Claves para dominar conversaciones difíciles

De vez en cuando, tenemos que enfrentarnos a conversaciones difíciles aunque no nos apetezca.

Muchos optan por evitarlas como si el problema fuera a desaparecer. Pero esto no funciona así. De hecho, en muchas ocasiones posponer lo inevitable solo complica más las cosas.

No hay que tener miedo a una conversación difícil. Existen formas de enfrentarse a este tipo de situaciones, incluso se puede llegar a dominarlas para evitar hacer de ellas un drama y conseguir lo que se espera de cualquier conversación: una comunicación eficaz. Veamos cómo hacerlo.

“Cuando se abre la puerta de la comunicación, todo es posible. De manera que debemos practicar el abrirnos a los demás para restablecer la comunicación con ellos” -Thich Nhat Hanh-

Estrategias para hacer frente a conversaciones difíciles

Ante todo debemos aparcar esa idea preconcebida de conversación difícil. Al fin y al cabo, así es como llamamos a las conversaciones en las que prevemos que vamos a tener problemas. Además, cuando lo hacemos, anticipamos conflictos. Y eso genera una actitud previa de tensión. Nos ponemos a la defensiva. Y es en este punto donde empiezan los problemas.

He aquí el paso previo para dominar conversaciones difíciles: no anticipar las complicaciones. Eso nos ayudará a estar centrados en la conversación y ver las cosas con perspectiva. Y nos permitirá estar atentos a las señales de nuestro interlocutor para gestionar eficazmente sus cambios emocionales y sus reacciones.

Escucha activamente sin anteponer tus sentimientos

Las personas necesitan sentirse escuchadas. Por ese motivo no solo debes mostrarte atento y dispuesto a escuchar, sino que todo tu cuerpo debe demostrar que estás escuchando. Además, la escucha es una condición indispensable en la comunicación.

Si la otra persona percibe tensión o ansiedad, si siente que estás a la defensiva o que tienes una actitud agresiva, reaccionará negativamente y no estará dispuesta a escuchar. Si por el contrario, te muestras alentador, tranquilo, calmado e incluso compasivo, a la otra persona le resultará más fácil calmarse.

Una conversación, por difícil que sea, no es una lucha. No hay ganadores ni perdedores. Por eso, si quieres sacar algo en claro, debes mantener la calma, especialmente cuando el otro manifieste señales de cambios emocionales.

Las conversaciones difíciles se transforman en eficaces cuando se emplea la escucha activa.

No antepongas tus sentimientos, aunque te haya herido

Por otra parte, es importante que no antepongas tus sentimientos, aunque te hayan herido. El otro necesita sentirse validado, es decir, saber que sus sentimientos también importan. Necesita saber que crees en él, incluso a pesar de sus acciones y del daño que te haya hecho con ellas.

Por eso, antes de nada, una vez que haya quedado claro el propósito de la conversación, interésate por los pensamientos y sentimientos del otro. Acéptalos antes de continuar, sin juzgarle ni echarle nada en cara. Luego, puedes exponer tus ideas y sentimientos.

Aprende a interpretar y manejar la señales de cambio emocional

Ante una conversación difícil, muchas personas se bloquean. Esto provoca que se pongan más nerviosas aún y que la conversación no acabe bien. Sin embargo, si estás atento y observas ciertos cambios puedes ayudar a mantener la calma y mantener así la conversación bajo control.

Por ejemplo, si observas un cambio en el tono de voz, como hablar más bajo o más acelerado, puedes decírselo a la otra persona. Ahora bien, también puedes optar por no notificárselo pero tener en cuenta su significado. A menudo, en mitad de una explicación, las personas cambian el modo de hablar justo antes de decir qué es importante para ellos. Esto es porque temen lo que pueda suceder o porque sienten que hay un problema que les impide avanzar.

Otra señal que debes observar es la risa nerviosa. Algunas personas se ríen cuando se sienten avergonzadas o incómodas. No es una burla, ni mucho menos. De hecho, es algo parecido a lo que ocurre cuando lloramos de felicidad.

La risa nerviosa suele indicar malestar. Esa señal te abre la puerta para preguntar al otro cómo se siente y para identificar un punto de partida a partir del cuál seguir adelante de manera positiva. Este tipo de risa también puede indicar que la persona está tratando de escapar de un sentimientoPor eso es importante pedir que exprese lo que le inquieta o necesita para superar el bloqueo.

Otra señal de cambio emocional es la modificación del patrón de contacto visual. La mirada puede indicar que el otro necesita tomarse un descanso. Ahora bien, si la dirige hacia otro lado o la sostiene de manera fría y amenazante puede significar que en la conversación se ha hablado de algo importante. Es el momento de pedir al otro, sin agresividad y con verdadero interés, que comparta su punto de vista y escucharlo sin interrupciones ni juicios.

Si lo que detectas es que la otra persona utiliza mucho la palabra “pero” es señal de que está a punto de decir lo que teme, pero no arranca a decirlo por miedo o vergüenza. Aprovecha los “pero” para ayudarle a terminar.

Gestionar conversaciones difíciles es bueno para ambos

Como decíamos antes, una conversación no es una batalla en la que hay ganadores y perdedores. Si quieres entender algo, sacar conclusiones o plantear soluciones es necesario llevar por buen camino una conversación difícil.

No se trata de tener razón, ni de demostrar nada al otro. De hecho, ante este tipo de conversaciones, no hay peor enfoque posible. No ganas nada y pierdes mucho. Si no quieres cerrarte puertas debes abrir tu mente y dejar de lado el rencor, la ira y la rabia. 

