¿Cómo poner fin al terrorismo?

Comprende sus raíces. Porque el origen de la violencia, el odio, la guerra santa y el ánimo de venganza sangrienta está en todos y cada uno de nosotros. La violencia comienza en TI, amigo.

Ninguno de nosotros está apartado del río de la humanidad. Ninguno de nosotros somos individuos separados de la totalidad, sino parte de algo mayor; contribuimos al río, tenemos nuestro Ser en el río, y en ese sentido, somos responsables de la totalidad del río.

“Tú eres el mundo y el mundo es tú” -Krishnamurti-

La violencia comienza cuando nos separamos del río y de los demás, al menos en nuestra mente. Nos alejamos de nuestra vitalidad y nos definimos conceptualmente, reduciéndonos a una cosa. Bueno, malo. Correcto, incorrecto. Cristiano, judío, ateo. Creyente, no creyente. Un éxito, un fracaso. Indio, americano, australiano. La verdad se convierte en un arma. Tomamos partido. Creemos que hay otros.

Olvidamos nuestra naturaleza compartida, que todos somos hermanos y hermanas, una misma fuerza vital en movimiento, la misma consciencia, el agua de la Vida.

Internamente nos ponemos en guerra con nuestros propios pensamientos, con nuestros propios sentimientos. Nos alejamos de nuestro dolor, de nuestra duda, de nuestro miedo, de nuestros anhelos, los llamamos “negativos” omalos”. Nos dividimos en dos, el “yo bueno” contra el “yo malo”, el santo contra el pecador, la luz contra la oscuridad, lo sagrado contra lo profano. Podemos incluso tratar de “deshacernos” de o “aniquilar” nuestra tristeza, nuestra duda, nuestro miedo, nuestros impulsos sexuales, nuestros pensamientos ‘impuros’. El comienzo del genocidio.

Dentro. Todo comienza dentro.

Lo que rechazamos en nosotros mismos terminamos rechazándolo en los demás. Lo de “aquí” se convierte en lo de “allá fuera” en un abrir y cerrar de ojos. Sus imperfecciones. Sus defectos. Sus dolores, sus alegrías, sus dudas, su debilidad; son realmente nuestros. Sus pensamientos extraños, sus sentimientos “erróneos” o “vergonzosos”, sus tinieblas, sus pecados; en realidad son nuestros. Tratamos de cambiarlos, arreglarlos, salvarlos. Los juzgamos, los humillamos, les tenemos lástima, les tememos. En nuestra frustración, podemos hacerles daño. En nuestra rabia, podemos incluso matarlos. Al buscar la totalidad, pasando por alto que eso es lo que somos, al olvidar el amor que nos compone, podríamos destruir todo y a todos los que nos rodean. En nombre de la “libertad”. En el nombre de “Dios”.

La forma de acabar con el terrorismo es verlo, entenderlo, cortarlo de raíz. Mira cómo la guerra comienza dentro. Observa cómo la violencia empieza en cada uno de nosotros.

Cada vez que hacemos a un lado un pensamiento o un sentimiento, cada vez que los deshonramos, que los culpamos; cada vez que le damos la espalda a nuestra ira, a nuestra tristeza, a nuestra duda, a nuestro miedo; cada vez que juzgamos o atacamos a alguien en lugar de enfrentar nuestro propio trauma aún sin resolver, esparcimos las semillas del terror. Sin embargo, cada vez que abrimos nuestros corazones y hacemos espacio para aquello que nos está incomodando; cuando traemos una atención amable y curiosa al dolor que sentimos dentro, cuando respiramos justo en lo que desearíamos destruir, recordamos nuestra inmensidad, nos volvemos a poner en contacto con el amor que arde dentro, y nos volvemos parte de la solución, del río.

Y entonces, porque hemos respirado ahí, quizás la humanidad tenga una oportunidad.

