Una mujer sobrevive a un cáncer de mama con metástasis gracias a un nuevo tratamiento

Con la ayuda de sus propias células, se han podido eliminar lesiones del tamaño de una pelota de tenis en su hígado.

Probablemente, habría fallecido en dos o tres meses, pero Judy Perkins de 49 años y aquejada de un cáncer de mama muy agresivo hoy sigue viva. El «milagro» es fruto de una nueva terapia personalizada que utiliza las propias células inmunes del paciente. Es la primera vez que este tipo de inmunoterapia, eficaz frente al melanoma y algunos tumores de pulmón, funciona en cáncer de mama.

El cáncer de esta paciente estadounidense estaba en una fase muy avanzada. Se había extendido al hígado y tenía lesiones tumorales en este órgano vital del tamaño de una pelota de tenis.

Un autotrasplante

A grandes rasgos, el tratamiento consistió en activar las células «T», las células que ayudan a proteger el cuerpo de las infecciones, inyectando anticuerpos. Una vez activadas en el interior del organismo, se aislaron de la sangre de la paciente, se extrajeron y ya en el laboratorio solo se se cultivaron aquellas que podían reconocer al tumor. El siguiente paso fue volver a introducirlas en el paciente con una nueva infusión.

Las nuevas células fueron capaces de atacar a las cancerosas. El tratamiento logró eliminar la metástasis de la paciente y el tumor original dos años después esta mujer permanece libre de la enfermedad, según se publica en la revista «Nature Medicine». Este éxito es una esperanza renovada para muchas mujeres que no responden al tratamiento.

Hasta la fecha, esta estrategia que se sirve del sistema defensivo de los pacientes para luchar contra el cáncer, solo había funcionado en tumores con muchas mutaciones como es el de pulmón o el cáncer de piel más agresivo.

Para otros tumores sólidos

El cáncer de mama, sin embargo, provoca mutaciones en un porcentaje muy bajo que causen una respuesta del sistema inmune. Pero el equipo de Steven Rosenberg, del Instituto Nacional de la Salud de Maryland lograron identificar las células específicas del sistema inmune que eran capaces de reconocer las mutaciones del cáncer de mama.

Esta aproximación abre una nueva puerta al tratamiento de pacientes con tumores sólidos, como el hepático, de colon o cervical que no tienen ahora tratamientos eficaces, una vez que desarrollan una metástasis. Por tanto, se abre la puerta al tratamiento de cánceres que hasta la fecha se consideraban incurables.

De hecho, el caso clínico que ha publicado Rosenberg forma parte de un ensayo clínico más amplio con 300 enfermos que tienen metástasis y unos tumores con una baja tasa de mutaciones. Los resultados de estos pacientes aún no se han publicado, pero los datos preliminares muestran resultados positivos en pacientes con cáncer de hígado y de colon, otros dos tipos de tumores que acumulan menos mutaciones y por tanto no respondían bien a la inmunoterapia convencional.

Una revolución

Para Laszlo Radvanyi, del Instituto para la Investigación del Cáncer de Ontario (Toronto, Canadá), «estamos en la cúspide de una gran revolución». Este investigador que escribe un editorial que acompaña a la investigación cree que el desafío en la próxima década «será encontrar formas más creativas para maximizar los beneficios en los pacientes».

La inmunoterapia, el tratamiento que se sirve del sistema de defensas natural para atacar el cáncer, concentra ahora el entusiasmo de las mayoría de los oncólogos. El éxito conseguido en cánceres como el melanoma -el tumor de piel más agresivo- o el linfoma de Hodking o la leucemia, no tiene precedentes en la historia de la oncología. Es el campo que más talento investigador concita y más inversión pública y privada atrae. «Cualquiera que se hubiera atrevido a pronosticar el estado actual de resultados de la inmunoterapia hace solo siete años hubiera sito tachado de loco», explicaba Ignacio Melero a ABC, investigador que desde el CIMA y la Clínica Universidad de Navarra lidera en España estas investigaciones desde sus inicios.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El estrés emocional crónico puede iniciar el proceso de un cáncer. *Doctor Pere Gascón

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Podemos enfermar a través de los pensamientos y la imaginación *Suzanne O’Sullivan-neuróloga-

¡Y también curarnos! Aunque no siempre es fácil. A veces los patrones que nos enferman se han establecido en la infancia y son difíciles de superar.

Suzanne O’Sullivan es neuróloga especialista en trastornos psicosomáticos y autora de libro “Todo está en tu cabeza” (Ariel).

¿Por qué centrar su carrera como neuróloga en las enfermedades psicosomáticas?

Inicialmente, cuando obtuve la titulación, no tenía ningún interés en ellas. Pero poco después descubrí que una enorme proporción de mis pacientes que padecían convulsiones no tenían epilepsia, sino convulsiones disociativas. Me di cuenta de la gravedad de lo psicosomático, y de lo mal que nosotros, los médicos, lo gestionamos. Después de años viendo cómo muchas vidas acababan devastadas, me he dado cuenta de que las dolencias psicosomáticas a menudo son las más destructivas.

¿Cómo las trata?

Lo que encuentro más útil es saber el desarrollo de la dolencia desde su mismo origen. Después de diez años de padecer un trastorno crónico, cada nuevo síntoma que aparece suele ser el resultado directo de las intervenciones médicas y de la hospitalización. Pero cuanto más descubro acerca de la dolencia original, mejor puedo entender todo el proceso. Siempre les pido a mis pacientes que me cuenten todo lo que puedan acerca de los días previos a caer enfermos. Ahí es donde están todas las pistas.

¿Se atrevería a dar un consejo a nuestros lectores?¿Cómo pueden tener algún indicio de que su enfermedad es psicosomática?

Es imposible que uno mismo detecte sus propios síntomas psicosomáticos cuando surgen por primera vez, así que les recomendaría que fueran a ver a un médico. Pero si no les escucha adecuadamente, que se sientan libres de buscar a otro: esto es lo que yo haría.

¿Y cuando ya has buscado más de una ayuda médica?

Un día u otro has de ser capaz de aceptarla si te parece razonable. Lamentablemente, cuantos más médicos veas y cuantas más pruebas te hagas, parecerá que los síntomas empeoran. Tendrás mayores probabilidades de que alguien encuentre cambios nimios en las pruebas o los análisis, y eso solo añadirá más preocupación. Recuerda que un médico no siempre tendrá un diagnóstico para cada síntoma: la ambigüedad forma parte de la medicina y es saludable aceptarlo.

¿Y si has visto a muchos médicos y todos te dicen que no tienes nada?

Entonces considera los factores psicológicos por muy extraño que te parezca. Cuanto antes se diagnostican los trastornos psicosomáticos, antes desaparecen.