Si esto es difícil -muchas veces lo es, no nos engañemos- piensa qué quieres conseguir con esa conversación y díselo a la otra persona. Es fundamental que ambos sepáis a dónde queréis llegar.

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Las 4 leyes del desapego para la liberación emocional

Es posible que la palabra desapego te cause cierta sensación de frialdad e incluso de egoísmo emocional. Nada más lejos de la realidad. La palabra desapego, entendida dentro del contexto del crecimiento personal, supone un gran valor interior que todos deberíamos aprender a desarrollar.

Practicar el desapego no significa en absoluto desprendernos de todo aquello que nos es importante, rompiendo vínculos afectivos o relaciones personales con quienes forman parte de nuestro circulo personal.

Significa básicamente saber amar, apreciar e involucrarnos en las cosas desde un punto de vista más equilibrado y saludable, liberándonos a su vez de esos excesos que nos ponen cadenas y que nos amarran. Que nos cortan las alas.

La liberación emocional es darnos la opción de vivir con más honestidad de acuerdo a nuestras necesidades, ofreciéndonos a su vez la opción a crecer, de avanzar con conocimiento de causa. Sin dañar a nadie, sin que nadie nos ponga tampoco su cerco camuflado con las cadenas del amor pasional, filial o incluso materno.

Aprendamos, pues, a poner en práctica estas sencillas leyes sobre el desapego…

Primera ley: eres responsable de ti mismo

Nadie va a retirar cada piedra que te encuentres en tu camino, al igual que nadie va a respirar por ti ni se va a ofrecer como voluntario para cargar tus penas o sentir tus dolores. Tú mismo eres artífice de tu propia existencia y de cada paso que das.

Así pues, la primera ley que debes tener en cuenta para practicar el desapego, es tomar conciencia de que eres pleno responsable de ti mismo.

-No pongas en el bolsillo de los demás tu propia felicidad. No concibas la idea de que para ser feliz en esta vida, es esencial encontrar una pareja que te ame, o tener siempre el reconocimiento de tu familia.

Si el barómetro de tu satisfacción y felicidad está en lo que los demás te aportan, no conseguirás más que sufrimiento. ¿La razón? Pocas veces lograrán cubrir todas tus necesidades.

-Cultiva tu propia felicidad, siéntete responsable, maduro, toma conciencia de tus decisiones y de sus consecuencias, elige por ti mismo y no dejes nunca que tu bienestar dependa siempre de corazones ajenos.

Segunda ley: vive el presente, acepta, asume la realidad

En esta vida, nada es eterno, nada permanece, todo fluye y retoma su camino tejiendo ese orden natural que tanto nos cuesta asumir a veces. Las personas estamos casi siempre centradas en todo aquello que ocurrió en el pasado y que, de algún modo, se convierte ahora en una dura carga que altera nuestro presente.

Esas desavenencias familiares, ese trauma, esa pérdida, ese fracaso sentimental o esa frustración no superada. Todo ello son anclas que nos aferran, que ponen cadenas en nuestros pies y anzuelos en nuestra alma.

Es un apego tóxico y poco saludable que nos impide avanzar en libertad y plenitud.

Acepta, asume y aunque te cueste, aprende a perdonar. Te hará sentir más liberado y te ayudará a centrarte en lo que de verdad importa, elaquí y ahora, este presente donde tienes tu verdadera oportunidad. ¿A qué esperas?

Tercera ley: promueve tu libertad y permite ser libres también a los demás

Asume que la libertad, es la forma más plena, íntegra y saludable, de disfrutar de la vida, de entenderla en toda su inmensidad.

No obstante, ello no impide que podamos establecer vínculos afectivos con otras personas, porque también ello forma parte de nuestro crecimiento personal. Saber amar y saber recibir amor.

No obstante, el desapego implica que nunca debes hacerte responsable de la vida de los otros, al igual que los demás, no deben tampoco imponerte sus principios, sus ataduras o cadenas personales para aferrarte a ellos. Es aquí donde empieza el auténtico problema y los sufrimientos.

Los apegos intensos nunca son saludables, pensemos por ejemplo en esos padres obsesivos que se exceden en la protección de sus hijos y que les impiden poder madurar, poder avanzar con seguridad para explorar el mundo.

La necesidad de “despegarse” es vital en estos casos, ahí donde cada uno debe salir de los límites de la certidumbre para aprender de lo imprevisto, de lo desconocido.

Cuarta ley: asume que las pérdidas van a sucederse tarde o temprano

Volvemos de nuevo a la misma idea: aceptar que, en esta vida, nada puede contenerse eternamente. La vida, las relaciones, e incluso las cosas materiales, terminan desvaneciéndose como el humo que se escapa de una ventana abierta o el agua fresca que resbala por nuestros dedos.

Las personas se irán, los niños crecerán, algunos amigos dejarán de serlo y algunos amores se irán del calor de tu mano… Todo ello forma parte del desapego, y como tal, hemos de aprender a asumirlo para afrontarlo con mayor integridad. Con mayor fuerza. Pero lo que nunca va a cambiar, es tu capacidad de querer. Y debes empezar siempre por ti mismo.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Amarnos a nosotros mismos

No te partas a pedazos para mantener a los demás completos

Si bien no está mal entregarse a los demás, debemos procurar que este acto sea recíproco y, a su vez, aprender a no sentirnos mal si no podemos satisfacer sus necesidades.

