La clase de amor que mereces *Jeff Foster

Más que cualquier otra cosa, deseamos ser vistos. Ser acogidos en una presencia completamente abierta y sin juicios, y ser vistos a través de ojos que solo sepan amar.

Y ser vistos es lo que más tememos. Más que a la muerte, tememos la penetrante mirada de la intimidad. Y la anhelamos de todos modos.

¡Necesitas ser muy valiente para mostrarte! 
Para quitarte la máscara, cuando te ves y te sientes peor (esa máscara que de cualquier forma te está asfixiando), para decir: “Mira. Mira. Aquí estoy, mundo”.

Dejarte ver antes de estar listo.

Cuando te sientas el más inútil, el más sucio, el más desgraciado e ingrato, el más inepto, el más aburrido, el más confundido y solitario y roto y triste y enojado y lastimado, déjate ver allí. 
Allí, en ese doloroso y vergonzoso sitio. Deja que la luz entre. 
Sal de tu escondite e invita a alguien a tu mundo “privado”. 
Deja que sea testigo del verdadero y auténtico tú. 
Anterior a la deplorable defensa que llamas “personalidad”.

Di, “Mira. Mira, amigo. Aquí estoy”.

¡Arriésgate a ser amado!

Hay riesgo de ser rechazado, sí. Hay riesgo de ser humillado, de que se mofen de ti, de hacer el ridículo de nuevo, tal vez. Hay riesgo de ser visto como un fracaso. Como enfermo, o destrozado, o feo, o débil. ¿Pero hay riesgo de ser amado?

Sí. Arriésgate hoy porque la vida es corta, y es muy agotador tratar de reprimir tu auténtico yo. Déjate ver al desnudo. Al tú vulnerable. Al tú sin protección, sin respuestas, incompetente. Al tú imperfecto.

Porque la vergüenza más profunda solo se cura bajo la luz del amor. Y tus defectos siempre han anhelado ser tocados con una presencia consciente tan tierna que engendraría universos enteros con tal de encontrarse a sí misma.

Y ahora puedes caer en los brazos de un entrañable amigo. Que te abrazará. Desnudo. Sin protección. Imperfecto.

Adorable. Justo como eres.

Esta es la clase de amor que mereces. El verdadero amor humano que es también el amor de Dios. La clase de amor que te baña en dulzura cuando te sientes más avergonzado, más asustado, más perdido. Cuando te sientes completamente insignificante. Un inmenso amor que te sostiene.

Nunca te conformes con menos.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El encuentro más intimo no es el sexual, es el desnudo emocional 

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El amor tiene un límite y se llama dignidad

El amor siempre tendrá un límite y es la dignidad. Porque ese respeto que cada uno tenemos por nosotros mismos tiene un precio muy alto y jamás aceptará rebajas con las que saciar un amor que no llena, que duele y vulnera.

Decía Pablo Neruda que el amor es corto y el olvido muy largo. Ahora bien, entre medias siempre queda esa “luz de luciérnaga” que se enciende de modo natural en las noches oscuras para indicarnos dónde está el límite, para recordarnos que es mejor un largo olvido que un largo tormento en el que terminemos vendiendo nuestra dignidad.

En ocasiones, no hay más remedio que olvidar lo que uno siente para recordar lo que valemos. Porque la dignidad no debe perderse por nadie, porque el amor no se ruega ni se suplica y, aunque nunca debe perderse un amor por orgullo, tampoco hay que perder la dignidad por amor.

Lo creamos o no, la dignidad es ese hilo frágil y delicado que tantas veces comprometemos, que puede quebrarse hasta descoser los vínculos de nuestras relaciones afectivas.

Son muchas las ocasiones en que cruzamos esa frontera sin querer hasta dejarnos llevar por unos extremos en los que nuestros límites morales se vuelven débiles, pensamos que por amor todo vale la pena y que cualquier renuncia es poca. Porque el amor y la dignidad son dos corrientes en un océano convulso, en el cual incluso el marinero más experimentado puede perder el rumbo.

El orgullo y la dignidad del amor propio

A menudo suele decirse que al orgullo lo alimenta el ego y a la dignidad el espíritu. Sea como sea, estas dos dimensiones psicológicas son dos habitantes cotidianos en las complejas islas de las relaciones afectivas y que, en ocasiones, suelen confundirse.

El orgullo, por ejemplo, es un enemigo sobradamente conocido que suele asociarse al amor propio. No obstante, va un paso más allá, porque el orgullo es un arquitecto especializado en alzar muros y en tejer alambradas en nuestras relaciones, en aderezar con la arrogancia cada detalle y en hendir el victimismo en cada palabra. Aunque bajo todos estos actos destructivos, lo que se enmascara en realidad es una baja autoestima.

Por su parte, la dignidad es justo lo contrario. Actúa escuchando en todo momento la voz de nuestro “yo” para afianzar lo más bello del ser humano, como es el autorrespeto, sin olvidar el respeto por los demás. Aquí el concepto del amor propio adquiere su máximo sentido porque se nutre de él para protegerse sin dañar a otros: sin causar efectos “colaterales”, pero validando en todo momento la propia autoestima.

La dignidad tiene un precio muy alto

La dignidad no se se vende, ni se pierde, ni se regala. Porque una derrota a tiempo siempre será más digna que una victoria si logramos salir “enteros” de esa batalla, con el rostro bien alto, el corazón entero y una tristeza que acabarán desinfectando los años y las ilusiones renovadas.

La gente suele pensar que no hay nada peor que ser abandonados por alguien a quien queremos. No es así, lo más destructivo es perderse a uno mismo amando a quien no nos quiere.