¿Qué sentido tiene que la medicina separe “mente” y “cuerpo”?

Hay demasiado dualismo en la medicina. En la mayoría de los países esto ha evolucionado de manera que la psiquiatría y las especialidades médicas cada vez se han separado más. La mayoría de las enfermedades orgánicas tienen un impacto psicológico, pero el apoyo psicológico no siempre está disponible.

¿Qué opina de la separación entre cerebro y mente?

Esa es la mayor de las vergüenzas. Psiquiatras y neurólogos a menudo tienen vías de especialización muy distintas y cada uno sabe muy poco sobre el área de especialización del otro. ¿Pero cómo es posible que se divida el cerebro y la mente en dos órganos distintos? Coexisten y, en consecuencia, una enfermedad del cerebro a menudo causará problemas psiquiátricos y viceversa.

Del mismo modo que algunos pensamientos pueden enfermarnos, ¿también pueden curarnos?

En efecto, si podemos enfermar a través del pensamiento y la imaginación, podemos recuperarnos cambiando la manera en que pensamos. De todas formas, no me gustaría que diera la impresión de que siempre es fácil. Algunas veces los patrones que nos enferman se han establecido en la infancia y son difíciles de superar. Sería insultante y simplista decirle a una persona severamente incapacitada por síntomas psicosomáticos que solo pensando de manera distinta estaría curada.

¿Por qué los trastornos psicosomáticos son hasta diez veces más frecuentes en mujeres?

Una de las razones podría ser que la clase de situaciones y traumas que causan los desórdenes psicosomáticos son aquellos a los que las mujeres son más vulnerables: abuso, situaciones en las que son dominadas y se sienten atrapadas.

¿Está también determinado culturalmente?

Sí, en parte: de alguna manera está más aceptado que una mujer se queje de dolores a su médico que no que lo haga un hombre. La consecuencia es que los hombres muestran su sufrimiento de otras formas. También hay una tendencia a diagnosticar más a las mujeres. Tradicionalmente, algunos médicos hombres han sido más reticentes a aceptar que también es una dolencia masculina.

  • Fuente: Gaspar Hernández entrevista a Suzanne O´Sullivan- neuróloga- mentesana.es

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El poder curativo de los pensamientos *Doctor Bruce Lipton” 

Repetición de la historia familiar *Bert Hellinger

Las lealtades invisibles hacen que una persona se mantenga dentro de su sistema familiar, repitiendo la misma historia, generación tras generación.

Algunas personas se preguntan: ¿Cómo solucionar esta situación en su vida?. ¿Cómo hacer para no terminar sola como el resto de las mujeres de mi familia?.
¿Cómo hacer para no terminar divorciándome?, ¿cómo escapar de las enfermedades familiares?, ¿cómo escapar de la historia familiar? ¿Cómo parar la repetición de la historia familiar?.

Existe en cada ser humano “la buena conciencia”, es la que hace que cada miembro de la familia gane méritos para pertenecer a la familia, perpetuando el rol que se ha ocupado en la familia (abandono, soledad, divorcio, desamor, etc). Esto lo hace una persona por seguir al amor ciego, ese que en su inocencia infantil cree que para ser buen miembro de familia requiere seguir el mismo destino que sus antecesores. La mayoría de las personas están ancladas en este tipo de amor.

Por otra parte se encuentra “la mala conciencia”, es aquella que hace que una persona transcienda los límites de su conciencia familiar atreviéndose a hacerlo diferente que los otros y que es producto de un proceso profundo de individualización, y que en oportunidades requiere un camino de soledad, pero de comunión con una consciencia más grande que es producto del “amor esclarecido”.

A continuación pequeños pasos que se pueden dar para conectarnos con ese amor esclarecido que nos ayuda a reconocer nuestras propias alas y emprender el vuelo de nuestro Ser.

Dejar de estar en contra de tu sistema familiar: cuando críticas o haces juicios de tu familia estás condenándote a repetir su propia historia.
Acepta a todos tal como son: El asentir te otorga la paz del amor, cuando aceptas abres la puerta a la transformación.
Honra a tus ancestros: Los que vivieron antes que tú… hicieron lo mejor que sabían hacer, darte la vida.
Agradece cada día a todos los miembros de tu sistema: No es necesario que corras hacia a ellos a darles un abrazo, el agradecer sincero surge cuando le das un lugar en tu corazón y los reverencias desde el alma.
Camina hacia la Vida con humildad: vive con alegría, ríndete en sus manos, acepta tu destino con amor y valentía.

“En las constelaciones Familiares del Espíritu se superarán los límites de las distintas conciencias, pues el espíritu creativo que activa los movimientos de los representantes nos lleva sobre nuestra conciencia personal a un plano superior, al plano del amor, que no conoce la negativa”.  

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Posición de los hermanos en la familia 

No te partas a pedazos para mantener a los demás completos

Si bien no está mal entregarse a los demás, debemos procurar que este acto sea recíproco y, a su vez, aprender a no sentirnos mal si no podemos satisfacer sus necesidades.

¿Cuántas veces te has partido en pedazos por los demás? Es algo muy común, en especial entre nosotras, las mujeres. Deseamos llegar a todos los brazos, a todas las necesidades de los demás para ofrecer bienestar y felicidad.

Todo ello nos aporta nobleza, en especial porque lo llevamos a cabo por libre voluntad y porque es así como entendemos lo que es el amor, lo que es querer a nuestras parejas, hijos o amistades. Y, más aún, lo hacemos sin esperar nada a cambio.

Ahora bien… ¿Eres de las que piensa de verdad que no mereces nada a cambio de tus esfuerzos cotidianos? Hoy en nuestro espacio te invitamos a reflexionar sobre ello.

Cuando nuestro corazón se parte en pedazos por los demás

Nos partimos en pedazos casi cada día, y lo hacemos sin darnos cuenta. Llega un momento en el que, quien lo lleva a cabo durante toda su vida, es consciente de las graves carencias que sufre su corazón.

Para tener una ligera orientación de lo que significa “partirnos en pedazos”, dejaremos a un lado la parte simbólica para comprenderlo de forma ilustrativa:

  • Cuando anteponemos los deseos de nuestra pareja a los nuestros. Es algo que podemos hacer una, dos, tres veces, pero, ¿qué ocurre cuando la otra persona da por sentado que siempre lo vamos a hacer?

  • Cuando algún familiar usa el chantaje emocional o la victimización para que vayamos cada día a ayudarles, a hacerles favores y tareas.

  • Cuando nos dejamos llevar por esas amistades en ocasiones tóxicas, acostumbradas a contarnos sus penas cotidianas sin preocuparse en ningún momento por saber cómo estamos, por lo que pensamos o sentimos.

  • Retrasar cada día aquello que nos gusta hacer porque los demás siempre tienen prioridad.

