Para funcionar bien, el cerebro necesita desconectarse

El neurocientífico Facundo Manes advirtió que es necesario “no hacer nada” y hasta aburrirse, para contribuir a la salud de la mente.  El desafío intelectual, la vida social, dormir bien, ejercitarse y evitar el estrés.

El cerebro humano es la estructura más compleja del Universo, tiene más neuronas que las estrellas que existen en la galaxia, y todo lo que hacemos y nos define, depende de él. Así describe el neurocientífico Facundo Manes al órgano más fascinante del que disponen las personas, cuyo funcionamiento se dedica a investigar, pero también a difundir con tanto entusiasmo como claridad, en la convicción de que desentrañar las claves de nuestra mente nos ayuda a vivir mejor como individuos y como sociedad.

De visita en Córdoba para dar una charla sobre “El desarrollo personal y social” en el marco del ciclo Pensar el cerebro, Manes –director del Instituto de Neurociencia de la Fundación Favaloro– explicó qué hay que hacer para mantener la mente sana, y cómo la afectan dos males de este tiempo: multitarea e hiperconectividad.

¿Por qué es importante pensar el cerebro? 

–Por muchísimo tiempo no pensamos el cerebro, ya que por millones de años la especie humana se dedicó básicamente a proteger el territorio, conseguir alimento y cuidar a los suyos. Recién mucho después empezamos a pensar quiénes somos, para qué estamos, e inclusive qué nos hace humanos. Y ahí nos dimos cuenta de que todo lo que hacemos lo hacemos con el cerebro, y de que todo lo que somos depende del cerebro, y eso fue de alguna manera el motor en las investigaciones en neurociencias. De hecho, una pequeña lesión cerebral en un área estratégica nos puede llevar a perder la memoria, la identidad, la capacidad de hablar, o a cambiar la personalidad. Por eso co­nocer el cerebro es importante porque nos va a ayudar a comprender quiénes somos y a mejorar el aprendizaje, el trabajo en equipo y el desarrollo.

¿Qué puede hacer una persona para aprovechar al máximo su capacidad?

–No es una sola cosa sino varias las que hay que hacer para proteger al cerebro. Lo primero, cuidar que la glucemia y el colesterol estén en valores normales y evitar el sobrepeso.

Todo lo que ayuda al ­corazón le sirve al cerebro, entonces.

–Exactamente. Al cerebro también le hace bien el ejercicio físico, que además de ayudar al sistema vascular, genera nuevas conexiones neuronales, y es un buen ansiolítico y un buen antidepresivo. Y a su vez, hay que sumar el desafío intelectual, que es hacer algo que nos cueste: aprender un idioma, algo nuevo. Otro factor es la vida social, porque estar conectado con otra gente es muy impor­tante para el cerebro porque im­plica estímulos diferentes. Y la otra cosa es combatir el estrés crónico, que afecta al cuerpo y a la mente, y dormir bien, porque el sueño es salud. O sea que para que el cerebro funcione bien, hay que tener un sueño reparador. Hoy disponemos de datos de que la gente que no duerme bien tiene más riesgo de sufrir Alzheimer. Eso implica dormir las horas necesarias, aparte de relajarse, porque hoy, además, mucha gente se va a la cama con la oficina a cuestas: el celular, el iPad , el teléfono.

¿Cómo impactan el mul­titasking y la hiperconecti­vidad?

–La multitarea disminuye el rendimiento cognitivo. Mucha gente se confunde al pensar que haciendo muchas cosas al mismo tiempo va a ser más pro­ductivo, y es al revés. Ese es un mito que hay que erradicar porque el cerebro funciona mejor cuando se hace una cosa por vez. Un ejemplo que suelo dar 
es el de Franz Kafka, que era famoso por escribir un texto 
en pocas horas. Imagínalo hoy tratando de escribir rodeado 
de internet, noticias on line , y alarmas de twitter, Facebook y WhatsApp…

¿Qué efecto tiene entonces la tendencia a estar hiperconectados todo el día, todos los días? 

–La tecnología es fantástica, soy un enamorado de la tecnología moderna que nos facilita un montón de cosas. Además, el avance tecnológico es inevitable y hay que aprovecharlo, pero también tenemos que ser cuidadosos. Y esto implica estar desconectados de la tecnología una parte del tiempo que estamos despiertos, porque eso es muy importante para el cerebro.

¿Por qué? 

–Porque cuando está desconectado, cuando “no estamos haciendo nada” el cerebro trabaja muchísimo, y ese tiempo es clave para que procese la información que adquirió cuando estaba atento. Necesitamos desconectarnos de la tecnología para ser introspectivos, para poder pensar, para aburrirnos, para imaginar el futuro. Y sobre todo en el caso de los chicos: tienen que volver a aburrirse, a volver a imaginar, no pueden estar todo el día conectados.

¿En ellos la hiperconexión impacta de una manera diferente?

–No lo sabemos, porque el cerebro recién termina de desarrollarse después de los 20 años, y hay investigaciones aún en curso sobre qué impacto tendría en esa etapa. Pero en cualquier caso hay dos grupos ya sean niños o adultos: uno integrado por quienes ya tienen tendencias obsesivas, compulsivas o ansiosas, en los que se van a disparar más conductas de ese tipo; y otro, de personas que no tienen esas tendencias, a quienes el uso de la tecnología en forma moderada no los va a afectar, sino al contrario, va a ser un facilitador de un montón de cosas.

La última: ¿cuál es hoy, en su opinión, el mayor desafío que plantea el estudio del cerebro? 

