Sentir distancia es algo más que estar lejos

A veces la distancia no se mide en kilómetros, a veces la distancia no es cuestión de lejanía corporal sino de almas.

Puedo estar cerca y sentirte lejos, puedo estar tocándote y a pesar de eso sentir que no estás a mi lado. La distancia es una enemiga en cualquier relación, va creando puentes cada vez más difíciles de cruzar y sobre todo va quitando las ganas de querer atravesarlos.

Los puentes los construimos cada uno, por ello tendremos la misma responsabilidad al hacerlos que al quitarlos.

No es cuestión de verse todos los días, no es cuestión de necesitar el contacto permanente con el otro para estar cerca, sino de la conexión y complicidad para crear la magia de no necesitar estar cerca para sentirse unidos. El sentimiento que es consecuencia de esto, pero a la vez puede ser causa, es el echar de menos. Pero ¿echamos realmente de menos a la persona?

“Te echo de menos y el menos no concuerda con el sentimiento, porque para ser sinceros el echarte de menos no me cabe en el pecho, tu ausencia me recorre el cuerpo y cada rincón de la casa huele a ti, no es que te eche de menos, es que te echo de más” -Alejandro Separza-

Echar de menos recuerdos es sentir que añoramos una parte del camino que recorrimos. Una porción que ahora forma parte de nosotros en nuestra mente, pero echar de menos a personas es querer permanecer y que no acabe ese trayecto recorrido. Así, cuando se echa en falta a una persona se lucha por permanecer juntos.

Relaciones a distancia

Las relaciones con kilómetros de distancia de por medio dificultan el intercambio, con independencia de que sean amorosas, de amistad o familiares. Por ello tendremos que hacer un esfuerzo “extra” para acortar el camino y acercar las almas. Las ganas y la pasión que ocurren tras un tiempo sin verse puede ser un punto a favor, aprovechar al máximo cada segundo en el que se está juntos ayudará a crear más lazos y reforzar las uniones.

Pareja dándose un abrazo

El permanecer lejos y tener únicamente la oportunidad de conversar, sin el contacto físico, es todo un reto para la comunicación y la intimidad dentro de las relaciones, tal y como lo demuestra el estudio realizado por la investigadora Crystal Jiang de la universidad de Hong Kong y el profesor Jeffrey Hancock de la Universidad Cornell (EEUU). Así, trabajar las relaciones a distancia es una labor de cada uno (lo que no significa que cada uno tenga que hacer esta labor por separado), habrá que esforzarse por hacer que aunque pase el tiempo el volver a juntarse sea como que cada día se ha permanecido allí, quizás no físicamente pero sí mentalmente.

Aprovechar las oportunidades que se nos brindan

Cada vez es más normal conocer parejas que viven separadas, familias que han tenido que distanciarse o amigos que ya no viven en la misma ciudad. Dejar que la distancia ejerza sus fuerzas, darnos por vencidos y perder el contacto no es una de las opciones que tenemos que tener presentes.

Habrá que mejorar la comunicación, aprovechando todas las oportunidades que disponemos para acortar kilómetros, vídeollamadas, contacto inmediato por mensajes, etc. La tecnología avanza a pasos agigantados puede convertirse en una gran aliada para sentirnos cerca incluso cuando estamos lejos.

La confianza en el otro nos va a dar la oportunidad de permanecer serenos ante las adversidades, y va a constituir un gran punto de apoyo para saber esperar y valorar aquello con lo que contamos. Las ganas de abrazar a otro después de un tiempo, de idealizar y desear permanecer con la persona lejana, lo bonito de echar de menos cuando se está lejos, son cosas que a veces perdemos en el día a día y para la que la distancia nos puede abrir la consciencia.

“No olvides cuidarla por si mañana en vez de verla te toca imaginarla” -Gabriel García Marquez-

pareja de la mano separándose

Aprovechemos el tiempo y la cercanía y trabajemos por acercar cada día las almas cuando la distancia sea la protagonista en nuestros sentimientos. Además, intentemos ponerle una fecha de caducidad a esta distancia porque siempre, siempre se vive mejor con una esperanza concreta.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El encuentro más íntimo no es el sexual, es el desnudo emocional

Carta de Jorge Bucay a su hija Claudia

Antes de morir, hija mía, quisiera estar seguro de haberte enseñado…
A disfrutar del amor, a confiar en tus fuerzas, a enfrentar tus miedos, a entusiasmarte con la vida, a pedir ayuda cuando la necesites, a permitir que te ayuden cuando sufras, a tomar tus propias decisiones.

Quisiera estar seguro, hija mía, de haberte enseñado…
A decir o callar según tu conveniencia, a quedarte con el crédito por tus logros, a superar la adicción a ser aprobada por los demás, a no absorber las responsabilidades de todos.

Quisiera estar seguro, hija mía, que aprendiste…
A ser consciente de tus sentimientos, a no perseguir el aplauso sino tu satisfacción, a dar porque quieres y no porque crees que es tu obligación, a exigir que se te pague adecuadamente por tu trabajo.

Antes de morir, hija mía, quisiera saber…
Que aceptas tus limitaciones sin enojo, que no impones tu criterio ni permites que te impongan el de otros, que dices que solo cuando quieres y dices que NO sin culpa, que eres capaz de vivir en el presente, que aceptas el cambio y que revisas tus creencias, que llenas primero tu copa y solo después la de los demás.