En el amor sano y digno no caben los martirios ni resignaciones, esas en las que nos decimos que todo vale con tal de estar al lado del ser amado. Porque, en realidad, donde nos posicionamos es a su sombra, ahí donde ya no quedarán más días soleados para nuestro corazón ni aliento para nuestras esperanzas.

Para evitar caer en estas convulsas corrientes afectivas, vale la pena reflexionar en las siguientes cuestiones que, sin duda, pueden servirnos de ayuda:

En las relaciones los sacrificios tienen fronteras que señalizar

No estamos obligados a dar respuesta a todos los problemas de la pareja, a ofrecerle aire cada vez que respire ni a tener que apagar tu luz para que él o ella brille. Recuerda dónde está el auténtico límite: en tu dignidad.

El amor se siente, se toca y se crea cada día

Si no percibimos nada de esto, no servirá de nada pedirlo, y menos esperar sentados a que acontezca un milagro que no tiene sentido. Asumir que ya no somos amados es un acto de valentía y que nos evitará derivar en situaciones tan delicadas como destructivas.

El amor jamás deberá ser ciego

Por mucho que se defienda esta idea, siempre será mejor ofrecerse a alguien con los ojos bien abiertos, el corazón encendido y la dignidad muy alta. Solo entonces seremos auténticos artesanos de esas relaciones que valen la pena, donde respetar y ser respetados, donde crear cada día un escenario sano donde “no todo vale”, sin juegos de poder ni sacrificios irracionales.

La dignidad es y será siempre el reconocimiento de que somos merecedores de cosas mejores. Siempre será mejor una soledad digna a una vida de carencias, a relaciones incompletas que nos hacen creer que somos actores secundarios en el teatro de nuestras existencias. No lo permitas, no pierdas tu dignidad por nadie.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “No mendigues la atención de nadie y mucho menos amor” 

El cuerpo nos informa claramente de nuestras emociones

Para Quim Vincent, osteópata y psiconeuroinmunólogo, un síntoma no debería ser nuestro enemigo, sino un aliado que avisa de que algo no funciona bien. Por eso es importante escuchar al cuerpo y estar atentos a lo que nos dice. 

Escuchar al cuerpo es primordial para Quim Vicent, acostumbrado como osteópata a escuchar a sus pacientes con las manos. “Cuanto menos escuchemos a nuestro cuerpo, cuanto más rápido ignoremos la orden de parar, más graves serán las consecuencias y más difícil la reparación”, advierte.

Ahora acaba de publicar “Aprende a escuchar tu cuerpo” (RBA Libros, sello Integral). Su lectura, amena y asequible para todos los públicos, ayuda a prestar más atención a los mensajes que nos manda nuestro cuerpo. También enseña a entender mejor por qué padecemos algunas enfermedades o disfunciones.

Quim Vicent o el arte de escuchar al cuerpo

Quim Vicent es osteópata, neuropsicoinmunólogo y posturólogo, además de director de la clínica de medicina integrativa Arvila Magna.

Desde la perspectiva de la medicina integrativa y la escucha activa del cuerpo, nos da pautas de cómo identificar, prevenir y aliviar los síntomas que afectan a nuestro bienestar.

¿No sabemos escuchar a nuestro cuerpo?
–No sabemos escuchar… en general. Todos vamos con ideas preconcebidas.

Por necesidades económicas, materiales, etc. vivimos de una forma que se escapa mucho de la forma biológica en la que deberíamos vivir, muy alejada de una forma de vivir natural y esto conlleva muchísimo estrés.

¿De qué hablamos cuando hablamos de estrés?
–Cuando decimos estrés–que a veces parece una excusa médica–, nos referimos a lo que sucede cuando nos levantamos a las 7h de la mañana, para vestir a nuestros hijos y llegar al colegio y al despacho, revisar los mails… y todas las preocupaciones que se nos acumulan.

Con el estrés continuado se produce un cambio bioquímico. Esto significa, por ejemplo, que vas a fabricar menos jugo gástrico en el estómago. A partir de ahí, la vitamina B12 igual no la podrás absorber y, si no la absorbes, una fase del hígado, la metilación, no se produce, y esto hará que tengas más estrés y ansiedad.

Esta es una reacción entre miles, pero hablamos de una respuesta integral.

¿Y cómo analizas tú esas respuestas en la consulta?
–Los pacientes necesitan ser escuchados, pero no solamente ser escuchados, necesitan saber que son entendidos. Hay una escucha primera que es con los oídos y otra que es a través de las manos.

La primera visita no debería durar menos de una hora, hay que conocer la historia de vida de la persona: eso es fundamental. Después, su cuerpo nos hablará. Hay que escuchar su cuerpo a través de nuestras manos. También nos dice muchísimas cosas cómo es su postura, la mirada…

Creo que nos perdemos una gran oportunidad, si no estamos atentos y sin juicios. Parece fácil, pero no lo es tanto.

“La atención es algo que no deberíamos perder en nada de lo que hacemos. Cada vez que nos lavamos las manos, por ejemplo ¿estamos pendientes del agua que cae… de esta sensación o de lo que hay que hacer 3 minutos después?”

En el libro hablas de que la poca atención que prestamos a la respiración…
–¿Somos conscientes de cómo respiramos? ¿Tomamos conciencia de cómo lo hacemos? Muchas veces es solo un mínimo recorrido, cuando la respiración tendría que ser amplia.

Cada hora del día, habría que hacer una pausa para realizar una respiración profunda y tomar conciencia de ella. Simplemente con eso, nuestra vida podría cambiar. Aunque sea complicado el día a día que tenemos en las ciudades, hay que buscar tiempo para salir a la naturaleza y respirar bien.

