Características de la dependencia emocional

Dependencia- emocionalPrioridad de la pareja sobre cualquier otra cosa

El dependiente emocional pone a su relación por encima de todo, incluyéndose a sí mismo, a su trabajo o a sus hijos en muchos casos. No tiene que haber nada que se interponga entre el individuo y su pareja, que dificulte el contacto deseado con ella. Obviamente, dentro de una normalidad, pero siempre observando esa dinámica; por ejemplo: una persona va dejando poco a poco sus aficiones, como el gimnasio o las clases de pintura para estar más tiempo con su compañero, hasta que prácticamente se convierte en su sombra; igualmente, una madre separada inicia una nueva relación y deja continuamente a sus hijos con sus abuelos para quedar todas las veces que pueda con el otro.

Voracidad afectiva: deseo de acceso constante

Para entender este rasgo, es muy importante que nos imaginemos que el dependiente emocional puede decidir por sí mismo cómo, cuándo y de qué forma contacta con su pareja: luego explicaremos por qué. Suponiendo esto, si por el dependiente fuera, tendría el mayor roce posible con su pareja mediante todas las formas posibles. Por ejemplo: cuando ambos miembros de la relación están en casa, procurando estar juntos el máximo tiempo (nada de cada uno en su habitación, o uno viendo el ordenador y el otro trabajando). Asimismo, si la pareja sale con un grupo de amigos, estando todo el rato junto al otro y teniendo principalmente interacción y contacto físico con él.

¿Y qué sucede cuando, por las obligaciones que todos tenemos, los dos miembros de la pareja están separados?

Muy sencillo: el teléfono móvil e internet se han convertido en dos ayudas inestimables para satisfacer la voracidad afectiva de los dependientes emocionales, sea mediante llamadas telefónicas, mensajes de texto, correos electrónicos o programas de mensajería con los que el dependiente puede estar online con su pareja. El contacto puede ser muy frecuente y excesivo, hasta el punto de que llame la atención al entorno o de que ocasione algún problema en el trabajo. Ni que decir tiene que la persona con dependencia también presionará lo que pueda para que su pareja, inmediatamente que termine con sus obligaciones, marche presta a reunirse con ella. Insisto en que, si por el dependiente fuera, estaría el máximo tiempo disponible con la otra persona, y cuando esto no se consigue se compensa esta situación con otros medios de comunicación con los que hay también contacto. Cabe añadir también que este rasgo está muy acentuado en algunos dependientes emocionales, pero no en todos (como la mayoría de los que exponemos en esta sección).

Pero antes hemos dicho que nos debíamos imaginar en un supuesto: que la otra persona no pusiera pega ninguna al comportamiento voraz y “agobiante” del dependiente. Como es lógico, esto sucede a veces, pero en la mayoría de las ocasiones no es así y la pareja reclama espacio y recrimina este tipo de comportamientos. Si añadimos que también es frecuente que las personas que los dependientes escogen como pareja no siempre se comportan de una manera sensible y afectuosa, nos resulta que lo más normal sea que el otro ponga límites y condiciones al comportamiento voraz de su compañero, mediante los clásicos no me llames tanto”, “necesito mi espacio”, “no me agobies“, no creo que me dé tiempo a verte en toda la semana”, “quiero hacer esto solo, etc. Y, claro, al dependiente no le queda otra que aceptar estas condiciones porque, de lo contrario, se puede producir lo que más teme: el rechazo e incluso la ruptura. Por lo tanto, no esperemos encontrarnos relaciones de “fusión” entre el dependiente y el otro porque esto sólo sucede algunas veces, ya que es precisamente la otra persona la que en muchos casos pone límites a la voracidad afectiva; además, lo normal es que dichos límites sean incluso abusivos porque el otro considera que tiene privilegios en la relación, ya que el dependiente le pone un cheque en blanco con sus nada disimulados deseos de contacto continuo y con su nada disimulada fascinación hacia él.

Tendencia a la exclusividad en las relaciones

Como en todas las características que estoy exponiendo, en esta en concreto sucede que no es más que una exageración de la normalidad. Es decir, en toda relación hay un deseo de exclusividad en el sentido de que no queremos compartir a nuestra pareja con una tercera persona. Pero no es sólo esto lo que sucede en la dependencia emocional. Aquí, además, el dependiente emocional quiere literalmente a su pareja para él solo: todo lo demás molesta, desde amigos hasta compañeros de trabajo, pasando por los hijos.

De igual forma que sucede con la voracidad afectiva, la exclusividad es un aspecto que no se da en todos los dependientes emocionales con la misma fuerza; incluso en algunos no se produce más allá de lo normal.

Idealización del compañero

El otro se convierte con el tiempo en alguien sobrevalorado, eso si no lo ha sido desde el principio por tener un perfil determinado de endiosamiento o de lejanía hacia los demás. Será muy difícil que un dependiente emocional se enamore de alguien al que no admire o vea bastante por encima suyo, no desde un punto de vista racional u objetivo (por ejemplo: que sea mejor profesional o más inteligente), sino en general, como una sensación que él experimenta de estar con alguien más importante o más elevado y que transmite deseos de estar junto a él.

No obstante, no sólo se producirá una sobrevaloración general de la pareja sino que también se podrán distorsionar sus méritos y capacidades. Por ejemplo: si es artista o empresario, será de los mejores en su trabajo; si es más o menos atractivo, será el más guapo; si es prepotente en su forma de hablar, será muy inteligente; etc.

Al final, uno de los elementos que más influyen en esta idealización es cómo trata la persona al dependiente emocional. Cuántas veces he escuchado en mi consulta la afirmación de que los flirteos o pretensiones amorosas de alguien se consideran signo de debilidad o de comportamiento baboso (provenga de quien provenga, incluso de personas que pueden despuntar por su trabajo o por otras facetas), mientras que el desprecio, el escaso interés o la prepotencia se interpretan como signos de poder, fuerza o elevación. Realmente, no son aspectos concretos de otro individuo los que lo convierten en idealizable, sino su perfil general y, especialmente, el trato de dicho individuo hacia el dependiente emocional.

