Somatizaciones: cómo escuchar cuerpo y mente

Distintas dolencias son el resultado de cómo nuestro cuerpo reacciona al malestar cotidiano.

Hubo una época en la que todo mi cuerpo gritaba de dolor, todas mis articulaciones, músculos, tendones, vísceras… todo me dolía a rabiar. No había una sola zona que no se quejara; esta fibromialgia llegó a tal nivel que incluso al levantarme tenía que aguantarme en la pared porque mis rodillas no me sostenían en pie debido a tanto dolor y debilidad…, por suerte y debido a todo un proceso de crecimiento personal, de cambiar creencias y soltar situaciones vitales negativas para mí, esa fase forma parte del pasado y es un mero recuerdo.

Siempre he tenido una gran facilidad para sentir en el cuerpo aquello que me sucede, tanto lo bueno, como lo malo o estresante, de somatizar los eventos que me acontecen. Lo malo en forma de contracturas, dolores de cabeza, lumbalgias, problemas digestivos… y lo bueno en una mayor capacidad respiratoria, expansión, relax y bienestar (D. Saphiro 2002).

La relación entre el cuerpo, la mente y las emociones

Actualmente está universalmente aceptada la relación existente entre el cuerpo, la mente y las emociones. En el cuerpo se incrustan los mensajes de nuestro mundo emocional, somatizamos lo que sentimos (Jung 1935, W.Reich 1949, Baker 1967, Lowen 1974). De hecho, existen numerosas investigaciones que ponen de manifiesto la relación que existe entre las situaciones estresantes y su vinculación con los estados psicológicos negativos, y su consecuente influencia en la respuesta inmunológica y propioceptiva (Dr. Levine 1997, 2010).

La palabra psico-somático se refiere a que la Psique, la mente, afecta al Soma, al cuerpo; es decir, que la tensión mental influye en el estado de los tejidos corporales, de los músculos, de los órganos, de la piel, del tejido fascial… generando dolor, inflamación, lesiones, enfermedades

Hablar de enfermedades psicosomáticas NO significa que lo que se esté padeciendo no sea real, ni que sea inventado, de hecho, las experiencias vitales generan una tensión tal que, con el tiempo, acaban causando dolor físico o lesiones orgánicas: úlceras de estómago, acidez, dolores de cabeza, lumbalgias, alteraciones intestinales, alteraciones de piel, fibromialgia… (Tobón, Vinaccia y Sandín 2004; Dra.Maiteikova 2011).

Todas ellas lesiones que deben ser debidamente atendidas y tratadas, pero además se vuelve necesario intervenir psicológicamente, para que esa tensión, ese estrés no siga afectando o dañando al cuerpo, ni desencadene una enfermedad.

¿Cómo sucede esto? ¿Por qué la tensión se va al cuerpo?

De bebés, antes de ser capaces de verbalizar lo que nos sucede, antes de ser capaces de dominar el lenguaje, utilizamos todo el cuerpo para expresar el dolor, la rabia, la angustia y también la alegría, la sorpresa, el miedo Las madres (y padres) hacen una lectura de esas emociones y enmarcan con palabras lo que le ocurre a su bebé. La somatización es la primera forma de comunicación que aparece en el principio de nuestras vidas.

Como las emociones todavía no pueden ser elaboradas psíquicamente, son trasladadas al cuerpo en forma de llanto, alteraciones en la respiración y en el ritmo cardíaco, convulsiones, inquietud El lenguaje irá poniendo límites a esa angustia y construirá nuestro psiquismo, enriqueciendo nuestro repertorio emocional básico.

¿Cómo podemos dejar de somatizar?

Ser flexibles ante los cambios y los imprevistos, implica cierto nivel de creatividad, de adaptación y de aceptación. Ser conscientes de que no podemos controlarlo todo nos permite sobreponernos y afrontar con mayor fortaleza y entereza los reveses de la vida sin generar esa lucha interna que termina en dolores y molestias físicas.

Puesto que se manifiesta en el cuerpo aquello que no podemos asumir, es necesario poner palabras a todas aquellas emociones que vamos sintiendo, todas aquellas experiencias que vamos viviendo.

Escuchar a nuestro cuerpo es fundamental para comprender cómo nos afectan las situaciones que vivimos, lo que sentimos y cómo recolocarnos frente a ellas.

En los años ‘60, el psicoerapeuta y Dr. en Psicología y Filosofía por la universidad de Chicago Eugene Gendling, discípulo de Carl Rogers, investigó cuál era el motivo que explicaba el éxito de una terapia, y encontró que aquellas personas que se detenían a observar y explicaban desde una sensación interna lo que sentían físicamente ante una situación o una indicación, eran los que conseguían cambios significativos en terapia y conseguían adaptarse adecuadamente a los imprevistos de la vida.

A esta sensación interna Gendling la denominó “sensación sentida” (felt sense) y se trata de una sensación holística, difusa y vaga, que se siente generalmente en la zona del estómago, garganta o incluso en todo el cuerpo, con ciertos componentes emocionales, que, al prestarle atención nos permite aclarar lo que nos ocurre ante un hecho, evento o posibilidad.

Esta técnica, denominada “Focusing”, es eficaz para reducir el estrés, tomar decisiones, o incluso como una forma de conseguir cambios conductuales saludables, sintiendo lo que se es capaz de asumir en cada momento, lo cual nos permitirá un mayor grado de compromiso con nosotros mismos…

“El cambio ocurre cuando podemos sentir más en nuestros cuerpos de lo que podemos solamente entender por medio del conocimiento racional.”

*Les recomiendo especialmente la Conferencia del Doctor Francisco Moya “La armonía de las emociones”

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Los sentimientos son la motivación de la mente -Antonio Damasio, neurólogo-

El famoso neurocientífico explica en su nuevo libro la importancia de los afectos en el desarrollo de la vida humana y cómo estos se relacionan con el cuerpo.

Todos los impresionantes artefactos de la cultura humana, desde un poema o una vacuna al más alto de los rascacielos o uno de los robots que ruedan por Marte, son para el neurocientífico portugués Antonio Damasio, director del Instituto del Cerebro y la Creatividad en la Universidad del Sur de California en Los Ángeles, el producto final de los sentimientos. Sin ellos, dice el premio Príncipe de Asturias de Ciencia y Tecnología en 2005, la humanidad no habría sido capaz de crear la civilización en la que vive. Esos afectos se relacionan además de una forma muy íntima con nuestro cuerpo. Por todo eso, «la inteligencia artificial jamás será capaz de imitarnos», asegura en su último libro, «El extraño orden de las cosas» (Destino).

