Personas que no aportan nada ¿Cuándo dejarlas marchar?

“Cuando el amor aprieta, es que no es de tu talla”

Esta frase, que leí en algún lugar, se me ha quedado impresa porque recurre a un símil particularmente esclarecedor. Cuando vamos a la tienda y nos probamos un par de zapatos o un vestido, si nos queda chico, pedimos una talla mayor, nos damos cuenta inmediatamente de que no está hecho a nuestra medida y debemos cambiar. Sin embargo, lo que resolvemos en cuestión de segundos en una tienda puede llevarnos años cuando se trata de las relaciones interpersonales. Y es que normalmente nos aferramos a las personas y a las experiencias que hemos vivido con ellas, aunque nos hagan daño o ya no nos aporten nada gratificante.

A veces nos resistimos a aceptar que hay relaciones que están heridas de muerte y prolongar su agonía solo implica hacerse daño innecesariamente, es como hurgar en la herida para provocar más dolor. Cuando una persona no nos aporta nada, lo mejor es dejarla marchar. De esta forma ambos podremos pasar página con mayor rapidez y mirar al futuro.

Las señales que indican que una relación ha llegado a su fin

-Los intereses han cambiado. A veces conocemos a personas en determinadas etapas de nuestra vida, personas con las cuales conectamos inmediatamente pues descubrimos gustos e intereses comunes. Sin embargo, con el paso del tiempo todos cambiamos y no es difícil que desarrollemos intereses distintos que nos alejen. Cuando sentimos que “nada es lo mismo”, ha llegado el momento de replantearnos el sentido de la relación, sobre todo si la otra parte ya ha decidido que la separación es el mejor camino.

-Los acuerdos son una misión imposible. Hay relaciones en las que cada una de las partes quieren cosas diferentes por lo que llegar a un acuerdo es casi imposible. En estos casos lo usual es que las discusiones sienten casa, se convierten en pan cotidiano y terminan afectando el equilibrio psicológico de todos los implicados. Cuando en vez de disfrutar del tiempo que pasamos con el otro, lo empleamos en discutir, ha llegado la hora de dejar ir esa relación pues aporta más cosas negativas que positivas.

-La confianza se ha esfumado. En cualquier tipo de relación, ya sea de pareja o de amistad, la confianza y la sinceridad son pilares fundamentales. Cuando se deja de confiar en el otro se comienza a desarrollar una relación basada en las dudas, la incertidumbre y el recelo. Este tipo de relación no es beneficiosa para nadie y, a la larga, si la confianza no se recupera, solo provocará dolor ya que es probable que ambas partes se hagan daño.

-El peso de la relación recae sobre una persona. Cuando sientes que eres el único que lucha para que la relación funcione, que llevas todos los problemas sobre tu espalda porque la otra persona no pone de su parte, ha llegado el momento de poner punto final. Una relación solo es satisfactoria cuando ambas partes están comprometidas y dispuestas a cambiar o a trabajar para solucionar las dificultades. Si solo una persona arrastra con el peso de los problemas, es porque el otro ha perdido el interés y eso significa que no tiene sentido seguir luchando por algo que ya no existe.

¿Por qué nos aferramos a este tipo de relaciones?

-Nostalgia. En muchas ocasiones nos aferramos a una relación simplemente porque hemos vivido buenos momentos y, cuando los recordamos, nos invade la nostalgia, un sentimiento que nos da la falsa sensación de seguridad. Simplemente preferimos mantenernos atados al pasado en vez de mirar al futuro.

-Miedo. Dejar ir a una persona que ha estado a nuestro lado durante mucho tiempo puede ser aterrador por lo que en ocasiones preferimos a “un malo conocido que a un bueno por conocer”. La creencia de que el futuro es incierto o de que no encontraremos a otra persona nos genera tal desasosiego que preferimos mantener el estado actual de las cosas.

-Hábito. Las relaciones que se han mantenido durante años han ido construyendo a su alrededor una serie de hábitos que han echado raíces. Abandonar estas costumbres y apostar por el cambio puede dar pereza y por eso, a veces preferimos quedarnos en nuestra zona de confort, al lado de una persona que en realidad ya no nos aporta nada.

-Esperanza. Detrás de la esperanza casi siempre se encuentra el amor, muchas personas se aferran a relaciones heridas de muerte simplemente porque tienen la esperanza de que el otro cambie. Sin embargo, recuerda que tampoco se le pueden pedir peras al olmo.

Dejar ir: Un proceso liberador

Cuando en una relación se llega al punto en el cual esta no nos reporta prácticamente nada positivo sino que se ha convertido en una carga de tensión, negatividad y problemas, lo mejor es dejar que esa persona se marche.

Al contrario de lo que muchos piensan, cuando ponemos ese dejar ir en la balanza, no suele ser doloroso sino liberador. Después de meses de discusiones, desencanto y estrés, poner punto final es un alivio. Por supuesto, eso no significa que sea sencillo y mucho menos fácil pero en muchas ocasiones es la única solución para poder continuar adelante.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Vampiros energéticos

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Yo veo al niño que llora en cada paciente *Luigi Cancrini- psiquiatra-

luigi-cancrini78 años. Romano. Casado dos veces, 5 hijos y 4 nietas. Fui ministro con el PCI en la sombra. La política no debe ser una profesión, porque la distancia con la vida de la gente es enorme. Temo el populismo: delegar en otro tu suerte. Los humanos somos naturalmente buenos, los traumas nos vuelven malos.

No llores solo

Profesor de Psiquiatría y Psicoterapia de La Sapienza (Roma), fundó en los años setenta una de las escuelas de psicoterapia más importantes en Italia, el Centro de Estudios de Terapia Familiar y Relacional, que preside. Ha recibido importantes premios por su labor. Hace 20 años que vive consagrado a los niños maltratados y abandonados, convencido de que revertir su sensación de abandono es construir una sociedad mejor. Se trata de que nadie llore solo. Integrar es su palabra. Luchó y consiguió integrar a los enfermos psiquiátricos eliminando los manicomios; y por el derecho a curarse de los drogadictos, despenalizar las adicciones. Ha dado una conferencia en el Centro Internacional de Psicología Hestia Barcelona.

¿Cree que nacemos buenos?

Sí, lo creo. Lo natural es estar bien dispuesto para los otros. El hombre es naturalmente sociable, decía Marx.

…Y un lobo para el hombre, decía Hobbes.

Mi experiencia me ha convencido de que el humano se convierte en un lobo para los otros cuando tiene dificultades en su infancia.

Usted lo investiga desde los años setenta.

En esa década fundé el Centro de Estudios de Terapia Familiar y Relacional y desde hace veinte años dirijo el Centro de Ayuda al Niño Maltratado del Ayuntamiento de Roma.

¿Todo se remonta a la infancia?

El cuidado en la infancia es fundamental para su salud mental futura. No hay suficiente atención para los niños que sufren, y este es también un problema político.

¿El antisocial se hace en la infancia?

Sí, en la infancia se consolida el núcleo de patología que se transformará en trastorno de personalidad. La mayoría de los drogadictos sufren trastorno límite de personalidad, la causa de las adicciones es la infelicidad, el desequilibrio. Al niño que roba no se le pasa con la edad: si no se atiende en la infancia, será un ladrón.

¿Propone una atención psicoterapéutica pública y de calidad para la infancia?

Sí, porque si no se interviene durante la infancia tendremos muchos psicópatas, drogadictos, personas con trastorno alimentario y toda la muestra de patologías imaginables. Pero si conseguimos intervenir en la infancia, podemos cambiar el mundo.

Suena a utopía.

La política tiene que dar recursos y los profesionales tienen que aprender cómo tratar a estos niños. Las universidades no enseñan a trabajar con niños que sufren descuido y maltrato. Nuestro conocimiento científico es muy superior a lo que aplicamos, no ha llegado ni a la cultura ni a los servicios.

Los niños viven sometidos a imágenes de violencia, ¿cómo les afecta?

Las fábulas y los cuentos han sido siempre muy violentos. Blancanieves, La Cenicienta… hablan de maltrato. El niño está acostumbrado a que haya peligros, pero que se puedan superar siendo fuerte y contando con el amor de alguien.

¿Esa es la solución?, ¿el amor?

Sí, en las fábulas y en la vida. Yo veo al niño que llora en cada paciente. Hitler, Stalin y Franco eran niños que lloraban, todos con historias familiares terribles. El maltrato y el descuido de los niños producen monstruos muy dañinos si el niño es inteligente y tiene fuerza personal.

Esos dictadores ¿habrían tenido solución si los hubieran tratado de adultos?

Es difícil, pero una validación de salud mental antes de presentarse como presidente sería interesante.

Pese a todo, usted es optimista.

Mis primeros recuerdos son de bombardeos. He pasado miedo, pero he tenido unos padres que me han protegido con su afecto. Eso te ancla en la esperanza y la confianza en la vida. Te lleva a creer que el futuro puede ser mejor y que en gran medida depende de cómo lo hagas tú.

¿Eso es lo que pretende dar a los niños?

