación entre cerebro y mente?

Esa es la mayor de las vergüenzas. Psiquiatras y neurólogos a menudo tienen vías de especialización muy distintas y cada uno sabe muy poco sobre el área de especialización del otro. ¿Pero cómo es posible que se divida el cerebro y la mente en dos órganos distintos? Coexisten y, en consecuencia, una enfermedad del cerebro a menudo causará problemas psiquiátricos y viceversa.

Del mismo modo que algunos pensamientos pueden enfermarnos, ¿también pueden curarnos?

En efecto, si podemos enfermar a través del pensamiento y la imaginación, podemos recuperarnos cambiando la manera en que pensamos. De todas formas, no me gustaría que diera la impresión de que siempre es fácil. Algunas veces los patrones que nos enferman se han establecido en la infancia y son difíciles de superar. Sería insultante y simplista decirle a una persona severamente incapacitada por síntomas psicosomáticos que solo pensando de manera distinta estaría curada.

¿Por qué los trastornos psicosomáticos son hasta diez veces más frecuentes en mujeres?

Una de las razones podría ser que la clase de situaciones y traumas que causan los desórdenes psicosomáticos son aquellos a los que las mujeres son más vulnerables: abuso, situaciones en las que son dominadas y se sienten atrapadas.

¿Está también determinado culturalmente?

Sí, en parte: de alguna manera está más aceptado que una mujer se queje de dolores a su médico que no que lo haga un hombre. La consecuencia es que los hombres muestran su sufrimiento de otras formas. También hay una tendencia a diagnosticar más a las mujeres. Tradicionalmente, algunos médicos hombres han sido más reticentes a aceptar que también es una dolencia masculina.

  • Fuente: Gaspar Hernández entrevista a Suzanne O´Sullivan- neuróloga- mentesana.es

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El poder curativo de los pensamientos *Doctor Bruce Lipton” 

Claves para dominar conversaciones difíciles

De vez en cuando, tenemos que enfrentarnos a conversaciones difíciles aunque no nos apetezca.

Muchos optan por evitarlas como si el problema fuera a desaparecer. Pero esto no funciona así. De hecho, en muchas ocasiones posponer lo inevitable solo complica más las cosas.

No hay que tener miedo a una conversación difícil. Existen formas de enfrentarse a este tipo de situaciones, incluso se puede llegar a dominarlas para evitar hacer de ellas un drama y conseguir lo que se espera de cualquier conversación: una comunicación eficaz. Veamos cómo hacerlo.

“Cuando se abre la puerta de la comunicación, todo es posible. De manera que debemos practicar el abrirnos a los demás para restablecer la comunicación con ellos” -Thich Nhat Hanh-

Estrategias para hacer frente a conversaciones difíciles

Ante todo debemos aparcar esa idea preconcebida de conversación difícil. Al fin y al cabo, así es como llamamos a las conversaciones en las que prevemos que vamos a tener problemas. Además, cuando lo hacemos, anticipamos conflictos. Y eso genera una actitud previa de tensión. Nos ponemos a la defensiva. Y es en este punto donde empiezan los problemas.

He aquí el paso previo para dominar conversaciones difíciles: no anticipar las complicaciones. Eso nos ayudará a estar centrados en la conversación y ver las cosas con perspectiva. Y nos permitirá estar atentos a las señales de nuestro interlocutor para gestionar eficazmente sus cambios emocionales y sus reacciones.

Escucha activamente sin anteponer tus sentimientos

Las personas necesitan sentirse escuchadas. Por ese motivo no solo debes mostrarte atento y dispuesto a escuchar, sino que todo tu cuerpo debe demostrar que estás escuchando. Además, la escucha es una condición indispensable en la comunicación.

Si la otra persona percibe tensión o ansiedad, si siente que estás a la defensiva o que tienes una actitud agresiva, reaccionará negativamente y no estará dispuesta a escuchar. Si por el contrario, te muestras alentador, tranquilo, calmado e incluso compasivo, a la otra persona le resultará más fácil calmarse.

Una conversación, por difícil que sea, no es una lucha. No hay ganadores ni perdedores. Por eso, si quieres sacar algo en claro, debes mantener la calma, especialmente cuando el otro manifieste señales de cambios emocionales.

Las conversaciones difíciles se transforman en eficaces cuando se emplea la escucha activa.