¿Cuántas veces te has partido en pedazos por los demás? Es algo muy común, en especial entre nosotras, las mujeres. Deseamos llegar a todos los brazos, a todas las necesidades de los demás para ofrecer bienestar y felicidad.

Todo ello nos aporta nobleza, en especial porque lo llevamos a cabo por libre voluntad y porque es así como entendemos lo que es el amor, lo que es querer a nuestras parejas, hijos o amistades. Y, más aún, lo hacemos sin esperar nada a cambio.

Ahora bien… ¿Eres de las que piensa de verdad que no mereces nada a cambio de tus esfuerzos cotidianos? Hoy en nuestro espacio te invitamos a reflexionar sobre ello.

Cuando nuestro corazón se parte en pedazos por los demás

Nos partimos en pedazos casi cada día, y lo hacemos sin darnos cuenta. Llega un momento en el que, quien lo lleva a cabo durante toda su vida, es consciente de las graves carencias que sufre su corazón.

Para tener una ligera orientación de lo que significa “partirnos en pedazos”, dejaremos a un lado la parte simbólica para comprenderlo de forma ilustrativa:

  • Cuando anteponemos los deseos de nuestra pareja a los nuestros. Es algo que podemos hacer una, dos, tres veces, pero, ¿qué ocurre cuando la otra persona da por sentado que siempre lo vamos a hacer?

  • Cuando algún familiar usa el chantaje emocional o la victimización para que vayamos cada día a ayudarles, a hacerles favores y tareas.

  • Cuando nos dejamos llevar por esas amistades en ocasiones tóxicas, acostumbradas a contarnos sus penas cotidianas sin preocuparse en ningún momento por saber cómo estamos, por lo que pensamos o sentimos.

  • Retrasar cada día aquello que nos gusta hacer porque los demás siempre tienen prioridad.

Como ves resulta algo muy complicado de reconocer, porque… ¿Cómo decirnos a nosotras mismas que vamos a dejar de atender a los demás por hacer aquello que nos gusta? La clave está en el equilibrio.

Si dejamos de priorizarnos no un día, sino un mes tras otro y otro, llegará un instante en que perderemos nuestra identidad. Esa esencia que nos define en nuestros gustos, pasiones, sueños y autoestima.

Tienes derecho a esperar reciprocidad

Darlo todo sin esperar nada a cambio nos puede hacer daño.

Hay quien tiene una idea equivocada de lo que son las relaciones afectivas, o incluso la amistad. Toda relación es no solo una interacción, es un intercambio efectivo y satisfactorio donde ambas partes ofrecen afectos, información y energías por igual.

  • Toda relación que se basa en una sola dirección, en el “yo doy, yo atiendo, yo cuido, yo ofrezco, …” acaba herida y llena de carencias.

  • Las personas, como seres sociales y emocionales, también necesitamos ser reconocidos como personas que deben recibir toda serie de atenciones y afectos. El reconocimiento nos sitúa en el mundo, y eso es algo que necesitan niños y adultos.

  • Es común que, cuando amamos a alguien, ni siquiera nos planteemos un segundo en ofrecerlo todo por la otra persona.

  • Es lo que la psicología popular entiende como el síndrome de Wendy, ahí donde una de las partes implicadas se desvive por la otra persona buscando siempre su felicidad, dejando a un lado su propia autoestima.

El derecho a la reciprocidad: Nadie es egoísta por esperar algo a cambio.

No debemos equivocarnos: Esperar que los demás también nos tengan en cuenta no es ser egoísta. La reciprocidad es la base de las relaciones sociales y como tal debemos practicarla y, a su vez, recibirla.

La reciprocidad es dar y ofrecer, es reconocer y ser reconocidos

  • La reciprocidad es tener derecho a decir “no puedo”, “en este momento no me es posible” o “no deseo hacerlo”, porque sabemos que la otra persona nos comprende, y entiende que no siempre vamos a estar disponibles y que tenemos necesidades propias.

  • Tienes derecho a negarte, a decir no. Y no por ello eres mala persona o egoísta. Nadie tiene tampoco derecho a sentirse ofendido, porque si no entienden que necesitas también de tu espacio personal, ahí donde ser tú misma, es que no te aprecian ni te tienen en cuenta.

  • Si vamos cediendo día a día en todos estos aspectos, llegará un momento en que nos sentiremos frustradas. La frustración deriva en insatisfacción, y la insatisfacción en infelicidad.

En el momento en que somos conscientes de esta infelicidad, corremos el riesgo de que llegue la depresión. Si no disponemos de ese equilibrio interno, de ese bienestar que nos da fuerza e integridad, es muy difícil seguir ateniendo a los demás. Seguir ofreciendo felicidad.

Recuerda siempre que para dar lo mejor de nosotros mismos necesitamos estar bien. Y para estar bien, necesitamos que se nos reconozca como personas, que se nos respete y que se nos tenga en cuenta.

Nadie es egoísta por ello. Se llama integridad, se llama quererse a uno mismo, algo que deberíamos cultivar cada día de nuestra vida.

*Si lo desea, puede leer la publicación: Personas que no aportan nada ¿cuándo dejarlas marchar?

Causas emocionales de la ludopatía: adicción al juego

La ludopatía, llamada también ludomanía o jugador compulsivo, consiste en una incontrolable necesidad de jugar juegos de azar, afectando el comportamiento del jugador de forma negativa y no productiva. 

