Claves para dominar conversaciones difíciles

De vez en cuando, tenemos que enfrentarnos a conversaciones difíciles aunque no nos apetezca.

Muchos optan por evitarlas como si el problema fuera a desaparecer. Pero esto no funciona así. De hecho, en muchas ocasiones posponer lo inevitable solo complica más las cosas.

No hay que tener miedo a una conversación difícil. Existen formas de enfrentarse a este tipo de situaciones, incluso se puede llegar a dominarlas para evitar hacer de ellas un drama y conseguir lo que se espera de cualquier conversación: una comunicación eficaz. Veamos cómo hacerlo.

“Cuando se abre la puerta de la comunicación, todo es posible. De manera que debemos practicar el abrirnos a los demás para restablecer la comunicación con ellos” -Thich Nhat Hanh-

Estrategias para hacer frente a conversaciones difíciles

Ante todo debemos aparcar esa idea preconcebida de conversación difícil. Al fin y al cabo, así es como llamamos a las conversaciones en las que prevemos que vamos a tener problemas. Además, cuando lo hacemos, anticipamos conflictos. Y eso genera una actitud previa de tensión. Nos ponemos a la defensiva. Y es en este punto donde empiezan los problemas.

He aquí el paso previo para dominar conversaciones difíciles: no anticipar las complicaciones. Eso nos ayudará a estar centrados en la conversación y ver las cosas con perspectiva. Y nos permitirá estar atentos a las señales de nuestro interlocutor para gestionar eficazmente sus cambios emocionales y sus reacciones.

Escucha activamente sin anteponer tus sentimientos

Las personas necesitan sentirse escuchadas. Por ese motivo no solo debes mostrarte atento y dispuesto a escuchar, sino que todo tu cuerpo debe demostrar que estás escuchando. Además, la escucha es una condición indispensable en la comunicación.

Si la otra persona percibe tensión o ansiedad, si siente que estás a la defensiva o que tienes una actitud agresiva, reaccionará negativamente y no estará dispuesta a escuchar. Si por el contrario, te muestras alentador, tranquilo, calmado e incluso compasivo, a la otra persona le resultará más fácil calmarse.

Una conversación, por difícil que sea, no es una lucha. No hay ganadores ni perdedores. Por eso, si quieres sacar algo en claro, debes mantener la calma, especialmente cuando el otro manifieste señales de cambios emocionales.

Las conversaciones difíciles se transforman en eficaces cuando se emplea la escucha activa.

No antepongas tus sentimientos, aunque te haya herido

Por otra parte, es importante que no antepongas tus sentimientos, aunque te hayan herido. El otro necesita sentirse validado, es decir, saber que sus sentimientos también importan. Necesita saber que crees en él, incluso a pesar de sus acciones y del daño que te haya hecho con ellas.

Por eso, antes de nada, una vez que haya quedado claro el propósito de la conversación, interésate por los pensamientos y sentimientos del otro. Acéptalos antes de continuar, sin juzgarle ni echarle nada en cara. Luego, puedes exponer tus ideas y sentimientos.

Aprende a interpretar y manejar la señales de cambio emocional

Ante una conversación difícil, muchas personas se bloquean. Esto provoca que se pongan más nerviosas aún y que la conversación no acabe bien. Sin embargo, si estás atento y observas ciertos cambios puedes ayudar a mantener la calma y mantener así la conversación bajo control.

Por ejemplo, si observas un cambio en el tono de voz, como hablar más bajo o más acelerado, puedes decírselo a la otra persona. Ahora bien, también puedes optar por no notificárselo pero tener en cuenta su significado. A menudo, en mitad de una explicación, las personas cambian el modo de hablar justo antes de decir qué es importante para ellos. Esto es porque temen lo que pueda suceder o porque sienten que hay un problema que les impide avanzar.

Otra señal que debes observar es la risa nerviosa. Algunas personas se ríen cuando se sienten avergonzadas o incómodas. No es una burla, ni mucho menos. De hecho, es algo parecido a lo que ocurre cuando lloramos de felicidad.

La risa nerviosa suele indicar malestar. Esa señal te abre la puerta para preguntar al otro cómo se siente y para identificar un punto de partida a partir del cuál seguir adelante de manera positiva. Este tipo de risa también puede indicar que la persona está tratando de escapar de un sentimientoPor eso es importante pedir que exprese lo que le inquieta o necesita para superar el bloqueo.

Otra señal de cambio emocional es la modificación del patrón de contacto visual. La mirada puede indicar que el otro necesita tomarse un descanso. Ahora bien, si la dirige hacia otro lado o la sostiene de manera fría y amenazante puede significar que en la conversación se ha hablado de algo importante. Es el momento de pedir al otro, sin agresividad y con verdadero interés, que comparta su punto de vista y escucharlo sin interrupciones ni juicios.

Si lo que detectas es que la otra persona utiliza mucho la palabra “pero” es señal de que está a punto de decir lo que teme, pero no arranca a decirlo por miedo o vergüenza. Aprovecha los “pero” para ayudarle a terminar.

Gestionar conversaciones difíciles es bueno para ambos

Como decíamos antes, una conversación no es una batalla en la que hay ganadores y perdedores. Si quieres entender algo, sacar conclusiones o plantear soluciones es necesario llevar por buen camino una conversación difícil.

No se trata de tener razón, ni de demostrar nada al otro. De hecho, ante este tipo de conversaciones, no hay peor enfoque posible. No ganas nada y pierdes mucho. Si no quieres cerrarte puertas debes abrir tu mente y dejar de lado el rencor, la ira y la rabia. 

Si esto es difícil -muchas veces lo es, no nos engañemos- piensa qué quieres conseguir con esa conversación y díselo a la otra persona. Es fundamental que ambos sepáis a dónde queréis llegar.

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Las 4 leyes del desapego para la liberación emocional

Es posible que la palabra desapego te cause cierta sensación de frialdad e incluso de egoísmo emocional. Nada más lejos de la realidad. La palabra desapego, entendida dentro del contexto del crecimiento personal, supone un gran valor interior que todos deberíamos aprender a desarrollar.

Practicar el desapego no significa en absoluto desprendernos de todo aquello que nos es importante, rompiendo vínculos afectivos o relaciones personales con quienes forman parte de nuestro circulo personal.

Significa básicamente saber amar, apreciar e involucrarnos en las cosas desde un punto de vista más equilibrado y saludable, liberándonos a su vez de esos excesos que nos ponen cadenas y que nos amarran. Que nos cortan las alas.

