Personas adictas al conflicto: perfiles en guerra con ellos mismos

Convivir con personas adictas al conflicto es como habitar en un territorio minado. No solo enrarecen el ambiente con su malestar y con esa ansiedad de quien sabe que basta un comentario, un gesto o una palabra para que salten sobre nosotros. Además, nos contagian esa tensión propia de quien no hace otra cosa que librar guerras internas.

Todos, conocemos o hemos coincidido en alguna ocasión con una personalidad claramente conflictiva. No hablamos del clásico buscador de problemas que puede estar ahora mismo en cualquier aula de un instituto de secundaria, intentado superar su adolescencia y crisis de identidad. Nos referimos a un perfil muy concreto que se caracteriza por un comportamiento orientado solo a desestabilizar, a romper el equilibrio familiar, a crear disputas entre vecinos, y auténticas batallas campales en cualquier escenario laboral.

Hablamos de una adicción, de una búsqueda casi compulsiva del conflicto. Así, más que tomarlo como algo anecdótico, autores tan relevantes como el Doctor Bill Eddy, mediador y creador del instituto para la resolución de conflictos, nos advierte de algo muy concreto. En nuestra cultura, este tipo de personalidad está presente en casi cualquier esfera. Debemos, por tanto, tomar conciencia de lo que hay tras ellas para manejarlas mejor.

Algunas personas causan felicidad ahí donde caminan, otras la proporcionan cuando se van”Oscar Wilde-

Personas adictas al conflicto, la anatomía de la ira

Podríamos decir que la mejor estrategia para lidiar con las personas adictas al conflicto es evitarlas. Sin embargo, no todo en esta vida se soluciona saliendo por la puerta de atrás, poniendo distancia o borrando a alguien de nuestra lista de contactos. Como seres sociales estamos obligados a convivir y, aún más, también cabe la posibilidad de que seamos nosotros mismos una de esas personas. Alguien habituado a recurrir al conflicto cuando hay algo que no sabemos manejar.

Por otro lado, un aspecto que se encuentran en muchas ocasiones los trabajadores sociales, abogados, psicólogos o psiquiatras es a este tipo de personalidad. Porque las personas adictas al conflicto, lo creamos o no, están detrás de muchas demandas, denuncias, casos de violencia de género y disputas laborales. Es como vemos una realidad más que evidente, un comportamiento concreto donde hay alguien que busca proyectar su ira sobre los demás.

El Doctor Eddy estima que si un 15% de la población adulta presenta algún trastorno psicológico de los recogidos en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V), y al menos un 10% de esta proporción evidencia lo que él ha llamado «personalidad de alto conflicto». Veamos qué rasgos y comportamientos retratarían este tipo de personalidad.

¿Cómo son las personas adictas al conflicto?

Algo que debemos tener claro cuando nos enfrentamos a una personalidad de alto conflicto es que el problema, la disputa o la reacción desmedida que hayan proyectado sobre nosotros no es real. El problema no está en nosotros, sino en ellos. En ese interior falto de equilibrio, de gestión emocional, de fortaleza psicológica.

Estas son sus características:

  • Su estilo de pensamiento es de todo o nada. Ellos/as no analizan, no son flexibles, no se toman ningún tiempo para sopesar una situación. Se limitan a generar un tipo de respuesta basada en la agresión o la crítica cuando algo no les gusta o no se ajusta a sus expectativas.

  • Baja eficacia en el control emocional. Algunas personas conflictivas sí tienen cierto control sobre sus emociones, pero lo hacen con una única finalidad: manipular emocionalmente a los demás. Otros, se limitan a volcar su ira y frustración sobre los demás hasta crear atmósferas muy desgastantes.

  • Desestabilizan entornos y personas. Las personas adictas a los conflictos son expertos en difundir rumores, en criticar, en desplegar conductas de dominación, de humillación, de ofensa continuada.

  • Nula resistencia a la frustración y buscadores de culpa. El adicto al conflicto no tolera que algo no salga o no sea como él o ella espera. No solo se frustra, sino que convierte esa frustración en rabia y busca culpables sobre quien proyectarla.

  • Sus pensamientos están siempre dominados por emociones negativas.

  • Presentan incapacidad para reflexionar sobre su propio comportamiento.

  • Dificultad para empatizar con los demás.

  • Evitan cualquier tipo responsabilidad por el problema o por buscar alguna solución.

La persona que no está en paz consigo misma, estará en guerra con el mundo entero” -Mahatma Gandhi-

¿Cómo manejar a las personas adictas al conflicto?

Habrá personas más conflictivas y personas con las que se pueda razonar un poco mejor. Ahora bien, en muchos casos estamos obligados a convivir con perfiles tan complejos como desgastantes, y es ahí donde es necesario tomar adecuadas medidas. Un primer aspecto que no debemos dejar de lado es el siguiente: evitemos tomar sus reacciones como algo estrictamente personal, en realidad este perfil está en conflicto consigo mismo.

Por tanto, y en la medida que sea posible, no nos desgatemos más dando explicaciones y discutiendo con alguien que no puede ni quiere atender a razones. No nos dejemos arrastrar por sus propias tormentas y limitémonos a identificarlas para desactivar el impacto que puedan tener en nosotros.

Asimismo, y ya desde un punto de vista clínico, es importante también hablar de cómo intervenir. El propio DSM está estudiando la posibilidad de incluir ya la personalidad de alto conflicto como un tipo de trastorno a considerar, de ahí que no debamos dejar de lado la importancia de recibir un tratamiento psicológico específico. De este modo, se podrían trabajar aspectos tan relevantes como el manejo emocional, el control y origen de la ira o cómo aprender a vincularse con los demás mediante la empatía y con comportamientos más respetuosos.

Concluiremos diciendo que nadie busca tener una personalidad conflictiva. Estableceremos con ellos ciertos límites, queda claro, pero hay que considerar también que muy a menudo tras esa incómoda fachada de «busca problemas» se abre un trasfondo de complejidades y heridas escondidas que demandan atención.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Quiero dejar de ser destructivo“.

Dolor de caderas y su conflicto emocional

Las caderas llevan mi cuerpo en perfecto equilibrio y están ubicadas entre la pelvis y el fémur (hueso largo que se halla a lo largo del muslo y que forma su esqueleto). Mis caderas permiten a mis piernas moverse para hacer adelantar mi cuerpo hacía delante. Ellas determinan si voy hacía delante o no. Representan mis creencias de base frente a lo que son o a lo que deberían ser mis relaciones con el mundo. La pelvis y las caderas forman un conjunto, y representan así el hecho de lanzarme en la vida. Por lo tanto, las caderas representarán también mi nivel de determinación a progresar en la vida. Acepto avanzar con alegría y confianza en la vida, sabiendo que todo es experiencia para ayudarme a descubrir mis riquezas interiores.

Dolor de Cadera

La cadera es la articulación fundamental para mantenerse en pie y para caminar, asegurando la extremidad inferior de la pelvis. El dolor de esta zona del cuerpo se puede manifestar de dos maneras: por fractura y artritis. Veamos ambas:

Fractura de Cadera

Los huesos representan la estructura de las leyes y principios del mundo en el cual vivo. Cuando hay fractura, ésta es la indicación de que vivo actualmente un conflicto interior profundo. Puede estar en relación con rebelión o reacciones frente a la autoridad (a la cual no quiero obedecer). Esta fractura me señala que no puedo seguir así y que se impone un cambio. La localización de la fractura me informa en cuanto a la naturaleza de este conflicto. Si la fractura tuvo lugar en un accidente, hay que ver cuál es la culpabilidad que vivo con relación a esta situación.