Como ves resulta algo muy complicado de reconocer, porque… ¿Cómo decirnos a nosotras mismas que vamos a dejar de atender a los demás por hacer aquello que nos gusta? La clave está en el equilibrio.

Si dejamos de priorizarnos no un día, sino un mes tras otro y otro, llegará un instante en que perderemos nuestra identidad. Esa esencia que nos define en nuestros gustos, pasiones, sueños y autoestima.

Tienes derecho a esperar reciprocidad

Darlo todo sin esperar nada a cambio nos puede hacer daño.

Hay quien tiene una idea equivocada de lo que son las relaciones afectivas, o incluso la amistad. Toda relación es no solo una interacción, es un intercambio efectivo y satisfactorio donde ambas partes ofrecen afectos, información y energías por igual.

  • Toda relación que se basa en una sola dirección, en el “yo doy, yo atiendo, yo cuido, yo ofrezco, …” acaba herida y llena de carencias.

  • Las personas, como seres sociales y emocionales, también necesitamos ser reconocidos como personas que deben recibir toda serie de atenciones y afectos. El reconocimiento nos sitúa en el mundo, y eso es algo que necesitan niños y adultos.

  • Es común que, cuando amamos a alguien, ni siquiera nos planteemos un segundo en ofrecerlo todo por la otra persona.

  • Es lo que la psicología popular entiende como el síndrome de Wendy, ahí donde una de las partes implicadas se desvive por la otra persona buscando siempre su felicidad, dejando a un lado su propia autoestima.

El derecho a la reciprocidad: Nadie es egoísta por esperar algo a cambio.

No debemos equivocarnos: Esperar que los demás también nos tengan en cuenta no es ser egoísta. La reciprocidad es la base de las relaciones sociales y como tal debemos practicarla y, a su vez, recibirla.

La reciprocidad es dar y ofrecer, es reconocer y ser reconocidos

  • La reciprocidad es tener derecho a decir “no puedo”, “en este momento no me es posible” o “no deseo hacerlo”, porque sabemos que la otra persona nos comprende, y entiende que no siempre vamos a estar disponibles y que tenemos necesidades propias.

  • Tienes derecho a negarte, a decir no. Y no por ello eres mala persona o egoísta. Nadie tiene tampoco derecho a sentirse ofendido, porque si no entienden que necesitas también de tu espacio personal, ahí donde ser tú misma, es que no te aprecian ni te tienen en cuenta.

  • Si vamos cediendo día a día en todos estos aspectos, llegará un momento en que nos sentiremos frustradas. La frustración deriva en insatisfacción, y la insatisfacción en infelicidad.

En el momento en que somos conscientes de esta infelicidad, corremos el riesgo de que llegue la depresión. Si no disponemos de ese equilibrio interno, de ese bienestar que nos da fuerza e integridad, es muy difícil seguir ateniendo a los demás. Seguir ofreciendo felicidad.

Recuerda siempre que para dar lo mejor de nosotros mismos necesitamos estar bien. Y para estar bien, necesitamos que se nos reconozca como personas, que se nos respete y que se nos tenga en cuenta.

Nadie es egoísta por ello. Se llama integridad, se llama quererse a uno mismo, algo que deberíamos cultivar cada día de nuestra vida.

*Si lo desea, puede leer la publicación: Personas que no aportan nada ¿cuándo dejarlas marchar?

Eres bella cuando te muestras imperfecta

Te vistes con ropa bonita y a la moda, te peinas, haces dieta para adelgazar, utilizas cremas para disimular tus imperfecciones, tacones para parecer más alta, maquillaje para resaltar tu belleza. Pero lo realmente bello es lo que hay debajo de todo eso, eres tú, en tu infinita imperfección y belleza de mujer. Eres bella cuando te muestras imperfecta.

¿Quién decide lo que es bello? Nadie puede imponerte lo que significa la belleza, si eres bella o no, por eso debes apreciar quién eres y que esa belleza que tienes la reflejes en todos los aspectos de tu vida, de tu existencia.

La perfección es agotadora

Si pensamos en todas las operaciones de cirugía estética, todos los tratamientos para no envejecer, parece que rechazamos la vejez, lo roto, lo imperfecto. La sociedad de consumo actual, de mujeres altas, delgadas, perfectas, ha dejado atrás otros valores, la esencia de lo femenino, de la belleza de una mujer real.

Agota pensar todo el tiempo en cómo estar guapa, cómo satisfacer ese ideal de belleza que se nos impone desde pequeñas, que vemos en la televisión, en las revistas… Intentamos alcanzar un ideal que es imposible, que no es realidad, que nos impide ver lo bellas que ya somos.

La belleza y la fuerza de la imperfección

Los japoneses reparan la cerámica rota con un adhesivo fuerte y polvo de oro, de esa forma ensalzan la imperfección en lugar de tratar de esconderla. Se piensa que cuando algo sufre un daño y se rompe, tiene una historia que contar, que lo hace más bello. Ese arte tradicional se denomina Kintsugi.

Si trasladamos esa idea a lo humano, deberíamos aprender a apreciar lo imperfecto, lo envejecido, con toda su sabiduría y con toda su fuerza. Deberíamos aprender a aceptarnos tal y como somos, sin tratar de impedir el paso del tiempo, que nos hace bellos, sabios y fuertes.

Muestra tu fragilidad

Se considera que una persona perfecta no tiene derecho a llorar, a fracasar, a tener un cuerpo que no cumple los cánones de belleza, a mostrarse vulnerable, a tener miedo. ¿Qué clase de felicidad puede sentir una persona así? Es fundamental aprender a mostrar nuestra fragilidad. Lo que nos hace sentir frágiles es lo que nos puede acercar a los demás.

Podremos sentir miedo a mostrar nuestra vulnerabilidad, pero si no lo hacemos, no seremos nosotros mimos, no aprenderemos a mostrarnos tal y como somos. Pueden hacernos daño, pero es un riesgo que deberemos asumir para poder vivir de acuerdo a nuestra identidad.

La belleza imperfecta

Poco a poco empieza a abrirse camino la idea de que lo bello no es una modelo muy delgada y muy joven, lo bello es lo real, lo imperfecto, lo que deja ver el paso del tiempo. Se intenta hacer prevalecer valores como la autoestima, el sentirse bien y el ser diferente.

Pero es complicado hacer cambiar lo que se entiende por belleza, sobre todo porque la belleza es subjetiva, para cada uno de nosotros significa una cosa diferente. La belleza es imperfecta, es natural, no se tapa ni intenta ser lo que no es, no oculta los signos del envejecimiento, sino que aprecia su sabiduría y su historia y las muestra al mundo.