No antepongas tus sentimientos, aunque te haya herido

Por otra parte, es importante que no antepongas tus sentimientos, aunque te hayan herido. El otro necesita sentirse validado, es decir, saber que sus sentimientos también importan. Necesita saber que crees en él, incluso a pesar de sus acciones y del daño que te haya hecho con ellas.

Por eso, antes de nada, una vez que haya quedado claro el propósito de la conversación, interésate por los pensamientos y sentimientos del otro. Acéptalos antes de continuar, sin juzgarle ni echarle nada en cara. Luego, puedes exponer tus ideas y sentimientos.

Aprende a interpretar y manejar la señales de cambio emocional

Ante una conversación difícil, muchas personas se bloquean. Esto provoca que se pongan más nerviosas aún y que la conversación no acabe bien. Sin embargo, si estás atento y observas ciertos cambios puedes ayudar a mantener la calma y mantener así la conversación bajo control.

Por ejemplo, si observas un cambio en el tono de voz, como hablar más bajo o más acelerado, puedes decírselo a la otra persona. Ahora bien, también puedes optar por no notificárselo pero tener en cuenta su significado. A menudo, en mitad de una explicación, las personas cambian el modo de hablar justo antes de decir qué es importante para ellos. Esto es porque temen lo que pueda suceder o porque sienten que hay un problema que les impide avanzar.

Otra señal que debes observar es la risa nerviosa. Algunas personas se ríen cuando se sienten avergonzadas o incómodas. No es una burla, ni mucho menos. De hecho, es algo parecido a lo que ocurre cuando lloramos de felicidad.

La risa nerviosa suele indicar malestar. Esa señal te abre la puerta para preguntar al otro cómo se siente y para identificar un punto de partida a partir del cuál seguir adelante de manera positiva. Este tipo de risa también puede indicar que la persona está tratando de escapar de un sentimientoPor eso es importante pedir que exprese lo que le inquieta o necesita para superar el bloqueo.

Otra señal de cambio emocional es la modificación del patrón de contacto visual. La mirada puede indicar que el otro necesita tomarse un descanso. Ahora bien, si la dirige hacia otro lado o la sostiene de manera fría y amenazante puede significar que en la conversación se ha hablado de algo importante. Es el momento de pedir al otro, sin agresividad y con verdadero interés, que comparta su punto de vista y escucharlo sin interrupciones ni juicios.

Si lo que detectas es que la otra persona utiliza mucho la palabra “pero” es señal de que está a punto de decir lo que teme, pero no arranca a decirlo por miedo o vergüenza. Aprovecha los “pero” para ayudarle a terminar.

Gestionar conversaciones difíciles es bueno para ambos

Como decíamos antes, una conversación no es una batalla en la que hay ganadores y perdedores. Si quieres entender algo, sacar conclusiones o plantear soluciones es necesario llevar por buen camino una conversación difícil.

No se trata de tener razón, ni de demostrar nada al otro. De hecho, ante este tipo de conversaciones, no hay peor enfoque posible. No ganas nada y pierdes mucho. Si no quieres cerrarte puertas debes abrir tu mente y dejar de lado el rencor, la ira y la rabia. 

Si esto es difícil -muchas veces lo es, no nos engañemos- piensa qué quieres conseguir con esa conversación y díselo a la otra persona. Es fundamental que ambos sepáis a dónde queréis llegar.

Tu niño herido y tus relaciones de pareja

Dentro de ti hay un niño o una niña. ¿Como puede este niño determinar tu vida de pareja?

Este niño está herido cuando durante la infancia se te ha reprimido la expresión libre de sentimientos, sobre todo la rabia y el dolor, convirtiendo al adulto en un “niño enfadado”. También surge cuando ha habido carencias emocionales. 

Este síndrome afecta en gran medida a tu autoestima y determinará tus relaciones de pareja, por eso es fundamental en procesos de mejora de autoestima y en terapia de pareja.

La baja autoestima tiene una consecuencia y es la de dificultar el ofrecer amor a los demás.

No puedes dar amor a los demás si no te amas a ti mism@. En lugar de esto, las personas con baja autoestima actúan amorosamente para conseguir el amor de los demás.

El verdadero amor solo puede manifestarse cuando te aceptas a ti mism@ y esta capacidad de aceptación tiene su origen y desarrollo en la infancia.