–Creo que hemos aprendido ciertos aspectos de su funcionamiento, por ejemplo cómo tomamos decisiones, la memoria, el olvido, el lenguaje, la percepción. Pero todavía no tenemos una teoría general sobre el cerebro, de modo que el mayor desafío es construir una teoría general sobre cómo funciona nuestra mente, que es el órgano que nos hace humanos y que, además, es el único en el Universo que intenta entenderse a sí mismo.

Quién es Manes

Profesión. Es director del Instituto de Neurociencia de la Fundación Favaloro y rector de la Universidad Favaloro.

Estudios. Manes estudió en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y luego en la Universidad de Cambridge, Inglaterra (Master in Sciences).

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Las quejas son un veneno para tu cerebro

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La conexión intestino-cerebro es poderosa -Dr. Emeran Mayer-

Trastornos digestivos como el síndrome de intestino irritable, o neurológicos, como la depresión o el Alzheimer, pueden tener su origen en las alteraciones de la microbiota intestinal.

El Doctor Emeran Mayer es uno de los mayores expertos mundiales en las comunicaciones entre cerebro y sistema digestivo, investiga el efecto de distintas técnicas psicofísicas y él mismo las practica. Es gastroenterólogo, profesor de la Universidad de California Los Ángeles, y codirector del Centro de Investigación de Enfermedades Digestivas.

La ansiedad o el bienestar pueden originarse en el aparato digestivo

–Se suele decir que el aparato digestivo es nuestro segundo cerebro. 
–Y así es. La conexión intestino-cerebro, mente-cuerpo, es poderosa. Me parece maravilloso porque relaciona nuestro organismo con el entorno, con el medio en que vivimos. Nos conecta. La ansiedad o el bienestar que sentimos pueden tener su origen en el aparato digestivo. Por no hablar del efecto de los antidepresivos

–¿Qué ocurre con ellos? 
–El prozac y otros similares puede que actúen en el intestino y no en el cerebro, como se cree. Estos fármacos tratan de aliviar la depresión aumentando los niveles de serotonina. La mayoría de expertos considera que ese extra de este neurotransmisor en el cerebro es lo que ayuda a mejorar el estado de ánimo.

Pero el 95% de la serotonina en el organismo se encuentra en el sistema digestivo. Podría ser que esos fármacos estimularán la producción de serotonina en el intestino y cambiarán las señales químicas que se envían por el nervio vago al cerebro.

 El 95% de la serotonina en el organismo se encuentra en el sistema digestivo.

–El intestino influye sobre el cerebro, ¿y al revés? 
–También. Sabemos que el cerebro influye en los mediadores del estrés en el intestino y eso hace que cambien los microbios que albergamos.

–¿Hay algún momento en la vida en que esa relación entre cerebro e intestino sea más relevante? 
–Hay dos momentos en los que las bacterias desempeñan un papel más importante. En primer lugar, durante los primeros meses o años de vida, que es también cuando se está desarrollando el cerebro; en ese periodo, por ejemplo, el estrés de la madre o una infección puede afectar a la microbiota del niño.

Y en segundo lugar, al final de la vida, cuando se producen enfermedades neurodegenerativas, como Alzheimer o Parkinson, pues los cambios en la microbiota y en el intestino comienzan antes de que empiecen los síntomas neurológicos en ambas enfermedades.

–¿Qué suele recomendar a sus pacientes con trastornos como el síndrome de colon irritable?
–Que lo mejor que pueden hacer para cuidar de su salud es practicar algún tipo de meditación, como mindfulness, también yoga o alguna técnica de reducción del estrés. Asimismo, claro está, que vigilen su alimentación.

Si eres una persona muy estresada y sufres ansiedad, es muy importante que sigas una buena dieta, equilibrada, muy rica en verduras y frutas. Es como un pez que se muerde la cola: si sientes ansiedad, eso provoca en el intestino contracciones y secreciones que cambian la microbiota intestinal y entonces ésta produce diferentes metabolitos que van al cerebro. Y así.

Lo mejor que se puede hacer por la propia salud es practicar algún tipo de meditación, como mindfulness, también yoga o alguna técnica de reducción del estrés.

–¡Un círculo vicioso! 
–Pero se puede romper, tanto por arriba, actuando sobre el cerebro, como por abajo, haciéndolo sobre el intestino. La meditación es una excelente manera de conseguirlo y, además, a los pacientes les encanta. Eso sí, cuando la gravedad del estado del paciente es superior les recomendamos que sigan una terapia psicológica cognitiva.

Justo ahora estamos haciendo un estudio para averiguar si la meditación y la terapia cognitiva modifican la comunidad de bacterias de su intestino. ¡Son tiempos realmente fascinantes en medicina!

*Si lo desea, puede leer la publicación: Aparato digestivo ¿por qué enfermamos? 

Las 4 leyes del desapego para la liberación emocional

Es posible que la palabra desapego te cause cierta sensación de frialdad e incluso de egoísmo emocional. Nada más lejos de la realidad. La palabra desapego, entendida dentro del contexto del crecimiento personal, supone un gran valor interior que todos deberíamos aprender a desarrollar.

Practicar el desapego no significa en absoluto desprendernos de todo aquello que nos es importante, rompiendo vínculos afectivos o relaciones personales con quienes forman parte de nuestro circulo personal.

Significa básicamente saber amar, apreciar e involucrarnos en las cosas desde un punto de vista más equilibrado y saludable, liberándonos a su vez de esos excesos que nos ponen cadenas y que nos amarran. Que nos cortan las alas.

La liberación emocional es darnos la opción de vivir con más honestidad de acuerdo a nuestras necesidades, ofreciéndonos a su vez la opción a crecer, de avanzar con conocimiento de causa. Sin dañar a nadie, sin que nadie nos ponga tampoco su cerco camuflado con las cadenas del amor pasional, filial o incluso materno.