Sé que si hay inseguridad en la imagen que un niño tiene de su madre, en cómo la siente, hay un punto de ruptura en la persona.

¿Y es así en todas las culturas?

Sí, lo he constatado trabajando con familias de todo el mundo. Los vínculos son la trama de la vida: soy el resultado de mis vínculos. Si el vínculo familiar se rompe demasiado pronto, hay consecuencias: la herida que me produce es un condicionante de mi futuro.

Es frecuente.

Sí, pero no es necesario. Hay que poner mucha atención en los primeros años de vida. El problema no son las peleas de los padres (si no son violentas), se puede pelear y cuidar del hijo. El problema es el abandono y el maltrato.

¿Y si falta el padre?

La madre puede darle lo que necesita. Hay muchas combinaciones. Pero si el dolor es excesivo y lo afronta en solitario, es destructivo. Si el niño está conectado con otros y puede ponerle palabras, es una experiencia de crecimiento; y eso es algo que debemos aprender: compartir y aceptar el dolor como oportunidad de crecer.

¿Cómo conseguir que exprese su dolor?

Estando en silencio a su lado, esperando: tiempo y presencia.

Decir que todo se define de los 0 a los 3 años es una condena.

Hay que volver atrás en la experiencia de abandono cuanto antes mejor. La adolescencia, cuando esos problemas se manifiestan, es un buen momento, no es una condena, sólo es más difícil. Sería más inteligente intervenir antes.

Esa es su lucha.

El niño que ha sido abandonado tiene el sentimiento de no valer nada y hay que ayudarle a reconstruir su historia.

¿Cómo?

Es impresionante ver cómo quien pensaba que le habían abandonado puede cambiar su actitud frente a sí mismo y la vida cuando entiende que no podían cuidarle, que el hecho de que le confiaran a otros también es un acto de amor.

La oportunidad de otro punto de vista.

Es la imagen interna de su madre biológica lo que cambia, y eso cambia su armonía de vida. Yo lo he visto tantas veces… he visto cómo una reconstrucción clara, limpia, puede cambiar la organización psíquica de la persona.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Lo que no decimos enferma

Mi herida no cierra porque está hecha de puntos suspensivos…

Herida corazónUna vez de pequeña me hice una herida en un brazo, el médico que me curó, me contó cual es el proceso por el que sanan las heridas. Algunas heridas requieren una costura, unos puntos, otras no, pero todas requieren cuidado y un tiempo para que desaparezcan. A veces, puede quedar una pequeña cicatriz y otras veces pueden desaparecer del todo.

Una herida del alma es parecida a una herida del cuerpo, no es visible, pero la sentimos en lo más profundo de nuestro Ser, nos hace sufrir y solo el paso del tiempo y nuestra voluntad de superación hacen que se curen. Pero, al igual que una herida física, también puede dejar cicatrices que nos recordarán lo ocurrido y lo que sentimos.

“Recuerdo incluso lo que no quiero. Olvidar no puedo lo que quiero” -Cicerón-

COMO APRENDER A OLVIDAR LAS COSAS NEGATIVAS

Cada uno de nosotros hemos vivido situaciones que son muy complicadas de olvidar, que nos hacen daño. Puede tratarse de una infancia complicada, de una ruptura de pareja, del fallecimiento de un ser querido, de alguna situación en el trabajo en la que nos hemos sentido mal. Situaciones que generan una herida en nuestra alma.

Las situaciones vividas que nos han hecho daño o que nos han afectado de forma negativa, pueden ser de muy diverso tipo, pero solo nosotros podemos gestionar y controlar la forma en la que nos afectan las experiencias que vivimos.

El primer paso para olvidar es aceptar. No es necesario desterrar completamente el recuerdo, porque el recuerdo es algo muy humano, y no podemos evitar recordar, pero sí debemos realizar un esfuerzo para aceptar ese recuerdo, dejarlo en nuestra memoria y convivir con él de forma pacífica.

No se trata de olvidar por completo sino de que ese sufrimiento no nos invada cada vez que viene a nuestra mente el recuerdo doloroso.

“Aunque nos olvidemos de olvidar seguro que el recuerdo nos olvida” -Mario Benedetti-

Una vez que hayamos aceptado, podremos perdonar. No se trata de perdonar a los demás sino de perdonarnos a nosotros mismos, también sin culpabilizarnos. De saber que el pasado no se puede cambiar, pero el futuro sí, y está en nuestra mano vivir ese futuro de forma diferente y sin que unos recuerdos negativos nos condicionen.

Si aprendemos a ver aquello que nos ha hecho daño en el pasado, también podremos apreciar que hay supuestos en los que es necesario que asumamos nuestra responsabilidad. No quiere decir que nos sintamos culpables, sino que se trata de aprender a ver con objetividad lo ocurrido y aprender.

TOMA EL CONTROL DE TU VIDA

Las heridas del alma a veces son más dolorosas que las heridas del cuerpo y duran mucho más tiempo, pero llega un momento en el que debemos atrevernos y tener el valor de tomar el control de nuestra vida y ser nosotros mismos, controlando y gestionando nuestras emociones.

Tomar el control de tu vida, es un acto que requiere valentía y honestidad. Significa ser realista y ver que si algo en nuestra vida no va bien o no es lo que deseamos, de la única persona de la que depende es de nosotros mismos, no depende de otras personas ni de otras situaciones.

Lo que ocurra cada día en tu vida va a depender de tu actitud, de lo que hagas o dejes de hacer, de tu sonrisa, de tu alegría, de tu voluntad de superarte.

“Recordar un buen momento es sentirse feliz de nuevo” -Gabriela Mistral-

DEJA QUE PASE EL TIEMPO

Es cierto que el tiempo todo lo cura o al menos nos permite tener una perspectiva distinta, aunque no todos necesitamos el mismo tiempo para eliminar de nuestra mente o mitigar recuerdos dolorosos.

Cada persona es muy distinta a otra, y nuestro duelo ante recuerdos difíciles o ante situaciones que nos han hecho daño requiere unos tiempos que pueden ser más o menos largos.

Una ruptura amorosa con alguien a quien quisimos mucho es algo que es complicado de olvidar y de aceptar, pero con el paso del tiempo, poco a poco, nos daremos cuenta que quizás era algo que tenía que suceder para que entrara otra persona en nuestra vida o para que aprendiéramos a disfrutar de nuestra soledad.

Esta situación es sólo un ejemplo, pero nos permite ver cómo el lento transcurrir del tiempo va sanando poco a poco nuestras heridas hasta que un día sin darnos cuenta han desaparecido.

“Las lágrimas no son más que nuestras heridas evaporándose”

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El rechazo es la herida emocional más profunda

En este momento, amigo, en este momento…

En este momento amigoAmigo, sé que a veces parece como si todo se estuviera viniendo abajo.

Y que incluso las más hermosas palabras espirituales suenan como una mierda, absurdas, cursis, como puras tonterías de la nueva era. Hemos perdido todo aquello que solía definirnos, o hacernos felices, todo lo que parecía importarnos, y se siente como si nunca nos fuéramos a recuperar.

Sin embargo, en la vida, realmente no hay finales, sólo transformaciones nuevos comienzos que nacen de los escombros. Los viejos sueños que mueren, la caída de todo lo falso – que puede resultar bastante doloroso – ¡por supuesto, por supuesto! La destrucción, las rupturas, los fuertes impactos y las pérdidas suelen sentirse como enemigos, sin embargo, siempre contienen semillas de novedad, y a veces sólo se requiere de tiempo para poder recuperarnos. La devastación por la que estás pasando, la crucifixión de tus sueños, es una oportunidad para soltar cada IDEA que alguna vez tuviste acerca de “cómo debería ser tu vida”, y para dejar ir también todos esos preciados sueños que eran simplemente falsos; tan hermosos y tan útiles al mismo tiempo.

La invitación de hoy es estar presente para tu vida, despertar a ella, poner atención a esta inmediatez, dignificar todo lo que realmente esté pasando en este momento, en donde te encuentras. Si la soledad te está visitando aquí y ahora, no huyas. Si hay miedo, no lo alejes o trates de escapar. Si hay frustración, ansiedad, o tan sólo un leve sentido de desesperanza moviéndose en ti, no rechaces ninguna de estas energías. Ellas sólo quieren ser sentidas, ahora. No tienen nada de malo. Son tus hijos perdidos, huérfanos del despertar, y sólo quieren moverse y ser sentidos. A veces, la vida nos pone de rodillas para que podamos SENTIR todo aquello de lo que estuvimos huyendo a lo largo de nuestra existencia. Y sí, esteencuentro puede resultar un tanto doloroso. Pero tal vez, sentir el dolor, sea justamente el comienzo de la sanación.

