Yo veo al niño que llora en cada paciente *Luigi Cancrini, psiquiatra.

luigi-cancrini78 años. Romano. Casado dos veces, 5 hijos y 4 nietas. Fui ministro con el PCI en la sombra. La política no debe ser una profesión, porque la distancia con la vida de la gente es enorme. Temo el populismo: delegar en otro tu suerte. Los humanos somos naturalmente buenos, los traumas nos vuelven malos.

No llores solo

Profesor de Psiquiatría y Psicoterapia de La Sapienza (Roma), fundó en los años setenta una de las escuelas de psicoterapia más importantes en Italia, el Centro de Estudios de Terapia Familiar y Relacional, que preside. Ha recibido importantes premios por su labor. Hace 20 años que vive consagrado a los niños maltratados y abandonados, convencido de que revertir su sensación de abandono es construir una sociedad mejor. Se trata de que nadie llore solo. Integrar es su palabra. Luchó y consiguió integrar a los enfermos psiquiátricos eliminando los manicomios; y por el derecho a curarse de los drogadictos, despenalizar las adicciones. Ha dado una conferencia en el Centro Internacional de Psicología Hestia Barcelona.

Cree que nacemos buenos?

Sí, lo creo. Lo natural es estar bien dispuesto para los otros. El hombre es naturalmente sociable, decía Marx.

…Y un lobo para el hombre, decía Hobbes.

Mi experiencia me ha convencido de que el humano se convierte en un lobo para los otros cuando tiene dificultades en su infancia.

Usted lo investiga desde los años setenta.

En esa década fundé el Centro de Estudios de Terapia Familiar y Relacional y desde hace veinte años dirijo el Centro de Ayuda al Niño Maltratado del Ayuntamiento de Roma.

¿Todo se remonta a la infancia?

El cuidado en la infancia es fundamental para su salud mental futura. No hay suficiente atención para los niños que sufren, y este es también un problema político.

¿El antisocial se hace en la infancia?

Sí, en la infancia se consolida el núcleo de patología que se transformará en trastorno de personalidad. La mayoría de los drogadictos sufren trastorno límite de personalidad, la causa de las adicciones es la infelicidad, el desequilibrio. Al niño que roba no se le pasa con la edad: si no se atiende en la infancia, será un ladrón.

¿Propone una atención psicoterapéutica pública y de calidad para la infancia?

Sí, porque si no se interviene durante la infancia tendremos muchos psicópatas, drogadictos, personas con trastorno alimentario y toda la muestra de patologías imaginables. Pero si conseguimos intervenir en la infancia, podemos cambiar el mundo.

Suena a utopía.

La política tiene que dar recursos y los profesionales tienen que aprender cómo tratar a estos niños. Las universidades no enseñan a trabajar con niños que sufren descuido y maltrato. Nuestro conocimiento científico es muy superior a lo que aplicamos, no ha llegado ni a la cultura ni a los servicios.

Los niños viven sometidos a imágenes de violencia, ¿cómo les afecta?

Las fábulas y los cuentos han sido siempre muy violentos. Blancanieves, La Cenicienta… hablan de maltrato. El niño está acostumbrado a que haya peligros, pero que se puedan superar siendo fuerte y contando con el amor de alguien.

¿Esa es la solución?, ¿el amor?

Sí, en las fábulas y en la vida. Yo veo al niño que llora en cada paciente. Hitler, Stalin y Franco eran niños que lloraban, todos con historias familiares terribles. El maltrato y el descuido de los niños producen monstruos muy dañinos si el niño es inteligente y tiene fuerza personal.

Esos dictadores ¿habrían tenido solución si los hubieran tratado de adultos?

Es difícil, pero una validación de salud mental antes de presentarse como presidente sería interesante.

Pese a todo, usted es optimista.

Mis primeros recuerdos son de bombardeos. He pasado miedo, pero he tenido unos padres que me han protegido con su afecto. Eso te ancla en la esperanza y la confianza en la vida. Te lleva a creer que el futuro puede ser mejor y que en gran medida depende de cómo lo hagas tú.

¿Eso es lo que pretende dar a los niños?

Sé que si hay inseguridad en la imagen que un niño tiene de su madre, en cómo la siente, hay un punto de ruptura en la persona.

¿Y es así en todas las culturas?

Sí, lo he constatado trabajando con familias de todo el mundo. Los vínculos son la trama de la vida: soy el resultado de mis vínculos. Si el vínculo familiar se rompe demasiado pronto, hay consecuencias: la herida que me produce es un condicionante de mi futuro.

Es frecuente.

Sí, pero no es necesario. Hay que poner mucha atención en los primeros años de vida. El problema no son las peleas de los padres (si no son violentas), se puede pelear y cuidar del hijo. El problema es el abandono y el maltrato.

¿Y si falta el padre?

La madre puede darle lo que necesita. Hay muchas combinaciones. Pero si el dolor es excesivo y lo afronta en solitario, es destructivo. Si el niño está conectado con otros y puede ponerle palabras, es una experiencia de crecimiento; y eso es algo que debemos aprender: compartir y aceptar el dolor como oportunidad de crecer.

¿Cómo conseguir que exprese su dolor?

Estando en silencio a su lado, esperando: tiempo y presencia.

Decir que todo se define de los 0 a los 3 años es una condena.

Hay que volver atrás en la experiencia de abandono cuanto antes mejor. La adolescencia, cuando esos problemas se manifiestan, es un buen momento, no es una condena, sólo es más difícil. Sería más inteligente intervenir antes.

Esa es su lucha.

El niño que ha sido abandonado tiene el sentimiento de no valer nada y hay que ayudarle a reconstruir su historia.

¿Cómo?