Se trata de una adicción al juego que es motivo de muchas peleas, discusiones, descuido del hogar, despilfarro del dinero, desatención personal y social (alimentación, relaciones familiares, sexo, salud, etc…), etcétera, provocando divorcios y otras consecuencias severas. Esta afección se ha relacionado con adicciones como el alcoholismo o drogadicción.

Un jugador compulsivo tiene todo su enfoque en el juego. Sin duda, la distracción es muy fuerte y, como toda adicción, incontrolable. Muchos pensarían que este impulso es una cuestión que implica meramente una necesidad de ganar dinero, pero parece que va más allá, es decir, que el jugador compulsivo juega muchas veces por el sólo placer de estar jugando, y no se es capaz de parar.

El jugador compulsivo es atrapado, entonces, por una actitud impulsiva e incontrolable para aceptar riesgos, pierde consciencia progresivamente de la realidad y comienza a actuar contra su propia razón y sentido común para obtener, constantemente y de forma ansiosa, el dinero para jugar, el cual escapa de sus manos rápidamente.

¿Por qué se padece está adicción?

Como toda adicción, lo más probable es que el jugador compulsivo experimente un dolor emocional severo, puede ser un dolor de rechazo, de no adaptación, de incomprensión, de falta de amor. Al resistirse muchas veces a buscar ayuda profesional o al no tener una orientación adecuada que le ayude a entender sus emociones, encontrará una forma de escaparse ya sea a través del alcohol, las drogas u otros placeres pasajeros como el juego compulsivo.

Las adicciones son formas en que el individuo trata de menguar un dolor emocional fuerte por medio de un supuesto placer. Un jugador compulsivo sin duda intenta atenuar y apartar su inconformidad, soledad, ira o rebeldía con estos momentos de distracción, en donde la carga de adrenalina sube tanto que en verdad hace “olvidarse” al jugador de todo lo demás. El descuido de su salud, de sus relaciones y demás sólo refleja la evasiva a su mismo dolor.

Sin embargo, es inútil apartar el dolor por este alejamiento sino que se engrandece, por lo que en el jugador va aumentando la necesidad de jugar y jugar y jugar. Es por eso que en muchos casos esta adicción va acompañada también de alcohol, de drogas, sexo y todas las evasivas posibles. Los estados emocionales del afectado tienden a ser indiscutiblemente depresivos, y esto lo expresan de muchas formas, con rebeldía, mal carácter, se sienten afectados o víctimas constantemente por lo que les rodean y agreden o se agreden a si mismos, llegando en muchos casos a la violencia. Estos comportamientos los hace ir cayendo cada vez más en un estado de soledad o aislamiento que los hace necesitar más de estímulos externos para aislar su dolor.

Síntomas:

• Sentir ansiedad o desesperación de conseguir más dinero para jugar.
• Necesidad de apostar cantidades cada vez más grandes de dinero.
• Sensación de soledad, frustración y/o dolor después de jugar.
• Haber intentado jugar menos muchas veces, sin conseguirlo.
• Mentir sobre la cantidad de tiempo o dinero gastada en el juego.
• Cometer acciones no legales para conseguir dinero para el juego. 
• Desatención y/o pérdida del trabajo, relaciones, estudios debido al juego.

¿Qué se puede hacer?

Las causas que llevan a una persona a esta adicción pueden venir desde mucho tiempo atrás: en especial, la falta de cultura emocional para que el individuo vaya entendiendo y madurando los sentimientos de frustración, dolor, depresión y todas esas experiencias en la vida que pueden resultarle intolerantes y que más tarde le condicionan a escaparse de lo que siente.
Lo ideal es consultar con un profesional en el caso y llevar al afectado directamente con él. Sin embargo, la posible resistencia de la persona a ser ayudada resulta muchas veces un gran impedimento. En este caso es importante que las personas que rodean al jugador compulsivo eviten sentirse culpables, decaídas o desesperadas por el comportamiento de éste. En realidad estas actitudes no ayudan en nada y lo único que harán es aumentar un ambiente de tensión y depresión. Lo mejor es no permitir que uno hunda a todos.

Sin embargo, cuando hay disposición del afectado a ayudarse, se puede no sólo buscar ayuda profesional, sino seguir estos consejos a medida que sean posibles.

Si tú eres un jugador compulsivo y ya no quieres serlo, puedes seguir estos consejos:

1. Debes de estar muy consciente de tu situación y no negarla ni rechazarla, sino admitirla. No la veas como algo malo o reprobado, y no te castigues por jugar sin control. Admite lo que haces, simplemente.

2. Haz el esfuerzo por realizar una actividad física al menos una hora al día, corre, ve al gimnasio, nada y anda en bici, lo que sea, aunque después te vayas a jugar. Díte a ti mismo: no iré a jugar si no cumplo con esta sesión de ejercicio. Esto, además de oxigenar tu cerebro y vigorizarlo, te ayudará a ir educando tu mente. 

3. Busca lecturas que te hagan comprender mejor lo que sientes y que te hagan profundizar más acerca de todos los talentos que tienes.