Antes de morir, hija mía, quisiera estar seguro de haberte enseñado…
A planear tu futuro pero no a vivir en él, a valorar tu intuición, a celebrar la diferencia entre los sexos, a tratar y exigir ser tratada con respeto, a desarrollar relaciones más sanas y de apoyo mutuo donde la comprensión y el perdón sean prioritarios.

Antes de morir, hija mía, quisiera saber…
Que aprendiste a aceptarte como eres, que no miras atrás para ver quién te sigue, que eres capaz de crecer aprendiendo de los desencuentros y de los fracasos, que te permites reír a carcajadas por la calle sin ninguna razón.

Antes de morir, hija mía, quisiera estar seguro de haberte enseñado…
A no idolatrar a nadie, y a mí, que soy tu padre… menos que a nadie.

  • Autor: Jorge Bucay

*Si lo desea, puede leer la publicación: “GRATIS Reto de Mindfulness: 7 audios guiados y 4 vídeos explicativos

Ocúpate del reino del corazón y lo demás te llegará

Claudio Naranjo, médico y doctor en Educación

Tengo 79 años. Nací en Valparaíso (Chile) y vivo viajando. Soy psiquiatra. Estoy viudo y tuve un hijo que falleció. Ojalá los políticos hubiesen sido educados amorosamente. No creo en la competencia entre religiones. Soy divulgador del eneagrama, un mapa de la personalidad.

¿Qué es el eneagrama?

Una herramienta de autoconocimiento, la más completa.

¿En qué consiste?

Es un mapa de las nueve pasiones que conforman tu personalidad: te ayuda a conocerlas, y así identificar cuál de ellas te domina.

¿Cuáles son esas nueve pasiones?

Ira, orgullo, vanidad, envidia, avaricia, cobardía, gula, lujuria y pereza.

Suenan a los pecados capitales.

Los griegos ya enumeraron casi todas esas pasiones, llamadas luego pecados por el cristianismo, y que son a su vez los nueve eneatipos del eneagrama.

¿Y una de esas pasiones me domina?

Siempre hay una dominante sobre las demás: identifica cuál es la tuya, y así podrás trabajarte para equilibrarla con las demás.

¿Con qué fin?

Dejar de actuar reactivamente, con automatismos, como una máquina: ante cada situación serás capaz de actuar con conciencia.

¿Cuál es su pasión dominante?

La avaricia.

¿Sí?

He temido siempre quedarme sin nada: temeroso de la precariedad de mis recursos, me ha costado invertir en mis capacidades, he desconfiado de mí… Y eso me ha dejado en el filo del vivir, una vida por vivir.

¿No ha podido dominar esa avaricia?

Ya sí, pero ha sido difícil. Ya lo dijo Churchill: “El hombre se tropieza con la verdad… pero se levanta y sigue su camino.

¿De dónde proviene el eneagrama?

De un esoterismo cristiano de Asia Central, que divulgó por Europa una especie de Sócrates ruso de principios del siglo XX, Gurdjieff. Y de él lo aprendió Óscar Ichazo, que me lo enseñó en el desierto de Arica.

¿Cómo fue usted a parar al desierto?

Era 1970, y yo pasaba el peor momento de mi vida… Y me retiré durante seis meses.

¿Qué le había sucedido?

Mi segunda esposa tuvo un accidente de automóvil y murió mi hijo de once años.

Sobreponerse debió de ser duro…

Yo tenía 37 años y me tendía en su camita y pasaba horas y horas llorando. Un día entendí que era llanto por lo que no había podido quererle. Sentí su presencia y dejé de llorar.

¿Y qué aprendió en el desierto?

Yo era médico psiquiatra. Vi que la medicina farmacológica abordaba síntomas, pero no la raíz del problema del paciente: la dejé para ejercer como psicoterapeuta.

¿Es muy malo que mande una pasión?

Lo malo es que en ese caso tu vida será más pequeña, automatizada, dilapidarás energías… pudiendo vivir más plenamente.

¿Qué automatismo le hizo ser médico?

A los seis años vi la luna llena y le pregunté a mi madre qué era eso. Me dijo que era un cuerpo celeste, como lo eran las estrellas, los planetas…, y me habló de la gravedad… y experimenté un intenso placer ante ese vislumbre de conocimiento… Y ya busqué repetir ese gozo, y eso me llevó a la ciencia.

Pero luego dejó la ciencia.

Cuando sentí que la filosofía y la psicología afrontaban mejor el dolor de la infelicidad.

¿Cuál ha sido su momento más feliz?

A los 20 años tuve una relación erótica con una conocida de 40 años, y sentí tanta alegría… ¡El mundo era bello! Sentí la alegría normal del vivir, y ahí fui consciente de que yo no había estado vivo hasta entonces.

¿Ha llegado a conocerse perfectamente a sí mismo?

En el centro de la cebolla, si vas quitando capas y capas, no hay semilla, ¡no hay nada!

¿Qué significa esto?

Que lo único que hay son los demás. Antes yo me recluía en mi torre de marfil, pero hoy veo los problemas del mundo…

¿Cuáles son?

Todos derivan de una estructura patriarcal profunda, de modo que todos se diluirían si educásemos a los niños de otra manera.

¿Cómo, exactamente?

Integrando intelecto, cuerpo, emociones y espíritu, para ser más amorosos, más libres: más sabios. Pero para eso es decisivo primero que eduquemos a los educadores.

¿Tenemos una educación no amorosa?