Observa la mente. Cómo da vueltas sin cesar, cómo se regresa y cómo se adelanta, constantemente abandonando la escena presente de tu vida, aquí y ahora. Cómo los pensamientos huyen constantemente del momento presente. Cómo viaja a través de la memoria – a lo bien que eran las cosas en el pasado, a lo maravillosa que era antes tu vida. Anhelando volver a esos tiempos. Sintiéndose impotente al no poder hacerlo. Y así es como surge la desesperación. La culpa. Las ansias. La nostalgia. Y también se adelanta hacia el futuro, imaginando toda clase de escenarios que aún no existen, muchos de ellos oscuros y aterradores. Nota cómo te lleva hasta regiones mucho más allá de tu control. Y ambos movimientos, hacia el pasado y hacia el futuro, te desconectan de donde estás AHORA, en donde está todo lo que es. Te aleja de tu único punto de poder – de este momento. Es todo lo que hay. Este aliento. Estas sensaciones. Estos sonidos y olores presentes. El latir del corazón, el sentir tu trasero sobre la silla. Un pequeño pájaro cantando afuera. El zumbido de la televisión por allá. Una sensación de contracción en el pecho, una cierta sensibilidad en la garganta. Este es un llamado a la sencillez radical, absolutamente radical. Para honrar el no-saber. Para admitir nuestra humildad en la cara de la vida. Sin la historia del pasado y del futuro, ¿podrías asegurar que tu vida está ‘yendo mal’? Porque esta es la creencia en el centro de todo, ¿o no? Que tu vida está “saliendo mal“. Que el yo ha fallado. Que el universo es cruel y que de alguna manera está en contra de nosotros. Sería una conclusión inteligente, sí. No juzgaría a nadie por eso. Pero, quizás, esa no sea la verdad. Quizás la mente no sepa absolutamente nada.

Amigo mío, tu desilusión, tu incapacidad para creer en todas las enseñanzas espirituales, incluyendo la mía, no es un error – ¡se trata de pura inteligencia trabajando! ¡Tu desilusión es parte de tu despertar! Todo es una invitación a una iluminación mucho más profunda de la que podrías imaginarte. Te estás viendo forzado a cuestionar todo, absolutamente todo, incluyendo tus tan preciadas enseñanzas espirituales. Estás siendo invitado a encontrar tu propia autoridad, a soltar todas esas ideas de mierda acerca del “significado de la vida”. Estás siendo invitado a soltar todo lo que sea de segunda mano, todo lo viejo y caduco, todo lo que heredaste -de tus padres, maestros, gurús- todo lo que hay acumulado en tu memoria, para poder estar presente para la vida, cruda y desnuda.

A veces tenemos que perder todo para poder recordar nuestra total humildad, para recordar que no tenemos el control, y que cada momento está repleto de asombro y de emocionante incertidumbre. Te encuentras ahora en un camino de devastación – y era justamente lo que Jesús enseñaba. Este no es el final para ti, es el comienzo de una nueva y diferente vida, una nueva manera de moverte a través del mundo, por muy difícil que parezca verlo así. Es tiempo de renovación, de tranquilizarte, de descubrir la abundancia contenida dentro de la vacuidad. Un tiempo para ser mucho más amable contigo mismo. Hay mucho potencial para ti, amigo, incluso si no eres capaz de sentirlo así en este momento.

He tenido muchos momentos en mi vida en que me he sentido incapaz de seguir adelante, incapaz de soportar más. He llegado a sentir que lo perdía todo, que nada era posible para mí, que el sentido de vacío era la única posibilidad en mi vida. Pero es que simplemente no sabía lo que el universo me tenía preparado.

Aunque te sientas solo y abandonado, asustado y enojado, recuerda que muchos otros están caminando a tu lado, y que muchos otros te entienden. En algún momento de tu vida, tú mismo escribirás el libro de tu maravillosa transformación.

¡En este momento, amigo. En ESTE momento!

  • Autor: Jeff Foster

*Si lo desea, puede leer la publicación: “GRATIS Reto de Mindfulness: 7 audios guiados y 4 vídeos explicativos

Descubra el porqué de piercings, tatuajes y modificaciones en el cuerpo

Tatuajes-Cualquier perforación, tatuaje o modificación que realice en mi cuerpo, es una interrupción a la función y apariencia normal de la parte u órgano en cuestión.

¿Qué conflicto emocional estoy viviendo?

Si me perforo: Tengo la necesidad de castigarme o castigar a otros por algo que hacen o hicieron, por no aceptarme tal como soy ni ser aceptado. O por no aceptar algo o a alguien.

Si me tatúo: He vivido o estoy viviendo un conflicto de separación que me impide ser feliz. Siento la necesidad de enviar mensajes gráficos porque soy incapaz de expresarme o de superar momentos duros. Puedo estar protegiéndome de un contacto o bien evitándolo.

Si me modifico: Quiero ser otra persona, quiero dejar mi pasado atrás y mostrarme fuerte y diferente. Tengo la imperiosa necesidad de demostrar que no siento el más mínimo dolor ante nada.

Siempre será importante analizar la parte del cuerpo o de la piel que resulta afectada con este cambio, porque sin duda, dejará clara la razón y el motivo inconsciente.

Todas estas alteraciones en el cuerpo sólo resumen que soy una persona que necesariamente estoy viviendo una situación emocional en la que “no me siento totalmente aceptado” por alguien en mi familia o por el círculo que me rodea. Tengo la clara intención de parecer fuerte, libre, independiente, rebelde, seguro etc. Pero lo único que demuestro con esto es mi total inseguridad de ser quien ya soy.

Inconscientemente, quiero ser otra persona. No me gusto ni me acepto tal cual soy.

Piercings más comunes:

OREJAS: Odio lo que oigo en mi casa, trabajo, escuela, religión. NARIZ: No tengo vida sexual, quiero cambiar mi vida sexual, deseo vida sexual. LABIO: Hablar causa problemas, no hablo. LENGUA: No trago lo que vivo a mi alrededor. No saboreo mi vida. PÁRPADOS: No quiero ver mi realidad, no acepto mi realidad, quiero ver cosas diferentes. GENITALES: No logro encontrar el amor. Necesito que me amen.

Tatuajes más comunes, analizar la imagen tatuada también:

PIES O TOBILLOS: Tengo problemas con mi madre. No soporto a mi madre. GLÚTEOS, CADERA: Quiero atraer al sexo opuesto. Quiero gustarle a alguien. GENITALES: Tengo experiencia sexual. Ámame. BRAZOS: Soy fuerte y responsable. PECHO: Esto me duele. Soy muy sentimental. HOMBROS: Esta responsabilidad acaba conmigo. ESPALDA: Esta carga no me pertenece. CUELLO: Mi vida no me pertenece.

(*Los tatuajes pueden representar a algún miembro de la familia, madre, padre, hermano, hijo, etc… antepasados/ancestros, pareja, amistad, o alguna situación concreta de nuestra vida y en algunos casos puede ser una llamada de atención)

Modificaciones más comunes:

OREJAS: Estoy harto de escuchar siempre el mismo sermón. DIENTES: Por fin puedo atrapar a mi presa. Lograr lo que deseo. Lograr que me teman. FRENTE: Debo parecer maduro y fuerte.

¿Cómo libero esa emoción biológica?

Haberme realizado cualquier perforación, tatuaje o modificación, están haciendo evidente mi rechazo a mí mismo y mi incapacidad para afrontar aquello que la vida me presenta. Debo aceptar que yo valgo mucho tal como soy y que no debo afectarme con el afán de pertenecer, de mostrar mi fuerza o de rebelarme.

Ninguna persona, proveniente de un hogar bien establecido y amoroso, realiza ninguna de estas cosas, ninguna. Es necesaria una ausencia total o parcial de familiar, de estructura familiar o de apoyo familiar, para que uno sienta la necesidad de modificarse alguna parte del cuerpo. Y de mí depende superar las dificultades inteligentemente o dejarme llevar por la falsa idea de que realizando estos cambios demuestro ser superior y diferente.

Me amo y me respeto. Acepto a mi familia tal como son y dejo fluir sus ideas. Defiendo mis pensamientos y sentimientos con inteligencia. Amo y soy amado. Confío en mi fuerza.

(*Si no encaja en estas definiciones, tenga en cuenta que no hay regla sin excepción)

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El rechazo es la herida emocional más profunda” 

Cómo superar una ruptura de pareja

CREATOR: gd-jpeg v1.0 (using IJG JPEG v62), quality = 95Los dolores del corazón son quizá los más duros.

Muchas veces nos deprimen, nos quitan la fe en los demás, nos hacen dudar de nosotros mismos y nos pueden dejar heridos por un largo tiempo. Sin embargo, la ruptura de pareja es una gran oportunidad para aprender y mejorar nuestro proceso espiritual. Y la sanación es posible.

Pasos para superar la ruptura de pareja

1.- ¿Qué tenía yo que aprender de esa persona?

Empieza por hacerle honor a la relación. Incluso si fue dañina y tóxica, o te hirió de alguna manera, es una experiencia más en tu vida que te ha aportado algún aprendizaje. ¿Qué aprendiste sobre ti mismo? Sobre la forma en que te relacionas con los demás? Sobre el amor? Sobre lo que debe hacerse y lo que no debe hacerse?

2.- ¿Qué retos me quedan?