  • Autor: Jeff Foster

*Si lo desea, puede leer la publicación: El círculo de la vida no elige “bandos” 

Anuncios

El círculo de la vida no elige “bandos”

el-circulo-de-la-vidaEn todo el mundo y en las noticias de todos los días, vemos gente matando gente.

Las personas de un “bando” matan a las personas del otro “bando”. Ambos “bandos” afirman que tienen la razón. Cada “bando” se aferra a su dolor pasado, cada “bando” se niega a ser el primero en ceder, utilizando todas las justificaciones que hay en el mundo para explicar porqué no pueden hacerlo y porqué no lo harán. Un trágico cuento, tan viejo como la humanidad misma.

¿Cuándo despertaremos al hecho evidente de que todos somos la misma Consciencia disfrazada?

Que independientemente de lo que creamos ser, que sin importar nuestras apariencias, que más allá de nuestros cuentos e historias, nuestras religiones, nuestras nacionalidades, nuestras creencias, del color de nuestra piel, de nuestros cargados pasados y de nuestros inciertos futuros, todos somos la expresión de la Única vida. Que en realidad no hay israelíes o palestinos, judíos o cristianos, musulmanes o budistas, ateos o agnósticos, republicanos o demócratas, gurús o discípulos, y que ninguna de esas imágenes podrían jamás definirnos. Eso, lo que realmente somos, en el nivel más fundamental, es indefinible, misterioso, nunca fijo o separado, nunca identificado con ninguna imagen, al igual que el vasto océano nunca podría ser definido por sus olas.

La consciencia no tiene religión, ni tampoco nacionalidad. Ella da nacimiento a palestinos e israelíes, a iraquíes y estadounidenses, a la luz y a la oscuridad, al yin y al yang del siempre cambiante mundo de los sueños.

Como consciencia, cuando nos lastimamos los unos a los otros, sólo estamos lastimando a nuestros propios hermanos y hermanas, a nuestra propia familia, a las olas de nosotros mismos. Sólo estamos peleando con los reflejos de nuestro Rostro original. Sólo estamos matando a quienes amamos, viejos amigos, amigos de hace mucho tiempo.

La guerra externa jamás ha logrado generar paz interna. ¿Cuánta sangre más tendrá que correr? ¿Cuánto más dolor? ¿Cuántos más hombres, mujeres y niños tienen que desaparecer en el infinito antes de que despertemos?

Ese niño ensangrentado es mi propio hijo. El círculo de la vida no elige “bandos”.

  • Autor: Jeff Foster

*Si lo desea, puede leer la publicación: ¿Por qué hay tanto odio y tanta ira en los seres humanos?

¿Qué pasa cuando el cielo se nos viene abajo?

En este momento amigoUna relación terminó inesperadamente, el éxito se convirtió en fracaso de la noche a la mañana, murió un ser querido, recibiste un diagnóstico inesperado y de repente sientes que todo se te viene encima, sientes una profunda incertidumbre, la sensación de que tu mundo se torna fuera de control.

Ya nada parece real. Sientes como si tu vida ya no fuera como si estuvieras en una extraña especie de película impersonal, como si no supieras hacia donde dirigirte o incluso en donde pararte. El futuro, que un día pareció tan sólido y “real” es ahora evidenciado por la mentira y el cuento de hadas que era, y tus sueños del “mañana” se reducen a nada más que polvo. Ese mañana nunca iba a suceder, no en la forma en que lo planeaste inconscientemente, de todos modos. Ahora no hay ninguna respuesta que pueda satisfacerte, no hay ninguna autoridad que te guíe ya que nadie puede vivir tu experiencia por ti; nadie tiene tus respuestas y te sientes profundamente perdido en un solitario planeta girando en un inmenso e insondable espacio. Te sientes como queriendo volver a gatas hacia el útero.

¡Maravilloso! ¡Qué invitación!