Sumisión hacia la pareja

La consecuencia lógica de ser muy voraz afectivamente, de priorizar a la relación sobre cualquier otra cosa o de idealizar a la pareja, es que el trato hacia ella va a ser de subordinación, es decir, de abajo a arriba, como si alguien muy bajito se dirigiera a un gigante al cual necesita. Da la sensación en ocasiones de que los dependientes se comportan con sus parejas como sacerdotes que realizan ofrendas a algún dios al que le permiten absolutamente todo, al que le justifican todos sus actos y al que, a pesar de los pesares, le intentan satisfacer con lo que pida.

Antes he puesto el ejemplo de esa persona que le hacía la cena a su marido y a su amante en su propia casa, pero podría poner otras situaciones de sumisión como las de aceptar todo tipo de descalificaciones por parte del otro, permitir infidelidades, hacer siempre lo que quiere la pareja, soportar las descargas de sus frustraciones –que pueden llegar incluso al plano físico- o también ser y actuar como pretende o desea el compañero.

Pánico ante el abandono o el rechazo de la pareja

El dependiente emocional idealiza tanto a su compañero y se somete tanto a él, considerando la relación de pareja como lo más importante de su vida, que le tiene verdadero terror a una ruptura. Hay personas que, literalmente, se encuentran incapaces de romper una relación, y no por quedarse descolgadas en el plano económico o de cualquier otra forma, sino porque afectivamente lo encuentran devastador. En estos casos no vale la frase de más vale solo que mal acompañado; es más, una de las manifestaciones más usuales tras una ruptura es con él estaba fatal, pero es que ahora estoy mucho peor.

Como veremos en la siguiente característica, en muchas ocasiones es el terrorífico síndrome de abstinencia el que acongoja de tal manera al dependiente que le hace pensar y sentir con absoluta realidad que es totalmente imposible romper la relación, y que si no lo hace el otro no habrá forma humana de que se produzca esa situación.

Pero lo más normal es que las rupturas no sólo se consideren inalcanzables, sino que además no se deseen en absoluto. El dependiente emocional, en casos graves, puede aguantar prácticamente todo con tal de que no se rompa la relación porque prefiere estar fatal dentro de ella que sin sentido de la vida o de la existencia fuera. Esto produce un gran terror a los rechazos en el seno de la pareja, a los  comportamientos de escasa aprobación o a los signos que se den por parte del otro que indiquen una falta de interés o una falta de cariño.

Trastornos mentales tras la ruptura: “el síndrome de abstinencia”

Ya he expuesto que los dependientes tienen un miedo cerval a lo que acontece tras una ruptura, que es el síndrome de abstinencia, llamado así por analogía a las adicciones a las drogas. Este bien llamado síndrome supone realmente el padecimiento de un trastorno mental que variará según la persona y según la intensidad, pero que de manera habitual es un trastorno depresivo mayor con ideas obsesivas, o, dicho en otras palabras, una depresión muy fuerte con pensamientos repetidos y angustiosos en torno a un tema que, en este caso y como no podía ser de otra forma, es la relación perdida y todo lo que ello conlleva: recuerdos, planes para reanudar la pareja, remordimientos por supuestos errores cometidos, etc.

El golpe psicológico es tan brutal que no sólo hay una inmensa tristeza, sino que además habitualmente se sufren síntomas de ansiedad intensos que impiden la concentración y que se traducen en molestias físicas o sensaciones muy desagradables, y también en pensamientos sobre el poco sentido que tiene la vida que pueden derivar en ideas suicidas. En este sentido, recuerdo perfectamente a una persona que nada más entrar por primera vez en mi consulta me dijo que ya tenía fecha para morirse. Esto llama la atención porque se suelen asociar las ideas suicidas con otros problemas, pero en la dependencia emocional y muy especialmente dentro del síndrome de abstinencia se dan, aunque hay que decir que lo más usual es que sólo se dé, que no es poco, una pérdida muy sustancial de apego por la vida.

En el síndrome de abstinencia lo que domina es el deseo de retomar la relación, las ideas continuas de, con cualquier excusa, contactar con la otra persona para no tener la sensación de pérdida o de desaparición definitiva. A veces, estas excusas se las da el individuo a sí mismo en forma de autoengaño, por el que uno se autoconvence de que no pasa nada por llamar a la ex pareja ya que se puede tener una simple amistad, o de que sólo se está contactando con el otro para “cantarle las cuarenta”.

Todo el padecimiento descomunal de este síndrome desaparece de un plumazo con una simple llamada de la otra persona. Donde había lágrimas, ansiedad y auténtica desesperación, se pasa a la tranquilidad y a la sonrisa.

Búsqueda de parejas con un perfil determinado

El tipo de persona que suele preferir el dependiente emocional, al que llamaré “objeto”, es normalmente alguien engreído, distante afectivamente, egocéntrico, y a veces hostil, posesivo o conflictivo. También hay un perfil habitual y es de la persona con problemas, con un fondo importante de vulnerabilidad o fragilidad emocional con el que el dependiente se identifica, produciéndose igualmente una relación desequilibrada con ella por la que se intenta cuidar y controlar a dicha persona, mientras que ella, en muchas ocasiones, se aprovecha de ese comportamiento sumiso y atiende sólo a intereses egoístas o también afectivamente enfermizos.