Después de responder estas preguntas, lo siguiente es asumir una perspectiva espiritual al respecto. Si ya sabes lo que aprendiste, ahora evalúa qué te falta por aprender: Paciencia? Tolerancia? Honestidad? Perdón? Firmeza? Amor propio? Fe y confianza? Dignidad? En esta respuesta posiblemente encontrarás una de las misiones que vienes a cumplir a esta vida, y entre más rápido lo identifiques, más rápido lo aprenderás y menos situaciones iguales vendrán a tu camino para que aprendas la lección. Al aprender y asumir nuestras misiones, superamos el “examen” y podemos seguir adelante a nuevos retos.

3.- Asumir la Soledad

Muchas veces, lo más difícil luego de una ruptura de pareja es asumir que estássolo. Al estar acostumbrados a compartir tiempos y espacios con otros, nos olvidamos a veces de nuestra vida interna. Concéntrate en ti mismo; después de una ruptura de pareja es una gran experiencia sanadora.
Reencuéntrate con tu libertad, tu tiempo y tu espacio. Redecora tu casa, cambia tu imagen, cómprate ropa, disfruta un delicioso helado, ve al cine a ver esa película que tanto deseabas, baila en tu habitación, lee un libro nuevo, medita, haz planes diferentes, vete de fin de semana a un lugar especial, tómate un día libre y camina por las calles disfrutando el entorno, cocina tu cena favorita.
Te aseguro que muchas veces, en pareja, cediste ante los gustos del otro y te limitaste en los tuyos. Ahora es tu tiempo. ¡Disfrútate!

4.- “No soy mis relaciones”

Un error en el que frecuentemente caemos luego de una ruptura de pareja es asumir que los problemas que tuvimos fueron nuestra culpa o bien nos culpamos de ser como somos. Es más, nos invade la mente, la idea de que estamos mal y que debemos de cambiar para que nos quieran, nos amen o nos acepten.
La culpa a veces nos llena, la duda nos enloquece, y nuestra autoestima y confianza puede debilitarse. ¡Alto!
Es importante entender que no somos nuestras relaciones. Que las cosas que pasan en una pareja, son cosas de dos – son una dinámica creada por ambas personas y no necesariamente el reflejo de lo que somos o no somos. A ti no te falta nada. Tú eres perfecto. Incluso si cometiste una falta, como la infidelidad por ejemplo, esto no es necesariamente reflejo de lo que tú eres como persona. Siempre existe la posibilidad de aprender y mejorar, y lo que hacemos es diferente a lo que somos. Somos seres espirituales que venimos a aprender y a cumplir misiones, y cada situación nos lleva por el camino que debemos recorrer para superar dichas misiones. No te rotules. No te disminuyas. Asume lo ocurrido, evalúa, aprende y sigue adelante.

5.- Volver a creer en el amor

A menudo, luego de una ruptura de pareja, juramos que nunca más lo intentaremos. Está bien. Es un proceso y debes vivir el duelo correspondiente.
Incluso, está bien si tu decisión es quedarte soltero. Toda decisión es válida.
Sin embargo, no dejes de creer en el amor. Porque el amor es la guía, el alimento y la luz de la vida. Y eso empieza por ti mismo. Aprende nuevamente a amarte, y encuentra maneras de expresarte amor a diario.
Muchas veces, nos instalamos en el drama de no tener ganas de una pareja nueva, pero erramos al andar así por la vida. Porque nuestro pobre amor propio, nos obliga a conocer entonces, personas que “busquen” ayudarnos a olvidar, ayudarnos a creer en el amor, amarnos porque estamos débiles y heridos.
Debemos creer en el amor, sí. Pero jamás iniciar una nueva relación si no hemos cerrado el círculo con nuestro “ex”. Porque el llegar “heridos” a una nueva pareja, es “empezar mal” y terminará mal. Así que CUIDADO.
El proceso de duelo tarde o temprano terminará y ahora sí, tu vibración puede atraerte regalos hermosos en el futuro. No te cierres ante esa posibilidad.

6.- Convenios kármicos

No todas las relaciones son terrenales. Es decir, muchas veces tenemos contratos con otros seres, que hemos adquirido aún antes de encarnar en la tierra. A veces son situaciones no procesadas de vidas pasadas, a veces son relaciones indirectas con terceras almas. Para no seguir atado y herido por una conexión kármica, si tú sientes que ya has hecho todo lo posible por superar una ruptura y tienes claro que has luchado por estar bien y no lo logras. Debes hacer un duelo simbólico por esa persona. Será necesario que te liberes de esas cargas, porque no puedes perder más años de tu vida viviendo en el pasado y con el corazón roto.

7.- Balancea tus chakras

La terapia Reiki es excelente para esto. El dolor, preocupación y nivel emocional que se vive luego de una ruptura de pareja a veces nos deja física, mental y espiritualmente fatigados. Sube tu energía, purifícate y asegúrate de poner tus chakras en orden para no manifestar cosas negativas en tu vida.

Dale tiempo al tiempo. Cada experiencia, por dolorosa que sea, tiene una razón de ser, y no hay fórmulas mágicas para hacer desaparecer la situación. Lo importante es saber establecer barreras para no seguir lastimándote, seguir los pasos internos de entendimiento, no caer en la depresión ni el pesimismo, y tener la determinación de superar la pérdida sabiendo que la vida ofrece millones de oportunidades a cada segundo, pero ninguna llegará mientras usted esté estancado pensando en el pasado y lo que pudo ser. ¡Adelante!

  • Fuente: Akasha Sanación Integral (Facebook)

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Cómo encontrar el amor verdadero

Aunque te amo, te abandono

Miedo- abandonoEl miedo a ser abandonado o dejado es un condición humana.

Es un proceso que se vive muy temprano en la infancia, cuando somos seres dependientes y con grandes necesidades de la presencia de los adultos, principalmente la madre. Si ésta desaparece por algún tiempo, caemos en pánico y nos sentimos abandonados. En la infancia es un temor entendible. Pero resulta que ahora tengo veinte, treinta, cuarenta o cincuenta y tantos años y sigo viviendo con un gran miedo a ser abandonado. Para que no me abandones, entonces, soy capaz de hacer lo que sea para que no te vayas, para que permanezcas conmigo, para que siempre me necesites.

“Estoy dispuesto a hacer, decir, vivir como tú quieres, pero por favor, no te muevas de mi lado”

– O por miedo al abandono me adelanto y abandono yo primero.

En el primer caso, caemos en una serie de estrategias de manipulación, por supuesto, de manera inconsciente, que se traduce en conductas como:

– Cedo mis necesidades para que te des cuenta de lo importante que eres para mí. Al necesitarme no me vas a abandonar.

– Estoy dispuesto a darte gusto en todos tus caprichos, a pesar de mí mismo, pero quédate junto a mí toda la vida.

– Prefiero no decirte lo que me molesta, me irrita, me enoja o me asusta para que creas, que soy una persona muy bondadosa contigo. Así siempre querrás tener presencia en mi vida.

– Te chantajeo con todo lo que te doy y te llevo un recuento, para que veas que la cuenta de lo que me debes es muy grande, así no podrás irte, la deuda es demasiado grande.

Evidentemente para que exista una manipulación de esta naturaleza se necesitan dos y para llegar a estas situaciones, también. Pero una cosa es tener temor al abandono, y otra muy distinta, vivir llenos de desconfianza y turbación en lo referente a nuestra relación de pareja.

El abandono está en relación directa con la sensación de desamparo. El abandono no solo es físico, también existe el abandono amoroso, el abandono intelectual, el abandono de intereses, el abandono de nosotros mismos. 

Sin embargo, cuando tenemos una pareja a la que amamos demasiado; pero que al mismo tiempo nos sentimos solos, sin apoyo, fuera de su compañía y de su afecto, entonces ese sentimiento de aislamiento nos carcome. Ya que el abandono de la compañía, de la mirada, de la atención, y el aprecio por parte de nuestra pareja, se ha ido, y al parecer, para siempre y desde hace tiempo.

Cuando alguno de los integrantes de la pareja, decide ya no estar en la relación sea consciente o inconscientemente, deja al otro en un estado de vulnerabilidad tal, que no se acierta a comprender; el desamparo se revela como cómplice asustado.

¿Cómo crees tú que se puede superar este tipo de miedo que pareciera no tener razón de ser?
¿Cómo se le puede hacer ver a una persona que depende emocionalmente de otra, que tiene la capacidad de ser autodependiente y que el miedo puede vencerse, porque solo es una idea que crece en su mente y ella la puede manejar si puede Darse Cuenta de su mecanismo?

El temor a la soledad y al abandono distorsiona las relaciones, de tal manera que con frecuencia las personas no saben si actúan por amor o por miedo.

Todos esperamos que nuestra pareja sea relativamente estable e incuestionablemente fiel. De hecho, la mayoría de las personas no soportarían una relación fluctuante y poco confiable, y no sólo por principios sino por salud mental. Por donde se mire, una relación incierta es insostenible y angustiante. Anhelar una vida de pareja estable no implica apego, pero volverse obsesivo ante la posibilidad de una ruptura si.
En ciertos individuos la búsqueda está asociada a un profundo temor al abandono y a una hipersensibilidad al rechazo afectivo. La confiabilidad se convierte para ellos en una necesidad compulsiva para aliviar el miedo anticipatorio a la carencia.