4. Busca alguna clase de música, de baile, de algún otro idioma o de alguna actividad que te distraiga, te guste y te mantenga ocupado creativamente. Al principio quizá no sientas muchas ganas, hay que hacer mucho esfuerzo para vencer una adicción, cierto, pero al comenzar a relacionarte en un nuevo ambiente poco a poco irá cambiando tu perspectiva emocional. No te decimos que nunca más juegues, porque el jugar es algo muy interesante y la emoción de ganar también. Pero recuerda que el juego se acaba donde empieza la dependencia…

5. Hay muchas terapias alternativas que te pueden ayudar y apoyar, como las Flores de Bach, el reiki, la fitoterapia y la bioenergética. La medicina natural es ideal para ayudarte no solo a sentirte mejor y bajar tu ansiedad, estrés, e impulsividad, sino a entender y madurar tu energía emocional, la cual está íntimamente relacionada con la adicción al juego.

“Toda adicción surge de una negativa inconsciente a enfrentar el dolor y salir de él. Toda adicción comienza con dolor y termina con dolor. No importa a qué sustancia sea usted adicto: alcohol, comida, drogas legales o ilegales, o a una persona, usted está usando algo o a alguien para ocultar su dolor” (Eckhart Tolle)

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Taller online gratuito de Atención Plena o Mindfulness: 4 vídeos explicativos y 7 audios guiados

Decreto de Abundancia y Prosperidad

1.- Tengo derecho a vivir en Abundancia, tengo derecho a ser feliz. Soy libre, tengo salud y agradezco por ello. Hoy creo una buena vida, estoy en Paz y Soy Uno con Todo. Estoy abierta a todo lo bueno. Hoy acepto la Prosperidad y la Abundancia, me siento segura y a salvo económicamente. Soy Bendecida ahora por la Luz Divina, invoco a los Ángeles de la Abundancia para que me asistan; el Universo me sostiene aquí y ahora; agradezco al Universo por todo el bien que recibo; doy y recibo Amor siempre; mis relaciones están llenas de Amor. Gracias Fuente Divina.

2.- Hoy resuelvo liberar todas las cargas emocionales, mentales y espirituales que me atan al pasado, impidiendo mi evolución. Hoy perdono amorosa y compasivamente y pido humildemente perdonen mis desaciertos. Dejo ir todo lo que me pesa, ata y detiene, y me siento libre para avanzar en mi camino de Luz. Gracias Conciencia Divina.

3.- Hoy elijo atraer positivamente todo aquello que me hace bien, me enriquece y nutre como ser humano encarnado, alienta mi entrega y servicio en el planeta. Me permito conectarme con la corriente Universal de Amor Incondicional, de Sabiduría y Verdad Divinos, creciendo en Conciencia de Unicidad y Totalidad, reconociendo mi particular Esencia y sintiéndome parte del Todo. Hoy el Universo me apoya totalmente porque soy Uno con él. Gracias Divino Creador, Dios en mí.

“Y así es”. Aquí y Ahora. Te Amo y Te Bendigo, Divino, Amado y Poderoso Creador ❤ “Yo Soy” en mí.  Amen (de amar).

  • Fuente: Puente de Luz

*Si lo desea, puede leer la publicación: Acto simbólico de sanación con el dinero

Dejar de hablar a alguien como castigo

El silencio a veces cumple la función de castigo. Dejar de hablar a alguien es una salida a la que muchas personas acuden para “expresar” su enojo, su inconformidad o sus reproches.

¿Cómo de eficaz es este método para superar un problema o lograr que alguien cambie? ¿Qué significa la decisión de evitar las palabras cuando hay un rencor que arde?

Establecer un diálogo con alguien no es fácil, en especial si hay un conflicto que no parece tener vías de solución. Pero si en lugar de abordar el tema directamente lo que se hace es dejar de hablar al otro, lo único que se logra es introducir una tensión adicional. A la disputa no resuelta se suma un limbo que puede llegar a ser una verdadera incubadora de veneno.

“Habla para que yo te conozca” -Sócrates-

Muchos, sin embargo, en el fondo no tienen interés en resolver el conflicto mediante el diálogo. Lo que desean es que el otro se someta a su propio punto de vista. Entonces utilizan el silencio como castigo, para que el otro se doblegue. Finalmente se trata de una actitud infantil y lo peor es que no resuelve nada. Eso sí, proporciona una gratificación egoísta.

LAS RAZONES PARA CASTIGAR CON EL SILENCIO

Hay todo tipo de argumentos para defender la idea de que dejar de hablar a alguien es válido. En el fondo, lo que se busca es castigo. Que entienda que hay un reproche en esa ausencia de palabras. Pero, ¿por qué no decirlo, sino tramitarlo a través del silencio?

Estas son las principales razones que esgrimen aquellos que optan por esta medida:

  • Es mejor dejar de hablar a una persona que participar de una discusión en la que se intercambien insultos.

  • Esa persona no me escucha. Por más que le pido que cambie, no me hace caso. Entonces, es mejor no decir nada porque, ¿para qué?

  • Tiene que disculparse conmigo por lo que me hizo (o me dijo, o no hizo, o no dijo). Hasta que no lo haga, voy a dejar de hablar.

  • Para qué hablar si siempre llegamos al mismo punto. Mejor dejar de hablar para ver si entiende que no voy a ceder.

En todos los casos se afirma que el silencio es la mejor opción para tramitar el conflicto. Por una razón u otra, la palabra se ha mostrado ineficaz. Se acude entonces a la decisión de dejar de hablar a alguien para que esto sea asumido como un castigo y, en consecuencia, el otro reconsidere su actitud.