Aprendamos, pues, a poner en práctica estas sencillas leyes sobre el desapego…

Primera ley: eres responsable de ti mismo

Nadie va a retirar cada piedra que te encuentres en tu camino, al igual que nadie va a respirar por ti ni se va a ofrecer como voluntario para cargar tus penas o sentir tus dolores. Tú mismo eres artífice de tu propia existencia y de cada paso que das.

Así pues, la primera ley que debes tener en cuenta para practicar el desapego, es tomar conciencia de que eres pleno responsable de ti mismo.

-No pongas en el bolsillo de los demás tu propia felicidad. No concibas la idea de que para ser feliz en esta vida, es esencial encontrar una pareja que te ame, o tener siempre el reconocimiento de tu familia.

Si el barómetro de tu satisfacción y felicidad está en lo que los demás te aportan, no conseguirás más que sufrimiento. ¿La razón? Pocas veces lograrán cubrir todas tus necesidades.

-Cultiva tu propia felicidad, siéntete responsable, maduro, toma conciencia de tus decisiones y de sus consecuencias, elige por ti mismo y no dejes nunca que tu bienestar dependa siempre de corazones ajenos.

Segunda ley: vive el presente, acepta, asume la realidad

En esta vida, nada es eterno, nada permanece, todo fluye y retoma su camino tejiendo ese orden natural que tanto nos cuesta asumir a veces. Las personas estamos casi siempre centradas en todo aquello que ocurrió en el pasado y que, de algún modo, se convierte ahora en una dura carga que altera nuestro presente.

Esas desavenencias familiares, ese trauma, esa pérdida, ese fracaso sentimental o esa frustración no superada. Todo ello son anclas que nos aferran, que ponen cadenas en nuestros pies y anzuelos en nuestra alma.

Es un apego tóxico y poco saludable que nos impide avanzar en libertad y plenitud.

Acepta, asume y aunque te cueste, aprende a perdonar. Te hará sentir más liberado y te ayudará a centrarte en lo que de verdad importa, elaquí y ahora, este presente donde tienes tu verdadera oportunidad. ¿A qué esperas?

Tercera ley: promueve tu libertad y permite ser libres también a los demás

Asume que la libertad, es la forma más plena, íntegra y saludable, de disfrutar de la vida, de entenderla en toda su inmensidad.

No obstante, ello no impide que podamos establecer vínculos afectivos con otras personas, porque también ello forma parte de nuestro crecimiento personal. Saber amar y saber recibir amor.

No obstante, el desapego implica que nunca debes hacerte responsable de la vida de los otros, al igual que los demás, no deben tampoco imponerte sus principios, sus ataduras o cadenas personales para aferrarte a ellos. Es aquí donde empieza el auténtico problema y los sufrimientos.

Los apegos intensos nunca son saludables, pensemos por ejemplo en esos padres obsesivos que se exceden en la protección de sus hijos y que les impiden poder madurar, poder avanzar con seguridad para explorar el mundo.

La necesidad de “despegarse” es vital en estos casos, ahí donde cada uno debe salir de los límites de la certidumbre para aprender de lo imprevisto, de lo desconocido.

Cuarta ley: asume que las pérdidas van a sucederse tarde o temprano

Volvemos de nuevo a la misma idea: aceptar que, en esta vida, nada puede contenerse eternamente. La vida, las relaciones, e incluso las cosas materiales, terminan desvaneciéndose como el humo que se escapa de una ventana abierta o el agua fresca que resbala por nuestros dedos.

Las personas se irán, los niños crecerán, algunos amigos dejarán de serlo y algunos amores se irán del calor de tu mano… Todo ello forma parte del desapego, y como tal, hemos de aprender a asumirlo para afrontarlo con mayor integridad. Con mayor fuerza. Pero lo que nunca va a cambiar, es tu capacidad de querer. Y debes empezar siempre por ti mismo.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Amarnos a nosotros mismos

Carta de liberación del clan familiar

Escribe esta carta a mano, de tu puño y letra, y la firmas.- Lo que pone entre paréntesis es solamente una explicación.- Luego quemas la carta y tiras las cenizas donde quieras. Es sólo una sugerencia, puedes romperla y tirarla donde prefieras, o ambas cosas, hazlo como te dicte el corazón.

CARTA DE LIBERACIÓN DEL CLAN FAMILIAR…

Yo… (Escribe tu nombre y Apellidos/preferentemente los 4) en este acto de mi puño y letra, como regalo al Clan Familiar al cual pertenezco y en el amor de Dios, les Bendigo, les pido perdón, ME LIBERO y libero, si así lo aceptan, a mis padres, a todos mis antepasados y ancestros, a mis pares: hermanos, sobrinos, tíos, primos, etc… a mis hijos y a mis nietos (aunque ahora no los tengas), de todos los programas inconscientes negativos, de cualquier ofensa que otro clan familiar haya recibido del nuestro, pidiendo perdón en nombre del que ofendió. De posibles pérdidas económicas, de conflictos de herencias, de asesinatos y muertes repentinas, violentas, enfermedades mentales y/o físicas, accidentes, violaciones, abusos sexuales, adulterios, abortos, hijos no deseados, hijos no reconocidos, incestos, abandonos, rechazos, injusticias, traiciones, humillaciones, crueldades, suicidios, maldiciones, desarraigos, falta de amor, victimismo, quejas, violencia, todo lo que ha afectado a mi clan familiar y a otros a través del mío, trabajos forzados, esclavitud, guerras, todo aquello que fuera alguna vergüenza y limitación. Los no dichos y toda memoria de dolor, para que terminen ya de perpetuarse. Para mi mayor Bien y el de todos los involucrados.