Es impresionante ver cómo quien pensaba que le habían abandonado puede cambiar su actitud frente a sí mismo y la vida cuando entiende que no podían cuidarle, que el hecho de que le confiaran a otros también es un acto de amor.

La oportunidad de otro punto de vista.

Es la imagen interna de su madre biológica lo que cambia, y eso cambia su armonía de vida. Yo lo he visto tantas veces… he visto cómo una reconstrucción clara, limpia, puede cambiar la organización psíquica de la persona.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Lo que no decimos enferma

Mecanismos de defensa, un arma de doble filo

mecanismos-de-defensaLos mecanismos de defensa son rutinas mentales que empleamos para defendernos de supuestos ataques.

Lo cierto es que esta estrategia de protección no siempre es infundada, aunque muchas veces no la elegimos con acierto. Además, este tipo de murallas no funcionan de manera aislada, sino que lo hacen de forma integrada con el resto de mecanismos de nuestra mente.

Freud fue uno de los primeros psicólogos en señalar la existencia de este tipo de defensas dentro del marco psicoanalítico. Su fin último sería conservar nuestra auto-imagen, proteger a nuestra autoestima de emboscadas que muchas veces creamos nosotros mismos en nuestro pensamiento en una especie de juego que es quizá una de las pruebas más evidentes de nuestra incomplacencia, de nuestra falta de estaticidad.

¿Existen los mecanismos de defensa?

Freud afirmaba en el marco de su teoría psicoanalista, continuada por su hija Anna, que los mecanismos de defensa “del yo” están asociados a los impulsos inconscientes. Serían esa reacción que la física postula de manera sencilla: “para cada acción hay una reacción”.

El objetivo de estas rutinas no es más que el de reducir las consecuencias negativas de ciertos eventos, tanto internos como externos. Así, de la misma forma que nuestros músculos se preparan para correr cuando nos sentimos amenazados, también nuestra mente se prepara para defenderse cuando se siente amenazada, cuando percibe que su equilibrio y su lógica es puesta en peligro.

Una persona sana no abusaría de estos mecanismos del mismo modo que una persona sana no suele pasarse corriendo toda la vida. No se trata de que no haya amenazas, sino que las que nos plantea el mundo actual no son leones de la sabana, sino hacer informes, diseñar planes de marketing, formarnos para ser competitivos, etc.

Por lo tanto hay que prestar mucha atención a la manera en que actuamos frente a los estímulos. Por ejemplo, si cada vez que nuestra pareja dice alguna palabra o frase le atacamos, estamos bloqueando la situación e imposibilitando recibir algo positivo. Para defendernos, atacamos y generamos un contexto de lucha que no tiene sentido.

¿Cuáles son los mecanismos de defensa más habituales?

Esas herramientas que empleamos para poder enfrentar la realidad o los hechos traumáticos pueden llegar a ser patológicos y de allí reside la importancia de conocerlos, analizarlos y aceptarlos de manera objetiva. Si bien Freud postuló la existencia de 15 mecanismos de defensa, hay algunos que son más frecuentes que otros.

Los 5 más habituales serían:

1. Disociación

La defensa que ofrece la disociación es el distanciamiento con la realidad, en contraste con la pérdida de realidad que se da en la psicosis.

Esta alteración puede ser repentina o gradual, transitoria o crónica. La disociación se genera como un mecanismo de defensa del yo ante un suceso que pone en disputa dos ideas o dos entendimientos, el sujeto evita la asociación entre la realidad consciente y el entendimiento del yo dentro del entorno, insensibilizando las emociones o sensaciones.

2. Negación

Puede ser confundido con la disociación. La diferencia reside en que los elementos negativos de una situación son eliminados por completo en la negación y no se reemplazan por otros. Negar la existencia de algo o alguien es un mecanismo de defensa bastante utilizado.

Por ejemplo cuando fallece un ser querido y no se acepta la noticia. La persona se comporta como si el fallecimiento no se hubiera producido, incluyendo a la persona que ya no está en el presente e ignorando a los demás cuando no lo hacen.

3. Proyección

La proyección está asociado a una atribución falaz de las virtudes o defectos propios a los demás. Por ejemplo algo que no nos gusta de nosotros lo trasladamos a un compañero de trabajo, a la pareja o a un amigo.

También puede significar proyectar los deseos o expectativas en los otros. Un caso muy común es el de los padres que quieren que sus hijos cumplan todos los sueños que ellos cumplir.

4. Represión

Con la represión el individuo rechaza ideas, recuerdos, pensamientos o deseos relacionados a personas o hechos trágicos o traumáticos. Los contenidos que han sido desaprobados quedan fuera de un lugar accesible a nuestra conciencia.

Sin embargo, la bolsa en lo que acumulamos lo reprimido no es infinitamente grande ni lo reprimido es manso o tranquilo, de esta forma tiende a manifestarse aunque sea de una manera difusa y aparentemente poco relacionada con el contenido de lo reprimido.

5. Regresión

Como su nombre lo indica, la regresión quiere decir “regresar” al pasado o a una etapa anterior del desarrollo, es decir, más infantil. Por ejemplo, cuando un niño se encuentra por primera vez con su hermano menor recién nacido puede comenzar a chuparse el dedo, volverse más anárquico en su comportamiento, no hablar claro, etc.

En un joven puede suceder cuando regresa al hogar paterno durante las vacaciones de verano de la universidad. En esas semanas experimenta un “volver” a ser adolescente o niño y no se plantea las situaciones como un adulto.

Como podemos analizar, los mecanismos de defensa nos ayudan en cierta medida a que nuestra vida sea un poco más “armoniosa” y podamos alejar de nuestra mente de todo aquello que nos hace mal.