La vida no se ha equivocado, porque la vida nunca puede ir mal, porque todo es vida y porque la vida es todo. Sólo tus sueños y planes “acerca” de la vida pueden desmoronarse, pero la vida en sí misma, jamás. Esta actual experiencia, esta confusión y duda cósmica, esta angustia, no está en contra de la vida, esto ES vida, la sagrada vida de este momento . Esta no es la escena mala de la película, esta ES la película, por muy difícil que pueda resultar admitirlo en este momento.

Hay una inmensa inteligencia trabajando aquí, una inteligencia que nos respira por las noches, una inteligencia que late nuestro corazón, que bombea sangre por todo nuestro cuerpo, que cura todas nuestras heridas cuando “nosotros” ni siquiera podemos ocuparnos de ello.

¿Qué pasa cuando sólo por un momento dejamos de intentar resolverlo todo, cuando dejamos de aferrarnos a esos caducos sueños y dejamos de estar de luto por su pérdida y enfrentamos esa cruda, completamente abierta realidad de las cosas tal y como son? ¿Qué pasa cuando tan sólo por un momento damos realmente ese paso radical de decir SÍ a la incertidumbre, a la duda, a la confusión, al dolor, a la angustia? ¿Qué pasa cuando ratificamos nuestro no saber en lugar de querer escapar? ¿Qué pasa cuando realmente volvemos nuestra cara hacia la devastación y no hacia otro lado? ¿Qué pasa cuando realmente confiamos en la transitoriedad de todas las cosas y permitimos que esa profunda inteligencia que es la vida cumpla su magia a través de la devastación? ¿Podríamos sentirnos bien, sólo por un momento, no teniendo las respuestas, ni los puntos de referencia, no sabiendo absolutamente nada? ¿Podríamos sentirnos bien, sólo por un momento, sintiendo ESTO, independientemente de la forma que ESTO tome por ahora?

¿Y en medio de todos los escombros, podríamos de nuevo respirar y hacer contacto con ese lugar en nuestro interior, el sitio más íntimo y familiar de silencio y profunda presencia? ¿Ese sitio que nunca necesita saber nada y que no le interesan los sueños y que nunca quiere ningún tipo de respuesta? ¿Podríamos recordar esa quietud que en secreto siempre ha sido nuestra mejor amiga? ¿Podemos descansar en esa claridad que jamás hemos abandonado? ¿Podríamos tomar el puesto que realmente nos corresponde como la consciencia absolutamente indestructible?

Tal vez la inteligencia cósmica nunca nos abandonó y justo en el corazón del aparente caos de este momento, haya algo que no está involucrado para nada en todo este lío. Lo llamamos amor, o Dios, o consciencia, o simplemente Aquello Que Realmente Somos, previo a nuestros sueños de cómo debería ser la vida, o cómo debería verse este momento o sentirse o saber o sonar u oler. Tal vez nuestros sueños están ahí justamente para ser rotos y nuestros planes para ser destrozados y nuestros mañanas para disolverse en ahoras, y tal vez todo esto sea una enorme invitación a despertar del sueño de la separación, a despertar del espejismo del control y abrazar con todo nuestro amor lo que está presente. Quizás sea una invitación a la compasión, a abrazar profundamente este Universo con toda su felicidad y dolor y agridulce gloria. Quizás nunca tuvimos el verdadero control de nuestras vidas y tal vez se nos esté invitando constantemente a recordarlo, ya que a menudo lo olvidamos. Tal vez el sufrimiento no sea un enemigo y en su corazón haya una lección de primera mano y en tiempo real que debamos aprender, si es que queremos ser realmente humanos y realmente divinos. Tal vez todo este colapso traiga consigo un grandioso descubrimiento.

Tal vez este sufrimiento sea un pasaje, no una prueba ni un castigo, no una señal del pasado o del futuro sino un indicador preciso hacia el misterio de la vida misma, aquí y ahora. Tal vez la vida jamás pueda “equivocarse”.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Agradece las crisis en tu vida, pues son “crisis de curación

Rompiendo el ciclo del abandono

Sentir...Puedes sentirte abandonado, sí.
Te puedes sentir solo, alejado del amor, la vida y la calidez.