En otro momento dices que “cuando aparece el dolor de espalda hay que preguntarse también sobre la propia vida”. ¿Asumimos sufrir dolores de espalda como normal?
–Tener una lumbalgia parece que sea normal. Pero no, no debería doler la espalda. Cada cosa tiene su significado.

Como terapeutas no podemos decir que todo es emoción, eso sería muy fácil. Todo el mundo tiene una mochila emocional, pero hay que preguntarse: ‘”¿es mi emoción la que predomina?” Si la emoción predomina –esa pregunta debemos averiguarla como profesionales–, es la causa que hay que tratar.

Hay que abrir esa puerta y hacer reflexionar al paciente sobre qué le tiene atrapado, por qué su energía cada vez es menor, por qué le pesa… El cuerpo nos informa claramente de nuestras emociones. También la forma de los dientes: si están superpuestos, la forma, la distancia de los dientes

Insistes en la importancia de la boca en las patologías…
–Antes de dedicarme a la medicina integradora, cuando acabé mis estudios de osteopatía, conocí al Doctor Michel Stephan, que hablaba de la importancia de la boca en todas las patologías. La osteopatía no es más que un estudio de la integridad del cuerpo.

Michel Stephan me dijo que lo más importante es conocer el origen de cualquier disfunción y dónde la boca puede tener algo que ver. He visto a muchos pacientes con hernias discales cuyo digestivo funcionaba mal, pacientes cuyas menstruaciones tampoco estaban reguladas, con muchos focos de infección en la boca…

Por eso, ese gran puzzle que llamamos cuerpo humano es, en el fondo simple, una coherencia clara.

“Actuamos como si el síntoma fuera el peligro. Pero el síntoma es un aviso que nos da el cuerpo sobre una disfunción.”

Háblanos de la relación entre la hernia discal y alimentación.
–En muchas hernias discales, simplemente rehabilitando el intestino, la sintomatología discal desaparece…

Primero, hay que mirar la gravedad, si la hernia de disco está afectando al canal medular o no. Siempre que no sea una urgencia médica, se estudia la posición. Si estamos muy cerrados, eso conlleva una tensión a nivel del digestivo, tenemos más ansiedad, problemas para digerir las proteínas…

Pero no podemos afirmar que la hernia discal venga por esto solo. Ha habido un conjunto de cosas, sean digestivas, estructurales… que han llevado a esta hernia. La medicina integrativa pone en orden todos estos conceptos…

Yo, en casos de hernia discal, intento modificar los hábitos alimentarios y busco interferencias en la boca, la salud intestinal y la parte postural.

¿Cuál es tu relación con la medicina tradicional?
–Por suerte, cada vez más traumatólogos entienden las intervenciones de la columna como la última opción y recomiendan visitar a un osteópata experto.

Es un sistema donde deberíamos complementarnos. Mi clínica está llena de médicos. Somos un equipo. Unos sin otros no funcionamos. Somos defensores de un trabajo multidisciplinar, todo forma parte de un estilo de vida, una filosofía de tratamiento.

A la consulta vienen hasta niños que me derivan pediatras, en procesos de ortodoncia, para acompañamiento postural…

Como especialista en neonatología, ¿cómo tendría que ser el momento del parto?
–En otros países hay un osteópata en la sala de partos, es una figura obligatoria. Es cierto que los partos instrumentados han salvado muchas vidas, pero los fórceps que tiran de la cabeza al niño pueden conllevar unas tensiones a nivel del cráneo que a veces derivan en consecuencias posteriores. Unas veces son inmediatas, pero a veces no: futuras escoliosis, problemas digestivos…

Otro tema son la cesáreas. Una cosa es que sea necesaria, pero por el hecho de que nuestro ginecólogo ese día no nos pueda atender, programar una, es otra película… Con la cesárea, al no pasar por el canal vaginal de la madre, el bebé tendrá falta de 2 bífidobacterias importantes: el lactobacilus y el bifidobacterium. Son importantísimos para el sistema inmunitario del bebé. Si carecen de ellas, estos niños muy probablemente tendrán muchas infecciones: otitis, bronquitis, etc.

Y si un niño es separado de la madre en el momento de nacer, porque ha necesitado ir a una incubadora, etc. tiene también un vacío emocional.  Es un proceso a seguir, puede afectar, más o menos, pero vale la pena tenerlo en cuenta para poder revisarlo.

¿Todo el mundo debería pasar por la consulta de un osteópata?
–Tenemos poca información: desde la forma de comer, la forma de pensar de vivir, de cuidar nuestro cuerpo. Y cuando carecemos de información, muchas veces no hacemos ciertos actos.

“Yo sé que cuando se me enciende la luz de alerta del coche, tengo que llevarlo al mecánico, no tapar la luz. ¿Por qué, entonces, cuando me duele la lumbar, voy dejándolo pasar?”

Yo creo que nos queremos poco. En el ser humano hay un egoísmo que es necesario con la salud. Hay que estar bien para poder dar amor a los demás, una medicina básica en nuestros días…

Así que ¿hay que ir a un osteópata? No lo sé, pero hay que cuidar la salud. Si uno dice, “yo voy a hacer una escapada a la montaña”, para mí ya es una forma de osteopatía, un contacto con la naturaleza. O a quien le guste meditar, o hacer un ayuno… Dedicarnos a nosotros mismos.