La liberación emocional es darnos la opción de vivir con más honestidad de acuerdo a nuestras necesidades, ofreciéndonos a su vez la opción a crecer, de avanzar con conocimiento de causa. Sin dañar a nadie, sin que nadie nos ponga tampoco su cerco camuflado con las cadenas del amor pasional, filial o incluso materno.

Aprendamos, pues, a poner en práctica estas sencillas leyes sobre el desapego…

Primera ley: eres responsable de ti mismo

Nadie va a retirar cada piedra que te encuentres en tu camino, al igual que nadie va a respirar por ti ni se va a ofrecer como voluntario para cargar tus penas o sentir tus dolores. Tú mismo eres artífice de tu propia existencia y de cada paso que das.

Así pues, la primera ley que debes tener en cuenta para practicar el desapego, es tomar conciencia de que eres pleno responsable de ti mismo.

-No pongas en el bolsillo de los demás tu propia felicidad. No concibas la idea de que para ser feliz en esta vida, es esencial encontrar una pareja que te ame, o tener siempre el reconocimiento de tu familia.

Si el barómetro de tu satisfacción y felicidad está en lo que los demás te aportan, no conseguirás más que sufrimiento. ¿La razón? Pocas veces lograrán cubrir todas tus necesidades.

-Cultiva tu propia felicidad, siéntete responsable, maduro, toma conciencia de tus decisiones y de sus consecuencias, elige por ti mismo y no dejes nunca que tu bienestar dependa siempre de corazones ajenos.

Segunda ley: vive el presente, acepta, asume la realidad

En esta vida, nada es eterno, nada permanece, todo fluye y retoma su camino tejiendo ese orden natural que tanto nos cuesta asumir a veces. Las personas estamos casi siempre centradas en todo aquello que ocurrió en el pasado y que, de algún modo, se convierte ahora en una dura carga que altera nuestro presente.

Esas desavenencias familiares, ese trauma, esa pérdida, ese fracaso sentimental o esa frustración no superada. Todo ello son anclas que nos aferran, que ponen cadenas en nuestros pies y anzuelos en nuestra alma.

Es un apego tóxico y poco saludable que nos impide avanzar en libertad y plenitud.

Acepta, asume y aunque te cueste, aprende a perdonar. Te hará sentir más liberado y te ayudará a centrarte en lo que de verdad importa, elaquí y ahora, este presente donde tienes tu verdadera oportunidad. ¿A qué esperas?

Tercera ley: promueve tu libertad y permite ser libres también a los demás

Asume que la libertad, es la forma más plena, íntegra y saludable, de disfrutar de la vida, de entenderla en toda su inmensidad.

No obstante, ello no impide que podamos establecer vínculos afectivos con otras personas, porque también ello forma parte de nuestro crecimiento personal. Saber amar y saber recibir amor.

No obstante, el desapego implica que nunca debes hacerte responsable de la vida de los otros, al igual que los demás, no deben tampoco imponerte sus principios, sus ataduras o cadenas personales para aferrarte a ellos. Es aquí donde empieza el auténtico problema y los sufrimientos.

Los apegos intensos nunca son saludables, pensemos por ejemplo en esos padres obsesivos que se exceden en la protección de sus hijos y que les impiden poder madurar, poder avanzar con seguridad para explorar el mundo.

La necesidad de “despegarse” es vital en estos casos, ahí donde cada uno debe salir de los límites de la certidumbre para aprender de lo imprevisto, de lo desconocido.

Cuarta ley: asume que las pérdidas van a sucederse tarde o temprano

Volvemos de nuevo a la misma idea: aceptar que, en esta vida, nada puede contenerse eternamente. La vida, las relaciones, e incluso las cosas materiales, terminan desvaneciéndose como el humo que se escapa de una ventana abierta o el agua fresca que resbala por nuestros dedos.

Las personas se irán, los niños crecerán, algunos amigos dejarán de serlo y algunos amores se irán del calor de tu mano… Todo ello forma parte del desapego, y como tal, hemos de aprender a asumirlo para afrontarlo con mayor integridad. Con mayor fuerza. Pero lo que nunca va a cambiar, es tu capacidad de querer. Y debes empezar siempre por ti mismo.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Amarnos a nosotros mismos

Causas emocionales de la ludopatía: adicción al juego

La ludopatía, llamada también ludomanía o jugador compulsivo, consiste en una incontrolable necesidad de jugar juegos de azar, afectando el comportamiento del jugador de forma negativa y no productiva. 

Se trata de una adicción al juego que es motivo de muchas peleas, discusiones, descuido del hogar, despilfarro del dinero, desatención personal y social (alimentación, relaciones familiares, sexo, salud, etc…), etcétera, provocando divorcios y otras consecuencias severas. Esta afección se ha relacionado con adicciones como el alcoholismo o drogadicción.

Un jugador compulsivo tiene todo su enfoque en el juego. Sin duda, la distracción es muy fuerte y, como toda adicción, incontrolable. Muchos pensarían que este impulso es una cuestión que implica meramente una necesidad de ganar dinero, pero parece que va más allá, es decir, que el jugador compulsivo juega muchas veces por el sólo placer de estar jugando, y no se es capaz de parar.

El jugador compulsivo es atrapado, entonces, por una actitud impulsiva e incontrolable para aceptar riesgos, pierde consciencia progresivamente de la realidad y comienza a actuar contra su propia razón y sentido común para obtener, constantemente y de forma ansiosa, el dinero para jugar, el cual escapa de sus manos rápidamente.

¿Por qué se padece está adicción?

Como toda adicción, lo más probable es que el jugador compulsivo experimente un dolor emocional severo, puede ser un dolor de rechazo, de no adaptación, de incomprensión, de falta de amor. Al resistirse muchas veces a buscar ayuda profesional o al no tener una orientación adecuada que le ayude a entender sus emociones, encontrará una forma de escaparse ya sea a través del alcohol, las drogas u otros placeres pasajeros como el juego compulsivo.

Las adicciones son formas en que el individuo trata de menguar un dolor emocional fuerte por medio de un supuesto placer. Un jugador compulsivo sin duda intenta atenuar y apartar su inconformidad, soledad, ira o rebeldía con estos momentos de distracción, en donde la carga de adrenalina sube tanto que en verdad hace “olvidarse” al jugador de todo lo demás. El descuido de su salud, de sus relaciones y demás sólo refleja la evasiva a su mismo dolor.