Los huesos representan también el sostén, la estabilidad y una fractura puede ser un aviso de que he de separarme de mi pasado, dejarlo ir con flexibilidad para evitar un estrés inútil y pasar a otra etapa de mi evolución. Pregúntate: ¿Me condicionan mis normas hacía mí mismo o la sociedad al punto de que exija cierta perfección e incluso sea demasiado rígido? ¿Presté más atención en las actividades físicas en detrimento de los aspectos espirituales de mi vida? Para recobrar esta libertad interior, tomo consciencia de lo que me molesta. Acepto amarme suficientemente para expresar lo que siento. Encontrando otra vez mi libertad interior, recobro la libertad de mis movimientos.

Artritis de Cadera

En general, la artritis se manifiesta en personas que son duras consigo mismas, que no se conceden el derecho a detenerse o a hacer lo que les gusta, y además les resulta difícil pedir lo que necesitan. Prefieren que los demás las conozcan lo suficiente para ofrecerles lo que precisan. Cuando los demás no responden a sus expectativas, se decepcionan y sienten amargura y rencor. Incluso pueden abrigar deseos de venganza, aún cuando se sientan impotentes. Esto les hace experimentar una ira que reprimen muy bien. Poseen un sentido crítico interno muy fuerte.

Las personas que padecen artritis tienen un aspecto de docilidad, pero en realidad viven con una gran ira interna y rechazan profundamente este sentimiento. Al igual que la artritis, también las emociones nos paralizan, por lo que estas personas se beneficiarían si dejaran de acumularlas.

Conflicto Emocional

Conflicto arcaico de «Mantenerse en su posición». En persona joven: «Quiero luchar y no puedo, pero soy activo en la lucha». En persona mayor: «No puedo luchar y soporto la lucha pasivamente». La cadera cuenta 4 conflictos importantes: 1) De oposición. 2) De Vesícula Biliar ó energético. 3) De incesto simbólico. 4) De secreto familiar.

1) Conflicto de Oposición: Dos personas se oponen o se enfrentan. En condiciones de lucha adoptamos una posición para resistir en nuestro lugar que fuerza la cadera. Una oposición real sería: “Me opongo a alguien”, una oposición simbólica: “No tengo las mismas ideas políticas que…”. Una oposición activa sería: “Estoy aquí y lucho”. Una oposición pasiva: “No quiero ir allí, pero no puedo oponerme, ni hacer otra cosa” o ”No puedo luchar”.

2) Vesícula Biliar: Conflicto energético. Cólera, ira y rabia reprimida. Rencor e injusticia dentro de un contexto de oposición.

3) Incesto Simbólico: Memorias de tocamientos, abusos, violaciones, etc., en la vida de la persona o en el Transgeneracional o Arbol Familiar. Y también relaciones de incesto directo con hermanos o familiares muy cercanos o simbólicos: “es como si fuese mi hermana, mi padre, mi madre, etc.”.

4) El Secreto Familiar: Algo que no se ha dicho nunca. Puede ser inconsciente para seguir el secreto en el clan. Buscar en el Transgeneracional ó Arbol Familiar. Conflicto de ser derribado por abajo como si hubiera sido un golpe definitivo. Conflicto de gran desvalorización sexual en el sentido de impotencia para tener hijos. Caderas estrechas: Memoria de incestos. Relación sexual en la que es imperioso que no salga ningún bebé. Caderas anchas: Debo velar para que mi hijo no carezca de nada y tenga lo mejor a su disposición”.

Debes ser más flexible

La intensidad de tu dolor es una indicación del grado de tu actitud derrotista. Confía en ti, confía en los demás y ve, lánzate, avanza en tus decisiones. A medida que avances sabrás si tu decisión te conviene y qué hacer si cambias de idea. Debes vivir una experiencia nueva para verificar si lo que quieres en ese momento es benéfico para ti o no. Si piensas: «No va a salir bien», nunca sabrás si eso es lo que debes hacer.

En lugar de creer que no avanzas, sé más consciente de tus progresos. Si no lo crees, comprueba si los demás opinan lo mismo. Sé más flexible, es decir, acepta cambiar con confianza tu forma de pensar; ello te aligerará mucho. Recuerda: ¡En la vida no hay errores, sólo experiencias!

Toma de Consciencia

Es en las caderas que se inicia el movimiento de las piernas, o sea el andar. Las piernas sirven para avanzar libremente. Puedo retenerme de ir hacia delante. De aquí la indecisión para avanzar en la vida.

Por los problemas de las caderas, mi cuerpo me indica cierta rigidez: por lo tanto vivo inflexibilidad frente a una situación o persona. Esto puede proceder de una situación en la cual me he sentido traicionado por alguien o abandonado y esto me ha afectado tanto que vuelvo a plantearme mis relaciones con los demás. Además, tengo el gusto de establecer “nuevas reglas” para protegerme y evitar estar herido otra vez.

Puedo tener una inquietud por el porvenir: por lo tanto, siento angustia cuando debo tomar una decisión importante porque puedo tener la sensación que no voy a ninguna parte o que nunca llegaré a nada. Cuando me duelen mis caderas, mi cuerpo me manda un mensaje. Me ayuda a desarrollar mi consciencia para que adelante en la vida con confianza y seguridad y me enseña a ser más flexible en mi modo de tomar decisiones, asegurándome así un mejor futuro. Cuando hay un dolor, hay alguna culpabilidad.

Así es como un dolor en las caderas, o caderas que no quieren moverse, pueden indicarme que bloqueo mi placer sexual por temor o culpabilidad. Incluso puedo vivir impotencia a nivel sexual como en mi capacidad en aceptarme tal como soy, con mis gustos, mis deseos, mis placeres. Estaré perturbado sexualmente y emotivamente, impidiendo así que mis caderas funcionen normalmente.

Esta impotencia también puede vivirse en el hecho que no me siento capaz o ya no me siento capaz de tomar mi lugar y de oponerme a alguien o algo. La solución al problema de las caderas estriba principalmente en tomar consciencia en que esta situación me obliga a reflexionar sobre los límites que me doy. Estoy en equilibrio y ando en la vida con confianza y serenidad. Agradezco a la vida por todo lo que me hace experimentar en cada instante. Aprendo a vivir en equilibrio con estas experiencias.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Causas emocionales de la artrosis, artritis y poliartritis

 

Purifique su mente limpiando su casa

Las tareas domésticas pueden resultar sencillas, divertidas y ayudar a encontrar la armonía y serenidad interior.

¿Qué le parecería hacer la limpieza de casa como la hacen los monjes budistas? “No es difícil, al contrario, es muy divertido. Si quiere purificar su alma sin moverse de casa, puede hacerlo transformando las tareas del hogar en un ejercicio espiritual”, señala el monje budista japonés Keisuke Matsumoto.

“La jornada de un monje comienza con la limpieza. Se barre el interior del templo, el jardín, y se friega el suelo de la sala principal. No limpiamos porque esté sucio o desordenado sino para librar al espíritu de cualquier sombra que lo nuble”, según el religioso, autor del Manual de limpieza de un monje budista.

¿No se cuenta acaso que uno de los discípulos de Buda encontró el nirvana o liberación del sufrimiento, mientras estaba barriendo?, recuerda este monje del templo Komyoji (www.koumyouji.com) de Tokio.

Para aplicar y aprovechar los consejos, prácticas y las reflexiones filosóficas y espirituales de Matsumoto, no hace falta llegar a tanto. Tampoco es necesario ser oriental, ni budista, ni retirarse a un monasterio zen, sino estar predispuesto a redescubrir la vida con una nueva mirada y efectuar, bajo una actitud diferente, una de las tareas humanas más universales: la higiene doméstica.

De hecho el propio Matsumoto, licenciado en Filosofía por la Universidad de Tokio y con un máster en administración de negocios, introdujo la mentalidad empresarial en el universo budista al sostener que “la gestión de un templo es análoga a la de una empresa. La única diferencia es que el objetivo no es la ganancia, sino la felicidad de sus fieles”. El monje también lleva el blog del templo y su página de Facebook recibe miles de visitas.