Usted distingue entre emociones y sentimientos. ¿Cómo es eso?

Si tú tienes una emoción, por ejemplo de miedo, sufrirás un conjunto de cambios faciales, en tu piel, corazón, intestinos Se trata de acciones que les ocurren hasta a las bacterias. Pero el sentimiento es la experiencia mental de todos esos cambios que suceden corporalmente. Es una distinción muy importante.

¿En qué sentido?

Porque muchos seres vivos pueden tener acciones, pero solo las criaturas como nosotros, con sistemas nerviosos, tienen sentimientos, experiencias mentales de lo que está sucediendo. Las bacterias empezaron a existir en los inicios de la historia de la vida, que se remonta a miles de millones de años, mientras que las criaturas con sistemas nerviosos son muy recientes. Tan solo tienen 500 millones de años y en nuestro caso, muchos menos.

¿Cómo han influido los sentimientos en la evolución humana?

Tenemos una inteligencia muy desarrollada, una gran memoria y nos comunicamos a través del lenguaje. Todo eso es impresionante, pero son los sentimientos los que nos dan la motivación para inventar soluciones a nuestros problemas.

Entonces, ¿actúan sobre la cultura?

-Sí, nos dan razones para desarrollar las artes, la gobernanza, los sistemas morales y por supuesto también para desarrollar las tecnologías, la medicina o la arquitectura porque necesitamos tener abrigo y protección contra las enfermedades, el frío o el calor.

Sin embargo, no parece que los valoremos mucho en las sociedades actuales.

Creo que la novedad de este libro es que reconoce su importancia. Muchas veces las personas observan las culturas y dicen: «¡Oh, somos muy inteligentes, tenemos tantas capacidades!». Sin embargo, a mí me gusta dirigir la atención hacia el hecho de que las culturas solo pueden darse cuando tienes una motivación que surge de los sentimientos. Además, nos ofrecen la posibilidad de negociar soluciones para cualquier conflicto o problema. Y esto también me permite conectar los sentimientos como una regulación homeostática.

¿Qué significa?

Es la regulación vital que ya teníamos presente en las bacterias. La regulación de la vida o homeostasis es un proceso químico, es una forma en que ciertas moléculas crean la posibilidad de generar energía dentro de un organismo para que este pueda funcionar y continuar vivo. Las bacterias son seres unicelulares, mientras que nosotros tenemos miles de millones de células que trabajan conjuntamente en distintos órganos y sistemas. Los sentimientos son la forma en que nosotros, dentro de nuestras mentes, tenemos para descubrir cómo opera la homeostasis.

¿Y cómo lo hacemos?

Por ejemplo, si te despiertas y te sientes bien, con mucha energía y bienestar, significa que tus sentimientos te están diciendo que las cosas están funcionando bien a nivel homeostático. Pero si no te sientes bien, te avisan de lo contrario y tienes que hacer algo para corregirlo. Esa es una idea clave, los sentimientos son informadores.

¿Nos dan información sobre el cuerpo?

Te dan información de manera natural sobre si las cosas están funcionando bien o no. Si te encuentras en una situación en la que tu vida está en peligro o alguien te ha traicionado o dañado, esto también va a hacer temblar tu homeostasis y tendrá un impacto en tu vida y en tu salud.

A veces son destructivos.

Sí, pero es muy importante tener conciencia de ellos para intentar eliminarlos. Por ejemplo, si tienes emociones que producen ira, miedo o desprecio y generan violencia, no es bueno para tu salud ni van funcionar para solucionar conflictos en un contexto social. Por otro lado, también tenemos muchas emociones positivas, como la compasión, el amor, la admiración, la capacidad de cuidar de los demás… Y todo esto lo tenemos que nutrir. Aquí juega un papel muy importante la educación.

¿Podemos cambiar nuestra respuesta emocional?

Requiere mucho entrenamiento y una alta conciencia de las reacciones que tenemos, pero sí, se puede hacer.

¿Pueden modificar los sentimientos el cerebro?

Sí, sabemos que es posible, pero lo más importante como seres humanos es que tengamos conciencia de qué es lo que causa los sentimientos, estar en situaciones que puedan producir mejores afectos y educarnos a nosotros mismos para reaccionar de la forma más inteligente. Por lo tanto, es algo que nosotros tenemos que hacer como un esfuerzo de educación y madurez.

¿Cuándo empezamos a sentirlos?

Un bebé muy pequeño, de tan solo unas horas o días, ya tiene sentimientos.

¿Los tienen los animales?

No hay ninguna razón para pensar que los que están a nuestro alrededor, como los perros, los pájaros o los gatos, carecen de ellos, porque tienen las mismas estructuras cerebrales que nosotros. Reaccionan de la misma forma y tenemos la obligación de creer que los tienen, aunque no podamos demostrarlo ni, por supuesto, se lo podemos preguntar. La verdad, sería muy sorprendente descubrir que no es así.

La inteligencia artificial está cada vez más desarrollada. ¿Podrá imitar la mente humana?

Cuando dicen que la inteligencia artificial podrá imitar a un ser humano, recrear su mente, se equivocan. En esos procesos computacionales altamente complejos, basados en la codificación y en el silicio, no hay vida ni riesgos ni vulnerabilidad, y por lo tanto no hay forma de lograr que tengan sentimientos.

Crearán sistemas cada vez más inteligentes pero nunca tendrán las características de la humanidad.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El estrés emocional crónico puede iniciar el proceso de un cáncer – Doctor Pere Gascón”  

La sangría emocional de ayudar a quien no quiere ser ayudado

A casi todos nos han educado para hacer lo posible, y lo imposible, por ayudar a los demás. Es un concepto que tenemos profundamente arraigado y que, sin duda alguna, es muy loable. Sin embargo, a veces en el acto de ayudar a los demás podemos practicarnos una sangría emocional que termine drenando nuestra energía y arrase con nuestro equilibrio psicológico.

Todos los psicólogos sabemos que no se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado. Por eso, en algunos casos el primer objetivo de la terapia psicológica es lograr que la persona comprenda que tiene un problema y que necesita ayuda. Ese es el punto de partida para poder trabajar porque sin un compromiso personal, el cambio interior es prácticamente imposible. Lo mismo pasa en la vida cotidiana. Solo podemos ayudar cuando la otra persona acepta nuestra ayuda. 

