Los 4 dones de las personas altamente sensibles (PAS)

Cuando uno se ve en minoría frente a la gran mayoría, la primera sensación es sentir desventaja y miedo. ¿Por qué percibo las cosas de un modo diferente? ¿Por qué sufro más que el resto? ¿Por qué encuentro alivio en mi propia soledad? ¿Por qué observo y siento cosas que los demás suelen pasar por alto? Quizás formes parte de las personas altamente sensibles (PAS).

Ser parte de eso 20% de la población que se reconoce a sí misma como una persona altamente sensible (PAS) no es una desventaja, ni te etiqueta como “diferente”. Es muy posible que a lo largo de tu vida, y en especial durante tu infancia, fueras muy consciente de esa distancia emocional, y de como en ocasiones, tenías la sensación de vivir en una especie de burbuja de extrañeza y soledad.

La alta sensibilidad es un don, una herramienta que te permite poder profundizar y empatizar más con las cosas. Pocas personas tienen la capacidad de llegar a este punto de aprendizaje vital.

Fue Elaine N. Aron quien a principios de los 90, ahondando en la personalidad introvertida, detalló con minuciosidad los rasgos de una nueva dimensión no descrita hasta entonces, y que reflejaba una realidad social: la de las personas altamente sensibles, reflexivas, empáticas y a la vez, reactivas emocionalmente.

Si es tu caso, si te sientes identificado/a con esos rasgos que la Doctora Aron nos dejó en su libro “The Highly Sensitive Person”, es importante que te convenzas también de que la alta sensibilidad no es un motivo para sentirte extraño o diferente. Al contrario, debes sentirte afortunado por contar con estos 4 dones.

1. El don del conocimiento emocional

Ya desde la infancia, el niño con alta sensibilidad va a percibir aspectos en su día a día que le van a ofrecer una mezcla de angustia, contradicción y fascinante curiosidad. Sus ojos captarán aspectos que ni los adultos tienen en cuenta.

Esa mueca de frustración en sus maestros, la expresión de preocupación en su madre Serán capaces de percibir cosas que otros niños no ven, y ello, les enseñará desde muy pequeños que la vida es a veces difícil y contradictoria. Verán el mundo con la mirada de niño que se abre tempranamente al mundo de las emociones sin saber aún que las guía, que las hace vibrar o qué afila el sufrimiento adulto.

Niño caminando con un gato y un globo cerca de la luna

El conocimiento de las emociones es una arma de callado poder. Nos acerca más a las personas para entenderlas, pero a su vez, también nos hace más vulnerables al dolor.

La sensibilidad es como una luz que resplandece, pero a su vez, nos hace más vulnerables al comportamiento de los demás, a las mentiras piadosas, a los desengaños, a las ironías… ¡Es que todo te lo coges a la tremenda! te dirán a menudo, ¡Es que eres muy sensible! te comentarán otros. Y así es, pero eres lo que eres. Un don exige una alta responsabilidad, tu conocimiento sobre las emociones te exige también saber protegerte. Saber cuidarte.

2. El don de disfrutar de la soledad

Las personas altamente sensibles encuentran cierto placer en sus instantes de soledad. Son rincones que buscan con anhelo para llevar a cabo sus tareas, sus aficiones. Son personas creativas que disfrutan de la música, de la lectura Y aunque ello no quita de que disfruten también de la compañía de otros, es en soledad cuando más satisfacción encuentran.

Mujer sujetando una jaula mientras libera sus pájaros

Las personas altamente sensibles no temen a la soledad. Son esos instantes en que pueden conectar más íntimamente con ellos mismos, con sus pensamientos, libres de apegos, lazos y miradas ajenas.

3. El don de una existencia desde el corazón

Mujer con violín y los brazos abiertos

A la hora de hablar de las personas altamente sensibles, se les asocia a menudo al sufrimiento. A su tendencia a las depresiones, a la tristeza, a sentirse vulnerables frente a los estímulos externos, frente al comportamiento de la gente. No obstante, hay algo que el resto no sabe: pocas emociones se viven con tanta intensidad como el amar y ser amado

Y no hablamos solo de relaciones afectivas, la amistad, el cariño cotidiano, o el sencillo acto de experimentar la belleza de un cuadro, de un paisaje o de una melodía, es para las personas altamente sensibles una vivencia intensa. Enraizada en el propio corazón.

La alta sensibilidad es vivir desde el corazón. Nadie vive más intensamente el amor, nadie se deleita más con los pequeños gestos cotidianos, con la amistad, con el cariño…

4. El don del crecimiento interior

La alta sensibilidad no se cura. Uno viene al mundo con ello, con esa particularidad, con ese don que ya se puede ver claramente desde que un niño es bien pequeño. Sus preguntas, su intuición, su tendencia perfeccionista, su umbral al dolor físico, sus molestias ante luces o olores fuertes, su vulnerabilidad emocional…

No es fácil vivir con este don. No obstante, una vez uno reconoce lo que es y lo que nos puede aportar, llega el momento en que debemos aprender a gestionar muchos de esos detalles. No debes dejar que las emociones negativas te desborden en ciertos momentos.

Mujer volando entre estrellas

Debes aprender también que los demás, van a otro ritmo, que no tienen tu umbral emocional. Que no vivirán ciertas cosas con tu misma intensidad, no obstante, ello no significa, por ejemplo, que te quieran menos. Respétalos, entiéndelos. Entiéndete a ti.

Una vez hayas descubierto tu propio ser y tus facultades, encuentra tu equilibrio y fomenta tu crecimiento personal. Eres único y vives desde el corazón. Anda en paz, anda en seguridad, y sé feliz.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “No necesito impresionar a nadie” 

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Cómo amar -Jeff Foster-

“No puedo vivir sin ti”.
“Me completas”.
“Sin ti soy nada”.
“Nunca me abandones”.

Te vendieron una hermosa mentira acerca del amor.