Espíritu Santo te entrego mi voluntad y me entrego a la Paz Divina. Amen (de Amar) “Y así es” Aquí y Ahora. Gracias, Gracias, Gracias que ya ha sido concedido.

***Firma:

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El Proyecto Sentido de nuestra vida: diferentes tipos de partos e hijos

Lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia

La indiferencia llega a una relación de pareja de forma pausada pero implacable.

Es un silencio amargo donde habita la incertidumbre, la añoranza de lo que antes era cotidiano y cómplice, y que ahora nos falta. Porque lo contrario del amor no es el odio, sino ese sentimiento capaz de rompernos en mil fragmentos llamado indiferencia.

Las relaciones “mueren” por muchas razones, lo sabemos y no hay duda de que todas suponen una alta carga de sufrimiento para la que nadie está preparado. No obstante, podríamos decir que es precisamente ese vacío, esa actitud pasiva y fría de la otra persona respecto a nosotros lo que suele generar mayor desesperación y ansiedad.

El amor suele tener tres enemigos: la indiferencia, que nos quita el aliento poco a poco, la indecisión que nos impide avanzar, y la desilusión que lo termina todo casi al instante.

Cada uno de nosotros podemos reaccionar de un modo ante ante un rechazo o una traición, pero…¿Cómo afrontar el vacío emocional de la indiferencia? No es fácil, de ahí, que siempre se intente encontrar una razón, un porqué a ese distanciamiento afectivo. Aunque en realidad no siempre hay un motivo para el desamor, en ocasiones, simplemente, se apaga, se ahoga como un sol crepuscular que queda sin aliento…

La indiferencia ocasiona serios efectos secundarios

La salud de una pareja, como todo organismo vivo y necesitado de alimento vital, necesita reforzar su estructura, su relación. Todo ello se consigue mediante esos rituales cotidianos, orlados de complicidad, en los que se inscriben los gestos que nos conectan, las palabras que nos refuerzan, las caricias que nos reconocen y espacios comunes habitados por una necesitada cercanía física y emocional.

Ahora bien, en ocasiones, casi sin saber por qué, hacemos uso del silencio o de la no intervención delegando en el otro para que haga, diga y actúe. Empezamos a dar por sentados los sentimientos e incluso las respuestas a preguntas que ya no formulamos. Poco a poco, se priorizan pequeñas cosas y se descuidan grandes aspectos.

Si hemos de hablar de un experto en materia de relaciones afectivas es casi inevitable no nombrar a John Gottman y su teoría de los “4 jinetes del apocalipsis”, sobre las razones que llevan a una pareja hacia el abismo del distanciamiento.

No te extrañará saber que entre estos pilares, además de las críticas, el desprecio y la actitud defensiva, esté también “la indiferencia”, esa conducta evasiva que mira hacia otro lado, y que crea grandes abismos de incertezas. Todo ello, todo este vacío emocional y frialdad afectiva genera serias consecuencias del “indiferente” al “indiferenciado” que debemos conocer.

Consecuencias psicológicas de la indiferencia

Pero, ¿cuáles son entonces, las consecuencias a nivel psicológico de la indiferencia?

  • La actitud indiferente de nuestra pareja genera, por encima de todo, desconcierto y miedo. El amor entre dos personas necesita de la seguridad de unos afectos y unas costumbres con las cuales sustentar el propio vínculo.

  • Cuando nuestras expectativas sobre ese vínculo dejan de cumplirse, aparece la incertidumbre y el desasosiego. Dos dimensiones ante las que nuestro cerebro va a reaccionar con estrés y ansiedad emocional.

  • Cuando dejamos de recibir esa retroalimentación emocional, ese intercambio sutil y perfecto donde las respuestas del otro nos reafirmaban y fortalecían, quedamos como “paralizados”. Nos mantenemos a la espera, aguardando a que cambie la situación, algo tan agotador como destructivo

  • Si cometemos el error de interpretar la indiferencia como algo que “nosotros mismos hemos generado”, perdemos aún más el control de la situación. Nuestra autoestima decae y derivamos en un estado de indefensión muy peligroso.

Ya no siento dolor, ahora mi corazón está más yermo que nunca porque se ha resignado. Ahora solo siento indiferencia, que es la falta más absoluta y desoladora de sentimientos.

Cómo hacer frente al vacío emocional

Como suele decirse, la indiferencia mata, y aunque muchos la definan como una actitud pasiva que se abre paso poco a poco en una relación de pareja, en realidad, no es del todo cierto. El vacío emocional es un enemigo muy activo que debe identificarse de forma temprana para evitar que se instale y deshaga para siempre ese vínculo, esa unión con la persona que amamos, o bien con nosotros mismos al perder nuestra autoestima.

  • Una relación de pareja se mantiene siempre y cuando exista satisfacción personal a la vez que reciprocidad. Si nos sentimos bien, seremos capaces de invertir en el otro porque damos lo mismo que recibimos.

  • En el momento en que ese círculo armónico de reciprocidad se rompe, afecta de inmediato a la calidad del compromiso, a nuestra pasión y nuestra intimidad.

  • En una pareja, con uno solo que sea indiferente basta, y la indiferencia se intuye, se palpa y se sufre. De nada vale esperar a que las cosas mejoren, de nada vale hacernos falsas esperanzas. Hay que actuar.

En ocasiones, basta con hacer pequeños cambios, llegar a acuerdos para romper esa rutina en la que caen las relaciones de vez en cuando. Cualquier esfuerzo por salvar la relación es poco. No obstante, si somos plenamente conscientes de que no hay amor o que esa situación trae más sufrimiento que felicidad, será necesario poner distancia.