Regalar gafas a quien no quiere ver 

Ayudar a quien no quiere ser ayudado es como regalar gafas a quien no quiere ver. Simplemente no las usará. Es probable que ni siquiera valore nuestra ayuda y el esfuerzo o tiempo que hemos invertido e incluso puede llegar a molestarse considerando nuestros gestos como una intromisión en su intimidad.

¿Significa que debemos tirar la toalla cuando nos damos cuenta que una persona se está causando daño? ¡No! 

 Sin embargo, debemos ser conscientes de que nuestra ayuda tiene límites, unos límites que a menudo pone la otra persona. Debemos aprender que no por mucho aconsejar, aprende el otro más temprano y que la ayuda que podemos brindar está limitada a la ayuda que el otro esté dispuesto a aceptar. 

Es importante comprender que cuando alguien está atravesando una situación difícil, puede ser aterrador reconocerlo, por lo que quizá necesite un poco de tiempo para procesar emocional y racionalmente lo que le sucede. Solo después puede decidir pedir ayuda. Por tanto, a veces hay que darle tiempo para que mire dentro de sí, comprenda lo que le está pasando y pida apoyo

Aunque a nosotros nos resulte evidente el problema y su solución, para la otra persona puede no ser tan claro. Por eso, en ocasiones brindar ayuda significa violentar el ritmo de curación emocional y, mientras lo hacemos, nos sumimos en un proceso desgastante para nosotros que no tiene mucho sentido. 

La actitud correcta para “ayudar” de verdad

Cuando una persona que está en problemas rechaza tu ayuda, puedes sentirte enojado, frustrado o impotente. No obstante, debes comprender que esos sentimientos no le ayudarán a esa persona y tampoco a ti. Se trata de afrontar la situación con una actitud diferente, y para ello tendrás que:

-Asumir que cada quien debe aprender de sus errores y superar sus obstáculos. Debemos dejar de actuar como padres sobreprotectores. Debemos comprender que cada quien debe aprender sus propias lecciones de sus errores. Por mucho que queramos a algunas personas, no podemos llevar siempre su “carga” ni solucionar los problemas en su lugar porque el crecimiento se produce precisamente cuando se superan los obstáculos que la vida nos pone delante.

-Dejar de pensar que las cosas se deben hacer de una manera precisa. En muchas ocasiones, esa tendencia a ayudar nace de la creencia de que la otra persona está haciendo las cosas “mal”, lo cual se debe a que creemos saber cómo se hacen “bien”. En realidad, cada quien debe encontrar su manera de solucionar los problemas y desarrollar su estilo de afrontamiento. No existe una única forma de hacer las cosas, por lo que antes de brindar tu ayuda, debes cerciorarte de que te has desprendido de esa creencia pues de lo contrario es probable que quieras imponer tu opinión o punto de vista, algo que no suele ser bien recibido y hace que el otro se ponga a la defensiva

¿Qué puedes hacer? 

-No presiones. Cuando una persona no está preparada psicológicamente para buscar o aceptar ayuda, el hecho de presionarla puede tener el efecto opuesto al que pretendes, haciendo que se encierre en sí mismo y se aleje de ti. Por tanto, el primer paso es no presionar.

-Mantente disponible. La mejor manera de apoyar a una persona que no quiere ser ayudada, es mantenerse a su lado para cuando necesite hablar o decida buscar ayuda. Debemos tener en cuenta que todos deben pasar por una serie de etapas cuando sufren heridas emocionales y hay etapas en las que solo es necesario un hombro amigo.

-Infórmate. Lo que ha sido mejor para ti, podría no ser una buena solución para esa persona a quien quieres ayudar. Por tanto, es importante informarse en profundidad sobre el problema. También es conveniente animar a esa persona a hablar sobre el asunto para que comprendas su perspectiva. Los mejores consejos provienen de la empatía, si aconsejas desde tu lugar y punto de vista, tus soluciones podrían ser perfectamente inútiles.

– Establece límites. En algunos casos, una persona en problemas puede caer en una espiral de autodestrucción y, si no tienes cuidado, puede arrastrarte consigo. Por eso, es importante que establezcas unos límites ya que debes proteger tu equilibrio emocional si realmente quieres ayudar al otro. La budista Pema Chodron dijo que “trabajamos en nosotros mismos para ayudar a los demás, pero también ayudamos a los demás para trabajar en nosotros mismos”, lo cual significa que el acto de ayudar a resolver un problema también nos involucra emocionalmente, por lo que tendremos que decidir cómo afrontarlo de la mejor manera posible.

*Si lo desea, puede leer la publicación: ¿Por qué la gente no se cura?

Hay que centrarse en fortalecer la salud y no la enfermedad -Matthias Girke, médico antroposófico-

Matthias Girke, médico antroposófico, creó el hospital General de Havelhöhe, Berlín. 

Tengo 62 años. Nací y vivo en Berlín. Casado, tengo dos hijos. Es importante que cada voz se pueda escuchar, y en el ámbito de la salud, que cada cual pueda escoger el tipo de medicina que quiere, que no lo decida el Estado. La medicina es inseparable de la concepción espiritual que cada ser humano tiene.

Nuevos paradigmas

Lo que aquí es una rareza en Alemania es tendencia, y tendencia impulsada desde el gobierno. Otro mundo.

La medicina antroposófico-integrativa cuenta allí con diez hospitales. El Doctor Girke, especialista en medicina interna, diabetología, medicina paliativa y medicina antroposófica; Director de la sección médica en el Goetheanum (Dornach, Suiza), fue el artífice de la transformación del hospital General de Havelhöhe de Berlín en hospital antroposófico-integrativo. Ha venido a España para impartir conferencias sobre la práctica de esta medicina en el marco hospitalario en el Colegio de Médicos de Madrid, en el de Barcelona (invitado por la sección de médicos naturistas) y en la casa Rudolf Steiner de Barcelona.

Yo trabajaba en un gran hospital de Berlín. Mi especialidad era la medicina oncológica y pronto comprobé que reparar el cuerpo no significa curar.

¿En que consiste curar?

La curación de enfermedades crónicas está relacionada con la transformación de la persona y con dar soporte a sus fuerzas autocurativas.

¿Qué fuerzas son esas?

Las defensas del cuerpo: una amigdalitis, una gripe, una fractura se curan solas. La medicina convencional no da suficiente apoyo a esta capacidad de remisión; por ejemplo, cortamos la fiebre cuando en realidad tiene una importancia enorme en el proceso de curación.

¿…?