Por lo general o tu pareja se parecerá a tu papá y mamá, o proyectarás el comportamiento que tenías con tus padres en tu pareja. Mientras esta relación haya sido sana, no hay problema. Y habrá sido sana cuando no haya generado una dependencia emocional negativa. Esto es, cuando además de quererte te han educado para amarte por ti mismo, comprenderte y perdonarte. Cuando has tenido ambas cosas (amor y capacidad de amarte), no dependes emocionalmente de otro y el amor que ofreces es genuino, libre y gratuito.

Pero cuando esto no ocurre, nos encontramos con personas con un niño interior herido. Y resulta sorprendente indicar que la educación emocional que has recibido de tus padres es una de las principales causas de tu sufrimiento ahora.

Las niñas y niños necesitan seguridad y buenos modelos emocionales para entender sus señales internas. En caso contrario suelen refugiarse en conductas para buscar una satisfacción interior. Estas conductas pueden ser, desde tratar de ser el mejor, la más guapa, el más bueno, el más gracioso hasta ser el más trabajador. Y todo para conseguir que te amen. En definitiva, como “viejos” niños y niñas que somos empezamos a ponernos máscaras.

¿Cómo saber si convives con un niño herido? Los niños y las niñas heridas, cuando son adultos tienen muchas de estas características:

  • Les decepciona una relación sentimental tras otra.

  • O bien sienten pánico si piensan que su pareja les podría dejar. No hay una relación emocionalmente adulta.

  • Buscan continuamente el amor perfecto.

  • Suelen generar adicciones (a comprar, al sexo, al amor, a sustancias…)

  • Necesitan bienes materiales y ganar mucho dinero. Nunca es suficiente.

  • Tienen un vacío existencial. Se aburren.

  • Necesitan la adulación de su pareja, que les compren regalos continuamente.

  • Proyectan en sus hijas e hijos una necesidad de éxito, de triunfo.

  • Son desconfiados. No confían en sus parejas e intentan controlarlas. Pueden llegar a ser violentos.

  • Pueden tener ataques de rabia, ansiedad y sentimientos de gran frustración por cuestiones banales.

  • Exigen a su pareja o están totalmente pendientes de sus deseos. No son capaces de amarse por si mismos.

  • También pueden llegar a ser muy aplicados, exhaustivos y perfeccionistas. Destacan en un arte, disciplina o en el trabajo.

No se trata de culpar a tus padres, pero si de ir a la causa del problema. Esto es particularmente importante, puesto que frente a los problemas de autoestima abundan procesos que personalmente no considero terapéuticos, sino que tan solo generan euforia y el sentirte bien contigo mism@ de forma temporal.

Una terapia efectiva y que busca sanar al niño herido es compleja, puesto que entran en juego los valores y creencias asumidos como guion de vida o como mandatos familiares.

La estrategia se basa en 4 pasos o movimientos:

  • Darse cuenta y comprender los patrones que actuaron en tu infancia y como estos se reproducen en tu vida de pareja, en tu búsqueda de pareja, relaciones sociales, etc.

  • Generar compasión por tus padres, puesto que ellos también fueron niños que fueron educados para ser dependientes emocionales.

  • Desarrollar la capacidad de perdonar las heridas emocionales que tus padres u otras personas te hicieron.

  • Aceptar como son o fueron tus padres, sin idealizarlos y al mismo tiempo conocerte, comprenderte y aceptarte. Tal y como eres, sin intentar ser quien no eres, puesto que esta es la estrategia que habías utilizado para que te amasen.

Si quieres saber cuál, es tu grado de dependencia emocional explora cual es el grado de intimidad que tienes con tu pareja. Pregúntate ¿Cómo puedes compartirte con otro/a y cómo puede alguien llegar a conocerte de verdad, si en realidad no sabes quién eres?

Una forma de tener una buena conciencia de ti mism@ es desarrollando barreras firmes. Por ejemplo, tus barreras sexuales te permiten sentirte cómodo o cómoda con otro y avisarte si alguien se acerca demasiado y te invade. Es como si fueses un país con fronteras claras. De hecho, las personas con barreras sexuales débiles a menudo hacen el amor cuando en realidad no quieren. En parte se venden para conseguir amor.

Cuando alguien te ama de verdad, te quiere por quién eres, así que cuanto más puedas ser tú mism@ mucho mejor.