Amplio historial de relaciones de pareja, normalmente ininterrumpidas

Puedo decir, en tono jocoso, que las primeras visitas con un dependiente emocional son un listado inagotable de relaciones de pareja que se producen desde la adolescencia. Estas personas viven su vida alrededor del amor y no la conciben sin él: necesitan, o eso creen ellas, a alguien permanentemente a su lado. Por este motivo, nada más terminan una relación, y aunque sea en pleno síndrome de abstinencia, buscan otra persona para reemplazar a la anterior, incluso al mismo tiempo que se intenta reanudar dicha relación rota.

Normalmente, el tiempo que transcurre entre una relación de pareja y otra es muy escaso, y cuando es largo puede deberse a que todavía se arrastre la que se ha roto (por ejemplo: siendo amante de la ex pareja y estando siempre pendiente de cualquier contacto por su parte) o a que se mantenga una actitud de constante flirteo por la que el dependiente no se siente realmente solo, ya que tanto por internet como por el teléfono móvil hay correos electrónicos, mensajes de texto y demás que producen sensación de inmediatez y de proximidad; esto sin contar las citas puntuales que se den con estas personas con las que existe dicho flirteo.

Baja autoestima

Por lo general, los dependientes emocionales son personas que no se quieren a sí mismas. ¿Qué significa quererse a sí mismo? Porque esto realmente es algo muy abstracto, por más que tenga manifestaciones concretas y de lo más palpables. Quererse a uno mismo no significa necesariamente que tenga que considerarse con virtudes o cualidades; por ejemplo: considerarse guapo, buen profesional, inteligente, etc. Existen dependientes emocionales y otras personas que saben racionalmente que presentan algunas de estas cualidades, y sin embargo no se quieren de una forma adecuada. Lo que acabamos de describir es el autoconcepto, es decir, la idea racional que todos tenemos sobre nosotros mismos. Digamos que sería un listado de cualidades, carencias, virtudes y defectos que todos tenemos sobre nosotros.

No obstante, la autoestima es algo diferente al autoconcepto, aunque en muchas ocasiones van por caminos similares. De igual forma que podemos considerar a alguien guapo o inteligente pero al mismo tiempo detestarle; podemos pensar sobre otra persona que no es muy atractiva pero que estamos con ella a muerte. Los sentimientos no tienen por qué ir necesariamente por el mismo camino que nuestra idea racional.

Querernos a nosotros mismos es exactamente lo mismo que querer a uno de nuestros seres queridos, pero siendo uno mismo el destinatario de esos sentimientos. Podemos protegernos cuando nos atacan, consolarnos si estamos sufriendo, ayudarnos cuando tenemos problemas haciendo lo posible por resolverlos, valorarnos cuando hacemos las cosas bien, alegrarnos si nos ocurren cosas positivas, y sobre todo no poner condiciones para querernos. Demos ahora la vuelta a la situación y pongámonos en cómo se trata una persona sin autoestima, sea como sea su autoconcepto: no se protege cuando recibe ataques e incluso se los inflige ella misma, no se consuela si está sufriendo sino que aprovecha su vulnerabilidad para atacarse más duramente, se hunde ante las adversidades sin intentar resolver sus problemas, no se valora cuando hace las cosas bien sino que se busca el error o el defecto, y se pone condiciones para quererse como despuntar en el físico, tener muchos estudios, posición social, etc… ya que cualquier pretexto es bueno con tal de escatimarse el cariño.

Miedo a la soledad

Verdaderamente, no es de extrañar que si alguien tiene esos sentimientos hacia sí mismo no soporte estar solo, porque es como estar continuamente junto a alguien al que detestamos. Por ejemplo, los dependientes emocionales no aguantan mucho tiempo estar solos en casa o con la perspectiva de no salir en todo el domingo: enseguida se buscan planes o llaman por teléfono a alguien con cualquier excusa. La soledad les provoca incomodidad, malestar e incluso ansiedad, y la idea más o menos intensa de que no son importantes para nadie, de que nadie les quiere y están abandonados.

Aparte del temor a esta soledad en un sentido extenso, también temen a la soledad entendida como estar sin pareja. No cabe duda de que aquí es un temor cercano al terror: les da auténtico pavor no tener a alguien ahí sea como pareja o como sucedáneo (una aventura, un flirteo continuado…) La consecuencia, como ya he dicho, es el encadenamiento sucesivo de relaciones para evitar esas sensaciones tan desagradables.

Necesidad de agradar: búsqueda de la validación externa

Este rasgo no aparece en todos los dependientes, pero sí es bastante común. Cuando aparece, el individuo intenta satisfacer a la mayoría de las personas con las que trata, de manera que se les quede a dichas personas una idea inmaculada del dependiente. Necesita tanto de la aprobación externa que lo pasa francamente mal cuando no la tiene o cuando interpreta que ha sido rechazado; en estas situaciones, es habitual que haga comprobaciones de la relación como llamar por teléfono para ver si todo sigue igual con esa persona o para detectar anormalidades en el tono de voz, por ejemplo.

Los dependientes que se comportan así suelen ser modélicos para los demás. No crean conflictos con sus familiares más próximos, no ponen problemas para planificar las citas con los amigos, se prestan a cualquier cambio de turno imprevisto que haya en el trabajo, no se adhieren a ningún grupo sino que intentan llevarse bien con todas las personas, etc. Son descritos por los otros como buenas personas que intentan favorecer siempre y que se desviven por ayudar.

Los dependientes emocionales que necesitan agradar presentan una tendencia muy marcada a la validación externa.