También pueden considerarse como una manera de escapar de la realidad, de no aceptar lo que nos sucede y de mentirnos a nosotros mismos. ¿En dónde reside la diferencia? En cuánto ahínco ponemos en mantenernos a resguardo y en qué momento nos damos cuenta de que nos estamos haciendo más daño ocultando, negando o cambiando las situaciones.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Causas emocionales de la obesidad

Las quejas son un veneno para tu cerebro

las-quejas¿Por qué las personas se quejan?

Sin duda, no es para torturar a los demás con su negatividad, como muchos podrían pensar. La mayoría de las personas se quejan porque al exteriorizar sus emociones y pensamientos se sienten mejor, o al menos eso creen.

Sin embargo, la ciencia señala que en realidad andan desencaminadas. Quejarnos no nos hace bien, expresar esa negatividad puede hacer que nos sintamos peor. Ventilar las emociones puede parecer una buena idea pero a la larga no lo es, tanto para la persona que se queja como para quien le escucha.

El problema se encuentra en el cerebro. Quejarse altera nuestras redes neuronales y puede tener serias repercusiones para nuestra salud mental. De hecho, algunos neurocientíficos han llegado a afirmar que las quejas pueden matarnos, literalmente.

Las quejas consolidan las sinapsis de la negatividad

Ahora mismo en nuestro cerebro se están produciendo muchísimas sinapsis. Cuando pensamos en algo, una neurona libera una serie de neurotransmisores, a través de los cuales se comunica con otra neurona y establece una especie de puente a través del cual pasa una señal eléctrica. De esta forma se transmite la información en el cerebro.

Lo interesante es que cada vez que se produce una sinapsis, ese camino se consolida. De esta forma se crean auténticas autopistas neuronales en nuestro cerebro, las cuales nos permiten, por ejemplo, conducir de manera automática o caminar sin tener que pensar en cómo movemos los pies.

Estos circuitos no son estáticos, en función de la práctica pueden cambiar, debilitarse o consolidarse. Obviamente, mientras más sólida sea esa conexión, más rápido se transmitirá la información y más eficientes seremos realizando esa actividad.

El problema es que cuando nos quejamos y nos llenamos de pensamientos negativos, estaremos potenciando precisamente esas redes neuronales, alimentando la negatividad que da lugar a la depresión. Mientras más nos quejemos, más negro veremos el mundo, porque son precisamente esos caminos neuronales los que estamos potenciando, en detrimento de otros, mucho más positivos y beneficiosos para nuestra salud emocional.

De hecho, investigadores de la Universidad de Yale han apreciado que en las personas sometidas a un gran estrés o que padecen depresión, ocurre una desregulación de las sinapsis y se produce una atrofia neuronal. En el cerebro de estas personas aumenta la producción de un factor de transcripción denominado GATA1, que disminuye el tamaño, las proyecciones y la complejidad de las dendritas, las cuales son esenciales para transmitir los mensajes de una neurona a otra.

Eres el reflejo de quienes te rodean

Las quejas no solo afectan las conexiones neuronales de la persona que se lamenta sino también de quienes están a su alrededor. De hecho, es probable que después de haber escuchado a un amigo quejarse durante varias horas, te sientas como si te hubiesen drenado, como si te hubieran robado la energía. Es probable que en ese momento también tengas una visión un poco más pesimista del mundo.

Esto se debe a que nuestro cerebro está programado para la empatía. Las neuronas espejo se encargan de que podamos experimentar las mismas sensaciones que la persona que tenemos delante, ya sea alegría, tristeza o ira. Nuestro cerebro intenta imaginar qué siente y piensa esa persona, para poder actuar en consecuencia y modular nuestro comportamiento.

En esos casos, la empatía se convierte en un arma de doble filo que blandimos contra nosotros mismos ya que cuando escuchamos a una persona lamentarse, en nuestro cerebro se liberarán los mismos neurotransmisores que en el suyo. De esta forma, terminamos siendo prisioneros de sus quejas.

El cerebro, un puesto de mando que controla el cuerpo

Las quejas consolidan las sinapsis “negativas” en el cerebro y éstas tienen un gran impacto en nuestra salud. Cuando alimentamos la tristeza, el resentimiento, la rabia, el odio y la ira, todas esas emociones se reflejan en nuestro cuerpo. De hecho, hace poco un grupo de investigadores de la Universidad de Aalto realizaron un mapa corporal de las emociones, en el cual se puede apreciar cómo éstas se reflejan en zonas específicas.

Además, no debemos olvidar que detrás de esos sentimientos y emociones negativas suele esconderse el cortisol, un neurotransmisor que también actúa como hormona cuyos niveles elevados se han vinculado con un sistema inmunitario deprimido, el aumento de la presión arterial y un mayor riesgo de desarrollar enfermedades como el cáncer y los trastornos cardiovasculares. El cortisol también daña la memoria, aumenta el riesgo de sufrir depresión y ansiedad y, por supuesto, acorta la esperanza de vida.

No hay leones vegetarianos

Vale aclarar que no se trata de que no podamos quejarnos ni de que tengamos que reprimir nuestras emociones y sentimientos. De hecho, en algunas ocasiones quejarse puede ser extremadamente liberador. Sin embargo, debemos asegurarnos de que no se convierta en un hábito y, sobre todo, de que a las palabras le sigan las acciones.

Por eso, la próxima vez que acuda una queja a tu mente, recuerda que “los leones no son vegetarianos”. Esto significa que, por mucho que te quejes, no van a cambiar su dieta. Si quieres cambiar algo y no convertirte en su cena, será mejor que busques otras estrategias.

El Universo es caótico, a veces pasan cosas malas e impredecibles sobre las que no tenemos ningún control. Podemos sentarnos a lamentarnos o, al contrario, podemos asumir una actitud proactiva y preguntarnos qué podemos hacer para lidiar de la mejor manera posible con los problemas y, de ser posible, aprender de ellos.

