Personas adictas al conflicto: perfiles en guerra con ellos mismos

Convivir con personas adictas al conflicto es como habitar en un territorio minado. No solo enrarecen el ambiente con su malestar y con esa ansiedad de quien sabe que basta un comentario, un gesto o una palabra para que salten sobre nosotros. Además, nos contagian esa tensión propia de quien no hace otra cosa que librar guerras internas.

Todos, conocemos o hemos coincidido en alguna ocasión con una personalidad claramente conflictiva. No hablamos del clásico buscador de problemas que puede estar ahora mismo en cualquier aula de un instituto de secundaria, intentado superar su adolescencia y crisis de identidad. Nos referimos a un perfil muy concreto que se caracteriza por un comportamiento orientado solo a desestabilizar, a romper el equilibrio familiar, a crear disputas entre vecinos, y auténticas batallas campales en cualquier escenario laboral.

Hablamos de una adicción, de una búsqueda casi compulsiva del conflicto. Así, más que tomarlo como algo anecdótico, autores tan relevantes como el Doctor Bill Eddy, mediador y creador del instituto para la resolución de conflictos, nos advierte de algo muy concreto. En nuestra cultura, este tipo de personalidad está presente en casi cualquier esfera. Debemos, por tanto, tomar conciencia de lo que hay tras ellas para manejarlas mejor.

“Algunas personas causan felicidad ahí donde caminan, otras la proporcionan cuando se van”Oscar Wilde-

Personas adictas al conflicto, la anatomía de la ira

Podríamos decir que la mejor estrategia para lidiar con las personas adictas al conflicto es evitarlas. Sin embargo, no todo en esta vida se soluciona saliendo por la puerta de atrás, poniendo distancia o borrando a alguien de nuestra lista de contactos. Como seres sociales estamos obligados a convivir y, aún más, también cabe la posibilidad de que seamos nosotros mismos una de esas personas. Alguien habituado a recurrir al conflicto cuando hay algo que no sabemos manejar.

Por otro lado, un aspecto que se encuentran en muchas ocasiones los trabajadores sociales, abogados, psicólogos o psiquiatras es a este tipo de personalidad. Porque las personas adictas al conflicto, lo creamos o no, están detrás de muchas demandas, denuncias, casos de violencia de género y disputas laborales. Es como vemos una realidad más que evidente, un comportamiento concreto donde hay alguien que busca proyectar su ira sobre los demás.

El Doctor Eddy estima que si un 15% de la población adulta presenta algún trastorno psicológico de los recogidos en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V), y al menos un 10% de esta proporción evidencia lo que él ha llamado «personalidad de alto conflicto». Veamos qué rasgos y comportamientos retratarían este tipo de personalidad.

¿Cómo son las personas adictas al conflicto?

Algo que debemos tener claro cuando nos enfrentamos a una personalidad de alto conflicto es que el problema, la disputa o la reacción desmedida que hayan proyectado sobre nosotros no es real. El problema no está en nosotros, sino en ellos. En ese interior falto de equilibrio, de gestión emocional, de fortaleza psicológica.

Estas son sus características:

  • Su estilo de pensamiento es de todo o nada. Ellos/as no analizan, no son flexibles, no se toman ningún tiempo para sopesar una situación. Se limitan a generar un tipo de respuesta basada en la agresión o la crítica cuando algo no les gusta o no se ajusta a sus expectativas.

  • Baja eficacia en el control emocional. Algunas personas conflictivas sí tienen cierto control sobre sus emociones, pero lo hacen con una única finalidad: manipular emocionalmente a los demás. Otros, se limitan a volcar su ira y frustración sobre los demás hasta crear atmósferas muy desgastantes.

  • Desestabilizan entornos y personas. Las personas adictas a los conflictos son expertos en difundir rumores, en criticar, en desplegar conductas de dominación, de humillación, de ofensa continuada.

  • Nula resistencia a la frustración y buscadores de culpa. El adicto al conflicto no tolera que algo no salga o no sea como él o ella espera. No solo se frustra, sino que convierte esa frustración en rabia y busca culpables sobre quien proyectarla.

  • Sus pensamientos están siempre dominados por emociones negativas.

  • Presentan incapacidad para reflexionar sobre su propio comportamiento.

  • Dificultad para empatizar con los demás.

  • Evitan cualquier tipo responsabilidad por el problema o por buscar alguna solución.

La persona que no está en paz consigo misma, estará en guerra con el mundo entero” -Mahatma Gandhi-

¿Cómo manejar a las personas adictas al conflicto?

Habrá personas más conflictivas y personas con las que se pueda razonar un poco mejor. Ahora bien, en muchos casos estamos obligados a convivir con perfiles tan complejos como desgastantes, y es ahí donde es necesario tomar adecuadas medidas. Un primer aspecto que no debemos dejar de lado es el siguiente: evitemos tomar sus reacciones como algo estrictamente personal, en realidad este perfil está en conflicto consigo mismo.

Por tanto, y en la medida que sea posible, no nos desgatemos más dando explicaciones y discutiendo con alguien que no puede ni quiere atender a razones. No nos dejemos arrastrar por sus propias tormentas y limitémonos a identificarlas para desactivar el impacto que puedan tener en nosotros.

Asimismo, y ya desde un punto de vista clínico, es importante también hablar de cómo intervenir. El propio DSM está estudiando la posibilidad de incluir ya la personalidad de alto conflicto como un tipo de trastorno a considerar, de ahí que no debamos dejar de lado la importancia de recibir un tratamiento psicológico específico. De este modo, se podrían trabajar aspectos tan relevantes como el manejo emocional, el control y origen de la ira o cómo aprender a vincularse con los demás mediante la empatía y con comportamientos más respetuosos.

Concluiremos diciendo que nadie busca tener una personalidad conflictiva. Estableceremos con ellos ciertos límites, queda claro, pero hay que considerar también que muy a menudo tras esa incómoda fachada de «busca problemas» se abre un trasfondo de complejidades y heridas escondidas que demandan atención.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Quiero dejar de ser destructivo

Profesiones que reparan: Dime en que trabajas y te diré que reparas.

El trabajo que ejercemos tiene un gran significado. Si el trabajo que tengo no me hace feliz y me aporta pocas ganancias, significa que estoy reparando un drama del árbol genealógico, este enfoque es de la Biodescodificación, de la Epigenética.

El inconsciente nos gobierna el 95 por ciento del tiempo y nos hace realizar actividades que no nos gustan, el inconsciente nos obliga a complacer a nuestro clan.

¿Qué significa reparar? Reparar no significa solucionar, sino seguir el dictado del clan, asumir un drama que no nos es propio. Un peso que no nos corresponde y lo reparamos repitiendo, llevando esa carga que el clan depositó sobre nuestras espaldas, asumimos que era nuestra, asumimos que debíamos cumplirla, asumimos que debíamos cumplir las expectativas de nuestra familia aunque nos haga infeliz.

Hay dos señales que nos indicarán que se está reparando el árbol genealógico, repitiendo una dinámica impuesta de nuestro clan de modo inconsciente. Las señales son estas:

1. No nos apasiona nuestro trabajo, es una carga.
2. Aquello que hacemos no nos deja dinero y no nos hace feliz.

Si tu trabajo te hace feliz y te da ganancias no se está “reparando”, se está ejerciendo desde la libertad la capacidad de ser tú mismo, de desarrollar las actividades que te aportan plenitud. Cada ser humano posee un don, un talento y a eso debe aspirar. Es un derecho divino y sagrado.

Muchas personas eligen sus profesiones en base a su historia familiar. Hay familias en donde todos son abogados, el clan asume que todos deben dedicarse a lo mismo para seguir la tradición, todos fotocopias del primero. En otros casos existe neurosis de fracaso, donde asumimos que no debemos superar al clan, por ejemplo: mi padre es médico yo soy enfermero, obligando a éste a no superar a su padre, a sus ancestros. Neurosis de fracaso que se debe trabajar.