Aumenta la respuesta inmune. Sabemos que la neumonía tiene un mejor pronóstico si la fiebre es alta, y que personas que han tenido muchas enfermedades de carácter inflamatorio tienen menos posibilidades de desarrollar cáncer. La inflamación es un proceso opuesto al cáncer. No necesitamos una medicina que suprima la fiebre sino que respete al organismo.

¿Y hacia dónde dirigió su búsqueda?

No quería dedicarme a la medicina alternativa, sino ampliar la medicina alopática y que pudiera ejercerla en un hospital público, pero sabía que era esencial hallar la manera de ayudar al paciente en su proceso de autocuración, darle apoyo anímico y tratar a cada cual en su individualidad.

¿Y lo encontró?

Sí, en la medicina antroposófico-integrativa cuyos principios son los que le he descrito. Me formé, y a partir de ahí mi gran deseo fue crear un hospital con este enfoque en Berlín.

¿Misión imposible?

Fue el propio Ayuntamiento de Berlín el que me solicitó crearlo hace veinte años. Reconvertimos un hospital público de 358 camas y 700 trabajadores que desconocían por completo la medicina antroposófica y los formamos.

Un Ayuntamiento con inquietudes.

Hoy contamos con un importante departamento de cardiología, un servicio de cuidados intensivos, otro de ginecología. Traemos al mundo alrededor de 1.200 bebés al año a los que nuestros pacientes les hacen gorritos de lana. Y somos uno de los centros de la asociación para el cáncer de Alemania. Nuestro centro oncológico es uno de los más importantes.

¿Por qué?

Ampliamos la medicina oncológica habitual con otras terapias y medicinas naturales como “el muérdago”, que mata las células cancerígenas y estimula el sistema inmunológico. Hacemos quimioterapia con este compuesto natural, sobre el que se han hecho ya amplios estudios.

¿Qué otros tratamientos incorpora la medicina antroposófico-integrativa?

El médico, el psicólogo y la enfermera que se encargan del paciente deciden junto con él qué terapias complementarias le convienen. Utilizamos la arteterapia, la musicoterapia y la euritmia, que es la terapia del movimiento.

Póngame un ejemplo de cómo se aplican.

El estrés y la tensión debilitan el sistema inmunológico. A un paciente estresado la musicoterapia le ayuda a soltar la tensión. La euritmia creativa es como una meditación en movimiento, y sus efectos fisiológicos están hoy muy documentados.

¿Por qué la euritmia y la arteterapia y no el yoga o la risoterapia?

Cada disciplina se ajusta a la persona y la enfermedad. Una persona con diabetes debe estar activa con las manos, y es muy bueno que haga modelado, mientras que a un paciente depresivo le ayudará pintar con colores luminosos.

¿Han comprobado la efectividad?

Por supuesto. Incluso sabemos que es de enorme importancia cómo está pintado un hospital. Para las personas que sufren anímicamente, el color tiene un significado muy importante. La arquitectura de un hospital tiene que estar orientada al ser humano.

Entiendo.

El cuarto campo que abordamos es la psicooncología, donde los pacientes aprenden a manejar el cáncer como un reto y a encontrar el sentido de su enfermedad en su biografía.

¿Y tienen éxito?

Cada dos o tres años se realizan encuestas para puntuar los 2.000 hospitales de Alemania, y nosotros siempre estamos entre los mejores. Atendemos a 10.000 pacientes al año.

Al inicio, no todos los médicos del hospital debían de estar por la labor…

Nadie estaba motivado, eran 150 médicos tradicionales y reacios. Comenzamos a hacer formación y práctica y más práctica, y viendo los resultados acabaron entusiasmados, no hemos tenido que prescindir de nadie.

Los médicos suelen ser reacios a la medicina no ortodoxa.

Los valores de los estudiantes de medicina de primer curso son la empatía con el paciente, pero al final de la carrera todos lo han olvidado. Casi la mitad acaban por no ejercer de médicos y escogen la investigación o la industria.

¿Por qué?

Se necesita una gran fuerza interior para conservar los ideales. Ahora en Alemania se está introduciendo un nuevo método de trabajo en las universidades enfocado a la salutogénesis.

¿Partir de la salud y no de la enfermedad?

Sí, ese es el nuevo paradigma, centrarse en lo que fortalece la salud en lugar de en la enfermedad. Una visión integral del ser humano.

  • Fuente: Ima Sanchís entrevista a Matthias Girke, médico antroposófico  lavanguardia.com

*Si lo desea, puede leer la publicación: “La Medicina desde la Física Cuántica” 

Escoge a tus amigos con cuidado porque tu cerebro terminará pareciéndose al suyo, según la Neurociencia

Con nuestros amigos, no solo compartimos los buenos y los malos momentos. El escritor Robert Louis Stevenson afirmó “Un amigo es una imagen que tienes de ti mismo”, y según las Neurociencias no andaba muy desacertado ya que al parecer compartimos muchísimo más de lo que podíamos pensar con nuestros amigos: nuestras respuestas neuronales.  

Un estudio realizado en la Universidad de Dartmouth revela que podemos percibir el mundo de la misma manera que nuestros amigos ya que tenemos respuestas neuronales similares ante los estímulos. Estos neurocientíficos descubrieron que pueden predecir con qué personas podríamos mantener una buena relación de amistad o detectar quiénes son nuestros amigos más íntimos simplemente observando cómo responden nuestros cerebros a unos vídeos.

Dime quiénes son tus amigos y te diré cómo piensas 

Se trata de un estudio pionero dirigido a examinar las conexiones de la actividad neuronal de las personas dentro de su red social en el mundo real. En el experimento analizaron a casi 280 personas y sus amistades, tanto las más íntimas como los vínculos sociales más lejanos. Todos vieron una serie de vídeos mientras registraban su actividad neuronal en un escáner funcional de imágenes por resonancia magnética (fMRI).

Los vídeos abarcaban una gran variedad de temas y géneros, desde política hasta ciencia, comedia y música, de manera que desataran una gran variedad de respuestas. Los vídeos se presentaron en el mismo orden y luego los neurocientíficos compararon las respuestas neuronales para determinar el grado de diferencia o semejanza.

Descubrieron que los amigos íntimos tenían los patrones de actividad neuronal más similares, seguidos por los amigos de los amigos. Por tanto, tan solo viendo sus respuestas neuronales, podían señalar la intensidad del vínculo que nos une con otra persona.

Vale aclarar que las respuestas neuronales a estímulos dinámicos naturales, como los vídeos, son una ventana a los procesos de pensamiento espontáneos de las personas a medida que se van desarrollando. Estos resultados sugieren que los amigos procesan el mundo que les rodea de manera muy similar.