¿Qué recomendaciones serían básicas?
–No tengo recetas mágicas, porque cada persona es diferente. Depende del estilo de vida. Me interesan las prioridades de cada paciente… Porque en una persona obsesiva –que hay muchas–, si lo transportamos al mundo bioquímico, igual lo es porque no está metilando bien… No le puedo exigir que haga o no ciertas cosas, porque le va a costar mucho.

Otras personas no van a hacer un cambio alimentario radical, porque sabes que les vas a provocar más estrés que beneficio. No les voy a dar una pauta alimentaria igual que al paciente anterior… Igual les recomiendo hacer una respiración.

“Si conseguimos pequeñas motivaciones que provoquen grandes cambios, el paciente se va a motivar cada vez más. Si le pongo tareas muy difíciles, se va a desmotivar y no va a ver ningún cambio.”

Hay que adaptarse y entender muy bien al paciente que tienes delante. A veces, haciendo el camino más fácil es cuando llegas a la mejor resolución. Quizá esa sea la parte más difícil, ver qué podemos hacer con pequeñas dosis para que haya un cambio en su salud.

*Les recomiendo especialmente la Conferencia del Doctor Francisco Moya “La armonía de las emociones”

El cerebro te protege de tus recuerdos traumáticos

El novelista norteamericano Richard Matheson insinuó una vez que “el nacimiento implica el trauma de la incomprensión”. ¿Querría decir este hombre que el mero hecho de nacer ya implica el primero de nuestros recuerdos traumáticos?

Sea como fuere, tú, al igual que yo, no recuerdas el momento de tu nacimiento. Algo normal, de la misma forma que no te acuerdas de tus primeros años de vida. Sin embargo, seguro que hay otros episodios que, por el hecho de ser traumáticos, tampoco aparecen como accesibles en tu memoria. Son de ellos de los que vamos a hablar.

Experiencias y recuerdos traumáticos

Las experiencias vividas, especialmente durante la niñez, influyen poderosamente en nuestro desarrollo. En el caso de las vivencias negativas, el impacto puede ser tremendo. Muchos de estas experiencias, una vez pasan a ser episodios vividos y recuerdos, podrán permanecer en nuestra mente con una intensidad enorme. Es decir, la huella emocional que dejan es muy poderosa.

Episodios de abusos emocionales o físicos por parte de personas cercanas, por ejemplo, dejan poderosas secuelas psicológicas. En ese caso, el cerebro muchas veces tiende a “sentirse culpable”, y precisamente parece que es ese mecanismo el que también se encarga de protegernos de los recuerdos más traumáticos.

Bloqueando recuerdos

La Psicóloga clínica Lidia García Asensi establece un curioso paralelismo entre un cerebro y un ordenador. Es decir, nuestro cerebro actuaría procesando información en forma de carpetas, que son organizadas y almacenadas. Sin embargo, si llega un recuerdo que sobrepasa su capacidad, se guarda en forma de experiencia vivida en una red de memoria distinta de la habitual.

¿Qué quiere decir la psicóloga con este paralelismo? Que ante los recuerdos traumáticos que nuestro cerebro es incapaz o no quiere procesar, porque han sido capaces de alterarnos a un elevado nivel fisiológico y emocional, son aislados y apartados para que no generen emociones demasiado intensas y difícilmente soportables.

En este sentido, sabemos que las experiencias muy dañinas y traumáticas son capaces de alterar el equilibrio químico del cerebro. Se producen cuando un suceso es de difícil manejo y no somos capaces de comprenderlo, por lo tanto, su aceptación y procesado es altamente complejo.

¿Es positivo este bloqueo?

Podemos considerar que este bloqueo cerebral tiene una parte positiva, ya que nos protege de traumas y experiencias complicadas. Sin embargo, tenemos que apuntar que no siempre es así, especialmente a largo plazo, puesto que “apartar” no es olvidar por completo ni impedir que una experiencia nos influya. Hablamos de un hecho real sin procesar, es decir, un episodio importante al que no le hemos dado sentido y al que no hemos integrado de una manera positiva y coherente en nuestra biografía particular.

O sea, que es posible que posteriormente se presente un “estímulo disparador” en forma de nueva situación o experiencia que provoque que ese recuerdo vuelva a la luz. Se produce de forma inconsciente, pero cualquier pequeñez, por insignificante que parezca, podría reactivarlo y hacernos sentir como en el momento del trauma.

Es cierto que la mayor parte de recuerdos acaban por olvidarse. Sin embargo, los referentes a experiencias demasiado intensas jamás se olvidan, solo permanecen apartados y sin procesar, como dormidos, anestesiados. Esto provoca que, al no estar contextualizados y enfrentados, si vuelven a aparecer, el daño pueda ser muy grande ya que pueden hacer que nos sintamos a la vez muy mal y terriblemente desorientados.

Pros y contras de la protección cerebral ante los recuerdos traumáticos

Como hemos visto, esta protección automática de nuestro cerebro nos puede ayudar o perjudicar. Tiene sus pros y sus contras, aunque siempre será mejor hacer frente a un hecho traumático y superarlo. Sin embargo, no es posible si no se recuerda, como es lógico.

Por un lado, el cerebro nos libera del sufrimiento que supone ese recuerdo traumático. Así, las consecuencias incómodas quedarán de alguna manera amortiguadas en nuestro día a día.

“Una vez que el trauma está bajo control, el miedo es de poca utilidad y disminuye” -Martin Seligman- 

No obstante, podría haber momentos en que una persona sienta cierto malestar sin saber a qué obedezca. Puede ser que haya algún recuerdo oculto que el cerebro ha escondido, pero sigue influyendo en nuestro estado emocional. 