Otra neurosis narcisista es observar que todos se dedican a lo mismo, todos son carniceros, todos son zapateros, todos son comerciantes o todos se dedican a la docencia. Falta de imaginación dentro del clan, miedo a salir de lo conocido, clan castrador. En este caso se están dando LEALTADES FAMILIARES. Seguir las costumbres de nuestro clan es una prioridad para poder ser aceptados, para poder pertenecer y no ser expulsados. Un miedo primitivo que arrastramos a la discriminación. Mejor me dedico a lo que se dedica mi clan, antes de ser eliminado. Debemos comprender que por derecho divino y sagrado pertenecemos a nuestro clan más allá de nuestra actividad. Nacimos en él, ya solo con eso PERTENECEMOS. No se necesita hacer nada para pertenecer, es un derecho SOBERANO.

Profesiones que reparan:

-Policía, soldado, velador, portero, vigilante, administrador de sistemas, computo, electricista, carpintero: se busca al padre ausente en el clan.

-Abogado, juez, ministerio público, traductor, intérpretes: se busca reparar o hacer justicias en el clan. Hubo injusticias.

-Político, delegado, líder sindical, senador: se busca obtener el reconocimiento del clan reparando. No se obtuvo reconocimiento en el clan.

-Médico, enfermero, terapeutas: se busca sanar al clan o evitar la muerte del clan.

-Locución, telefonista, diseñador gráfico, publicista, relaciones públicas, intérpretes, traductor: se busca reparar al clan de falta de comunicación.

-Chef, cocinero, repostero, mesero, agricultor, panadero: se busca unir al clan en amor. No existió amor en mi clan.

-Todo lo relacionado a la docencia: se busca educar al clan, reformar al clan.

-Pediatría, educador de niños, niñera: se busca proteger a los niños. Existió abusos con los niños en mi familia.

-Costurera, sastre, tejidos: se busca impedir la separación del clan.

-Rescatista, chófer de ambulancia, buzo de salvación, primeros auxilios, detective, médico forense, actor, gimnastas, entrenador deportivo: se busca rescatar, encontrar a un desaparecido, revivir a un muerto en nuestro clan.

-Músico, cantante, pintor, payaso, actor, comediante, florista, cirquero: se busca dar alegría al clan. Ausencia de alegría en mi clan.

-Psiquiatría, psicólogo, neurólogo, terapeuta, coaching: se busca la salud mental en el clan. Locura en mi clan.

-Albañil, agente inmobiliario, ingeniero civil, arquitecto, decorador de interiores, pintor de casas: se busca dar un refugio al clan. Ausencia de hogar.

-Cura, monja, misionero, catequista, voluntarios sociales: se busca limpiar las aberraciones, maldad o pecados en el clan.

-Administradores, cajeros, agentes de seguros, notarios, banqueros: se busca recuperar el dinero perdido del clan.

-Maquilladores, diseño de indumentaria, coaching de vida, dermatólogo, peluquero, estilistas, modelaje, joyas: se busca reparar la autoestima en el clan. Existió abusos de poder.

-Nutricionista, veterinario, ingeniería en alimentos, entrenador de perros: se busca el amor de las madres. Ausencia de amor materno.

-Personal de limpieza, lavandería, tintorería, lava platos, lava copas, instaladores de alfombras, tapiceros: se busca limpiar o cubrir, tapar las porquerías y basuras en nuestro clan.

-Agentes de viajes, azafata, hoteleros, personal de cruceros, capitán de barco, piloto de avión, chófer de pasajeros, turismo: se busca huir, escapar del clan. Familia peligrosa.

-Bioquímicos, trabajos en laboratorios, antropólogos, historiadores, cronistas, detectives, investigadores, bibliotecarios, archivistas, psicólogos, secretarias: se busca descubrir los secretos en el clan.

-Dentista, mecánica, reparación de aparatos y equipos, técnicos mecánicos, maquinarias, herramientas: se busca reparar a la familia en general.

-Comerciantes: se busca reparar robos o estafas en la familia.

Toda profesión que realizamos en nuestra vida no es casual, es una representación simbólica de las fallas en nuestras familias.

Si ganas bien y disfrutas de tu trabajo, es más que seguro que tu profesión o actividad hayan sido elegidos por ti, ¿por qué? Porque te hacen sentir próspero, pleno y feliz. Quién más que uno mismo para saber lo que le hace bien.

Si tu profesión o actividad no te dan muchas ganancias, vives ajustado, no te gusta lo que haces, es más que seguro que sigas los dictados del clan y estés reparando, llevando una carga que no te pertenece. Revisa tu árbol familiar, identifica el drama en la cual desencadenó esa reparación, de dónde viene esa imposición. Quizás estés haciendo una actividad impuesta que no te beneficia.

Sigue tu dictado interior, que tu criterio de vida sea la felicidad y el disfrute. Dicen, que el que trabaja en lo que le gusta, no trabaja, juega, se divierte y goza. No dejes de buscar tu don, tu propósito, ese es el verdadero significado de tu vida. Aportarás maravillosas cosas al mundo.
Si no sabes cuál es tu don y tu propósito, intenta recordar y Buscar que cosas atrapaban tu atención en tu infancia.

¡Allí se encuentra el cáliz sagrado!

El que trabaja en lo que no le gusta, regala amargura, frustración a otros, busca tu don y serás un regalo, una Bendición para los demás.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Cada órgano dañado responde a un sentimiento” 

Dolor de caderas y su conflicto emocional

Las caderas llevan mi cuerpo en perfecto equilibrio y están ubicadas entre la pelvis y el fémur (hueso largo que se halla a lo largo del muslo y que forma su esqueleto). Mis caderas permiten a mis piernas moverse para hacer adelantar mi cuerpo hacía delante. Ellas determinan si voy hacía delante o no. Representan mis creencias de base frente a lo que son o a lo que deberían ser mis relaciones con el mundo. La pelvis y las caderas forman un conjunto, y representan así el hecho de lanzarme en la vida. Por lo tanto, las caderas representarán también mi nivel de determinación a progresar en la vida. Acepto avanzar con alegría y confianza en la vida, sabiendo que todo es experiencia para ayudarme a descubrir mis riquezas interiores.

Dolor de Cadera

La cadera es la articulación fundamental para mantenerse en pie y para caminar, asegurando la extremidad inferior de la pelvis. El dolor de esta zona del cuerpo se puede manifestar de dos maneras: por fractura y artritis. Veamos ambas:

Fractura de Cadera

Los huesos representan la estructura de las leyes y principios del mundo en el cual vivo. Cuando hay fractura, ésta es la indicación de que vivo actualmente un conflicto interior profundo. Puede estar en relación con rebelión o reacciones frente a la autoridad (de la cual no quiero obedecer). Esta fractura me señala que no puedo seguir así y que se impone un cambio. La localización de la fractura me informa en cuanto a la naturaleza de este conflicto. Si la fractura tuvo lugar en un accidente, hay que ver cuál es la culpabilidad que vivo con relación a esta situación.

Los huesos representan también el sostén, la estabilidad y una fractura puede ser un aviso de que he de separarme de mi pasado, dejarlo ir con flexibilidad para evitar un estrés inútil y pasar a otra etapa de mi evolución. Pregúntate: ¿Me condicionan mis normas hacía mí mismo o la sociedad al punto de que exija cierta perfección e incluso sea demasiado rígido? ¿Presté más atención en las actividades físicas en detrimento de los aspectos espirituales de mi vida? Para recobrar esta libertad interior, tomo consciencia de lo que me molesta. Acepto amarme suficientemente para expresar lo que siento. Encontrando otra vez mi libertad interior, recobro la libertad de mis movimientos.

Artritis de Cadera

En general, la artritis se manifiesta en personas que son duras consigo mismas, que no se conceden el derecho a detenerse o a hacer lo que les gusta, y además les resulta difícil pedir lo que necesitan. Prefieren que los demás las conozcan lo suficiente para ofrecerles lo que precisan. Cuando los demás no responden a sus expectativas, se decepcionan y sienten amargura y rencor. Incluso pueden abrigar deseos de venganza, aún cuando se sientan impotentes. Esto les hace experimentar una ira que reprimen muy bien. Poseen un sentido crítico interno muy fuerte.