No importa que la esposa sea mala amante, pésima ama de casa, regular mamá o poco tierna: “pero es confiable, sé que jamás me abandonará”. El marido puede ser frío, mujeriego agresivo y mal padre, pero si es un hombre “estable”, constante y predecible y perseverante en la relación queda eximido de toda culpa: “no importa lo que haga, me da la garantía de que siempre estará conmigo”.

La historia afectiva de estas personas está marcada por despechos, infidelidades, rechazos, pérdidas o renuncias amorosas que no han podido ser procesadas adecuadamente.

Más allá de cualquier argumento lo primordial para el apego a la estabilidad, confiabilidad es impedir otra deserción afectiva: “prefiero un mal matrimonio a una buena separación”. El objetivo es mantener la unión afectiva a cualquier costo y que la historia no vuelva a repetirse. Ante el abandono sea del tipo que sea, es mejor tomar distancia y repensar nuestra relación en pareja. Por más doloroso que parezca cuando la pareja ha decidido no estar más afectivamente con nosotros requerimos estar atentos a nuestras vidas.

Al ser abandonados nos deja una sensación de vacío en el alma. Pero perder la dignidad, rogar y estar empecinados en que nuestra relación de pareja se quede con nosotros, entonces, es mejor aceptar y buscar Recuperar la Confianza en el Amor y en nosotros mismos.

En relaciones muy deterioradas ante la amenaza del abandono podemos caer en chantajes de muerte, de agresión y de indignación. Nadie puede forzar el amor del otro, tampoco podemos esperar años y años a que nuestra pareja vuelva. Aceptar y transitar un proceso de duelo es lo deseable.
Pese a todos nuestros temores y miedos, aún con mayor razón, necesitamos recuperarnos y estar atentos a nuestra SANACIÓN. Dejar de poner el foco de atención en nuestra pareja y su abandono y empezar a atendernos a nosotros mismos, porque: El primer abandono es el que hemos hecho con nosotros mismos.

Dejar de vivir como víctimas y hacernos RESPONSABLES del cuidado de nuestra persona porque nos hemos olvidado tanto de nuestro propio SER, por tanto, iniciemos de nuevo la atención hacia nosotros mismos.

Se puede perder el amor, se puede perder a la pareja, se puede perder la relación, pero lo que no se puede perder, es la dignidad personal.

Tocar el abandono amando a nuestra pareja es una experiencia desgarradora y traumática, lleva tiempo asimilarlo, es una pérdida, es un duelo, y por tanto, tenemos que transitar esos caminos del luto y del dolor.

Las heridas se curan con el tiempo, con el proceso de aceptación.

¿Me conviene abandonar la relación?
¿Será lo más conveniente la separación?
¿Hasta dónde amarte aunque nuestra relación sea destructiva?

Los miedos y los cuestionamientos no se dejan esperar. Pero una cosa es amar a la pareja, y otra muy distinta, la manera en que mi pareja y yo nos relacionamos.

Aunque te amo, te abandono: es un acto valiente que permite cobrar conciencia sobre la estima propia y el amor personal.

Aunque te amo, te abandono: es el coraje que te lleva a actuar y a realizar un acto de supervivencia personal.

Aunque te amo, te abandono: es el reconocimiento del gran dolor y sufrimiento en la relación de pareja y el límite de una autoestima personal.

Aunque te amo, te abandono: se refiere al rompimiento de la vida en pareja, a pesar de mi amor por ti. Te abandono en contra de mi voluntad, pues aunque tu amor es el motor de mi vida también se ha convertido en el de mi propia destrucción.

Abandonar amando a la pareja, es una decisión difícil de afrontar. En realidad, no se renuncia al amor sino a la relación. Pero aunque parezca que son vivencias juntas, no son del todo iguales. El dolor de cualquier manera estará presente con él o sin ella. Pero la ausencia del otro en situaciones destructivas, permite tomar distancia del asunto y repensar la relación y la condición de la misma.

Sólo aquellas personas que se aman lo suficiente a sí mismas y saben que no merecen una vida de pareja destructiva son capaces de dar el paso. No digo que no les duela, no digo que sea fácil, solo quiero explicar que su amor propio es mayor aunque les cueste trabajo recuperarse, aceptan el reto llenas de dolor y sufrimiento.

Evidentemente se requiere, en primer lugar honestidad; reconocer que debemos abandonar por amor. En segundo término, decisión; tomar la determinación de abandonar, a pesar del dolor y la amargura. Y en tercer punto sostenerse y aprender de la experiencia.

Aunque te amo, te abandono: y te dejo, no porque no te quiera, sino porque no me conviene tu amor destructivo, tóxico, controlador, limitante o asfixiante.

Aunque te amo, te abandono: ya que en esta relación he llegado a sentir sentimientos que me denigran, además de que lejos de crecer me estanco a tu lado. No logro desarrollar todo mi potencial sin sentir tu envidia, tus celos, tu desconfianza.

Aunque te amo, te abandono: porque sí no me voy, entonces me estaría abandonando y traicionando a mí como persona. Por eso y otras cosas más, aunque te amo, te abandono.

El amor no es todo en las relaciones de pareja, también se requiere comprensión, empatía, interés, sentido de realización, afinidad, compartir, respeto, comunión y una sensación de confirmación de ser importante para el otro. Necesitamos sentir que nuestro crecimiento al lado de esa pareja sustancial a nuestro proyecto de vida…

De lo contrario, cuando sólo el dolor, el sufrimiento, la amargura, angustia y la aflicción interna son las constantes de mis sentimientos en esa relación, tal vez, sea mejor decir:

“Aunque te amo, te abandono”

 *Si lo desea, puede leer la publicación: “Rompiendo el ciclo del abandono

Características de la dependencia emocional

Dependencia- emocionalPrioridad de la pareja sobre cualquier otra cosa

El dependiente emocional pone a su relación por encima de todo, incluyéndose a sí mismo, a su trabajo o a sus hijos en muchos casos. No tiene que haber nada que se interponga entre el individuo y su pareja, que dificulte el contacto deseado con ella. Obviamente, dentro de una normalidad, pero siempre observando esa dinámica; por ejemplo, una persona va dejando poco a poco sus aficiones como el gimnasio o las clases de pintura para estar más tiempo con su compañero, hasta que prácticamente se convierte en su sombra; igualmente, una madre separada inicia una nueva relación y deja continuamente a sus hijos con sus abuelos para quedar todas las veces que pueda con el otro.

Voracidad afectiva: deseo de acceso constante

Para entender este rasgo, es muy importante que nos imaginemos que el dependiente emocional puede decidir por sí mismo cómo, cuándo y de qué forma contacta con su pareja: luego explicaremos por qué. Suponiendo esto, si por el dependiente fuera, tendría el mayor roce posible con su pareja mediante todas las formas posibles. Por ejemplo, cuando ambos miembros de la relación están en casa, procurando estar juntos el máximo tiempo (nada de cada uno en su habitación, o uno viendo el ordenador y el otro trabajando). Asimismo, si la pareja sale con un grupo de amigos, estando todo el rato junto al otro y teniendo principalmente interacción y contacto físico con él.

¿Y qué sucede cuando, por las obligaciones que todos tenemos, los dos miembros de la pareja están separados?

Muy sencillo: el teléfono móvil e internet se han convertido en dos ayudas inestimables para satisfacer la voracidad afectiva de los dependientes emocionales, sea mediante llamadas telefónicas, mensajes de texto, correos electrónicos o programas de mensajería con los que el dependiente puede estar online con su pareja. El contacto puede ser muy frecuente y excesivo, hasta el punto de que llame la atención al entorno o de que ocasione algún problema en el trabajo. Ni que decir tiene que la persona con dependencia también presionará lo que pueda para que su pareja, inmediatamente que termine con sus obligaciones, marche presta a reunirse con ella.
Insisto en que, si por el dependiente fuera, estaría el máximo tiempo disponible con la otra persona, y cuando esto no se consigue se compensa esta situación con otros medios de comunicación con los que hay también contacto. Cabe añadir también que este rasgo está muy acentuado en algunos dependientes emocionales, pero no en todos (como la mayoría de los que exponemos en esta sección).