Y en tu inocencia, compraste la mentira, la tomaste como verdad. Porque todos a tu alrededor estaban haciendo lo mismo, y querías encajar, y estabas tan asustado/a de estar solo/a, ya que nunca te habías sumergido en la dicha oceánica de tu propia soledad y hallado seguridad ahí.

Nadie vendrá a salvarte, ves. Ningún príncipe montado a caballo. Ninguna Julieta. Ninguna madre sustituta. Ninguna “Persona Especial”. Ningún mesías que se llevará tu dolor, tus sentimientos de vacío, esa sensación de separación y abandono que está contigo desde que eras joven. Nadie será capaz de sentir y metabolizar tus sentimientos por ti. Nadie puede vivir y morir por ti. Nadie tiene el poder de distraerte permanentemente. Nadie puede ser dueño de o pertenecer a alguien.

Tu otra mitad, tu compleción, no está fuera de ti, ves, sino profundamente dentro de ti. Vive como tu mismísima presencia, arde como el Sol interior.

Tantas personas están buscando al amor. O están intentando aferrarse a un amor que parece estarse deslizando entre sus dedos. O sienten que han perdido el amor y tratan de recuperarlo, escapando de sentimientos incómodos de síndrome de abstinencia, adormeciéndose con más sueños, corriendo cada vez más lejos de sí mismos, en búsqueda de algo que nunca alcanzarán, aún soñando con su “Persona Especial” que los completará, que les otorgará una vida de seguridad psicológica, que será la madre o padre perfectos que nunca tuvieron en la Tierra.

Por supuesto, eso no es amor. Eso es miedo, un escape urgente de la soledad.

Si puedes encontrarlo o perderlo, si puedes estar “en” o “fuera de” él, si se te puede regalar o quitar, si tienes que pelear por él, rogar por él, manipularte a ti mismo/a o a otros para obtenerlo, si sientes que te has hecho merecedor/a de él, si duele, entonces es la versión mental del amor. Es la mentira. Ya que si amas, estás presente. Eso es todo.

Si amas a alguien, estás presente con ellos. Tan presente con ellos como lo estás contigo mismo. Tan presente como el Sol en el cielo, a pesar de las nubes, las tormentas, el clima siempre cambiante.

No confundas amor con deseo, entonces. El deseo viene y se va. Arde brillantemente, o la llama se extingue. Pero el deseo no es consistente, como el amor.

No confundas amor con atracción. La atracción es hermosa, pero viene y va, se alza y cae como las olas en el océano, cambia con las estaciones, días, horas, momentos. No es siempre-presente, como el amor.

No confundas amor con sentimientos cálidos y agradables, incluso sentimientos de estar enamorado/a. Los sentimientos agradables se convierten en dolorosos tan rápido. El amor no es placer ni dolor, no es éxtasis ni duelo; es el campo que perdura, incluso cuando la felicidad se desvanece en la desesperación.

No confundas al amor con la urgencia de poseer a alguien o de ser poseído/a. El amor no es encaprichamiento. El amor no es obsesivo ni compulsivo. El amor no se apega. El amor no posee nada; no tiene peso ni forma. El amor no dice “Te necesito para mi felicidad, mi contento, mi vida”, no, el amor es sinónimo de la libertad, de un corazón abierto, de la voluntad para sentir cada sentimiento, pensar cada pensamiento.

El mito más peligroso es que otra persona puede “hacerte” feliz. No, no. La felicidad, la verdadera felicidad, la clase de felicidad que no puede ser comprada ni vendida o pulcramente empaquetada, es idéntica a tu propia presencia, la cual nadie te puede dar, y nadie te puede arrebatar. Si buscas a otros para ser feliz, siempre dependerás de ellos, siempre tendrás miedo de perderlos, y temerás y el resentimiento retumbará por debajo de tu “amor”. Te adaptarás para complacerlos, adormecerás tus pensamientos y sentimientos, cerrarás tus ojos a la verdad y vivirás en fantasía y esperanza. Te harás a ti mismo/a infeliz para ganar su amor, mantenerlos cerca, controlarlos. Te harás infeliz a ti mismo/a tratando de hacerlos felices a ellos…o forzándote a ti mismo/a a ser feliz. Eso no es amor, es adicción a una persona. Es miedo enmascarado como “romance”. Es la mentira.

Pero debajo de cada adicción está el anhelo por un hogar, por una Madre en el sentido más profundo de la palabra. Encuentra el sentido más profundo de hogar dentro de ti. Haz de tu cuerpo tu hogar, tu aliento, tu vientre cuando se eleva y cae en el momento presente. Encuentra tu base en la sensación de estar vivo/a. Y en ese lugar de presencia, pasa tiempo con otros que te nutran, que te ayuden a sentirte vivo/a, que empaticen contigo y puedan validar tus valiosos sentimientos. Cuando no estás tratando de ganar amor, cuando no estás huyendo de tus sentimientos incómodos, puedes darte el lujo de amar y ser amado/a realmente.

Invita a otros a tu campo de amor; déjalos quedarse, déjalos irse, inclínate ante su camino y camina el tuyo con valentía. Pero no compres por un momento la mentira de que la salvación yace en cualquier parte excepto en el corazón mismo de tu exquisita presencia, el lugar donde no hay nada que salvar. El lugar donde tocas la vida, y eres tocado/a de vuelta, momento a momento.

Porque tú eres el Elegido, tu propio y más grande amante, compañero/a, amigo/a, gurú y Madre.

Entonces puedes decirte a ti mismo/a:

“No puedo vivir sin ti”.
“Me completas”.
“Sin ti soy nada”.
“Nunca me abandones”.

  • Autor: Jeff Foster

*Si lo desea, puede leer la publicación: “En este momento, amigo, en este momento“-Jeff Foster-

¿Cuál es el secreto de las relaciones felices?