Las personas que padecen artritis tienen un aspecto de docilidad, pero en realidad viven con una gran ira interna y rechazan profundamente este sentimiento. Al igual que la artritis, también las emociones nos paralizan, por lo que estas personas se beneficiarían si dejaran de acumularlas.

Conflicto Emocional

Conflicto arcaico de «Mantenerse en su posición». En persona joven: «Quiero luchar y no puedo, pero soy activo en la lucha». En persona mayor: «No puedo luchar y soporto la lucha pasivamente». La cadera cuenta 4 conflictos importantes: 1) De oposición. 2) De Vesícula Biliar ó energético. 3) De incesto simbólico. 4) De secreto familiar.

1) Conflicto de Oposición: Dos personas se oponen o se enfrentan. En condiciones de lucha adoptamos una posición para resistir en nuestro lugar que fuerza la cadera. Una oposición real sería: “Me opongo a alguien”, una oposición simbólica: “No tengo las mismas ideas políticas que…”. Una oposición activa sería: “Estoy aquí y lucho”. Una oposición pasiva: “No quiero ir allí, pero no puedo oponerme ni hacer otra cosa” o ”No puedo luchar”.

2) Vesícula Biliar: Conflicto energético. Cólera, ira y rabia reprimida. Rencor e injusticia dentro de un contexto de oposición.

3) Incesto Simbólico: Memorias de tocamientos, abusos, violaciones, etc., en la vida de la persona o en el Transgeneracional o Arbol Familiar. Y también relaciones de incesto directo con hermanos o familiares muy cercanos o simbólicos: “es como si fuese mi hermana, mi padre, mi madre, etc.”.

4) El Secreto Familiar: Algo que no se ha dicho nunca. Puede ser inconsciente pero seguir el secreto en el clan. Buscar en el transgeneracional ó Arbol Familiar. Conflicto de ser derribado por abajo como si hubiera sido un golpe definitivo. Conflicto de gran desvalorización sexual en el sentido de impotencia para tener hijos. Caderas estrechas: Memoria de incestos. Relación sexual en la que es imperioso que no salga ningún bebé. Caderas anchas: “Debo velar para que mi hijo no carezca de nada y tenga lo mejor a su disposición”.

Debes ser más flexible

La intensidad de tu dolor es una indicación del grado de tu actitud derrotista. Confía en ti, confía en los demás y ve, lánzate, avanza en tus decisiones. A medida que avances sabrás si tu decisión te conviene y qué hacer si cambias de idea. Debes vivir una experiencia nueva para verificar si lo que quieres en ese momento es benéfico para ti o no. Si piensas: «No va a salir bien», nunca sabrás si eso es lo que debes hacer.

En lugar de creer que no avanzas, sé más consciente de tus progresos. Si no lo crees, comprueba si los demás opinan lo mismo. Sé más flexible, es decir, acepta cambiar con confianza tu forma de pensar; ello te aligerará mucho. Recuerda: ¡En la vida no hay errores, sólo experiencias!

Toma de Consciencia

Es en las caderas que se inicia el movimiento de las piernas, o sea el andar. Las piernas sirven para avanzar libremente. Puedo retenerme de ir hacia delante. De aquí la indecisión para avanzar en la vida.

Por los problemas de las caderas, mi cuerpo me indica cierta rigidez: por lo tanto vivo inflexibilidad frente a una situación o a una persona. Esto puede proceder de una situación en la cual me he sentido traicionado por alguien o abandonado y esto me ha afectado tanto que vuelvo a plantearme mis relaciones con los demás. Además, tengo el gusto de establecer “nuevas reglas” para protegerme y evitar estar herido otra vez.

Puedo tener una inquietud por el porvenir: por lo tanto, siento angustia cuando debo tomar una decisión importante porque puedo tener la sensación que no voy a ninguna parte o que nunca llegaré a nada. Cuando me duelen mis caderas, mi cuerpo me manda un mensaje. Me ayuda a desarrollar mi consciencia para que adelante en la vida con confianza y seguridad y me enseña a ser más flexible en mi modo de tomar decisiones, asegurándome así un mejor futuro. Cuando hay un dolor, hay alguna culpabilidad.

Así es como un dolor en las caderas o caderas que no quieren moverse, pueden indicarme que bloqueo mi placer sexual por temor o culpabilidad. Incluso puedo vivir impotencia a nivel sexual como en mi capacidad en aceptarme tal como soy, con mis gustos, mis deseos, mis placeres. Estaré perturbado sexualmente y emotivamente, impidiendo así que mis caderas funcionen normalmente.

Esta impotencia también puede vivirse en el hecho que no me siento capaz o ya no me siento capaz de tomar mi lugar y de oponerme a alguien o algo. La solución al problema de las caderas estriba principalmente en tomar consciencia en que esta situación me obliga a reflexionar sobre los límites que me doy. Estoy en equilibrio y ando en la vida con confianza y serenidad. Agradezco a la vida por todo lo que me hace experimentar en cada instante. Aprendo a vivir en equilibrio con estas experiencias.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Causas emocionales de la artrosis, artritis y poliartritis

 

Piensa en positivo el mayor tiempo posible y te sorprenderás

Muchas personas pasan la mayor parte del tiempo pensando en negativo, algo que no es de extrañar si tenemos en cuenta que esta tendencia negativista ejerce su influencia desde una gran variedad de ámbitos en nuestra vida cotidiana: entorno familiar, amistades, compañeros de trabajo, sociedad y cultura, por nombrar algunos.

Cine, televisión, prensa escrita y otros medios masivos han sentado las bases de este pesimismo generalizado desde la época de su invención. El listado es, para nuestra desgracia, casi interminable: películas en su mayoría violentas/catastrofistas, programas de ingeniería social donde estudian detalladamente nuestros comportamientos para luego avivar el fuego utilizando tácticas de guerrilla social, la prensa rosa (también conocida como amarillista) alentándonos a centrar nuestra atención en dramas y tragedias ajenas, grandes tertulias en tono de gallinero, debates políticos insulsos e inconsistentes, informativos con un amplísimo porcentaje de noticias negativas (reforzando en nosotros la idea de que en este mundo apenas suceden cosas maravillosas). Todo este entramado de contenidos desmoralizantes no son fruto de la casualidad, ni son obra de editores de contenidos depresivos o bajos de espíritu.

Hay un objetivo claro por parte de los gobernantes (los que vemos y los que no) de dominio a través del miedo. Parece claro que el camino que más rápidamente nos conduce a él es, sin duda, el pensamiento negativo.

Muchas de nuestras actitudes se han convertido en reacciones automáticas ante ciertas situaciones. En vez de responder, simplemente reaccionamos. Es la robotización del ser humano. Parece ser que, al fin y al cabo, no serían las máquinas las que se levantarían contra la raza humana. Nuestra mente, acostumbrada a vivir mecánicamente en guerra, nos la ha jugado.

Lo que actualmente estamos viviendo es un período muy interesante de nuestra historia donde el cerebro humano ha sido fuertemente programado para reaccionar de modos predecibles produciendo resultados que son solamente beneficiosos para un mínimo porcentaje de la población. Así es, estamos programados. Nuestro cerebro funciona a través de una programación. Nacemos con una gran cantidad de “programas inconscientes” que son herencia directa de nuestro árbol genealógico. Nuestros antepasados y ancestros ejercen un papel determinante en nosotros. Tras ellos, los programas sociales y culturales determinan el modo en que interactuamos con el mundo.

La buena noticia es que el cerebro puede ser reprogramado.

Si estos programas con los que funcionamos nos hacen sentirnos miserables, parece obvio que no nos están sirviendo. No es una tarea fácil, pero tampoco es imposible. Podemos reprogramar nuestra mente para tener pensamientos positivos que poco a poco se convertirán en hábitos, los hábitos que nos abrirán las puertas a nuestros sueños.