Pero antes hemos dicho que nos debíamos imaginar en un supuesto: que la otra persona no pusiera pega ninguna al comportamiento voraz y “agobiante” del dependiente. Como es lógico, esto sucede a veces, pero en la mayoría de las ocasiones no es así y la pareja reclama espacio y recrimina este tipo de comportamientos. Si añadimos que también es frecuente que las personas que los dependientes escogen como pareja no siempre se comportan de una manera sensible y afectuosa, nos resulta que lo más normal sea que el otro ponga límites y condiciones al comportamiento voraz de su compañero, mediante los clásicos “no me llames tanto”, “necesito mi espacio”, “no me agobies”, “no creo que me dé tiempo a verte en toda la semana”, “quiero hacer esto solo”, etc. Y, claro, al dependiente no le queda otra que aceptar estas condiciones porque, de lo contrario, se puede producir lo que más teme: el rechazo e incluso la ruptura. Por lo tanto, no esperemos encontrarnos relaciones de “fusión” entre el dependiente y el otro porque esto sólo sucede algunas veces, ya que es precisamente la otra persona la que en muchos casos pone límites a la voracidad afectiva; además, lo normal es que dichos límites sean incluso abusivos porque el otro considera que tiene privilegios en la relación, ya que el dependiente le pone un cheque en blanco con sus nada disimulados deseos de contacto continuo y con su nada disimulada fascinación hacia él.

Tendencia a la exclusividad en las relaciones

Como en todas las características que estoy exponiendo, en esta en concreto sucede que no es más que una exageración de la normalidad. Es decir, en toda relación hay un deseo de exclusividad en el sentido de que no queremos compartir a nuestra pareja con una tercera persona. Pero no es sólo esto lo que sucede en la dependencia emocional. Aquí, además, el dependiente emocional quiere literalmente a su pareja para él solo: todo lo demás molesta, desde amigos hasta compañeros de trabajo, pasando por los hijos.

De igual forma que sucede con la voracidad afectiva, la exclusividad es un aspecto que no se da en todos los dependientes emocionales con la misma fuerza; incluso en algunos no se produce más allá de lo normal.

Idealización del compañero

El otro se convierte con el tiempo en alguien sobrevalorado, eso si no lo ha sido desde el principio por tener un perfil determinado de endiosamiento o de lejanía hacia los demás. Será muy difícil que un dependiente emocional se enamore de alguien al que no admire o vea bastante por encima suyo, no desde un punto de vista racional u objetivo (por ejemplo, que sea mejor profesional o más inteligente), sino en general, como una sensación que él experimenta de estar con alguien más importante o más elevado y que transmite deseos de estar junto a él.

No obstante, no sólo se producirá una sobrevaloración general de la pareja sino que también se podrán distorsionar sus méritos y capacidades. Por ejemplo, si es artista o empresario, será de los mejores en su trabajo; si es más o menos atractivo, será el más guapo; si es prepotente en su forma de hablar, será muy inteligente; etc.

Al final, uno de los elementos que más influyen en esta idealización es cómo trata la persona al dependiente emocional. Cuántas veces he escuchado en mi consulta la afirmación de que los flirteos o pretensiones amorosas de alguien se consideran signo de debilidad o de comportamiento “baboso” (provenga de quien provenga, incluso de personas que pueden despuntar por su trabajo o por otras facetas), mientras que el desprecio, el escaso interés o la prepotencia se interpretan como signos de poder, fuerza o elevación. Realmente, no son aspectos concretos de otro individuo los que lo convierten en idealizable, sino su perfil general y, especialmente, el trato de dicho individuo hacia el dependiente emocional.

Sumisión hacia la pareja

La consecuencia lógica de ser muy voraz afectivamente, de priorizar a la relación sobre cualquier otra cosa o de idealizar a la pareja, es que el trato hacia ella va a ser de subordinación, es decir, “de abajo a arriba”, como si alguien muy bajito se dirigiera a un gigante al cual necesita. Da la sensación en ocasiones de que los dependientes se comportan con sus parejas como sacerdotes que realizan ofrendas a algún dios al que le permiten absolutamente todo, al que le justifican todos sus actos y al que, a pesar de los pesares, le intentan satisfacer con lo que pida.

Antes he puesto el ejemplo de esa persona que le hacía la cena a su marido y a su amante en su propia casa, pero podría poner otras situaciones de sumisión como las de aceptar todo tipo de descalificaciones por parte del otro, permitir infidelidades, hacer siempre lo que quiere la pareja, soportar las descargas de sus frustraciones –que pueden llegar incluso al plano físico- o también ser y actuar como pretende o desea el compañero.

Pánico ante el abandono o el rechazo de la pareja

El dependiente emocional idealiza tanto a su compañero y se somete tanto a él, considerando la relación de pareja como lo más importante de su vida, que le tiene verdadero terror a una ruptura. Hay personas que, literalmente, se encuentran incapaces de romper una relación, y no por quedarse descolgadas en el plano económico o de cualquier otra forma, sino porque afectivamente lo encuentran devastador. En estos casos no vale la frase de “más vale solo que mal acompañado”; es más, una de las manifestaciones más usuales tras una ruptura es “con él estaba fatal, pero es que ahora estoy mucho peor”.

Como veremos en la siguiente característica, en muchas ocasiones es el terrorífico síndrome de abstinencia el que acongoja de tal manera al dependiente que le hace pensar y sentir con absoluta realidad que es totalmente imposible romper la relación, y que si no lo hace el otro no habrá forma humana de que se produzca esa situación.

Pero lo más normal es que las rupturas no sólo se consideren inalcanzables, sino que además no se deseen en absoluto. El dependiente emocional, en casos graves, puede aguantar prácticamente todo con tal de que no se rompa la relación porque prefiere estar fatal dentro de ella que sin sentido de la vida o de la existencia fuera. Esto produce un gran terror a los rechazos en el seno de la pareja, a los  comportamientos de escasa aprobación o a los signos que se den por parte del otro que indiquen una falta de interés o una falta de cariño.

Trastornos mentales tras la ruptura: “el síndrome de abstinencia”

Ya he expuesto que los dependientes tienen un miedo cerval a lo que acontece tras una ruptura, que es el “síndrome de abstinencia”, llamado así por analogía a las adicciones a las drogas. Este bien llamado síndrome supone realmente el padecimiento de un trastorno mental que variará según la persona y según la intensidad, pero que de manera habitual es un trastorno depresivo mayor con ideas obsesivas, o, dicho en otras palabras, una depresión muy fuerte con pensamientos repetidos y angustiosos en torno a un tema que, en este caso y como no podía ser de otra forma, es la relación perdida y todo lo que ello conlleva: recuerdos, planes para reanudar la pareja, remordimientos por supuestos errores cometidos, etc.

El golpe psicológico es tan brutal que no sólo hay una inmensa tristeza, sino que además habitualmente se sufren síntomas de ansiedad intensos que impiden la concentración y que se traducen en molestias físicas o sensaciones muy desagradables, y también en pensamientos sobre el poco sentido que tiene la vida que pueden derivar en ideas suicidas. En este sentido, recuerdo perfectamente a una persona que nada más entrar por primera vez en mi consulta me dijo que ya tenía fecha para morirse. Esto llama la atención porque se suelen asociar las ideas suicidas con otros problemas, pero en la dependencia emocional y muy especialmente dentro del síndrome de abstinencia se dan, aunque hay que decir que lo más usual es que sólo se dé, que no es poco, una pérdida muy sustancial de apego por la vida.

En el síndrome de abstinencia lo que domina es el deseo de retomar la relación, las ideas continuas de, con cualquier excusa, contactar con la otra persona para no tener la sensación de pérdida o de desaparición definitiva. A veces, estas excusas se las da el individuo a sí mismo en forma de autoengaño, por el que uno se autoconvence de que no pasa nada por llamar a la ex pareja ya que se puede tener una simple amistad, o de que sólo se está contactando con el otro para “cantarle las cuarenta”.

Todo el padecimiento descomunal de este síndrome desaparece de un plumazo con una simple llamada de la otra persona. Donde había lágrimas, ansiedad y auténtica desesperación, se pasa a la tranquilidad y a la sonrisa.

Búsqueda de parejas con un perfil determinado

El tipo de persona que suele preferir el dependiente emocional, al que llamaré “objeto”, es normalmente alguien engreído, distante afectivamente, egocéntrico, y a veces hostil, posesivo o conflictivo. También hay un perfil habitual y es de la persona con problemas, con un fondo importante de vulnerabilidad o fragilidad emocional con el que el dependiente se identifica, produciéndose igualmente una relación desequilibrada con ella por la que se intenta cuidar y controlar a dicha persona, mientras que ella, en muchas ocasiones, se aprovecha de ese comportamiento sumiso y atiende sólo a intereses egoístas o también afectivamente enfermizos.

Amplio historial de relaciones de pareja, normalmente ininterrumpidas

Puedo decir, en tono jocoso, que las primeras visitas con un dependiente emocional son un listado inagotable de relaciones de pareja que se producen desde la adolescencia. Estas personas viven su vida alrededor del amor y no la conciben sin él: necesitan, o eso creen ellas, a alguien permanentemente a su lado. Por este motivo, nada más terminan una relación, y aunque sea en pleno síndrome de abstinencia, buscan otra persona para reemplazar a la anterior, incluso al mismo tiempo que se intenta reanudar dicha relación rota.