“La decisión está en nuestras manos”

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Cómo hacerse más consciente

Cuando el perdón no cicatriza las heridas del abuso sexual

abuso-sexualA menudo, suele decirse que no hay peor herida que la que deja la vivencia de una guerra. Sin embargo, las cicatrices que inflige el abuso sexual son muy semejantes, ahí donde el perdón no siempre ayuda ni cauteriza. Sobre todo, si no existe una ayuda efectiva por parte de la justicia, ni apoyo social y emocional del entorno más cercano.

Un hecho muy común en materia de abuso infantil y juvenil es que las víctimas tardan mucho en denunciar los hechos. Pueden pasar varios años, décadas incluso. Cuando logran dar el paso para hallar por fin esa necesitada paz interior, se encuentran muchas barreras, dificultades e incluso cierto rechazo estructural: “¿Y ahora para qué, después de tanto tiempo?, ¿qué espera sacar con ello?”

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produjo dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento” -Victor Frankl-

No podemos olvidar tampoco que toda víctima de abuso sexual debe pasar por un delicado duelo en el que pueda integrar en su historia vital lo que le ha sucedido. Ese trauma. Sin embargo, deben darse ciertos procesos previos en su entorno para facilitar este avance. Se necesita apoyo, reconocimiento y justicia. Sin embargo, algo que se da con demasiada frecuencia es que las propios organismos sociales no se ajustan a estas necesidades.

Tanto es así, que hay muchas denuncias por abuso sexual que acaban prescribiendo. Las resoluciones pueden tardar años en dictar resolución, hasta el punto de que el delito prescriba. En otros casos, muchas víctimas que sufrieron abuso en su infancia suelen atreverse a dar el paso en la madurez. Para entonces, la justicia ve estos actos delictivos como prescritos. Se procede al silencio legal dejando a la persona en completo desamparo.

Son situaciones realmente complejas. Estos hombres y mujeres no pueden cerrar esa etapa de sufrimiento. Esta infancia perdida. Ni aún menos dar el paso hacia el perdón.

El abuso sexual: los agresores habitan en los entornos más cercanos

Según la “Asociación para el tratamiento del abuso y el maltrato en la infancia” de Bilbao (España) gran parte de las personas que han sufrido abusos en la infancia nunca llegan a denunciar los hechos. Si esto es así, es por un hecho muy concreto. En el 90% de los casos los agresores están en el propio seno familiar, en el propio entorno de “confianza” de la víctima.

Denunciar supone, en muchos casos, crear un impacto, romper un equilibrio. Significa, además, tener que afrontar unas consecuencias imprevisibles. Si además tenemos en cuenta que muchos de estos abusos se dan en niños o adolescentes, la capacidad de reacción es más limitada y dramática. Como madres, como padres, es vital atender el comportamiento de nuestros hijos para intuir cualquier señal que pueda indicar un abuso.

Otro de los escenarios en los que ocurren abusos con una frecuencia notable es en los propios centros escolares. Maestros, profesores o entrenadores deportivos suelen ser también los responsables de que muchos niños y niñas sean ahora adultos rotos, personas fragmentadas que deben hacer frente a diversos problemas psicológicos.

Secuelas que les impiden poder vivir con dignidad. Su día a día está marcado por un solo propósito: sanar una infancia perdida. Cauterizar heridas.

Tal y como hemos señalado al inicio, muchos de estos dramas jamás obtendrán justicia. Hasta hace solo unas décadas ir a denunciar al pederasta suponía en muchos casos “no ser creído”, ser acusado. En la actualidad, volver a denunciar aquello que ocurrió hace 15 o 20 años es, en ocasiones, reabrir una herida que se curó mal con unas esperanzas inciertas de que la justicia sea realmente justa.

Los únicos delitos que no prescriben son los de “lesa humanidad y de genocidio, de terrorismo“. Se necesita por tanto, una reforma que proteja y dé justicia a las víctimas y no a los abusadores.

¿Estoy en mi derecho de no perdonar al abusador?

Estamos en nuestro pleno derecho a perdonar o no a quien una vez, nos hizo daño. Ahora bien, la experiencia clínica nos dice que es recomendable. Supone, ante todo, sanar emocionalmente y cortar el vínculo del dolor. Sin embargo, el perdón solo puede darse en la última fase del duelo. Si la víctima no ha efectuado ese camino interno, complejo y desgarrador, difícilmente podrá efectuarse esta desvinculación, esta necesitada liberación del sufrimiento.

El abuso en la infancia y la dificultad de ofrecer el perdón

Sufrir abuso en la infancia supone:

  • Experimentar abusos sexuales en la infancia supone una devastación total. Se interrumpe la construcción de nuestra identidad, de nuestra autoestima, se arrancan las raíces de una vida y en ocasiones, hasta la confianza hacia los adultos.

  • Este trauma genera alteraciones a nivel cerebral, produciendo déficits de atención, hiperactividad, depresión nerviosa…

  • Más tarde, a las alteraciones de sueño le pueden seguir lo desórdenes alimenticios, así como secuelas emocionales, sociales y sexuales.

  • En caso de no recibir atención psicológica de forma temprana, esa fragmentación interna nos acompañará de por vida.

Nadie puede ofrecer el perdón en estas condiciones. Hay que poner cada pieza en su lugar para que una vez en pie, seamos capaces de mirarnos al espejo con coraje. Solo entonces, y una vez superado el duelo, tendremos los mecanismos para decidir si queremos o no ofrecer el perdón. Estamos en nuestro pleno derecho.

