Cuando el perdón no cicatriza las heridas del abuso sexual

abuso-sexualA menudo, suele decirse que no hay peor herida que la que deja la vivencia de una guerra. Sin embargo, las cicatrices que inflige el abuso sexual son muy semejantes, ahí donde el perdón no siempre ayuda ni cauteriza. Sobre todo, si no existe una ayuda efectiva por parte de la justicia, ni apoyo social y emocional del entorno más cercano.

Un hecho muy común en materia de abuso infantil y juvenil es que las víctimas tardan mucho en denunciar los hechos. Pueden pasar varios años, décadas incluso. Cuando logran dar el paso para hallar por fin esa necesitada paz interior, se encuentran muchas barreras, dificultades e incluso cierto rechazo estructural: “¿Y ahora para qué, después de tanto tiempo?, ¿qué espera sacar con ello?”

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produjo dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento” -Victor Frankl-

No podemos olvidar tampoco que toda víctima de abuso sexual debe pasar por un delicado duelo en el que pueda integrar en su historia vital lo que le ha sucedido. Ese trauma. Sin embargo, deben darse ciertos procesos previos en su entorno para facilitar este avance. Se necesita apoyo, reconocimiento y justicia. Sin embargo, algo que se da con demasiada frecuencia es que las propios organismos sociales no se ajustan a estas necesidades.

Tanto es así, que hay muchas denuncias por abuso sexual que acaban prescribiendo. Las resoluciones pueden tardar años en dictar resolución, hasta el punto de que el delito prescriba. En otros casos, muchas víctimas que sufrieron abuso en su infancia suelen atreverse a dar el paso en la madurez. Para entonces, la justicia ve estos actos delictivos como prescritos. Se procede al silencio legal dejando a la persona en completo desamparo.

Son situaciones realmente complejas. Estos hombres y mujeres no pueden cerrar esa etapa de sufrimiento. Esta infancia perdida. Ni aún menos dar el paso hacia el perdón.

El abuso sexual: los agresores habitan en los entornos más cercanos

Según la “Asociación para el tratamiento del abuso y el maltrato en la infancia” de Bilbao (España) gran parte de las personas que han sufrido abusos en la infancia nunca llegan a denunciar los hechos. Si esto es así, es por un hecho muy concreto. En el 90% de los casos los agresores están en el propio seno familiar, en el propio entorno de “confianza” de la víctima.

Denunciar supone, en muchos casos, crear un impacto, romper un equilibrio. Significa, además, tener que afrontar unas consecuencias imprevisibles. Si además tenemos en cuenta que muchos de estos abusos se dan en niños o adolescentes, la capacidad de reacción es más limitada y dramática. Como madres, como padres, es vital atender el comportamiento de nuestros hijos para intuir cualquier señal que pueda indicar un abuso.

Otro de los escenarios en los que ocurren abusos con una frecuencia notable es en los propios centros escolares. Maestros, profesores o entrenadores deportivos suelen ser también los responsables de que muchos niños y niñas sean ahora adultos rotos, personas fragmentadas que deben hacer frente a diversos problemas psicológicos.

Secuelas que les impiden poder vivir con dignidad. Su día a día está marcado por un solo propósito: sanar una infancia perdida. Cauterizar heridas.

Tal y como hemos señalado al inicio, muchos de estos dramas jamás obtendrán justicia. Hasta hace solo unas décadas ir a denunciar al pederasta suponía en muchos casos “no ser creído”, ser acusado. En la actualidad, volver a denunciar aquello que ocurrió hace 15 o 20 años es, en ocasiones, reabrir una herida que se curó mal con unas esperanzas inciertas de que la justicia sea realmente justa.

Los únicos delitos que no prescriben son los de “lesa humanidad y de genocidio, de terrorismo“. Se necesita por tanto, una reforma que proteja y dé justicia a las víctimas y no a los abusadores.

¿Estoy en mi derecho de no perdonar al abusador?

Estamos en nuestro pleno derecho a perdonar o no a quien una vez, nos hizo daño. Ahora bien, la experiencia clínica nos dice que es recomendable. Supone, ante todo, sanar emocionalmente y cortar el vínculo del dolor. Sin embargo, el perdón solo puede darse en la última fase del duelo. Si la víctima no ha efectuado ese camino interno, complejo y desgarrador, difícilmente podrá efectuarse esta desvinculación, esta necesitada liberación del sufrimiento.

El abuso en la infancia y la dificultad de ofrecer el perdón

Sufrir abuso en la infancia supone:

  • Experimentar abusos sexuales en la infancia supone una devastación total. Se interrumpe la construcción de nuestra identidad, de nuestra autoestima, se arrancan las raíces de una vida y en ocasiones, hasta la confianza hacia los adultos.

  • Este trauma genera alteraciones a nivel cerebral, produciendo déficits de atención, hiperactividad, depresión nerviosa…

  • Más tarde, a las alteraciones de sueño le pueden seguir lo desórdenes alimenticios, así como secuelas emocionales, sociales y sexuales.

  • En caso de no recibir atención psicológica de forma temprana, esa fragmentación interna nos acompañará de por vida.

Nadie puede ofrecer el perdón en estas condiciones. Hay que poner cada pieza en su lugar para que una vez en pie, seamos capaces de mirarnos al espejo con coraje. Solo entonces, y una vez superado el duelo, tendremos los mecanismos para decidir si queremos o no ofrecer el perdón. Estamos en nuestro pleno derecho.

  • Cabe señalar una vez más que perdonar siempre será recomendable en estos procesos. No obstante, hay que tener en cuenta que perdonar no es ignorar el daño causado. Perdonar tampoco significa olvidar. Ni aún menos que el agresor quede exime del acto cometido.

El perdón es cortar el hilo del sufrimiento para cerrar una etapa. Es actuar con resiliencia para recordarnos que, efectivamente, merecemos ser felices y no víctimas eternas de alguien que eligió hacernos daño.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “5 Tácticas de abuso emocional que suelen pasar inadvertidas

El psiquiatra Claudio Naranjo revela cómo curar las heridas de la infancia

claudio-naranjoUna inagotable fuente de sabiduría, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo explica en una entrevista concedida a RT porqué a día de hoy sólo sabemos comunicarnos con nuestros hijos a través de la violencia, cómo se pueden curar las heridas de la infancia para que no nos amarguen la vida cuando ya somos adultos y por qué el amor al prójimo no funciona si no se tiene amor propio. Vean las respuestas a todo esto y a mucho más en esta entrañable charla en RT.