MUESTRA TU IMPERFECCIÓN Y APRENDE A SER BELLA

Por eso, tu belleza se ve cuando te muestras tal cual eres, cuando tu naturalidad sale a la luz, cuando no te escondes, cuando lloras y ríes, cuando tienes miedo y lo demuestras, cuando te sientes vulnerable y dejas que los demás lo vean, cuando te arriesgas a amar y a abrir tu corazón, cuando eres bella.

¿Hay algo más bonito que mostrarnos tal y como somos? Nos enseñan a escondernos, a maquillarnos, a taparnos, pero es necesario salir ahí fuera, desplegar nuestras alas y volar, porque mostrar la belleza real, es un acto de valentía. 

“Aprendí que la valentía no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre el miedo. El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo” -Nelson Mandela- 

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Quédate con aquellas personas que puedes ser tú en toda tu esencia

El círculo de la vida no elige “bandos”

el-circulo-de-la-vidaEn todo el mundo y en las noticias de todos los días, vemos gente matando gente.

Las personas de un “bando” matan a las personas del otro “bando”. Ambos “bandos” afirman que tienen la razón. Cada “bando” se aferra a su dolor pasado, cada “bando” se niega a ser el primero en ceder, utilizando todas las justificaciones que hay en el mundo para explicar porqué no pueden hacerlo y porqué no lo harán. Un trágico cuento, tan viejo como la humanidad misma.

¿Cuándo despertaremos al hecho evidente de que todos somos la misma Consciencia disfrazada?

Que independientemente de lo que creamos ser, que sin importar nuestras apariencias, que más allá de nuestros cuentos e historias, nuestras religiones, nuestras nacionalidades, nuestras creencias, del color de nuestra piel, de nuestros cargados pasados y de nuestros inciertos futuros, todos somos la expresión de la Única vida. Que en realidad no hay israelíes o palestinos, judíos o cristianos, musulmanes o budistas, ateos o agnósticos, republicanos o demócratas, gurús o discípulos, y que ninguna de esas imágenes podrían jamás definirnos. Eso, lo que realmente somos, en el nivel más fundamental, es indefinible, misterioso, nunca fijo o separado, nunca identificado con ninguna imagen, al igual que el vasto océano nunca podría ser definido por sus olas.

La consciencia no tiene religión, ni tampoco nacionalidad. Ella da nacimiento a palestinos e israelíes, a iraquíes y estadounidenses, a la luz y a la oscuridad, al yin y al yang del siempre cambiante mundo de los sueños.

Como consciencia, cuando nos lastimamos los unos a los otros, sólo estamos lastimando a nuestros propios hermanos y hermanas, a nuestra propia familia, a las olas de nosotros mismos. Sólo estamos peleando con los reflejos de nuestro Rostro original. Sólo estamos matando a quienes amamos, viejos amigos, amigos de hace mucho tiempo.

La guerra externa jamás ha logrado generar paz interna. ¿Cuánta sangre más tendrá que correr? ¿Cuánto más dolor? ¿Cuántos más hombres, mujeres y niños tienen que desaparecer en el infinito antes de que despertemos?

Ese niño ensangrentado es mi propio hijo. El círculo de la vida no elige “bandos”.

  • Autor: Jeff Foster

*Si lo desea, puede leer la publicación: ¿Por qué hay tanto odio y tanta ira en los seres humanos?

Cuando el perdón no cicatriza las heridas del abuso sexual

abuso-sexualA menudo, suele decirse que no hay peor herida que la que deja la vivencia de una guerra. Sin embargo, las cicatrices que inflige el abuso sexual son muy semejantes, ahí donde el perdón no siempre ayuda ni cauteriza. Sobre todo, si no existe una ayuda efectiva por parte de la justicia, ni apoyo social y emocional del entorno más cercano.

Un hecho muy común en materia de abuso infantil y juvenil es que las víctimas tardan mucho en denunciar los hechos. Pueden pasar varios años, décadas incluso. Cuando logran dar el paso para hallar por fin esa necesitada paz interior, se encuentran muchas barreras, dificultades e incluso cierto rechazo estructural: “¿Y ahora para qué, después de tanto tiempo?, ¿qué espera sacar con ello?”

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produjo dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento” -Victor Frankl-

No podemos olvidar tampoco que toda víctima de abuso sexual debe pasar por un delicado duelo en el que pueda integrar en su historia vital lo que le ha sucedido. Ese trauma. Sin embargo, deben darse ciertos procesos previos en su entorno para facilitar este avance. Se necesita apoyo, reconocimiento y justicia. Sin embargo, algo que se da con demasiada frecuencia es que las propios organismos sociales no se ajustan a estas necesidades.

Tanto es así, que hay muchas denuncias por abuso sexual que acaban prescribiendo. Las resoluciones pueden tardar años en dictar resolución, hasta el punto de que el delito prescriba. En otros casos, muchas víctimas que sufrieron abuso en su infancia suelen atreverse a dar el paso en la madurez. Para entonces, la justicia ve estos actos delictivos como prescritos. Se procede al silencio legal dejando a la persona en completo desamparo.

Son situaciones realmente complejas. Estos hombres y mujeres no pueden cerrar esa etapa de sufrimiento. Esta infancia perdida. Ni aún menos dar el paso hacia el perdón.

El abuso sexual: los agresores habitan en los entornos más cercanos

Según la “Asociación para el tratamiento del abuso y el maltrato en la infancia” de Bilbao (España) gran parte de las personas que han sufrido abusos en la infancia nunca llegan a denunciar los hechos. Si esto es así, es por un hecho muy concreto. En el 90% de los casos los agresores están en el propio seno familiar, en el propio entorno de “confianza” de la víctima.

Denunciar supone, en muchos casos, crear un impacto, romper un equilibrio. Significa, además, tener que afrontar unas consecuencias imprevisibles. Si además tenemos en cuenta que muchos de estos abusos se dan en niños o adolescentes, la capacidad de reacción es más limitada y dramática. Como madres, como padres, es vital atender el comportamiento de nuestros hijos para intuir cualquier señal que pueda indicar un abuso.

Otro de los escenarios en los que ocurren abusos con una frecuencia notable es en los propios centros escolares. Maestros, profesores o entrenadores deportivos suelen ser también los responsables de que muchos niños y niñas sean ahora adultos rotos, personas fragmentadas que deben hacer frente a diversos problemas psicológicos.

Secuelas que les impiden poder vivir con dignidad. Su día a día está marcado por un solo propósito: sanar una infancia perdida. Cauterizar heridas.

Tal y como hemos señalado al inicio, muchos de estos dramas jamás obtendrán justicia. Hasta hace solo unas décadas ir a denunciar al pederasta suponía en muchos casos “no ser creído”, ser acusado. En la actualidad, volver a denunciar aquello que ocurrió hace 15 o 20 años es, en ocasiones, reabrir una herida que se curó mal con unas esperanzas inciertas de que la justicia sea realmente justa.