Esto significa que su valor no se lo dan a sí mismos, sino que lo cogen prestado del que reciben de los demás. Por ejemplo: un dependiente puede haber quedado inicialmente satisfecho de un informe que ha hecho en el trabajo, pero si no le ha gustado al jefe dudará de su desempeño. Una persona con tendencia a la validación interna criticaría la postura de su jefe y continuaría manteniendo su criterio. En los dependientes con buen autoconcepto y en situaciones similares, podrían disponer de esta tendencia a la validación interna, pero en situaciones distintas de tipo afectivo que impliquen aceptación o rechazo nos aparecerá de nuevo la tendencia contraria, es decir, la que proporciona el valor por parte de los otros, por ejemplo: si un compañero de trabajo no invita a una celebración de cumpleaños a un dependiente, éste se considerará poco querido, poco válido por sentirse rechazado. Otra persona con una tendencia a la validación interna se mostraría dolida o disgustada, pero respetaría la decisión o la criticaría sin por ello alterar su idea sobre sí mismo porque su valía como individuo no depende de la valoración o del rechazo ajenos.

  •  Fuente: “Cómo superar la dependencia emocional” J. Castelló Blasco. Editorial Corona  Borealis,  2012.

*Si lo desea, puede leer también la publicación: “Razones que llevan a una pareja infeliz a siguir juntos“.

La nueva medicina de La Conciencia -Doctor Jorge Iván Carvajal Posada-

ojo-universo-diosAlgunos dicen “no se ocupen del pasado que el pasado ya no existe, pero el pasado está vivo, presente, doloroso, en cada una de nuestras células, frecuentemente, produciendo enfermedades.

El problema del pasado es simplemente que haya pasado, que lo dejemos atrás como una estatua congelada. Pero al pasado hay que hacerlo presente, vivo, para transformar su historia, para leerlo en otro código, para interpretarlo en el código del amor, y, cuando interpretamos el pasado en el código del amor, nuestras heridas de la infancia se sanan. Nosotros somos los psicólogos, los psiquiatras, podemos sanar nuestra vida; todos estamos llenos de dolores, y a veces de dolores absurdos, que cargamos en la vida sin ni siquiera reconocer que existen.

La técnica respiratoria es muy importante, sobre todo la fase de pausa respiratoria, ¿por qué razón? Porque cuando tú respiras lentamente y haces una pausa en la inspiración, la energía del inconsciente y el subconsciente sale a flote, es decir se pregunta ¿qué pasa aquí que no están respirando? En ese momento el inconsciente hace aflorar a la consciencia una parte a la que no habíamos tenido acceso, de la que éramos víctimas pero que no habíamos reconocido nunca en la vida, y en ese momento podemos dialogar con el subconsciente y podemos sacar nuestras heridas más profundas. Cuando hacemos eso podemos ir más lejos, así es como actuamos para la autosanación.

Yo puedo decirme, por ejemplo, ¿de dónde viene esta alergia?, si tengo una alergia y quiero librarme de ella. La alergia es algo que rechazo, un virus, una bacteria, un hongo, el frío, el calor, pero eso no es del todo cierto, eso es quedarnos muy cortos. No hay personas que sean alérgicas sólo al frío, las personas alérgicas al frío también tienen miedo a la soledad, tienen miedo al frío del alma, al frío en los sentimientos, a la frialdad del papá o de la mamá, al desafecto, es decir, el frío es simplemente un símbolo. Cuando yo soy alérgico a algo, hay algo que rechazo o que temo”.

Entonces si quiero cambiar mi alergia, reconozco mi alergia. Si sé que no reconozco mi alergia porque me hace sentir vergüenza, entonces trabajo con la vergüenza: ¿qué cosas en la vida me evocan vergüenza? Luego experimento el sentimiento de la vergüenza y veo como experimento la vergüenza, a veces me pongo pálido y frío, otras veces me pongo rojo como un tomate, otra lo experimento como un vacío o como un hueco a nivel del plexo solar, la puedo experimentar de muchas maneras. Dónde y cómo experimento la alergia, me da una idea de la parte de mi energía que está comprometida. Vamos a ver otro sentimiento, el miedo, yo diría que la mitad de nuestros lumbagos son por miedo.

El miedo provoca más lumbago que todas las hernias discales, todos los problemas articulares, todos los problemas de columna, porque el temor hace que metamos, literalmente, el rabo entre las patas, cerramos el esfínter anal interno, a ese nivel, hay un centro de energía muy importante y, nos cerramos a la vida, contraemos toda la musculatura lumbosacra, esa parte queda mal irrigada y nos dan unos lumbagos terribles, y ese lumbago es el nombre clínico del miedo.

Si logro reconocer el núcleo del miedo, si logro observar mi cuerpo y veo que tengo los glúteos y toda esta parte contraída, si logro respirar hacia esa zona y liberar el sentimiento del miedo, y llamar al miedo y decirle: Tú eres la mejor parte de mi mismo, cuando asciendes y te revelas, eres mi prudencia, ya no eres miedo, sino que eres prudencia, eres parte de mi amor también. Cuando yo, a través de la respiración, logro ascender esa energía del miedo, y logro trasmutarla al altar del corazón, que es donde realmente nace el hombre que puede sanarse y puede sanar la vida, entonces desaparece el lumbago.

Mi resentimiento, mi odio, frecuentemente, está anclado en mis articulaciones. Yo estoy así totalmente rígido. A veces, con el puño apretado en la noche, inconscientemente, dispuesto a pegar y a agredir. Pues bien, ese dolor articular, es resentimiento congelado en esa parte del cuerpo.

Si logro experimentar ese dolor y asociarlo a mi sentimiento de ira y a mi resentimiento, y logro comprender que mi resentimiento es algo que se construye en el plexo solar, que bloquea la energía aquí y no permite a la energía acceder a mi corazón, ni a mi sistema inmune, puedo hacer mucho más que el reumatólogo, o puedo ayudarle mucho, para curar y sanar mi artritis, yo soy responsable, no tengo que esperar que el reumatólogo me resuelva el problema.

La enfermedad es mi problema, no es el problema del médico, es mi responsabilidad, yo también tengo que ver con eso. La medicina no puede ser el arte de pasarle la pelota al médico porque le pagamos.