Sin embargo, es inútil apartar el dolor por este alejamiento sino que se engrandece, por lo que en el jugador va aumentando la necesidad de jugar y jugar y jugar. Es por eso que en muchos casos esta adicción va acompañada también de alcohol, de drogas, sexo y todas las evasivas posibles. Los estados emocionales del afectado tienden a ser indiscutiblemente depresivos, y esto lo expresan de muchas formas, con rebeldía, mal carácter, se sienten afectados o víctimas constantemente por lo que les rodean y agreden o se agreden a si mismos, llegando en muchos casos a la violencia. Estos comportamientos los hace ir cayendo cada vez más en un estado de soledad o aislamiento que los hace necesitar más de estímulos externos para aislar su dolor.

Síntomas:

• Sentir ansiedad o desesperación de conseguir más dinero para jugar.
• Necesidad de apostar cantidades cada vez más grandes de dinero.
• Sensación de soledad, frustración y/o dolor después de jugar.
• Haber intentado jugar menos muchas veces, sin conseguirlo.
• Mentir sobre la cantidad de tiempo o dinero gastada en el juego.
• Cometer acciones no legales para conseguir dinero para el juego. 
• Desatención y/o pérdida del trabajo, relaciones, estudios debido al juego.

¿Qué se puede hacer?

Las causas que llevan a una persona a esta adicción pueden venir desde mucho tiempo atrás: en especial, la falta de cultura emocional para que el individuo vaya entendiendo y madurando los sentimientos de frustración, dolor, depresión y todas esas experiencias en la vida que pueden resultarle intolerantes y que más tarde le condicionan a escaparse de lo que siente.
Lo ideal es consultar con un profesional en el caso y llevar al afectado directamente con él. Sin embargo, la posible resistencia de la persona a ser ayudada resulta muchas veces un gran impedimento. En este caso es importante que las personas que rodean al jugador compulsivo eviten sentirse culpables, decaídas o desesperadas por el comportamiento de éste. En realidad estas actitudes no ayudan en nada y lo único que harán es aumentar un ambiente de tensión y depresión. Lo mejor es no permitir que uno hunda a todos.

Sin embargo, cuando hay disposición del afectado a ayudarse, se puede no sólo buscar ayuda profesional, sino seguir estos consejos a medida que sean posibles.

Si tú eres un jugador compulsivo y ya no quieres serlo, puedes seguir estos consejos:

1. Debes de estar muy consciente de tu situación y no negarla ni rechazarla, sino admitirla. No la veas como algo malo o reprobado, y no te castigues por jugar sin control. Admite lo que haces, simplemente.

2. Haz el esfuerzo por realizar una actividad física al menos una hora al día, corre, ve al gimnasio, nada y anda en bici, lo que sea, aunque después te vayas a jugar. Díte a ti mismo: no iré a jugar si no cumplo con esta sesión de ejercicio. Esto, además de oxigenar tu cerebro y vigorizarlo, te ayudará a ir educando tu mente. 

3. Busca lecturas que te hagan comprender mejor lo que sientes y que te hagan profundizar más acerca de todos los talentos que tienes.

4. Busca alguna clase de música, de baile, de algún otro idioma o de alguna actividad que te distraiga, te guste y te mantenga ocupado creativamente. Al principio quizá no sientas muchas ganas, hay que hacer mucho esfuerzo para vencer una adicción, cierto, pero al comenzar a relacionarte en un nuevo ambiente poco a poco irá cambiando tu perspectiva emocional. No te decimos que nunca más juegues, porque el jugar es algo muy interesante y la emoción de ganar también. Pero recuerda que el juego se acaba donde empieza la dependencia…

5. Hay muchas terapias alternativas que te pueden ayudar y apoyar, como las Flores de Bach, el reiki, la fitoterapia y la bioenergética. La medicina natural es ideal para ayudarte no solo a sentirte mejor y bajar tu ansiedad, estrés, e impulsividad, sino a entender y madurar tu energía emocional, la cual está íntimamente relacionada con la adicción al juego.

“Toda adicción surge de una negativa inconsciente a enfrentar el dolor y salir de él. Toda adicción comienza con dolor y termina con dolor. No importa a qué sustancia sea usted adicto: alcohol, comida, drogas legales o ilegales, o a una persona, usted está usando algo o a alguien para ocultar su dolor” (Eckhart Tolle)

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Taller online gratuito de Atención Plena o Mindfulness: 4 vídeos explicativos y 7 audios guiados

Eres bella cuando te muestras imperfecta

Te vistes con ropa bonita y a la moda, te peinas, haces dieta para adelgazar, utilizas cremas para disimular tus imperfecciones, tacones para parecer más alta, maquillaje para resaltar tu belleza. Pero lo realmente bello es lo que hay debajo de todo eso, eres tú, en tu infinita imperfección y belleza de mujer. Eres bella cuando te muestras imperfecta.

¿Quién decide lo que es bello? Nadie puede imponerte lo que significa la belleza, si eres bella o no, por eso debes apreciar quién eres y que esa belleza que tienes la reflejes en todos los aspectos de tu vida, de tu existencia.

La perfección es agotadora

Si pensamos en todas las operaciones de cirugía estética, todos los tratamientos para no envejecer, parece que rechazamos la vejez, lo roto, lo imperfecto. La sociedad de consumo actual, de mujeres altas, delgadas, perfectas, ha dejado atrás otros valores, la esencia de lo femenino, de la belleza de una mujer real.

Agota pensar todo el tiempo en cómo estar guapa, cómo satisfacer ese ideal de belleza que se nos impone desde pequeñas, que vemos en la televisión, en las revistas… Intentamos alcanzar un ideal que es imposible, que no es realidad, que nos impide ver lo bellas que ya somos.

La belleza y la fuerza de la imperfección

Los japoneses reparan la cerámica rota con un adhesivo fuerte y polvo de oro, de esa forma ensalzan la imperfección en lugar de tratar de esconderla. Se piensa que cuando algo sufre un daño y se rompe, tiene una historia que contar, que lo hace más bello. Ese arte tradicional se denomina Kintsugi.

Si trasladamos esa idea a lo humano, deberíamos aprender a apreciar lo imperfecto, lo envejecido, con toda su sabiduría y con toda su fuerza. Deberíamos aprender a aceptarnos tal y como somos, sin tratar de impedir el paso del tiempo, que nos hace bellos, sabios y fuertes.

Muestra tu fragilidad

Se considera que una persona perfecta no tiene derecho a llorar, a fracasar, a tener un cuerpo que no cumple los cánones de belleza, a mostrarse vulnerable, a tener miedo. ¿Qué clase de felicidad puede sentir una persona así? Es fundamental aprender a mostrar nuestra fragilidad. Lo que nos hace sentir frágiles es lo que nos puede acercar a los demás.