En una entrevista exclusiva con RT, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo ha afirmado que cuando un psicoterapeuta ayuda a un adulto normalmente ello habla de multitud de carencias que de niño no vio satisfechas. “Aparece el reclamo del niño que vive dentro del adulto, empieza a quejarse de lo que no supo quejarse cuando era niño”, explica.

“Hay que sentir la rabia”

Según Naranjo, es tremendamente importante que los adultos sean capaces de despertar a ese “niño interior enojado con la frustración de su padre o madre”, el cual pueda incluso “llegar a acusarles” y que sean capaces de sentir la rabia aparentemente irracional” que tenían de pequeños. “Porque sin el permiso de sentir esa rabia, uno vive como un animal castrado“, asevera.

El psiquiatra chileno asegura que los seres humanos “Somos como esos leones del circo a los que obligan a pasar por un circo ardiente a costa de hambre y del látigo”. “Todo animal puede ser domesticado, llega un momento en el que el animal se rinde. Así pasa con la vida humana también, a los adultos hay que devolverles la recuperación del dolor y de la rabia infantil para que vuelvan a estar enteros”, constata.

El camino hacia el amor

“Para amar hay que tener la libertad de decir sí o no, no puede ser uno un animal domesticado”, afirma Naranjo, añadiendo que hay que salirse de las frases tipo “tengo que ser un niño bueno” o “tengo que amar a mi padre o a mi madre. El experto hace hincapié en que “solo desde ahí se puede propiamente recuperar el amor”.

“La rabia incondicional es como el comienzo de una nueva libertad”, apunta. En este sentido, el psiquiatra destaca que hay una contradicción en la ética cristiana, “que predica el amor al prójimo pero no predica el amor por uno mismo. Dice: ‘ama al prójimo como a ti mismo’, pero en la práctica es como si el mensaje que transmite la cultura es: ‘no te ames a ti mismo’, recuerda. “El problema con eso es que no funciona el amor al prójimo si no hay amor por uno mismo“, añade.

“Somos víctimas de una sociedad enferma”

“Todos somos víctimas de una sociedad enferma. “La civilización es la respuesta a una situación traumática del mundo, una respuesta a una época en la que hubo una gran escasez”, explica el psiquiatra. En ese sentido, Naranjo afirma que lo que hoy llamamos “mundo civilizado” es “inmoral” y malvado porque no se quiere al prójimo.

“No se tiene sentido del bien común, es como si se estuviera sufriendo imaginariamente que se va a acabar la comida o el territorio, lamenta.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Las 5 heridas que impiden ser uno mismo

Mujer muere y vuelve a la vida con este potente mensaje

mujer-muere-yAnita Moorjani, autora de ”Dying to Be Me“, fue diagnosticada de cáncer en la etapa 4, vivió con él y luego murió debido a esta enfermedad. ¡Pero ella literalmente volvió de entre los muertos!

Entonces, ¿qué pasó? Moorjani estaba luchando contra esta terrible enfermedad, el linfoma de Hodgkin, hace cuatro años, cuando, de repente, una mañana, ella realmente despertó y sintió que se quedaba paralizada. En consecuencia, su marido la llevó inmediatamente al hospital.

Su cuerpo se estaba apagando, y los médicos dijeron que tenía sólo 36 horas de vida. Ella finalmente perdió el conocimiento, pero recuerda que aún estaba al tanto de todo lo que estaba sucediendo no sólo en torno a ella. Ella recuerda cómo podía ver todo lo que ocurría a su alrededor, a través de un nivel mucho más profundo de la conciencia.

Podía ver todo lo que ocurría, pero podía sentirlo también. Ella recuerda una profunda sensación de paz y tranquilidad en el mundo entero, pero también sentir su dolor al mismo tiempo. Ella entendió porqué había padecido el cáncer y ella entiende el significado más profundo y el propósito de la vida y se dio cuenta de que podía volver de lamuerte y vivir de nuevo.

Los médicos aún hoy en día no pueden explicar lo que realmente le pasó a ella. Moorjani recuerda; “Los médicos estaban muy confusos, pero me dijeron que debe haber sido una respuesta rápida a la quimioterapia”

Debido a que ellos mismos no eran capaces de entender lo que estaba pasando, me hicieron pasar a través de una prueba tras otra, todas las cuales pasé con distinción . Hice un examen completo del cuerpo, y no podía creer que no encontraran nada, hicieron que el radiólogo lo repitiese de nuevo.

“Moorjani también explica la profundidad de su increíble experiencia; “… De hecho, me ”pasé“ a otra dimensión. Yo estaba envuelta en una sensación total de amor.

También experimenté extrema claridad de porqué tenía cáncer, he obtenido en este estado información muy valiosa y es casi indescriptible, no hay palabras para describir la experiencia.

Yo estaba en un lugar donde entendí mucho más allá de lo que somos capaces de diseñar en nuestro mundo tridimensional. me di cuenta de que ésta es la vida, y estaba rodeada de seres espirituales de amor, que siempre estuvieron a mi alrededor, incluso cuando no lo sabía…

(Activar los subtítulos en español en la parte de abajo del vídeo, a la derecha)

*Si lo desea, puede leer la publicación: La física demuestra que hay vida después de la muerte “pero nuestra mente no lo ve”

Ser raro o una minoría, lo más saludable

ser-raroEn una sociedad en la que formar parte de la masa no permite que el ser humano avance racional, emocional y culturalmente, ser parte de una minoría no es un síntoma de fracaso social. Muy al contrario, formar parte de una minoría te hace parte de la sociedad como individuo de una forma autónoma y relevante, algo que la gente que forma parte de la gran manada no puede apenas ni plantearse.

Cuando seguir las reglas es perpetuar la injusticia, mantener las tradiciones es cultivar lo obsoleto y socializar es topar frontalmente con un sentimiento de vacío, frenar la marcha y cambiar de dirección no es una locura. Es más, podríamos decir que es un signo de actividad mental y en algunos casos de coherencia entre acciones y pensamientos.