El amor no sabe de esfuerzos, por eso si eres padre o madre seguro que quieres a tus hijos por lo que son y no por lo que quieres que sean o lleguen a ser. Enséñales también a amarse por si mismos.

Feliz Viaje.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Yo veo al niño que llora en cada paciente *Luigi Cancrini-psiquiatra” 

Causas emocionales de la ludopatía: adicción al juego

La ludopatía, llamada también ludomanía o jugador compulsivo, consiste en una incontrolable necesidad de jugar juegos de azar, afectando el comportamiento del jugador de forma negativa y no productiva. 

Se trata de una adicción al juego que es motivo de muchas peleas, discusiones, descuido del hogar, despilfarro del dinero, desatención personal y social (alimentación, relaciones familiares, sexo, salud, etc…), etcétera, provocando divorcios y otras consecuencias severas. Esta afección se ha relacionado con adicciones como el alcoholismo o drogadicción.

Un jugador compulsivo tiene todo su enfoque en el juego. Sin duda, la distracción es muy fuerte y, como toda adicción, incontrolable. Muchos pensarían que este impulso es una cuestión que implica meramente una necesidad de ganar dinero, pero parece que va más allá, es decir, que el jugador compulsivo juega muchas veces por el sólo placer de estar jugando, y no se es capaz de parar.

El jugador compulsivo es atrapado, entonces, por una actitud impulsiva e incontrolable para aceptar riesgos, pierde consciencia progresivamente de la realidad y comienza a actuar contra su propia razón y sentido común para obtener, constantemente y de forma ansiosa, el dinero para jugar, el cual escapa de sus manos rápidamente.

¿Por qué se padece está adicción?

Como toda adicción, lo más probable es que el jugador compulsivo experimente un dolor emocional severo, puede ser un dolor de rechazo, de no adaptación, de incomprensión, de falta de amor. Al resistirse muchas veces a buscar ayuda profesional o al no tener una orientación adecuada que le ayude a entender sus emociones, encontrará una forma de escaparse ya sea a través del alcohol, las drogas u otros placeres pasajeros como el juego compulsivo.

Las adicciones son formas en que el individuo trata de menguar un dolor emocional fuerte por medio de un supuesto placer. Un jugador compulsivo sin duda intenta atenuar y apartar su inconformidad, soledad, ira o rebeldía con estos momentos de distracción, en donde la carga de adrenalina sube tanto que en verdad hace “olvidarse” al jugador de todo lo demás. El descuido de su salud, de sus relaciones y demás sólo refleja la evasiva a su mismo dolor.

Sin embargo, es inútil apartar el dolor por este alejamiento sino que se engrandece, por lo que en el jugador va aumentando la necesidad de jugar y jugar y jugar. Es por eso que en muchos casos esta adicción va acompañada también de alcohol, de drogas, sexo y todas las evasivas posibles. Los estados emocionales del afectado tienden a ser indiscutiblemente depresivos, y esto lo expresan de muchas formas, con rebeldía, mal carácter, se sienten afectados o víctimas constantemente por lo que les rodean y agreden o se agreden a si mismos, llegando en muchos casos a la violencia. Estos comportamientos los hace ir cayendo cada vez más en un estado de soledad o aislamiento que los hace necesitar más de estímulos externos para aislar su dolor.

Síntomas:

• Sentir ansiedad o desesperación de conseguir más dinero para jugar.
• Necesidad de apostar cantidades cada vez más grandes de dinero.
• Sensación de soledad, frustración y/o dolor después de jugar.
• Haber intentado jugar menos muchas veces, sin conseguirlo.
• Mentir sobre la cantidad de tiempo o dinero gastada en el juego.
• Cometer acciones no legales para conseguir dinero para el juego. 
• Desatención y/o pérdida del trabajo, relaciones, estudios debido al juego.

¿Qué se puede hacer?

Las causas que llevan a una persona a esta adicción pueden venir desde mucho tiempo atrás: en especial, la falta de cultura emocional para que el individuo vaya entendiendo y madurando los sentimientos de frustración, dolor, depresión y todas esas experiencias en la vida que pueden resultarle intolerantes y que más tarde le condicionan a escaparse de lo que siente.
Lo ideal es consultar con un profesional en el caso y llevar al afectado directamente con él. Sin embargo, la posible resistencia de la persona a ser ayudada resulta muchas veces un gran impedimento. En este caso es importante que las personas que rodean al jugador compulsivo eviten sentirse culpables, decaídas o desesperadas por el comportamiento de éste. En realidad estas actitudes no ayudan en nada y lo único que harán es aumentar un ambiente de tensión y depresión. Lo mejor es no permitir que uno hunda a todos.