Demasiado intelectual, institucional, individualista, patriarcal y poco humanística. Nuestra sociedad sigue siendo machista y depredadora. Ya decía Cicerón: “Cada senador es sabio… pero el Senado es un idiota”.

¿Solución?

Integrar intelecto, amor e instinto, nuestros tres cerebros. Abrazarlos a los tres de verdad: por ahora, el intelecto ha eclipsado el amor y ha demonizado el instinto.

¿Debo dejarme llevar por mi instinto?

Si te arrastra, no eres libre: se trata de aliarte con tu instinto.

¿Qué pasión domina hoy al mundo?

La vanidad. Se expresa en la pulsión por el éxito económico, la supremacía tecnológica, la confusión entre valor y precio…

¿Hacia dónde se encamina el mundo?

Muchos son los llamados… pero muchos son también los sordos. Hay una pulsión de transformación cierta, pero pasa por encender la luz y ver en tu propia oscuridad.

Y si lograse encenderla, ¿qué veré?

Sabrás que todo es pulsátil, que todo late… Si buscas el yo, acabarás topándote con la ausencia de yo: lo transformador es sentir el Ser. Si eso sucede, tendrás días peores o mejores… pero recordarás el sabor del Ser.

¿Un consejo definitivo?

Ocúpate del reino del corazón, y el resto te llegará por añadidura.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “GRATIS Reto de Mindfulness: 7 audios guiados y 4 vídeos explicativos

Hay maltratos que no dejan heridas en la piel, sino en el alma

Hay maltratos que no dejan huellas físicas pero sí emocionales, abriendo heridas difíciles de cicatrizar y curar. Situaciones protagonizadas por el dominio de una persona sobre otra donde el desprecio, la ignorancia o la crítica son los principales elementos de una relación.

Una palabra, un gesto o simplemente un silencio pueden ser suficientes para lanzar una daga directa a nuestro corazónUn corazón que va debilitándose poco a poco, quedando anestesiado ante cualquier posibilidad de sublevación, porque el miedo y la culpa han sido instaurados.

El maltrato emocional es un proceso de destrucción psicológico en el que la fortaleza emocional de una persona queda completamente vulnerada.

Seducir para atrapar

El maltrato emocional es una realidad muy presente en nuestras días que no entiende de edad, sexo o estatus social. Ya sea en la pareja como en la familia o incluso a nivel laboral, todos podemos ser víctimas de esta situación en cualquier momento de nuestras vidas.

Lo peligroso de los maltratos de este tipo son sus consecuencias y su habilidad para pasar desapercibido. El maltrato emocional es un proceso silencioso que, cuando da la cara, ya ha pasado mucho tiempo desde que se originó, teniendo consecuencias devastadoras para la persona que ha sido víctima.

Su inicio es lento y silencioso, ejercido por una persona disfrazada de encanto con el objetivo de seducir a sus víctimas para atraparlas, sobre todo en las relaciones de pareja. De esta manera, la realidad que el maltrador muestra es una realidad falseada, llena de promesas y deseos que nunca se harán realidad.

El maltratador va preparando el terreno para que la otra persona caiga en sus riendas poco a poco y lograr finalmente influenciarla para dominarla y privarla de cualquier libertad posible.

El poder de la cárcel mental

El abuso emocional es un potente veneno que destruye la identidad de la persona, arrebatándole su fortaleza emocional. Se da de manera indirecta, a través de las rejas agujereadas, que dejan pasar a las insinuaciones que buscan culpar e instalar la duda en las víctimas.

La persona víctima de maltrato emocional se encuentra atrapada en una cárcel mental de invalidez e inseguridad en la que su autoestima se va debilitando poco a poco.

Así, cuando la víctima ya ha sido atrapada, el maltratador comienza a destaparse ante ella a través de los desprecios, las críticas, los insultos o incluso los silencios. Por eso, las huellas de estos maltratos no son físicas y no hay heridas visibles en la piel de la víctima, porque el maltrato emocional se ejerce a través de las palabras, de los silencios o los gestos.

Tanto es el daño que se ejerce en estas situaciones que el miedo a actuar para liberarse se ve en muchos casos como un imposible. La cárcel mental es tan sólida que la víctima entra en una profunda situación de indefensión, a la que no imagina salida.

Las heridas invisibles en el alma

Las heridas del maltrato emocional son llagas profundas que llegan hasta lo más recóndito del interior de la víctima. No se ven ni se oyen, pero son terriblemente sentidas por la persona que las sufre. Heridas ocultas para los demás, pero profundamente dolorosas para la persona que lo sufre.

Las heridas del maltrato emocional crean un profundo agujero en la autoestima de la persona rompiendo toda valoración positiva de sí misma.

Son heridas originadas a través de los desprecios, descalificaciones y ninguneos que el maltratador ha dirigido a la víctima. Heridas invisibles y enraizadas en el miedo, la culpabilidad y la duda que arrebatan la creencia de cualquier posibilidad de actuar para liberarse de la situación en la que la víctima se encuentra.

Estas heridas sangran no sólo en cada encuentro, sino también ante la expectativa de que puedan ocurrir. Lo importante es que la persona no dé por perdida la posibilidad de salir de la situación en la que se encuentra y que tenga en cuenta que estas heridas pueden repararse con ayuda. 

¿Cómo reparar las marcas del maltrato emocional en el alma?

En estos casos, el factor más importante es que la persona víctima pueda identificar la situación en la que se encuentra atrapada, donde carga con toda la responsabilidad y culpabilidad que el maltratador le ha inducido. Por lo tanto, tomar conciencia de que nos encontramos en un proceso de maltrato emocional es el primer paso para poder liberarnos.