Formar parte de una minoría no es apartarte de la vida de los demás, del mundo. Formar parte de una minoría y ser selectivo con las personas con las que te relacionas es tomar fuerza, perspectiva y determinación, con el objetivo de promover cambios positivos en la sociedad en la que vives.

LOS EXPERIMENTOS SOBRE MINORÍAS DE MOSCOVICI

Moscovici, Lage y Naffechoux (1969) realizaron un experimento que demostró que bajo determinadas condiciones es posible que una minoría influya sobre el criterio de la mayoría y eso se puede dar gracias a dos factores principales: la consistencia a través del tiempo de sus opiniones y por la unión del grupo alrededor de sus planteamientos.

La tarea consistía en determinar el color y la intensidad luminosa de una serie de diapositivas que en realidad eran todas azules. En la condición de minoría consistente, los cómplices del investigador respondían “verde” en todas las ocasiones, lo cual les hacía ser totalmente consistentes en su opinión. En la condición de “no consistencia” respondían “verde” solo en 24 ocasiones. En la condición de control los sujetos eran todos ingenuos.

Cuando el comportamiento de la minoría es consistente, los sujetos de la mayoría contestaron “verde” un 8,42% de las veces y un 32% mencionó en alguna ocasión el color verde. Esto demuestra que la influencia de la minoría en la mayoría es clara cuando se percibe consistencia y seguridad en su postura.

Sé como la flor de Loto: renace cada día e imponte a la adversidad

la-flor-de-lotoLa naturaleza es tan apasionante que nos da las respuestas más inesperadas cuando ni tan siquiera creíamos que podían existir más allá de nuestra mente, de nuestra esperanza y de nuestro deseo por seguir adelante. Lejos de mostrar una realidad monótona y predecible, cada rincón en el que la naturaleza brota con libertad nos deja una nueva enseñanza sobre lo que significa habitar este mundo.

No solo es generosa para con la ciencia, sino con nuestros sentidos y con nuestra espiritualidad. Tanto es así que, en la gran variedad de manifestaciones, especies y fenómenos que produce, nos encontramos con auténticas lecciones de cómo afrontar la vida. Auténticas teorías psicológicas sin control de variables ni análisis de fiabilidad o validez, pero que encierran un mensaje cuya belleza y significado es indiscutible.

De entre todos los fenómenos infinitos y curiosos de la naturaleza se encuentra la flor de Loto. Un fenómeno “sui géneris” que resulta una metáfora apasionante sobre la vida y las adversidades a las que hacemos frente cada día.

LA FLOR DE LOTO

La flor de Loto es un tipo de lirio de agua, cuyas raíces tienen su base en el fango y en el lodo de lagunas y lagos. La flor de loto posee la semilla con mayor longevidad y resistencia: puede aguantar hasta 30 siglos antes de florecer sin perder su fertilidad.

 La flor de loto es símbolo de la pureza y belleza que puede surgir de un terreno pantanoso.

Esta hermosa flor emerge y se nutre del barro, en ciénagas o lugares pantanosos y cuando florece se eleva sobre el lodo. En la noche, los pétalos de la flor se cierran y la flor se sumerge bajo el agua. Se cierra para hundirse en el agua pero al amanecer se alza de nuevo sobre al agua sucia, intacta y sin restos de impureza por la disposición de sus pétalos en forma espiral.

2885110670_757478f74e_thumb5La flor de loto tiene la peculiaridad de ser la única flor que es fruto al mismo tiempo: el fruto tiene forma de cono invertido y está en su interior. Cuando la flor está cerrada no huele, pero cuando se abre su aroma recuerda al jacinto. Muchos consideran su aroma hipnótico, capaz de alterar los estados de la conciencia.

MITOLOGÍAS SOBRE LA FLOR DE LOTO

La fascinación por esta flor ha hecho que esta sea un símbolo fundamental para multitud de civilizaciones a lo largo de la historia. La flor de Loto es considerada sagrada y uno de los símbolos más antiguos con múltiples significados para los países de Oriente, aunque también encontramos múltiples referencias a ellas en el mundo occidental.

En la mitología griega, los lotófagos eran un pueblo mítico que los antiguos identificaban con los habitantes de una población al nordeste de África. Cuenta la leyenda que una bella Diosa se perdió en un bosque hasta llegar a un lugar donde abundaba el fango, denominado loto, donde se hundió.

Este espacio había sido creado por los Dioses para los seres cuyo destino había sido fracasar  en la vida. Sin embargo, la joven luchó durante miles de años hasta que logró salir de allí convertida en una bella flor de loto, simbolizando el triunfo de la perseverancia ante situaciones adversas.

En el ámbito budista, el loto sirve como asiento o trono para Buda o los Budas e indica un nacimiento divino. En el mundo cristiano, la flor de loto es el lirio blanco que significa tanto fertilidad como pureza. Tradicionalmente, el Arcángel Gabriel lleva a la Virgen María el lirio de la Anunciación.

LA FLOR DE LOTO Y SU SIGNIFICADO PARA LA PSICOLOGÍA

La flor de Loto simboliza el poder de la resistencia psicológica como capacidad para transformar la adversidad en potencialidad. Suzanne C. Kobasa, psicóloga de la Universidad de Chicago, dirigió varias investigaciones en las que detectó que los individuos con personalidad resistente tienen una serie de características en común. Suelen ser personas de gran compromiso, control y orientadas al reto.

“Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida, y han encontrado su forma de salir de las profundidades” -Elisabeth Kubler Ross-

Más tarde esta explicación fue reconceptualizada con el término resiliencia, la esencia de la personalidad resistente. La resiliencia se suele definir como la capacidad de los individuos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y grandes adversidades.

La flor de Loto supone una magnífica metáfora de cómo existen personas capaces de plegar el dolor y desplegarlo posteriormente en forma de serenidad, autocontrol y persistencia.

  • Fuente: Cristina Roda Rivera (Psicóloga, especialista Máster en Psicología clínica y social) lamenteesmaravillosa.com

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Las 38 flores del Dr. Bach

No es lo que viviste, sino cómo lo asimilaste

no-es-lo-que-vivisteSe ha comprobado, a través de diferentes estudios, que los recuerdos no son inmutables, sino que dentro de ellos hay distorsiones y creaciones propias. Esto, en otras palabras, significa que lo que viviste en el pasado deja una huella que no recuerdas con exactitud, sino en función de la interpretación que construyas para comprender lo que ocurrió.