Normalmente, el tiempo que transcurre entre una relación de pareja y otra es muy escaso, y cuando es largo puede deberse a que todavía se arrastre la que se ha roto (por ejemplo, siendo amante de la ex pareja y estando siempre pendiente de cualquier contacto por su parte) o a que se mantenga una actitud de constante flirteo por la que el dependiente no se siente realmente solo, ya que tanto por internet como por el teléfono móvil hay correos electrónicos, mensajes de texto y demás que producen sensación de inmediatez y de proximidad; esto sin contar las citas puntuales que se den con estas personas con las que existe dicho flirteo.

Baja autoestima

Por lo general, los dependientes emocionales son personas que no se quieren a sí mismas. ¿Qué significa quererse a sí mismo? Porque esto realmente es algo muy abstracto, por más que tenga manifestaciones concretas y de lo más palpables. Quererse a uno mismo no significa necesariamente que tenga que considerarse con virtudes o cualidades; por ejemplo, considerarse guapo, buen profesional, inteligente, etc. Existen dependientes emocionales y otras personas que saben racionalmente que presentan algunas de estas cualidades, y sin embargo no se quieren de una forma adecuada. Lo que acabamos de describir es el autoconcepto, es decir, la idea racional que todos tenemos sobre nosotros mismos. Digamos que sería un listado de cualidades, carencias, virtudes y defectos que todos tenemos sobre nosotros.

No obstante, la autoestima es algo diferente al autoconcepto, aunque en muchas ocasiones van por caminos similares. De igual forma que podemos considerar a alguien guapo o inteligente pero al mismo tiempo detestarle; podemos pensar sobre otra persona que no es muy atractiva pero que estamos con ella a muerte. Los sentimientos no tienen por qué ir necesariamente por el mismo camino que nuestra idea racional.

Querernos a nosotros mismos es exactamente lo mismo que querer a uno de nuestros seres queridos, pero siendo uno mismo el destinatario de esos sentimientos. Podemos protegernos cuando nos atacan, consolarnos si estamos sufriendo, ayudarnos cuando tenemos problemas haciendo lo posible por resolverlos, valorarnos cuando hacemos las cosas bien, alegrarnos si nos ocurren cosas positivas, y sobre todo no poner condiciones para querernos. Demos ahora la vuelta a la situación y pongámonos en cómo se trata una persona sin autoestima, sea como sea su autoconcepto: no se protege cuando recibe ataques e incluso se los inflige ella misma, no se consuela si está sufriendo sino que aprovecha su vulnerabilidad para atacarse más duramente, se hunde ante las adversidades sin intentar resolver sus problemas, no se valora cuando hace las cosas bien sino que se busca el error o el defecto, y se pone condiciones para quererse como despuntar en el físico, tener muchos estudios, posición social, etc… ya que cualquier pretexto es bueno con tal de escatimarse el cariño.

Miedo a la soledad

Verdaderamente, no es de extrañar que si alguien tiene esos sentimientos hacia sí mismo no soporte estar solo, porque es como estar continuamente junto a alguien al que detestamos. Por ejemplo, los dependientes emocionales no aguantan mucho tiempo estar solos en casa o con la perspectiva de no salir en todo el domingo: enseguida se buscan planes o llaman por teléfono a alguien con cualquier excusa. La soledad les provoca incomodidad, malestar e incluso ansiedad, y la idea más o menos intensa de que no son importantes para nadie, de que nadie les quiere y están abandonados.

Aparte del temor a esta soledad en un sentido extenso, también temen a la soledad entendida como estar sin pareja. No cabe duda de que aquí es un temor cercano al terror: les da auténtico pavor no tener a alguien ahí sea como pareja o como sucedáneo (una aventura, un flirteo continuado…) La consecuencia, como ya he dicho, es el encadenamiento sucesivo de relaciones para evitar esas sensaciones tan desagradables.

Necesidad de agradar: búsqueda de la validación externa

Este rasgo no aparece en todos los dependientes, pero sí es bastante común. Cuando aparece, el individuo intenta satisfacer a la mayoría de las personas con las que trata, de manera que se les quede a dichas personas una idea inmaculada del dependiente. Necesita tanto de la aprobación externa que lo pasa francamente mal cuando no la tiene o cuando interpreta que ha sido rechazado; en estas situaciones, es habitual que haga “comprobaciones” de la relación como llamar por teléfono para ver si todo sigue igual con esa persona o para detectar anormalidades en el tono de voz, por ejemplo.

Los dependientes que se comportan así suelen ser modélicos para los demás. No crean conflictos con sus familiares más próximos, no ponen problemas para planificar las citas con los amigos, se prestan a cualquier cambio de turno imprevisto que haya en el trabajo, no se adhieren a ningún grupo sino que intentan llevarse bien con todas las personas, etc. Son descritos por los otros como buenas personas que intentan favorecer siempre y que se desviven por ayudar.

Los dependientes emocionales que necesitan agradar presentan una tendencia muy marcada a la validación externa. Esto significa que su valor no se lo dan a sí mismos, sino que lo cogen prestado del que reciben de los demás. Por ejemplo, un dependiente puede haber quedado inicialmente satisfecho de un informe que ha hecho en el trabajo, pero si no le ha gustado al jefe dudará de su desempeño. Una persona con tendencia a la validación interna criticaría la postura de su jefe y continuaría manteniendo su criterio. En los dependientes con buen autoconcepto y en situaciones similares, podrían disponer de esta tendencia a la validación interna, pero en situaciones distintas de tipo afectivo que impliquen aceptación o rechazo nos aparecerá de nuevo la tendencia contraria, es decir, la que proporciona el valor por parte de los otros: por ejemplo, si un compañero de trabajo no invita a una celebración de cumpleaños a un dependiente, éste se considerará poco querido, poco válido por sentirse rechazado. Otra persona con una tendencia a la validación interna se mostraría dolida o disgustada, pero respetaría la decisión o la criticaría sin por ello alterar su idea sobre sí mismo porque su valía como individuo no depende de la valoración o del rechazo ajenos.

  •  Fuente: “Cómo superar la dependencia emocional” J. Castelló Blasco. Editorial Corona  Borealis,  2012.

*Si lo desea, puede leer también la publicación: “Razones que llevan a una pareja infeliz a siguir juntos

¿Cuáles son las verdaderas razones de las alergias?

AlergiasEn este libro, Salomón Sellam propone que las alergias son un tipo de “fobia física” que desencadena el cuerpo para evitar el recuerdo de alguna situación muy dolorosa emocionalmente. Por tanto, la causa de la reacción alérgica sería psicosomática y al liberar la respuesta emocional que la dispara, se mitigarían o desaparecerían los síntomas.

Proceso de generación de la alergia

Según Sellam, todas las alergias se crean siguiendo los mismos pasos:

  • Se experimenta una vivencia traumática, en la que no es posible dar salida a las emociones que surgen, quedando éstas reprimidas en el cuerpo y el recuerdo.

  • Se produce un proceso de asociación simbólica subconsciente, totalmente libre, entre alguno de los estímulos sensoriales (auditivos, visuales, olfativos, gustativos, táctiles o pensamientos), presentes en la situación, con una señal de amenaza importante.

  • Desde ese momento el estímulo sensorial disparará una sobrerespuesta fisiológica con el fin de evitar el acceso completo al recuerdo traumático. La respuesta se experimenta con los síntomas típicos de la alergia, que están relacionados con el estímulo sensorial asociado. Por ejemplo, los estímulos olfativos generarán una respuesta física que cree mucosidad, con lo que se evita poder oler y, por tanto, recordar cuándo hemos entrado en contacto con ese aroma con anterioridad, la situación traumática.

Tipos de asociaciones

La dificultad principal en el tratamiento de la alergia radica en la asombrosa capacidad asociativa del subconsciente. Existen casos muy claros con simbologías que suelen respetarse, sobre todo la de los síntomas, pero conocerlas sirve más como pista que como regla infalible. Para dejar constancia de ello, se citan en el libro gran cantidad de ejemplos clínicos, algunos de ellos muy sorprendentes.

Simbologías:

Agua y leche: madre, maternidad

Alcohol: dulce transformado

Pan: familia

Polen: reproducción

Polvo: sexo, suciedad

Perro y gato: hogar familiar

Sol: padre, paternidad, dar luz

Síntomatología 

Rinitis (estornudos y desaparición del olfato): asociado a no querer percibir el olor en el ambiente o incluso el viento.

Conjuntivitis (lagrimeo y picor): no querer ver con claridad.

Dermatosis (edema que anega los receptores cutáneos): modo de evitar el contacto o la falta de él, separación.

Edema de Quincke (garganta): las tensiones en la garganta se asocian a miedos y la incapacidad de expresar.

Asociaciones libres:

Alergia a la fresa: una pareja está cenando y en el postre, fresas, ella le dice a él que le deja.

Alergia al café: una cafetera fue el regalo de despedida de su primer novio.

Alergia al pato: una bandada de patos pasaba cuando su novio le decía que sus padres se mudaban de ciudad.

Alergia a las mimosas: el dibujo que llevaba su madre en el delantal cuando se despidió para irse con su marido, era de mimosas.

Alergia a las rosas: nombre de la exmujer.

Alergia al pelo de gato: el recuerdo que tiene de su abuela fallecida es una foto con un gato en regazo.