La nueva medicina de la conciencia, es el arte de responsabilizarnos de nuestra vida, y de descubrir que realmente podemos hacer mucho por nuestra vida.

Frecuentemente, vemos que una persona con un cáncer ha tenido un shock, o una pérdida afectiva muy grande. Si una pérdida afectiva le produce un vacío existencial de tal dimensión que se vuelve un vacío de energía, y permite que las células degeneradas puedan invadirle, es porque estaba apegado, ese es el problema del apego que yo debo reconocer.

Si alguien se va y yo lo vivo desde el amor, desde el desapego, sé que su consciencia está conmigo, lo dejo partir, no lo amarro. Muchas veces, vemos a alguien al que se le muere el papá o la mamá pero no lo deja partir, eso es literalmente cierto, se queda con parte de su energía anclada al plexo solar. Esa anclada energética puede crear crisis de pánico, de hipertensión, cosas violentas en la clínica. Si nosotros logramos que la persona se sane, es su alma la que lo sana.

El sanador no lo hace por el paciente, yo como sanador soy un imán que le doy la carga que su alma necesita, realmente, la sanación es rescatar la autonomía, la autogestión, y la libertad del otro, para sanarse.

La verdadera sanación es darte las herramientas para que tú, desde tu consciencia, te sanes, no desde tu consciencia racional, sino desde tu sentimiento, desde tu amor, desde tu afecto.

Frecuentemente cuando uno está haciendo una sanación, ve que la persona, aunque no le haya dicho ni una palabra, empieza a llorar y a sacar su resentimiento, y luego siente una sensación de paz, que no es mi paz, es su paz, es la paz de Cristo que también habita en la persona que está siendo sanada. La paz está ahí, ha estado siempre ahí, es parte de nuestra esencia, se trata simplemente de quitar todos aquellos apegos, aversiones, sentimientos, separatismos, toda aquella capa de ignorancia, para que la paz se revele tal cual es, y cuando la paz se revela, germina el amor, y cuando germina el amor la sanación es posible, aunque lo que tenga sea un cáncer, o un lupus.

Pero no te culpes si no lo logras, porque tú participas también en los problemas genéticos de la herencia, de la humanidad como grupo. Esto no es para creerse superman, uno puede ser muy orgulloso y decirse estoy triste porque no me curé el cáncer, eso no es un fracaso, el cáncer es un maestro, a veces aprendemos la lección en una ocasión, otras veces necesitamos diez oportunidades, y otras necesitamos cien vidas tal vez, pero lo importante es aprender la lección.

Uno no aprende medicina de un día para otro, hay lecciones supremamente complicadas y difíciles.

También nos diplomamos o nos especializamos en el alma, cuanto más grande sea el desafío, más grande es la oportunidad de crecimiento. Yo solo les he puesto un ejemplo de cómo podemos retomar nuestras emociones, identificar nuestras emociones, aceptarlas, no seguir huyendo de ellas, y así poder transmutarlas.

Pero una vez que sentimos la emoción, hay una pregunta fundamental ¿cuál es la lección que hay debajo de esta emoción negativa? ¿Cuál era el mensaje, qué me quería decir esta actitud y esta enfermedad? Cuando yo no digo NO, en la vida, termino resentido y con ira, pero la ira no es el problema, la ira me está diciendo que hay que aprender a reafirmarme diciendNO.

La ira es la mejor estrategia de autoafirmación. Cuando yo manifiesto la ira y la transmuto, esa ira se vuelve sanadora, es lo mejor de mi fuerza, mi ira barre y limpia la casa y hace las cosas más rápidamente, ustedes han visto a un ama de casa que en su ira revolotea y el almuerzo está hecho a las diez de la mañana.

Yo sabía cuando mi mamá estaba iracunda, porque a las diez de la mañana mi casa estaba como un espejo. Es así, la ira es una forma de energía que se puede transmutar físicamente, el hecho de que la transmutemos físicamente, no resuelve la fuente de la ira, la fuente de la ira es la necesidad de autoafirmarse, y la necesidad de autoafirmarse es la necesidad de renunciar a la falsa complacencia.

Crecer espiritualmente no es decirle que sí a todo el mundo. El crecimiento espiritual no tiene nada que ver con la bobada, perdónenme la expresión, pero ser espiritual no es ser bobo, y ser tolerante no es ser bobo, la tolerancia no excluye la autoafirmación.

La autoafirmación es condición del crecimiento espiritual. Así que yo tengo que descubrir la lección, debajo del evento negativo, porque el evento negativo no es sino la apariencia, la sombra. Pero esa sombra cuando la quito abre una puerta de luz, una lección que yo puedo aprender en mi vida.

*Si lo desea, puede leer la publicación: Las emociones positivas protegen nuestro sistema inmunitario -Dr. Mario Alonso Puig-

Criticamos, juzgamos, culpamos y condenamos a los demás

No-JuzgarNos pasamos la vida criticando, juzgando, culpando y condenando a los demás, por sus palabras, hechos y promesas incumplidas. Culpamos al político, al banquero, al empresario, al jefe, al compañero, a la parejaal hijo, a la madre, al padre, al hermano, al amigo, al vecino, al enemigo, etc… (incluso algunas personas culpan a Dios). Les reclamamos y exigimos que cambien, pero ¿qué hay de nosotros mismos?. El verdadero cambio comienza por uno mismo.

“Sé tú el cambio que deseas ver en el mundo” (Mahatma Gandhi)

“El mundo cambia con tu ejemplo, no con tu opinión” (Paulo Coelho)

Los otros son nuestros espejos, están en nuestra vida para mostrarnos aspectos que “no queremos ver” de nosotros mismos.