Los sueños no siempre se realizan, no porque sean demasiado grandes o imposibles sino porque dejamos de creer (Martin Luther King)

Compruebo que pensando y sintiendo en positivo todo me sale bien: Cuando llego a los semáforos están en verde, no hay cola de personas en el banco en días propicios para ello, encuentro mesa en cafeterías que suelen estar abarrotadas, el autobús llega a la parada al mismo tiempo que yo, noticias y publicaciones que me interesan sin necesidad de buscarlas, personas precisas en el momento adecuado... Muchas personas, al escuchar este entusiasmo, recelan. Y muchas más aún tratan de cambiar mi modo de percibir la realidad a través de juicios, críticas y ridiculizaciones. Sin embargo, actualmente la ciencia más vanguardista respalda estos hechos. La física cuántica nos demuestra que un pequeño cambio en la percepción modifica los hechos. No sólo influye lo observado en el observador, sino que el observador también influye en lo observado. No se me ocurre sino pensar que esto es solamente posible gracias a que el observador y lo observado son la misma cosa. Así pues, una actitud positiva crea un mundo más amable y agradable, lo cual retroalimenta y refuerza nuestra actitud positiva. Simple.

Como dije, algunas personas (fundamentalmente gente pesimista) rechazarán este nuevo horizonte de la realidad sin detenerse a contrastar su validez. Los programas negativistas estarán entonces funcionando en ellos a pleno rendimiento, negando una perspectiva sin apenas llegar a profundizar en ella.

La mayor demostración de ignorancia es rechazar algo de lo cual no sabemos absolutamente nada (Wayne W. Dyer)

Más allá de debates sobre quién tiene más razón, mi conclusión sería que nada perdemos por pensar en positivo. Pero por si necesitan un empujoncito, les invito a que lean las publicaciones de este blog: “El poder curativo de los pensamientos” de Bruce Lipton- Biólogo celular estadounidense- y “La Nueva Medicina de la Conciencia” del Dr. Jorge Carvajal.

También les invito a descubrir la Descodificación Biológica, enclavada dentro del campo de la epigenética, que postula que nuestro inconsciente se expresa en el cuerpo a través de la enfermedad (física y/o mental).

Tanto esta técnica como el reiki son herramientas eficaces para ayudarnos en nuestro proceso de sanación personal a nivel corporal-mental, emocional espiritual. Cada día más y más personas acuden a estas terapias para mejorar su salud y su calidad de vida, y cada día contamos con más alentadores testimonios que nos invitan a pensar que se siente mucho mejor cuando nuestra mente nos dice cosas bonitas. Porque al fin y al cabo, optimismo es precisamente eso: enseñarle a nuestro cerebro que ya basta de tanto drama.

Si deseas que en tu vida se manifieste la magia, dale una oportunidad a tus sueños, piensa en positivo el mayor tiempo posible, ten actitud positiva y cree en ti mismo/a, te sorprenderás” (Lola.Hdez.Rivas)

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Cambia tu vida con afirmaciones positivas” 

Hernia de hiato y acidez de estómago: Biodescodificación

1ª Etapa (Supervivencia)

¿Qué conflicto emocional estoy viviendo? 

Si yo presento acidez estomacal o bien una hernia hiatal, quiere decir que he vivido una emoción en la que siento un “nudo en el estómago”. Siempre se tratará de algo reciente y sobre algún tema familiar. Este es uno de los tantos síntomas recurrentes que aunque se traten, vuelven a aparecer, debido a que somos muy aprehensivos.

Por lo tanto, podemos tratarlos con medicamento pero el hecho de que a cada minuto algo nos angustie, hace difícil su total recuperación con Biodescodificación, a menos claro que definitivamente dejemos de preocuparnos por todo.

Resentir:

  • “Algo muy importante me falta, necesito recibir más”.

  • “Quiero más amor, necesito más amor”.

  • “Quiero alimento emocional más nutritivo”.

  • “Estoy en un callejón sin salida, quiero salir”.

En el caso de la hernia hiatal, una porción del tejido del estómago sobresale en el tórax y al llegar los alimentos al esfínter del cardias, éste no se cierra, por lo tanto, todos los ácidos gástricos suben y queman. Emocionalmente, ocurre que yo dejo abierto ese paso para “dejar entrar más alimento” (Esto es simbólico, porque se refiere a más alimento emocional).

¿Cuál es la emoción biológica oculta?

  • Tengo miedo.

  • Vivo con miedo.

  • Siento miedo.

  • Vivo amenazado por mis propios temores.

  • El mundo no es un lugar seguro para mí.

  • Temo por mi supervivencia.

¿Cómo libero esa emoción biológica?

  • Respiro profunda y libremente.

  • Estoy a salvo.

  • Confío en el proceso de la vida.

  • La vida es abundante y generosa conmigo.

  • Fuente: Akasha Sanación Integral
  • Visto en: sabervivirmejor.com

*Si lo desea, puede leer la publicación: El aparato digestivo ¿por qué enfermamos?

No puedes caer bien a todo el mundo, aprende a que no te importe

La verdadera libertad puede residir en lograr ser feliz prescindiendo de la aprobación de los demás.

UNO DE LOS LIBROS más populares en Japón los últimos años recoge las conversaciones entre un joven insatisfecho y un filósofo que le enseña, entre otras cuestiones, el arte de no agradar a los demás. Es un tema sensible en una cultura tan complaciente como la nipona, pero este compendio de conversaciones ha entrado también en las listas de más vendidos de Estados Unidos, y en España se ha publicado como Atrévete a no gustar (Planeta de Libros).

El maestro es Ichiro Kishimi, especialista en filosofía occidental y traductor de Alfred Adler, uno de los tres gigantes de la psicología junto a Freud y Jung. Y es precisamente el pensamiento de Adler lo que articula el diálogo con el joven Fumitake Koga sobre cómo emanciparse de la opinión ajena sin sentirse por ello un marginado.

El debate socrático que mantienen a lo largo de las más de 260 páginas del libro parte de esta idea central: todos los problemas tienen que ver con las relaciones interpersonales. En palabras del propio Adler, “si uno quiere liberarse de sus problemas, lo único que puede hacer es vivir solo en el universo”. Dado que eso es imposible, al relacionarnos con los demás sufrimos por alguna de estas razones:

— Experimentamos un complejo de inferioridad respecto a quienes han “conseguido más” que nosotros.

— Nos sentimos injustamente tratados por personas a las que amamos o ayudamos y no nos corresponden como esperamos.

— Intentamos desesperadamente complacer a los demás para obtener su aprobación.

Este último punto se ha convertido en una adicción generalizada. Podemos verlo claramente en las redes sociales, donde colgamos posts buscando la aprobación de los demás en forma de likes y comentarios. Cuando una foto o una reflexión importante para nosotros obtienen poco feedback, podemos llegar a sentirnos ignorados. También en las relaciones analógicas, muchos problemas interpersonales tienen el mismo origen: no obtenemos del otro lo que creemos merecer. El hecho de que no nos agradezcan suficientemente ­algún detalle que hemos tenido, por ejemplo, puede desatar el resentimiento y enfriar una amistad.

Bajo este deseo de toma y daca hay un ansia de reconocimiento. Si el otro me da las gracias, si aprecia mi trabajo, si corresponde a mi favor con un acto amable, entonces me sentiré reconocido. Si eso no sucede, lo interpreto como si yo no hubiera hecho nada, como si no existiera para el otro. Esta visión es un poderoso generador de problemas, ya que las relaciones nunca son totalmente simétricas. Hay personas que disfrutan dando y otras que transmiten la impresión, aunque no sea cierta, de que no quieren recibir nada. Eso provoca muchos malentendidos, sumado al hecho de que cada individuo tiene una forma distinta de expresar su amor y gratitud. Hay personas que verbalizan de manera inmediata y directa lo que sienten por nosotros, y otras que nos aprecian igualmente, pero tienen menos facilidad para expresar amor, o bien lo hacen de forma diferida, cuando encuentran el momento y lugar adecuados.

Todas las opciones son correctas, siempre que nos liberemos de la ansiedad de hallar una compensación inmediata y equitativa, como en un comercio en el que hay que cobrar de inmediato lo que se entrega.

Tal como afirma el maestro Ichiro Kishimi, cuando una relación interpersonal se cimienta en la recompensa, hay una sensación interna que afirma que “te he dado esto, así que tú tienes que devolverme esto otro”, lo cual es una fuente inagotable de conflictos.