  • Cabe señalar una vez más que perdonar siempre será recomendable en estos procesos. No obstante, hay que tener en cuenta que perdonar no es ignorar el daño causado. Perdonar tampoco significa olvidar. Ni aún menos que el agresor quede exime del acto cometido.

El perdón es cortar el hilo del sufrimiento para cerrar una etapa. Es actuar con resiliencia para recordarnos que, efectivamente, merecemos ser felices y no víctimas eternas de alguien que eligió hacernos daño.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “5 Tácticas de abuso emocional que suelen pasar inadvertidas

El psiquiatra Claudio Naranjo revela cómo curar las heridas de la infancia

claudio-naranjoUna inagotable fuente de sabiduría, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo explica en una entrevista concedida a RT porqué a día de hoy sólo sabemos comunicarnos con nuestros hijos a través de la violencia, cómo se pueden curar las heridas de la infancia para que no nos amarguen la vida cuando ya somos adultos y por qué el amor al prójimo no funciona si no se tiene amor propio. Vean las respuestas a todo esto y a mucho más en esta entrañable charla en RT.

En una entrevista exclusiva con RT, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo ha afirmado que cuando un psicoterapeuta ayuda a un adulto normalmente ello habla de multitud de carencias que de niño no vio satisfechas. “Aparece el reclamo del niño que vive dentro del adulto, empieza a quejarse de lo que no supo quejarse cuando era niño”, explica.

“Hay que sentir la rabia”

Según Naranjo, es tremendamente importante que los adultos sean capaces de despertar a ese “niño interior enojado con la frustración de su padre o madre”, el cual pueda incluso “llegar a acusarles” y que sean capaces de sentir la rabia aparentemente irracional” que tenían de pequeños. “Porque sin el permiso de sentir esa rabia, uno vive como un animal castrado, asevera.

El psiquiatra chileno asegura que los seres humanos “Somos como esos leones del circo a los que obligan a pasar por un circo ardiente a costa de hambre y del látigo”. “Todo animal puede ser domesticado, llega un momento en el que el animal se rinde. Así pasa con la vida humana también, a los adultos hay que devolverles la recuperación del dolor y de la rabia infantil para que vuelvan a estar enteros”, constata.

El camino hacia el amor

“Para amar hay que tener la libertad de decir sí o no, no puede ser uno un animal domesticado”, afirma Naranjo, añadiendo que hay que salirse de las frases tipo “tengo que ser un niño bueno” o “tengo que amar a mi padre o a mi madre. El experto hace hincapié en que “solo desde ahí se puede propiamente recuperar el amor”.

“La rabia incondicional es como el comienzo de una nueva libertad”, apunta. En este sentido, el psiquiatra destaca que hay una contradicción en la ética cristiana, “que predica el amor al prójimo pero no predica el amor por uno mismo. Dice:ama al prójimo como a ti mismo, pero en la práctica es como si el mensaje que transmite la cultura es: ‘no te ames a ti mismo’, recuerda. “El problema con eso es que no funciona el amor al prójimo si no hay amor por uno mismo, añade.

“Somos víctimas de una sociedad enferma”

“Todos somos víctimas de una sociedad enferma“. “La civilización es la respuesta a una situación traumática del mundo, una respuesta a una época en la que hubo una gran escasez”, explica el psiquiatra. En ese sentido, Naranjo afirma que lo que hoy llamamos “mundo civilizado” es “inmoral” y malvado porque no se quiere al prójimo.

“No se tiene sentido del bien común, es como si se estuviera sufriendo imaginariamente que se va a acabar la comida o el territorio, lamenta.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Las 5 heridas que impiden ser uno mismo

Mujer muere y vuelve a la vida con este potente mensaje

mujer-muere-yAnita Moorjani, autora de ”Dying to Be Me“, fue diagnosticada de cáncer en la etapa 4, vivió con él y luego murió debido a esta enfermedad. ¡Pero ella literalmente volvió de entre los muertos!

Entonces, ¿qué pasó? Moorjani estaba luchando contra esta terrible enfermedad, el linfoma de Hodgkin, hace cuatro años, cuando, de repente, una mañana, ella realmente despertó y sintió que se quedaba paralizada. En consecuencia, su marido la llevó inmediatamente al hospital.

Su cuerpo se estaba apagando, y los médicos dijeron que tenía sólo 36 horas de vida. Ella finalmente perdió el conocimiento, pero recuerda que aún estaba al tanto de todo lo que estaba sucediendo no sólo en torno a ella. Ella recuerda cómo podía ver todo lo que ocurría a su alrededor, a través de un nivel mucho más profundo de la conciencia.

Podía ver todo lo que ocurría, pero podía sentirlo también. Ella recuerda una profunda sensación de paz y tranquilidad en el mundo entero, pero también sentir su dolor al mismo tiempo. Ella entendió porqué había padecido el cáncer y ella entiende el significado más profundo y el propósito de la vida y se dio cuenta de que podía volver de lamuerte y vivir de nuevo.

Los médicos aún hoy en día no pueden explicar lo que realmente le pasó a ella. Moorjani recuerda; “Los médicos estaban muy confusos, pero me dijeron que debe haber sido una respuesta rápida a la quimioterapia”

Debido a que ellos mismos no eran capaces de entender lo que estaba pasando, me hicieron pasar a través de una prueba tras otra, todas las cuales pasé con distinción . Hice un examen completo del cuerpo, y no podía creer que no encontraran nada, hicieron que el radiólogo lo repitiese de nuevo.

“Moorjani también explica la profundidad de su increíble experiencia; “… De hecho, me ”pasé“ a otra dimensión. Yo estaba envuelta en una sensación total de amor.

También experimenté extrema claridad de porqué tenía cáncer, he obtenido en este estado información muy valiosa y es casi indescriptible, no hay palabras para describir la experiencia.