¿No es curiosa la humanidad? Hay tanta gente que se pasa la vida en una loca carrera contra el reloj, inmersos en la rutina, ocupados haciendo miles de cosas, y en el tiempo libre, se distraen frente al televisor, conectados a Facebook o rodeados de gente, ruido y embotados por el alcohol o las drogas. Sin embargo, no se preocupan por tener relaciones felices.

Vivimos la mayor parte del tiempo en automático, acelerados por la acumulación de tareas pendientes, casi sin prestarnos atención. En esta vorágine de hacer y no ser, se pierde lo esencial, que no está afuera, sino adentro. Hemos aprendido a olvidarnos de nosotros mismos.

El miedo a nuestras emociones más íntimas

La soledad puede ser aterradora para algunas personas, quienes con tal de estar acompañadas, sacrifican la calidad de las relaciones. Este miedo a la soledad muchas veces refleja que, en el fondo, existe el miedo de entrar en contacto con las más íntimas emociones, las cuales pueden ser desagradables o dolorosas. Es preferible, entonces, distraerse o adormecerse con cosas externas…

Pero si las necesidades emocionales no son escuchadas y atendidas, si no nos aceptamos a nosotros mismos incondicionalmente con nuestras debilidades y fortalezas, andaremos por la vida usando una máscara, pretendiendo ser lo que no somos para buscar en los demás la aceptación que nosotros mismos nos negamos. Así es imposible tener relaciones felices.

El ser humano no nace siendo un zombi emocional

Los bebés no juzgan sus emociones, simplemente las sienten y las expresan. Puede ocurrir que durante el proceso de socialización, el niño sea ignorado, herido, ridiculizado o abusado. Ante esto, el único recurso que tiene es enterrar en el inconsciente el dolor que experimenta, porque aún depende de los demás para sentirse digno de amor y de respeto.

Al llegar a la edad adulta, es imperativo asumir la responsabilidad por la salud emocional y ocuparse de sanar las heridas y de llenar las carencias del niño interno. De lo contrario, vivirá con un vacío interno que tratará de llenar en vano con relaciones superficiales.

Amarnos a nosotros mismos para poder tener relaciones felices

Nuestra tarea primordial, entonces, es aprender a ver, amar y valorar lo más precioso que tenemos, que es nuestra esencia. Mientras más aprendemos a amarnos a nosotros mismos, mayor es el deseo de compartir nuestro amor con los demás, porque el amor auténtico es expansivo por naturaleza. En eso se basan las relaciones felices. En un amor auténtico que nace de nosotros mismos.

Esta onda expansiva es imparable, y es entonces inevitable querer compartir este amor con los demás, pero no ya desde el vacío y la máscara, sino desde la plenitud y la autenticidad. Desde lo más profundo de nuestro interior, desde nuestra esencia.

La razón de ser de las relaciones felices es aprender, crecer, amar, divertirse y disfrutar de la mutua compañía. Porque al fin de cuentas, nuestra verdadera misión en este mundo es expandir nuestra capacidad de amar, tanto a nosotros mismos como a los demás. Cuando comprendemos y vivimos en función de esa misión, descubrimos que amar auténtica e incondicionalmente es el mayor tesoro que podemos encontrar.

No hay lujo, placer, ni logros, ni posesiones, ni riquezas que puedan sustituir la plenitud que produce el verdadero amor incondicional.

Pero tenemos que empezar por amarnos y aceptarnos a nosotros mismos. Amarse a uno mismo provee a cada miembro de la pareja de la seguridad y la confianza que suele buscarse en el otro. Pero, en vez de tratar de obtener amor del otro, y hasta de exigirlo, comparten el amor que tienen por sí mismos con su pareja. Irónicamente, le están dando al otro lo que siempre han querido de éste, pero que antes no eran capaces de dar.

El autoabandono y el autorechazo son unas de las mayores causas del fracaso de las parejas, y aprender a amarse a sí mismo realmente ayuda a sanar las relaciones. Amar es lo más maravilloso que hay, pero no se puede dar lo que no se tiene. Hasta que no aprendemos a amarnos a nosotros mismos, no se puede amar al otro. ¿Preparado para cultivar relaciones felices?

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Cómo encontrar el amor verdadero

Cuando te permites lo que mereces, atraes lo que necesitas

Empezaremos proponiéndote una pequeña reflexión… ¿Qué es lo que crees que te mereces a día de hoy?Puede que hayas pensado en un descanso. En permitirte que el tiempo discurra un poco más despacio para poder así, apreciar todo lo que te rodea. Disfrutar del “aquí y ahora”, sin estrés, sin ansiedad.

Es posible que hayas pensado también que mereces alguien que te quiera, que te reconozcan un poco más. Sueles esforzarte mucho por los demás y no siempre ven todo aquello a lo que has llegado a renunciar.

Todos, en nuestro interior, sabemos qué es lo que merecemos. No obstante, el reconocerlo es algo que a veces nos cuesta porque pensamos que puede llegar a ser una actitud egoísta.

¿Cómo decir en voz alta cosas como “necesito que me quieran”, “merezco ser respetado/a”, “merezco tener libertad y tener las riendas de mi vida”? En realidad, basta con decírnoslo a nosotros mismos.

No debemos equivocarnos, porque priorizarnos un poco más no es una actitud egoísta, es una necesidad vital, es poder crecer interiormente para ser felices. Te invitamos a reflexionar con nosotros.

Cuando eres consciente de lo que mereces, y por fin, te lo concedes, y aprendes a priorizarte un poco más a ti mismo, llegará lo que necesitas en realidad. No es magia, ni es el universo tejiendo sus leyes de atracción. Es nuestra propia voluntad para ser felices, para tomar las riendas de nuestra vida…

Las actitudes limitantes

Muchos de nosotros solemos desarrollar a lo largo de nuestra vida muchas actitudes limitantes. Son creencias en ocasiones inculcadas durante nuestra infancia, o incluso desarrolladas posteriormente en base a determinadas experiencias. Son esos pensamientos expresados en frases como “no valgo para nada”, “yo no soy capaz de hacer eso, fracasaré”, “¿Para qué intentarlo si siempre me salen las cosas mal?”…

Una infancia complicada con unos progenitores que nunca nos dieron seguridad, o incluso relaciones afectivas basadas en la manipulación emocional, suelen limitarnos casi de un modo determinante. Nos volvemos frágiles por dentro y vamos poco a poco, deshilachando nuestra autoestima.