No es para nada sencillo detectar este tipo de traumas, ya que muchos están muy bien escondidos, disociados y hasta bloqueados. Pero es básico trabajar en las experiencias pasadas, ya que, de lo contrario, podríamos sentirnos inundados por emociones de las que desconocemos el origen, y por lo tanto, muy complicadas de regular.

*Nota de edición: lo expuesto en este artículo responde a un modelo de funcionamiento de la memoria que se adapta bien a muchos casos; sin embargo, es necesaria más investigación para descartar otras hipótesis paralelas -que intentan explicar también estos fenómenos-.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Mindfulness” o cómo equilibrar cuerpo y mente.

Carta de una niña Cristal a la Humanidad

La luz, los sonidos fuertes, la comida, los químicos, los malos pensamientos, la mala “vibra”… Mi cuerpo ya no soporta ninguna de estas cosas… Médicos, psicólogos, psiquiatras… ninguno tiene una respuesta para mí.

¿Enfermedad?¿ Locura? ¿Mañas? ¡Quién sabe, fragilidad quizás!…

Tengo hace un tiempo una sensación de querer volver a casa, de que ya todo terminó y quiero volver a casa, y es una pregunta frecuente… ¿Si quiero volver a casa, entonces dónde estoy?…

¿Acaso ésta no es mi casa?… No se a dónde quiero ir, sólo se que quiero ir a casa con mis hermanos, con mi familia. Pero: ¿Y mi familia y mis hermanos, acaso ellos no son mi familia, no son mis hermanos?…

¡Sólo sé que quiero volver a casa, pero no sé cómo!…

Es como un sueño, del cual no puedo despertar. Veo todos los días de mi vida, desde que nací, esa mañana de verano cálida y dulce…

Veo cómo se dañan entre ustedes, veo las injusticias que permiten, veo sus verdaderos rostros detrás de sus ojos… Y me pregunto: ¿Por qué fingen ser lo que no son?… ¿Por qué están encerrados en su interior?…¡Tristes, enojados, simples y sensibles!…

¿Por qué se lastiman a ustedes mismos?… ¿Por qué quieren restringirse, privarse de Ser lo que son?…

Seres Humanos. ¡Bellos, sensibles y perfectos seres humanos!…

Mírense, sólo mírense a los ojos, vean sus almas… Déjense ver por los demás… ¿A qué le tienen miedo?…

¡Todos estamos hechos de lo mismo, nadie es más fuerte que otro, nadie es mejor, porque todos somos excelentes!… ¡Son seres maravillosos, con una inteligencia enorme, con cualidades asombrosas, seres llenos de Luz, que iluminan este mundo con Amor!…

¡Yo no veo sus personajes, yo veo sus almas, ese es mi Don!…

Y ¡tienen almas hermosas, llenas de Luz, llenas de Amor, de pureza, almas cristalinas, bellas!… Pero cuando veo sus personajes, son totalmente diferentes a sus almas.

Sus personajes son fríos, indiferentes, mediocres, vacíos… Veo día a día, sus obras de teatro, donde lo único que hacen es mentir, lastimar, juzgar

Veo sus películas de terror, donde matan a sus hermanos, donde se pelean por un trozo de oro, un pedazo de territorio, un líquido negro… ¡Que no vale ni la milésima parte de lo que valen ustedes!…

Veo injusticias, veo hambre, veo día a día que envenenan a sus hermanos.

Lloré muchas veces por ustedes, y pedí muchas veces por ustedes: ¡Traté de ayudarlos pero siguen lastimándose… siguen lastimándome!…

Yo estoy acá para ayudarlos, estoy acá para sanarlos, vine a trabajar por ustedes… para eso nací y ese es mi Destino y mi Misión.

¡Soy sensible, todo lo que ustedes sienten yo lo siento, todo lo que ustedes piensan yo lo siento, todo lo que le hacen a mi Madre Naturaleza, yo lo siento!…

Solo quiero que despierten, que miren por un segundo a su alrededor… ¡Sólo vean… árboles, montañas, lagos, bosques, cielo, tierra, ríos, mares, animales, sol, luna, hij@s, niñ@s, herman@s, amig@s… Amor, Paz, Armonía, Salud, Belleza!…

¡Dios les regalo un jardín, el Jardín del Edén!… Siempre estuvo con ustedes, no hace falta morir, no hace falta ir al cielo, porque el cielo está en la tierra desde el primer día en que apareció la primera señal de vida.

No busquen afuera, no busquen en otro plano. El paraíso que buscan, estuvo siempre en la tierra, sólo observen… observen el amanecer, dejen que el viento acaricie sus rostros, que el agua refresque y limpie sus almas, dejen al fuego regalarles su calor…

Dejen a la luna iluminar sus noches de Amor, muévanse al ritmo de la naturaleza, bailen al compás de sus sonidos, de su música.

¡Sean libres, dejen salir a sus almas, dejen que los domine por completo, Sean la Luz que vinieron a Ser, sean el Amor que son, sean, sólo sean!…

¡Son maravillosos, son la perfección que tanto buscan, son la felicidad que tanto anhelan, son Amor, son la razón de mi Existir!…

¡Gracias por leerme, gracias por comprenderme, y muchas más, por Despertar tu Conciencia!…

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Mindfulness” o cómo equilibrar cuerpo y mente.

Los 4 dones de las personas altamente sensibles (PAS)

Cuando uno se ve en minoría frente a la gran mayoría, la primera sensación es sentir desventaja y miedo. ¿Por qué percibo las cosas de un modo diferente? ¿Por qué sufro más que el resto? ¿Por qué encuentro alivio en mi propia soledad? ¿Por qué observo y siento cosas que los demás suelen pasar por alto? Quizás formes parte de las personas altamente sensibles (PAS).