Podremos sentir miedo a mostrar nuestra vulnerabilidad, pero si no lo hacemos, no seremos nosotros mimos, no aprenderemos a mostrarnos tal y como somos. Pueden hacernos daño, pero es un riesgo que deberemos asumir para poder vivir de acuerdo a nuestra identidad.

La belleza imperfecta

Poco a poco empieza a abrirse camino la idea de que lo bello no es una modelo muy delgada y muy joven, lo bello es lo real, lo imperfecto, lo que deja ver el paso del tiempo. Se intenta hacer prevalecer valores como la autoestima, el sentirse bien y el ser diferente.

Pero es complicado hacer cambiar lo que se entiende por belleza, sobre todo porque la belleza es subjetiva, para cada uno de nosotros significa una cosa diferente. La belleza es imperfecta, es natural, no se tapa ni intenta ser lo que no es, no oculta los signos del envejecimiento, sino que aprecia su sabiduría y su historia y las muestra al mundo.

MUESTRA TU IMPERFECCIÓN Y APRENDE A SER BELLA

Por eso, tu belleza se ve cuando te muestras tal cual eres, cuando tu naturalidad sale a la luz, cuando no te escondes, cuando lloras y ríes, cuando tienes miedo y lo demuestras, cuando te sientes vulnerable y dejas que los demás lo vean, cuando te arriesgas a amar y a abrir tu corazón, cuando eres bella.

¿Hay algo más bonito que mostrarnos tal y como somos? Nos enseñan a escondernos, a maquillarnos, a taparnos, pero es necesario salir ahí fuera, desplegar nuestras alas y volar, porque mostrar la belleza real, es un acto de valentía. 

“Aprendí que la valentía no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre el miedo. El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo” -Nelson Mandela- 

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Quédate con aquellas personas que puedes ser tú en toda tu esencia

Dejar de hablar a alguien como castigo

El silencio a veces cumple la función de castigo. Dejar de hablar a alguien es una salida a la que muchas personas acuden para “expresar” su enojo, su inconformidad o sus reproches.

¿Cómo de eficaz es este método para superar un problema o lograr que alguien cambie? ¿Qué significa la decisión de evitar las palabras cuando hay un rencor que arde?

Establecer un diálogo con alguien no es fácil, en especial si hay un conflicto que no parece tener vías de solución. Pero si en lugar de abordar el tema directamente lo que se hace es dejar de hablar al otro, lo único que se logra es introducir una tensión adicional. A la disputa no resuelta se suma un limbo que puede llegar a ser una verdadera incubadora de veneno.

“Habla para que yo te conozca” -Sócrates-

Muchos, sin embargo, en el fondo no tienen interés en resolver el conflicto mediante el diálogo. Lo que desean es que el otro se someta a su propio punto de vista. Entonces utilizan el silencio como castigo, para que el otro se doblegue. Finalmente se trata de una actitud infantil y lo peor es que no resuelve nada. Eso sí, proporciona una gratificación egoísta.

LAS RAZONES PARA CASTIGAR CON EL SILENCIO

Hay todo tipo de argumentos para defender la idea de que dejar de hablar a alguien es válido. En el fondo, lo que se busca es castigo. Que entienda que hay un reproche en esa ausencia de palabras. Pero, ¿por qué no decirlo, sino tramitarlo a través del silencio?

Estas son las principales razones que esgrimen aquellos que optan por esta medida:

  • Es mejor dejar de hablar a una persona que participar de una discusión en la que se intercambien insultos.

  • Esa persona no me escucha. Por más que le pido que cambie, no me hace caso. Entonces, es mejor no decir nada porque, ¿para qué?

  • Tiene que disculparse conmigo por lo que me hizo (o me dijo, o no hizo, o no dijo). Hasta que no lo haga, voy a dejar de hablar.

  • Para qué hablar si siempre llegamos al mismo punto. Mejor dejar de hablar para ver si entiende que no voy a ceder.

En todos los casos se afirma que el silencio es la mejor opción para tramitar el conflicto. Por una razón u otra, la palabra se ha mostrado ineficaz. Se acude entonces a la decisión de dejar de hablar a alguien para que esto sea asumido como un castigo y, en consecuencia, el otro reconsidere su actitud.

DEJAR DE HABLAR A ALGUIEN ES AGRESIVO

Un silencio puede tener multitud de significados. Algunos de ellos son realmente violentos. Dejar de hablar a alguien es asumir una actitud pasivo-agresiva. Esto quiere decir que se está violentando al otro, pero de manera implícita. La mayoría de las veces este tipo de actitudes son tanto o más nocivas que la agresión directa, y lo son porque el silencio se convierte en un vacío que es susceptible de cualquier tipo de interpretación.

Para quien deja de hablar a alguien hay razones claras. También hay una expectativa clara frente a lo que esta situación debe traer como desenlace. Pero, a quienes acuden a estos recursos habría que preguntarles: ¿estás seguro de que el otro comprende realmente el significado de tu silencio? ¿Jurarías que la mejor manera de lograr que cambie, o haga lo que tú quieres que haga, es atacándolo con la falta de diálogo?

El silencio alarga distancias. Y la distancia no suele ser un buen aliado para la comprensión o para restaurar lazos rotos o dañados. Por el contrario, contribuye a ahondar las diferencias.

Por otro lado, dejar de hablar a alguien puede funcionar momentáneamente. Se impone el castigo y el otro reacciona: vuelve para disculparse, prometerte cambios o hacer lo que tú quieres. Sin embargo, a largo plazo también termina incubando pequeños rencores que pueden crecer. El silencio rara vez resuelve el conflicto de fondo o da paso a su resolución, solo lo encubre.

LAS SANAS FUNCIONES DEL SILENCIO

Es cierto que a veces es mejor callar. Cuando estamos muy exaltados, por ejemplo. La ira hace que exageremos y nos preocupemos más por herir al otro que por expresar realmente lo que pensamos o sentimos. En esas condiciones nada mejor que dejar de hablar mientras recuperamos la compostura. Bajo esas circunstancias, se trata de una decisión inteligente.

En cambio, dejar de hablar para castigar o propiciar que otra persona “se rinda” como hemos dicho es raro que traiga buenos resultados.

A veces nos enfrentamos al reto de expresar nuestra ira o nuestro enfado, pero sin herir al otro. La salida no está en dejar de hablar, sino en buscar y encontrar los medios para tender puentes hacia la comprensión. La ausencia de palabras puede hacer que el otro ceda, lo que no significa que el conflicto desaparezca. Por otro lado, también puede pasar que el otro no lo haga y que lo que en un principio era un copo de nieve se trasforme en una bola.

Quizás lo necesario sea buscar mejores condiciones para conversar. También una forma diferente de expresar nuestra inconformidad. Cambiar el espacio rutinario por otro más cálido y amable a veces contribuye a que la comunicación se renueve.