Reestructura tus creencias. Tú eres más que tus experiencias, no eres quien te hizo daño o quien alzó muros para privarte de tu libertad. Mereces avanzar, mereces leer en tu interior y reconocer tu valía, tu capacidad para ser “apto” en la vida y sobre todo, feliz…

Lo que mereces, lo que necesitas

Lo que merecemos y lo que necesitamos está tan unido como el eslabón de una cadena.Te pondremos un ejemplo: “Necesito a alguien que me quiera”. Es un deseo común. No obstante, empezaremos cambiando la palabra “NECESITO”, por “MEREZCO”.

Te mereces a alguien que sepa leer tus tristezas, alguien que atienda tus palabras, que sepa descifrar tus miedos y ser el eco de tus risas. ¿Por qué no? Al cambiar la palabra necesidad por merecer, eliminamos ese vínculo de apego tóxico que en ocasiones, desarrollamos en nuestras relaciones afectivas.

Si necesitamos algo para ser felices nos volvemos cautivos de nuestras propias emociones

Empieza por ti mismo/a. Sé tú la persona que quisieras tener a tu lado… La que merece caminar los pasos de tu vida. Al final, llegará alguien que se reflejará en ti. No obstante, empieza también con estas importantes dimensiones:

  • Libérate de tus miedos.

  • Disfruta de tu soledad, aprende a leer en tu interior, a empatizar más contigo a la vez que con los demás.

  • Cultiva tu crecimiento personal, disfruta de tu presente, de lo que eres y de cómo eres.

  • Aprende a ser feliz con humildad, desactivando el ego, madurando emocionalmente.

Priorizarse uno mismo no es ser egoísta

Muchas veces seguimos siendo prisioneros de esos pensamientos limitantes explicados al inicio. Hay quien encuentra su felicidad dándolo todo por los demás: cuidando, atendiendo, renunciando a ciertas cosas por los demás. Es posible que nos educaran así. Ahora bien, siempre llega un momento en que hacemos balance y algo falla. Aparece el vacío, la frustración, el dolor emocional…

Como todo en esta vida, existe la armonía, la conjunción de tu espacio y mi espacio, de tus necesidades y nuestras necesidades. La vida en familia, en pareja o en cualquier contexto social, debe construirse mediante un adecuado equilibrio donde todos ganen y nadie pierda.

En el momento que hay pérdidas, dejamos de tener el control de nuestra vida, dejamos de ser protagonistas para convertirnos en actores secundarios.

Reflexiona durante un instante en estas breves ideas:

  • Merezco un día de descanso, para mí mismo, en soledad. Esto me ofrecerá lo que necesito: pensar, liberarme del estrés y relativizar las cosas.

  • Merezco ser feliz, tal vez sea el momento de dejar ir determinadas personas, o aspectos de mi vida. Ello me permitirá conseguir lo que necesito: una nueva oportunidad.

Todos merecemos dejar de ser cautivos del sufrimiento, de nuestras propias actitudes limitantes. Abre los ojos a tu interior, descifra tus necesidades, escucha tu voz. En el momento que te permitas lo que mereces, llegará lo que necesitas.

Repetición de la historia familiar *Bert Hellinger

Las lealtades invisibles hacen que una persona se mantenga dentro de su sistema familiar, repitiendo la misma historia, generación tras generación.

Algunas personas se preguntan: ¿Cómo solucionar esta situación en su vida?. ¿Cómo hacer para no terminar sola como el resto de las mujeres de mi familia?.
¿Cómo hacer para no terminar divorciándome?, ¿cómo escapar de las enfermedades familiares?, ¿cómo escapar de la historia familiar? ¿Cómo parar la repetición de la historia familiar?.

Existe en cada ser humano “la buena conciencia”, es la que hace que cada miembro de la familia gane méritos para pertenecer a la familia, perpetuando el rol que se ha ocupado en la familia (abandono, soledad, divorcio, desamor, etc). Esto lo hace una persona por seguir al amor ciego, ese que en su inocencia infantil cree que para ser buen miembro de familia requiere seguir el mismo destino que sus antecesores. La mayoría de las personas están ancladas en este tipo de amor.

Por otra parte se encuentra “la mala conciencia”, es aquella que hace que una persona transcienda los límites de su conciencia familiar atreviéndose a hacerlo diferente que los otros y que es producto de un proceso profundo de individualización, y que en oportunidades requiere un camino de soledad, pero de comunión con una consciencia más grande que es producto del “amor esclarecido”.

A continuación pequeños pasos que se pueden dar para conectarnos con ese amor esclarecido que nos ayuda a reconocer nuestras propias alas y emprender el vuelo de nuestro Ser.

Dejar de estar en contra de tu sistema familiar: cuando críticas o haces juicios de tu familia estás condenándote a repetir su propia historia.
Acepta a todos tal como son: El asentir te otorga la paz del amor, cuando aceptas abres la puerta a la transformación.
Honra a tus ancestros: Los que vivieron antes que tú… hicieron lo mejor que sabían hacer, darte la vida.
Agradece cada día a todos los miembros de tu sistema: No es necesario que corras hacia a ellos a darles un abrazo, el agradecer sincero surge cuando le das un lugar en tu corazón y los reverencias desde el alma.
Camina hacia la Vida con humildad: vive con alegría, ríndete en sus manos, acepta tu destino con amor y valentía.

“En las constelaciones Familiares del Espíritu se superarán los límites de las distintas conciencias, pues el espíritu creativo que activa los movimientos de los representantes nos lleva sobre nuestra conciencia personal a un plano superior, al plano del amor, que no conoce la negativa”.  