Ser parte de eso 20% de la población que se reconoce a sí misma como una persona altamente sensible (PAS) no es una desventaja, ni te etiqueta como “diferente”. Es muy posible que a lo largo de tu vida, y en especial durante tu infancia, fueras muy consciente de esa distancia emocional, y de como en ocasiones, tenías la sensación de vivir en una especie de burbuja de extrañeza y soledad.

La alta sensibilidad es un don, una herramienta que te permite poder profundizar y empatizar más con las cosas. Pocas personas tienen la capacidad de llegar a este punto de aprendizaje vital.

Fue Elaine N. Aron quien a principios de los 90, ahondando en la personalidad introvertida, detalló con minuciosidad los rasgos de una nueva dimensión no descrita hasta entonces, y que reflejaba una realidad social: la de las personas altamente sensibles, reflexivas, empáticas y a la vez, reactivas emocionalmente.

Si es tu caso, si te sientes identificado/a con esos rasgos que la Doctora Aron nos dejó en su libro “The Highly Sensitive Person”, es importante que te convenzas también de que la alta sensibilidad no es un motivo para sentirte extraño o diferente. Al contrario, debes sentirte afortunado por contar con estos 4 dones.

1. El don del conocimiento emocional

Ya desde la infancia, el niño con alta sensibilidad va a percibir aspectos en su día a día que le van a ofrecer una mezcla de angustia, contradicción y fascinante curiosidad. Sus ojos captarán aspectos que ni los adultos tienen en cuenta.

Esa mueca de frustración en sus maestros, la expresión de preocupación en su madre Serán capaces de percibir cosas que otros niños no ven, y ello, les enseñará desde muy pequeños que la vida es a veces difícil y contradictoria. Verán el mundo con la mirada de niño que se abre tempranamente al mundo de las emociones sin saber aún que las guía, que las hace vibrar o qué afila el sufrimiento adulto.

Niño caminando con un gato y un globo cerca de la luna

El conocimiento de las emociones es una arma de callado poder. Nos acerca más a las personas para entenderlas, pero a su vez, también nos hace más vulnerables al dolor.

La sensibilidad es como una luz que resplandece, pero a su vez, nos hace más vulnerables al comportamiento de los demás, a las mentiras piadosas, a los desengaños, a las ironías… ¡Es que todo te lo coges a la tremenda! te dirán a menudo, ¡Es que eres muy sensible! te comentarán otros. Y así es, pero eres lo que eres. Un don exige una alta responsabilidad, tu conocimiento sobre las emociones te exige también saber protegerte. Saber cuidarte.

2. El don de disfrutar de la soledad

Las personas altamente sensibles encuentran cierto placer en sus instantes de soledad. Son rincones que buscan con anhelo para llevar a cabo sus tareas, sus aficiones. Son personas creativas que disfrutan de la música, de la lectura Y aunque ello no quita de que disfruten también de la compañía de otros, es en soledad cuando más satisfacción encuentran.

Mujer sujetando una jaula mientras libera sus pájaros

Las personas altamente sensibles no temen a la soledad. Son esos instantes en que pueden conectar más íntimamente con ellos mismos, con sus pensamientos, libres de apegos, lazos y miradas ajenas.

3. El don de una existencia desde el corazón

Mujer con violín y los brazos abiertos

A la hora de hablar de las personas altamente sensibles, se les asocia a menudo al sufrimiento. A su tendencia a las depresiones, a la tristeza, a sentirse vulnerables frente a los estímulos externos, frente al comportamiento de la gente. No obstante, hay algo que el resto no sabe: pocas emociones se viven con tanta intensidad como el amar y ser amado

Y no hablamos solo de relaciones afectivas, la amistad, el cariño cotidiano, o el sencillo acto de experimentar la belleza de un cuadro, de un paisaje o de una melodía, es para las personas altamente sensibles una vivencia intensa. Enraizada en el propio corazón.

La alta sensibilidad es vivir desde el corazón. Nadie vive más intensamente el amor, nadie se deleita más con los pequeños gestos cotidianos, con la amistad, con el cariño…

4. El don del crecimiento interior

La alta sensibilidad no se cura. Uno viene al mundo con ello, con esa particularidad, con ese don que ya se puede ver claramente desde que un niño es bien pequeño. Sus preguntas, su intuición, su tendencia perfeccionista, su umbral al dolor físico, sus molestias ante luces o olores fuertes, su vulnerabilidad emocional…

No es fácil vivir con este don. No obstante, una vez uno reconoce lo que es y lo que nos puede aportar, llega el momento en que debemos aprender a gestionar muchos de esos detalles. No debes dejar que las emociones negativas te desborden en ciertos momentos.

Mujer volando entre estrellas

Debes aprender también que los demás, van a otro ritmo, que no tienen tu umbral emocional. Que no vivirán ciertas cosas con tu misma intensidad, no obstante, ello no significa, por ejemplo, que te quieran menos. Respétalos, entiéndelos. Entiéndete a ti.

Una vez hayas descubierto tu propio ser y tus facultades, encuentra tu equilibrio y fomenta tu crecimiento personal. Eres único y vives desde el corazón. Anda en paz, anda en seguridad, y sé feliz.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Mindfulness” o cómo equilibrar cuerpo y mente.

Que la vida me perdone las veces que no la viví

Que la vida me perdone las veces que no la viví. 