Los únicos delitos que no prescriben son los de “lesa humanidad y de genocidio, de terrorismo“. Se necesita por tanto, una reforma que proteja y dé justicia a las víctimas y no a los abusadores.

¿Estoy en mi derecho de no perdonar al abusador?

Estamos en nuestro pleno derecho a perdonar o no a quien una vez, nos hizo daño. Ahora bien, la experiencia clínica nos dice que es recomendable. Supone, ante todo, sanar emocionalmente y cortar el vínculo del dolor. Sin embargo, el perdón solo puede darse en la última fase del duelo. Si la víctima no ha efectuado ese camino interno, complejo y desgarrador, difícilmente podrá efectuarse esta desvinculación, esta necesitada liberación del sufrimiento.

El abuso en la infancia y la dificultad de ofrecer el perdón

Sufrir abuso en la infancia supone:

  • Experimentar abusos sexuales en la infancia supone una devastación total. Se interrumpe la construcción de nuestra identidad, de nuestra autoestima, se arrancan las raíces de una vida y en ocasiones, hasta la confianza hacia los adultos.

  • Este trauma genera alteraciones a nivel cerebral, produciendo déficits de atención, hiperactividad, depresión nerviosa…

  • Más tarde, a las alteraciones de sueño le pueden seguir los desórdenes alimenticios, así como secuelas emocionales, sociales y sexuales.

  • En caso de no recibir atención psicológica de forma temprana, esa fragmentación interna nos acompañará de por vida.

Nadie puede ofrecer el perdón en estas condiciones. Hay que poner cada pieza en su lugar para que una vez en pie, seamos capaces de mirarnos al espejo con coraje. Solo entonces, y una vez superado el duelo, tendremos los mecanismos para decidir si queremos o no ofrecer el perdón. Estamos en nuestro pleno derecho.

  • Cabe señalar una vez más que perdonar siempre será recomendable en estos procesos. No obstante, hay que tener en cuenta que perdonar no es ignorar el daño causado. Perdonar tampoco significa olvidar. Ni aún menos que el agresor quede exime del acto cometido.

El perdón es cortar el hilo del sufrimiento para cerrar una etapa. Es actuar con resiliencia para recordarnos que, efectivamente, merecemos ser felices y no víctimas eternas de alguien que eligió hacernos daño.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “5 Tácticas de abuso emocional que suelen pasar inadvertidas

Mujer muere y vuelve a la vida con este potente mensaje

mujer-muere-yAnita Moorjani, autora de ”Dying to Be Me“, fue diagnosticada de cáncer en la etapa 4, vivió con él y luego murió debido a esta enfermedad. ¡Pero ella literalmente volvió de entre los muertos!

Entonces, ¿qué pasó? Moorjani estaba luchando contra esta terrible enfermedad, el linfoma de Hodgkin, hace cuatro años, cuando, de repente, una mañana, ella realmente despertó y sintió que se quedaba paralizada. En consecuencia, su marido la llevó inmediatamente al hospital.

Su cuerpo se estaba apagando, y los médicos dijeron que tenía sólo 36 horas de vida. Ella finalmente perdió el conocimiento, pero recuerda que aún estaba al tanto de todo lo que estaba sucediendo no sólo en torno a ella. Ella recuerda cómo podía ver todo lo que ocurría a su alrededor, a través de un nivel mucho más profundo de la conciencia.

Podía ver todo lo que ocurría, pero podía sentirlo también. Ella recuerda una profunda sensación de paz y tranquilidad en el mundo entero, pero también sentir su dolor al mismo tiempo. Ella entendió porqué había padecido el cáncer y ella entiende el significado más profundo y el propósito de la vida y se dio cuenta de que podía volver de lamuerte y vivir de nuevo.

Los médicos aún hoy en día no pueden explicar lo que realmente le pasó a ella. Moorjani recuerda; “Los médicos estaban muy confusos, pero me dijeron que debe haber sido una respuesta rápida a la quimioterapia”

Debido a que ellos mismos no eran capaces de entender lo que estaba pasando, me hicieron pasar a través de una prueba tras otra, todas las cuales pasé con distinción . Hice un examen completo del cuerpo, y no podía creer que no encontraran nada, hicieron que el radiólogo lo repitiese de nuevo.

“Moorjani también explica la profundidad de su increíble experiencia; “… De hecho, me ”pasé“ a otra dimensión. Yo estaba envuelta en una sensación total de amor.

También experimenté extrema claridad de porqué tenía cáncer, he obtenido en este estado información muy valiosa y es casi indescriptible, no hay palabras para describir la experiencia.

Yo estaba en un lugar donde entendí mucho más allá de lo que somos capaces de diseñar en nuestro mundo tridimensional. Me di cuenta de que ésta es la vida, y estaba rodeada de seres espirituales de amor, que siempre estuvieron a mi alrededor, incluso cuando no lo sabía…

(Activar los subtítulos en español en la parte de abajo del vídeo, a la derecha)

*Si lo desea, puede leer la publicación: “La física demuestra que hay vida después de la muerte “pero nuestra mente no lo ve

¿Quién gobierna tu vida?

Lo creamos o no lo creamos, no gobernamos nuestra vida.

Si aún eres de los que crees que tú gobiernas tu vida, aterriza y despierta, porque apañado/a vas.
Eso es lo que te hace creer tu ego y lo que te permite creer tu inconsciente.
Desde la cabeza y desde el ego, creemos tener control sobre los acontecimientos que se desencadenan en nuestra realidad cotidiana. Por ejemplo, creemos elegir un trabajo, una profesión, creemos elegir a nuestros amigos, nuestra pareja, nuestra casa, creemos elegir irnos de viaje, quedarnos en casa, e incluso las diferentes direcciones que tomamos cuando surge una bifurcación o cruce de caminos.
Otras veces, creemos ser víctimas de las circunstancias, de agentes externos, de los demás, de la vida. Pero jamás pensamos que fue nuestro inconsciente (y aquí englobo los dos estratos del mismo, el subconsciente, más emocional y el inconsciente profundo, más reptiliano y también conectado con el inconsciente colectivo) esa zona a la que no tenemos demasiado acceso, el que nos trajo esas circunstancias, a esas personas, ese tipo de vida, nos guste o no nos guste.

Por desgracia, es nuestro ego, que sobre todo en la cultura occidental es muy racional, quien intenta hacernos creer que tenemos algún poder de decisión más allá de elegir como sentirnos ante lo que sucede.
Todavía hay paradigmas y corrientes de la psicología, incluso sostenidos por el ámbito universitario que aún creen, a estas alturas de siglo, que tenemos un gran control de voluntad sobre los acontecimientos de nuestra vida…
Olvidan que, de tenerlo, es siempre con permiso de nuestro inconsciente.