En realidad, el hilo conductor de la mayoría de nuestros recuerdos no fueron los hechos en sí, sino el significado que tuvieron para nosotros. Veamos esto con un ejemplo. Dos personas fueron abandonadas por sus padres cuando eran muy pequeñas. Ambas sufren un gran impacto por esto, pero una de ellas emprende un proceso para comprender cómo y por qué ocurrió.

Años más tarde, esta persona recuerda todo como un suceso triste, pero conoce y entiende las circunstancias en las que se produjo. En cambio la otra persona, que no ha digerido la experiencia, simplemente tiene recuerdos vagos e imprecisos, pero también una fuerte sensación de dolor y rencor.

Así que, en últimas, nunca se trata de lo que viviste, sino de la forma como has logrado asimilar esa situación. Buena parte de las causas para sentir tristeza o ansiedad están en esas vivencias del pasado que, por no haber sido digeridas, siguen siendo un factor que influencia la vida de manera negativa.

Los seres humanos no somos una computadora que simplemente acumula datos y los tiene a disposición. El recuerdo juega un papel muy especial en la vida de los seres humanos. El pasado es en realidad un concepto complejo porque, aunque se trata de algo que ya viviste, puede tener una fuerza muy importante en tu presente. Incluso aunque no te des cuenta de ello.

chico con corona

 Aquí podemos utilizar la vieja metáfora del edificio. Primero se hacen los cimientos y luego se debe construir sobre ellos una y otra plantas. Si los cimientos no quedaron bien hechos, probablemente uno de esos pisos comience a agrietarse, sin que haya razón aparente. O el edificio en su conjunto puede comenzar a hundirse o derrumbarse en caso de terremoto.

Esto es exactamente lo que pasa con un ser humano. Las bases de lo que uno es se construyen en los primeros años de vida, que son, por lo general, los que casi todos hemos olvidado. De ahí en adelante, cada experiencia se suma y se interpreta, de acuerdo con esa conciencia de base que ya está formada. Y si los cimientos están afectados, por alguna razón, es posible que ya en la vida adulta aparezca esa grieta o esa inestabilidad que puede poner en riesgo todo.

Lo bueno de todo esto es que aunque se pueda hacer la metáfora del edificio para comprender, el ser humano es mucho más complejo, pero, a la vez, más flexible. Lo que ocurrió en el pasado puede leerse de una manera más constructiva y provechosa, gracias a la comprensión. Es decir que lo que viviste puede dar lugar a hacerte mejor o peor, todo depende de cómo lo interpretes.

LO QUE VIVISTE SE PUEDE REINTERPRETAR

Por naturaleza, tendemos a eludir y a intentar olvidar las experiencias negativas. Si viviste un abandono, un rechazo, o una experiencia traumática, lo más seguro es que trates de ponerla a un lado y de no pensar mucho en ella, para no sumergirte en una cadena de pensamientos que poco aportan a tu bienestar emocional.

Sin embargo, cuando no te das tiempo para asimilar eso que viviste, en lugar de olvidar realmente, lo que consigues es mantener viva esa experiencia en tu inconsciente. Esto se traduce en esas tristezas o esas angustias para las que no parece haber explicación.

Más que lo que viviste, lo importante es la forma como has estructurado el recuerdo. Si eliges una perspectiva victimista para interpretar lo ocurrido, tus experiencias pasadas las verás a través de ese lente de la autoconmiseración. Si escoges una visión defensiva, lo que viviste solo será una razón más para desconfiar de los demás o para estar en actitud de revancha hacia las personas, aunque no te hayan hecho nada.

Es importante aprender a deconstruir lo que viviste. Esto quiere decir, que debes tomar los hechos ocurridos y asumir un punto de vista que te lleve a la comprensión. No solamente tomar en cuenta lo sucedido, sino tratar de ubicarte en la posición de quienes pueden haberte hecho daño.

Quizás descubras que lo que los motivó no fue la crueldad o el egoísmo, sino sus propias limitaciones o frustraciones. Tal vez también entiendas que la mejor manera de hacerte justicia no es olvidar, sino aprender a mirarte como alguien que pasó por una experiencia negativa, pero que también merece superarla y ser feliz.

La propia experiencia es el mejor aprendizaje

*Si lo desea, puede leer la publicación: ¿Qué pasa cuando el cielo se nos viene abajo?

No le debes explicaciones a nadie, rinde cuentas contigo misma

No des explicaciones.A veces adoptamos el método judicial para con nosotros mismos. Somos los justicieros de nuestra mente, sometiéndola a continuo escrutinio y juicio, demandando explicaciones. No contentos con eso, en la mayoría de las ocasiones brindamos la posibilidad de que sean otras personas las que nos evalúen o juzguen, con el riesgo de que sus opiniones o juicios sean totalmente desafortunados.

No debes buscar en el exterior explicaciones y respuestas que solo tú puedes darte, de forma íntima y sosegada. Quien hace más caso de lo que le dicen que le falta, se encuentra lejos de saber lo que necesita. Lo cierto es que las almas puras y las mentes ocupadas no cuentan con tiempo ni ganas para meterse en la vida de nadie y las personas seguras de sí mismas no permiten que nadie lo haga.

Debes rendir cuentas contigo mismo/a pero no de una forma inquisidora, sino de una forma abierta y franca. Sólo cada uno de nosotros conocemos el porqué de cada una de nuestras acciones, decisiones, alegrías y sufrimiento. Están en el plano de lo subjetivo, de lo íntimo, de lo que sólo nosotros sabemos de nosotros mismos.

Nuestra vida, nuestras propias explicaciones

A veces nos decimos que otros en nuestra misma situación hubieran actuado de la misma forma, pero eso en realidad carece de fundamentación y de importancia. La comparación con el resto del mundo es inútil si lo que en realidad buscamos es la paz interior y no la aprobación social.

Lo que conduce al desarrollo emocional es buscar la paz con nosotros mismos, no la aprobación de los demás, tan cambiante y subjetiva como la nuestra.