No merece la pena ser cautivos del desamor, de los sueños truncados de dos extraños que lo dieron todo y que al final, ese todo quedó en nada. La indiferencia duele y desconcierta, pero la cura el tiempo siempre y cuando seamos valientes para alejarnos cuando toca, cuando aún somos capaces de recordar que debemos cuidar de nosotros mismos.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Sentir distancia es algo más que estar lejos

Personas que no aportan nada ¿Cuándo dejarlas marchar?

“Cuando el amor aprieta, es que no es de tu talla”

Esta frase, que leí en algún lugar, se me ha quedado impresa porque recurre a un símil particularmente esclarecedor. Cuando vamos a la tienda y nos probamos un par de zapatos o un vestido, si nos queda chico, pedimos una talla mayor, nos damos cuenta inmediatamente de que no está hecho a nuestra medida y debemos cambiar. Sin embargo, lo que resolvemos en cuestión de segundos en una tienda puede llevarnos años cuando se trata de las relaciones interpersonales. Y es que normalmente nos aferramos a las personas y a las experiencias que hemos vivido con ellas, aunque nos hagan daño o ya no nos aporten nada gratificante.

A veces nos resistimos a aceptar que hay relaciones que están heridas de muerte y prolongar su agonía solo implica hacerse daño innecesariamente, es como hurgar en la herida para provocar más dolor. Cuando una persona no nos aporta nada, lo mejor es dejarla marchar. De esta forma ambos podremos pasar página con mayor rapidez y mirar al futuro.

Las señales que indican que una relación ha llegado a su fin

-Los intereses han cambiado. A veces conocemos a personas en determinadas etapas de nuestra vida, personas con las cuales conectamos inmediatamente pues descubrimos gustos e intereses comunes. Sin embargo, con el paso del tiempo todos cambiamos y no es difícil que desarrollemos intereses distintos que nos alejen. Cuando sentimos que “nada es lo mismo”, ha llegado el momento de replantearnos el sentido de la relación, sobre todo si la otra parte ya ha decidido que la separación es el mejor camino.

-Los acuerdos son una misión imposible. Hay relaciones en las que cada una de las partes quieren cosas diferentes por lo que llegar a un acuerdo es casi imposible. En estos casos lo usual es que las discusiones sienten casa, se convierten en pan cotidiano y terminan afectando el equilibrio psicológico de todos los implicados. Cuando en vez de disfrutar del tiempo que pasamos con el otro, lo empleamos en discutir, ha llegado la hora de dejar ir esa relación pues aporta más cosas negativas que positivas.

-La confianza se ha esfumado. En cualquier tipo de relación, ya sea de pareja o de amistad, la confianza y la sinceridad son pilares fundamentales. Cuando se deja de confiar en el otro se comienza a desarrollar una relación basada en las dudas, la incertidumbre y el recelo. Este tipo de relación no es beneficiosa para nadie y, a la larga, si la confianza no se recupera, solo provocará dolor ya que es probable que ambas partes se hagan daño.

-El peso de la relación recae sobre una persona. Cuando sientes que eres el único que lucha para que la relación funcione, que llevas todos los problemas sobre tu espalda porque la otra persona no pone de su parte, ha llegado el momento de poner punto final. Una relación solo es satisfactoria cuando ambas partes están comprometidas y dispuestas a cambiar o a trabajar para solucionar las dificultades. Si solo una persona arrastra con el peso de los problemas, es porque el otro ha perdido el interés y eso significa que no tiene sentido seguir luchando por algo que ya no existe.

¿Por qué nos aferramos a este tipo de relaciones?

-Nostalgia. En muchas ocasiones nos aferramos a una relación simplemente porque hemos vivido buenos momentos y, cuando los recordamos, nos invade la nostalgia, un sentimiento que nos da la falsa sensación de seguridad. Simplemente preferimos mantenernos atados al pasado en vez de mirar al futuro.

-Miedo. Dejar ir a una persona que ha estado a nuestro lado durante mucho tiempo puede ser aterrador por lo que en ocasiones preferimos a “un malo conocido que a un bueno por conocer”. La creencia de que el futuro es incierto o de que no encontraremos a otra persona nos genera tal desasosiego que preferimos mantener el estado actual de las cosas.

-Hábito. Las relaciones que se han mantenido durante años han ido construyendo a su alrededor una serie de hábitos que han echado raíces. Abandonar estas costumbres y apostar por el cambio puede dar pereza y por eso, a veces preferimos quedarnos en nuestra zona de confort, al lado de una persona que en realidad ya no nos aporta nada.

-Esperanza. Detrás de la esperanza casi siempre se encuentra el amor, muchas personas se aferran a relaciones heridas de muerte simplemente porque tienen la esperanza de que el otro cambie. Sin embargo, recuerda que tampoco se le pueden pedir peras al olmo.

Dejar ir: Un proceso liberador

Cuando en una relación se llega al punto en el cual esta no nos reporta prácticamente nada positivo sino que se ha convertido en una carga de tensión, negatividad y problemas, lo mejor es dejar que esa persona se marche.

Al contrario de lo que muchos piensan, cuando ponemos ese dejar ir en la balanza, no suele ser doloroso sino liberador. Después de meses de discusiones, desencanto y estrés, poner punto final es un alivio. Por supuesto, eso no significa que sea sencillo y mucho menos fácil pero en muchas ocasiones es la única solución para poder continuar adelante.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Vampiros energéticos

La Medicina desde la Física Cuántica

No se puede entender el concepto actual de medicina sin saber algo de física cuántica.