Yo estaba en un lugar donde entendí mucho más allá de lo que somos capaces de diseñar en nuestro mundo tridimensional. Me di cuenta de que ésta es la vida, y estaba rodeada de seres espirituales de amor, que siempre estuvieron a mi alrededor, incluso cuando no lo sabía…

(Activar los subtítulos en español en la parte de abajo del vídeo, a la derecha)

*Si lo desea, puede leer la publicación: La física demuestra que hay vida después de la muerte “pero nuestra mente no lo ve”

Ser raro o una minoría, lo más saludable

ser-raroEn una sociedad en la que formar parte de la masa no permite que el ser humano avance racional, emocional y culturalmente, ser parte de una minoría no es un síntoma de fracaso social. Muy al contrario, formar parte de una minoría te hace parte de la sociedad como individuo de una forma autónoma y relevante, algo que la gente que forma parte de la gran manada no puede apenas ni plantearse.

Cuando seguir las reglas es perpetuar la injusticia, mantener las tradiciones es cultivar lo obsoleto y socializar es topar frontalmente con un sentimiento de vacío, frenar la marcha y cambiar de dirección no es una locura. Es más, podríamos decir que es un signo de actividad mental y en algunos casos de coherencia entre acciones y pensamientos.

Formar parte de una minoría no es apartarte de la vida de los demás, del mundo. Formar parte de una minoría y ser selectivo con las personas con las que te relacionas es tomar fuerza, perspectiva y determinación, con el objetivo de promover cambios positivos en la sociedad en la que vives.

LOS EXPERIMENTOS SOBRE MINORÍAS DE MOSCOVICI

Moscovici, Lage y Naffechoux (1969) realizaron un experimento que demostró que bajo determinadas condiciones es posible que una minoría influya sobre el criterio de la mayoría y eso se puede dar gracias a dos factores principales: la consistencia a través del tiempo de sus opiniones y por la unión del grupo alrededor de sus planteamientos.

La tarea consistía en determinar el color y la intensidad luminosa de una serie de diapositivas que en realidad eran todas azules. En la condición de minoría consistente, los cómplices del investigador respondían “verde” en todas las ocasiones, lo cual les hacía ser totalmente consistentes en su opinión. En la condición de “no consistencia” respondían “verde” solo en 24 ocasiones. En la condición de control los sujetos eran todos ingenuos.

Cuando el comportamiento de la minoría es consistente, los sujetos de la mayoría contestaron “verde” un 8,42% de las veces y un 32% mencionó en alguna ocasión el color verde. Esto demuestra que la influencia de la minoría en la mayoría es clara cuando se percibe consistencia y seguridad en su postura.

Sé como la flor de Loto: renace cada día e imponte a la adversidad

la-flor-de-lotoLa naturaleza es tan apasionante que nos da las respuestas más inesperadas cuando ni tan siquiera creíamos que podían existir más allá de nuestra mente, de nuestra esperanza y de nuestro deseo por seguir adelante. Lejos de mostrar una realidad monótona y predecible, cada rincón en el que la naturaleza brota con libertad nos deja una nueva enseñanza sobre lo que significa habitar este mundo.

No sólo es generosa para con la ciencia, sino con nuestros sentidos y con nuestra espiritualidad. Tanto es así que, en la gran variedad de manifestaciones, especies y fenómenos que produce, nos encontramos con auténticas lecciones de cómo afrontar la vida. Auténticas teorías psicológicas sin control de variables ni análisis de fiabilidad o validez, pero que encierran un mensaje cuya belleza y significado es indiscutible.

De entre todos los fenómenos infinitos y curiosos de la naturaleza se encuentra la flor de Loto. Un fenómeno “sui géneris” que resulta una metáfora apasionante sobre la vida y las adversidades a las que hacemos frente cada día.

LA FLOR DE LOTO

La flor de Loto es un tipo de lirio de agua, cuyas raíces tienen su base en el fango y en el lodo de lagunas y lagos. La flor de loto posee la semilla con mayor longevidad y resistencia: puede aguantar hasta 30 siglos antes de florecer sin perder su fertilidad.

 La flor de loto es símbolo de la pureza y belleza que puede surgir de un terreno pantanoso.

Esta hermosa flor emerge y se nutre del barro, en ciénagas o lugares pantanosos y cuando florece se eleva sobre el lodo. En la noche, los pétalos de la flor se cierran y la flor se sumerge bajo el agua. Se cierra para hundirse en el agua pero al amanecer se alza de nuevo sobre al agua sucia, intacta y sin restos de impureza por la disposición de sus pétalos en forma espiral.

2885110670_757478f74e_thumb5La flor de loto tiene la peculiaridad de ser la única flor que es fruto al mismo tiempo: el fruto tiene forma de cono invertido y está en su interior. Cuando la flor está cerrada no huele, pero cuando se abre su aroma recuerda al jacinto. Muchos consideran su aroma hipnótico, capaz de alterar los estados de la conciencia.

MITOLOGÍAS SOBRE LA FLOR DE LOTO

La fascinación por esta flor ha hecho que esta sea un símbolo fundamental para multitud de civilizaciones a lo largo de la historia. La flor de Loto es considerada sagrada y uno de los símbolos más antiguos con múltiples significados para los países de Oriente, aunque también encontramos múltiples referencias a ellas en el mundo occidental.

En la mitología griega, los lotófagos eran un pueblo mítico que los antiguos identificaban con los habitantes de una población al nordeste de África. Cuenta la leyenda que una bella Diosa se perdió en un bosque hasta llegar a un lugar donde abundaba el fango, denominado loto, donde se hundió.