Tenemos que intentar que nuestro corazón sirva de ayuda a la complicada tarea que tiene nuestra memoria de integrar emocionalmente lo que hemos vivido a lo largo de nuestra vida. Evitar buscar la coherencia en todo lo que hemos hecho, ponerle una etiqueta, para optar por descubrir si nuestras acciones revelan la búsqueda de una razón, un sentimiento, un anhelo o el deseo de evitar un fracaso, una crítica o el dolor.

A veces nuestra historia tiene múltiples interpretaciones e incógnitas, pero siempre cuenta con un denominador común: superar miedos, liberarnos de capas, nadar a contracorriente de nuestros traumas y fantasmas, buscar el amor, evitar la soledad.

Si la vida no es siempre coherente y justa, qué hacemos pidiéndole tantas explicaciones. Los demás tampoco lo son, así que solo nos vale nuestra propia reflexión. Las explicaciones tienen que surgir de mí si me sirven para explicar algo que siempre me ha perturbado. Mis propias preguntas con mis propias respuestas.

Rendir cuentas con uno mismo no es castigarse, es reconciliarse

Existe algo que casi todos albergamos: el recuerdo de una buena época, la huella de un triunfo que parecía imposible, una colección de días excitantes y llenos de sentido. Aunque muchos días nos dejen huérfanos de ilusión y de esperanza, todos tenemos buenos recuerdos y actuaciones que nos hacen sentirnos orgullosos de nosotros mismos.

Es prácticamente imposible que todo lo vivido por una persona haya sido negativo. A veces un simple paseo por la playa sintiéndote  libre vale el sentido de una vida. Una pasión vivida en el pasado guarda el motivo más valioso por el que querer mejorar, progresar y evolucionar.

Reconciliarse con uno mismo es susurrarse bajito y a escondidas, sin que los demás sepan y puedan escucharte. Reconciliarse con uno mismo es saber cantarse uno mismo “las cuarenta”, sin que duela tanto que impida que algo nuevo y bueno nazca en ti. Porque no se nace sabiendo, sino que vivimos aprendiendo. Porque saber volar es asentar los pies en el suelo y saber cómo tienes que mover tus alas para llegar alto.

Porque nadie sabe lo que quieres ni tampoco intuye lo que necesitas. Reconciliarse con uno mismo es mirar una foto de antaño, en la que todavía no sabías lo que esperaban los demás pero intuías lo que deseabas para ti mismo.

Sin filtros ni desengaños, reconciliarse con uno mismo es saber que lo que ansiaba tu mirada de niño son tus valores de hoy y por lo que seguirás luchando, pese a quien le pese y superando los desengaños.

A veces las decepciones, causadas por lo que no fuimos del todo antes, son el motor que nos guía para poder ser lo que siempre quisimos: alguien valiente que lucha por lo que quiere, que arriesga sin miedo a perder y con la certeza de que lo que apuesta no vale menos que lo que anhela.

Si las opiniones de los demás no te definen, no sigas otorgándoles más valor que tus propias acciones. No hay edad para partir de cero, ni tampoco un número de caídas reglamentarias que nos impidan seguir adelante. Da igual el tiempo que hayas estado dando rodeos, si al final has terminado por visualizar lo que quieres para ti. No rindas tantas cuentas frente a los demás y rinde más en lo que te apasiona. Tu vida y la de los que te quieren te lo terminarán agradeciendo.

  • Cristina Roda Rivera. (Psicóloga, Especialista Máster en Psicología clínica y social)
  • Fuente: lamenteesmaravillosa.com

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Para ser feliz debes aprender a ignorar a muchas personas

5 cosas que lamenta la gente antes de morir

Antes de morirGran parte de mi vida la he dedicado a los cuidados paliativos. Como enfermera, he tratado con muchas personas a las que los médicos habían desahuciado y que habían sido enviadas a sus hogares a pasar sus últimos días. Poco antes de morir, la mayoría de la gente se lamenta por lo que había hecho o dejado de hacer durante su vida. Algunos sentían muy fuertes arrepentimientos. He vivido experiencias humanamente muy intensas y emotivas con estas personas con las que compartí sus últimos meses de vida.

Cuando la propia muerte se aproxima de manera inexorable, la mayoría de las personas no pierde el tiempo en cosas superficiales, sino que se enfoca en lo que realmente es importante en la vida.

De algunos enfermos terminales, incluso, podría decir que este proceso les ha impulsado a un crecimiento personal sorprendente. Casi todos ellos pasaron por una auténtica montaña rusa de emociones: desde la inicial incredulidad sobre su diagnóstico, pasando por la rabia, el miedo y el remordimiento por lo que creían que iban a dejar pendiente hasta la aceptación final. En la mayoría de los casos, este proceso en el que les pude acompañar les llevó hasta una gran paz interior, un estar bien consigo mismo.

Tengo que confesar que de todas estas personas he aprendido mucho sobre la vida. Si bien todas las personas somos distintas, sí que es cierto que, cuando hablaban de aquellas cosas de las que se arrepentían o que hubieran hecho de una manera distinta, muchos de estos enfermos terminales hacían hincapié en vivencias similares.

LAS  5  LAMENTACIONES MÁS HABITUALES ANTES DE MORIR

# 1.- Ojalá hubiera sido valiente para vivir la vida que deseaba y no la que otras personas (padre, madre, pareja, etc.) habían preparado para mí.

Esto es lo que, con más frecuencia, lamenta la gente cuando se acerca su final. En ese momento echan la vida atrás y comprueban, con tristeza, que muchas de sus sueños se quedaron por el camino y que los sustituyeron por otros que no eran genuinamente suyos, sino de otros: una casa más grande, un coche más rápido, mayor estatus social

Para sentirse bien con uno mismo, es muy importante llevar a cabo alguno de los sueños que uno tenía en su juventud. Cuando la vida va llegando a su fin, ya es demasiado tarde para lamentarse y, si no se ha cumplido ninguno de esos sueños, solo queda el amargo sabor de la traición a uno mismo.