Una vez que sepamos donde nos encontramos inmersos, recuperar a nuestros seres queridos y apoyarnos en ellos para que puedan facilitarnos la salida de esta situación contribuirá a que sigamos adelante. Poco a poco, con sus gestos de amor y cariño, pueden ir llenando algunos de los vacíos que en nuestro interior se han originado.

Además, buscar ayuda de un profesional especializado nos facilitará comenzar a reconstruir nuestra identidad y autoestimapara reparar todas esas heridas emocionales invisibles que habitan en nuestro interior. Así podremos volver a reencontrarnos con nosotros mismos.

Reparar las marcas del maltrato emocional en nuestra alma no será un proceso sencillo y rápido, sino más bien complejo y lento. Sin embargo, la satisfacción de volver a encontrarnos siempre merecerá la pena.

Por último, no olvidemos que cada uno de nosotros también podemos llegar a originar heridas en el alma de los demás cuando despreciamos, ignoramos o criticamos sin tener que llegar a situaciones de maltrato emocional. Las palabras y nuestros gestos son un arma de doble filo que hay que cuidar…

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El rechazo es la herida emocional más profunda

El rechazo es la herida emocional más profunda

Hay heridas que no se ven pero que pueden arraigarse profundamente en nuestra alma y convivir con nosotros el resto de nuestros días.

Son las heridas emocionales, las huellas de los problemas vividos en la infancia y que determinan en ocasiones como será nuestra calidad de vida cuando seamos adultos.

Una de las heridas emocionales más profundas es la del rechazo porque quien la padece se siente rechazado en su interior, interpretando todo lo que sucede a su alrededor a través del filtro de su herida, sintiéndose rechazado en ocasiones aunque no lo sea.

Origen de la herida emocional del rechazo

Rechazar significa resistir, despreciar o denegar, lo que podemos traducir en “no querer” algo o a alguien.

Esta herida nace del rechazo de los padres hacia su hijo o en ocasiones, del sentirse rechazado por los progenitores, sin haber intención por parte de éstos.

Ante las primeras vivencias de rechazo se comenzará a crear una máscara para protegerse de este sentimiento tan desgarrador que va ligado a la infravaloración de uno mismo y que se caracteriza por una personalidad huidiza según las investigaciones llevadas a cabo por Lise Bourbeau. Así la primera reacción de la persona que se siente rechazada será huir por lo que no es raro que siendo niños se inventen un mundo imaginario.

En los casos de sobreprotección, más allá de la faceta superficial enmascarada de amor, el niño se percibirá como rechazado pues no es aceptado como es. El mensaje que le llega es que sus capacidades no son válidas y por eso tienen que protegerlo.

Cómo es la persona que tiene la herida del rechazo

A partir de las heridas emocionales sufridas en la infancia se conforma una parte de nuestra personalidad. Por ello, la persona que padece la herida del rechazo se caracteriza por infravalorarse y buscar la perfección a toda costa. Esta situación la llevará a una búsqueda constante del reconocimiento de los otros que le costará saciar.

Según Lisa Bourbeau, será con el progenitor del mismo sexo con el que más presente se hará esta herida y ante el que la búsqueda de amor y reconocimiento será más intensa, siendo muy sensible a cualquier comentario que proceda de él.

Las palabras “nada”, “inexistente” o “desaparecer” formarán parte su vocabulario habitual, confirmando la creencia y sensación del rechazo que tiene tan impregnada. De este modo, es normal que prefiera la soledad porque si recibe mucha atención habrá más posibilidades de ser despreciada. Si tiene que compartir experiencias con más gente, intentará pasar de puntillas, bajo el caparazón que se contruye, apenas sin hablar y si lo hace, tan solo será para infundirse valor a si misma.

Además, vive en una ambivalencia constante porque cuando es elegida no se lo cree y se rechaza a sí misma e incluso llega a sabotear la situación y cuando no lo es, se siente rechazada por los demás. Con el paso del tiempo, la persona que padece la herida del rechazo y no la sana, puede volverse rencorosa y llegar al odio, fruto del intenso sufrimiento vivido.

A mayor profundidad de la herida del rechazo, mayor probabilidad hay de ser rechazada o rechazar a los demás. 

Sanar la herida emocional de rechazo

El origen de cualquier herida emocional proviene de la incapacidad de perdonar aquello que nos hacemos o nos hacen los demás.

Cuanto más profunda sea la herida del rechazo, mayor será el rechazo hacia si mismo o hacia los demás, el cual puede ocultarse tras la vergüenza. Además, habrá mayor tendencia a la huida, pero ésta tan solo es una máscara para protegerse del sufrimiento generado por esta herida.

La herida del rechazo se sana prestando especial atención a la autoestima, comenzando a valorarse y reconocerse por si mismo sin necesitar la aprobación de los demás. Para ello:

  • Un paso fundamental es aceptar la herida como parte de uno mismo para poder liberar todos los sentimientos atrapados. Si negamos la presencia de nuestro sufrimiento no podremos trabajar para sanarlo.

  • Una vez aceptada, el siguiente paso sería perdonar para liberarse del pasado. En primer lugar a nosotros mismos por el trato que nos damos y en segundo lugar a los demás, porque las personas que nos han herido probablemente también padezcan algún profundo dolor o una experiencia hiriente.

  • Comenzar a cuidarse con amor y priorizarse. Prestarnos atención y darnos el amor y el valor que merecemos es una necesidad emocional imprescindible para seguir creciendo.