Si limpiamos y ordenamos nuestra casa nosotros mismos, nuestra mente se concentra en el presente, y en vivir el aquí ahora, una de las llaves de la felicidad y éxito en la vida y el trabajo, explica a Efe, el japonés Keisuke Matsumoto.

Para el religioso nuestro ambiente refleja nuestra mente y, donde existe desorden, no hay serenidad. “Si una persona puede llegar a ser verdaderamente feliz, incluso en un entorno desordenado, entonces debe ser Buda, es decir un despierto, bromea.

Para la limpieza doméstica, según Matsumoto, no hace falta volver al siglo anterior, ypuesto que vivimos en el siglo XXI, podemos utilizar una aspiradora, no obstante, cualquiera que sea la herramienta o método que elijamos, lo que importa es mantener la actitud de no postergar lo que debería hacerse hoy.

CON LA ESCOBA, ATENTOS AL AQUÍ Y AHORA 

En esta sociedad moderna, el progreso conduce al mundo industrializado que, a su vez, nos impulsa a dejar de lado las tareas manuales. No niego el progreso en sí mismo, que también tiene sus beneficios, pero en medio del progreso tenemos que ser conscientes de nuestro estado mental, añade.

Según este monje los seres humanos tienden orgánicamente a pensar y actuar con la mente centrada en sí mismos, pero esa mente egoísta no les hace felices. Por otra parte, muchas personas están fuertemente conectadas con el mundo materialista y eso les distrae de pensar en lo que es más importante para ellos, y se olvidan de hacerlo.

En ese sentido, efectuar la limpieza de la casa, o del templo en el caso de los monjes budistas, es una práctica diaria que ayuda a cultivar la mente, e incluso algo tan monótono como barrer el jardín con una escoba, logra revitalizarnos”, según Matsumoto.

¿Cómo podemos motivarnos cuando no nos gusta la limpieza de la casa o nos da pereza realizar las tareas domésticas?, le preguntamos al monje.

Supongamos que usted es una persona muy ocupada pero, ¿se ocupa de lo que es realmente importante en su vida? No se convierta en un esclavo de la eficiencia. Observe su entorno más cercano en lugar del futuro o el pasado”, señala Matsumoto, para quien todo lo necesario para ser feliz ya está aquí”.

Supongamos que no nos gusta el trabajo de la casa y pagamos a otras personas para limpiarla. Esto no está necesariamente mal. Hagamos lo que hagamos, será bueno, siempre y cuando vivamos en el momento presente”, añade.

En todo caso, según Matsumoto hay que tener presente que el ambiente de la casa es uno de los factores fundamentales que afectan directamente al estado de ánimo y hay que reflexionar si, mientras otra persona contratada limpia nuestro hogar, nos dedicamos a hacer algo más valioso que la limpieza doméstica o si mantenemos nuestra mente en calma.

En el budismo, no existe una división entre uno mismo y los demás. Consideramos que todas las cosas y seres son interdependientes unos de otros, destaca Matsumoto.

“Así, el ambiente que nos rodea está conectado con nosotros y refleja nuestra mente: cuando ese entorno es desordenado, nuestra mente también. Si mantenemos hermosa nuestra casa, nuestra mente estará muy clara y tranquila”, añade.

Darse cuenta de que todo es interdependiente, es la lección espiritual primordial que puede extraerse de la realización de la limpieza doméstica”, explica a Efe.

DECÁLOGO DE LA LIMPIEZA CONSCIENTE 

No hay que dedicar mucho tiempo, ni hacer grandes esfuerzos para limpiar y ordenar, pero hay que cultivar el hábito de hacerlo cada día, señala Keisuke Matsumoto, quien brinda un decálogo de recomendaciones y claves para encontrar la armonía y la serenidad, realizando las tareas domésticas de forma atenta, y eliminando las impurezas que nublan nuestra alma:

1.- Quienes no cuidan los objetos, tampoco cuidan de las personas. Cualquier objeto ha sido creado con esfuerzo y dedicación. Cuando limpiemos o pongamos orden, debemos tratarlas cosas con cuidado.

2.- Tengamos gratitud hacia las cosas que nos han sido útiles y, cuando realmente no las necesitemos, hagámoslas resplandecer con una nueva luz dándoselas a quien pueda hacer buen uso de ellas.

3.- La limpieza debe hacerse a primera hora de la mañana. Si empezamos en silencio, rodeados por la calma, cuando la vegetación y las personas de alrededor aún duermen, nuestro corazón se sentirá en paz y nuestra mente despejada.

4.- Por la noche, antes de irnos a dormir, debemos recoger, guardar y ordenar las cosas que hemos utilizado y desordenado durante el día, para dejarlas tal y como estaban, y facilitar la limpieza al día siguiente.

5.- Puede que al principio nos cueste, pero si conseguimos limpiar por la mañana y ordenar por la noche, notaremos como nuestro espíritu y cuerpo se mantienen despejados a lo largo del día y podremos disfrutar de una espléndida jornada.

6.- Antes de limpiar, hay que abrir las ventanas y ventilar para purificar el aire. Sentir en la piel la frescura del aire que entra, hace que uno se sienta más despierto y puro y, si llenamos con éste los pulmones, las ganas de limpiar surgen de forma natural.

7.- El aire que entra es templado y agradable en primavera y otoño, bochornoso en verano y gélido en invierno, pero sentir su benevolencia y su dureza en nuestra piel nos pone en contacto con nuestra fragilidad humana, la Naturaleza y la fuerza de la vida.

8.- Para respetar la vida, evitando que proliferen los insectos y tener que matarlos innecesariamente, debemos recoger después de las comidas, tirar la basura orgánica, evitar que se acumule el agua en sitios y recipientes y podar bien la vegetación.

9.- En vez de arrepentirnos del pasado o preocuparnos por el futuro, debemos vivir plenamente el ahora y esforzarnos por no arrepentirnos mañana. Aplicado a purificar el espíritu mediante la limpieza sería: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

10.- Repartir y rotar la limpieza entre todos los miembros de la familia ayuda a valorar lo que los demás hacen por nosotros. Comprender que nuestras existencias dependen unas de otras nos ayuda a trabajar en equipo y a hacer las cosas pensando en los otros.

DESTACADOS:

Si limpiamos y ordenamos nuestra casa nosotros mismos, nuestra mente se concentra en el presente, y en vivir el aquí ahora, una de las llaves de la felicidad y éxito en la vida y el trabajo, explica a Efe, el monje budista japonés Keisuke Matsumoto.

– Para el budismo no hay una división entre uno y los demás;  todas las cosas y seres son interdependientes. Nuestro entorno está conectado con nosotros y refleja nuestra mente: cuando está desordenado, nuestra mente también. Si mantenemos nuestra casa hermosa, nuestra mente estará muy clara y tranquila”, señala Matsumoto.

– “Antes de limpiar por la mañana hay que abrir las ventanas y ventilar para purificar el aire. Sentir en la piel la frescura del aire hace que nos sintamos más despiertos y puros, nos pone en contacto con la Naturaleza y la fuerza de la vida y, al llenar nuestros pulmones, surgen naturalmente las ganas de hacer la limpieza doméstica”, según Matsumoto.

*Si lo desea, puede leer la publicación: Mindfulness” o cómo equilibrar cuerpo y mente.

Háblate mucho y con cariño: vivirás más *Luis Rojas Marcos

Luis Rojas Marcos, Psiquiatra y autor de Somos lo que hablamos. El poder terapéutico de hablar y hablarnos“.

En un vuelo desde Nueva York, la señora española que estaba a mi lado me preguntó si regresaba a la Península. Le contesté que iba a estar unos días, a lo que respondió, muy seria, “mejor, que en España sólo hay ladrones y terroristas“. Me sorprendieron sus palabras y le pregunté cuántos ladrones conocía a su alrededor, a lo que respondió que ninguno. Tampoco conocía en su mundo más cercano, ni siquiera un poco más alejado, a un terrorista… La mujer se dio cuenta de que la visión que había dado de España no se ajustaba a la realidad”.