DEJAR DE HABLAR A ALGUIEN ES AGRESIVO

Un silencio puede tener multitud de significados. Algunos de ellos son realmente violentos. Dejar de hablar a alguien es asumir una actitud pasivo-agresiva. Esto quiere decir que se está violentando al otro, pero de manera implícita. La mayoría de las veces este tipo de actitudes son tanto o más nocivas que la agresión directa, y lo son porque el silencio se convierte en un vacío que es susceptible de cualquier tipo de interpretación.

Para quien deja de hablar a alguien hay razones claras. También hay una expectativa clara frente a lo que esta situación debe traer como desenlace. Pero, a quienes acuden a estos recursos habría que preguntarles: ¿estás seguro de que el otro comprende realmente el significado de tu silencio? ¿Jurarías que la mejor manera de lograr que cambie, o haga lo que tú quieres que haga, es atacándolo con la falta de diálogo?

El silencio alarga distancias. Y la distancia no suele ser un buen aliado para la comprensión o para restaurar lazos rotos o dañados. Por el contrario, contribuye a ahondar las diferencias.

Por otro lado, dejar de hablar a alguien puede funcionar momentáneamente. Se impone el castigo y el otro reacciona: vuelve para disculparse, prometerte cambios o hacer lo que tú quieres. Sin embargo, a largo plazo también termina incubando pequeños rencores que pueden crecer. El silencio rara vez resuelve el conflicto de fondo o da paso a su resolución, solo lo encubre.

LAS SANAS FUNCIONES DEL SILENCIO

Es cierto que a veces es mejor callar. Cuando estamos muy exaltados, por ejemplo. La ira hace que exageremos y nos preocupemos más por herir al otro que por expresar realmente lo que pensamos o sentimos. En esas condiciones nada mejor que dejar de hablar mientras recuperamos la compostura. Bajo esas circunstancias, se trata de una decisión inteligente.

En cambio, dejar de hablar para castigar o propiciar que otra persona “se rinda” como hemos dicho es raro que traiga buenos resultados.

A veces nos enfrentamos al reto de expresar nuestra ira o nuestro enfado, pero sin herir al otro. La salida no está en dejar de hablar, sino en buscar y encontrar los medios para tender puentes hacia la comprensión. La ausencia de palabras puede hacer que el otro ceda, lo que no significa que el conflicto desaparezca. Por otro lado, también puede pasar que el otro no lo haga y que lo que en un principio era un copo de nieve se trasforme en una bola.

Quizás lo necesario sea buscar mejores condiciones para conversar. También una forma diferente de expresar nuestra inconformidad. Cambiar el espacio rutinario por otro más cálido y amable a veces contribuye a que la comunicación se renueve.

Hablar desde el corazón, siempre remitiéndote a lo que tú sientes y no lo a lo que supones que siente el otro es una fórmula que no suele fallar. Inténtalo.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Lo que no decimos enferma

Cuando alguien amado muere, pasa de vivir entre nosotros a vivir en nosotros

Los que han tenido que afrontar la muerte de un ser querido, podrán entender la sensación de vacío, las fuerzas mermadas y el dolor que la ausencia física de alguien trae consigo.

El no poder sentir nunca más su presencia, sus abrazos, no poder ver su sonrisa, no poder escuchar su voz, nos llena muchas veces de impotencia ante lo que definitivamente no podemos cambiar. La muerte es lo único seguro, pero para lo que muy pocos tienen una adecuada bienvenida.

Nos resistimos, lloramos, nos llenamos de rabia y finalmente después de cada una de las fases de nuestro duelo, quizás terminamos aceptando que ese ser especial ya no está más entre nosotros. Pero para nuestra fortuna, en algún momento podemos notar que, aunque no podemos abrazar a ese ser especial, de alguna manera está más cerca de nosotros que antes.

El lugar que ocupan en nuestro corazón sigue siendo de ellos, viven a través de nosotros, se manifiestan cada vez que los recordamos, cada vez que pensamos en ellos, su presencia parece invadirnos, escuchamos sus voces en nuestras mentes y casi podemos imaginar el discurso que emplearían para alguna situación particular…

Definitivamente ya no están entre nosotros, pero sí están en nosotros.

La energía del amor no se rompe por la presencia o por la ausencia de las personas, el amor permanece, inclusive más allá de lo que conocemos como vida. Inclusive hay quienes piensan que las personas que amamos, que parten antes que nosotros, de vez en cuando, especialmente cuando más lo necesitamos, hacen una pausa en su nueva manera de evolución, para hacerse sentir, para mostrarnos que no hay planos que separen el verdadero amor y para darnos esperanzas de que más allá de lo que ocurra acá, siempre retornaremos a una fuente común, que no nos permite desconectarnos, que nos hace sentirnos y amarnos a pesar de las distancias.

Es justamente el amor lo que mantiene vivo a quienes parten, se mantienen vivos en cada latido que ocurre mientras se les piensa, en cada semilla que sembraron en quienes compartieron con ellos, a través de esas huellas que seguramente para alguien resultaron siendo importantes.

Recordar a nuestros seres amados desde lo positivo, aligera el dolor de la ausencia, recordar los momentos alegres, pedir perdón, perdonar y apartar el dolor y lo que no se hizo tan bien como nos gustaría, nos da paz y nos permite llevar ese toque de vida en nuestro interior que nos hace aún más grandes, nos llena un poco de lo bueno de ese ser que amamos y que vivirá en nosotros para siempre.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Mujer muere y vuelve a la vida con este potente mensaje” 

Ho’oponopono para sanar enfermedades

Divino Creador: Padre, Madre, Hijo, todos en UNO.