Curiosamente, la similitud de la respuesta neuronal entre los amigos era aún más parecida en las regiones cerebrales involucradas en la respuesta emocional, la capacidad de atención y el pensamiento reflexivo.

Ver el mundo a través de los ojos de los demás 

En realidad, no es tan extraño ya que somos seres sociales que nos conectamos continuamente con los demás. Debemos apropiarnos de la “Teoría de la Mente” de otra persona si queremos mantener una relación satisfactoria a largo plazo. Eso significa que, a la larga, después de mucho tiempo de relación, nuestras respuestas neuronales terminan pareciéndose a las suyas ya que aprendemos a ver el mundo a través de sus ojos.

Obviamente, se trata de una experiencia recíproca ya que nosotros también influimos en su manera de ver el mundo. Tampoco podemos olvidar que, dado que elegimos a nuestros amigos, es muchísimo más probable que seleccionemos a personas con las cuales tenemos puntos y formas de pensar común, por lo que las coincidencias en la manera de procesar la información aumentan. 

*Si lo desea, puede leer la publicación: “La negativad es contagiosa: Rodéate de personas que saquen lo mejor de ti

8 alimentos ricos en yodo para mejorar la salud de la glándula tiroidea

El yodo es un mineral esencial para el buen funcionamiento de la glándula tiroides, cuya alteración supone un impacto negativo en la salud general del cuerpo.

La glándula tiroides es la responsable de almacenar los minerales esenciales para la síntesis de hormonas tiroideas, cuya función es la de regular el metabolismo, la desintoxicación y el crecimiento.

La deficiencia de este yodo en el cuerpo suele conllevar el desarrollo de una condición conocida como hipotiroidismo, que es la disminución en la producción de hormonas tiroideas.

Este desequilibrio ocasiona graves consecuencias en el cuerpo, entre los que destacan el aumento excesivo de peso, sensación de cansancio, irregularidades en el periodo menstrual.

Por suerte, algunos alimentos lo contienen en cantidades significativas, y pueden evitar que sus niveles en el cuerpo disminuyan.

En esta ocasión vamos a revelar qué alimentos saludables puedes consumir con más frecuencia para proporcionarle yodo al cuerpo.

1. Arándanos

arandanos

Por su riqueza en antioxidantes, los arándanos son una de las frutas más recomendadas para la buena salud del cuerpo. Se estima que cada 4 onzas (113 g) de esta fruta obtenemos hasta 400/mcg de yodo.

Ingerirlo de manera regular apoya la función del metabolismo al regular el funcionamiento de la tiroides.

Se sugiere comerlos en su estado natural, ya sea en ensaladas o batidos.

2. Yogur natural

Además de aportarnos más de la mitad de la cantidad diaria recomendada de yodo, el yogur natural también nos ayuda a mejorar la función intestinal, ya que restaura la flora bacteriana.

El yogur natural u orgánico es uno de los probióticos naturales más poderosos y saludables que se pueden incluir en la dieta.

Este alimento contiene un poco más de la mitad del yodo que el cuerpo necesita a diario, más o menos 90/mcg por cada taza.

Además, sus cultivos apoyan la función intestinal al restaurar la flora bacteriana que previene enfermedades virales.

3. Sal rosa del Himalaya

Muchas personas están tratando de reducir al máximo el consumo de sal de mesa convencional, y están intentando absorber la cantidad suficiente de yodo en otros alimentos.

Una alternativa saludable y completa para sustituir este alimento es la sal cristalina del Himalaya; un tipo de sal que proporciona 250 mcg de yodo,  es decir, más del 150% de la cantidad diaria recomendada.

Eso sí, al igual que los otros tipos de sal, es esencial moderar su consumo para no sufrir efectos secundarios.

4. Bacalao

Bacalao

El bacalao es uno de los pescados más ricos en ácidos grasos omega 3, vitamina E y minerales como el potasio, calcio, magnesio y yodo.

Es bajo en grasas y calorías, y también es uno de los mejores complementos para una dieta saludable y buena para la glándula tiroides.

Cada tres onzas de bacalao (85 g) aportan 99 microgramos de yodo, es decir, cerca de un 66% de la cantidad diaria que necesita el cuerpo.

5. Fresas

Estas frutas del bosque son deliciosas, versátiles y contienen nutrientes esenciales que fortalecen las defensas del cuerpo.

Pese a que son dulces, también resultan apropiadas para mejorar la salud tiroidea por su significativo aporte de yodo.

Una taza de fresas contiene 13 mcg de yodo, más o menos un 10% de la dosis que cada persona necesita a diario.

6. Habichuelas

Habichuelas

Las habichuelas, también conocidas como judías verdes, son un tipo de verdura saludable que se puede incorporar en todo tipo de dietas.

Su consumo regular le aporta al cuerpo pequeñas cantidades de yodo que pueden servir para estimular el funcionamiento de la tiroides.

Media taza de este vegetal aporta 3 mcg de yodo, un 2% neto del valor diario recomendado.

7. Frijoles blancos

Los frijoles en todas sus variedades son una fuente alimenticia muy poderosa que puede complementar la dieta.

Sin embargo, los blancos encabezan el listado de los buenos para regular la función de la tiroides, gracias al aporte de yodo que hacen.

Media taza de este tipo de frijol contiene hasta 32 mcg de yodo y muy pocas calorías; además son buenos para la salud digestiva por su increíble aporte de fibra.

8. Patatas

Patatas

La patata común es uno de los alimentos que más se consumen en el mundo y también una de las mayores fuentes de yodo que se pueden encontrar en el reino vegetal.

Una papa, con cáscara y todo, aporta cerca de 60 mcg de yodo cuando se preparan al horno.

Incorporar estos alimentos en la dieta es una de las formas más saludables de aportarle yodo al organismo, en especial a la tiroides.

Este mineral no se produce de forma natural en el cuerpo, por lo que resulta primordial proporcionárselo mediante la alimentación.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Tiroides: Biodescodificación” 

Claves para dominar conversaciones difíciles

De vez en cuando, tenemos que enfrentarnos a conversaciones difíciles aunque no nos apetezca.

Muchos optan por evitarlas como si el problema fuera a desaparecer. Pero esto no funciona así. De hecho, en muchas ocasiones posponer lo inevitable solo complica más las cosas.

No hay que tener miedo a una conversación difícil. Existen formas de enfrentarse a este tipo de situaciones, incluso se puede llegar a dominarlas para evitar hacer de ellas un drama y conseguir lo que se espera de cualquier conversación: una comunicación eficaz. Veamos cómo hacerlo.