# 2.- No debía haberle dedicado tanto tiempo al trabajo, sino a mi familia.

Este arrepentimiento es más frecuente en los hombres, ya que tradicionalmente sobre ellos ha cargado la responsabilidad de asegurar el sustento económico de la familia. Asimismo, es más habitual que los hombres hayan buscado su realización personal en la consecución de metas laborales y profesionales. Sin embargo, muchos de estos hombres moribundos se daban cuenta que el haber dedicado tanto tiempo y tanto esfuerzo al trabajo no les había proporcionado la felicidad que esperaban. Por el contrario, sentían remordimientos por no haberle dedicado el tiempo y la atención que merecía su familia.

Algunas de las mujeres que cuidé también expresaron este pesar, aunque fueron menos en número, ya que pertenecían a una generación en la que la mayoría de las mujeres no trabajaban fuera del hogar.

Si uno atiborra su vida con obligaciones y ocupaciones, no le queda tiempo para dedicarlo a las personas que quiere. En realidad, si uno reflexiona sobre sus necesidades económicas reales, cae en la cuenta de que no son tantas ni tan cuantiosas. Es momento entonces de tener claras las prioridades y simplificar el estilo de vida. Porque, efectivamente, se puede ser mucho más feliz con menos.

# 3.- Me gustaría haber mostrado más abiertamente mis sentimientos.

Muchos de los enfermos terminales con los que compartí sus últimas semanas me confesaron que, en demasiadas ocasiones, habían reprimido sus sentimientos. Algunas veces por no parecer blando, otras por miedo a la desaprobación de los demás, otras por orgullo… Sea por lo que fuera, se lamentaban por no haber tenido el valor de expresar sus sentimientos sobre todo con sus seres queridos. Les pesaba no haberles dicho suficientemente a sus hijos, a sus hermanos, a su esposa o a su marido todo lo que les aman y, en cambio, haber vivido largo tiempo en conflicto con ellos.

Por otra parte, hoy sabemos que la conexión entre cuerpo y mente es tan estrecha que muchas de las enfermedades físicas tienen su origen en la amargura y el resentimiento almacenados durante demasiado tiempo.

Por tanto, muchos de mis pacientes sentían que no habían tenido una vida plena, porque no habían sido sinceros consigo mismos respecto a sus sentimientos por falta de valentía. Y si bien las reacciones de los demás no se pueden controlar, si una persona expresa con claridad lo que quiere en la vida, al final suele llegar a un entendimiento con las otras personas. Y si esto es posible, por lo menos logra salir de relaciones que no le ayudan a seguir creciendo como persona. De modo que, en ambas hipótesis, sale ganando.

# 4.- No debería haber perdido la relación con los viejos amigos, me hubiera gustado estar más en contacto con ellos.

Poco antes de morir, la mayoría de los enfermos terminales lamenta no haber cuidado lo suficiente las relaciones con los amigos de la infancia y de la juventud. Es en estas últimas semanas cuando más se les echa de menos. La mayoría de los moribundos tampoco encuentra explicación exacta de por qué estas amistades fueron desvaneciéndose de sus vidas. Sólo se dan cuenta que, por unas circunstancias u otras (crianza de los hijos, aspiraciones de proyección laboral, separaciones o divorcios, etc.), se fueron aislando de gente a la que apreciaban de verdad.

En algunos casos, colaboré en el intento de localización de estas antiguas amistades, pero muchas veces no fue posible encontrarlas. Tristemente es demasiado frecuente ver cómo las personas recuerdan a tantos amigos que pasaron por su vida, pero que las ocupaciones cotidianas y la falta de cuidado se los arrebataron de manera definitiva.

En prácticamente todos los casos, lo que sí pude apreciar fue el sincero lamento de quienes ya no tienen mucho tiempo y se arrepienten de no haberles dado a estos viejos amigos precisamente el tiempo y la dedicación que se merecían.

Cuando te tienes que preparar para aceptar su propia muerte, todas las preocupaciones materiales pierden su sentido. Lo único que queda al final es el amor que se haya dado y el que se ha recibido. De hecho, los moribundos suelen querer dejar arreglados sus asuntos económicos, el testamento e incluso llegan a ocuparse de su propio funeral, pero lo hacen pensando en los seres queridos que dejan. Por encima de todo, quieren ayudarles en todo lo que les sea posible y expresarles así toda su gratitud por el amor compartido.

# 5. Tenía que haberme permitido a mí mismo ser más feliz

Casi al final de sus vidas, muchas de las personas a las que cuidé se dieron cuenta de que podían haber vivido una vida mucho más plena y haberse sentido más satisfechas consigo mismas si no se hubieran atado a viejos convencionalismos, si no hubieran ocultado sus verdaderos sentimientos. El temor a la crítica de su entorno les había limitado en su comportamiento, de manera que en múltiples ocasiones no habían sido fieles a su corazón, sino que hicieron lo que se esperaba de ellos. No arriesgaron cuando en su interior querían reír, cantar, bailar y sentirse vivos, prefirieron la seguridad de lo establecido. En definitiva, no se atrevieron a vivir más felices.

Sin embargo, cuando uno está llegando al fin del viaje“, le importan poco las críticas sobre lo que es o no es conveniente. De hecho, fue fantástico comprobar cómo algunos de mis pacientes pudieron recuperar la inocencia y las ganas de reír durante sus últimos meses. Una auténtica lección de vida.

Al final cada uno vive la vida que elige vivir. ¿Por qué no elegir ser feliz y hacer felices a otros? Aunque fuera en sus últimos días, muchos de mis pacientes descubrieron que ser feliz es una elección. Y ésta es la enseñanza principal que compartieron conmigo en el trascurso de una vivencia tan intensa como la de la muerte: casi todo en la vida es una elección. Poco antes de morir, demasiada gente lamenta no haberse permitido ser feliz. Por tanto, decida ser feliz hoy mismo. ¿O prefiere tener que lamentarlo cuando ya sea demasiado tarde?

  • BRONNIE WARE. Enfermera de cuidados paliativos con enfermos terminales, autora del libro “Los cinco arrepentimientos más habituales de los moribundos”
  • Visto en: cuidatusaludemocional.com

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Cuando mueres sólo cambias de conciencia” *Pim Vam Lommel, cardiólogo.

Depresión y trauma: Lo que no sabes (y deberías saber)

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Si sufres de trauma o depresión, has de saber que existen sorprendentes avances de vanguardia en el campo de la neurociencia que están revolucionando la forma en que los entendemos y, lo más importante de todo, esta nueva información apunta no solo a sus causas, sino también a las sencillas estrategias que puedes poner en práctica para afrontarlos de forma efectiva.