Nuestra comprensión antigua de la medicina versaba sobre el modelo Newtoniano o Determinista, en el que se inculcaba que lo que ocurre en nuestras vidas sucede por casualidad. Y la única opción que nos ofrece es vivir las consecuencias de esos hechos que nos acontecen…

Según este modelo, todo está predeterminado y el cuerpo y la mente viven separados. La noción clásica de dualismo cartesiano y de determinismo físico ha relegado a nuestras mentes a un papel de observadores pasivos, totalmente excluidos de las leyes causa-efecto y con la conciencia de que nuestro cuerpo no es muy diferente del mecanismo de un reloj.

A principios del siglo XX se empezaron a descubrir muchos fenómenos que eran incompatibles con la física clásica. Fue entonces cuando la física cuántica comenzó a tomar fuerza y protagonismo.

La corriente actual de la medicina nos lleva hacia algo más holístico, más metafísico, donde todo tiene una razón de ser y un para qué. Todo está entrelazado y sincronizado.

Y es en este modelo donde tiene cabida la física cuántica, capaz de demostrar la interrelación entre TODO lo que existe y el modelo holográfico en el que vivimos, donde nuestra percepción afecta en gran medida (y única) a nuestra realidad. Somos lo que percibimos.

En este sentido nuestros pensamientos y emociones influyen en nuestro entorno y, por ende, en nuestro cuerpo. NO existe una división entre el sujeto y el objeto, y por tanto, el observador influye en lo observado.

Los “programas” que hemos heredado de nuestros ancestros y las creencias que se han ido transmitiendo generación tras generación, conforman nuestra personalidad y nuestro carácter.

La conciencia del observador influye en las partículas subatómicas, modificando sus estados cuánticos. El Dr. Robert Lanza, en su libro titulado “Biocentrismo”, explica con detalle la relación entre la interacción de la conciencia y las partículas subatómicas.

 “Si no les gusta el mundo que ven, sepan que no lo pueden cambiar; pero si cambian la forma de verlo, cambiará su universo” (Albert Einstein)

La medicina más antigua ya versaba sobre este paradigma y el desarrollo de una “mente cuántica”. Sabía que nuestras creencias dan forma a nuestra realidad, y éstas se reafirman buscando experiencias afines para ello. Así que, la realidad se convierte en una imagen de nuestro modelo de realidad, en lo que queremos o podemos ver, sentir, experimentar. Pero eso no significa que sea lo real o correcto. Microscópicamente no vemos las células, pero sabemos que existen. Tampoco podemos llegar a ver con nuestros ojos los anillos de Saturno, pero no dudamos de su existencia. Ni siquiera en nuestro día a día somos conscientes de que la Tierra es redonda, pero su controversia en otras épocas costó la vida de grandes científicos como Galileo.

La medicina alopática y esta nueva corriente de entender la enfermedad son incapaces de llegar a un punto en común, porque observan literalmente, dos realidades diferentes. Aceptar la visión cuántica implica un profundo cambio en la percepción del mundo.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El corazón tiene cerebro”, Annie Marquier, matemática e investigadora de la conciencia.

Los niños expresan nuestros conflictos

Una de las primeras preguntas que uno se hace cuando empieza a descubrir la Biodescodificación es ¿Qué pasa con las enfermedades o síntomas que padecen los niños? ¿también ellos tienen conflictos inconscientes? y la respuesta nunca es fácil… claro que tienen conflictos inconscientes, pero no de la misma forma que nosotros, son conflictos que nacen de sus necesidades no satisfechas que cuando son muy pequeños son necesidades tan básicas como comer, dormir y el afecto en forma de contacto físico y a medida que vamos creciendo las necesidades se van volviendo más complejas…

Cada vez tenemos más información respecto a lo que sienten y lo que viven los niños en cada edad, y  hay muchos autores que estan de acuerdo en el hecho de que a nivel emocional, la madre y el niño están totalmente conectados desde la concepción hasta que el niño tiene 7 años, incluso hay autores como Laura Gutman que sostienen que los niños hasta los 3 años experimentan una fusión emocional con la madre, comparten con ella todo su campo emocional, así el niño vive como suyas las emociones de la madre porque en este momento, todavía no puede distinguir entre unas y otras…

En Biodescodificación sabemos que existe un periodo al que llamamos Proyecto Sentido, que va desde la concepción hasta los 3 años, donde se graban multitud de programas que vamos a desarrollar a lo largo de nuestra vida se graban programas de si somos deseados o no desados, se graba toda la información de la situación de la pareja o de la familia en ese momento, todas las emociones de la madre, sus conflictos, sus dudas, se graban las situaciones sociales o históricas del lugar donde estamos, toda la información del embarazo, también información sobre como hemos llegado al mundo, como se ha recibido al bebé y todas y cada una de las experiencias propias del niño y de la madre durante este tiempo.

Hasta los siete años, los niños son una auténtica esponja emocional, porque como todavía no tienen el neocórtex totalmente desarrollado, son especialmente sensibles a las emociones, que son el lenguaje que les es propio y además las perciben de forma limpia, sin contaminación racional alguna.