“Eso” que no me gusta del otro, que me desagrada, que tanto me molesta y me irrita, hasta el punto de perder mi centro, me está mostrando “mi sombra“. Lo que no me permito, ni tolero en mí mismo/a, por lo cual, tampoco lo tolero en el otro.

Por ejemplo, si me gusta tener todas las cosas ordenadas y limpias, entonces “me repatea” el desorden y suciedad del otro, o quizás esa situación me recuerde algún hecho traumático de mi pasado, o tal vez se deba a un “programa inconsciente” de algún antepasado o ancestro. Y así sucesivamente con cualquier otro aspecto de nuestra vida.

Cuando nos enojamos con alguien de manera desproporcionada, esas palabras y/o situación quieren decirnos algo… Nos están tocando “simbólicamente”en esa herida

“Cuando te duele lo que te dicen, es porque resuena en tu interior el eco de tus carencias, de tus heridas emocionales y tu profundo dolor” (Lola.Hdez.Rivas.)

Peleamos continuamente contra nuestra propia sombra, proyectada en otros, sin darnos cuenta que es tan inútil como luchar contra el viento, porque siempre está presente. Se trata de reconocer, aceptar e integrar nuestra sombra para estar en equilibrio.

Cuando nos negamos a ver o escuchar “algo”, solemos mirar para otro lado o cambiar de conversación, pero la vida es muy sabia, y nos mostrará “eso” con mayor insistencia, una y otra vez, con distintos disfraces… a través de personas y situaciones concretas, para llamar nuestra atención sobre algún aspecto de nuestra vida que nos conviene mejorar o cambiar. Tenemos que ser conscientes y honestos con nosotros mismos, hacernos las preguntas adecuadas para obtener las respuestas que necesitamos.

Somos maestros y alumnos al mismo tiempo, aprendemos unos de otros en La Grandiosa Escuela de La Vida. A veces nos toca enseñar, todos los días nos toca aprender. “Aquello” que criticamos y juzgamos en otros, también lo hacemos o lo hicimos tiempo atrás, pero “no queremos verlo” porque es más fácil culpar a los demás que hacernos responsables de nuestra vida. Siendo honestos con nosotros mismos nos daremos cuenta que los demás, llegado el momento, pueden tener argumentos para taparnos la boca, y viceversa, porque los errores son lecciones, enseñanzas. 

“El que esté libre de culpa que tire la primera piedra” (Jesús de Nazaret) 

“Desenterramos los errores de los demás, sin darnos cuenta que los nuestros duermen en el olvido” (Lola.Hdez.Rivas) 

“Cuando entramos en guerras de reproches, todos salimos heridos” (Lola.Hdez.Rivas) 

Donde pones tu atención, pones tu energía, y aumenta. Si nos aferramos a energías negativas, nada cambiará. “Ellos” lo saben y se aprovechan, así nos mantienen “dormidos”, perpetuando su poder, su dominio y esclavitud por los siglos de los siglos.

Una reflexión: ¿Quién es más responsable: el sádico o el masoquista?. Cada cual que asuma su responsabilidad…

Cambia tú y cambiará tu mundo

“La mayoría de las personas son capaces de hacer cualquier cosa por absurda que sea para no enfrentarse a su alma” (Carl Jung)

“El cambio requiere coraje, voluntad, dedicación, esfuerzo y constancia, y muchas personas no están dispuestas a hacerlo (Lola.Hdez.Rivas)

Culpamos a los otros de nuestros problemas y desgracias. Cada cual es responsable de su vida. ¡Abrid los ojos! lo pensaste, tú lo creíste, tú lo creaste… ¡Qué sea lo positivo!

La verdadera Esencia de nuestro Ser está presente en nosotros para ayudarnos a recordar quienes Somos, de dónde venimos, porqué y para qué estamos aquí. Escuchando nuestra voz interior encontraremos las respuestas.

“Quien mira hacia afuera sueña, quien mira hacia adentro despierta” (Carl Jung)

“La verdad no es algo en el exterior a ser descubierto, es algo en el interior a ser conseguido” (Osho)

“Todo lo que sucede en tu vida: personas, relaciones, situaciones, experiencias, dolor y enfermedad, te muestran a cada instante, la relación que mantienes contigo mismo/a” (Lola.Hdez.Rivas)

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Eres tú quien lo permite

Reiki: aplicación de los cristales de colores en los chakras

REIKI: Canalización y transmisión de la Energía Universal a través de la imposición de manos del terapeuta en los chakras de la persona receptora, para recuperar el equilibrio a nivel corporal, mental, emocional y espiritual. ***Somos energía, TODO en El Universo … Sigue leyendo

Vampiros energéticos

vampiros energéticos“La energía de la mente es la esencia de la vida” (Aristóteles)

Los vampiros existen. Tal vez no se parezcan a los retratados en innumerables novelas y películas de ciencia ficción, criaturas condenadas a las sombras de la noche y sedientas de sangre. Tampoco se acercan demasiado a las descripciones folletinescas de héroes románticos atormentados, aunque no son ajenos al tormento. Salen a la luz del día, y no se amilanan ante las ristras de ajos ni el agua Bendita.

Si observamos detenidamente a nuestro alrededor, podremos detectar las señales que los distinguen. La más evidente es el agotamiento de quienes se relacionan con ellos. No en vano, se alimentan de la energía ajena como los vampiros lo hacen de sangre, succionando la alegría, el bienestar y el entusiasmo de quienes se cruzan en su camino. De ahí que se les conozca como vampiros energéticos.