Hablar desde el corazón, siempre remitiéndote a lo que tú sientes y no lo a lo que supones que siente el otro es una fórmula que no suele fallar. Inténtalo.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Lo que no decimos enferma

Un perro te enseña a vivir en presente continuo

Seres sin rencor

Emilio Ortiz, que describe su simbiosis con los perros guía en “Mis pequeños ojos”.

Tengo 42 años: la clave es no quedarse parado nunca. A los perros hay que darles órdenes porque necesitan un orden. La causa de que cada vez haya más perros es que las personas creen ser más libres cuando sólo están más solas. Tengo una hija maravillosa. Spock sabe cuándo voy a la farmacia antes que yo.

Emilio Ortiz perdió la vista a los 17 años, pero siguió trabajando, estudiando y progresando. Tuvo una hija y se ganó su cariño. Y luego le llegó a su perro guía, Spock, sus pequeños ojos, que le enseña a vivir cada momento como si fuera único y le inspira sus mejores líneas.

El escritor acierta al describir el rasgo primordial del carácter canino: les dura mucho más el cariño que los enfados.

Exactamente al revés que a algunas personas a las que les cuesta vivir en presente continuo. Saber disfrutar del paseo, la comida, el sol o la lluvia, los juegos, las carantoñas y las más inmediatas y puras satisfacciones de cada instante, es la eterna lección que cualquier persona puede aprender cualquier día de cualquier perro.

Soy de Barakaldo, hijo de inmigrantes extremeños. Nos fuimos a Madrid, donde estudié con muchas dificultades…

¿Qué estudió?

Como iba perdiendo la vista poco a poco, tuve que acelerar. Me matriculé en Psicología, Derecho e Historia, pero sólo acabé Historia. Después, ya invidente, ingresé en la ONCE como vendedor de cupones y conocí a la madre de mi hija. Y mi hija es lo mejor que me ha pasado.

Enhorabuena a los dos.

Por eso me vine a vivir a Albacete, porque nos separamos, y ella vive con su madre aquí.

¿Cómo conoció a su perro?

La relación con tu primer perro, muchos lectores lo habrán vivido, es inolvidable y a menudo trágica, porque mueren antes que tú. Draco fue mi perro de niño, una mezcla de pastor alemán y husky. Cuando nos dejó, lo pasamos muy mal. Y ya no quise tener más perros…

Pues tiene uno a su lado.

Es Spock, mi perro guía, que ahora tiene nueve años y ha cambiado mi vida. Antes yo no quería recordar a los perros y ahora me paso horas disfrutando al hablar de ellos con otros amos y por eso he escrito mi novela, que también es un ensayo sobre las emociones caninas.

¿Ahora mismo Spock está trabajando?

Ahora mismo va a su bola, pero está en alerta, porque lleva el arnés. Si se lo quitara, empezaría a jugar y a incordiarnos. Pero el arnés lo mantiene ahora quieto y calladito.

Buen chico, este Spock.

A los perros hay que darles pautas en cada instante de su vida: tenemos que darles órdenes, porque necesitan orden.

¿Cómo a las personas?

A las personas nos gusta pensar que somos los reyes de nuestra propia existencia, pero eso no nos debe hacer olvidar que los perros sólo son felices cuando encuentran su lugar en la manada. O mandan u obedecen. Si usted es el amo, haga que obedezca. Siempre.

Entonces son como las personas.

La diferencia es que a ellos cada vez los necesitamos más. Necesitamos su compañía.

¿Por eso cada vez hay más perros?

Cada vez hay más perros porque las personas estamos más solas. Estamos siendo empujados hacia un individualismo insano que algunos confunden con independencia.

Queremos ser libres, pero sin estar solos.

Y un perro es un animal solícito que nos entrega su afecto de forma natural e instintiva y que lleva ya miles de años sirviendo a los humanos.

Sólo le falta hablar.

Quite, quite. Es mucho mejor que no hable. Es suficiente con que escuche…

Ya es más de lo que saben hacer la mayoría de nuestros semejantes.

…O al menos que a ti te parezca que te está ­escuchando.

¿La relación con una mascota es muy diferente de la que tienes con un perro guía?

Con un perro guía como Spock es más intensa. Estamos siempre juntos y la simbiosis ya es completa. Spock adivina, por ejemplo, cuándo quiero ir a la farmacia. No sé si por actitud mía o por intuición suya.

Tal vez guarde usted las recetas en el mismo cajón siempre y Spock le ve cogerlas.

O nota que busco la farmacia con la mirada… o cómo encamino mis pasos… No sé.

¿Se porta bien Spock?

Es muy obediente, que es lo esencial. A veces me pone a prueba, como todos los subordinados a sus jefes alguna vez. La vida no deja de ser una lucha por el poder.

Cuanto más conozco a las personas…

…Más quiero a mi perro. Por eso los perros están llegando a convertirse en elemento cohesionador o incluso fundador de familias. Muchas parejas me han anunciado con alegría: “No queremos tener hijos, pero tendremos dos o tres perros”.

¿Quién se los queda si hay divorcio?

Hay abogados especialistas en acordar quién se queda al perro.

Si no lo hacen desgraciado…

Sólo los hacen desgraciados cuando los amos buscan en ellos a la persona que necesitan, porque entonces los humanizan.

¿En qué sentido?

En que lo tratan como a un igual y el perro se desorienta, porque no necesita un compañero ni un amigo; necesita un líder: a su amo.

¿Qué te puede dar un perro que no te dé una persona?

Cariño absoluto e incondicional. Pero, sobre todo, una inmensa lección siempre.

¿Sólo una?

Cuando dejas a tu perro abandonado en el piso, solo y aburrido, se desespera. Sufre mucho.

Hay que pasearlo y quererlo.

Pero cuando llegas a casa tú, su amo, se levanta, empieza a mover el rabo y en dos segundos ya se le ha pasado todo el enfado. Usted pruebe a quedar con su pareja para ir al cine y llegue diez minutos tarde y verá…

A veces con cinco ya veo…

El enfado y el rencor a los humanos nos dura días, años o no lo olvidamos nunca. En cambio, el perro vive el presente inmediato. Y vivir así para los humanos, al menos durante un ratito cuando estás con el perro, es liberador.

Pues es una gran lección.

A los perros la frustración les dura menos que el cariño. Y es que saben vivir lo que les ha tocado mucho mejor que nosotros.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Historias que prueban que los animales tienen ALMA

La bondad es la base de la felicidad y la salud

Es un prestigioso maestro de budismo tibetano y ha venido a impartir enseñanzas en la Casa del Tibet de Barcelona.