Y así es como los niños, a través de las enfermedades y síntomas que padecen, nos están reflejando nuestros propios conflictos inconscientes, como el más amoroso de nuestros espejos: un niño que tiene a menudo dolor de barriga puede estar expresando una dificultad de la madre para digerir algo que le está ocurriendo, o un niño que se enferma de bronquitis o que tiene asma habitualmente está denunciando un ambiente tóxico en casa y dificultades de relación en su entorno más cercano o un niño con otitis frecuentes está expresando una irritación de la madre por escuchar algo que no quiere oír…

Dejando atrás la culpa, si queremos ayudar a nuestros hijos pequeños a que estén más sanos, si queremos evitarles sufrimiento, ocupémonos de nosotros mismos, tomemos conciencia de nuestras emociones, expresemos como nos sentimos, hablemos, busquemos ayuda… pero sobretodo no hagamos como que no pasa nada, porque ellos, los niños, perciben desde su inocencia muchísimo más de lo que nos parece y están dispuestos a mostrárnoslo incansablemente… así que acojamos la oportunidad que nos da la vida para crecer y hacernos cargo de nosotros mismos. Y sería fantástico aprovechar para expresarles como nos sentimos, para que ellos puedan distinguir lo que no es suyo y empezar a poner palabras a las emociones que están sintiendo…

A veces ocurre que trabajando con la mamá no encontramos nada relacionado con este malestar del niño… entonces es muy habitual que los niños estén expresando un conflicto del clan, de hecho siempre que un niño nace con una enfermedad congénita es algo que obviamente no es suyo, y va a ser muy útil hacer el estudio del árbol genealógico, para tratar de entender que está reparando este niño con esta enfermedad y así poder liberar al niño y al clan.

Todo lo que le ocurre al padre también va a influir al niño, pero de otra forma, de hecho el niño lo va a sentir pero a través de la madre y con las emociones de la madre, por lo que hemos dicho de la conexión… Es decir que si por ejemplo el papá se queda sin empleo y la mamá no se siente preocupada porque confía en que va a encontrar algo pronto, no le da importancia porque son cosas que pasan y piensa que de alguna forma van a salir de esta… aunque el padre se sienta muy frustrado o tenga miedo a la escasez o se sienta deprimido el niño no va a sentir estas emociones como si fueran suyas, y  en cambio si la mamá lo vive con angustia y sufrimiento, el niño va a vivir esa angustia como propia y puede que la exprese a través del cuerpo, que es la via más directa para que los niños expresen las emociones que no pueden comprender.

Así como la mamá va a ser el punto de referencia desde la concepción hasta los 7 años, el papá va a ser clave desde los 7 a los 14 años, época importante para incorporar aprendizajes que tienen que ver con los límites, las consecuencias de nuestras acciones en los demás, las normas, la autoridad, la sociabilidad… pero esto ya es otro tema porque a partir de los 7 años, el niño ya empieza a expresar sus propios conflictos y justamente la figura del padre a partir de esta edad ayuda a diluir esta fusión con la madre, permite que el niño sea más autónomo y que se empiece a regular por el mismo.

  • Autora: Mónica Calderón.- Psicóloga colegiada 13308 del COPC, Master en psicoterapia cognitivo social, acompañante en biodescodificación, practitioner PNL, experta en autoestima, facilitadora de grupos terapéuticos y de crecimiento personal, terapeuta y formadora en EMPO (escuela de psico-osteopatía orgánica) y escritora por placer. biodiana.com

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El rechazo es la herida emocional más profunda

Carta de Jorge Bucay a su hija Claudia

Antes de morir, hija mía, quisiera estar seguro de haberte enseñado… 

A disfrutar del amor, a confiar en tus fuerzas, a enfrentar tus miedos, a entusiasmarte con la vida, a pedir ayuda cuando la necesites, a permitir que te ayuden cuando sufras, a tomar tus propias decisiones.

Quisiera estar seguro, hija mía, de haberte enseñado…
A decir o callar según tu conveniencia, a quedarte con el crédito por tus logros, a superar la adicción a ser aprobada por los demás, a no absorber las responsabilidades de todos.

Quisiera estar seguro, hija mía, que aprendiste…
A ser consciente de tus sentimientos, a no perseguir el aplauso sino tu satisfacción, a dar porque quieres y no porque crees que es tu obligación, a exigir que se te pague adecuadamente por tu trabajo.

Antes de morir, hija mía, quisiera saber…
Que aceptas tus limitaciones sin enojo, que no impones tu criterio ni permites que te impongan el de otros, que dices que solo cuando quieres y dices que NO sin culpa, que eres capaz de vivir en el presente, que aceptas el cambio y que revisas tus creencias, que llenas primero tu copa y solo después la de los demás.

Antes de morir, hija mía, quisiera estar seguro de haberte enseñado…
A planear tu futuro pero no a vivir en él, a valorar tu intuición, a celebrar la diferencia entre los sexos, a tratar y exigir ser tratada con respeto, a desarrollar relaciones más sanas y de apoyo mutuo donde la comprensión y el perdón sean prioritarios.

Antes de morir, hija mía, quisiera saber…
Que aprendiste a aceptarte como eres, que no miras atrás para ver quién te sigue, que eres capaz de crecer aprendiendo de los desencuentros y de los fracasos, que te permites reír a carcajadas por la calle sin ninguna razón.

Antes de morir, hija mía, quisiera estar seguro de haberte enseñado…
A no idolatrar a nadie, y a mí, que soy tu padre… menos que a nadie.

  • Autor: Jorge Bucay

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Taller gratuito online de Mindfulness o Atención Plena: 4 vídeos explicativos y 7 audios guiados

Yo veo al niño que llora en cada paciente *Luigi Cancrini- psiquiatra-

luigi-cancrini78 años. Romano. Casado dos veces, 5 hijos y 4 nietas. Fui ministro con el PCI en la sombra. La política no debe ser una profesión, porque la distancia con la vida de la gente es enorme. Temo el populismo: delegar en otro tu suerte. Los humanos somos naturalmente buenos, los traumas nos vuelven malos.