“Cuando se abre la puerta de la comunicación, todo es posible. De manera que debemos practicar el abrirnos a los demás para restablecer la comunicación con ellos” -Thich Nhat Hanh-

Estrategias para hacer frente a conversaciones difíciles

Ante todo debemos aparcar esa idea preconcebida de conversación difícil. Al fin y al cabo, así es como llamamos a las conversaciones en las que prevemos que vamos a tener problemas. Además, cuando lo hacemos, anticipamos conflictos. Y eso genera una actitud previa de tensión. Nos ponemos a la defensiva. Y es en este punto donde empiezan los problemas.

He aquí el paso previo para dominar conversaciones difíciles: no anticipar las complicaciones. Eso nos ayudará a estar centrados en la conversación y ver las cosas con perspectiva. Y nos permitirá estar atentos a las señales de nuestro interlocutor para gestionar eficazmente sus cambios emocionales y sus reacciones.

Escucha activamente sin anteponer tus sentimientos

Las personas necesitan sentirse escuchadas. Por ese motivo no solo debes mostrarte atento y dispuesto a escuchar, sino que todo tu cuerpo debe demostrar que estás escuchando. Además, la escucha es una condición indispensable en la comunicación.

Si la otra persona percibe tensión o ansiedad, si siente que estás a la defensiva o que tienes una actitud agresiva, reaccionará negativamente y no estará dispuesta a escuchar. Si por el contrario, te muestras alentador, tranquilo, calmado e incluso compasivo, a la otra persona le resultará más fácil calmarse.

Una conversación, por difícil que sea, no es una lucha. No hay ganadores ni perdedores. Por eso, si quieres sacar algo en claro, debes mantener la calma, especialmente cuando el otro manifieste señales de cambios emocionales.

Las conversaciones difíciles se transforman en eficaces cuando se emplea la escucha activa.

No antepongas tus sentimientos, aunque te haya herido

Por otra parte, es importante que no antepongas tus sentimientos, aunque te hayan herido. El otro necesita sentirse validado, es decir, saber que sus sentimientos también importan. Necesita saber que crees en él, incluso a pesar de sus acciones y del daño que te haya hecho con ellas.

Por eso, antes de nada, una vez que haya quedado claro el propósito de la conversación, interésate por los pensamientos y sentimientos del otro. Acéptalos antes de continuar, sin juzgarle ni echarle nada en cara. Luego, puedes exponer tus ideas y sentimientos.

Aprende a interpretar y manejar la señales de cambio emocional

Ante una conversación difícil, muchas personas se bloquean. Esto provoca que se pongan más nerviosas aún y que la conversación no acabe bien. Sin embargo, si estás atento y observas ciertos cambios puedes ayudar a mantener la calma y mantener así la conversación bajo control.

Por ejemplo, si observas un cambio en el tono de voz, como hablar más bajo o más acelerado, puedes decírselo a la otra persona. Ahora bien, también puedes optar por no notificárselo pero tener en cuenta su significado. A menudo, en mitad de una explicación, las personas cambian el modo de hablar justo antes de decir qué es importante para ellos. Esto es porque temen lo que pueda suceder o porque sienten que hay un problema que les impide avanzar.

Otra señal que debes observar es la risa nerviosa. Algunas personas se ríen cuando se sienten avergonzadas o incómodas. No es una burla, ni mucho menos. De hecho, es algo parecido a lo que ocurre cuando lloramos de felicidad.

La risa nerviosa suele indicar malestar. Esa señal te abre la puerta para preguntar al otro cómo se siente y para identificar un punto de partida a partir del cuál seguir adelante de manera positiva. Este tipo de risa también puede indicar que la persona está tratando de escapar de un sentimientoPor eso es importante pedir que exprese lo que le inquieta o necesita para superar el bloqueo.

Otra señal de cambio emocional es la modificación del patrón de contacto visual. La mirada puede indicar que el otro necesita tomarse un descanso. Ahora bien, si la dirige hacia otro lado o la sostiene de manera fría y amenazante puede significar que en la conversación se ha hablado de algo importante. Es el momento de pedir al otro, sin agresividad y con verdadero interés, que comparta su punto de vista y escucharlo sin interrupciones ni juicios.

Si lo que detectas es que la otra persona utiliza mucho la palabra “pero” es señal de que está a punto de decir lo que teme, pero no arranca a decirlo por miedo o vergüenza. Aprovecha los “pero” para ayudarle a terminar.

Gestionar conversaciones difíciles es bueno para ambos

Como decíamos antes, una conversación no es una batalla en la que hay ganadores y perdedores. Si quieres entender algo, sacar conclusiones o plantear soluciones es necesario llevar por buen camino una conversación difícil.

No se trata de tener razón, ni de demostrar nada al otro. De hecho, ante este tipo de conversaciones, no hay peor enfoque posible. No ganas nada y pierdes mucho. Si no quieres cerrarte puertas debes abrir tu mente y dejar de lado el rencor, la ira y la rabia. 

Si esto es difícil -muchas veces lo es, no nos engañemos- piensa qué quieres conseguir con esa conversación y díselo a la otra persona. Es fundamental que ambos sepáis a dónde queréis llegar.

Las 4 leyes del desapego para la liberación emocional

Es posible que la palabra desapego te cause cierta sensación de frialdad e incluso de egoísmo emocional. Nada más lejos de la realidad. La palabra desapego, entendida dentro del contexto del crecimiento personal, supone un gran valor interior que todos deberíamos aprender a desarrollar.

Practicar el desapego no significa en absoluto desprendernos de todo aquello que nos es importante, rompiendo vínculos afectivos o relaciones personales con quienes forman parte de nuestro circulo personal.

Significa básicamente saber amar, apreciar e involucrarnos en las cosas desde un punto de vista más equilibrado y saludable, liberándonos a su vez de esos excesos que nos ponen cadenas y que nos amarran. Que nos cortan las alas.

La liberación emocional es darnos la opción de vivir con más honestidad de acuerdo a nuestras necesidades, ofreciéndonos a su vez la opción a crecer, de avanzar con conocimiento de causa. Sin dañar a nadie, sin que nadie nos ponga tampoco su cerco camuflado con las cadenas del amor pasional, filial o incluso materno.

Aprendamos, pues, a poner en práctica estas sencillas leyes sobre el desapego…

Primera ley: eres responsable de ti mismo

Nadie va a retirar cada piedra que te encuentres en tu camino, al igual que nadie va a respirar por ti ni se va a ofrecer como voluntario para cargar tus penas o sentir tus dolores. Tú mismo eres artífice de tu propia existencia y de cada paso que das.