Sin embargo, cuando hay disposición del afectado a ayudarse, se puede no sólo buscar ayuda profesional, sino seguir estos consejos a medida que sean posibles.

Si tú eres un jugador compulsivo y ya no quieres serlo, puedes seguir estos consejos:

1. Debes de estar muy consciente de tu situación y no negarla ni rechazarla, sino admitirla. No la veas como algo malo o reprobado, y no te castigues por jugar sin control. Admite lo que haces, simplemente.

2. Haz el esfuerzo por realizar una actividad física al menos una hora al día, corre, ve al gimnasio, nada y anda en bici, lo que sea, aunque después te vayas a jugar. Díte a ti mismo: no iré a jugar si no cumplo con esta sesión de ejercicio. Esto, además de oxigenar tu cerebro y vigorizarlo, te ayudará a ir educando tu mente. 

3. Busca lecturas que te hagan comprender mejor lo que sientes y que te hagan profundizar más acerca de todos los talentos que tienes.

4. Busca alguna clase de música, de baile, de algún otro idioma o de alguna actividad que te distraiga, te guste y te mantenga ocupado creativamente. Al principio quizá no sientas muchas ganas, hay que hacer mucho esfuerzo para vencer una adicción, cierto, pero al comenzar a relacionarte en un nuevo ambiente poco a poco irá cambiando tu perspectiva emocional. No te decimos que nunca más juegues, porque el jugar es algo muy interesante y la emoción de ganar también. Pero recuerda que el juego se acaba donde empieza la dependencia…

5. Hay muchas terapias alternativas que te pueden ayudar y apoyar, como las Flores de Bach, el reiki, la fitoterapia y la bioenergética. La medicina natural es ideal para ayudarte no solo a sentirte mejor y bajar tu ansiedad, estrés, e impulsividad, sino a entender y madurar tu energía emocional, la cual está íntimamente relacionada con la adicción al juego.

“Toda adicción surge de una negativa inconsciente a enfrentar el dolor y salir de él. Toda adicción comienza con dolor y termina con dolor. No importa a qué sustancia sea usted adicto: alcohol, comida, drogas legales o ilegales, o a una persona, usted está usando algo o a alguien para ocultar su dolor” (Eckhart Tolle)

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Taller online gratuito de Atención Plena o Mindfulness: 4 vídeos explicativos y 7 audios guiados

Hipnosis Ericksoniana: el viaje al inconsciente

¿Qué es exactamente?

La Hipnosis Ericksoniana fue creada por Milton Erickson, médico psiquiatra y psicólogo clínico. También se la conoce como Hipnosis Naturalista.

La Hipnosis Ericksoniana es un arte en el que el hipnoterapeuta potencia las capacidades, recursos, talentos del cliente. Todo reside en el inconsciente de la persona a tratar y se utiliza para resolver problemas que puedan estar asomando, sean de origen antiguo o reciente y sea cual sea su envergadura, físico o emocional

Usa un lenguaje muy específico y a modo de invitación. Es un lenguaje abierto. El terapeuta adquiere la habilidad de que cada cliente consiga su propio trance en coherencia con su estructura interna.

La hipnosis ericksoniana parte del principio que todos tenemos en nuestro interior, la capacidad suficiente y necesaria para superar cualquier dificultad que se nos presente, sólo que no hemos aprendido a dar con ello.

La habilidad del terapeuta es conseguir que emerjan todas estas respuestas necesarias y los desbloqueos que se estén necesitando.

¿Qué diferencia hay entre la Hipnosis Clínica y la Hipnosis Ericksoniana?

Cuando Milton Erickson creó su método venía de la Hipnosis Clínica.

La Hipnosis Ericksoniana se fundamenta en la participación constante a nivel consciente. A menudo, utiliza el lenguaje metafórico para guiar al inconsciente de la persona hacia el foco de conflicto, llevará al consciente al ritmo y velocidad que la persona necesite.

La Hipnosis Clínica, utiliza sugestiones directas, a modo de órdenes. No se usa únicamente como terapia, puede ser con intención investigadora que la Ericksoniana también tiene, pero apremia el ánimo terapéutico.