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Posición de los hermanos en la familia 

Causas emocionales de la ludopatía: adicción al juego

La ludopatía, llamada también ludomanía o jugador compulsivo, consiste en una incontrolable necesidad de jugar juegos de azar, afectando el comportamiento del jugador de forma negativa y no productiva. 

Se trata de una adicción al juego que es motivo de muchas peleas, discusiones, descuido del hogar, despilfarro del dinero, desatención personal y social (alimentación, relaciones familiares, sexo, salud, etc…), etcétera, provocando divorcios y otras consecuencias severas. Esta afección se ha relacionado con adicciones como el alcoholismo o drogadicción.

Un jugador compulsivo tiene todo su enfoque en el juego. Sin duda, la distracción es muy fuerte y, como toda adicción, incontrolable. Muchos pensarían que este impulso es una cuestión que implica meramente una necesidad de ganar dinero, pero parece que va más allá, es decir, que el jugador compulsivo juega muchas veces por el sólo placer de estar jugando, y no se es capaz de parar.

El jugador compulsivo es atrapado, entonces, por una actitud impulsiva e incontrolable para aceptar riesgos, pierde consciencia progresivamente de la realidad y comienza a actuar contra su propia razón y sentido común para obtener, constantemente y de forma ansiosa, el dinero para jugar, el cual escapa de sus manos rápidamente.

¿Por qué se padece está adicción?

Como toda adicción, lo más probable es que el jugador compulsivo experimente un dolor emocional severo, puede ser un dolor de rechazo, de no adaptación, de incomprensión, de falta de amor. Al resistirse muchas veces a buscar ayuda profesional o al no tener una orientación adecuada que le ayude a entender sus emociones, encontrará una forma de escaparse ya sea a través del alcohol, las drogas u otros placeres pasajeros como el juego compulsivo.

Las adicciones son formas en que el individuo trata de menguar un dolor emocional fuerte por medio de un supuesto placer. Un jugador compulsivo sin duda intenta atenuar y apartar su inconformidad, soledad, ira o rebeldía con estos momentos de distracción, en donde la carga de adrenalina sube tanto que en verdad hace “olvidarse” al jugador de todo lo demás. El descuido de su salud, de sus relaciones y demás sólo refleja la evasiva a su mismo dolor.

Sin embargo, es inútil apartar el dolor por este alejamiento sino que se engrandece, por lo que en el jugador va aumentando la necesidad de jugar y jugar y jugar. Es por eso que en muchos casos esta adicción va acompañada también de alcohol, de drogas, sexo y todas las evasivas posibles. Los estados emocionales del afectado tienden a ser indiscutiblemente depresivos, y esto lo expresan de muchas formas, con rebeldía, mal carácter, se sienten afectados o víctimas constantemente por lo que les rodean y agreden o se agreden a si mismos, llegando en muchos casos a la violencia. Estos comportamientos los hace ir cayendo cada vez más en un estado de soledad o aislamiento que los hace necesitar más de estímulos externos para aislar su dolor.

Síntomas:

• Sentir ansiedad o desesperación de conseguir más dinero para jugar.
• Necesidad de apostar cantidades cada vez más grandes de dinero.
• Sensación de soledad, frustración y/o dolor después de jugar.
• Haber intentado jugar menos muchas veces, sin conseguirlo.
• Mentir sobre la cantidad de tiempo o dinero gastada en el juego.
• Cometer acciones no legales para conseguir dinero para el juego. 
• Desatención y/o pérdida del trabajo, relaciones, estudios debido al juego.

¿Qué se puede hacer?

Las causas que llevan a una persona a esta adicción pueden venir desde mucho tiempo atrás: en especial, la falta de cultura emocional para que el individuo vaya entendiendo y madurando los sentimientos de frustración, dolor, depresión y todas esas experiencias en la vida que pueden resultarle intolerantes y que más tarde le condicionan a escaparse de lo que siente.
Lo ideal es consultar con un profesional en el caso y llevar al afectado directamente con él. Sin embargo, la posible resistencia de la persona a ser ayudada resulta muchas veces un gran impedimento. En este caso es importante que las personas que rodean al jugador compulsivo eviten sentirse culpables, decaídas o desesperadas por el comportamiento de éste. En realidad estas actitudes no ayudan en nada y lo único que harán es aumentar un ambiente de tensión y depresión. Lo mejor es no permitir que uno hunda a todos.

Sin embargo, cuando hay disposición del afectado a ayudarse, se puede no sólo buscar ayuda profesional, sino seguir estos consejos a medida que sean posibles.

Si tú eres un jugador compulsivo y ya no quieres serlo, puedes seguir estos consejos:

1. Debes de estar muy consciente de tu situación y no negarla ni rechazarla, sino admitirla. No la veas como algo malo o reprobado, y no te castigues por jugar sin control. Admite lo que haces, simplemente.

2. Haz el esfuerzo por realizar una actividad física al menos una hora al día, corre, ve al gimnasio, nada y anda en bici, lo que sea, aunque después te vayas a jugar. Díte a ti mismo: no iré a jugar si no cumplo con esta sesión de ejercicio. Esto, además de oxigenar tu cerebro y vigorizarlo, te ayudará a ir educando tu mente. 

3. Busca lecturas que te hagan comprender mejor lo que sientes y que te hagan profundizar más acerca de todos los talentos que tienes.

4. Busca alguna clase de música, de baile, de algún otro idioma o de alguna actividad que te distraiga, te guste y te mantenga ocupado creativamente. Al principio quizá no sientas muchas ganas, hay que hacer mucho esfuerzo para vencer una adicción, cierto, pero al comenzar a relacionarte en un nuevo ambiente poco a poco irá cambiando tu perspectiva emocional. No te decimos que nunca más juegues, porque el jugar es algo muy interesante y la emoción de ganar también. Pero recuerda que el juego se acaba donde empieza la dependencia…

5. Hay muchas terapias alternativas que te pueden ayudar y apoyar, como las Flores de Bach, el reiki, la fitoterapia y la bioenergética. La medicina natural es ideal para ayudarte no solo a sentirte mejor y bajar tu ansiedad, estrés, e impulsividad, sino a entender y madurar tu energía emocional, la cual está íntimamente relacionada con la adicción al juego.