Según los estudios, que siguen sin aclararse en cuanto a porcentajes, la actividad del consciente oscila entre el 5% y el 20% respecto al total de actividad de nuestro cerebro.
El resto, entre un 80% y un 95% de actividad cerebral, es inconsciente.

Nuestra actividad psíquica es como un gran iceberg… y resulta que lo que está bajo el agua es mucho más grande e importante que lo que está encima.

La falacia de control de la cultura moderna

Desde nuestra educación de hombres y mujeres sensatos, se nos dice que conducimos nuestra vida, que tomamos éste o ese otro camino, que gobernamos nuestro libro de ruta.
En cursos, terapias, libros, nos hacen creer que es así.
Hay malas noticias si eres de los que piensa de esta manera: porque no elegimos desde el consciente.

Ya está todo elegido y luego, desde la mente consciente o superficial, improvisamos justificaciones, creencias, razonamientos para darnos cierta seguridad y tranquilidad ante lo que ya se decidió… pero hacemos esto a hechos consumados, cuando las elecciones y decisiones ya están tomadas.

El inconsciente eligió antes que tú, muchísimo antes de que tú eligieras desde tu consciencia.

Se dice que lo único que podemos elegir realmente desde el consciente es cómo nos sentimos ante lo que nos sucede y, aunque parezca poca cosa, eso ya es muchísimo.
Tener un cierto gobierno sobre nuestro estado de ánimo, con independencia de lo que suceda fuera de nosotros, es algo maravilloso.

*Vivimos sometidos al programa invisible que se oculta debajo de todo lo que pensamos y hacemos, una programación codificada por nuestros ancestros, nuestra educación, aprendizajes y nuestras experiencias de vida.

Lo que creímos elegir en su momento, esa decisión impulsiva o meditada que nos costó más o menos tomar, resulta que nuestro inconsciente ya la había tomado por nosotros previamente, haciéndonos resonar energéticamente de una determinada manera para atraer a nuestra vida toda clase de acontecimientos y personas acordes con esa manera de creer y de sentir.

*Todo tiene que ver con la resonancia… porque atraemos a nuestra vida aquello con lo que resonamos, incluso los maltratos, incluso las desgracias o sucesos desagradables. También los éxitos y las alegrías.

Saber las cosas de cabeza, entenderlas con la razón, no sirve para nada. Es conocimiento racional, conocimiento superficial, son impresiones cerebrales y poco más.
Para realizar cambios poderosos, éstos deben de afectar a los estratos más profundos de nuestra personalidad (niño conduce coche).

Nos educan en la falsa creencia de que conducimos nuestra vida

Si de pronto llega una desgracia a nuestra vida, es porque resonábamos con ella. Si nuestro consciente no reconoce haber hecho esa llamada es porque es el inconsciente quien la ha realizado y deberíamos averiguar cómo y porqué.

La desgracia -por llamar de algún modo a aquellos acontecimientos que interpretamos como desagradables- siempre es un gran aprendizaje… el inconsciente se empeña en hacernos aprender, a veces por la tremenda y sin ninguna contemplación, cosas que de otra manera no hubiéramos sido capaces de asimilar.

Desde algunos paradigmas de la psicología y escuelas de conocimiento de corte racional, occidental, desde el mundo de la empresa y los negocios, bastante desfasados teniendo en cuenta el agujero planetario en el que nos están metiendo a todos, aún se pretende sostener que el individuo, es independiente, a veces un líder, que se hace a sí mismo, que conduce, que gobierna su vida, que hace y deshace a voluntad, cuando ya se sabe, está demostrado, que el individuo es gobernado por fuerzas que le exceden y con las que más le valdría aliarse y fluir de un modo armonioso porque:

-Si cambio mi vida, es porque mi inconsciente me permite cambiar, si no, no cambio ni a tiros.
-Si decido ir por este camino, es porque mi inconsciente me lo permite.
-Si hago elecciones en mi vida
, si estudio, si voy a clase, si trabajo en ésta o esa empresa, si hago ésto o lo otro, si elijo a tal o cual pareja, es porque mi inconsciente y mi árbol familiar me dan su consentimiento, si no, no lo haría.
-Y si hago terapia o intervengo para contravenir una norma o ley del
clan familiar, es porque hay un permiso expreso para hacerlo y quizá para sanar el árbol, si no, no podría.
-Si creo ser el dueño o la dueña de mi destino
, es porque el inconsciente me ha dado su consentimiento.

*Hay personas que no tienen ni siquiera el permiso del árbol o de su inconsciente para poder curarse, pues han de expiar una culpa que el transgeneracional familiar lleva cargando desde quién sabe cuántas generaciones, o llevan una carga inconsciente difícil de desactivar. La gente con resistencia a hacer terapia, suele tener prohibiciones inconscientes para abordarla con éxito.

La creencia tan extendida de que la voluntad del hombre moderno lo gobierna todo, es una falacia de la cultura occidental y el individualismo, impuesta en los colegios, las películas y en muchos cursos de liderazgocuando eres individualista o emprendedor, es porque tu inconsciente te lo permite y sirve a una causa mayor del colectivo familiar o grupal. No hay individualistas o emprendedores sin un inconsciente que se lo permita.

El inconsciente gobierna… y más vale que averigües qué es lo que pretende o te verás conducido toda tu vida hacia quién sabe qué caminos.

Tú te puedes empeñar en pedirle al Universo, en gritarle al cielo, en rezarle a Dios, en practicar la Ley de atracción y en hacer lo que te dé la gana para conseguir lo que quieres desde tu cabeza y tu consciencia… pero tu inconsciente conduce el coche en el que vas montado… te pongas como te pongas.
El te dio permiso previo para hacer todas esas cosas, para rezar, para pedir, para enfocarte, para atraer… o no te dió permiso para hacerlas. Si tienes un patrón inconsciente de fracaso reiterado o infelicidad, cada vez que tomes una decisión creerás elegir otra cosa, pero en el fondo, fiel al patrón, seguirás eligiendo lo mismo de siempre, con mejores adornos y excusas, para autoengañarte mejor en cada ocasión en que el patrón reaparezca.
Te repetirás: Este chico si que es bueno, no como los diez anteriores con los que estuve…. éste me va a tratar bien. O ésta mujer me ama de veras… con ella saldrán bien las cosas.
Mentira… la compulsión a repetir el patrón persiste, persiste y persiste, incluso aunque conozcamos racionalmente ese patrón.

*Para desactivar un patrón no basta con reconocerlo racionalmente, hay que golpear al inconsciente, convencerle de que todo ha cambiado y eso sólo se consigue mediante una catársis.