“El soliloquio te ayuda a gestionar la vida, a enfocar la atención, a concentrarte…”

Esta anécdota de Luis Rojas Marcos (Sevilla, 1943) resume de manera nítida una de las características del prestigioso Psiquiatra afincado en Nueva York, el optimismo, esa mirada positiva de la vida que conduce al que le escucha a creer en la especie humana. Rojas Marcos está convencido de que el ser humano es bondadoso por naturaleza, lo que ocurre es que en el devenir de la vida y según sus experiencias, ese potencial, a menudo, se diluye y se envuelve en negatividad.

Pero es posible cambiar para vivir mejor. ¿Cómo? Hablando, porque “hablar, en cualquiera de sus formas, no sólo añade vitalidad a los años sino también años a la vida”, asegura Rojas Marcos, que acaba de publicar “Somos lo que hablamos. El poder terapéutico de hablar y hablarnos(Grijalbo), el libro que, comenta, más le ha costado escribir porque hablar es uno de los temas que más han influido en su vida personal y profesional.

“Estoy convencido de que hablar es la actividad humana natural más eficaz a la hora de proteger la autoestima saludable, gestionar nuestra vida, disfrutar de la convivencia y las relaciones afectivas y estimular los dispositivos naturales que facilitan nuestro bienestar físico, mental y social”, afirma.

La perspectiva positiva de la vida la implementamos en el lenguaje interior”

Hablar como un remedio de la medicina de la calidad de vida.

Sí, porque se ha demostrado que tan importante como curar una enfermedad es estudiar aspectos del ser humano que nos ayude a vivir mejor, como la actividad física.

¿Usted fue un niño muy hablador?

Sí, mucho. De hecho, el hablar ha jugado un papel esencial en mi vida. Especialmente hablar conmigo mismo. El lenguaje interior me ha ayudado mucho. Yo era un niño hiperactivo, aunque no existía esa denominación entonces, y esos soliloquios me ayudaron a controlarme. Yo no sabía qué hacía mal, pero era consciente de que mi actitud no era adecuada. Lo aprendí con los pellizcos de monja que me daba mi madre, las miradas de mi padre, con las órdenes de los profesores de sentarme en la última fila porque molestaba… (Era un desastre, lo suspendía todo). Entendí que debía controlarme y me lo decía a mí mismo. ¡Me funcionó!

¿Por qué es tan importante hablarse a uno mismo?

Porque te ayuda a gestionar tu vida, a controlarte, a enfocar la atención, a concentrarte en los pasos que debes dar, a mantener la fuerza de voluntad… Muchos estudios han demostrado que es una forma de autoguía muy efectiva.

¿Y si mis soliloquios son negativos y me hunden?

Deberá aprender a hablarse con cariño y así vivirá más y mejor. Porque la perspectiva positiva u optimista de la vida la implementamos en el lenguaje interior.

¿Cómo se aprende?

Siendo consciente de que el lenguaje interior es importante en tu vida y como tú te hables, así repercutirá en el lenguaje social.

¿Los niños que han crecido en un ambiente parlanchín tienen más posibilidades de vivir más y mejor?

Muchos estudios apuntan a que sí, porque serán habladores, extrovertidos. Tendrán más relaciones sociales, compartirán experiencias, estarán más satisfechos, serán más solidarios, más empáticos… Hablen mucho a los niños, a los adolescentes, a sí mismos. ¡Hablen!

“Si los niños crecen hablándoles mucho, hablarán más, tendrán más relaciones, compartirán experiencias y estarán más satisfechos”.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Lo que no decimos enferma

Qué es el triángulo dramático y cómo podemos salir de él

¿Por qué algunas relaciones son armoniosas y felices y otras parecen un tormento? ¿Por qué una relación personal o profesional que parecía buena se convierte, de repente, en un sufrimiento? La explicación la encontramos en el triángulo dramático y en el papel que jugamos cada uno de nosotros, según la teoría de Stephen Karpman, psicólogo transaccional.

Veamos un ejemplo: Pensemos en un profesional amargado con su trabajo. Se pasa el día criticando a su jefe o a la empresa por las decisiones que se toman. Esta misma persona, sin embargo, cuando está con sus amigos, se involucra personalmente en sus problemas para ayudarles, sin que se lo hubieran pedido, y acaba agotado de tanto esfuerzo. Al mismo tiempo, vive una relación de pareja que no le hace feliz. Se queja de su mala suerte y no hace nada para resolverlo. Pues bien, esta persona vive 3 roles o personajes diferentes: en el trabajo es perseguidor, con sus amigos actúa como salvador y en su relación de pareja se siente víctima. Y cualquiera de los tres personajes no le hacen demasiado feliz (ni a él ni a los que le rodean).

La mayor parte de los conflictos en nuestras relaciones personales y profesionales surgen porque hemos adoptado un rol de perseguidor, salvador o víctima. Ninguna de las actitudes anteriores es recomendable, ya que nos vacía de fuerza y nos llena de emociones poco gratificantes. Además, no son roles fijos, sino que vamos cambiando de uno a otro dependiendo del momento o de la situación. Si retomamos el ejemplo anterior, la persona puede ser también perseguidor de su pareja, criticando todo el tiempo lo que hace; o víctima en su trabajo. Por ese motivo, se denomina triángulo dramático: una vez que entramos en el triángulo, saltamos de un vértice a otro con una alegría tremenda. El desafío consiste en salirnos de él y, para ello, tenemos dos claves:

Primer paso: necesitamos reconocer que estamos en la actitud de perseguidor, víctima o salvador.

  • El perseguidor juzga todo cuanto le rodea. Critica, amenaza o culpa de lo mal que le va la vida o de lo que le sucede. Es fácil imaginar que este personaje es muy intransigente y despierta mucha rabia y frustración.

  • El salvador se preocupa de modo excesivo por los problemas de los demás, incluso en detrimento suyo. Presta ayuda, aunque no se la pidan; se rodea de personas que le necesitan y asumen una responsabilidad exagerada del bienestar del resto. También genera mucha frustración porque tiende a sacrificarse, a evitar los conflictos y a no sentirse lo suficientemente reconocido por el esfuerzo dedicado.

  • La víctima se queja constantemente y busca a otros para que le resuelvan sus problemas. Se siente indefenso, susceptible e incapaz de salir solo de las dificultades. Es un personaje que genera también mucha insatisfacción porque la persona no se siente capaz de salir de la situación.

Pues bien, una vez que hemos identificado en una relación concreta qué papel jugamos nosotros y las personas que nos rodean, el siguiente paso consiste en salirse del triángulo dramático, lo que se consigue cuando asumimos la responsabilidad de nuestra propia felicidad y bienestar. Ni criticamos al resto por ser como son, ni nos dedicamos a salvar sus vidas ni esperamos que nadie nos resuelva nuestros problemas. Por ello, veamos cómo conseguirlo en cada uno de los papeles anteriores:

  • El perseguidor necesita asumir la responsabilidad de su enfado, de no controlar todo cuanto le rodea. Ha de aceptar su propia vulnerabilidad (cosa de la que huye como de la peste) y no pretender tener siempre la razón. En el fondo es pasar del personaje de perseguidor al de retador o a plantear desafíos para que otras personas, con sus recursos y habilidades, los asuman.

  • El salvador necesita hacerse cargo de su vida, aprender a decir No y a poner sus propios límites. No ha de ayudar a todo el mundo cuando ni se lo han pedido (recordemos que la actitud de salvador genera dependencia, algo que no es saludable para ninguna de las dos personas). También ha de saber expresar los propios deseos con sinceridad y permitir que otros le puedan ayudar. El cambio consistiría en superar el personaje de salvador por el de facilitador, que da apoyo pero que permite que los otros sean los protagonistas.