Aunque no podemos borrar el sufrimiento vivido en el pasado, siempre podemos aliviar nuestras heridas y ayudar a que cicatricen para que su dolor desaparezca o al menos se alivie. Porque de acuerdo con lo que dijo Nelson Mandela de alguna manera somos capitanes de nuestra alma.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “El Proyecto Sentido de nuestra vida, diferentes tipos de partos e hijos

Quédate con aquellas personas con las que puedes ser tú en toda tu esencia

quedate-conHay personas que sacan lo más sincero, genuino y verdadero de nuestro interior, toda nuestra esencia. Son aquellos que profundizan en nosotros, que exprimen nuestra esencia y que nos hacen disfrutar de lo maravilloso que es sentirse bien siendo uno mismo.

Son esas personas que tienen algo que no sabemos definir, que nos invitan a tener plena confianza y a sentirnos con total libertad para comportarnos como queramos y como nos pide el cuerpo en cada momento…

Poder ser uno mismo se ha convertido en una excepción más que en una regla actualmente, lo que ocasiona que muchas veces nos sintamos desubicados. Esto se debe al miedo a que nos juzguen y nos etiqueten, lo que acarrea que al final ocultemos nuestros verdaderos intereses y nos pongamos una máscara para no lidiar con ciertas situaciones.

“Uno no puede ser uno mismo de manera absoluta cuando se está en público, porque estar en público ya te obliga a cierta autodefensa” -John Lennon-

EL VALOR DE LA AUTENTICIDAD

A veces negamos que nos guste cierta música o que estemos interesados en unas aficiones pero no en otras. En otros momentos podemos incluso obviar u omitir información sobre nosotros que nos solicitan o que estaríamos encantados de contar.

De esta manera, poco a poco, vamos dejando de ser nosotros mismos de cara a los demás o incluso en nuestra vida interna, lo que es mucho más grave y más preocupante.

O sea, no comportarnos como nos gustaría acaba mermándonos, esto genera un empobrecimiento emocional que nos deja sumidos en una característica mezcla de tristeza, melancolía y desgana. Esto, por supuesto, tiene sus consecuencias en nuestras relaciones, que a su vez se tornan cada vez más insatisfactorias.

Sin embargo, a veces encontramos personas con las que podemos ser nosotros mismos y con las que conseguimos sentirnos realmente bien sin tapujos. Gracias a ese empuje nos permitimos liberarnos de esas ataduras emocionales y empezar a ilusionarnos de nuevo.

Lo cierto es que este tipo de conexiones no abundan, por lo que tenemos que apreciar cada uno de los momentos que vivimos junto a ellos, ya que nos ayudan a contemplarnos y a trabajarnos en esencia.

“La amistad con uno mismo es de suma importancia, ya que, sin ella uno no puede ser amigo de nadie más en el mundo” -Eleanor Roosevelt-

SÉ TÚ CON TOTAL LIBERTAD

Como hemos comentado hasta ahora, ser uno mismo con total libertad es bastante complicado ya que depende en gran medida de lo cómodos que nos sintamos con los demás. Sin embargo, el verdadero trabajo a realizar nos corresponde a nosotros; es decir, que ser uno mismo requiere de autoconocimiento y por supuesto de motivación para ello. En este sentido, vamos a analizar qué podemos hacer:

  • Acéptate, eres una persona única e irrepetible. Es normal que quieras mostrar una versión más deseable de ti a los demás, pero no es necesario. De hecho puede llegar a ser contraproducente ya que nuestra parte más amigable es la natural.

  • No te centres en la imagen que los demás tienen de ti, hazlo en cómo tú te consideras. Esto nos ayuda a ser más auténticos y espontáneos.

  • Tu valía no depende de cómo es con lo que te comparas. Todos tenemos ideales y valores, pero esos no dependen de los demás. Es importante que trabajes para ser cada vez mejor, pero no para parecerte o superar a nadie.

Uno de los retos más difíciles es ser nosotros en un mundo en el que la mayoría está tratando de aparentar ser alguien más. Valorarnos es costoso, pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “No necesito impresionar a nadie

No mendiges la atención de nadie y mucho menos amor

No mendiges amorNo mendigues amor a quien no tiene tiempo para ti, a quien solo piensa en sí mismo. No lo hagas nunca. No te merece quien te hace sentir invisible e insignificante con su indiferencia. Te merece quien con su atención te hace sentir importante y presente.

El amor se debe demostrar, pero jamás se debe mendigar. El hecho de tener que hacerlo es el más fiel reflejo de la injusticia emocional, del desequilibrio que vive el sentimiento que cimienta una relación.

Te merece aquel que dice menos pero hace más. No te merece quien solo te busca cuando te necesita sino quien está a tu lado cuando le necesitas y no solo cuando su interés se lo permite. Te merece quien sin esperar nada te lleva dentro, te siente y te hace sentir importante en su vida.

Al final es simple, la persona que te merece es aquella que teniendo la libertad de elegir, se acerca a ti, te aprecia y te dedica tiempo y pensamientos.

NO EXISTE LA FALTA DE TIEMPO, EXISTE LA FALTA DE INTERÉS

Dicen que no existe la falta de tiempo, que existe la falta de interés, porque cuando la gente realmente quiere, la madrugada se vuelve día, martes se vuelve sábado y un momento se vuelve oportunidad.