Otros pueden detonar sentimientos poderosos en ti, sí.

Pero haz a un lado la palabra, el concepto, la historia,
y regresa a la realidad del cuerpo vivo.

¿Cómo se siente ese abandono?
¿Cómo sabes que te han abandonado?

Pon atención a las sensaciones que surgen ahora en tu vientre, pecho, garganta.

Siente el aleteo, el pulso, la punzada de cada sensación.
Deja que crezcan en intensidad, o que se disipen y se muevan.
Imprégnalas de curiosa, amorosa atención.
Ofréceles un espacio; suavízate alrededor de ellas.

Tienes que respirar en ti mismo ahora, amigo,
porque no hay nadie aquí que pueda respirar por ti,
y no podrían hacerlo, de todos modos.

El sueño del amor ha muerto;
estás despertando a la realidad del amor.

El amor no viene de fuera. Nunca lo hace.
Siempre estuvo dentro de ti. Es tu poder.

Ese fue siempre tu trabajo, amarte a ti mismo,
no mendigar amor, o buscarlo externamente,
o esperarlo, o tratar de aferrarte a él,
sino empaparte con él, momento a momento precioso.

No te abandones a ti mismo cuando te sientas abandonado,
porque hay un dolor que es peor que el abandono:
abandonarte a ti mismo, huir de la Presencia.

La culpa no funciona aquí.
Enfócarte en “el que te ha abandonado” te vuelve impotente.

Rompe el ciclo del abandono, entonces.
Enfócate en el abandonado”, este precioso niño que llevas dentro. Invita a que tu amorosa atención vaya a lo profundo de tu vientre, corazón, cabeza.
Respira en el propio suelo. Siente tu propia vitalidad.

Tú no has sido abandonado.
La vida está aquí. Tú estás aquí.
Y desde aquí, una nueva vida crece.

Y mientras aprendes a no abandonarte a ti mismo,
con el tiempo, atraerás a otros
que tampoco se abandonan a sí mismos;
otros que no te abandonarán.

Porque ahora tú no puedes ser abandonado:
Te niegas a abandonarte a ti mismo.
El abandono es una vieja palabra para ti ahora.
Demasiado dramática para tu cuerpo.

Nadie puede abandonarte:
ellos sólo pueden irse a otro lugar con su dolor.

El abandono es la historia de un amor perdido,
una vieja historia, porque el amor no puede perderse,
sólo puede ser descubierto de nuevo en lo profundo de nosotros.

Eres lo suficientemente valiente como para estar presente ahora. Has roto la adicción de toda una vida:
Has descubierto la profunda alegría de estar solo.

  • Autor:  Jeff Foster

*Si lo desea, puede leer la publicación: ¿Qué hago cuando un bloqueo emocional me impide avanzar

No interfieras en las emociones de los demás

Deja que cada quien pase por lo que tiene que pasar en el momento presente.

Todo el mundo está agotado y desea descansar. Están cansados de luchar, cansados de fingir y de mentir, de tener que sostener, mantener y pretender, y grandes olas de energía están siendo liberadas a través de su cuerpo.

Mantente presente con ellos. Olas de tristeza, desesperanza, miedo, vergüenza y culpa están emergiendo en este momento. Permite que todas esas energías salgan a la luz, deja que todo su cuerpo vibre, tiemble y se agite si es que así debe ser, deja que lloren, griten, rujan, rían, que se caguen en sí mismos si así es como tiene que ser. No les ofrezcas nada, excepto el regalo más grande de todos: tu apacible presencia. Quédate a su lado en cada respiración, en cada movimiento, momento a momento. Toma su mano, pero no hagas el intento de componerlos, de cambiarlos, de que dejen de experimentar lo que están experimentando, ni tampoco les ofrezcas respuestas prematuras.