  • La víctima necesita recuperar su propia capacidad a través del aprendizaje de sus habilidades. Ha de ganar más confianza en sí mismo, no esperar que otros le digan lo que tiene que hacer ni que le resuelvan las dificultades. Ha de desarrollar una actitud más proactiva. El cambio se consigue cuando la víctima asume el personaje de creador, de quien diseña sus propias decisiones. 

En definitiva, todos vivimos relaciones en las que jugamos un rol poco afortunado, el de perseguidor, salvador o víctima. En la medida que nosotros caemos en el triángulo dramático, es posible que la otra persona también viva alguno de los personajes anteriores. Nuestro desafío es salirnos de dicho triángulo poco recomendable a través de dos claves: reconocer nuestra actitud y asumir nuestra responsabilidad para transformarla en otra más favorable, retador, facilitador o creador. Solo así podremos cultivar relaciones saludables.

*Si lo desea, puede leer la publicación: Arquetipos o patrones de comportamiento, conductas“.

Si aumentas la conciencia, los cambios en tu vida vienen solos

Jon Kabat-Zinn, biólogo molecular, investigador y promotor de “mindfulness” en Occidente.

Tengo 72 años. Catedrático de Medicina en la Universidad de Massachusetts. Llevo 47 años casado, 3 hijos y 3 nietos. Debemos aprender a vivir juntos con nuestras diferencias. La diversidad es una fuerza positiva. Me interesa la experiencia directa de la interconexión, pero no las creencias.

El reto del científico

Se levanta a las cuatro de la mañana desde hace más de 40 años para dedicar una hora a la meditación y otra a la práctica del yoga. Yo salto como una pulga: ¡Quiero vivir, ver a los amigos!.“ Diversión –me contesta con una sonrisa– etimológicamente significa salirte de tu ruta, y si estás enfermo o tienes problemas, es mejor que los resuelvas. Y sabemos científicamente que con la práctica de la atención plena podemos restablecer nuestro equilibrio mental y corporal, estimular la curación y el bienestar. Pero tiene razón, es muy difícil cambiar de estilo de vida. Un reto que explica paso a paso en su ya clásico Vivir con plenitud las crisis (Kairós), que ha revisado y ha puesto al día con los nuevos estudios científicos.

Mi madre, que vivía conmigo, murió a los 101 años. Los últimos 25 años con ella fueron una delicia.

¿Por qué?

Era pintora y a medida que envejecía experimentaba el mundo como Monet: veía formas de luz que la mayoría no observamos. Mi padre era un científico de renombre mundial, experto en el sistema inmunitario. La suya era una polaridad muy interesante.

Polaridad que usted ha integrado.

Cierto, descubrí la meditación zen a los 21 años y desde entonces he investigado de manera científica las capacidades del mindfulness (atención plena) para sanarnos. He demostrado la eficacia de una práctica espiritual milenaria y la he puesto a caminar en Occidente.

¿Por qué le dio por meditar?

En aquella época trabajaba en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) con el premio Nobel Salvador Luria. Estábamos desarrollando la comprensión del genoma, todo era muy interesante, pero me sentía infeliz. En el MIT se desarrollaban armas para el ejército y estábamos bombardeando un país, Vietnam, que ni siquiera tenía fuerza aérea.

Momentos turbulentos.

Philip Kapleau, experiodista, explicó en la conferencia que tras cubrir los juicios de Nuremberg comenzó a tener terribles jaquecas que consiguió sanar retirado en un templo zen. Empecé a meditar una hora diaria para comprobar si eso era posible y nunca lo he dejado.

¿Cómo consiguió aplicarlo a la ciencia?

Tuve suerte, se abrieron puertas que me permitieron crear la Clínica para la Reducción del Estrés y el Centro de Atención Plena para la Medicina en la Universidad de Medicina de Massachusetts.

Sus colegas le debían de mirar raro.

Sí, pero obtuve resultados contundentes e inapelables. Desarrollé un programa (Rebap) para la reducción del estrés basado en la atención plena y en 1982 publiqué mi primer artículo científico sobre los beneficios en pacientes con dolor crónico y estrés. El año pasado se publicaron 674 artículos, es un crecimiento exponencial. Ha llegado el momento.

¿Qué propone usted?

La conciencia plena se ejercita prestando atención de manera activa en el momento presente y sin juzgar. Desarrollar la capacidad de abrazar la realidad de las cosas es curativo y transformador, cambia nuestro cerebro, tal como demuestran las investigaciones neurológicas.

Habla usted como un gurú.

Nuestro programa no tiene nada de alternativo, formamos parte de los departamentos de medicina y tenemos pruebas científicas. Los pacientes consiguen controlar el dolor crónico, la ansiedad, el pánico y paliar los efectos del cáncer o enfermedades del corazón, pero yo se lo recomiendo a cualquier persona.

Implica un cambio de vida.

Si aumentas la conciencia, los cambios en tu vida vienen solos. Requiere disciplina, pero lo más curioso es que no hay que hacer nada. Lo que propone la atención plena no es que uno cambie su vida, sino que se enamore de ella.

Sugestivo.

La atención plena te da otra manera de sostener tu experiencia desde la presencia, algo que no nos enseñan en la escuela. Te enseñan a pensar, pero a menudo el pensamiento no nos es útil a la hora de solucionar problemas vitales.

¿La atención plena lo consigue?

Hemos documentado los cambios experimentados por 20.000 pacientes que han seguido el programa de ocho semanas en nuestra clínica, y que en el mundo son millones de personas.

¿Meditar nos cambia el cerebro?

Regiones que tienen que ver con el aprendizaje y la memoria se ensanchan. La amígdala, la zona del cerebro que reacciona a las amenazas y secuestra la atención, se refuerza; se mejoran las conexiones neuronales e incluso se dan cambios en el genoma.

¿Se activan y desactivan genes?

Sí, por ejemplo los genes que tienen que ver con procesos inflamatorios y por tanto con el cáncer se inhiben. Y hemos comprobado que la densidad y el tamaño del cerebro, que se encoge con los años, deja de hacerlo si meditas.

¿Qué hay que entender?

Lo más difícil de entender es que no hay que hacer nada. No se trata de intentar cambiar, se trata de en lugar de vivir dormido, vivir despierto.

Siempre hay cosas en tu vida que no acaban de gustarte.

Ahí es donde la meditación funciona, porque el hecho de que te gusten o no depende sólo de tus pensamientos. La depresión está causada por una desregulación en el pensamiento, empiezas a rumiar y entras en una espiral negativa que acaba en trastorno.

¿El mindfulness lleva la atención a esos pensamientos negativos?

Si abrazas ese pensamiento, ya no continúa reproduciéndose. Sabemos que una mente distraída es una mente infeliz. Debemos acceder a la conciencia, un tipo de inteligencia innata de la que sabemos poco pero conocemos su poder.

Tenemos sólo algunas piezas del puzle.

Suficientes como para saber que la relación que mantenemos con nuestro cuerpo, nuestra mente, pensamientos y emociones, instante tras instante, nos aporta, si es la correcta, salud, bienestar y sabiduría. El cultivo de la atención plena es un acto radical de cordura, amor y compasión por uno mismo. 

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Mindfulness como complemento al tratamiento en psicosis: la Paz inicia un nuevo programa terapéutico abierto a todos los centros de Madrid“.

Donde no puedas ser tú, mejor no estar

Si no puedes ser tú ahí donde te encuentras ahora, pon distancia. Ganarás en salud mental y protegerás el valioso tejido de tu autoestima.

Donde no puedas ser tú, mejor no estar. Porque ser fiel a la propia identidad, valores y dignidades requiere ser fuerte de corazón y valiente en decisiones. Al fin y al cabo, la vida ya es lo bastante complicada para que otros apaguen nuestras valías y autoestimas, para que nos hagan encajar a la fuerza en espacios y dinámicas que no van con nosotros, que nos hacen sentir mal, que oxidan el ánimo.