“Toda adicción surge de una negativa inconsciente a enfrentar el dolor y salir de él. Toda adicción comienza con dolor y termina con dolor. No importa a qué sustancia sea usted adicto: alcohol, comida, drogas legales o ilegales, o a una persona, usted está usando algo o a alguien para ocultar su dolor” (Eckhart Tolle)

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Taller online gratuito de Atención Plena o Mindfulness: 4 vídeos explicativos y 7 audios guiados

Un perro te enseña a vivir en presente continuo

Seres sin rencor

Emilio Ortiz, que describe su simbiosis con los perros guía en “Mis pequeños ojos”.

Tengo 42 años: la clave es no quedarse parado nunca. A los perros hay que darles órdenes porque necesitan un orden. La causa de que cada vez haya más perros es que las personas creen ser más libres cuando sólo están más solas. Tengo una hija maravillosa. Spock sabe cuándo voy a la farmacia antes que yo.

Emilio Ortiz perdió la vista a los 17 años, pero siguió trabajando, estudiando y progresando. Tuvo una hija y se ganó su cariño. Y luego le llegó a su perro guía, Spock, sus pequeños ojos, que le enseña a vivir cada momento como si fuera único y le inspira sus mejores líneas.

El escritor acierta al describir el rasgo primordial del carácter canino: les dura mucho más el cariño que los enfados.

Exactamente al revés que a algunas personas a las que les cuesta vivir en presente continuo. Saber disfrutar del paseo, la comida, el sol o la lluvia, los juegos, las carantoñas y las más inmediatas y puras satisfacciones de cada instante, es la eterna lección que cualquier persona puede aprender cualquier día de cualquier perro.

Soy de Barakaldo, hijo de inmigrantes extremeños. Nos fuimos a Madrid, donde estudié con muchas dificultades…

¿Qué estudió?

Como iba perdiendo la vista poco a poco, tuve que acelerar. Me matriculé en Psicología, Derecho e Historia, pero sólo acabé Historia. Después, ya invidente, ingresé en la ONCE como vendedor de cupones y conocí a la madre de mi hija. Y mi hija es lo mejor que me ha pasado.

Enhorabuena a los dos.

Por eso me vine a vivir a Albacete, porque nos separamos, y ella vive con su madre aquí.

¿Cómo conoció a su perro?

La relación con tu primer perro, muchos lectores lo habrán vivido, es inolvidable y a menudo trágica, porque mueren antes que tú. Draco fue mi perro de niño, una mezcla de pastor alemán y husky. Cuando nos dejó, lo pasamos muy mal. Y ya no quise tener más perros…

Pues tiene uno a su lado.

Es Spock, mi perro guía, que ahora tiene nueve años y ha cambiado mi vida. Antes yo no quería recordar a los perros y ahora me paso horas disfrutando al hablar de ellos con otros amos y por eso he escrito mi novela, que también es un ensayo sobre las emociones caninas.

¿Ahora mismo Spock está trabajando?

Ahora mismo va a su bola, pero está en alerta, porque lleva el arnés. Si se lo quitara, empezaría a jugar y a incordiarnos. Pero el arnés lo mantiene ahora quieto y calladito.

Buen chico, este Spock.

A los perros hay que darles pautas en cada instante de su vida: tenemos que darles órdenes, porque necesitan orden.

¿Cómo a las personas?

A las personas nos gusta pensar que somos los reyes de nuestra propia existencia, pero eso no nos debe hacer olvidar que los perros sólo son felices cuando encuentran su lugar en la manada. O mandan u obedecen. Si usted es el amo, haga que obedezca. Siempre.

Entonces son como las personas.

La diferencia es que a ellos cada vez los necesitamos más. Necesitamos su compañía.

¿Por eso cada vez hay más perros?

Cada vez hay más perros porque las personas estamos más solas. Estamos siendo empujados hacia un individualismo insano que algunos confunden con independencia.

Queremos ser libres, pero sin estar solos.

Y un perro es un animal solícito que nos entrega su afecto de forma natural e instintiva y que lleva ya miles de años sirviendo a los humanos.

Sólo le falta hablar.

Quite, quite. Es mucho mejor que no hable. Es suficiente con que escuche…

Ya es más de lo que saben hacer la mayoría de nuestros semejantes.

…O al menos que a ti te parezca que te está ­escuchando.

¿La relación con una mascota es muy diferente de la que tienes con un perro guía?

Con un perro guía como Spock es más intensa. Estamos siempre juntos y la simbiosis ya es completa. Spock adivina, por ejemplo, cuándo quiero ir a la farmacia. No sé si por actitud mía o por intuición suya.

Tal vez guarde usted las recetas en el mismo cajón siempre y Spock le ve cogerlas.

O nota que busco la farmacia con la mirada… o cómo encamino mis pasos… No sé.

¿Se porta bien Spock?

Es muy obediente, que es lo esencial. A veces me pone a prueba, como todos los subordinados a sus jefes alguna vez. La vida no deja de ser una lucha por el poder.

Cuanto más conozco a las personas…

…Más quiero a mi perro. Por eso los perros están llegando a convertirse en elemento cohesionador o incluso fundador de familias. Muchas parejas me han anunciado con alegría: “No queremos tener hijos, pero tendremos dos o tres perros”.

¿Quién se los queda si hay divorcio?

Hay abogados especialistas en acordar quién se queda al perro.

Si no lo hacen desgraciado…

Sólo los hacen desgraciados cuando los amos buscan en ellos a la persona que necesitan, porque entonces los humanizan.

¿En qué sentido?