También dicen que quien mucho espera, se decepciona y sufre. Así que tenemos que revisar nuestras expectativas y meternos en la cabeza aquello de “no esperes nada de nadie, espéralo todo de ti”.

Porque las esperanzas y las expectativas son muchas veces (sino todas), la base de los fiascos emocionales y, por lo tanto, de percibir como falta de interés las actitudes de los demás.

Cuando percibimos lo que los demás hacen o dicen como un fraude, realmente llegamos a sentir dolor. Un dolor emocional que a nivel cerebral se comporta de la misma forma que el dolor físico.

En este sentido cabe hacer un apunte importante y es que debemos darle al malestar psicológico la importancia que tiene. No se nos ocurriría ignorar fuertes punzadas en el estómago o un tremendo dolor de cabeza constante.

Así que, ¿por qué deberíamos ignorar el dolor emocional? No podemos dejar que el tiempo lo cure sin más, tenemos que trabajar sobre él y extraer las enseñanzas que nos brinda del mismo modo que dejaríamos de tomar chocolate si descubrimos que es el causante de nuestro malestar estomacal.

Esto es muy importante porque socialmente se tiene la falsa creencia de que el malestar psicológico es signo de debilidad y de que, al mismo tiempo, el tiempo curará las heridas sin necesidad de “desinfectarlas” ni de poner vendas o parches para evitar que sangre.

VALÓRATE, QUIÉRETE BIEN

Dedícale tiempo a la gente que se lo merece y que te hace sentir bien. No mendigues la atención, la amistad ni el amor de nadie. Quien te quiere, te lo demuestra tarde o temprano.

Por eso, si vives en una situación de injusticia emocional tan alarmante, recuerda:

A quien no te llame y no conteste tus llamadas, no le llames. No busques a quien no te extrañe. No extrañes a quien no te busca. No escribas, no te sometas al castigo de la indiferencia que demuestran mensajes ignorados o silencios infundados.

No esperes a quien no te espera, valórate y deja de mendigar y de rogar amor. Porque, como hemos dicho, el amor se debe demostrar y sentir, pero jamás implorar. Tu cariño debe ser para quienes te quieren y te comprenden sin juzgarte.

Y sobre todo no te olvides del valor de tu sonrisa ante el espejo, quiérete y valórate por todo lo que eres y no por lo que alguien que no te merece te hace entender. Ámate bien y date cuenta de que el hecho de que alguien te descuide no quiere decir que tú no debas hacer lo imposible por rodearte de personas que te quieran en su vida.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Rompiendo el ciclo del abandono

Las buenas personas te dan felicidad, las malas: Lecciones

Las buenas personas...Ojalá hubiese una termómetro de bondad y otro de maldad.

Ojalá pudiésemos detectar el egoísmo en el momento que comienza a estar presente. Y ojalá pudiésemos servirnos de estas mediciones para tomar buenas decisiones con respecto a las personas que nos rodean.

Sin embargo, como esto no es posible, tenemos que quedarnos siempre con la felicidad y las enseñanzas que nos aportan las buenas personas, y las lecciones que nos aportan aquellas que en algún momento se han comportado de malas maneras.

Porque si hay algo que está claro, es que nadie es malo o bueno en su totalidad, sino que todos a veces nos equivocamos al elegir cómo comportarnos o qué sentimiento priorizamos en nuestras relaciones.

Sea como fuere, cada acontecimiento y cada persona que se cruza en nuestra vida tendrá la oportunidad de brindarnos la enseñanza que necesitábamos aunque no nos dé lo que esperábamos.

A los que nos hacen crecer: Sonrisas

Las buenas personas son aquellas que huelen a nobleza, a humildad y a miradas sinceras. Son esas personas que nos recomponen con sus sonrisas. No abundan, pero con su lindo corazón lo inundan todo.

A esas personas debemos ofrecerles reciprocidad, atención y cariño, porque gracias a sus guiños llenamos nuestra vida y nuestro día a día de franqueza y empatía, pilares indispensables para ser felices o sentirnos bien.

“Hay gente, algunas personas, muy pocas, que al sonreír se les llena la cara de una ausencia de malicia que no es de adulto. De una expresión de bondad que desarma. A la gente que le pasa eso, que cuando sonríe te lleva al traspié, al bienestar y al apego inmediato, les regalas el alma porque pueden contigo”

A los que nos generan malestar: Despedidas

Están también aquellas personas que han teñido las relaciones que mantuvimos con ellas de egoísmo y, en ocasiones, de maldades (intereses, ofensas, críticas, decepciones, etc). Estas son las personas que nos enseñan la importancia de ir por la vida dejando huella y no cicatrices.

Sea como sea, las malas experiencias son una realidad con la que tenemos que intentar convivir y de la que tenemos que procurar extraer lecciones de vida que nos ayuden a recorrer nuestro trayecto.

De nada vale retorcernos de dolor, rumiar sin cesar sobre lo que podríamos haber vaticinado pero no vimos o no quisimos creer. Por eso, cuando una situación que deriva de una relación o de un intercambio negativo nos genera malestar, en vez de dramatizar es mejor que lo tomemos como aprendizaje.

En este sentido debemos explorar un poco la idea de que afrontar lo bueno que viene suele ser una tarea fácil. Sin embargo, aceptar lo que se va o tenemos que hacer marchar es realmente complicado.

Cada situación, cada persona y, por lo tanto, cada sentimiento están repletos de intensos matices que conducen nuestro aprendizaje a uno u otro ritmo, haciendo valer aquellas enseñanzas que depuran nuestra madurez emocional.