Si quieres saber qué puedes hacer para salir de ese horrible lugar sin pasar por el despreciable negocio de los fármacos y antidepresivos, este artículo te ayudará a entender muchas cosas y desmitificar muchas otras más.

Las más recientes investigaciones en neurociencia señalan que tu condición psicológica está directamente relacionada con el estado de tu atención. El acto de centrar y enfocar nuestra atención es un importantísimo proceso biológico diseñado para cultivar salud y equilibrio en nuestras vidas: promueve la creación de nuevas conexiones neuronales e incluso el crecimiento de nuevas neuronas, lo que se conoce como neurogénesis, un proceso que no posee limitaciones de edad (contrariamente a lo que muchos piensan).

Dicho esto, entremos de lleno en el tema. ¿Qué es un trauma psicológico? ¿Qué es la depresión? Tanto uno como otro son básicamente una fijación mental. Mientras que el trauma se centra en la rumación de un evento pasado doloroso, la depresión incluye también elaboraciones imaginarias acerca de un futuro potencialmente negativo.

Si has participado en alguna terapia clínica ya sabrás que, durante el proceso, el terapeuta hará todo lo posible, utilizando sus propias herramientas, para ayudarte a mover y/o cambiar el estado de tu atención. Y mientras que hay cada vez más psicólogos clínicos que están ayudando a sus pacientes a participar activa y responsablemente en su propio proceso de sanación a través del desarrollo de habilidades de gestión de la atención, existen todavía muchos otros terapeutas que no lo hacen, lo que suele terminar con el paciente tragando pastillitas de colores (que alteran el estado de su atención de forma antinatural y con innumerables efectos secundarios) en lugar de aprendiendo nuevas habilidades que le permitan hacer frente a la constante opresión mental que el trauma ocasiona.

Veamos cómo opera el trauma en nuestro cerebro, cómo el estado de tu atención es la clave que subyace a este proceso tan indeseable, y cómo la depresión está íntimamente ligada a los mismos procesos mentales.

Si vamos a un nivel aún más básico, podemos definir el trauma de este modo: algo terrible sucedió, y tu atención está anclada en ese evento.

Tal vez nadie te dijo antes esto, y puede que sea difícil de digerir, pero las más recientes investigaciones en neurociencia apuntan hacia esta dirección: has sido tú quien le ha ordenado a tu cerebro que construya el trauma y el estado depresivo.

El trauma y la depresión no te han creado, sino que tú los has creado a ellos. Tu cerebro solamente está respondiendo a tus órdenes. ¿Cómo, exactamente, has creado esto? Prestando atención al evento pasado o imaginando ese terrible futuro de forma sostenida por períodos increíblemente largos.

Sí, ya sé que tú no quieres nada de esto, y que darías lo que fuera por salir de ese horrible lugar, pero resulta que tu atención está fijada, y no tienes la menor idea de cómo mover o cambiar el estado de tu atención. Y esto es lo más normal: nadie te enseñó. ¡Ni siquiera te dijeron que fuera tan importante! Pero lo cierto es que has pasado tanto tiempo centrando tu atención en aquel evento, pensando y pensando sobre ello durante días, meses o incluso años, que tu cerebro entiende que es ahí donde quieres estar. Sin saberlo, tú le ordenaste mantenerse fijado en el evento y crear el trauma y tu consiguiente estado depresivo.

Veamos cómo funciona. Cuando prestas atención a todos estos pensamientos dolorosos y pierdes tu capacidad para administrar el estado de tu atención, básicamente estás ordenándole a tu cerebro que construya los indeseables circuitos neuronales que te mantendrán fijado en esos pensamientos. Allá donde tu atención se dirige, las neuronas responden al instante. Y al perder el control sobre tu atención, pierdes también tu voluntad y tu capacidad de elegir conscientemente la forma en que respondes ante los eventos (interiores o exteriores) que surgen momento a momento.

¿Atención y voluntad? ¿Qué tienen que ver una con la otra? Todo.

Prestar atención es un acto volitivo. La volición es ni más ni menos que atención voluntaria. La voluntad actúa a través de la atención dirigida, que magnifica, estabiliza, aclara y da predominancia a un pensamiento sobre muchos otros pensamientos. Y al hacer esto, las neuronas que responden a lo que atrae nuestra atención se activan con más fuerza que las activadas en respuesta a la distracción, tal y como muestran las más recientes imágenes de resonancia magnética funcional. El acto de prestar atención contrarresta fisiológicamente las influencias supresoras de las distracciones cercanas, y la voluntad es la virtud que hace posible esta transformación.

El esfuerzo volitivo es el esfuerzo de atención…
El esfuerzo de atención es, por lo tanto, el fenómeno esencial de la voluntad.
– William James

Si mantienes tu atención enfocada  de forma compulsiva en un evento doloroso (real o imaginario), tu cerebro creará los circuitos neuronales que los doctores etiquetan como trauma y depresión. Cada vez que le prestas atención a algo, tu cerebro da lo mejor de sí mismo para facilitarte que ese algo predomine en tu conciencia, y lo hace creando las constelaciones neuronales apropiadas. En realidad, es un proceso realmente simple y con pleno significado biológico: tu cerebro responde al estado de tu atención. La atención lo es todo. Cada vez que prestamos atención, estamos esculpiendo nuestro cerebro. Esto es lo que llamamos neuroplasticidad autodirigida.

El cerebro responde inevitablemente al estado y el foco de nuestra atención. Si siempre le prestas atención a tu dolor, ese dolor se acaba convirtiendo en correlatos neurales. O dicho de otro modo: el trauma y la depresión no surgen de forma instantánea, sino que son el resultado de un largo proceso en el que tú eres el único responsable (que no culpable).

¿Te preguntas por qué no puedes “escapar” de todos esos pensamientos abrumadores, traumáticos y depresivos que te golpean una y otra vez sin que tengas ningún control sobre ellos? La respuesta, según la neurociencia, es categórica: has perdido tu habilidad para controlar tu atención. Quizás es el momento de reclamar tu poder de nuevo, y la atención plena es la respuesta que buscas, tal y como demuestran los miles de estudios científicos y ensayos clínicos que existen en este campo.