En que lo tratan como a un igual y el perro se desorienta, porque no necesita un compañero ni un amigo; necesita un líder: a su amo.

¿Qué te puede dar un perro que no te dé una persona?

Cariño absoluto e incondicional. Pero, sobre todo, una inmensa lección siempre.

¿Sólo una?

Cuando dejas a tu perro abandonado en el piso, solo y aburrido, se desespera. Sufre mucho.

Hay que pasearlo y quererlo.

Pero cuando llegas a casa tú, su amo, se levanta, empieza a mover el rabo y en dos segundos ya se le ha pasado todo el enfado. Usted pruebe a quedar con su pareja para ir al cine y llegue diez minutos tarde y verá…

A veces con cinco ya veo…

El enfado y el rencor a los humanos nos dura días, años o no lo olvidamos nunca. En cambio, el perro vive el presente inmediato. Y vivir así para los humanos, al menos durante un ratito cuando estás con el perro, es liberador.

Pues es una gran lección.

A los perros la frustración les dura menos que el cariño. Y es que saben vivir lo que les ha tocado mucho mejor que nosotros.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Historias que prueban que los animales tienen ALMA

El rechazo es la herida emocional más profunda

Hay heridas que no se ven pero que pueden arraigarse profundamente en nuestra alma y convivir con nosotros el resto de nuestros días.

Son las heridas emocionales, las huellas de los problemas vividos en la infancia y que determinan en ocasiones como será nuestra calidad de vida cuando seamos adultos.

Una de las heridas emocionales más profundas es la del rechazo porque quien la padece se siente rechazado en su interior, interpretando todo lo que sucede a su alrededor a través del filtro de su herida, sintiéndose rechazado en ocasiones aunque no lo sea.

Origen de la herida emocional del rechazo

Rechazar significa resistir, despreciar o denegar, lo que podemos traducir en “no querer” algo o a alguien.

Esta herida nace del rechazo de los padres hacia su hijo o en ocasiones, del sentirse rechazado por los progenitores, sin haber intención por parte de éstos.

Ante las primeras vivencias de rechazo se comenzará a crear una máscara para protegerse de este sentimiento tan desgarrador que va ligado a la infravaloración de uno mismo y que se caracteriza por una personalidad huidiza según las investigaciones llevadas a cabo por Lise Bourbeau. Así la primera reacción de la persona que se siente rechazada será huir por lo que no es raro que siendo niños se inventen un mundo imaginario.

En los casos de sobreprotección, más allá de la faceta superficial enmascarada de amor, el niño se percibirá como rechazado pues no es aceptado como es. El mensaje que le llega es que sus capacidades no son válidas y por eso tienen que protegerlo.

Cómo es la persona que tiene la herida del rechazo

A partir de las heridas emocionales sufridas en la infancia se conforma una parte de nuestra personalidad. Por ello, la persona que padece la herida del rechazo se caracteriza por infravalorarse y buscar la perfección a toda costa. Esta situación la llevará a una búsqueda constante del reconocimiento de los otros que le costará saciar.

Según Lisa Bourbeau, será con el progenitor del mismo sexo con el que más presente se hará esta herida y ante el que la búsqueda de amor y reconocimiento será más intensa, siendo muy sensible a cualquier comentario que proceda de él.

Las palabras “nada”, “inexistente” o “desaparecer” formarán parte su vocabulario habitual, confirmando la creencia y sensación del rechazo que tiene tan impregnada. De este modo, es normal que prefiera la soledad porque si recibe mucha atención habrá más posibilidades de ser despreciada. Si tiene que compartir experiencias con más gente, intentará pasar de puntillas, bajo el caparazón que se contruye, apenas sin hablar y si lo hace, tan solo será para infundirse valor a si misma.

Además, vive en una ambivalencia constante porque cuando es elegida no se lo cree y se rechaza a sí misma e incluso llega a sabotear la situación y cuando no lo es, se siente rechazada por los demás. Con el paso del tiempo, la persona que padece la herida del rechazo y no la sana, puede volverse rencorosa y llegar al odio, fruto del intenso sufrimiento vivido.

A mayor profundidad de la herida del rechazo, mayor probabilidad hay de ser rechazada o rechazar a los demás. 

Sanar la herida emocional de rechazo

El origen de cualquier herida emocional proviene de la incapacidad de perdonar aquello que nos hacemos o nos hacen los demás.

Cuanto más profunda sea la herida del rechazo, mayor será el rechazo hacia si mismo o hacia los demás, el cual puede ocultarse tras la vergüenza. Además, habrá mayor tendencia a la huida, pero ésta tan solo es una máscara para protegerse del sufrimiento generado por esta herida.

La herida del rechazo se sana prestando especial atención a la autoestima, comenzando a valorarse y reconocerse por si mismo sin necesitar la aprobación de los demás. Para ello:

  • Un paso fundamental es aceptar la herida como parte de uno mismo para poder liberar todos los sentimientos atrapados. Si negamos la presencia de nuestro sufrimiento no podremos trabajar para sanarlo.

  • Una vez aceptada, el siguiente paso sería perdonar para liberarse del pasado. En primer lugar a nosotros mismos por el trato que nos damos y en segundo lugar a los demás, porque las personas que nos han herido probablemente también padezcan algún profundo dolor o una experiencia hiriente.

  • Comenzar a cuidarse con amor y priorizarse. Prestarnos atención y darnos el amor y el valor que merecemos es una necesidad emocional imprescindible para seguir creciendo.

Aunque no podemos borrar el sufrimiento vivido en el pasado, siempre podemos aliviar nuestras heridas y ayudar a que cicatricen para que su dolor desaparezca o al menos se alivie. Porque de acuerdo con lo que dijo Nelson Mandela de alguna manera somos capitanes de nuestra alma.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El Proyecto Sentido de nuestra vida, diferentes tipos de partos e hijos

A veces, es mejor respirar profundo y quedarnos callados

respirar-profundo-y-callarDicen que el silencio es el arte que alimenta la sabiduría, por ello en ocasiones no hay más remedio que hacer uso de él para responder con acierto, para no continuar con conversaciones y hechos que no valen la pena. Respirar profundo y quedarse callados en ciertos momentos es la mejor opción que podemos tomar.