El hecho de que a lo largo de nuestra vida nos encontremos con relaciones positivas y negativas hace que el hecho en sí de construir unas u otras amistades sea cada vez más significativo, maduro y reflexivo.

Así, gracias a este mismo hecho, cada vez nos va importando más la calidad que la cantidad de amigos y personas que tenemos a nuestro lado, pues nos vincularemos a aquellos que nos resultan más afines respecto a nuestras experiencias vitales.

La bondad y la reciprocidad tienen como base el respeto a los demás y la construcción de la propia amabilidad. Este es el trasfondo de las miradas sinceras, artífices de estos sentimientos que nacen del corazón y que nos ayudan a formar un equipo de primera división ante la vida.

No nos olvidemos de considerar precisamente lo que comentábamos al principio, que no somos blancos o negros, sino que estamos hechos de diferentes tonalidades. Si bien hay gente que no siempre se comporta bien, será porque en ese momento o en otro anterior no ha tomado una buena decisión.

Como se suele decir todas las relaciones fallidas duelen, pero perder algo que en realidad no nos hacía bien es una ganancia, no una pérdida. Por eso siempre debemos valorar aquello que nos aporta enseñanzas y reciprocidad; o sea, aquello que suma y que no resta.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “7 Hábitos de las personas crónicamente infelices” 

Cuando más te necesité, no estabas

Cuando más te necesité...Cuando más te necesité, no estabas.

Eso me destrozó y me sumió en una gran tristeza. Esperaba más de ti y me decepcionaste. ¿Será el momento de cambiar esta visión sobre mí y sobre los demás?

En muchas ocasiones hemos necesitado de alguien. Ya sea porque nos sentíamos mal, porque necesitábamos un apoyo, porque queríamos un hombro en el que llorar… Pero, ¿qué ocurre cuando en esos momentos no hay nadie? Nadie que nos brinde esa atención que requerimos.

¿Por qué, de repente, nadie puede venir a echarnos esa mano que en silencio gritamos?

“Muchas de tus tristezas inexplicables tienen una sola explicación: no quisiste como los otros necesitaban o no te quisieron como esperabas” (Bernardo Stamateas)

Seguro que has vivido en más de una ocasión una situación como ésta y si no ha sido así ¡qué buena suerte! Pues no hay peor sensación que cuando más necesites a alguien, ese alguien no esté para ti…

CUANDO TE DAS CUENTA DE QUE NO EXISTES

Lo peor que nos puede ocurrir es darnos cuenta de que para alguien, para esa persona que consideramos especial, no existimos. Es una sensación muy negativa que hace que afloren emociones de abandono, de rechazo, de no sentirnos queridos… Esto puede provocarnos una pérdida de autoestima importante.

Cuando nos damos cuenta de que no existimos para otro, esto puede provocarnos una pérdida de autoestima importante, sobre todo si nos habíamos acostumbrado a depender de los demás para valorarnos.

Seguramente te sientas identificado con muchas personas que tienen carencias afectivas por este motivo. Porque no son capaces de comprender que las personas no siempre estarán contigo, que habrá un momento en tu vida en el que estarás solo. Debes interiorizar este hecho. Las personas tienen como un límite en tu vida, llegan tan sólo hasta cierto punto. A partir de ese punto, tú avanzas solo.

Es un momento difícil, un momento que muchos intentan retrasar, pero que inevitablemente llegará. Nadie podrá acompañarte, nadie estará contigo. Estarás solo, caminarás solo. Nadie te necesitará, nadie te llamará… Será tu peor momento, en el que la sensación de abandono se verá potenciada de una manera que será insoportable.

La soledad es la única cosa que encuentras cuando no la buscas.

“Angustia de abandono, una cárcel en el corazón

LIBÉRATE DE LAS ATADURAS

Esta sensación de abandono, de que todos te han dejado tirado, esta sensación de “solo ante el peligro” que te aborda cuando eres tú solo quien debe seguir el camino, manifiesta unas ataduras a las que te has visto aferrado desde siempre.

Desde que somos pequeños nos acostumbramos a realizar ciertas cosas con los amigos, con la familia pero ¿y si un día nos encontramos solos? Debemos aprender a no depender de nadie para seguir nuestro camino, para hacer las cosas que queremos hacer.

Toma estos consejos y tenlos siempre muy presentes:

  • ¡Quiérete y valórate! pues cuando te encuentres solo te darás cuenta de que no lo estás realmente, ¡te tienes a ti! Aprende a quererte y a no permitir que tu autoestima dependa de los demás, ni de que tu felicidad dependa del resto.

  • Haz amistad con la soledad: en ocasiones pensamos que la soledad no es buena, pero esto no es así. Aprende a verla de otra manera. Podrás aprender mucho, como por ejemplo conocerte más a ti mismo.

  • No dependas de nadie para ser feliz: pues tu felicidad no debe depender de nadie, ya que esto solamente te sume en un vaivén de emociones que te frustrarán y te harán ser completamente infeliz. Busca la felicidad en ti mismo y no en nadie más.

  • Aprende a despedirte: algo a lo que no nos enseñan, pero muy necesario. Las personas entrarán en nuestra vida y también se irán, nos harán daño, nos decepcionarán… Despedirnos de ellas es algo que cuesta, pero algo que debemos aprender desde hoy mismo.

  • No esperes nada de nadie: pues, en ocasiones, nuestras expectativas son demasiado elevadas con respecto a los demás y esperamos demasiado. Evita decepcionarte, no esperes nada de nadie, serás ¡mucho más feliz!