Porque, más allá de las diferentes maneras de expresar afecto, nos encontraremos con personas que directamente no nos entienden o incluso no nos aprecian. Hacer de eso un drama convertirá nuestro día a día en un campo abonado para los disgustos. La verdadera libertad incluye que no nos importe caer mal a algunas personas porque estadísticamente es un hecho que no podemos gustar a todo el mundo. Dejar de preocuparnos por lo que los demás piensen de uno, especialmente los que no nos entienden, es el camino a la serenidad.

“Cuando deseamos tan intensamente que nos reconozcan, vivimos para satisfacer las expectativas de otros”, explica Ichiro Kishimi, con lo cual ya no somos libres. Dejar de exigir contrapartidas y permitirnos vivir a nuestra manera, otorgándonos incluso el derecho de caer mal, nos procurará libertad, paz mental y, al final, mejores relaciones con los demás.

No te lo tomes personalmente

— En Los cuatro acuerdos, el célebre ensayo publicado en 1998 por Miguel Ruiz, la segunda ley dice: “No te tomes nada personalmente”. El médico mexicano sostiene que para mantener el equilibrio emocional y mental no hay que dar importancia a lo que suceda a nuestro alrededor, ya que “cuando te tomas las cosas personalmente, te sientes ofendido y reaccionas defendiendo tus creencias y creando conflictos. Haces una montaña de un grano de arena”.

Abandonar la necesidad de tener razón, dejar de gastar energía en intentar convencer a los demás, que tienen sus propias creencias, resulta profundamente liberador. Quienes van por el mundo tomándoselo todo personalmente ven enemigos por todas partes y nunca pueden estar verdaderamente tranquilos, ya que siempre tienen cuentas pendientes que circulan por su mente, provocándoles sufrimiento.

— Según Miguel Ruiz, nada de lo que hagan o digan otras personas debería hacernos daño si se asume el siguiente axioma: “Nunca eres responsable de los actos de los demás; solo eres responsable de ti mismo”.

  • Fuente: Francesc Miralles, escritor y periodista experto en psicología. elpais.com

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Logre que casi todo le importe un pimiento

Purifique su mente limpiando su casa

Las tareas domésticas pueden resultar sencillas, divertidas y ayudar a encontrar la armonía y serenidad interior.

¿Qué le parecería hacer la limpieza de casa como la hacen los monjes budistas? No es difícil, al contrario, es muy divertido. Si quiere purificar su alma sin moverse de casa, puede hacerlo transformando las tareas del hogar en un ejercicio espiritual”, señala el monje budista japonés Keisuke Matsumoto.

“La jornada de un monje comienza con la limpieza. Se barre el interior del templo, el jardín, y se friega el suelo de la sala principal. No limpiamos porque esté sucio o desordenado sino para librar al espíritu de cualquier sombra que lo nuble”, según el religioso, autor del “Manual de limpieza de un monje budista”.

¿No se cuenta acaso que uno de los discípulos de Buda encontró el nirvana o liberación del sufrimiento, mientras estaba barriendo?, recuerda este monje del templo Komyoji (www.koumyouji.com) de Tokio.

Para aplicar y aprovechar los consejos, prácticas y las reflexiones filosóficas y espirituales de Matsumoto, no hace falta llegar a tanto. Tampoco es necesario ser oriental, ni budista, ni retirarse a un monasterio zen, sino estar predispuesto a redescubrir la vida con una nueva mirada y efectuar, bajo una actitud diferente, una de las tareas humanas más universales: la higiene doméstica.

De hecho el propio Matsumoto, licenciado en Filosofía por la Universidad de Tokio y con un máster en administración de negocios, introdujo la mentalidad empresarial en el universo budista al sostener que “la gestión de un templo es análoga a la de una empresa. La única diferencia es que el objetivo no es la ganancia, sino la felicidad de sus fieles”. El monje también lleva el blog del templo y su página de Facebook recibe miles de visitas.

Si limpiamos y ordenamos nuestra casa nosotros mismos, nuestra mente se concentra en el presente, y en vivir el aquí ahora, una de las llaves de la felicidad y éxito en la vida y el trabajo, explica a Efe, el japonés Keisuke Matsumoto.

Para el religioso nuestro ambiente refleja nuestra mente y, donde existe desorden, no hay serenidad. “Si una persona puede llegar a ser verdaderamente feliz, incluso en un entorno desordenado, entonces debe ser Buda, es decir “un despierto, bromea.

Para la limpieza doméstica, según Matsumoto, no hace falta volver al siglo anterior, y “puesto que vivimos en el siglo XXI, podemos utilizar una aspiradora, no obstante, cualquiera que sea la herramienta o método que elijamos, lo que importa es mantener la actitud de no postergar lo que debería hacerse hoy.

CON LA ESCOBA, ATENTOS AL AQUÍ Y AHORA 

En esta sociedad moderna, el progreso conduce al mundo industrializado que, a su vez, nos impulsa a dejar de lado las tareas manuales. No niego el progreso en sí mismo, que también tiene sus beneficios, pero en medio del progreso tenemos que ser conscientes de nuestro estado mental, añade.

Según este monje los seres humanos tienden orgánicamente a pensar y actuar con la mente centrada en sí mismos, pero esa mente egoísta no les hace felices. Por otra parte, muchas personas están fuertemente conectadas con el mundo materialista y eso les distrae de pensar en lo que es más importante para ellos, y se olvidan de hacerlo.

“En ese sentido, efectuar la limpieza de la casa, o del templo en el caso de los monjes budistas, es una práctica diaria que ayuda a cultivar la mente, e incluso algo tan monótono como barrer el jardín con una escoba, logra revitalizarnos”, según Matsumoto.

¿Cómo podemos motivarnos cuando no nos gusta la limpieza de la casa o nos da pereza realizar las tareas domésticas?, le preguntamos al monje.

“Supongamos que usted es una persona muy ocupada pero, ¿se ocupa de lo que es realmente importante en su vida? No se convierta en un esclavo de la eficiencia. Observe su entorno más cercano en lugar del futuro o el pasado”, señala Matsumoto, para quien todo lo necesario para ser feliz ya está aquí”.

“Supongamos que no nos gusta el trabajo de la casa y pagamos a otras personas para limpiarla. Esto no está necesariamente mal. Hagamos lo que hagamos, será bueno, siempre y cuando vivamos en el momento presente”, añade.

En todo caso, según Matsumoto hay que tener presente que el ambiente de la casa es uno de los factores fundamentales que afectan directamente al estado de ánimo y hay que reflexionar si, mientras otra persona contratada limpia nuestro hogar, nos dedicamos a hacer algo más valioso que la limpieza doméstica o si mantenemos nuestra mente en calma.

En el budismo, no existe una división entre uno mismo y los demás. Consideramos que todas las cosas y seres son interdependientes unos de otros, destaca Matsumoto.

“Así, el ambiente que nos rodea está conectado con nosotros y refleja nuestra mente: cuando ese entorno es desordenado, nuestra mente también. Si mantenemos hermosa nuestra casa, nuestra mente estará muy clara y tranquila”, añade.

“Darse cuenta de que todo es interdependiente, es la lección espiritual primordial que puede extraerse de la realización de la limpieza doméstica”, explica a Efe.

DECÁLOGO DE LA LIMPIEZA CONSCIENTE 

No hay que dedicar mucho tiempo, ni hacer grandes esfuerzos para limpiar y ordenar, pero hay que cultivar el hábito de hacerlo cada día, señala Keisuke Matsumoto, quien brinda un decálogo de recomendaciones y claves para encontrar la armonía y la serenidad, realizando las tareas domésticas de forma atenta, y eliminando las impurezas que nublan nuestra alma:

1.- Quienes no cuidan los objetos, tampoco cuidan de las personas. Cualquier objeto ha sido creado con esfuerzo y dedicación. Cuando limpiemos o pongamos orden, debemos tratarlas cosas con cuidado.