Me cuenta su historia con detalle y me dice: “Tú ya la resumirás”. Insiste en su objetivo de compartir con los nepalíes todo lo que los monjes tengan, sobre todo desde el terremoto. Entiendo enseguida que la bondad es la máxima expresión de la inteligencia: el vínculo entre monjes y pueblo será indestructible. Aquí… no aprendemos. Aprovecho para preguntarle por la cabeza rapada de los monjes budistas: “Es lo más cómodo”, ríe. Y por la desaparecida monarquía nepalí: “Ahora el pueblo la añora, viendo lo corruptos que son los gobernantes que la han sucedido”. Ay.

¿Qué tal por Nepal?

Recuperándonos del terremoto, ayudando a la gente.

¿Los monjes ayudan?

Tras el terremoto, ordené abrir las puertas de mis monasterios.

¿Sus monasterios?

Coordino siete monasterios de budismo tibetano en Nepal, en los que formamos ahora mismo a unos 300 estudiantes, meditadores, futuros monjes…

Abrió las puertas, dice.

Les dije a mis monjes y monjas que abriesen a todo el mundo nuestras cocinas, nuestros baños, nuestros dormitorios, y montamos hospitales de campaña…

La gente ahora debe de venerarlos…

Es lo que debíamos hacer. Conseguí montar casas para 30 familias en una aldea remota, y luego vino el presidente de Nepal a apuntarse la medalla, ja ja…

Los políticos son así.

La única política justa será la basada en la bondad. Un político bondadoso, que ame al otro, jamás será injusto ni corrupto.

¿Esto enseña en sus monasterios?

Sí. Hablé hace poco con mi ex-alumno Jon Kabat-Zinn, que se basó en la meditación budista para crear el mindfulness

La conciencia o atención plena.

Le dije: si la atención plena se emplea hoy para ganar competiciones deportivas, disparar mejor, producir más beneficios… ¿no es malbaratarla?

¿Qué dijo Kabat-Zinn?

Que se planteaba lo mismo, pero que el éxito del mindfulness ya se le había escapado de las manos, que ya no podía controlarlo.

¿Y qué le dijo usted?

Más que mindfulness (conciencia plena), toca enseñar kindfulness: bondad plena.

¿Bondad plena?

La bondad es la base de todo. Voy a decirle algo muy útil para vivir más sabiamente…

Le escucho.

Primero, calma: sin calma, no hay claridad mental ni bondad.

Calma.

Y sin bondad, no hay felicidad ni salud.

Bondad.

Y la bondad consiste en querer lo mejor para el otro, regocijarte de sus éxitos y felicidad.

Por aquí somos bastante envidiosillos…

No seréis felices, pues. Voy a recordarte las tres causas de la infelicidad

A ver.

Una, no apreciar lo que tienes. Dos, llevarte mal con otro. Tres, envidiar el éxito de otro.

Entonces, para ser feliz…

Alégrate de lo que tienes, sea lo que sea. Pide disculpas y reconcíliate. Y regocíjate del éxito de los demás.

¿Así seré feliz?

Claro, verás que la felicidad se multiplica en ti. ¿O prefieres vivir enojado, tenso, enfermo? Es que la felicidad procura salud.

¿Están los nepalíes mejor predispuestos para la felicidad que yo?

Son muy espiritualesLe daba una manta a uno… ¡y se preocupaba de si la tenía también su vecino! He visto cómo se ensancha su corazón en los momentos duros. Todo lo comparten. ¡Qué lección me han dado!

Y eso que usted es monje budista…

Cada año imparto clases a Richard Gere, Daniel Goleman, Cher… y les digo esto: sin bondad no hay nada bueno ni valioso, ni familia, ni sociedad, ni mundo.

¿Qué les enseñaría a los jóvenes occidentales?

Que todos somos valiosos por igual, tengamos lo que tengamos. Y aprended a estar satisfechos y contentos, sea lo que sea lo que tengáis. Y respetaos a vosotros mismos.

¿Cómo era usted de joven?

Arrogante, mi madre me enseñó humildad.

¿Cómo es eso?

De muy niño fui elegido como reencarnación de un lama, en mi Tíbet natal, y a los ocho años yo era un monje tratado como un semidiós. Pero mi amada madre me tomaba de la mano y me susurraba: “Hijo, no vayas a creerte que eres más que nadie”.

Buena lección.

Otra fue la invasión china, que nos obligó a los monjes a huir entre disparos, templos incendiados, persecuciones…

¿Lo da por bien empleado?

Aprendí que nunca estás arriba para siempre ni abajo para siempre. Sufrimos mucho, sin dinero, sin comida, sin papeles, atravesando montañas, mis padres y yo… Y nos instalamos en Nepal.

¿Por qué Nepal?

Sabíamos que había lugares sagrados importantes, y queríamos preservar ahí el budismo tibetano, ya que en Tíbet se perdía…

¿Y lo ha conseguido?

Sí: enseño budismo tibetano en monasterios nepalíes.

¿Y cómo está el budismo en Tíbet?

Mejorando. Y cada día hay más chinos atraídos por el budismo: China fue budista en el pasado, y volverá a serlo en el futuro.

Qué paradoja: quisieron conquistarles y acabarán conquistados.

A China la salvará el budismo. Es un país con tantos desequilibrios, personas muy ricas y muy pobres, unas instruidas y otras analfabetas… que sólo el budismo podrá insuflarle el equilibrio necesario para sobrevivir.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Mensaje de los indios hopi: Amor Incondicional

El silencio es indispensable para regenerar el cerebro

El silencio ha sido fuente de muchas reflexiones a lo largo de todas las épocas. Al mismo tiempo hemos saturado los sitios en los que vivimos con tantos ruidos que cada vez es más complicado encontrarlo. Esto hace que cada vez sean más las personas que al no escuchar ruidos experimentan un abismo dentro de ellas mismas.

Tenemos un oído que actualmente está hiperestimulado. Lo más grave es que casi todos esos estímulos auditivos que recibimos del exterior son más o menos alarmantes. Rugidos de coches, bullicio, músicas estridentes, pitos, timbres… en fin… nada que inspire tranquilidad.

“La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio” (Proverbio persa)

Más allá de que esto incida en nuestro estado emocional, la ciencia también ha comprobado que afecta el cerebro. Según un estudio llevado a cabo en Alemania por el  Research Center for Regenerative Therapies Dresden hay procesos cerebrales que solo se pueden llevar a cabo en silencio.