A ninguna persona dejas de importarle de la noche a la mañana y, si lo hace, es que nunca le importaste de verdad.

¿Alguna vez te has encontrado en la situación de necesitar a alguien y que no esté? Aprende de estas experiencias y a eliminar de tu mente el “cuando más te necesité, no estabas”. Comprende que solo te necesitas a ti mismo. Tú nunca te fallarás a ti mismo, tú siempre estarás para ti.

No busques ninguna mano que te ayude, tienes tus pies, tus manos, tienes tu cuerpo y tu mente. Es lo único que necesitas. No dependas de nadie. ¡Sé feliz! Aprende a quererte y a valorarte. Te tienes a ti mismo y es más que suficiente.

“No trates como prioridad a quien te trata como una opción”

  • Imagen cortesía de Berit Kruger Johnsen y Bett Spencer
  • Fuente: Raquel Lemos Rodríguez (escritora)  lamenteesmaravillosa.com

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Dejar ir. El camino de la entrega *David Hawkins

Para ser feliz debes aprender a ignorar a muchas personas

Para ser feliz...Muchas veces alejarnos de las personas conflictivas no sólo es una cuestión de comodidad, sino de salud mental. Hay actitudes que nos llegan a desequilibrar tanto que nos bloquean y nos impiden realizarnos, sometiendo nuestro bienestar emocional a sus antojos.

Todos sabemos de buena tinta que nuestras relaciones no siempre nos aportan algo positivo, aunque realmente lo esperemos. A pesar de que somos conscientes de esto, nos cuesta darnos cuenta de que estamos alimentando intercambios tóxicos.

O sea, nos parece algo “tonto” e incoherente pero, sin embargo, no podemos escapar de la realidad. Sacrificar nuestro bienestar por los demás está a la orden del día para cada uno de nosotros.

Así que nos encontramos ante el triste panorama de vivir sometidos a relaciones insanas con personas que no nos aportan sinceridad ni buenas emociones. Es decir, intercambios cargados de intereses y egoísmos.

Por eso, para poder crecer debemos aprender a ignorar a cierta gente en ciertos momentos.

¿Qué es lo que debemos ignorar para ser felices?

Las situaciones a partir de las que conviene comenzar a regalar nuestra ausencia son variopintas. Normalmente podemos reconocer con facilidad lo que nos turba pero es posible que nos lleve un tiempo en otras ocasiones.

Conocerlas nos ayudará a tomar conciencia de la realidad e incluso puede ayudarnos a anticipar estas cuestiones, de manera que podamos impedir que nos hagan más daño que el inevitable.

Veamos algo más detenidamente lo que debemos aprender a ignorar:

1. Las críticas de los demás. Nadie nos puede afectar sin nuestro consentimiento. O sea, somos nosotros lo que damos validez a las opiniones de los demás. Lo que otros piensen sobre las decisiones que tomamos no debería importarnos, ya que es tan probable que nosotros nos equivoquemos como que ellos lo hagan.

2. La creación de inseguridades. Hay personas que se piensan que son expertos en la vida de todo. Estos acaban consciente o inconscientemente, creando inseguridades y pequeñas frustraciones en la gente que les rodea. Procura ignorar este tipo de actitudes, pues solo te conducen a la frustración.

3. Preocuparnos por lo que no podemos controlar. Si nos preocupa cómo va a actuar esa persona o qué va a hacer o decir, algo va mal. O sea, la gente no va haciendo daño deliberadamente y no debería de tenernos en vilo que nos respeten o no. Si esto ocurre, es mejor de te alejes de esa persona.

4. Las comparaciones obsesivas. Está muy bien que la gente triunfe y tenga éxito, pero no que hagan sentir a los demás poca cosa. No hay persona más insignificante que aquella que usa sus logros para menospreciar a los demás. Por eso, sigue centrándote en lo que tú puedes hacer para seguir creciendo y recuerda que lo que consigas depende en gran parte de que te lo creas.

5. Los intereses y egoísmos. No todo el mundo te está ayudando cuando intentan aparentar estar haciéndolo. Empieza a desactivar la realidad y analiza hacia qué lado se inclina la balanza siempre. Si hay un equilibrio, significa que hay armonía en vuestra relación; si por el contrario no lo hay, algo va mal.

Regala tu ausencia a quien no valore tu presencia

Regala tu ausencia y tu indiferencia a quien no te valore; pero no de cualquier forma, auséntate emocionalmente. No lo hagas como una forma de venganza, sino como una manera de protegerte.

Tenemos que darnos cuenta que con el tiempo la imagen que tenemos de las personas puede cambiar, lo que implica que desconoceremos a aquellos que creíamos conocer.

A veces nos percatamos demasiado tarde de que todo lo que hemos hecho por alguien ha sido ignorado o menospreciado en el terreno emocional. Es posible que entonces nos sintamos decepcionados y que nos demos cuenta de que no han movido ni un dedo por nosotros.

Conseguir que lo que alguien haga o deje de hacer no nos afecte actúa como un bálsamo. Puede que resulte costoso al principio, pero los resultados comienzan a notarse bien pronto en nuestra salud emocional.

De hecho, cuando somos capaces de hacerlo, nos damos cuenta de que es un verdadero placer poder escucharnos sin nada que enturbie nuestro diálogo interior. La verdad es que intentarlo no solo merece la pena, merece la alegría.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Vampiros energéticos