Este espacio había sido creado por los Dioses para los seres cuyo destino había sido fracasar  en la vida. Sin embargo, la joven luchó durante miles de años hasta que logró salir de allí convertida en una bella flor de loto, simbolizando el triunfo de la perseverancia ante situaciones adversas.

En el ámbito budista, el loto sirve como asiento o trono para Buda o los Budas e indica un nacimiento divino. En el mundo cristiano, la flor de loto es el lirio blanco que significa tanto fertilidad como pureza.

Tradicionalmente, el Arcángel Gabriel lleva a la Virgen María el lirio de la Anunciación.

LA FLOR DE LOTO Y SU SIGNIFICADO PARA LA PSICOLOGÍA

La flor de Loto simboliza el poder de la resistencia psicológica como capacidad para transformar la adversidad en potencialidad. Suzanne C. Kobasa, psicóloga de la Universidad de Chicago, dirigió varias investigaciones en las que detectó que los individuos con personalidad resistente tienen una serie de características en común. Suelen ser personas de gran compromiso, control y orientadas al reto.

“Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida, y han encontrado su forma de salir de las profundidades” -Elisabeth Kubler Ross-

Más tarde esta explicación fue reconceptualizada con el término resiliencia, la esencia de la personalidad resistente. La resiliencia se suele definir como la capacidad de los individuos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y grandes adversidades.

La flor de Loto supone una magnífica metáfora de cómo existen personas capaces de plegar el dolor y desplegarlo posteriormente en forma de serenidad, autocontrol y persistencia.

  • Fuente: Cristina Roda Rivera (Psicóloga, especialista Máster en Psicología clínica y social) lamenteesmaravillosa.com

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No es lo que viviste, sino cómo lo asimilaste

no-es-lo-que-vivisteSe ha comprobado, a través de diferentes estudios, que los recuerdos no son inmutables, sino que dentro de ellos hay distorsiones y creaciones propias. Esto, en otras palabras, significa que lo que viviste en el pasado deja una huella que no recuerdas con exactitud, sino en función de la interpretación que construyas para comprender lo que ocurrió.

En realidad, el hilo conductor de la mayoría de nuestros recuerdos no fueron los hechos en sí, sino el significado que tuvieron para nosotros. Veamos esto con un ejemplo. Dos personas fueron abandonadas por sus padres cuando eran muy pequeñas. Ambas sufren un gran impacto por esto, pero una de ellas emprende un proceso para comprender cómo y por qué ocurrió.

Años más tarde, esta persona recuerda todo como un suceso triste, pero conoce y entiende las circunstancias en las que se produjo. En cambio la otra persona, que no ha digerido la experiencia, simplemente tiene recuerdos vagos e imprecisos, pero también una fuerte sensación de dolor y rencor.

Así que, en últimas, nunca se trata de lo que viviste, sino de la forma como has logrado asimilar esa situación. Buena parte de las causas para sentir tristeza o ansiedad están en esas vivencias del pasado que, por no haber sido digeridas, siguen siendo un factor que influencia la vida de manera negativa.

Los seres humanos no somos una computadora que simplemente acumula datos y los tiene a disposición. El recuerdo juega un papel muy especial en la vida de los seres humanos. El pasado es en realidad un concepto complejo porque, aunque se trata de algo que ya viviste, puede tener una fuerza muy importante en tu presente. Incluso aunque no te des cuenta de ello.

chico con corona

 Aquí podemos utilizar la vieja metáfora del edificio. Primero se hacen los cimientos y luego se debe construir sobre ellos una y otra plantas. Si los cimientos no quedaron bien hechos, probablemente uno de esos pisos comience a agrietarse, sin que haya razón aparente. O el edificio en su conjunto puede comenzar a hundirse o derrumbarse en caso de terremoto.

Esto es exactamente lo que pasa con un ser humano. Las bases de lo que uno es se construyen en los primeros años de vida, que son, por lo general, los que casi todos hemos olvidado. De ahí en adelante, cada experiencia se suma y se interpreta, de acuerdo con esa conciencia de base que ya está formada. Y si los cimientos están afectados, por alguna razón, es posible que ya en la vida adulta aparezca esa grieta o esa inestabilidad que puede poner en riesgo todo.

Lo bueno de todo esto es que aunque se pueda hacer la metáfora del edificio para comprender, el ser humano es mucho más complejo, pero, a la vez, más flexible. Lo que ocurrió en el pasado puede leerse de una manera más constructiva y provechosa, gracias a la comprensión. Es decir que lo que viviste puede dar lugar a hacerte mejor o peor, todo depende de cómo lo interpretes.

LO QUE VIVISTE SE PUEDE REINTERPRETAR

Por naturaleza, tendemos a eludir y a intentar olvidar las experiencias negativas. Si viviste un abandono, un rechazo, o una experiencia traumática, lo más seguro es que trates de ponerla a un lado y de no pensar mucho en ella, para no sumergirte en una cadena de pensamientos que poco aportan a tu bienestar emocional.

Sin embargo, cuando no te das tiempo para asimilar eso que viviste, en lugar de olvidar realmente, lo que consigues es mantener viva esa experiencia en tu inconsciente. Esto se traduce en esas tristezas o esas angustias para las que no parece haber explicación.

Más que lo que viviste, lo importante es la forma como has estructurado el recuerdo. Si eliges una perspectiva victimista para interpretar lo ocurrido, tus experiencias pasadas las verás a través de ese lente de la autoconmiseración. Si escoges una visión defensiva, lo que viviste solo será una razón más para desconfiar de los demás o para estar en actitud de revancha hacia las personas, aunque no te hayan hecho nada.

Es importante aprender a deconstruir lo que viviste. Esto quiere decir, que debes tomar los hechos ocurridos y asumir un punto de vista que te lleve a la comprensión. No solamente tomar en cuenta lo sucedido, sino tratar de ubicarte en la posición de quienes pueden haberte hecho daño.