Todos nos hemos encontrado con alguno en un momento u otro de nuestra vida. Puede que incluso formen parte de nuestro círculo más cercano. No importa la cantidad de tiempo que pasemos con ellos, o la frecuencia con la que compartamos nuestros encuentros. Siempre nos sentiremos cansados y débiles tras esa interacción. Por lo general, se trata de personas que tienden a orbitar alrededor de su propio ombligo. Viven tan centrados en sí mismos, en sus problemas, circunstancias y necesidades que apenas queda espacio para nada más. De ahí que suelan construir un discurso repetitivo, además de jugar a menudo la carta del victimismo. Les cuesta mucho “ver” a la persona que tienen delante, a quien a menudo utilizan meramente comobasurero emocional. Suelen ser rápidos a la hora de emitir opiniones y prodigarse en críticas y descalificaciones, y a menudo son hábiles manipuladores. Y es que aunque carecen de colmillos, no dudan en morder.  

A grandes rasgos, existen dos tipos de vampiros energéticos. En primer lugar, están los que acuden a nosotros constantemente para contarnos sus problemas. Suelen jugar a la perfección el papel de víctimas, buscando que sintamos lástima y pena por ellos. Y pese a nuestros esfuerzos, nunca parecen asumir la responsabilidad de sus acciones, ni hacer nada para cambiar o transformar la raíz de sus problemas. Son como agujeros negros, capturando y haciendo desaparecer cualquier rayo de luz que se atreva a asomarse a su vacío.

En segundo lugar, están quienes avasallan sin contemplación, actuando con un permanente aire de superioridad. El juicio es su deporte favorito, y son campeones en la disputada categoría de quejas y lamentos. En vez de valorar y agradecer nuestras respuestas y propuestas, se dedican a descartarlas o descalificarlas sin más. Tienen la sutileza de un bulldozer y la misma capacidad de destrucción. Aunque somos conscientes de cómo nos sentimos tras relacionarnos con ellos, ya sea por costumbre, por amabilidad o por educación, solemos permitir que nos asalten emocionalmente y drenen nuestra energía. Y puesto que en un momento u otro nos veremos obligados a interactuar con ellos, tal vez sería interesante cuestionarnos cuál es la mejor manera de lograrlo sin salir gravemente perjudicados en el proceso –o sin tener que recurrir a las estacas y a las ristras de ajos. El precio de ser un pesado.

“No hay mayor esclavitud que decir sí cuando se quiere decir no” (Baltasar Gracián)

El primer paso para dejar de ser tan vulnerables ante los vampiros energéticos es dedicar algo de tiempo a valorar qué tipo de relaciones queremos establecer con ellos. Podemos partir de la base de que no vamos a hacerles cambiar de actitud ni de hábitos. Ese cambio sólo se produce cuando ellos mismos asumen el compromiso de transformar su manera de actuar y de comunicarse. En este escenario, lo único que nos queda es aprender a marcar los límites necesarios para preservar nuestra salud emocional. Y para ello, tenemos que empezar por priorizar nuestras necesidades y respetar nuestro tiempo. No se trata de cortar la relación con alguien a quien apreciamos, sino de saber mantener la distancia cuando el vampiro en cuestión nos avasalle en modo “incontinencia verbal tóxica“.

Para lograrlo, podemos dejar de tomarnos sus tretas y hábitos egocéntricos como algo personal. En esos momentos, resulta útil observar a nuestro interlocutor y verificar que probablemente tendría la misma actitud con cualquier otra persona. Eso no justifica su conducta, pero nos puede ayudar a tomar perspectiva de la situación y dar cabida a una respuesta más consciente y meditada, en vez de la reacción impulsiva habitual, que termina por dejarnos agotados. Al fin y al cabo, si permitimos que la conducta manipuladora de los demás nos provoque una reacción impulsiva y dañina, los primeros que saldremos perjudicados somos nosotros. Con ello no sólo no conseguiremos la respuesta que esperamos, sino que terminaremos exhaustos a causa de la intensidad de nuestras emociones y decepcionados por el resultado de la interacción.

Al cambiar nuestra manera de responder -interna y externamente- ante los estímulos de siempre, podremos lograr que los vampiros energéticos se vean en la tesitura de tener que actuar a su vez de forma distinta. El objetivo es hacer de espejo a nuestro interlocutor, en vez de alimentar una conversación condenada a la esterilidad. En última instancia, los vampiros energéticos pierden el control cada vez que la realidad no se adapta a sus expectativas, y eso les convierte en esclavos de sus circunstancias. De hecho, sus palabras, conductas y actitudes denotan una profunda falta de responsabilidad y madurez. De ahí la importancia de cuestionarnos qué podemos hacer nosotros para cambiar la dinámica de esa relación.

Si aspiramos a cambiar el feedback que recibimos de nuestras relaciones, tenemos que empezar por transformar nuestra manera de comunicar. En una interacción sana, la conversación y la energía fluyen entre dos personas con un equilibrio palpable. Cada uno tiene su espacio para compartir, comentar y responder, y hay espacio para la escucha y la reflexión. Cuando se dan estas circunstancias, las conversaciones que mantenemos nos nutren como lo haría una buena comida. Nos dejan con las cosas más claras y las pilas cargadas por la alegría del disfrute compartido. Los vampiros energéticos nos proponen lo contrario. Una relación que, aunque no lo parezca, es unidireccional, cansada, fuente de conflicto, frustración e insatisfacción. Llegados a este punto, tal vez sea el momento de plantearnos algunas preguntas incómodas. ¿Qué sucede si nos encontramos al otro lado del espejo? ¿Y si nosotros somos los vampiros energéticos? Entre las leyendas y la realidad.