Que me perdone los momentos en los que el miedo se adueñó de mí. Que me perdone aquellos pasos que no seguí por no desviarme de mi camino, llano y seguro, por no desviarme de aquello que ya conocía, por miedo a sufrir.

Que la vida me perdone por todo lo que he dejado de hacer. Por todo lo que he perdido al ser desconocido y por mí temido, al salirse de mi zona de confort. Que la vida me perdone por dejar de ser yo misma buscando mi camino, en lugar de pisar por el que otros ya habían recorrido.

Que la vida me perdone por mirar continuamente al pasado y recordar todo aquello en lo que me había equivocado. Y que también me perdone cuando miraba al futuro preguntándome por todo aquello que con otras decisiones en la vida yo podía haber sido.

La vida es lo que es. La vida es el ahora no lo que fue ayer. La vida es este instante, saboréalo antes de que pase.

Que la vida me dé fuerzas para aprender

Ahora que sé esto que escribo, que la vida me dé fuerzas para aprender de estos errores que he cometido. No pretendo encadenarme a los recuerdos de aquello que ya he vivido. No pretendo sufrir sin sentido, y aunque sé que la vida dista mucho de ser un camino de rosas, lo que pretendo es no volver a equivocarme siempre con lo mismo.

Pretendo reír hasta que las lágrimas se apoderen de mí o me duela la cara de pasar tanto tiempo así. Pretendo luchar por mis sueños hasta que de ellos sea su dueño. Pretendo hacer las cosas a mi manera y no preocuparme porque lo que haga en un futuro duela; nunca se sabe, no soy adivina, igual simplemente no duela nunca lo que ahora viva.

La vida no dura eternamente. No la desperdicies con los miedos que moran en tu mente. Vive cada segundo como si se fuera a acabar el mundo, porque eso es lo que te hará disfrutar de cada instante como si fuera el último.

Simplemente voy a vivir caminando a paso firme buscando aquello que me haga sentir bien. Aquello que merezca mi tiempo, mi esfuerzo y mi sonrisa, aquello que me haga feliz sin importar el cómo, el dónde y el con quién.

Voy a mirar hacia delante y a brillar con luz propia. No voy a dejar que me afecten las dudas de otros y se me claven en la mente como si fueran propias. No voy a temblar de miedo ante lo que aún no conozco, simplemente voy a lanzarme hacia delante y aprender poco a poco.

Que la vida me perdone y me dé tiempo para hacer todo lo que quiero

Pero, ante todo, que la vida me perdone por el tiempo que he desperdiciado mirándome al ombligo, preguntándome si todo podía cambiar, pero sin hacer nada para conseguir mi cometido. Y por eso, le pido a la vida que me perdone y me dé tiempo para que ahora que entiendo todo esto, pueda hacer todo lo que quiero y merezco.

Ahora he comprendido que sólo si yo actúo y decido, las cosas cambian en cualquier sentido. Puede ser bueno o malo, pero quedarse donde estás por miedo a lo desconocido no ayuda a obtener las recompensas que crees que en tu vida has merecido.

Mírate al espejo y visualiza como quieres ser. Ese es tu camino, esa es tu razón de ser.

No es más sabio el que menos sufre, sino el que no se rinde a pesar de lo sufrido. El que se mueve buscando un nuevo sentido a su vida. El que, aunque tiene miedo no duda en conquistarlo para lograr conseguir una nueva vida. El que sabe que, si no te mueves caducas, y si caducas te arrepentirás de no haberte movido.

Sé valiente y vive. Sé valiente y salta, corre, lucha, ríe y llora. Sé valiente ante el mundo porque para eso has nacido. Sé tú y no le tengas que pedir perdón a tu vida. Porque aquello que no hayas vivido no vuelve a ti día tras día.

Solo tenemos una vida ¡Haz que cuente! y elige como vivirla.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “5 cosas que lamenta la gente antes de morir”  

Abrázame hijo mío

Abrázame hijo mío. Necesito sentir los latidos de tu corazón.

Quiero que sepas que pase lo que pase, yo siempre estaré aquí. Que siempre podrás volver a mis brazos. Cuando tengas miedo, cuando te asuste el mundo, cuando necesites que te diga lo muchísimo que te amo, aquí estaré. Cuando la vida se complique, cuando te equivoques, cuando escojas un camino erróneo, también en esos momentos, aquí estaré. Cuando alguna de tus primaveras no veas salir el sol, cuando anheles mi calor, aquí estaré, cuando te sientas diferente, extraño. Cuando alguien te rechace por ser excepcional. Cuando quieras encontrar un refugio, aquí estaré. Cuando tus pies se cansen de caminar, y necesites que te sujete en mi regazo. Cuando quieras que te acompañe en tu viaje, aquí estaré. Cuando tu memoria te lleve a tu infancia, y quieras recordar lo especial que eres para mí, aquí estaré. Cuando yo me haya ido, cierra los ojos y piensa en mí, esté donde esté…

Aquí estaré. Siempre. 
Te Amo ❤ Eres la luz de mis ojos.

  • Darío Cabral

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Emotiva carta de un padre a su hija sobre el amor propio

Decreto de Abundancia y Prosperidad

1.- Tengo derecho a vivir en Abundancia, tengo derecho a ser feliz. Tengo salud y agradezco por ello. Hoy creo una buena vida, estoy en Paz y Soy Uno con Todo. Estoy abierta/o a todo lo bueno. Hoy acepto y agradezco la Abundancia y Prosperidad, me siento segura/o y a salvo económicamente. Soy Bendecida/o ahora por la Luz Divina, invoco a los Ángeles de la Abundancia para que me asistan; el Universo cuida de mí, me suministra, me provisiona en Abundancia, aquí y ahora; agradezco al Universo por todo el bien que recibo; doy y recibo Amor siempre; mis relaciones están llenas de Amor. Gracias Fuente Divina.