Si comienzas a sentirte incómodo, o como si quisieras apresurarte para sanarlos o salvarlos, o evitar que se sigan sintiendo como se sienten, o hacer que todo les parezca “bien”, acéptalo – es tu necesidad, tu incomodidad, tu temor, y no el de ellos. No los trates como víctimas o como inválidos. No los confundas con aquello que tú crees que son. Honra el poder que se mueve dentro de ellos; valida su experiencia, absolutamente. Confía en la impredecible inteligencia del sanar, y sabe que sus síntomas podrían acentuarse justo antes de empezar a mejorar; que la energía podría intensificarse antes de apagarse. Lo que ahora aparece como caos y desintegración podría, de hecho, ser una liberación necesaria y reorganización inteligente de un sistema bloqueado.

A veces, nuestros corazones necesitan romperse completamente para poder abarcar más vida, para poder aceptar un amor mucho más poderoso. Permite que tu cálida presencia le recuerde a tu amigo su propia cálida presencia, tan estable, tan apacible, tan libre, tan profundamente arraigada en este mismo suelo, aquí. Recuerda que lo que realmente son jamás podrá ser descompuesto, ni siquiera por la más intensa de las energías, y que tampoco pueden ser arreglados, y que la vida jamás comete errores, aunque de pronto parezca que todo ha sido un error.

El amor es todo lo que importa. La lluvia cae, las estrellas explotan silenciosamente en la inmensidad del espacio, y aquí, en este diminuto planeta llamado Tierra, algunas veces nos encontramos y nos regalamos un abrazo.

  • Autor: Jeff Foster

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Cartas de drenaje para soltar emociones

En este momento, amigo, en este momento…

En este momento amigoAmigo, sé que a veces parece como si todo se estuviera viniendo abajo.

Y que incluso las más hermosas palabras espirituales suenan como una mierda, absurdas, cursis, como puras tonterías de la nueva era. Hemos perdido todo aquello que solía definirnos, o hacernos felices, todo lo que parecía importarnos, y se siente como si nunca nos fuéramos a recuperar.

Sin embargo, en la vida, realmente no hay finales, sólo transformaciones nuevos comienzos que nacen de los escombros. Los viejos sueños que mueren, la caída de todo lo falso – que puede resultar bastante doloroso – ¡por supuesto, por supuesto! La destrucción, las rupturas, los fuertes impactos y las pérdidas suelen sentirse como enemigos, sin embargo, siempre contienen semillas de novedad, y a veces sólo se requiere de tiempo para poder recuperarnos. La devastación por la que estás pasando, la crucifixión de tus sueños, es una oportunidad para soltar cada IDEA que alguna vez tuviste acerca de “cómo debería ser tu vida”, y para dejar ir también todos esos preciados sueños que eran simplemente falsos; tan hermosos y tan útiles al mismo tiempo.

La invitación de hoy es estar presente para tu vida, despertar a ella, poner atención a esta inmediatez, dignificar todo lo que realmente esté pasando en este momento, en donde te encuentras. Si la soledad te está visitando aquí y ahora, no huyas. Si hay miedo, no lo alejes o trates de escapar. Si hay frustración, ansiedad, o tan sólo un leve sentido de desesperanza moviéndose en ti, no rechaces ninguna de estas energías. Ellas sólo quieren ser sentidas, ahora. No tienen nada de malo. Son tus hijos perdidos, huérfanos del despertar, y sólo quieren moverse y ser sentidos. A veces, la vida nos pone de rodillas para que podamos SENTIR todo aquello de lo que estuvimos huyendo a lo largo de nuestra existencia. Y sí, esteencuentro puede resultar un tanto doloroso. Pero tal vez, sentir el dolor, sea justamente el comienzo de la sanación.