Esta reflexión en la que seguramente todos estamos de acuerdo tiene un curioso, pero importante matiz. ¿A qué nos referimos cuando decimos “ser túEs decir, ¿qué significa ser tú mismo? Por extraño que nos parezca son muchas las personas que aún no han logrado dar forma a este músculo, al corazón de la propia personalidad.

Definirnos, conocer dónde están nuestros límites, dónde nuestras pasiones, haber realizado una buena reflexión sobre todo lo vivido, tener claro qué deseamos para nosotros mismos, son pequeños ejemplos de esa piedra angular de la salud mental. Porque defender nuestra esencia y apreciar lo que somos es bienestar y es vitalidad.

Así, es muy común ver a personas que se definen a sí mismas por aquello que hacen: “soy policía”, “soy profesora de autoescuela”, “soy operario de fábrica”, “soy padre de familia”. Ahora bien, más allá de lo que hagamos o dejemos de hacer, hay algo más. Porque las personas no somos solo aquello a lo que nos dedicamos, somos lo que soñamos, lo que hemos vivido, lo que no queremos, lo que esperamos de la vida…

Y todo ello merece ser defendido, protegido a diario.

“Las personas reales están repletas de seres imaginarios” -Graham Greene-

La dificultad de ser tú cada día

El hambre de autenticidad aparece en nosotros a diario. Queremos ser nosotros mismos en cada decisión tomada, queremos que haya armonía en cada una de nuestras relaciones, sin recurrir a la falsedad, sin tener que ceder en cosas que no van con nosotros. Ansiamos, en esencia, salvaguardar ese epicentro donde se halla la propia identidad y que nada ni nadie rompa ese equilibrio.

Y sin embargo, sucede. Casi sin saber cómo dejas de ser tú cuando en el trabajo acabas llevando a cabo tareas que no te agradan ni te identifican. Dejas de ser tú cuando dices “sí” a la pareja, a la familia o cualquier otra persona cuando lo que necesitabas era decir bien alto un “no”.

Tarde o temprano llega ese momento en que nos miramos al espejo y aunque reconozcamos esas facciones, esos matices familiares, gestos y detalles, concluimos con tremenda angustia que hemos dejado de ser nosotros mismos para ser lo que la vida ha hecho de nosotros.

No ser uno duele y nos lleva a la deriva

El psicólogo Mark Leary, profesor de la Universidad de Duke nos advierte de algo importante. Cuando una persona percibe su falta de autenticidad, experimenta un gran sufrimiento. Es decir, en el momento en que dejas de ser tú, día tras día y de forma continuada, llega esa frustración capaz de derivar fácilmente en una depresión.

  • Aún más, algo que ha analizado la Universidad de Harvard a través de un estudio es que la palabra de moda en muchos entornos de trabajo es sé auténtico”. Sin embargo, estamos obligados a formar parte de complejos equipos de trabajo, de seguir los firmes dictados de los directivos, de obtener unos objetivos muy concretos… Todo ello es un arma de doble filo.

  • Es muy complicado ser tú en entornos tan definidos, rígidos y competitivos. Poco a poco aparece la ansiedad, el estrés y ese malestar donde somos plenamente conscientes de que lejos de ser auténticos, estamos supeditados y alienados.

Cuando nos falta la autenticidad, lo queramos o no, estamos obligados a buscar un equilibrio entre lo que hacemos y lo que necesitamos. Entre lo que somos y lo que llevamos a cabo. Así, algo que debemos considerar es que ser fiel a uno mismo no es fácil, requiere que aprendamos a tomar decisiones convincentes y valientes.

Atrévete a ser tú y ganarás en salud y bienestar

Donde no puedas ser tú, pon distancia. Donde no te permitan expresarte, ni demostrar tus valías, donde otros osen apagar tu luminosidad, tus risas y tus valores, huye. ¿De qué nos sirve una vida con semejante sufrimiento? No es lógico ni permisible, por ello, en el momento que percibamos ese pinchazo dañando nuestra autoestima y dignidad, vale la pena reflexionar en las siguientes ideas.

Decisiones basadas en el autoconocimiento

  • En la actualidad, la psicología toma muchas ideas de las corrientes existencialistas. Una de ellas, nos recuerda que para disfrutar de una vida auténtica es necesario un compromiso con nosotros mismos. 

  • Ello implica permitirnos adecuados espacios de reflexión para valorar si lo que hacemos a diario, lo que decimos, respondemos, decidimos hacer, es acorde a nuestro propio ser.

  • Bastaría, por ejemplo, preguntarnos a diario ¿me siento bien con esto que he hecho? Nuestras respuestas sinceras deberán marcar decisiones más valientes.

Recuerda lo que mereces

Si quieres ser tú cada día de tu vida, recuerda lo que mereces. Ten en cuenta tus valías, aprende de tu pasado, sitúa metas en tu horizonte y sobre todo, no te dejes más en segundo lugar. No eres un personaje de reparto, eres el protagonista.

Todos tenemos derecho a tener una existencia plena, satisfecha y alineada con nuestros intereses y pasiones. Todos florecemos a diario y nadie tiene por qué quitarnos nutrientes, marchitarnos con su presencia. Se trata, por tanto, de elegir bien donde expandir nuestras raíces sin olvidar que merecemos aquello con lo que soñamos.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Cuando te permites lo que mereces, atraes lo que necesitas” . 

Agotamiento psicológico, cuando la gota colma el vaso

El agotamiento psicológico nos debilita física y mentalmente. Es una dimensión que surge como resultado de los demasiados”: demasiadas decisiones, demasiados pensamientos intrusivos, demasiado trabajo, obligaciones, interrupciones, ansiedades A su vez, es también el reflejo de muchos pocos“: poco tiempo de calidad para uno mismo, pocas horas de sueño, poca calma interior

Todos hemos experimentado alguna vez esta sensación, este desgaste a todos los niveles. Es importante tener en cuenta que un cerebro fatigado, agotado psicológicamente, trabaja y responde a los estímulos de otro modo. Así, y como dato curioso, el neurocientífico Matthew Walker pudo demostrar a nivel de laboratorio que las personas mentalmente cansadas tienen una percepción más negativa de su realidad y además, son mucho más sensibles a nivel emocional.

A veces simplemente te cansas, te quedas agotado y sin fuerzas en ese rincón solitario del desánimo donde todo pierde su razón de ser, su brillo, su espontaneidad

Por otro lado, un aspecto que a veces nos lleva a errores es llegar a pensar que ese agotamiento psicológico se debe, en esencia, a una acumulación fatídica de errores, de malas decisiones, fracasos o decepciones. No es cierto. La mayor parte de las veces el cansancio es el resultado directo de un volumen desmesurado de tareas y actividades que asumimos sin percibir que nos superan.

Todos hemos oído aquello de que la percepción de nuestra realidad depende a veces de cómo vemos el vaso, si medio lleno o medio vacío. Sin embargo, y en relación al presente tema, podríamos formular la pregunta de otro modo: y tú ¿cuánta cantidad de agua podrías soportar si tuvieras esa taza en la mano? A veces, basta solo una gota más para colmar el vaso y llegar al límite de nuestras fuerzas.

Agotamiento psicológico, un problema demasiado común

Carlos se siente satisfecho con su vida, de hecho, no podría pedir más. Es diseñador gráfico, le gusta su trabajo, tiene una pareja a la que adora y además acaba de ser padre. Todo lo que le rodea es satisfactorio, no hay ningún problema importante en su vida; sin embargo, cada día nota que le cuesta más tomar decisiones, su humor es más taciturno, no puede concentrarse e incluso tiene problemas para conciliar el sueño.

Se siente incapaz de entender qué le ocurre. Todo va bien, de hecho debería sentirse más feliz que nunca; sin embargo, en su mente hay una especie de sensor que le indica que algo falla, que algo va mal. Si tuviéramos un observador externo en esta historia nos podría explicar varias cosas que le servirían de ayuda a nuestro protagonista.