“Las personas perdemos energía buscando excusas por no ser lo que podríamos llegar a ser y no invertimos la suficiente en respetarnos a nosotros mismos” (Michael Straczinsky)

Tras el ejercicio de honestidad que requiere responder a esta pregunta, puede que resulte útil tratar de detectar las señales que nos definen como vampiros“. ¿La gente nos corta cuando hablamos? ¿Nos ponen excusas para quedar? ¿Desconectan cuando les estamos explicando nuestras vicisitudes? Si nuestra forma de actuar genera que las personas se alejen de nosotros, nos eviten, y nos cuelguen la etiqueta de “pesados“, tal vez sea el momento de cambiar nuestra manera de relacionarnos con los demás. Si aspiramos a construir relaciones más sanas y satisfactorias, tenemos que empezar por hacer un poco de autocrítica. Es la forma más directa de conseguir sumar en perspectiva. De ahí la importancia de preguntarnos: ¿Qué resultados obtenemos de nuestras interacciones? ¿Son de bienestar? ¿O más bien todo lo contrario? Llegados a este punto, quizás valga la pena recordar la definición que hizo Einstein de la locura: “Hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”.

Contrariamente a lo que afirman los mitos y leyendas, existe cura para el vampirismo. No se trata de una poción mágica, sino de un trabajo personal que requiere de grandes dosis de honestidad, humildad y compromiso. Implica enfrentarnos a nuestra imagen en el espejo y atrevernos a observar el reflejo que nos devuelve. En última instancia, nosotros somos nuestro peor enemigo. Si en vez de succionar la energía ajena nos dedicamos a cultivar la nuestra, empezaremos a cambiar la dinámica de nuestras relaciones. Podemos optar por quedarnos estancados en las tinieblas y vivir de energía prestada –cargada de frustración e insatisfacción–, u optar por ser personas que aportan, que demuestran un interés genuino por los demás y construyen relaciones empáticas y auténticas.

  • Extracto del artículo publicado en el suplemento de La Vanguardia ‘Estilos de Vida’ (ES)

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Características de la dependencia emocional“.

El inconsciente nos dirige, nos manipula y nos somete

En nuestro código genético llevamos impresas todas las enfermedades y experiencias de nuestro Clan Familiar: padres, antepasados y ancestros. También tenemos registrada toda la información sobre abortos, hijos no deseados, secretos, abandonos, rechazos, maltratos, humillaciones, injusticias, traiciones, abusos, adicciones, comportamientos, violaciones, … Sigue leyendo

Amarnos a nosotros mismos

amarte-para-amarCuando nacemos somos puro Amor, pero pronto estamos condicionados y limitados por la “programación” de nuestro entorno: Familia, educación, sociedad, cultura, costumbres, religión, política, deportes, publicidad, consumo

Reclamamos y exigimos a los demás: la atención, la compañía, el perdón, la comprensión, la aceptación, el afecto y el amor que nos cuesta darnos a nosotros mismos.

Si alguien habla de amarnos a nosotros mismos, muchas personas piensan en el egoísmo, debido a falsas creencias de esa programación.

Para poder Amar a los demás sin condiciones… tenemos que empezar por perdonarnos, aceptarnos, respetarnos, valorarnos y amarnos a nosotros mismos, ya que nadie puede dar lo que no está dentro de sí mismo. *La compasión y el Amor comienzan por uno mismo.

Ama a tu prójimo “como a ti mismo” –Jesús de Nazaret-

Cuando recibimos indiferencia y desprecio de los demás, esa situación puede estar mostrándonos cómo nos maltratamos a nosotros mismos a través de los otros por alguna razón “inconsciente, o tal vez esas personas que nos ignoran, no pueden ver lo que sucede a su alrededor porque están peleando contra todo y contra todos. Si somos honestos con nosotros mismos, encontraremos la raíz del problema buscando en nuestro interior.

Quizás pienses: En mis relaciones personales lo doy todo y recibo “nada”. Tal vez ahí está la clave, puede que eso sea lo que te das a ti mismo/a, o tal vez esas personas a las que diste tu amor, no sepan o no quieran dar amor por algún resentimiento o desconfianza y por eso ofrecen: “Nada”. Estamos ante una gran lección y una oportunidad de aprendizaje.

El afán en ayudar a los demás nace de la necesidad de ayudarnos a nosotros mismos, ya que a veces nos encontramos en situaciones límite, en un laberinto de emociones, y nos cuesta encontrar la salida, pero… ¡Cuidado! porque a veces ese empeño en querer ayudar a alguien puede llevar oculto el deseo consciente o inconsciente de controlar…

Somos espejos unos de otros, nos vemos reflejados en los demás: Me enojo cuando me dices de alguna manera… lo que no escucho de mí.

Lo que no me gusta de ti, habla de mí, de mi sombra: “eso” que no me permito, que no tolero en mí mismo/a, por lo tanto tampoco lo tolero en ti (mi intolerancia). Por ejemplo: si me gusta tener todo ordenado, no me permito a mí mismo/a tener las cosas desordenadas y por lo tanto, tampoco lo tolero en ti, y así sucesivamente con todo lo que nos desagrada, nos molesta, nos irrita y nos repatea…

“Sin darnos cuenta que pelear contra nuestra propia sombra, proyectada en otros, es tan inútil como luchar contra el viento, porque siempre está presente”.

Somos alumnos y maestros al mismo tiempo, entre nosotros, en La Escuela De La Vida. A veces nos toca enseñar, todos los días nos toca aprender. Y si no aprendemos las lecciones… la vida nos repetirá una y otra vez esas lecciones con distintos disfraces, a través de personas y situaciones similares, hasta que las superemos.

En nosotros está tomar el timón y cambiar el rumbo de nuestra vida.

Reiki nos ayuda a recuperar la autoestima, la confianza en nosotros mismos, a aceptarnos e integrar nuestra sombra, ya que somos luz y oscuridad. Para encontrar la luz primero debemos reconocer que vivimos en la oscuridad (miedo), sólo así podremos amarnos tal y como somos, y abrazar la felicidad.

“El Amor es la fuerza más humilde, pero la más poderosa de que dispone el mundo” -Mahatma Gandhi-

*Si lo desea, puede leer la publicación: “La clase de amor que te mereces *Jeff Foster“.