Así pues, la primera ley que debes tener en cuenta para practicar el desapego, es tomar conciencia de que eres pleno responsable de ti mismo.

-No pongas en el bolsillo de los demás tu propia felicidad. No concibas la idea de que para ser feliz en esta vida, es esencial encontrar una pareja que te ame, o tener siempre el reconocimiento de tu familia.

Si el barómetro de tu satisfacción y felicidad está en lo que los demás te aportan, no conseguirás más que sufrimiento. ¿La razón? Pocas veces lograrán cubrir todas tus necesidades.

-Cultiva tu propia felicidad, siéntete responsable, maduro, toma conciencia de tus decisiones y de sus consecuencias, elige por ti mismo y no dejes nunca que tu bienestar dependa siempre de corazones ajenos.

Segunda ley: vive el presente, acepta, asume la realidad

En esta vida, nada es eterno, nada permanece, todo fluye y retoma su camino tejiendo ese orden natural que tanto nos cuesta asumir a veces. Las personas estamos casi siempre centradas en todo aquello que ocurrió en el pasado y que, de algún modo, se convierte ahora en una dura carga que altera nuestro presente.

Esas desavenencias familiares, ese trauma, esa pérdida, ese fracaso sentimental o esa frustración no superada. Todo ello son anclas que nos aferran, que ponen cadenas en nuestros pies y anzuelos en nuestra alma.

Es un apego tóxico y poco saludable que nos impide avanzar en libertad y plenitud.

Acepta, asume y aunque te cueste, aprende a perdonar. Te hará sentir más liberado y te ayudará a centrarte en lo que de verdad importa, elaquí y ahora, este presente donde tienes tu verdadera oportunidad. ¿A qué esperas?

Tercera ley: promueve tu libertad y permite ser libres también a los demás

Asume que la libertad, es la forma más plena, íntegra y saludable, de disfrutar de la vida, de entenderla en toda su inmensidad.

No obstante, ello no impide que podamos establecer vínculos afectivos con otras personas, porque también ello forma parte de nuestro crecimiento personal. Saber amar y saber recibir amor.

No obstante, el desapego implica que nunca debes hacerte responsable de la vida de los otros, al igual que los demás, no deben tampoco imponerte sus principios, sus ataduras o cadenas personales para aferrarte a ellos. Es aquí donde empieza el auténtico problema y los sufrimientos.

Los apegos intensos nunca son saludables, pensemos por ejemplo en esos padres obsesivos que se exceden en la protección de sus hijos y que les impiden poder madurar, poder avanzar con seguridad para explorar el mundo.

La necesidad de “despegarse” es vital en estos casos, ahí donde cada uno debe salir de los límites de la certidumbre para aprender de lo imprevisto, de lo desconocido.

Cuarta ley: asume que las pérdidas van a sucederse tarde o temprano

Volvemos de nuevo a la misma idea: aceptar que, en esta vida, nada puede contenerse eternamente. La vida, las relaciones, e incluso las cosas materiales, terminan desvaneciéndose como el humo que se escapa de una ventana abierta o el agua fresca que resbala por nuestros dedos.

Las personas se irán, los niños crecerán, algunos amigos dejarán de serlo y algunos amores se irán del calor de tu mano… Todo ello forma parte del desapego, y como tal, hemos de aprender a asumirlo para afrontarlo con mayor integridad. Con mayor fuerza. Pero lo que nunca va a cambiar, es tu capacidad de querer. Y debes empezar siempre por ti mismo.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Dejar ir: el camino de la entrega *David Hawkins

Eres bella cuando te muestras imperfecta

Te vistes con ropa bonita y a la moda, te peinas, haces dieta para adelgazar, utilizas cremas para disimular tus imperfecciones, tacones para parecer más alta, maquillaje para resaltar tu belleza. Pero lo realmente bello es lo que hay debajo de todo eso, eres tú, en tu infinita imperfección y belleza de mujer. Eres bella cuando te muestras imperfecta.

¿Quién decide lo que es bello? Nadie puede imponerte lo que significa la belleza, si eres bella o no, por eso debes apreciar quién eres y que esa belleza que tienes la reflejes en todos los aspectos de tu vida, de tu existencia.

La perfección es agotadora

Si pensamos en todas las operaciones de cirugía estética, todos los tratamientos para no envejecer, parece que rechazamos la vejez, lo roto, lo imperfecto. La sociedad de consumo actual, de mujeres altas, delgadas, perfectas, ha dejado atrás otros valores, la esencia de lo femenino, de la belleza de una mujer real.

Agota pensar todo el tiempo en cómo estar guapa, cómo satisfacer ese ideal de belleza que se nos impone desde pequeñas, que vemos en la televisión, en las revistas… Intentamos alcanzar un ideal que es imposible, que no es realidad, que nos impide ver lo bellas que ya somos.

La belleza y la fuerza de la imperfección

Los japoneses reparan la cerámica rota con un adhesivo fuerte y polvo de oro, de esa forma ensalzan la imperfección en lugar de tratar de esconderla. Se piensa que cuando algo sufre un daño y se rompe, tiene una historia que contar, que lo hace más bello. Ese arte tradicional se denomina Kintsugi.

Si trasladamos esa idea a lo humano, deberíamos aprender a apreciar lo imperfecto, lo envejecido, con toda su sabiduría y con toda su fuerza. Deberíamos aprender a aceptarnos tal y como somos, sin tratar de impedir el paso del tiempo, que nos hace bellos, sabios y fuertes.

Muestra tu fragilidad

Se considera que una persona perfecta no tiene derecho a llorar, a fracasar, a tener un cuerpo que no cumple los cánones de belleza, a mostrarse vulnerable, a tener miedo. ¿Qué clase de felicidad puede sentir una persona así? Es fundamental aprender a mostrar nuestra fragilidad. Lo que nos hace sentir frágiles es lo que nos puede acercar a los demás.

Podremos sentir miedo a mostrar nuestra vulnerabilidad, pero si no lo hacemos, no seremos nosotros mimos, no aprenderemos a mostrarnos tal y como somos. Pueden hacernos daño, pero es un riesgo que deberemos asumir para poder vivir de acuerdo a nuestra identidad.

La belleza imperfecta

Poco a poco empieza a abrirse camino la idea de que lo bello no es una modelo muy delgada y muy joven, lo bello es lo real, lo imperfecto, lo que deja ver el paso del tiempo. Se intenta hacer prevalecer valores como la autoestima, el sentirse bien y el ser diferente.