Una de ellas es que Carlos tiene la sensación de que están ocurriendo demasiadas cosas a la vez en su vida: un ascenso, nuevos proyectos profesionales y clientes a los que satisfacer, un hijo, una hipoteca, la consolidación de una etapa personal donde desea (se exige) que todo sea “perfecto”. Todo ello da forma a una constelación donde muchos pocos hacen un demasiado en su cabeza, poniendo en peligro su capacidad de control. Su agotamiento mental es evidente, además de desgastante. 

Veamos a continuación cómo impacta en nosotros la fatiga mental.

Signos y consecuencias del agotamiento psicológico

  • Fatiga física y pérdida de energía. La sensación de agotamiento llega a veces a tal nivel que es común levantarnos por la mañana teniendo la firme convicción de que no vamos a poder con nuestra jornada.

  • Insomnio. Al principio es común sufrir súbitos despertares por la noche, pero más tarde podemos experimentar serias dificultades para conciliar el sueño.

  • Pérdidas de memoria. Según un artículo publicado en la revista The Journal of Forensic Psychiatry & Psychology, el agotamiento psicológico suele producir una alteración cognitiva llamada efecto de desinformación. Es ese donde confundimos datos, donde evocamos la información de forma incorrecta, mezclando imágenes, personas, situaciones

  • Entre los síntomas físicos es común experimentar palpitaciones, problemas digestivos, cefaleas, pérdida del hambre o un aumento excesivo del apetito

  • A nivel emocional es muy característico el sentirnos más sensibles, a la vez que apáticos, irritables y pesimistas.

  • Asimismo, otra característica común es la anhedonia, es decir, incapacidad de sentir placer, de disfrutar de las cosas tanto como antes, ya no nos ilusionamos, la vida se vuelve más gris y el mundo se queda suspendido en un horizonte lejano donde solo escuchamos su rumor desde la distancia

El sueño es un buen colchón para el cansancio” Juan Rulfo

Cómo afrontar el agotamiento psicológico

Decía Eric Hoffer que el peor cansancio llega por el trabajo no realizado. Es una gran verdad. En ocasiones el auténtico agotamiento se conforma por todo aquello que queremos hacer y no hacemos. Por todos esos objetivos cotidianos que nos proponemos y que nos sobrepasan, a los que no llegamos, los que quedan frustrados porque nuestro nivel de exigencia es muy alto o las presiones del entorno, desmesuradas.

Al final sucede, la gota colma el vaso y el vaso ya pesa en exceso. Es entonces cuando todo se nos va de las manos. Así, lo que deberíamos hacer en estos casos y antes de nada, es tomar conciencia de lo que nos está sucediendo. El agotamiento psicológico está ahí y debemos evitar que la “criatura” se haga más grande, más oscura y opresiva. Reflexionemos por tanto en las siguientes dimensiones, en esos pasos que deberíamos poner en práctica después.

3 permisos que debes darte para escampar las nubes de la fatiga mental

  • Date permiso para reencontrarte. Puede parecer irónico, pero el agotamiento psicológico tiende a aprisionarnos en las capas de las preocupaciones, las auto-exigencias, presiones, deberes y ansiedades hasta el punto de olvidarnos de nosotros mismos. Date permiso para reencontrarte y para ello, nada mejor que disfrutar de una hora al día donde reducir al máximo todo estímulo (fuera sonidos, fuera luces artificiales). Hallemos un entorno tranquilo donde limitarnos a ser y a estar.

  • Date permiso para priorizar. Este es sin duda un punto esencial. Recuerda qué es prioritario para ti, qué es lo que te identifica, lo que amas, lo que hace feliz. Lo demás será secundario y no merecerá semejante inversión emocional y personal por tu parte.

  • Date permiso para ser menos exigente. El día tiene 24 horas y la vida, lo queramos o no, tiene una cuota limitada. Aprendamos a ser realistas, a aprovechar el tiempo sin ponernos presiones, listones altos o el deseo de que todo sea perfecto. A veces, basta con que todo sea igual que ayer, con su equilibrio humilde y tranquilo.

Para concluir, sabemos que nuestra realidad es cada vez más demandante, que a veces queremos llegar a todos y a todo; sin embargo, no está de más recordar una idea. Estamos hechos de piel, de carne, de corazón y tendones psicológicos que deben nutrirse también de tiempo de calidad, de descanso, calma y ocio. Aprendamos a priorizarnos, a cuidarnos como merecemos

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Mindfulness” o cómo equilibrar cuerpo y mente.

Cómo vencer la Procrastinación

“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy

¿Te distraes cuando trabajas en algo importante para hacer algo más trivial?

Distraerse es un síntoma común de la procrastinación.

Entender que es la procrastinación y cómo evitarla es un tema que afecta a tantas personas que debería enseñarse en las escuelas del siglo XXI.

Procrastinar significa posponer la tarea que estás realizando para realizar otra actividad secundaria que te distraiga de la principal.

¿Alguna vez has estado nervioso ante algo como ir al médico y dabas vueltas por tu casa ordenando, limpiando o haciendo tareas para distraerte? Eso es lo que se siente al procrastinar.

Procrastinar tiene que ver con sentirnos desmotivados o con relacionar la tarea que estamos realizando con posibles consecuencias negativas. Si estás sumergido en una tarea que no disfrutas, tu mente necesita dejarla a un lado para respirar y hacer algo que te resulte más placentero.

Procrastinar no tiene nada de malo, todo el que se enfrenta a una tarea tediosa la sufre en mayor o menor medida.

El problema es cuando la procrastinación es tan importante que tus tareas se alarguen indefinidamente.

¿Cómo Vencer La Procrastinación?

La procrastinación es una forma de tu mente de decirte que estás haciendo algo mal. Para solucionarla, identifica cual es la causa de la siguiente lista que te afecta.

1. Miedo / Perfeccionismo / Estrés

Son tres caras de la misma moneda. El perfeccionismo y el estrés son formas de miedo. El perfeccionismo es miedo a no ser lo suficientemente bueno. El estrés es un estado de tensión constante causado por un miedo.

Vamos a analizar algunas estrategias para mejorar tu respuesta ante el miedo.

a. Busca la causa de tus miedos

Entender tu miedo es estar a mitad de camino de la solución. Si no conoces la causa de tu miedo no podrás solucionarlo.

Pongamos por ejemplo que alguien tiene que realizar una tarea importante en su trabajo y está procrastinando y se siente estresado.

¿Qué es lo que realmente le causa miedo? Podría ser que le preocupara la posibilidad de que su jefe no esté satisfecho y pierda el trabajo. ¿Por qué le preocupa perder el trabajo, que consecuencias tendría esto? Podría ser que temiese perder su fuente de ingresos o que le preocupase lo que su familia pueda pensar.

b. Enfréntate a tus miedos

  • Ocúpate de lo que haces ahora

Lo único que puedes controlar es lo que haces ahora. No puedes predecir el futuro. No puedes controlar lo que pasará mañana, no puedes controlar el futuro. Céntrate en la tarea que estás realizando ahora mismo.

  • Pon las cosas en perspectiva

Piensa en ti mismo dentro de un año, ¿dónde estarás?, ¿qué harás?, imagínate recordando el momento actual dentro de un año. ¿Importará mucho lo que estás haciendo ahora mismo dentro de un año?

  • Relájate mientras trabajas

Ahora mismo estoy escuchando música de Yann Tiersen mientras escribo. Parece increíble pero escuchar música relajante me ayuda mucho a concentrarme cuando el perfeccionismo se apodera de mí.

2. Falta De Diversión

El trabajo parece tan importante a veces que nos olvidamos que somos seres humanos que necesitan divertirse para vivir. En lugar de eso nos tratamos cómo robots dedicando nuestro tiempo a tareas tediosas y aburridas.

Si pasas la mayoría de tu tiempo en una sola actividad o área de tu vida, esta parte se va a hacer pesada para ti y las otras áreas de tu vida van a sufrir como consecuencia.