Hasta hace poco se pensaba que las neuronas eran incapaces de regenerarse. Sin embargo, con el desarrollo de la neurogénesis se ha comprobado que esto es un error. Todavía no está muy claro qué es exactamente lo que promueve la regeneración neuronal y cerebral. Pero ya hay pistas valiosas al respecto y una de ellas es el silencio.

Experimentando con el silencio

Los investigadores alemanes hicieron en principio un experimento con un grupo de ratones. El estudio consistía en dejarlos en completo silencio durante dos horas al día. Al mismo tiempo se haría una observación de sus cerebros para ver si esto originaba algún cambio.

El resultado fue contundente. Tras un tiempo de estar sometidos a esta rutina, pudo observarse que en todos los ratones estudiados se había producido un crecimiento del número de células dentro del hipocampo. Esta es la región del cerebro que regula las emociones, la memoria y el aprendizaje.

Los expertos también constataron que las nuevas células nerviosas se integraban progresivamente al sistema nervioso central y que luego se especializaban en diferentes funciones. En conclusión, el silencio había producido un cambio muy positivo en el cerebro de los animales.

El silencio ayuda a estructurar la información

El cerebro nunca descansa, incluso cuando en un estado de calma estamos completamente quietos o dormimos. Este maravilloso órgano sigue funcionando, pero de una manera diferente. Cuando el cuerpo descansa comienzan a desarrollarse otros procesos que complementan los que se realizan cuando estamos activos.

Lo que sucede básicamente es que se produce una especie de depuración. El cerebro evalúa la información y las experiencias a las que hemos estado expuestos a lo largo del día. Luego organiza e integra la información relevante y desecha lo que no es importante.

Este proceso es completamente inconsciente, pero produce efectos conscientes. Por eso sucede que a veces encontramos respuestas durante el sueño. O logramos ver las cosas desde un nuevo punto de vista, después de haber descansado algunas horas.

Lo interesante de todo esto es que un proceso similar también se produce cuando estamos en silencio. La ausencia de estímulos auditivos tiene casi el mismo efecto que el descanso. El silencio, por lo general, lleva a que pensemos en nosotros mismos y esto depura las emociones y reafirma la identidad.

Los importantes efectos sobre el estrés

El silencio no solamente nos vuelve más inteligentes, creativos y seguros, sino que también tiene efectos muy positivos sobre los estados de angustia. Los seres humanos somos supremamente sensibles al ruido. Tanto, que muchas veces despertamos sobresaltados por un objeto que cayó o por un sonido extraño.

Una investigación que se realizó en la Universidad de Cornell encontró que los niños que viven cerca de los aeropuertos mantienen un elevado nivel de estrés. Y no solo esto. También tienen una presión arterial más alta y presentan altos índices de cortisol, la hormona del estrés.

Por fortuna, también ocurre lo contrario. Y esto lo evidenció un estudio de la Universidad de Pavia, en el que se verificó que tan solo dos minutos de silencio absoluto son más enriquecedores que escuchar música relajante. De hecho, se evidenció que la presión sanguínea disminuía y que las personas lograban sentirse más despiertas y tranquilas después de este pequeño baño de silencio.

Como se observa, el silencio produce grandes beneficios tanto intelectuales como emocionales. Podríamos afirmar que mantenerte en silencio, al menos por pequeños lapsos al día, es un factor determinante en la salud cerebral. Y con ello, un elemento decisivo para mejorar nuestro estado emocional, salud y calidad de vida.

  • Imagen cortesía de Magdalena Berny
  • Fuente: Edith Sánchez (Escritora y periodista colombiana) lamenteesmaravillosa.com

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Las quejas son veneno para tu cerebro” 

¡Aprende a superar tu fobia!

Todos tenemos una fobia o conocemos a alguien con alguna.

Algunas pueden ser a cosas que no nos condicionan en nuestro día a día, de manera que podemos vivir perfectamente ignorándolas. Por ejemplo, tener fobia a las serpientes o a las ratas no te va a generar mucha ansiedad en tu vida cotidiana si vives en una ciudad.

Sin embargo, la fobia a conducir (amaxofobia) sí que puede llegar a suponerte un problema hoy en día. O la fobia a volar si tienes que viajar a menudo en tu trabajo. Por ello, es importante trabajar la ansiedad que nos generan algunos estímulos inofensivos, produciendo a su vez conductas de evitación que alimentan este pánico… ¡Descubre cómo!

“El hombre que tiene miedo sin peligro, inventa el peligro para justificar su miedo” -Alain Emile Chartier-

La clave de la fobia es la ansiedad

La ansiedad es la emoción que aparece cuando tenemos una fobia. Por ello, antes de nada, debemos aprender a disminuir su intensidad cuando esta se dispare. Con este fin, podemos informarnos sobre aquello que nos provoca dicha fobia, ya que en ocasiones lo que la produce son solo creencias erróneas y desmontándolas desaparece. De la misma manera, nos va a servir de ayuda adquirir habilidades de manejo de la situación temida.

Vamos a ver un ejemplo sobre ello: si le tenemos fobia a los perros, puede que creamos que todos son peligrosos. Si nos informamos sobre ello, veremos que esto no es así. Además, si buscamos cómo comportarse con los perros para poder regular su comportamiento en distintas situaciones, tendremos más recursos que usar en las situaciones en las que nos encontremos. Estos recursos nos darán seguridad y disminuirán nuestro nivel de ansiedad; ahora la amenaza ya no lo es tanto.

“A nada en la vida se le debe temer. Solo se le debe comprender” -Marie Curie-

Además de informarnos de la realidad del estímulo fóbico y de aprender a manejarlo, es fundamental que trabajemos otra serie de herramientas. En este sentido, nos va a ser de gran ayuda aprender a relajarnos. Existen numerosas técnicas para conseguirlo, el caso es encontrar aquella que mejor nos funcione, dependiendo del estímulo y de nuestras características personales.

El siguiente paso: exponerte al objeto de tu fobia

Cuando aparece ante nosotros aquello que nos provoca la fobia nuestra ansiedad se dispara. Sentimos el corazón latiéndonos a toda velocidad. La respiración se acelera. Nos bloqueamos y nuestra atención queda capturada por el propio estímulo. Solo queremos huir o evitarlo, ¿verdad? De hecho, esto último es lo que hacemos. Entonces la ansiedad baja… Hasta que vuelve a aparecer el estímulo fóbico y actuamos contra la ansiedad de la misma manera. Así, esta manera queda reforzada.

Está claro que esta estrategia de evitación nos es efectiva a corto plazo, pero no a la larga. Entonces, ¿qué podemos hacer? Tenemos que dejar de huir. Sé que suena difícil, pero por eso el primer paso ha sido aprender a relajarnos y a controlar nuestra ansiedad. Así, cuando nuestra fobia aparezca, seremos capaces de manejar esa emoción negativa.