No llores solo

Profesor de Psiquiatría y Psicoterapia de La Sapienza (Roma), fundó en los años setenta una de las escuelas de psicoterapia más importantes en Italia, el Centro de Estudios de Terapia Familiar y Relacional, que preside. Ha recibido importantes premios por su labor. Hace 20 años que vive consagrado a los niños maltratados y abandonados, convencido de que revertir su sensación de abandono es construir una sociedad mejor. Se trata de que nadie llore solo. Integrar es su palabra. Luchó y consiguió integrar a los enfermos psiquiátricos eliminando los manicomios; y por el derecho a curarse de los drogadictos, despenalizar las adicciones. Ha dado una conferencia en el Centro Internacional de Psicología Hestia Barcelona.

¿Cree que nacemos buenos?

Sí, lo creo. Lo natural es estar bien dispuesto para los otros. El hombre es naturalmente sociable, decía Marx.

…Y un lobo para el hombre, decía Hobbes.

Mi experiencia me ha convencido de que el humano se convierte en un lobo para los otros cuando tiene dificultades en su infancia.

Usted lo investiga desde los años setenta.

En esa década fundé el Centro de Estudios de Terapia Familiar y Relacional y desde hace veinte años dirijo el Centro de Ayuda al Niño Maltratado del Ayuntamiento de Roma.

¿Todo se remonta a la infancia?

El cuidado en la infancia es fundamental para su salud mental futura. No hay suficiente atención para los niños que sufren, y este es también un problema político.

¿El antisocial se hace en la infancia?

Sí, en la infancia se consolida el núcleo de patología que se transformará en trastorno de personalidad. La mayoría de los drogadictos sufren trastorno límite de personalidad, la causa de las adicciones es la infelicidad, el desequilibrio. Al niño que roba no se le pasa con la edad: si no se atiende en la infancia, será un ladrón.

¿Propone una atención psicoterapéutica pública y de calidad para la infancia?

Sí, porque si no se interviene durante la infancia tendremos muchos psicópatas, drogadictos, personas con trastorno alimentario y toda la muestra de patologías imaginables. Pero si conseguimos intervenir en la infancia, podemos cambiar el mundo.

Suena a utopía.

La política tiene que dar recursos y los profesionales tienen que aprender cómo tratar a estos niños. Las universidades no enseñan a trabajar con niños que sufren descuido y maltrato. Nuestro conocimiento científico es muy superior a lo que aplicamos, no ha llegado ni a la cultura ni a los servicios.

Los niños viven sometidos a imágenes de violencia, ¿cómo les afecta?

Las fábulas y los cuentos han sido siempre muy violentos. Blancanieves, La Cenicienta… hablan de maltrato. El niño está acostumbrado a que haya peligros, pero que se puedan superar siendo fuerte y contando con el amor de alguien.

¿Esa es la solución?, ¿el amor?

Sí, en las fábulas y en la vida. Yo veo al niño que llora en cada paciente. Hitler, Stalin y Franco eran niños que lloraban, todos con historias familiares terribles. El maltrato y el descuido de los niños producen monstruos muy dañinos si el niño es inteligente y tiene fuerza personal.

Esos dictadores ¿habrían tenido solución si los hubieran tratado de adultos?

Es difícil, pero una validación de salud mental antes de presentarse como presidente sería interesante.

Pese a todo, usted es optimista.

Mis primeros recuerdos son de bombardeos. He pasado miedo, pero he tenido unos padres que me han protegido con su afecto. Eso te ancla en la esperanza y la confianza en la vida. Te lleva a creer que el futuro puede ser mejor y que en gran medida depende de cómo lo hagas tú.

¿Eso es lo que pretende dar a los niños?

Sé que si hay inseguridad en la imagen que un niño tiene de su madre, en cómo la siente, hay un punto de ruptura en la persona.

¿Y es así en todas las culturas?

Sí, lo he constatado trabajando con familias de todo el mundo. Los vínculos son la trama de la vida: soy el resultado de mis vínculos. Si el vínculo familiar se rompe demasiado pronto, hay consecuencias: la herida que me produce es un condicionante de mi futuro.

Es frecuente.

Sí, pero no es necesario. Hay que poner mucha atención en los primeros años de vida. El problema no son las peleas de los padres (si no son violentas), se puede pelear y cuidar del hijo. El problema es el abandono y el maltrato.

¿Y si falta el padre?

La madre puede darle lo que necesita. Hay muchas combinaciones. Pero si el dolor es excesivo y lo afronta en solitario, es destructivo. Si el niño está conectado con otros y puede ponerle palabras, es una experiencia de crecimiento; y eso es algo que debemos aprender: compartir y aceptar el dolor como oportunidad de crecer.

¿Cómo conseguir que exprese su dolor?

Estando en silencio a su lado, esperando: tiempo y presencia.

Decir que todo se define de los 0 a los 3 años es una condena.

Hay que volver atrás en la experiencia de abandono cuanto antes mejor. La adolescencia, cuando esos problemas se manifiestan, es un buen momento, no es una condena, sólo es más difícil. Sería más inteligente intervenir antes.

Esa es su lucha.

El niño que ha sido abandonado tiene el sentimiento de no valer nada y hay que ayudarle a reconstruir su historia.

¿Cómo?

Es impresionante ver cómo quien pensaba que le habían abandonado puede cambiar su actitud frente a sí mismo y la vida cuando entiende que no podían cuidarle, que el hecho de que le confiaran a otros también es un acto de amor.

La oportunidad de otro punto de vista.

Es la imagen interna de su madre biológica lo que cambia, y eso cambia su armonía de vida. Yo lo he visto tantas veces… he visto cómo una reconstrucción clara, limpia, puede cambiar la organización psíquica de la persona.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Lo que no decimos enferma