Por mucho que tú seas racionalmente consciente de algo, ese algo no cambiará si tu inconsciente va por otro lado y cree otra cosa distinta.
-Si tu patrón es de fracaso o autosabotaje, cada vez te autoengañarás mejor para cumplir los mandatos de tu programación. Y cada vez te contarás mejores mentiras para seguir haciendo lo mismo que has hecho toda la vida.
-Si tu patrón es de éxito, lograrás lo que te propongas y luego, posiblemente, sientas un gran vacío interior, pues tu patrón es de vacío tras el logro… y con el tiempo aprendes que el éxito no llena, nunca llena esa sensación de carencia interior que poseen todos los enfocados patológicamente hacia el éxito.
De hecho, la gente que tiene mucho éxito se pasa la vida saltando de un éxito a otro, experimentando el vacío que éste produce una vez logrado. La felicidad no está ahí.
El patrón inconsciente de un exitópata moderno es, con mucha probabilidad: sentirás vacío hasta que averigües quién eres de verdad y dónde se encuentra la verdadera felicidad.
En resumen, tú crees gobernar la nave… sólo lo crees.

*Tu inconsciente gobierna tu vida y atrae a ésta circunstancias que luego tú interpretas como favorables o desfavorables en virtud del dolor o bienestar que te producen.

Es la programación interior, el kernel, aquello con lo que vienes instalado de serie, por ancestros, antepasados, aprendizajes, infancia, experiencias vividas ect… y la compulsión de un programa lo empuja a repetirse y repetirse, a no ser que lo desactives y reemplaces por otro. Y esto solo podrás hacerlo si tu inconsciente te permite que lo hagas.

¿Te atreverás a asumirlo?

Porque si tu inconsciente no desea que intervengas o desactives el patrón, solo podrás aprender a vivir con ello, aceptándolo. A menudo, vuelvo a repetirlo, desde la razón, conocemos nuestro programa inconsciente, nuestro sistema operativo, hemos hecho terapia, autoindagación, nos hemos observado y creemos que ya lo tenemos resuelto. Pero conocer algo con la cabeza no sirve para desactivarlo. El cambio sólo se produce desde el inconsciente si éste se ve sacudido y afectado por algo o alguien.
Y debes tener en cuenta que, si al final haces ese cambio, es porque tu inconsciente quería que lo hicieras, de no ser así, ni te lo hubieras planteado. Ten en cuenta otra cosa más: Cuanto más crees tener el control de lo que sucede, más te engañas. Tú en realidad no controlas nada ni has controlado nada… nunca.
Cuando piensas que eliges, tu inconsciente ya eligió antes por ti. La única solución, en todo caso, para poder tener algún margen de maniobra en la vida, es poner conciencia y hacer consciente tu inconsciente… alinear ambos para enfocar tu energía de una forma coherente que atraiga a tu vida cosas que deseas y conoces.

¿Por qué atraigo las cosas que atraigo y no llegan a mi vida las cosas y situaciones que deseo que lleguen?

*Cuando quieres algo y esto no se manifiesta en la realidad, es porque tu inconsciente va en una dirección distinta a tu consciente.
Si deseo pareja pero no viene, algo dentro de mi resuena en contra de tenerla. Y si viene y, pasados los meses me doy cuenta de que no es tan maravillosa como yo creía, es porque mi inconsciente la pidió así, para que me de cuenta de lo que estoy haciendo y aprenda lo que tengo que aprender.
Si deseo abundancia o dinero pero no se manifiesta, algo dentro de mi cree que no lo merezco, o teme la abundancia y teme poseer mucho dinero. Hay resistencia.
Si quiero un trabajo mejor, pero no sé bien cual o tengo dentro de mí una programación masoquista de aguantar, o temerosa de vivir con miedo, seguiré en ese mismo trabajo insatisfactorio muchos años más… o toda mi vida.

¿Con qué resuena tu inconsciente?

Lo que nos sucede en la vida es una fuente inmensa de información sobre el modo en que nuestro inconsciente opera.

El secreto es buscar la coherencia, resonar alineado entre ambas áreas de nuestra psique, la conciencia y el inconsciente.

Y si piensas que es fácil hacer este proceso, te confundes. No siempre es fácil saber lo que tenemos escondido debajo de la alfombra. Desvelar el inconsciente es tarea de toda una vida y exige un trabajo constante, continuado y paciente. Un trabajo también amoroso, pues mientras lo realizas has de seguir viviendo, tratándote con cariño y teniendo mucha compasión y amor por ti mismo y por los otros.

¿A qué esperas para empezar? ¿A qué esperas para seguir tu camino si ya lo comenzaste?

No tiene porqué ser doloroso, de hecho, crecer y conocerse suele ser bastante liberador. Despierta y entonces serás libre de verdad.

Un saludo desde VerDeVerdad.

*Les recomiendo especialmente el vídeo del Doctor Francisco Moya: “La armonía de las emociones

5 cosas que lamenta la gente antes de morir

Antes de morirGran parte de mi vida la he dedicado a los cuidados paliativos. Como enfermera, he tratado con muchas personas a las que los médicos habían desahuciado y que habían sido enviadas a sus hogares a pasar sus últimos días.

Poco antes de morir, la mayoría de la gente se lamenta por lo que había hecho o dejado de hacer durante su vida. Algunos sentían muy fuertes arrepentimientos. He vivido experiencias humanamente muy intensas y emotivas con estas personas con las que compartí sus últimos meses de vida.

Cuando la propia muerte se aproxima de manera inexorable, la mayoría de las personas no pierde el tiempo en cosas superficiales, sino que se enfoca en lo que realmente es importante en la vida.

De algunos enfermos terminales, incluso, podría decir que este proceso les ha impulsado a un crecimiento personal sorprendente. Casi todos ellos pasaron por una auténtica montaña rusa de emociones: desde la inicial incredulidad sobre su diagnóstico, pasando por la rabia, el miedo y el remordimiento por lo que creían que iban a dejar pendiente hasta la aceptación final. En la mayoría de los casos, este proceso en el que les pude acompañar les llevó hasta una gran paz interior, un estar bien consigo mismo.

Tengo que confesar que de todas estas personas he aprendido mucho sobre la vida. Si bien todas las personas somos distintas, sí que es cierto que, cuando hablaban de aquellas cosas de las que se arrepentían o que hubieran hecho de una manera distinta, muchos de estos enfermos terminales hacían hincapié en vivencias similares.

LAS  5  LAMENTACIONES MÁS HABITUALES ANTES DE MORIR

1.- Ojalá hubiera sido valiente para vivir la vida que deseaba y no la que otras personas (padre, madre, pareja, etc.) habían preparado para mí.