Si yo (di tu nombre), mi familia, parientes y antepasados te ofendimos a ti, a tu familia, parientes y antepasados, en pensamientos, palabras, hechos y acciones desde el principio de la Creación hasta el presente, te pido perdón… Deja que esto limpie, purifique y libere. Corta todas las memorias de dolor, bloqueos, energías y vibraciones negativas y transmuta esas energías inarmónicas en pura Luz. Gracias. Y así está hecho.

*Divinidad, limpia en mi todo aquello que contribuye a mi malestar físico y emocional

Lo siento, perdóname, gracias, te Amo. Lo siento, perdóname, gracias, te Amo. Lo siento, perdóname, gracias, te Amo.

*Divinidad, limpia en mi todo aquello que contribuye a mi falta de buena salud. 

Lo siento, perdóname, gracias, te Amo. Lo siento, perdóname, gracias, te Amo. Lo siento, perdóname, gracias, te Amo.

*Divinidad, limpia en mí todas aquellas creencias limitantes y memorias ancestrales que hacen que experimente una realidad de enfermedad. 

Lo siento, perdóname, gracias, te Amo. Lo siento, perdóname, gracias, te Amo. Lo siento, perdóname, gracias, te Amo.

*Divinidad, limpia en mi todo aquello que contribuye a mi sensación de malestar

Lo siento, perdóname, gracias, te Amo. Lo siento, perdóname, gracias, te Amo. Lo siento, perdóname, gracias, te Amo.

*Divinidad, limpia en mi todo aquello que contribuye a esta falsa apariencia de enfermedad

Lo siento, perdóname, gracias, te Amo. Lo siento, perdóname, gracias, te Amo. Lo siento, perdóname, gracias, te Amo.

*Divinidad, limpia en mi todo aquello que contribuye a esta falsa creación en mi cuerpo físico. 

Lo siento, perdóname, gracias, te Amo. Lo siento, perdóname, gracias, te Amo. Lo siento, perdóname, gracias, te Amo.

*Divinidad, limpia en mi todo aquello que contribuye a los síntomas de dolor. 

Lo siento, perdóname, gracias, te Amo. Lo siento, perdóname, gracias, te Amo. Lo siento, perdóname, gracias, te Amo.

Mis memorias, las amo. (Nombrar enfermedad) te amo. Gracias por mostrarme una oportunidad para mi sanación. Hoy permito liberarlas amorosamente. Lo siento, por favor perdóname, gracias, te amo. Divinidad limpia, borra y transmuta estas memorias en pura Luz. Y así está hecho.

YO SOY un cuerpo y una mente saludables.

YO SOY un alma alegre disfrutando de la vida.

YO SOY agradecimiento por la manifestación de la salud.

YO SOY la manifestación del Amor a mí mism@.

YO SOY un ser humano sano que disfruta de cuidarse.

YO SOY salud, Amor y bienestar en todos los aspectos de mi vida.

Yo PERDONO todo lo que necesite mi perdón y a mí mism@, lo dejo ir, queda libre, quedo libre… GRACIAS.

YO SÉ que la única verdad de mi Universo es salud, Amor, abundancia, prosperidad, éxito, felicidad y alegría.

YO DOY las gracias al Divino Creador porque esto es así en mi vida, aquí, ahora y constantemente.

Ahora sonríe, siente tu felicidad, llena de alegría tu corazón y da las gracias por un nuevo día, por una nueva oportunidad. Bendice todo lo que vas a hacer hoy y dedícaselo al mayor bien de todos los implicados.

(Sugerencia: recitar con sentimiento durante 21 días)

  • Fuente: Ho’oponopono por la paz

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Carta a mi madre

Un perro te enseña a vivir en presente continuo

Seres sin rencor

Emilio Ortiz, que describe su simbiosis con los perros guía en “Mis pequeños ojos”.

Tengo 42 años: la clave es no quedarse parado nunca. A los perros hay que darles órdenes porque necesitan un orden. La causa de que cada vez haya más perros es que las personas creen ser más libres cuando sólo están más solas. Tengo una hija maravillosa. Spock sabe cuándo voy a la farmacia antes que yo.

Emilio Ortiz perdió la vista a los 17 años, pero siguió trabajando, estudiando y progresando. Tuvo una hija y se ganó su cariño. Y luego le llegó a su perro guía, Spock, sus pequeños ojos, que le enseña a vivir cada momento como si fuera único y le inspira sus mejores líneas.

El escritor acierta al describir el rasgo primordial del carácter canino: les dura mucho más el cariño que los enfados.

Exactamente al revés que a algunas personas a las que les cuesta vivir en presente continuo. Saber disfrutar del paseo, la comida, el sol o la lluvia, los juegos, las carantoñas y las más inmediatas y puras satisfacciones de cada instante, es la eterna lección que cualquier persona puede aprender cualquier día de cualquier perro.

Soy de Barakaldo, hijo de inmigrantes extremeños. Nos fuimos a Madrid, donde estudié con muchas dificultades…

¿Qué estudió?

Como iba perdiendo la vista poco a poco, tuve que acelerar. Me matriculé en Psicología, Derecho e Historia, pero sólo acabé Historia. Después, ya invidente, ingresé en la ONCE como vendedor de cupones y conocí a la madre de mi hija. Y mi hija es lo mejor que me ha pasado.

Enhorabuena a los dos.

Por eso me vine a vivir a Albacete, porque nos separamos, y ella vive con su madre aquí.