¿Qué es un trance?

Cada día te introduces en estados de trance sin tu saberlo. Mientras viajas en transporte público, te vas mentalmente y a nivel de sentidos, literalmente del lugar e incluso en tiempo, trasladándote a lugares del pasado o de posibles futuribles. También, por la noche, entras en trance. Todos ellos se originan de manera espontánea, conviviendo de manera normal con nosotros. A diferencia del trance en hipnosis.

Es un estado de consciencia alterado natural en el ser humano.

Es entrar en un estado de vigilia como el que entras antes de conciliar el sueño.

El trance, el inconsciente…

El trance se puede producir de manera directa, indirecta situaciones de cambio personal, estados de bienestar, cómo crear e incluso experiencias expansivas de consciencia.

En el inconsciente residen todas las experiencias vividas, lo aprendido de ello y las resonancias de las emociones.

En el inconsciente están las motivaciones que adquirimos y todos los potenciales residentes.

Es el que nos mueve, en un 90% de nosotros mismos, dentro de nuestra actividad diaria en cualquier conducta o hábito desde que nacemos hasta que morimos.

Regula funciones básicas orgánicas como el sistema circulatorio, respiratorio, sistema inmunológico, nervioso, endocrino…
Es la parte más libre que tenemos en nosotros mismos. Es ilimitada. Va más allá de lo que la mente racional puede llegar a acceder y comprender. Asume realidades antagónicas que la mente ha determinado como realidades en la dualidad.

El trance ayuda a acceder a todo ello con una intención terapéutica muy intensa y clara, con un potencial a disposición en un estado entre la vigilia y el sueño.

¿Me puedo quedar colgado en un trance?

NO. Y es un no rotundo.
Siempre se entra y se sale por larga que sea una inducción. Si la inducción no va en coherencia con la persona, el consciente junto con el inconsciente rompe el trance de inmediato.

Del único trance que estás colgado es del negativo. Es decir, todo aquello que te sucede, en el día a día, cuando una y otra vez revisitas momentos del pasado doloroso sin salir de las sensaciones y estados. También de la proyección en negativo de un futuro del que no vemos salida.

¿Qué se trabaja a través de una sesión de Hipnosis Ericksoniana?

De todo. Desde estados en los que nos podemos sentir alterados, con angustia, ansiedad, fobias, resolución de traumas, resolver creencias limitadoras que impiden seguir con la vida que queremos tener, miedos, impactos emocionales, comportamientos que queremos mejorar, conflictos relacionales, problemas de concentración, para ser más resolutivos, problemas de autoestima y autovaloración, dolores físicos…

También para potenciar estados bonitos y expansivos que la propia persona tiene consigo.

¿Es útil en toda franja de edad?

De hecho, de manera espontánea, ya la usamos cuando contamos cuentos a nuestros hijos cuando son pequeños, sin ser muy conscientes de los mensajes que enviamos al inconsciente a través de aquellas imágenes que se crean ellos mismos en su imaginación.

Es útil, siempre utilizando una inducción adecuada a cada persona, bien modelada, con un buen estado centrado por parte del hipnoterapeuta y una hermosa empatía con la persona que precisa de la hipnosis.

Sabías que…

La hipnosis existe desde el Siglo XXX a.C. Existen registros en los papiros egipcios, en los que constan inducciones de sacerdotes.

Y en el Siglo XI, Avicena, sabio, filósofo y médico Iraní ya descubrió que la metáfora, la imaginación, la sugestión era capaz de enfermar y de sanar a las personas.

*Les recomiendo especialmente la Conferencia del Doctor Francisco Moya: “La armonía de las emociones

Personas que no aportan nada ¿Cuándo dejarlas marchar?

“Cuando el amor aprieta, es que no es de tu talla”

Esta frase, que leí en algún lugar, se me ha quedado impresa porque recurre a un símil particularmente esclarecedor. Cuando vamos a la tienda y nos probamos un par de zapatos o un vestido, si nos queda chico, pedimos una talla mayor, nos damos cuenta inmediatamente de que no está hecho a nuestra medida y debemos cambiar. Sin embargo, lo que resolvemos en cuestión de segundos en una tienda puede llevarnos años cuando se trata de las relaciones interpersonales. Y es que normalmente nos aferramos a las personas y a las experiencias que hemos vivido con ellas, aunque nos hagan daño o ya no nos aporten nada gratificante.