2.- Tengamos gratitud hacia las cosas que nos han sido útiles y, cuando realmente no las necesitemos, hagámoslas resplandecer con una nueva luz dándoselas a quien pueda hacer buen uso de ellas.

3.- La limpieza debe hacerse a primera hora de la mañana. Si empezamos en silencio, rodeados por la calma, cuando la vegetación y las personas de alrededor aún duermen, nuestro corazón se sentirá en paz y nuestra mente despejada.

4.- Por la noche, antes de irnos a dormir, debemos recoger, guardar y ordenar las cosas que hemos utilizado y desordenado durante el día, para dejarlas tal y como estaban, y facilitar la limpieza al día siguiente.

5.- Puede que al principio nos cueste, pero si conseguimos limpiar por la mañana y ordenar por la noche, notaremos como nuestro espíritu y cuerpo se mantienen despejados a lo largo del día y podremos disfrutar de una espléndida jornada.

6.- Antes de limpiar, hay que abrir las ventanas y ventilar para purificar el aire. Sentir en la piel la frescura del aire que entra, hace que uno se sienta más despierto y puro y, si llenamos con éste los pulmones, las ganas de limpiar surgen de forma natural.

7.- El aire que entra es templado y agradable en primavera y otoño, bochornoso en verano y gélido en invierno, pero sentir su benevolencia y su dureza en nuestra piel nos pone en contacto con nuestra fragilidad humana, la Naturaleza y la fuerza de la vida.

8.- Para respetar la vida, evitando que proliferen los insectos y tener que matarlos innecesariamente, debemos recoger después de las comidas, tirar la basura orgánica, evitar que se acumule el agua en sitios y recipientes y podar bien la vegetación.

9.- En vez de arrepentirnos del pasado o preocuparnos por el futuro, debemos vivir plenamente el ahora y esforzarnos por no arrepentirnos mañana. Aplicado a purificar el espíritu mediante la limpieza sería: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

10.- Repartir y rotar la limpieza entre todos los miembros de la familia ayuda a valorar lo que los demás hacen por nosotros. Comprender que nuestras existencias dependen unas de otras nos ayuda a trabajar en equipo y a hacer las cosas pensando en los otros.

DESTACADOS:

– Si limpiamos y ordenamos nuestra casa nosotros mismos, nuestra mente se concentra en el presente, y en vivir el aquí ahora, una de las llaves de la felicidad y éxito en la vida y el trabajo, explica a Efe, el monje budista japonés Keisuke Matsumoto.

Para el budismo no hay una división entre uno y los demás;  todas las cosas y seres son interdependientes. Nuestro entorno está conectado con nosotros y refleja nuestra mente: cuando está desordenado, nuestra mente también. Si mantenemos nuestra casa hermosa, nuestra mente estará muy clara y tranquila”, señala Matsumoto.

– “Antes de limpiar por la mañana hay que abrir las ventanas y ventilar para purificar el aire. Sentir en la piel la frescura del aire hace que nos sintamos más despiertos y puros, nos pone en contacto con la Naturaleza y la fuerza de la vida y, al llenar nuestros pulmones, surgen naturalmente las ganas de hacer la limpieza doméstica”, según Matsumoto.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Mindfulness” o cómo equilibrar cuerpo y mente.

Háblate mucho y con cariño: vivirás más *Luis Rojas Marcos

Luis Rojas Marcos, Psiquiatra y autor de ‘Somos lo que hablamos. El poder terapéutico de hablar y hablarnos’

En un vuelo desde Nueva York, la señora española que estaba a mi lado me preguntó si regresaba a la Península. Le contesté que iba a estar unos días, a lo que respondió, muy seria, “mejor, que en España sólo hay ladrones y terroristas”. Me sorprendieron sus palabras y le pregunté cuántos ladrones conocía a su alrededor, a lo que respondió que ninguno. Tampoco conocía en su mundo más cercano, ni siquiera un poco más alejado, a un terrorista… La mujer se dio cuenta de que la visión que había dado de España no se ajustaba a la realidad”.

“El soliloquio te ayuda a gestionar la vida, a enfocar la atención, a concentrarte…”

Esta anécdota de Luis Rojas Marcos (Sevilla, 1943) resume de manera nítida una de las características del prestigioso Psiquiatra afincado en Nueva York, el optimismo, esa mirada positiva de la vida que conduce al que le escucha a creer en la especie humana. Rojas Marcos está convencido de que el ser humano es bondadoso por naturaleza, lo que ocurre es que en el devenir de la vida y según sus experiencias, ese potencial, a menudo, se diluye y se envuelve en negatividad.

Pero es posible cambiar para vivir mejor. ¿Cómo? Hablando, porque “hablar, en cualquiera de sus formas, no sólo añade vitalidad a los años sino también años a la vida”, asegura Rojas Marcos, que acaba de publicar “Somos lo que hablamos. El poder terapéutico de hablar y hablarnos” (Grijalbo), el libro que, comenta, más le ha costado escribir porque hablar es uno de los temas que más han influido en su vida personal y profesional.

“Estoy convencido de que hablar es la actividad humana natural más eficaz a la hora de proteger la autoestima saludable, gestionar nuestra vida, disfrutar de la convivencia y las relaciones afectivas y estimular los dispositivos naturales que facilitan nuestro bienestar físico, mental y social”, afirma.

“La perspectiva positiva de la vida la implementamos en el lenguaje interior”

Hablar como un remedio de la medicina de la calidad de vida.

Sí, porque se ha demostrado que tan importante como curar una enfermedad es estudiar aspectos del ser humano que nos ayude a vivir mejor, como la actividad física.

¿Usted fue un niño muy hablador?

Sí, mucho. De hecho, el hablar ha jugado un papel esencial en mi vida. Especialmente hablar conmigo mismo. El lenguaje interior me ha ayudado mucho. Yo era un niño hiperactivo, aunque no existía esa denominación entonces, y esos soliloquios me ayudaron a controlarme. Yo no sabía qué hacía mal, pero era consciente de que mi actitud no era adecuada. Lo aprendí con los pellizcos de monja que me daba mi madre, las miradas de mi padre, con las órdenes de los profesores de sentarme en la última fila porque molestaba… (Era un desastre, lo suspendía todo). Entendí que debía controlarme y me lo decía a mí mismo. ¡Me funcionó!

¿Por qué es tan importante hablarse a uno mismo?

Porque te ayuda a gestionar tu vida, a controlarte, a enfocar la atención, a concentrarte en los pasos que debes dar, a mantener la fuerza de voluntad… Muchos estudios han demostrado que es una forma de autoguía muy efectiva.

¿Y si mis soliloquios son negativos y me hunden?

Deberá aprender a hablarse con cariño y así vivirá más y mejor. Porque la perspectiva positiva u optimista de la vida la implementamos en el lenguaje interior.

¿Cómo se aprende?

Siendo consciente de que el lenguaje interior es importante en tu vida y como tú te hables, así repercutirá en el lenguaje social.

¿Los niños que han crecido en un ambiente parlanchín tienen más posibilidades de vivir más y mejor?

Muchos estudios apuntan a que sí, porque serán habladores, extrovertidos. Tendrán más relaciones sociales, compartirán experiencias, estarán más satisfechos, serán más solidarios, más empáticos… Hablen mucho a los niños, a los adolescentes, a sí mismos. ¡Hablen!

“Si los niños crecen hablándoles mucho, hablarán más, tendrán más relaciones, compartirán experiencias y estarán más satisfechos”

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Lo que no decimos enferma

Qué es el triángulo dramático y cómo podemos salir de él

¿Por qué algunas relaciones son armoniosas y felices y otras parecen un tormento? ¿Por qué una relación personal o profesional que parecía buena se convierte, de repente, en un sufrimiento? La explicación la encontramos en el triángulo dramático y en el papel que jugamos cada uno de nosotros, según la teoría de Stephen Karpman, psicólogo transaccional.