Intenta distribuir tu tiempo de forma equilibrada entre trabajo y diversión.

3. Falta De Motivación

¿Por qué estás haciendo lo que haces? ¿Qué es lo que te motiva de tu trabajo? Si crees que tu trabajo es una obligación o una carga quizás deberías buscar una forma alternativa de enfrentar tu trabajo o quizás deberías buscar otro trabajo. No sigas haciendo algo si no tienes un motivo sin más.

Dos formas de hacer una tarea aburrida más motivadora:

  • Si tienes que realizar tareas largas y aburridas intenta añadirles un elemento de diversión.

  • Escoge algo que realmente te guste como recompensa por tu trabajo y prémiate cada vez que termines una tarea.

4. Trabajo Ineficiente

Trabajar más tiempo del que es necesario puede hacer que tu trabajo resulte aburrido.

  • Trabaja menos horas para ser más productivo

Trabajar más horas no significa trabajar más. Asegúrate que las horas que dedicas a tu trabajo las pasas trabajando realmente y no en tareas menos importantes como revisar el correo, charlar, buscar información indefinidamente, etc.

  • No pierdas de vista tu objetivo

¿Por qué estás haciendo lo que haces? Por ejemplo, el motivo por el que escribo es ofrecerte regularmente consejos prácticos para tu desarrollo personal. Si estuviera preocupado por lo que la gente pudiera pensar o por si el artículo está perfecto al 100% no escribiría.

Concéntrate en tu objetivo, es lo único importante, el motivo por el que haces lo que haces. Si pierdes tu objetivo de vista te encontrarás trabajando en cosas con poco valor.

5. Falta De Planificación

  • Planifica

Planificar te ayuda a concentrarte en las tareas más importantes, saber que tienes que hacer y cuanto tienes que dedicarle en cada momento.

  • No te sobrecargues de trabajo

Tener una lista interminable de tareas pendientes te hace sentir impotente. Asegúrate que decides correctamente cuanto tiempo te lleva cada tarea para que no se te acumule el trabajo y delega y elimina las tareas menos importantes.

6. Falta De Disciplina

  • Usa la disciplina, empieza aunque no te apetezca

A veces te apetece trabajar y eres muy productivo, pero quizás muchas veces te pones manos a la obra pero no te apetece nada trabajar. Piensas mmm… quizás dentro de 30 minutos tendré más ganas de hacerlo. Pasan 30 minutos y aún no tienes ganas de empezar.

El mejor momento para empezar a hacer algo es ahora mismo. Aprende a usar tu fuerza de voluntad y verás que una vez has empezado, seguir trabajando es fácil.

7. Fatiga Física O Mental

Si no te alimentas bien, no estás en forma, no descansas lo suficiente o no duermes correctamente, tu cuerpo no quiere trabajar, quiere descansar y no te dejará hacer nada de lo que le pidas.

Asegúrate que descansas lo suficiente mientras estás trabajando, y duerme todo lo que te haga falta por la noche.

  • Juan Sebastián Celis Maya (Autor Internacional Experto en Desarrollo Personal Para El Éxito Y La Libertad Financiera) Fuente: sebascelis.com

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Profesiones que reparan: Dime en que trabajas y te diré que reparas“. 

Logre que casi todo le importe un pimiento

No se trata de ser indiferente a todo. Pero en la vida hay que decidir qué guerras merece la pena librar para despreocuparnos de lo demás.

Cuando entramos en conflicto con alguien o con el mundo en general, consumimos buena parte de nuestra energía con enfados, pensamientos negativos, réplicas y contrarréplicas. Ser reactivos, además de agotarnos, nos coloca siempre en desventaja, ya que entonces no decidimos nuestras acciones: vamos a remolque de los acontecimientos, tratando de defendernos y justificarnos, buscando que los demás corrijan su actitud, se disculpen o hagan aquello que nosotros haríamos en su lugar. Algo que nunca se producirá, ya que nadie está en el lugar de nadie.

Contra todo este sufrimiento mental innecesario, el bloguero Mark Manson nos formula la siguiente pregunta: “¿Y si lográramos que todo nos importara un pimiento?”. Este tejano, de 33 años, empezó escribiendo para sí mismo artículos que reflejaban su visión de la vida. La conclusión a la que llegaba es que prácticamente nada de lo que nos preocupa merece la atención que le dedicamos. Podemos resumir su filosofía en estos cinco puntos:

-Los marrones, decepciones y pequeñas catástrofes estarán siempre presentes en nuestro día a día. Forman parte de la existencia. Acéptelo.

-La felicidad reside en que no te importen demasiado. Es decir, cuanto menos te afecten mentalmente los conflictos cotidianos, más libre y satisfecho estarás.

-Ponerse siempre a prueba e intentar demostrar a los demás lo fuerte que somos nos conduce a la infelicidad.

-Dado que vivir consiste en resolver problemas, seleccione al menos los que merezcan la pena.

-El enfrentamiento es necesario. Hay cosas en nuestra vida que necesitan romperse para luego recomponerse y ser mejores.

El blog de este millennial desenfadado y a menudo irreverente empezó a cosechar millones de seguidores. Al final Manson acabó publicando el best seller titulado El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda (editorial HarpersCollins). La clave del libro es el adverbio casi: a menos que una persona esté hundida en una apatía depresiva, es imposible que todo lo que le suceda le resulte igual. En sus propias palabras: “Aquí tenemos una verdad escurridiza sobre la vida”.

No existe eso de que todo nos importe una mierda. Algo debe importarte () La pregunta entonces es: ¿qué debe importarme? ¿Cómo seleccionamos? ¿Y cómo puede importarnos una mierda lo que, a fin de cuentas, no importa?”.

Las decepciones, los marrones y pequeñas catástrofes forman parte de la existencia. Acéptelo.

A lo largo de una sola jornada interactuamos con mucha gente, se producen roces y malentendidos, pero depende de cada persona separar el grano de la paja, ya que nuestro espacio mental es limitado. Si nos dejamos arrastrar por asuntos secundarios, estaremos perdiendo un tiempo y energía preciosos para lo que sí es relevante. Lo que es verdaderamente prioritario solo lo puede saber el propio individuo, pero sí podemos identificar muchos distractores que nos absorben las fuerzas y que no merecen el tiempo que les dedicamos. Por ejemplo:

—La opinión de los demás: no podemos influir en la forma en la que nos ven los otros y, en el fondo, tampoco importa una m***** (como diría Manson). Lo que sí tiene valor es la opinión que tengamos de nosotros mismos.

—Las afrentas y calamidades: el daño que hayamos sufrido por parte de terceros no debería ocupar nuestro espacio mental, más allá de la decisión de tomar distancia. Hay que dejar ir lo que no aporta novedad ni valor a nuestra vida.

—Los pronósticos: la ansiedad que nos produce pensar sobre el futuro nos amarga la existencia. Como dice el poema de Constantino Cavafis Esperando a los bárbaros, mientras se teme la llegada de todos los males, nadie hace lo que tiene que hacer. ¿Y si dejamos de inventar excusas y nos ponemos a trabajar en lo que sí depende de nosotros? Terminaremos respondiendo a la segunda pregunta de Manson: ¿Y cómo puede importarnos una mierda lo que, a fin de cuentas, no importa? Pues siendo consciente de que hay que saber tirar de la cadena, desactivar las cuestiones accesorias. El psicoterapeuta estadounidense Richard Carlson nos plantea una pregunta que nos puede ayudar: “¿Tendrá esto trascendencia dentro de un año?”. Si la respuesta es negativa, es una tontería dedicarle un minuto más.

La clave del bienestar es dejar de sentirse víctima de los acontecimientos para decidir, momento a momento, lo que queremos que sean los elementos relevantes de nuestra vida. 

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Háblate mucho y con cariño: vivirás más *Luis Rojas Marcos“.