A veces nos resistimos a aceptar que hay relaciones que están heridas de muerte y prolongar su agonía solo implica hacerse daño innecesariamente, es como hurgar en la herida para provocar más dolor. Cuando una persona no nos aporta nada, lo mejor es dejarla marchar. De esta forma ambos podremos pasar página con mayor rapidez y mirar al futuro.

Las señales que indican que una relación ha llegado a su fin

-Los intereses han cambiado. A veces conocemos a personas en determinadas etapas de nuestra vida, personas con las cuales conectamos inmediatamente pues descubrimos gustos e intereses comunes. Sin embargo, con el paso del tiempo todos cambiamos y no es difícil que desarrollemos intereses distintos que nos alejen. Cuando sentimos que “nada es lo mismo”, ha llegado el momento de replantearnos el sentido de la relación, sobre todo si la otra parte ya ha decidido que la separación es el mejor camino.

-Los acuerdos son una misión imposible. Hay relaciones en las que cada una de las partes quieren cosas diferentes por lo que llegar a un acuerdo es casi imposible. En estos casos lo usual es que las discusiones sienten casa, se convierten en pan cotidiano y terminan afectando el equilibrio psicológico de todos los implicados. Cuando en vez de disfrutar del tiempo que pasamos con el otro, lo empleamos en discutir, ha llegado la hora de dejar ir esa relación pues aporta más cosas negativas que positivas.

-La confianza se ha esfumado. En cualquier tipo de relación, ya sea de pareja o de amistad, la confianza y la sinceridad son pilares fundamentales. Cuando se deja de confiar en el otro se comienza a desarrollar una relación basada en las dudas, la incertidumbre y el recelo. Este tipo de relación no es beneficiosa para nadie y, a la larga, si la confianza no se recupera, solo provocará dolor ya que es probable que ambas partes se hagan daño.

-El peso de la relación recae sobre una persona. Cuando sientes que eres el único que lucha para que la relación funcione, que llevas todos los problemas sobre tu espalda porque la otra persona no pone de su parte, ha llegado el momento de poner punto final. Una relación solo es satisfactoria cuando ambas partes están comprometidas y dispuestas a cambiar o a trabajar para solucionar las dificultades. Si solo una persona arrastra con el peso de los problemas, es porque el otro ha perdido el interés y eso significa que no tiene sentido seguir luchando por algo que ya no existe.

¿Por qué nos aferramos a este tipo de relaciones?

-Nostalgia. En muchas ocasiones nos aferramos a una relación simplemente porque hemos vivido buenos momentos y, cuando los recordamos, nos invade la nostalgia, un sentimiento que nos da la falsa sensación de seguridad. Simplemente preferimos mantenernos atados al pasado en vez de mirar al futuro.

-Miedo. Dejar ir a una persona que ha estado a nuestro lado durante mucho tiempo puede ser aterrador por lo que en ocasiones preferimos a “un malo conocido que a un bueno por conocer”. La creencia de que el futuro es incierto o de que no encontraremos a otra persona nos genera tal desasosiego que preferimos mantener el estado actual de las cosas.

-Hábito. Las relaciones que se han mantenido durante años han ido construyendo a su alrededor una serie de hábitos que han echado raíces. Abandonar estas costumbres y apostar por el cambio puede dar pereza y por eso, a veces preferimos quedarnos en nuestra zona de confort, al lado de una persona que en realidad ya no nos aporta nada.

-Esperanza. Detrás de la esperanza casi siempre se encuentra el amor, muchas personas se aferran a relaciones heridas de muerte simplemente porque tienen la esperanza de que el otro cambie. Sin embargo, recuerda que tampoco se le pueden pedir peras al olmo.

Dejar ir: Un proceso liberador

Cuando en una relación se llega al punto en el cual esta no nos reporta prácticamente nada positivo sino que se ha convertido en una carga de tensión, negatividad y problemas, lo mejor es dejar que esa persona se marche.

Al contrario de lo que muchos piensan, cuando ponemos ese dejar ir en la balanza, no suele ser doloroso sino liberador. Después de meses de discusiones, desencanto y estrés, poner punto final es un alivio. Por supuesto, eso no significa que sea sencillo y mucho menos fácil pero en muchas ocasiones es la única solución para poder continuar adelante.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Vampiros energéticos