Todos los seres humanos tenemos, sin excepción, la capacidad de aprender a enfocar y dirigir nuestra atención y gestionar hábilmente nuestra reactividad a lo que sucede, lo que tiene un impacto en nuestro cerebro de forma inmediata. Literalmente. Los cambios suceden en tiempo real. Puedes empezar a modificar e incuso eliminar las rutas neuronales del trauma ahora mismo

¿Cómo hacer esto?

Empieza con lo más básico. Dale nuevas órdenes a tu cerebro. Empieza, sin demora, a entrenar tu atención (y tu voluntad). Practica una técnica de monitorización introspectiva de foco abierto como el mindfulness o atención plena. Si no participas de forma consciente y responsable en tu propia sanación a través de la práctica diaria y continuada, créeme, alguien más vendrá a decirte que la solución es convertirte en un tragapastillas.

El encuentro más íntimo no es el sexual, es el desnudo emocional

Desnudo emocionalEl encuentro más íntimo entre dos personas no es el sexual, es el desnudo emocional.

Un intercambio que se produce cuando se vence el miedo y nos damos a conocer al otro tal y como somos en cada una de nuestras vertientes.

No es fácil de lograr. De hecho, un desnudo emocional no es algo que se consiga a la ligera ni con cualquiera. Hace falta tiempo, fuerza y ganas de escuchar, sentir y abrazar emociones. Autoconocimiento y heteroconocimiento, es decir, el conocimiento de uno mismo y el de la realidad del otro.

Visto así, no parece casual término que los escritos bíblicos utilizan para hablar de amor sexual o del establecimiento de la intimidad es CONOCER. De conocernos y desnudarnos en pasiones, en sentimientos y en historia emocional va a tratar este artículo…

El desnudo emocional comienza por uno mismo

El desnudo emocional comienza por uno mismo. Es decir, es muy importante que las personas nos identifiquemos con lo que sentimos y nos demos cuenta de cómo nos sentimos, cómodos o incómodos, qué pensamos y cómo podemos utilizar nuestras emociones al servicio de nuestros pensamientos.

Escucharnos, conectar y conocer nuestra herencia emocional, es decir, escanear nuestro cuerpo emocional es imprescindible para destapar nuestros miedos, nuestros conflictos, nuestras inseguridades, nuestros logros, nuestros aprendizajes, etc.

Conocer nuestra filosofía emocional, explorar nuestras vulnerabilidades permanentes, ser conscientes de lo doloroso y que eso fluya, es imprescindible para poder contemplar la imagen que nuestro espejo emocional nos proyecta al quitarnos las prendas que nos “visten”

El autoconocimiento de nuestras vulnerabilidades emocionales no hace que estas desaparezcan, pero tener una concepción más profunda sobre ella implica que cada vez que aparezca en nuestra vida podamos identificarla y actuar sobre ella, impidiéndole que ahogue nuestras conexiones emocionales.

Nuestra herencia emocional, la clave para conectar

Nuestra herencia emocional ejerce un fuerte impacto tanto en nuestra capacidad de conectar emocionalmente con los demás como en las ocasiones que tenemos de hacerlo. Es precisamente este bagaje, esta piel, la que nos hace matizar y actuar sobre nuestras sensaciones, sentimientos y emociones de una determinada manera.

Exponernos a nuestros recuerdos y a aquellas sensaciones que pueden resultarnos desagradables no es fácil y muchas veces ni siquiera se contempla como útil. Sin embargo, existen muchas razones por las que resulta recomendable quitarse las prendas:

  • Si queremos tener relaciones más significativas, es importante que nos detengamos a mirar al pasado y a sanar las heridas emocionales de nuestra infancia.

  • El cableado de conducción que transporta nuestros mensajes emocionales debe ser descubierto para que nuestras reacciones no nos manejen. Por ejemplo, cuando decimos que “nuestro hermano nos saca de quicio”, realmente estamos teniendo la sensación de que sabe en qué tecla tocar para enfadarnos.

  • Conocer estas pautas de reacción emocional y comunicarlas nos ayuda a regenerar nuestros pensamientos y nuestro estado de bienestar general.

  • Así, cuando realizamos una labor de autoconocimiento, nuestro diálogo interno puede lograr cambiar de “Las personas son peligrosas para m픓La forma en que me trataron me hizo daño, pero ya soy consciente y procuro que eso no influya”.

  • Cuando accedemos a nuestra herencia emocional y comprendemos cómo los sentimientos del pasado matizan las experiencias del presente, podemos ser más hábiles a la hora de establecer fuertes y sanos lazos de unión con quien nos rodea.

  • Ser conscientes de los filtros emocionales, de los abrigos y de las corazas que nos ponemos contribuye a hacernos hábiles lectores e intérpretes tanto de los intentos de conexión de los demás como de los propios.

No es fácil desnudar a una persona herida

Desnudar emocionalmente a las personas muy marcadas por su pasado puede resultar difícil, pues hace falta lidiar con las corazas, con las prendas que le vuelven inaccesible, las desilusiones que envuelven a la persona, los miedos al rechazo, al abandono, a la soledad

Para hacerlo se necesita ser inteligente, amar a la persona y abrir los oídos, los ojos y la piel desterrando los prejuicios y la actitud de juzgar. Es decir, una escucha activa emocional a través de todos los sentidos sin “peros” ni comas fuera de lugar.

Para hacer esto debemos saber que un desnudo emocional no se crea en cualquier tipo de ambiente sino que deben darse las condiciones idóneas para generar emociones, sentirlas, manipularlas, examinarlas y usarlas.

Los escenarios emocionales ideales para el desnudo son aquellos en los que prima la escucha desde el interior, la empatía y la inteligencia emocional. Escenarios en los que se potencia la comunicación y la comprensión con una gran base de respeto y tolerancia.

Solo así lograremos crear un ambiente emocionalmente distentido en el que realmente pueda darse en el encuentro íntimo, el desnudo de los miedos, de las inseguridades y de la verdad emocional. Solo así lograremos esos abrazos que rompen los miedos, que cierran nuestros ojos y que nos entregan al 200% en cuerpo y alma.

 *Si lo desea, puede leer la publicación: “Cómo hacer feliz a tu mente: 5 secretos para alcanzar la atención plena