Esto es lo que, con más frecuencia, lamenta la gente cuando se acerca su final. En ese momento echan la vida atrás y comprueban, con tristeza, que muchos de sus sueños se quedaron por el camino y que los sustituyeron por otros que no eran genuinamente suyos, sino de otros: una casa más grande, un coche más rápido, mayor estatus social

Para sentirse bien con uno mismo, es muy importante llevar a cabo alguno de los sueños que uno tenía en su juventud. Cuando la vida va llegando a su fin, ya es demasiado tarde para lamentarse y, si no se ha cumplido ninguno de esos sueños, solo queda el amargo sabor de la traición a uno mismo.

2.- No debía haberle dedicado tanto tiempo al trabajo, sino a mi familia.

Este arrepentimiento es más frecuente en los hombres, ya que tradicionalmente sobre ellos ha cargado la responsabilidad de asegurar el sustento económico de la familia. Asimismo, es más habitual que los hombres hayan buscado su realización personal en la consecución de metas laborales y profesionales. Sin embargo, muchos de estos hombres moribundos se daban cuenta que el haber dedicado tanto tiempo y tanto esfuerzo al trabajo no les había proporcionado la felicidad que esperaban. Por el contrario, sentían remordimientos por no haberle dedicado el tiempo y la atención que merecía su familia.

Algunas de las mujeres que cuidé también expresaron este pesar, aunque fueron menos en número, ya que pertenecían a una generación en la que la mayoría de las mujeres no trabajaban fuera del hogar.

Si uno atiborra su vida con obligaciones y ocupaciones, no le queda tiempo para dedicarlo a las personas que quiere. En realidad, si uno reflexiona sobre sus necesidades económicas reales, cae en la cuenta de que no son tantas ni tan cuantiosas. Es momento entonces de tener claras las prioridades y simplificar el estilo de vida. Porque, efectivamente, se puede ser mucho más feliz con menos.

3.- Me gustaría haber mostrado más abiertamente mis sentimientos.

Muchos de los enfermos terminales con los que compartí sus últimas semanas me confesaron que, en demasiadas ocasiones, habían reprimido sus sentimientos. Algunas veces por no parecer blando, otras por miedo a la desaprobación de los demás, otras por orgullo… Sea por lo que fuera, se lamentaban por no haber tenido el valor de expresar sus sentimientos sobre todo con sus seres queridos. Les pesaba no haberles dicho suficientemente a sus hijos, a sus hermanos, a su esposa o a su marido todo lo que les aman y, en cambio, haber vivido largo tiempo en conflicto con ellos.

Por otra parte, hoy sabemos que la conexión entre cuerpo y mente es tan estrecha que muchas de las enfermedades físicas tienen su origen en la amargura y el resentimiento almacenados durante demasiado tiempo.

Por tanto, muchos de mis pacientes sentían que no habían tenido una vida plena, porque no habían sido sinceros consigo mismos respecto a sus sentimientos por falta de valentía. Y si bien las reacciones de los demás no se pueden controlar, si una persona expresa con claridad lo que quiere en la vida, al final suele llegar a un entendimiento con las otras personas. Y si esto es posible, por lo menos logra salir de relaciones que no le ayudan a seguir creciendo como persona. De modo que, en ambas hipótesis, sale ganando.

4.- No debería haber perdido la relación con los viejos amigos, me hubiera gustado estar más en contacto con ellos.

Poco antes de morir, la mayoría de los enfermos terminales lamenta no haber cuidado lo suficiente las relaciones con los amigos de la infancia y de la juventud. Es en estas últimas semanas cuando más se les echa de menos. La mayoría de los moribundos tampoco encuentra explicación exacta de por qué estas amistades fueron desvaneciéndose de sus vidas. Sólo se dan cuenta que, por unas circunstancias u otras (crianza de los hijos, aspiraciones de proyección laboral, separaciones o divorcios, etc.), se fueron aislando de gente a la que apreciaban de verdad.

En algunos casos, colaboré en el intento de localización de estas antiguas amistades, pero muchas veces no fue posible encontrarlas. Tristemente es demasiado frecuente ver cómo las personas recuerdan a tantos amigos que pasaron por su vida, pero que las ocupaciones cotidianas y la falta de cuidado se los arrebataron de manera definitiva.

En prácticamente todos los casos, lo que sí pude apreciar fue el sincero lamento de quienes ya no tienen mucho tiempo y se arrepienten de no haberles dado a estos viejos amigos precisamente el tiempo y la dedicación que se merecían.

Cuando te tienes que preparar para aceptar su propia muerte, todas las preocupaciones materiales pierden su sentido. Lo único que queda al final es el amor que se haya dado y el que se ha recibido. De hecho, los moribundos suelen querer dejar arreglados sus asuntos económicos, el testamento e incluso llegan a ocuparse de su propio funeral, pero lo hacen pensando en los seres queridos que dejan. Por encima de todo, quieren ayudarles en todo lo que les sea posible y expresarles así toda su gratitud por el amor compartido.

5. Tenía que haberme permitido a mí mismo ser más feliz

Casi al final de sus vidas, muchas de las personas a las que cuidé se dieron cuenta de que podían haber vivido una vida mucho más plena y haberse sentido más satisfechas consigo mismas si no se hubieran atado a viejos convencionalismos, si no hubieran ocultado sus verdaderos sentimientos. El temor a la crítica de su entorno les había limitado en su comportamiento, de manera que en múltiples ocasiones no habían sido fieles a su corazón, sino que hicieron lo que se esperaba de ellos. No arriesgaron cuando en su interior querían reír, cantar, bailar y sentirse vivos, prefirieron la seguridad de lo establecido. En definitiva, no se atrevieron a vivir más felices.

Sin embargo, cuando uno está llegando al fin del “viaje”, le importan poco las críticas sobre lo que es o no es conveniente. De hecho, fue fantástico comprobar cómo algunos de mis pacientes pudieron recuperar la inocencia y las ganas de reír durante sus últimos meses. Una auténtica lección de vida.

Al final cada uno vive la vida que elige vivir. ¿Por qué no elegir ser feliz y hacer felices a otros? Aunque fuera en sus últimos días, muchos de mis pacientes descubrieron que ser feliz es una elección. Y ésta es la enseñanza principal que compartieron conmigo en el trascurso de una vivencia tan intensa como la de la muerte: casi todo en la vida es una elección. Poco antes de morir, demasiada gente lamenta no haberse permitido ser feliz. Por tanto, decida ser feliz hoy mismo. ¿O prefiere tener que lamentarlo cuando ya sea demasiado tarde?

  • BRONNIE WARE. Enfermera de cuidados paliativos con enfermos terminales, autora del libro “Los cinco arrepentimientos más habituales de los moribundos”
  • Visto en: cuidatusaludemocional.com

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Mujer muere y vuelve a la vida con este potente mensaje