Observa la mente. Cómo da vueltas sin cesar, cómo se regresa y cómo se adelanta, constantemente abandonando la escena presente de tu vida, aquí y ahora. Cómo los pensamientos huyen constantemente del momento presente. Cómo viaja a través de la memoria – a lo bien que eran las cosas en el pasado, a lo maravillosa que era antes tu vida. Anhelando volver a esos tiempos. Sintiéndose impotente al no poder hacerlo. Y así es como surge la desesperación. La culpa. Las ansias. La nostalgia. Y también se adelanta hacia el futuro, imaginando toda clase de escenarios que aún no existen, muchos de ellos oscuros y aterradores. Nota cómo te lleva hasta regiones mucho más allá de tu control. Y ambos movimientos, hacia el pasado y hacia el futuro, te desconectan de donde estás AHORA, en donde está todo lo que es. Te aleja de tu único punto de poder – de este momento. Es todo lo que hay. Este aliento. Estas sensaciones. Estos sonidos y olores presentes. El latir del corazón, el sentir tu trasero sobre la silla. Un pequeño pájaro cantando afuera. El zumbido de la televisión por allá. Una sensación de contracción en el pecho, una cierta sensibilidad en la garganta. Este es un llamado a la sencillez radical, absolutamente radical. Para honrar el no-saber. Para admitir nuestra humildad en la cara de la vida. Sin la historia del pasado y del futuro, ¿podrías asegurar que tu vida está ‘yendo mal’? Porque esta es la creencia en el centro de todo, ¿o no? Que tu vida está “saliendo mal“. Que el yo ha fallado. Que el universo es cruel y que de alguna manera está en contra de nosotros. Sería una conclusión inteligente, sí. No juzgaría a nadie por eso. Pero, quizás, esa no sea la verdad. Quizás la mente no sepa absolutamente nada.

Amigo mío, tu desilusión, tu incapacidad para creer en todas las enseñanzas espirituales, incluyendo la mía, no es un error – ¡se trata de pura inteligencia trabajando! ¡Tu desilusión es parte de tu despertar! Todo es una invitación a una iluminación mucho más profunda de la que podrías imaginarte. Te estás viendo forzado a cuestionar todo, absolutamente todo, incluyendo tus tan preciadas enseñanzas espirituales. Estás siendo invitado a encontrar tu propia autoridad, a soltar todas esas ideas de mierda acerca del “significado de la vida”. Estás siendo invitado a soltar todo lo que sea de segunda mano, todo lo viejo y caduco, todo lo que heredaste -de tus padres, maestros, gurús- todo lo que hay acumulado en tu memoria, para poder estar presente para la vida, cruda y desnuda.

A veces tenemos que perder todo para poder recordar nuestra total humildad, para recordar que no tenemos el control, y que cada momento está repleto de asombro y de emocionante incertidumbre. Te encuentras ahora en un camino de devastación – y era justamente lo que Jesús enseñaba. Este no es el final para ti, es el comienzo de una nueva y diferente vida, una nueva manera de moverte a través del mundo, por muy difícil que parezca verlo así. Es tiempo de renovación, de tranquilizarte, de descubrir la abundancia contenida dentro de la vacuidad. Un tiempo para ser mucho más amable contigo mismo. Hay mucho potencial para ti, amigo, incluso si no eres capaz de sentirlo así en este momento.

He tenido muchos momentos en mi vida en que me he sentido incapaz de seguir adelante, incapaz de soportar más. He llegado a sentir que lo perdía todo, que nada era posible para mí, que el sentido de vacío era la única posibilidad en mi vida. Pero es que simplemente no sabía lo que el universo me tenía preparado.

Aunque te sientas solo y abandonado, asustado y enojado, recuerda que muchos otros están caminando a tu lado, y que muchos otros te entienden. En algún momento de tu vida, tú mismo escribirás el libro de tu maravillosa transformación.

¡En este momento, amigo. En ESTE momento!

  • Autor: Jeff Foster

*Si lo desea, puede leer la publicación: “GRATIS Reto de Mindfulness: 7 audios guiados y 4 vídeos explicativos