Quizás descubras que lo que los motivó no fue la crueldad o el egoísmo, sino sus propias limitaciones o frustraciones. Tal vez también entiendas que la mejor manera de hacerte justicia no es olvidar, sino aprender a mirarte como alguien que pasó por una experiencia negativa, pero que también merece superarla y ser feliz.

La propia experiencia es el mejor aprendizaje

*Si lo desea, puede leer la publicación: ¿Qué pasa cuando el cielo se nos viene abajo?

No le debes explicaciones a nadie, rinde cuentas contigo misma

No des explicaciones.A veces adoptamos el método judicial para con nosotros mismos. Somos los justicieros de nuestra mente, sometiéndola a continuo escrutinio y juicio, demandando explicaciones. No contentos con eso, en la mayoría de las ocasiones brindamos la posibilidad de que sean otras personas las que nos evalúen o juzguen, con el riesgo de que sus opiniones o juicios sean totalmente desafortunados.

No debes buscar en el exterior explicaciones y respuestas que solo tú puedes darte, de forma íntima y sosegada. Quien hace más caso de lo que le dicen que le falta, se encuentra lejos de saber lo que necesita. Lo cierto es que las almas puras y las mentes ocupadas no cuentan con tiempo ni ganas para meterse en la vida de nadie y las personas seguras de sí mismas no permiten que nadie lo haga.

Debes rendir cuentas contigo mismo/a pero no de una forma inquisidora, sino de una forma abierta y franca. Sólo cada uno de nosotros conocemos el porqué de cada una de nuestras acciones, decisiones, alegrías y sufrimiento. Están en el plano de lo subjetivo, de lo íntimo, de lo que sólo nosotros sabemos de nosotros mismos.

Nuestra vida, nuestras propias explicaciones

A veces nos decimos que otros en nuestra misma situación hubieran actuado de la misma forma, pero eso en realidad carece de fundamentación y de importancia. La comparación con el resto del mundo es inútil si lo que en realidad buscamos es la paz interior y no la aprobación social.

Lo que conduce al desarrollo emocional es buscar la paz con nosotros mismos, no la aprobación de los demás, tan cambiante y subjetiva como la nuestra.

Tenemos que intentar que nuestro corazón sirva de ayuda a la complicada tarea que tiene nuestra memoria de integrar emocionalmente lo que hemos vivido a lo largo de nuestra vida. Evitar buscar la coherencia en todo lo que hemos hecho, ponerle una etiqueta, para optar por descubrir si nuestras acciones revelan la búsqueda de una razón, un sentimiento, un anhelo o el deseo de evitar un fracaso, una crítica o el dolor.

A veces nuestra historia tiene múltiples interpretaciones e incógnitas, pero siempre cuenta con un denominador común: superar miedos, liberarnos de capas, nadar a contracorriente de nuestros traumas y fantasmas, buscar el amor, evitar la soledad.

Si la vida no es siempre coherente y justa, qué hacemos pidiéndole tantas explicaciones. Los demás tampoco lo son, así que solo nos vale nuestra propia reflexión. Las explicaciones tienen que surgir de mí si me sirven para explicar algo que siempre me ha perturbado. Mis propias preguntas con mis propias respuestas.

Rendir cuentas con uno mismo no es castigarse, es reconciliarse

Existe algo que casi todos albergamos: el recuerdo de una buena época, la huella de un triunfo que parecía imposible, una colección de días excitantes y llenos de sentido. Aunque muchos días nos dejen huérfanos de ilusión y de esperanza, todos tenemos buenos recuerdos y actuaciones que nos hacen sentirnos orgullosos de nosotros mismos.

Es prácticamente imposible que todo lo vivido por una persona haya sido negativo. A veces un simple paseo por la playa sintiéndote libre vale el sentido de una vida. Una pasión vivida en el pasado guarda el motivo más valioso por el que querer mejorar, progresar y evolucionar.

Reconciliarse con uno mismo es susurrarse bajito y a escondidas, sin que los demás sepan y puedan escucharte. Reconciliarse con uno mismo es saber cantarse uno mismo “las cuarenta”, sin que duela tanto que impida que algo nuevo y bueno nazca en ti. Porque no se nace sabiendo, sino que vivimos aprendiendo. Porque saber volar es asentar los pies en el suelo y saber cómo tienes que mover tus alas para llegar alto.

Porque nadie sabe lo que quieres ni tampoco intuye lo que necesitas. Reconciliarse con uno mismo es mirar una foto de antaño, en la que todavía no sabías lo que esperaban los demás pero intuías lo que deseabas para ti mismo.

Sin filtros ni desengaños, reconciliarse con uno mismo es saber que lo que ansiaba tu mirada de niño son tus valores de hoy y por lo que seguirás luchando, pese a quien le pese y superando los desengaños.

A veces las decepciones, causadas por lo que no fuimos del todo antes, son el motor que nos guía para poder ser lo que siempre quisimos: alguien valiente que lucha por lo que quiere, que arriesga sin miedo a perder y con la certeza de que lo que apuesta no vale menos que lo que anhela.

Si las opiniones de los demás no te definen, no sigas otorgándoles más valor que tus propias acciones. No hay edad para partir de cero, ni tampoco un número de caídas reglamentarias que nos impidan seguir adelante. Da igual el tiempo que hayas estado dando rodeos, si al final has terminado por visualizar lo que quieres para ti. No rindas tantas cuentas frente a los demás y rinde más en lo que te apasiona. Tu vida y la de los que te quieren te lo terminarán agradeciendo.

  • Cristina Roda Rivera. (Psicóloga, Especialista Máster en Psicología clínica y social)
  • Fuente: lamenteesmaravillosa.com

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