Veamos un ejemplo. Pensemos en un profesional amargado con su trabajo. Se pasa el día criticando a su jefe o a la empresa por las decisiones que se toman. Esta misma persona, sin embargo, cuando está con sus amigos, se involucra personalmente en sus problemas para ayudarles, sin que se lo hubieran pedido, y acaba agotado de tanto esfuerzo. Al mismo tiempo, vive una relación de pareja que no le hace feliz. Se queja de su mala suerte y no hace nada para resolverlo. Pues bien, esta persona vive tres roles o personajes diferentes: en el trabajo es perseguidor, con sus amigos actúa como salvador y en su relación de pareja se siente víctima. Y cualquiera de los tres personajes no le hacen demasiado feliz (ni a él ni a los que le rodean).

La mayor parte de los conflictos en nuestras relaciones personales y profesionales surgen porque hemos adoptado un rol de perseguidor, salvador o víctima. Ninguna de las actitudes anteriores es recomendable, ya que nos vacía de fuerza y nos llena de emociones poco gratificantes. Además, no son roles fijos, sino que vamos cambiando de uno a otro dependiendo del momento o de la situación. Si retomamos el ejemplo anterior, la persona puede ser también perseguidor de su pareja, criticando todo el tiempo lo que hace; o víctima en su trabajo. Por ese motivo, se denomina triángulo dramático: una vez que entramos en el triángulo, saltamos de un vértice a otro con una alegría tremenda. El desafío consiste en salirnos de él y, para ello, tenemos dos claves:

Primer paso: necesitamos reconocer que estamos en la actitud de perseguidor, víctima o salvador.

  • El perseguidor juzga todo cuanto le rodea. Critica, amenaza o culpa de lo mal que le va la vida o de lo que le sucede. Es fácil imaginar que este personaje es muy intransigente y despierta mucha rabia y frustración.

  • El salvador se preocupa de modo excesivo por los problemas de los demás, incluso en detrimento suyo. Presta ayuda, aunque no se la pidan; se rodea de personas que le necesitan y asumen una responsabilidad exagerada del bienestar del resto. También genera mucha frustración porque tiende a sacrificarse, a evitar los conflictos y a no sentirse lo suficientemente reconocido por el esfuerzo dedicado.

  • La víctima se queja constantemente y busca a otros para que le resuelvan sus problemas. Se siente indefenso, susceptible e incapaz de salir solo de las dificultades. Es un personaje que genera también mucha insatisfacción porque la persona no se siente capaz de salir de la situación.

Pues bien, una vez que hemos identificado en una relación concreta qué papel jugamos nosotros y las personas que nos rodean, el siguiente paso consiste en salirse del triángulo dramático, lo que se consigue cuando asumimos la responsabilidad de nuestra propia felicidad y bienestar. Ni criticamos al resto por ser como son, ni nos dedicamos a salvar sus vidas ni esperamos que nadie nos resuelva nuestros problemas. Por ello, veamos cómo conseguirlo en cada uno de los papeles anteriores:

  • El perseguidor necesita asumir la responsabilidad de su enfado, de no controlar todo cuanto le rodea. Ha de aceptar su propia vulnerabilidad (cosa de la que huye como de la peste) y no pretender tener siempre la razón. En el fondo es pasar del personaje de perseguidor al de retador o a plantear desafíos para que otras personas, con sus recursos y habilidades, los asuman.

  • El salvador necesita hacerse cargo de su vida, aprender a decir “No y a poner sus propios límites. No ha de ayudar a todo el mundo cuando ni se lo han pedido (recordemos que la actitud de salvador genera dependencia, algo que no es saludable para ninguna de las dos personas). También ha de saber expresar los propios deseos con sinceridad y permitir que otros le puedan ayudar. El cambio consistiría en superar el personaje de salvador por el de facilitador, que da apoyo pero que permite que los otros sean los protagonistas.

  • La víctima necesita recuperar su propia capacidad a través del aprendizaje de sus habilidades. Ha de ganar más confianza en sí mismo, no esperar que otros le digan lo que tiene que hacer ni que le resuelvan las dificultades. Ha de desarrollar una actitud más proactiva. El cambio se consigue cuando la víctima asume el personaje de creador, de quien diseña sus propias decisiones. 

En definitiva, todos vivimos relaciones en las que jugamos un rol poco afortunado, el de perseguidor, salvador o víctima. En la medida que nosotros caemos en el triángulo dramático, es posible que la otra persona también viva alguno de los personajes anteriores. Nuestro desafío es salirnos de dicho triángulo poco recomendable a través de dos claves: reconocer nuestra actitud y asumir nuestra responsabilidad para transformarla en otra más favorable, retador, facilitador o creador. Solo así podremos cultivar relaciones saludables.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Los 4 temperamentos según el Dr. Rudolf Steiner

La soledad es tan perjudicial para la salud como fumar 15 cigarrillos al día

Álvaro Pascual-Leone, neurólogo y catedrático de la Universidad de Harvard defiende que sentirse solo puede ser “una enfermedad mortal”

Respecto al peso total del cuerpo, más bien pesa poco. Unos 1.400 gramos. Y sus dimensiones tampoco son para tirar cohetes: ronda los 1.300 centímetros cúbicos. Pero a pesar de su reducido tamaño, su repercusión sobre el ser humano es incalculable. En él reside, ni más ni menos, que la mente y la conciencia del individuo. Sí, hablamos del cerebro, objeto de estudio de muchos científicos y que a día de hoy sigue escondiendo infinidad de secretos. Álvaro Pascual-Leone (Valencia, 1961) no cesa en su empeño de continuar revelando alguno de ellos. Este neurólogo y catedrático de la Universidad de Harvard acaba de publicar, junto con los investigadores Álvaro Fernández Ibáñez y David Bartrés-Faz, “El cerebro que cura” (Plataforma Editorial), una obra en la que explica algunos de los resultados obtenidos en el estudio Barcelona Brain Health Initiative que él dirige y que está promovido por el Institut Guttmann con el apoyo de la Obra Social “La Caixa”. Pascual-Leone ha encontrado un momento para atender a La Vanguardia.

Nuestras relaciones más cercanas tienen una poderosa influencia para nuestra salud y felicidad, defienden ustedes en el libro.

Así es. Desde hace mucho tiempo sabemos que tener suficiente gente alrededor es importante y que sentirse solo es malo. Pero lo que es más notable de los datos que se han acumulado en la literatura científica y en varios estudios, incluido el nuestro, es que lo importante no es si estás solo o no, sino si te sientes solo. Puedes tener una amplia familia o estar en medio de una multitud y sentirte solo. Y esto no sólo tiene un impacto negativo sobre el funcionamiento del cerebro y la capacidad cognitiva de las personas, sino que además es parte de lo que media en el efecto de otras cosas.

¿De qué cosas?

Hablo del efecto de dormir, de la nutrición… Todo ello no tiene un efecto directo, sino que está mediado por el sentimiento de soledad. Si tú te sientes solo, el beneficio de dormir las horas suficientes es mucho menor.

Curioso.

Por eso decimos que al final la vivencia de soledad te mata, es una enfermedad mortal.

“La vivencia de soledad te mata”

Ustedes establecen la analogía de que la soledad es tan perjudicial como fumar 15 cigarrillos al día o ser obeso.

Si, esa analogía está basada en la proyección de riesgo de enfermedad de distintos estudios epidemiológicos que muestran que como factor de riesgo para patologías y discapacidad, la vivencia de soledad subjetiva tiene un peso comparable a fumar 15 cigarrillos al día o ser obeso. Sin duda no es un resultado validado en estudios independientes, pero creemos que ilustra bien el potencial impacto de la vivencia de soledad.

Entiendo.

Es muy gráfico, todos sabemos que fumar es malo para la salud y que el exceso de peso también. Es contextualizar algo tan subjetivo como puede ser la vivencia de soledad.

“Estar sano es más que no tener enfermedad”

Una especie de medición…

Muchos aspectos de nuestro estado de salud tienen que ver con principios subjetivos. Objetivamente, ¿qué hace que tú te sientas solo? Al final, es el sentimiento de soledad tuyo que yo solo puedo conocer si te pregunto, y cuando lo preguntas y lo mides entonces tienes un correlato de la alteración del funcionamiento del cerebro.

Claro.