¿Cómo conoció a su perro?

La relación con tu primer perro, muchos lectores lo habrán vivido, es inolvidable y a menudo trágica, porque mueren antes que tú. Draco fue mi perro de niño, una mezcla de pastor alemán y husky. Cuando nos dejó, lo pasamos muy mal. Y ya no quise tener más perros…

Pues tiene uno a su lado.

Es Spock, mi perro guía, que ahora tiene nueve años y ha cambiado mi vida. Antes yo no quería recordar a los perros y ahora me paso horas disfrutando al hablar de ellos con otros amos y por eso he escrito mi novela, que también es un ensayo sobre las emociones caninas.

¿Ahora mismo Spock está trabajando?

Ahora mismo va a su bola, pero está en alerta, porque lleva el arnés. Si se lo quitara, empezaría a jugar y a incordiarnos. Pero el arnés lo mantiene ahora quieto y calladito.

Buen chico, este Spock.

A los perros hay que darles pautas en cada instante de su vida: tenemos que darles órdenes, porque necesitan orden.

¿Cómo a las personas?

A las personas nos gusta pensar que somos los reyes de nuestra propia existencia, pero eso no nos debe hacer olvidar que los perros sólo son felices cuando encuentran su lugar en la manada. O mandan u obedecen. Si usted es el amo, haga que obedezca. Siempre.

Entonces son como las personas.

La diferencia es que a ellos cada vez los necesitamos más. Necesitamos su compañía.

¿Por eso cada vez hay más perros?

Cada vez hay más perros porque las personas estamos más solas. Estamos siendo empujados hacia un individualismo insano que algunos confunden con independencia.

Queremos ser libres, pero sin estar solos.

Y un perro es un animal solícito que nos entrega su afecto de forma natural e instintiva y que lleva ya miles de años sirviendo a los humanos.

Sólo le falta hablar.

Quite, quite. Es mucho mejor que no hable. Es suficiente con que escuche…

Ya es más de lo que saben hacer la mayoría de nuestros semejantes.

…O al menos que a ti te parezca que te está ­escuchando.

¿La relación con una mascota es muy diferente de la que tienes con un perro guía?

Con un perro guía como Spock es más intensa. Estamos siempre juntos y la simbiosis ya es completa. Spock adivina, por ejemplo, cuándo quiero ir a la farmacia. No sé si por actitud mía o por intuición suya.

Tal vez guarde usted las recetas en el mismo cajón siempre y Spock le ve cogerlas.

O nota que busco la farmacia con la mirada… o cómo encamino mis pasos… No sé.

¿Se porta bien Spock?

Es muy obediente, que es lo esencial. A veces me pone a prueba, como todos los subordinados a sus jefes alguna vez. La vida no deja de ser una lucha por el poder.

Cuanto más conozco a las personas…

…Más quiero a mi perro. Por eso los perros están llegando a convertirse en elemento cohesionador o incluso fundador de familias. Muchas parejas me han anunciado con alegría: “No queremos tener hijos, pero tendremos dos o tres perros”.

¿Quién se los queda si hay divorcio?

Hay abogados especialistas en acordar quién se queda al perro.

Si no lo hacen desgraciado…

Sólo los hacen desgraciados cuando los amos buscan en ellos a la persona que necesitan, porque entonces los humanizan.

¿En qué sentido?

En que lo tratan como a un igual y el perro se desorienta, porque no necesita un compañero ni un amigo; necesita un líder: a su amo.

¿Qué te puede dar un perro que no te dé una persona?

Cariño absoluto e incondicional. Pero, sobre todo, una inmensa lección siempre.

¿Sólo una?

Cuando dejas a tu perro abandonado en el piso, solo y aburrido, se desespera. Sufre mucho.

Hay que pasearlo y quererlo.

Pero cuando llegas a casa tú, su amo, se levanta, empieza a mover el rabo y en dos segundos ya se le ha pasado todo el enfado. Usted pruebe a quedar con su pareja para ir al cine y llegue diez minutos tarde y verá…

A veces con cinco ya veo…

El enfado y el rencor a los humanos nos dura días, años o no lo olvidamos nunca. En cambio, el perro vive el presente inmediato. Y vivir así para los humanos, al menos durante un ratito cuando estás con el perro, es liberador.

Pues es una gran lección.

A los perros la frustración les dura menos que el cariño. Y es que saben vivir lo que les ha tocado mucho mejor que nosotros.

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Historias que prueban que los animales tienen ALMA

Deja que los demás sean -Louise Hay-

Deja que los demás sean. No corras desatinadamente intentando sanar a todos tus amigos. Haz tu propio trabajo mental y sánate a ti mismo.

Eso será más benéfico que ninguna otra cosa para quienes te rodean. No podemos hacer que los demás cambien. Sólo podemos ofrecerles una atmósfera mental positiva donde tengan la posibilidad de cambiar si lo desean. No es posible hacer el trabajo por otra persona, ni tampoco imponérselo. Cada persona está aquí para aprender sus propias lecciones, y no les servirá de nada que se las demos resueltas, porque tiene que pasar personalmente por el proceso vital necesario para aprenderlas. Lo único que podemos hacer por los demás es amarlos y dejar que sean quienes son, saber que su verdad está dentro de ellos, y que cambiarán cuando quieran hacerlo.

  • Autora: Louise Hay

*Si lo desea, puede leer la publicación: “Taller online gratuito de Mindfulness: 4 vídeos explicativos y 7 meditaciones guiadas