Resulta curioso como quienes llevan muchos años trabajando en psicoterapia ven muchas veces en el propio silencio del cliente un avance considerable en el proceso de curación. Para muchos puede resultar algo contradictorio puesto que la terapia se construye con un intercambio poderoso a través de la palabra. Así, el medio es ese diálogo que actúa como una energía que confronta, que ahonda, que despierta y reconstruye.

No le debes explicaciones a nadie, rinde cuentas contigo misma

No des explicaciones.A veces adoptamos el método judicial para con nosotros mismos. Somos los justicieros de nuestra mente, sometiéndola a continuo escrutinio y juicio, demandando explicaciones.

No contentos con eso, en la mayoría de las ocasiones brindamos la posibilidad de que sean otras personas las que nos evalúen o juzguen, con el riesgo de que sus opiniones o juicios sean totalmente desafortunados.

No debes buscar en el exterior explicaciones y respuestas que solo tú puedes darte, de forma íntima y sosegada. 

Quien hace más caso de lo que le dicen que le falta, se encuentra lejos de saber lo que necesita.

Lo cierto es que las almas puras y las mentes ocupadas no cuentan con tiempo ni ganas para meterse en la vida de nadie y las personas seguras de sí mismas no permiten que nadie lo haga.

Debes rendir cuentas contigo mismo/a pero no de una forma inquisidora, sino de una forma abierta y franca. Sólo cada uno de nosotros conocemos el porqué de cada una de nuestras acciones, decisiones, alegrías y sufrimiento. Están en el plano de lo subjetivo, de lo íntimo, de lo que sólo nosotros sabemos de nosotros mismos.

Nuestra vida, nuestras propias explicaciones

A veces nos decimos que otros en nuestra misma situación hubieran actuado de la misma forma, pero eso en realidad carece de fundamentación y de importancia. La comparación con el resto del mundo es inútil si lo que en realidad buscamos es la paz interior y no la aprobación social.

Lo que conduce al desarrollo emocional es buscar la paz con nosotros mismos, no la aprobación de los demás, tan cambiante y subjetiva como la nuestra.

Tenemos que intentar que nuestro corazón sirva de ayuda a la complicada tarea que tiene nuestra memoria de integrar emocionalmente lo que hemos vivido a lo largo de nuestra vida. Evitar buscar la coherencia en todo lo que hemos hecho, ponerle una etiqueta, para optar por descubrir si nuestras acciones revelan la búsqueda de una razón, un sentimiento, un anhelo o el deseo de evitar un fracaso, una crítica o el dolor.

A veces nuestra historia tiene múltiples interpretaciones e incógnitas, pero siempre cuenta con un denominador común: superar miedos, liberarnos de capas, nadar a contracorriente de nuestros traumas y fantasmas, buscar el amor, evitar la soledad.

Si la vida no es siempre coherente y justa, qué hacemos pidiéndole tantas explicaciones. Los demás tampoco lo son, así que solo nos vale nuestra propia reflexión. Las explicaciones tienen que surgir de mí si me sirven para explicar algo que siempre me ha perturbado. Mis propias preguntas con mis propias respuestas.

Rendir cuentas con uno mismo no es castigarse, es reconciliarse

Existe algo que casi todos albergamos: el recuerdo de una buena época, la huella de un triunfo que parecía imposible, una colección de días excitantes y llenos de sentido. Aunque muchos días nos dejen huérfanos de ilusión y de esperanza, todos tenemos buenos recuerdos y actuaciones que nos hacen sentirnos orgullosos de nosotros mismos.

Es prácticamente imposible que todo lo vivido por una persona haya sido negativo. A veces un simple paseo por la playa sintiéndote libre vale el sentido de una vida. Una pasión vivida en el pasado guarda el motivo más valioso por el que querer mejorar, progresar y evolucionar.

Reconciliarse con uno mismo es susurrarse bajito y a escondidas, sin que los demás sepan y puedan escucharte. Reconciliarse con uno mismo es saber cantarse uno mismo “las cuarenta”, sin que duela tanto que impida que algo nuevo y bueno nazca en ti. Porque no se nace sabiendo, sino que vivimos aprendiendo.

Saber volar es asentar los pies en el suelo y saber cómo tienes que mover tus alas para llegar alto.

Porque nadie sabe lo que quieres ni tampoco intuye lo que necesitas. Reconciliarse con uno mismo es mirar una foto de antaño, en la que todavía no sabías lo que esperaban los demás pero intuías lo que deseabas para ti mismo.

Sin filtros ni desengaños, reconciliarse con uno mismo es saber que lo que ansiaba tu mirada de niño son tus valores de hoy y por lo que seguirás luchando, pese a quien le pese y superando los desengaños.

A veces las decepciones, causadas por lo que no fuimos del todo antes, son el motor que nos guía para poder ser lo que siempre quisimos: alguien valiente que lucha por lo que quiere, que arriesga sin miedo a perder y con la certeza de que lo que apuesta no vale menos que lo que anhela.

Si las opiniones de los demás no te definen, no sigas otorgándoles más valor que tus propias acciones. No hay edad para partir de cero, ni tampoco un número de caídas reglamentarias que nos impidan seguir adelante. Da igual el tiempo que hayas estado dando rodeos, si al final has terminado por visualizar lo que quieres para ti. No rindas tantas cuentas frente a los demás y rinde más en lo que te apasiona. Tu vida y la de los que te quieren te lo terminarán agradeciendo.

  • Fuente: Cristina Roda Rivera (Psicóloga, Especialista Máster en Psicología clínica y social) lamenteesmaravillosa.com

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Para ser feliz debes aprender a ignorar a muchas personas