Cabe matizar que cuando hablamos en el libro de salud nos referimos a la definición que hace la OMS, al concepto de que estar sano es más que no tener enfermedad, es, efectivamente, no tenerla, pero además estar en paz contigo mismo, en equilibrio vital, en una situación en que sientas que puedes responder a los retos que puedan surgir.

Aquel que tiene un plan vital definido, se puede permitir dormir menos o hacer menos ejercicio.

Tener una razón de ser, ¿es beneficioso para nuestro cerebro?

, la nutrición, el sueño, el ejercicio físico, todo es importante, y hablamos de ello en el libro, pero los pilares que promueven buena salud cerebral y gracias a eso promueven buena salud general se basan más en no sentirse solo y en tener una razón de ser. Ambos acaban siendo mediadores de los otros hábitos. Aquel que tiene un plan vital definido, algo que le hace vivir y que le trasciende, que se proyecta en el más allá, en los otros, en el bien común, se puede permitir, entre comillas, dormir menos o hacer menos ejercicio porque el impacto negativo de esos malos hábitos es menor.

Ustedes defienden que nuestro cerebro tiene la capacidad de curarnos. ¿En qué medida?

El título del libro, ‘El cerebro que cura’, pretende destacar, en primer lugar, que lo que sabemos desde los romanos, que un cuerpo sano promueve una mente sana, es cierto. Pero además, que lo contrario también es verdad: el cerebro sano promueve la salud, un funcionamiento mejor de los órganos. La idea crítica es que nuestro cerebro dedica más de la mitad del tiempo no a permitirnos relacionarnos con los otros y con el mundo que nos rodea, sino a monitorizar lo que está pasando en nuestro cuerpo y a actuar sobre ello. Y esa actuación puede ser positiva, pero también negativa, puede causar enfermedad.

Si tienes una razón de ser potente, la capacidad para sobrellevar un cáncer es mucho mejor.

Le sigo.

Si tú tienes un cerebro que funciona mal, al final el resto de tu cuerpo funciona mal. Y en términos anecdóticos y descriptivos se sabe que personas que tienen ansiedad, depresión, enfermedades varias del cerebro, tiene también más riesgo de úlcera de estómago, dolores, problemas crónicos… el efecto negativo.

¿Y el positivo?

Si tú tienes una razón de ser potente, prestas atención a los buenos hábitos de vida que promueven tu buena salud cerebral, entonces, aunque tengas hipertensión, o diabetes, o incluso un cáncer, estás mejor, porque el cerebro promueve ese beneficio. En último término, la pregunta de si un cerebro sano puede curarte el cáncer o una infección se desconoce, la evidencia es muy pobre en este momento. Pero sí que sabemos que si tienes un cerebro sano y practicas todos los hábitos que hemos destacado, el riesgo de contraer la infección es menor, y la capacidad de sobrellevar el cáncer es mucho mejor.

El cerebro gasta el 20% de energía de nuestro organismo de manera continua.

¿Por qué dicen ustedes que el cerebro es un órgano caro para nuestro cuerpo?

El cerebro se puede mantener en funcionamiento durante cinco minutos con una pila de nueve voltios, es fantástico. Pero por otra parte, el cerebro supone un 2% del peso de nuestro organismo y está continuamente gastando el 20% de la energía. Y digo continuamente, y es que no es que gaste el 20% cuando estás hablando y luego pare, no para, está haciendo ese gasto todo el tiempo. Y ese no parar es importante, incluso cuando estamos pensando en musarañas, relajados o aburridos, porque lo que tiene lugar en el cerebro en ese momento es un proceso activo.

No descansa.

Y esa actividad en ciertas áreas es la que promueve ese papel saludable.

El cerebro gasta energía para inhibir ciertos conocimientos.

Ustedes explican que una de las principales funciones del cerebro es inhibir…

Sí, es muy curioso. Dicho de una manera muy simple, si tú observas un árbol, tu cerebro sabe exactamente cuántas hojas contiene, él lo capta. Pero tú no lo sabes porque tu cerebro gasta energía para inhibir ese conocimiento, en hacértelo olvidar. Y el olvido es muy importante a ese nivel porque te permite ver el árbol como una unidad y no como 100.000 trozos, algo que sería totalmente inútil. Yo no necesito saber cuántos cabellos tienes en la cabeza para ver quién eres. Y ese ver quién eres es más relevante para el ser humano que el detalle.

En el libro defienden que no sólo lo que hacemos cambia el cerebro gracias a su plasticidad, sino también lo que pensamos.

Cualquier cosa que experimentamos, pensamos, sentimos, cualquier cosa, cambia el cerebro. Por tanto, los pensamientos también lo hacen. Y es importante darse cuenta, más que nada para intentar controlar lo que se piensa, y es que el cambio que se puede producir puede ser negativo para uno mismo. Por otro lado, es bueno saber que el pensar, el concebir las cosas de una cierta manera, puede propiciar un desenlace deseable. En el más simplista de los ejemplos, si tú piensas que lo vas a hacer bien, activas los circuitos que hacen más probable que lo consigas.

Cualquier cosa que experimentamos, pensamos o sentimos cambia el cerebro.

Todo el organismo rema en una misma dirección…

Por eso es por lo que decimos que pensar en positivo, ser optimista, tiene impacto sobre tu salud y tu función cerebral.

Siempre se destaca la plasticidad del cerebro. Pero una plasticidad excesiva puede ser contraproducente, ¿verdad?

Es lo que le ocurre a los autistas. Si los genes que regulan esa capacidad de plasticidad se manifiestan en exceso y de manera descontrolada, pues la persona que lo padece aprende más rápido, sí, pero al mismo tiempo cada experiencia vivida le deja tanta huella que el cerebro se vuelve muy ruidoso, dándose lo que llamamos procesos de metaplasticidad, y eso forma parte de la alteración que da lugar al autismo.

Ciertos tipos de aprendizaje no se dan si uno no duerme.

¿Cuántas horas de sueño son las ideales para nuestro cerebro?

Eso es una de las grandes cuestiones que las personas, y ahí me incluyo yo, no queremos oír. Sabemos que la cantidad ideal estaría entre las siete y las nueve horas y que la mayoría de gente no las duerme. La sociedad en la que vivimos promueve dormir demasiado poco. Tenemos constancia que tanto el número de horas como el momento en el que uno duerme, y la calidad del sueño, es algo crítico para la buena salud cerebral y general.

Y para el aprendizaje…

Correcto. De hecho, el papel principal del sueño no es que descansemos, en ese momento el cerebro gasta tanta energía como cuando estamos despiertos, aunque está inmerso en una actividad distinta que durante el día. Y esa actividad es crítica para reorganizar las conexiones que se han modificado mientras estábamos despiertos, lo que significa que el aprendizaje depende del sueño. Ciertos tipos de aprendizaje no se dan si uno no duerme, porque no se consolidan esos conocimientos.

El ejercicio promueve directamente los mecanismos de plasticidad, incluyendo la creación de nuevas neuronas.

El ejercicio físico, ¿es más importante para el cerebro que para el resto del cuerpo?

Sí. Muchas veces hemos escuchado que hacer ejercicio es bueno para el corazón, para el tono muscular y el bienestar general, y eso es totalmente cierto. Pero ahora también sabemos que el ejercicio físico, no sólo aeróbico sino también anaeróbico [levantar pesas por ejemplo] y no únicamente mantenido sino con intervalos de intensidad, promueve la actividad y literalmente aumenta el grosor de la corteza en ciertas partes cerebrales, frontales sobre todo, que son críticas para permitirnos en caso de necesidad poner otra marcha, tener los recursos cerebrales para enfrentarnos a los retos.

Entiendo.

Además, a nivel cerebral, el ejercicio promueve directamente los mecanismos de plasticidad, incluyendo la creación de nuevas neuronas, la neurogénesis, en las áreas que son críticas para la memoria, como el hipocampo. Por eso decimos que si tienes que elegir, acuérdate que para tu cerebro el ejercicio físico es crítico y te hace sentirte mejor, porque tu cerebro está más sano y mejora tu capacidad cognitiva y de reacción.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El poder curativo del apoyo emocional“.