2.- Hoy resuelvo liberar todas las cargas emocionales, mentales y espirituales que me atan al pasado, impidiendo mi evolución. Hoy perdono amorosa y compasivamente y pido humildemente perdonen mis desaciertos. Dejo ir todo lo que me pesa, ata y detiene, y me siento libre para avanzar en mi camino de Luz. Gracias Conciencia Divina.

3.- Hoy elijo atraer positivamente todo aquello que me hace bien, me enriquece y nutre como ser humano encarnado, alienta mi entrega y servicio en el planeta. Me permito conectarme con la corriente Universal de Amor Incondicional, de Sabiduría y Verdad Divinos, creciendo en Conciencia de Unicidad y Totalidad, reconociendo mi particular Esencia y sintiéndome parte del Todo. Hoy el Universo me apoya totalmente porque soy Uno con él. Gracias Divino Creador, Dios en mí.

“Y así es”. Aquí y Ahora. Te Amo y Te Bendigo, Divino, Amado y Poderoso Creador. “Yo Soy” en mí.  Amen ❤

  • Fuente: Puente de Luz

*Si lo desea, puede leer la publicación: Acto simbólico de sanación con el dinero

Eres bella cuando te muestras imperfecta

Te vistes con ropa bonita y a la moda, te peinas, haces dieta para adelgazar, utilizas cremas para disimular tus imperfecciones, tacones para parecer más alta, maquillaje para resaltar tu belleza. Pero lo realmente bello es lo que hay debajo de todo eso, eres tú, en tu infinita imperfección y belleza de mujer. Eres bella cuando te muestras imperfecta.

¿Quién decide lo que es bello? Nadie puede imponerte lo que significa la belleza, si eres bella o no, por eso debes apreciar quién eres y que esa belleza que tienes la reflejes en todos los aspectos de tu vida, de tu existencia.

La perfección es agotadora

Si pensamos en todas las operaciones de cirugía estética, todos los tratamientos para no envejecer, parece que rechazamos la vejez, lo roto, lo imperfecto. La sociedad de consumo actual, de mujeres altas, delgadas, perfectas, ha dejado atrás otros valores, la esencia de lo femenino, de la belleza de una mujer real.

Agota pensar todo el tiempo en cómo estar guapa, cómo satisfacer ese ideal de belleza que se nos impone desde pequeñas, que vemos en la televisión, en las revistas… Intentamos alcanzar un ideal que es imposible, que no es realidad, que nos impide ver lo bellas que ya somos.

La belleza y la fuerza de la imperfección

Los japoneses reparan la cerámica rota con un adhesivo fuerte y polvo de oro, de esa forma ensalzan la imperfección en lugar de tratar de esconderla. Se piensa que cuando algo sufre un daño y se rompe, tiene una historia que contar, que lo hace más bello. Ese arte tradicional se denomina Kintsugi.

Si trasladamos esa idea a lo humano, deberíamos aprender a apreciar lo imperfecto, lo envejecido, con toda su sabiduría y con toda su fuerza. Deberíamos aprender a aceptarnos tal y como somos, sin tratar de impedir el paso del tiempo, que nos hace bellos, sabios y fuertes.

Muestra tu fragilidad

Se considera que una persona perfecta no tiene derecho a llorar, a fracasar, a tener un cuerpo que no cumple los cánones de belleza, a mostrarse vulnerable, a tener miedo. ¿Qué clase de felicidad puede sentir una persona así? Es fundamental aprender a mostrar nuestra fragilidad. Lo que nos hace sentir frágiles es lo que nos puede acercar a los demás.

Podremos sentir miedo a mostrar nuestra vulnerabilidad, pero si no lo hacemos, no seremos nosotros mimos, no aprenderemos a mostrarnos tal y como somos. Pueden hacernos daño, pero es un riesgo que deberemos asumir para poder vivir de acuerdo a nuestra identidad.

La belleza imperfecta

Poco a poco empieza a abrirse camino la idea de que lo bello no es una modelo muy delgada y muy joven, lo bello es lo real, lo imperfecto, lo que deja ver el paso del tiempo. Se intenta hacer prevalecer valores como la autoestima, el sentirse bien y el ser diferente.

Pero es complicado hacer cambiar lo que se entiende por belleza, sobre todo porque la belleza es subjetiva, para cada uno de nosotros significa una cosa diferente. La belleza es imperfecta, es natural, no se tapa ni intenta ser lo que no es, no oculta los signos del envejecimiento, sino que aprecia su sabiduría y su historia y las muestra al mundo.

MUESTRA TU IMPERFECCIÓN Y APRENDE A SER BELLA

Por eso, tu belleza se ve cuando te muestras tal cual eres, cuando tu naturalidad sale a la luz, cuando no te escondes, cuando lloras y ríes, cuando tienes miedo y lo demuestras, cuando te sientes vulnerable y dejas que los demás lo vean, cuando te arriesgas a amar y a abrir tu corazón, cuando eres bella.

¿Hay algo más bonito que mostrarnos tal y como somos? Nos enseñan a escondernos, a maquillarnos, a taparnos, pero es necesario salir ahí fuera, desplegar nuestras alas y volar, porque mostrar la belleza real, es un acto de valentía. 

“Aprendí que la valentía no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre el miedo. El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo” -Nelson Mandela- 

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Quédate con aquellas personas que puedes ser tú en toda tu esencia”