 Para ello, es necesario que nos vayamos exponiendo poco a poco al estímulo fóbico. Es decir, prepararemos una lista con las situaciones relacionadas con nuestra fobia y las ordenaremos de menor a mayor, según el grado de ansiedad que nos generen. Una vez que lo tengamos, tendremos que ir pasando por cada una de ellas sin huir.

Empezaremos por la que menos ansiedad nos genere y, cuando notemos que aparece esta emoción desagradable, pondremos en marcha las estrategias que ya hemos adquirido para manejarla (Ej: relajación, atención disociada del estímulo, parada del ciclo de pensamientos, etc.) en lugar de evitarla. Una vez que la superemos, estaremos listos para exponernos a la siguiente. De esta manera, veremos como poco a poco podremos llegar a exponernos con calma a situaciones que antes nos generaban una ansiedad muy grande.

Por último… ¡Prémiate!

Siempre que queramos transformar una conducta en un hábito, debemos reforzarnos tras ponerla en marcha. Por ello, es muy importante que nos premiemos a nosotros mismos después de exponernos al estímulo fóbico y haber conseguido manejar la ansiedad sin evitar la situación. Al fin y al cabo, acabamos de pasar por un momento desagradable… ¡Nos lo merecemos!

De esta forma, conseguiremos ir aumentando nuestro autocontrol frente a ese primer impulso de huir. Pero no solo eso, tras la exposición también podemos ver que las consecuencias negativas que esperábamos antes de hacerlo en realidad no han sido tan malas como pensábamos. O puede que ni siquiera hayan aparecido. Esto en sí mismo ya es un refuerzo y una motivación para afrontar el siguiente escalón de dificultad, que al dominar los anteriores ya no parece tan alto.

“La ansiedad es un río de temor que corre por la mente. Si se le alimenta puede convertirse en un torrente que arrastrará todos nuestros pensamientos” -A Roche-

Superar una fobia es relativamente simple si se sabe cómo y se ponen en marcha de forma correcta las técnicas que hemos visto. Por ello, si crees que este problema está presente en tu vida, es importante que acudas a un Psicólogo adecuado, que te guíe por este proceso de forma que puedas retomar las riendas de tu vida… ¡A por ello!

*Si lo desea, puede leer la publicación: “GRATIS Reto de Mindfulness o Atención Plena: 7 audios de prácticas guiadas

Acné rosácea o la enfermedad de la vergüenza

La rosácea es una afección dérmica que produce el enrojecimiento de la piel de la cara, por lo general de las mejillas, la nariz, la barbilla, la frente o los párpados, zonas en las que se aprecia como arañas o vasos sanguíneos muy a flor de piel, inflamación y erupciones o granitos similares al acné.

Hay personas que se asustan y creen que el sol, el alcohol o el maquillaje lo puede empeorar, pero ninguno de estos parámetros ha sido demostrado.

Suele aparecer a partir de la adolescencia y en personas que se expongan al público, a la mirada crítica de los otros o de unos padres exigentes sobre todo con los aspectos físicos. Por eso podemos encontrar una larga lista de personas muy conocidas que han pasado por este síntoma. Algunos famosos como Bill Clinton, Mariah Carey, Cameron Díaz, Robert Pattison, Lady Di, J.P. Morgan o el pintor Rembrandt, han tenido o tienen Rosácea.

Para la Descodificación Biológica Original, antes de la aparición de un síntoma, la persona siempre ha vivido un conflicto que le ha desestabilizado y que ha generado estrés.

En el caso del Acné Rosácea, se debe a un estrés que tiene que ver con la sensación de ser feo, de verse feo, deslucido, ridículo o desagradable, de sentir que los demás le miran para verle los defectos, por actos que creen que han hecho mal o porque no lo ven hermoso o hermosa. Es un ataque que viene de la mirada de los otros o un autoataque que se produce por la propia crítica. Incluso las personas cuando tienen una afección visible como son las que se producen en la piel, pueden sentir que los demás hablan a sus espaldas, les critican o se ríen de ellos por su fealdad. Este síntoma se asocia también a las personas tímidas y retraídas que se enrojecen rápidamente ante una mirada, las que sienten vergüenza y que tienen temor a la crítica.

Es lógico que ocurra desde la adolescencia porque es un momento en el que el niño está en un cuerpo que desconoce. Se siente desproporcionado, que no reconoce y que se siente mal en él. Por lo general, son los jóvenes púberes que se ven poco dotados de hermosura.

Cuando nos sentimos menos atractivos, menos hermosos, sin ninguna gracia, que nos falta belleza y no somos guapos o creemos y pensamos con frecuencia que los demás lo ven así, la piel de la zona comenzará a ulcerarse porque se encuentra en estrés. En ese momento, solo se verá una zona de piel reseca y más enrojecida, pero todo cambia cuando la persona soluciona su conflicto de fealdad. A partir de ese momento la parte de la piel que estaba reseca se restaura y es cuando aparecen los síntomas de la Rosácea.

Los síntomas aparecen en solución de conflicto y no son atractivos. Qué paradójico, porque es ahí, es el momento en que la persona afectada vuelve a verse fea, grotesca e incluso muy deslucida, que todo el proceso vuelve a recomenzar. Este síntoma es cómo un pez que se muerde la cola. Un círculo vicioso del que hay que escapar, y llegados aquí ya debéis saber cómo.

Sí, dejar de mirarse a un espejo durante unos días hasta que sane totalmente la piel. Dejar de criticarse y de mirar si los demás lo hacen. Solo es eso y es tan claro, como que los animales que no distinguen belleza de fealdad, no hacen síntomas de Rosácea.

La piel irá mejorando cuando se deja de activar el conflicto y se puede ayudar con productos naturales, como una mascarilla de arcilla verde con vinagre de manzana combinado con 10 gotas de aceite de árbol de té y aloe vera, aplicada directamente sobre la piel. También es útil la miel pura de abeja, el propóleo o el aloe vera, aplicado como mascarilla; siempre sobre la piel limpia. Pero recordar que lo primero es salir de la rueda infernal de sentirse poco agraciado.

Todos somos hijos maravillosos de la Madre Naturaleza y la belleza es un parámetro que varía en cada época. ¡Para qué nos vamos a preocupar por eso!

  • Autora: Ángeles Wolder Helling. Directora académica de la Escuela de Descodificación Biológica Original® de España (EDBO) cadhu.com

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Probióticos y rosácea: la asombrosa relación entre el intestino y la piel