Pero es complicado hacer cambiar lo que se entiende por belleza, sobre todo porque la belleza es subjetiva, para cada uno de nosotros significa una cosa diferente. La belleza es imperfecta, es natural, no se tapa ni intenta ser lo que no es, no oculta los signos del envejecimiento, sino que aprecia su sabiduría y su historia y las muestra al mundo.

MUESTRA TU IMPERFECCIÓN Y APRENDE A SER BELLA

Por eso, tu belleza se ve cuando te muestras tal cual eres, cuando tu naturalidad sale a la luz, cuando no te escondes, cuando lloras y ríes, cuando tienes miedo y lo demuestras, cuando te sientes vulnerable y dejas que los demás lo vean, cuando te arriesgas a amar y a abrir tu corazón, cuando eres bella.

¿Hay algo más bonito que mostrarnos tal y como somos? Nos enseñan a escondernos, a maquillarnos, a taparnos, pero es necesario salir ahí fuera, desplegar nuestras alas y volar, porque mostrar la belleza real, es un acto de valentía. 

“Aprendí que la valentía no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre el miedo. El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo” -Nelson Mandela- 

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Quédate con aquellas personas que puedes ser tú en toda tu esencia

Dejar de hablar a alguien como castigo

El silencio a veces cumple la función de castigo. Dejar de hablar a alguien es una salida a la que muchas personas acuden para “expresar” su enojo, su inconformidad o sus reproches.

¿Cómo de eficaz es este método para superar un problema o lograr que alguien cambie? ¿Qué significa la decisión de evitar las palabras cuando hay un rencor que arde?

Establecer un diálogo con alguien no es fácil, en especial si hay un conflicto que no parece tener vías de solución. Pero si en lugar de abordar el tema directamente lo que se hace es dejar de hablar al otro, lo único que se logra es introducir una tensión adicional. A la disputa no resuelta se suma un limbo que puede llegar a ser una verdadera incubadora de veneno.

“Habla para que yo te conozca” -Sócrates-

Muchos, sin embargo, en el fondo no tienen interés en resolver el conflicto mediante el diálogo. Lo que desean es que el otro se someta a su propio punto de vista. Entonces utilizan el silencio como castigo, para que el otro se doblegue. Finalmente se trata de una actitud infantil y lo peor es que no resuelve nada. Eso sí, proporciona una gratificación egoísta.

LAS RAZONES PARA CASTIGAR CON EL SILENCIO

Hay todo tipo de argumentos para defender la idea de que dejar de hablar a alguien es válido. En el fondo, lo que se busca es castigo. Que entienda que hay un reproche en esa ausencia de palabras. Pero, ¿por qué no decirlo, sino tramitarlo a través del silencio?

Estas son las principales razones que esgrimen aquellos que optan por esta medida:

  • Es mejor dejar de hablar a una persona que participar de una discusión en la que se intercambien insultos.

  • Esa persona no me escucha. Por más que le pido que cambie, no me hace caso. Entonces, es mejor no decir nada porque, ¿para qué?

  • Tiene que disculparse conmigo por lo que me hizo (o me dijo, o no hizo, o no dijo). Hasta que no lo haga, voy a dejar de hablar.

  • Para qué hablar si siempre llegamos al mismo punto. Mejor dejar de hablar para ver si entiende que no voy a ceder.

En todos los casos se afirma que el silencio es la mejor opción para tramitar el conflicto. Por una razón u otra, la palabra se ha mostrado ineficaz. Se acude entonces a la decisión de dejar de hablar a alguien para que esto sea asumido como un castigo y, en consecuencia, el otro reconsidere su actitud.

DEJAR DE HABLAR A ALGUIEN ES AGRESIVO

Un silencio puede tener multitud de significados. Algunos de ellos son realmente violentos. Dejar de hablar a alguien es asumir una actitud pasivo-agresiva. Esto quiere decir que se está violentando al otro, pero de manera implícita. La mayoría de las veces este tipo de actitudes son tanto o más nocivas que la agresión directa, y lo son porque el silencio se convierte en un vacío que es susceptible de cualquier tipo de interpretación.

Para quien deja de hablar a alguien hay razones claras. También hay una expectativa clara frente a lo que esta situación debe traer como desenlace. Pero, a quienes acuden a estos recursos habría que preguntarles: ¿estás seguro de que el otro comprende realmente el significado de tu silencio? ¿Jurarías que la mejor manera de lograr que cambie, o haga lo que tú quieres que haga, es atacándolo con la falta de diálogo?

El silencio alarga distancias. Y la distancia no suele ser un buen aliado para la comprensión o para restaurar lazos rotos o dañados. Por el contrario, contribuye a ahondar las diferencias.

Por otro lado, dejar de hablar a alguien puede funcionar momentáneamente. Se impone el castigo y el otro reacciona: vuelve para disculparse, prometerte cambios o hacer lo que tú quieres. Sin embargo, a largo plazo también termina incubando pequeños rencores que pueden crecer. El silencio rara vez resuelve el conflicto de fondo o da paso a su resolución, solo lo encubre.

LAS SANAS FUNCIONES DEL SILENCIO

Es cierto que a veces es mejor callar. Cuando estamos muy exaltados, por ejemplo. La ira hace que exageremos y nos preocupemos más por herir al otro que por expresar realmente lo que pensamos o sentimos. En esas condiciones nada mejor que dejar de hablar mientras recuperamos la compostura. Bajo esas circunstancias, se trata de una decisión inteligente.

En cambio, dejar de hablar para castigar o propiciar que otra persona “se rinda” como hemos dicho es raro que traiga buenos resultados.

A veces nos enfrentamos al reto de expresar nuestra ira o nuestro enfado, pero sin herir al otro. La salida no está en dejar de hablar, sino en buscar y encontrar los medios para tender puentes hacia la comprensión. La ausencia de palabras puede hacer que el otro ceda, lo que no significa que el conflicto desaparezca. Por otro lado, también puede pasar que el otro no lo haga y que lo que en un principio era un copo de nieve se trasforme en una bola.

Quizás lo necesario sea buscar mejores condiciones para conversar. También una forma diferente de expresar nuestra inconformidad. Cambiar el espacio rutinario por otro más cálido y amable a veces contribuye a que la comunicación se renueve.

Hablar desde el corazón, siempre remitiéndote a lo que tú sientes y no lo a lo que supones que siente el otro es una fórmula que no suele fallar. Inténtalo.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Lo que no decimos enferma