Alergia a la tiza: asociada a una bronca del maestro al no saber resolver un problema en la pizarra.

Alergia a la bisutería: asociada a la desvalorización que representa para ella no portar metales preciosos.

Alergia al polvo: pillado con su prima bajo la cama.

Alergia a las plumas y ácaros: sorprendido con su prima bajo un edredón.

Terapéutica

Tienes tres vías principales para trabajar con tu alergia. Pero, por supuesto, ninguna de estas vías reemplaza de algún modo al sentido común, ni al proceso de diagnóstico. Tampoco da las directrices necesarias para establecer el tratamiento adecuado que solo un médico está habilitado a prescribir o a modificar en función de los resultados clínicos y en particular al cese de la terapia.

  1. Tratarla globalmente.

    Aplicando el audio de la receta 3 veces al día podrás empezar a ver cambios al cabo de unas semanas y si eres persistente la alergia puede desaparecer totalmente. Es el sistema más sencillo y más lento, requiere ser un poco metódico, pero funciona.

  2. Tratar los síntomas, ya sean físicos o emocionales.

    En la página del enlace se explica como trabajar con una fobia, que como vimos en el taller es prácticamente lo mismo que una alergia. Así que, puedes aplicar el mismo sistema para reducir o eliminar los síntomas.

    Para encontrar las emociones puedes recordar o imaginar una situación con un fuerte estado de alergia y vas liberando el malestar hasta que desaparezca. Una vez las molestias lleguen a cero puedes empezar a hacer pruebas, con mucho cuidado, con el alérgeno. Empezando por observarlo a una distancia prudencial y eliminar todo malestar, continuando con el ciclo de pequeñas aproximaciones hasta que lo puedas poner en contacto contigo. ¡Si tienes dudas no avances!, libera hasta que desaparezca la duda. El síntoma que te dice que ya no tienes alergia es estar totalmente convencido (sensación interna no racional) de que ya no eres alérgico.

  3. Encontrar el recuerdo emocional que programó la alergia y liberarlo.

    Te puedes guiar por las emociones que te despiertan los síntomas para encontrar la situación en la que viviste esas emociones antes de la primera reacción alérgica. Una vez encontrada, compruebas con mucho cuidado (como te describimos en el apartado anterior) los cambios en tu reacción alérgica.

  •  Autor: Dr. Salomon Sellam “La enfermedad es una situación de la vida cotidiana en la que un acontecimiento brusco, inesperado, que nos toma por sorpresa, nos desestabiliza totalmente”

*Si lo desea, puede ver la publicación: ¿Qué es el engrama?

Desvincúlate de las heridas de tu pasado

llve-soltarLa inclinación a vincularnos con nuestras heridas, en lugar de dejarlas atrás, hace que experimentemos constantemente la sensación de no ser dignos.

Una persona que haya experimentado acontecimientos traumáticos en la vida, como una violación sexual, la muerte de seres queridos, enfermedades traumáticas, accidentes, rupturas familiares, drogadicciones y otras cosas similares, puede llegar a vincularse con los dolorosos acontecimientos del pasado y rememorarlos para llamar la atención o despertar lástima en los demás.

Esas heridas de nuestras vidas parecen darnos una gran cantidad de poder sobre los demás.

Cuanto más les hablamos a otros sobre nuestras heridas y sufrimientos, tanto más creamos un entorno de compasión por nosotros mismos. Nuestro espíritu creativo permanece tan conectado con los recuerdos de nuestras heridas que no puede dedicarse a transformar y manifestar. El resultado de ello es la sensación de desmerecimiento, de no ser digno de recibir todo aquello que se desea.

La tendencia a vincularnos con las heridas de nuestras vidas nos recuerda lo poco merecedores que somos de recibir nada de lo que realmente nos gustaría tener, debido a que permanecemos sumidos en un estado de sufrimiento. Cuanto más se recuerdan y se repiten estas historias dolorosas, tanto más tiene garantizado esa persona que no atraerá la materialización de sus deseos.

Quizá la frase más poderosa que puedas llegar a memorizar en este sentido sea: «Tu biografía se convierte en tu biología». A lo que yo añadiría: «Tu biología se convierte en tu ausencia de realización espiritual». Al aferrarte a los traumas anteriores de tu vida, impactas literalmente sobre las células de tu cuerpo. Al examinar la biología de un individuo, es fácil descubrir en ella su biografía. Los pensamientos angustiosos, de autocompasión, temor, odio y otros similares, cobran un peaje sobre el cuerpo y el espíritu. Al cabo de un tiempo, el cuerpo es incapaz de curarse, debido en buena medida a la presencia de esos pensamientos.

El apego al dolor sufrido en los primeros años de la vida procede de una percepción mitológica según la cual «tengo derecho a una infancia perfecta, libre de dolor. Utilizaré durante el resto de mi vida cualquier cosa que interfiera con esta percepción.“Contar mi historia será mi poder”. Lo que hace esta percepción es darle permiso al niño herido que llevas dentro para controlarte durante el resto de tu vida. Además, te proporciona una fuerte sensación de poder ilusorio.

Tenemos que ser muy cuidadosos para evitar explicar nuestra vida actual en términos de una historia traumática anterior. Los acontecimientos dolorosos de nuestras vidas son como una balsa que se utiliza para cruzar el río. Debes recordar bajarte una vez que hayas llegado a la otra orilla.

Observa tu cuerpo cuando has sufrido una herida. Una herida abierta se cierra en realidad con bastante rapidez. Imagina cómo serían las cosas si esa herida permaneciera abierta durante mucho tiempo. Se infectaría y, en último término, acabaría por matar a todo el organismo. El cerrar una herida y permitir que cure puede actuar del mismo modo en los pensamientos de tu mundo interior. Así pues, no lleves contigo tus heridas. Afróntalas y pide a la familia y a los amigos que sean compasivos mientras te recuperas. Luego, pídeles que te lo recuerden amablemente cuando se convierta en una respuesta predecible. Quizá en cuatro o cinco ocasiones tus amigos y personas queridas te dirán: «Sufriste una experiencia trágica y comprendo perfectamente tu necesidad de hablar de ello. Me importa, te escucho y te ofrezco mi ayuda si eso es lo que deseas». Después de varias situaciones de este tipo, pídeles que te recuerden amablemente que no debes repetir la historia con el propósito de obtener poder a través de la compasión de los demás.

Al retroceder en tu camino y reavivar continuamente tu dolor, incluyendo la descripción de ese dolor y la calificación de ti mismo (superviviente de un incesto, alcohólico, huérfano, abandonado), no lo haces para sentirte más fuerte. Lo haces debido a la amargura que estás experimentando. Esa amargura se pone de manifiesto en forma de odio y cólera al hablar de esos acontecimientos, con lo que no haces sino alimentar literalmente el tejido celular de tu vida a partir de tu cosecha de acontecimientos del pasado. Eso hace que se extienda la infección e impide la curación. Y lo mismo sucede con el espíritu. Esta cosecha de amargura te impide sentirte merecedor. Empiezas a cultivar entonces una imagen sucia, de criatura desafortunada, desmerecedora y difamada, y eso es lo que envías al universo, lo que inhibirá cualquier posibilidad de atraer el amor y la Bendición a tu vida.

Aquello que te permitirá desvincularte de tus heridas es el perdón. El perdón es lo más poderoso que puedes hacer por tu fisiología y por tu espiritualidad, a pesar de lo cual sigue siendo una de las cosas menos atractivas para nosotros, debido en buena medida a que nuestros egos nos gobiernan de un modo inequívoco. Perdonar se asocia de algún modo con decir que está bien, que aceptamos el hecho perverso. Pero eso no es perdón. Perdón significa llenarse de amor e irradiar ese amor hacia el exterior, negándose a transmitir el veneno o el odio engendrado por los comportamientos que causaron las heridas. El perdón es un acto espiritual de amor por uno mismo, y envía a todo el mundo, incluido tú mismo, el mensaje de que eres un objeto de amor y que eso es lo que vas a impartir. En eso consiste el verdadero proceso de desvinculación de las heridas, de no seguir aferrándose a ellas como preciadas posesiones. Significa renunciar al lenguaje de la culpa y la autocompasión, y a no seguir adelante con las heridas del pasado. Significa perdonar íntimamente, sin esperar que nadie lo comprenda. Significa dejar atrás la actitud del ojo por ojo, que sólo causa más dolor y la necesidad de más venganza, sustituyéndola por una actitud de amor y perdón. Esta forma de actuar es alabada en la literatura espiritual de todas las religiones.

Sentirse digno es esencial para poder atraer aquello que se desea. Es, simplemente, una cuestión de sentido común. Si no tienes la sensación de merecer algo, ¿por qué te lo va a enviar La Energía Divina que está en todas las cosas? Así pues, tienes que cambiar y saber que tú y La Energía Divina sois una sola cosa, y que es tu ego el que se confabula para impedirte utilizar este poder en tu propia vida.

  • Autor: Wayne Dyer

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Rompiendo el ciclo del abandono